Alice Munro, Premio Nobel de Literatura

Alice+Munro+Photo_credit+to+Derek+Shapton_international+rights+cleared2-e1349861573238Alice Munro, Duchess of Ontario del Reino de Redonda desde mayo del 2005 en que ganó el Premio que concede la editorial Reino de Redonda, ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura.

Javier Marías: Munro alcanza grandes cotas de hondura y de emotividad

El escritor español Javier Marías considera “muy justo” el Nobel de Literatura que ha ganado hoy la canadiense Alice Munro, y se alegra en particular de que la Academia Sueca haya reconocido a una autora que, sobre todo, escribe cuentos, un género que “desde hace varias décadas está muy dejado de lado”.

“Munro ha alcanzado en su obra, de una manera muy sobria, grandes cotas de hondura y de emotividad. Sus cuentos son emocionantes”, aseguraba hoy en declaraciones a Efe Javier Marías, que en más de una ocasión había dicho que “si algún escritor vivo merecía el Nobel por encima de cualquier otro era ella”. “Es una escritora excepcional”.

El novelista español no sabe “cómo lo logra Munro”, pero cree que también “es muy destacable” que sus relatos “consigan unas dosis de profundidad y de emoción sorprendentes” y lo hacen “con una considerable economía de medios, con sobriedad, sin casi nunca acentuar nada ni subrayar nada, hablando de personas más bien normales”.

Y en una época, subraya Marías, en la que se da tanto “la literatura de buenos sentimientos, que suele ser empalagosa, como la de malos sentimientos, llena de psicópatas y de estudios sobre la maldad, como si eso en sí mismo tuviera interés”, Munro ha hecho su obra sobre personas normales, “con sus ambigüedades, con sus partes oscuras”.

Al autor de “Corazón tan blanco”, entre otras obras, le alegra en particular que se haya premiado a una autora de cuentos, un género, asegura, que en otros tiempos “tuvo mucho predicamento, pero que desde hace varias décadas está muy dejado de lado y está considerado una especie de hermano menor de la novela, lo cual es totalmente erróneo”. “Hay poco interés en general en publicar cuentos”, asegura.

Munro es una autora que está, “en cuanto a calidad, a la altura de los mejores, de Chéjov, de Kipling o de Maupassant, incluso de Borges, aunque su mundo no tenga mucho que ver con algunos de ellos. Sí con el de Chéjov”, especifica.

Marías no sabe hasta qué punto hay elementos autobiográficos en la obra de Munro -“la procedencia del material de los escritores es indiferente. Lo que cuenta es el resultado”, subraya-, pero está claro que la autora canadiense “tiene una gran capacidad de observación” para la vida de las mujeres y las dificultades con las que se han encontrado a lo largo de la historia, “incluso en el mundo occidental”.

Desde el punto de vista personal, Marías está también contento porque Munro ganó en 2005 el Premio Reino de Redonda, que organiza y financia el propio novelista español.

Con ocasión de ese premio, se puso en contacto con ella “a través de correo ordinario” y le pareció “una mujer muy reservada, pero con mucho sentido del humor y muy simpática”.

“En una ocasión me mandó una foto de ella y de su marido disfrazados con unas túnicas y una especie de casco alado, como si fuera de Mercurio. Y ella está con un cartel en el que pone: ‘el fin se acerca”, recordaba hoy Javier Marías antes de comentar que Munro es el segundo premiado con el Reino de Redonda que luego ha obtenido el Nobel. “El primero fue Coetze”.

EFE, 10 de octubre de 2013

Alice Munro, una Nobel a la altura de los grandes cuentistas universales

Javier Marías recuerda que más de una vez ha declarado que es uno de los escritores vivos que más merecía el Nobel: “Me alegro que se haya destacado a una autora de cuentos, un género que gozó en su momento de gran prestigio pero que en las últimas décadas se le ha considerado algo secundario o como preparación para una novela, y no es así”. El autor y académico español no duda en afirmar que Munro está al nivel de los mejores como Chéjov, Maupassant o Borges. Y da claves de parte de su secreto: “Consigue transmitir una profunda emoción con personas fundamentalmente normales en una época en la cual se privilegia tanto los buenos y malos sentimientos de una manera que rozan la cursilería. Escribe sobre gente normal sin cargar las tintas y consiguiendo unos niveles de emoción y profundidad con poco parangón en la literatura actual”.

El País, 10 de octubre de 2013

Más información sobre la entrega del Premio Formentor

Foto. Nuria Ricón

Foto. Nuria Rincón

“El poder español quiere gente lo más iletrada posible”
Por M. ELENA VALLÉS
Diario de Mallorca, 31 de agosto de 2013

Premio a un artesano de “épocas pretéritas”
Por M.ELENA VALLÉS
Diario de Mallorca, 1 de septiembre de 2013

“La indignació actual és només una reacció epidèrmica”
Por PERE ANTONI PONS
Ara, 1 de setembre de 2013

Record del Formentor d’un temps

Por PERE A. PONS
Ara Balears, 1 de setembre de 2013

Javier Marías: “Este Gobierno actúa de una manera muy poco democrática”

747e264059f03d59c810efcf09348c66_MEl escritor y académico Javier Marías, que recoge esta noche el Premio Formentor de las Letras 2013, es una de las voces más críticas y comprometidas de la literatura, y asegura que, después de esa especie de burbuja vacacional de agosto, la vuelta está llena de “desánimo”.

“Me temo -explica el autor a Efe- que, por mucho que diga el Gobierno que lo peor ha pasado, la situación es muy mala: sigue habiendo seis millones de parados y contratos más que precarios, del Medievo. Este Gobierno actúa de manera muy poco democrática en general, no sólo en los recortes económicos sino en recortes de derechos y libertades”.

“Hay un montón de cosas que están haciendo que pasan más inadvertidas -argumenta el autor- porque parecen noticias menores, pero son graves; porque resulta, por ejemplo, que ahora se va a poder juzgar determinados casos por el código militar, o que los detectives van a tener que hacer un informe de su trabajo para entregarlo a la policía. Con ello se acaba la privacidad. Son ejemplos, indicios de algo grave. Se cambian las leyes y todo eso es escasamente democrático”, sostiene el escritor, horas antes de recibir el Premio Formentor.

Para el autor de Tu rostro mañana o Los enamoramientos, que se encuentra inmerso de pleno en la escritura de su decimocuarta novela, la democracia no consiste simplemente en ganar unas elecciones, sino en gobernar democráticamente cada día. “Y eso es una cosa de la que este Gobierno no tiene ni idea”, precisa.

Pero para Javier Marías, que ha recibido el Premio Formentor, entre otras cosas, por ser uno de los escritores más admirados en Europa, “en España y en el resto de Europa, los políticos están impermeabilizados. No escuchan y les da igual lo que les diga la calle, la sociedad o un grupo de intelectuales que firmen un manifiesto”.

“Es difícil que un intelectual pueda hacer cambiar de opinión, a algún lector individual sí, pero a un político, no. Los políticos han desactivado el Parlamento, la justicia y la sociedad. Si les da igual lo que digan los ciudadanos que salen para pedir que no recorten en educación o sanidad, cómo van a hacer caso a un escritor, a lo mejor a un (Mario) Vargas Llosa, pero ni eso”, sostiene el académico.

En cuanto a un posible ataque a Siria por las matanzas de Damasco y el uso de armas químicas contra su población civil, Marías asegura que no tiene una posición clara y que no se “avergüenza” por ello. “Me irritan los tertulianos que chillan y parece que saben de todo, sin saber”.

“Hace diez años, en Irak, no había necesidad de ninguna intervención, pero en este caso, no lo sé muy bien, es muy difícil tener una opinión clara. Entiendo que lo que está haciendo (el presidente de Siria, Bachar) Al Asad es horrible pero entiendo también las dificultades de meterse en un asunto de este tipo, cuando están Rusia y China por medio son muy grandes”.

Marías desvela que tiene en proyecto entre manos con Hollywood para que su novela Tu rostro mañana sea llevada al cine muy pronto, pero no quiere decir más sobre quién la rodará.

Sin embargo, confirma que uno de sus cuentos, Mientras ellas duermen, va a ser dirigido por el cineasta chino Wayne Wang, el autor, entre otras, de películas como La caja china o Smoke.

El Premio Formentor, que se creó en 1961 por Seix Barral y las editoriales más importantes de Europa, se entrega en el hotel que lleva el mismo nombre, en medio de un paraje natural, con el silencio y el aroma de los pinos como únicos testigos, y dejó de entregarse en 1967 por la desconfianza del régimen de Franco, como también recuerda a Efe Marías.

Hoy, restaurado, dotado con 50.000 euros e impulsado desde hace tres años por el hotel Formentor y las familias Barceló y Buadas, recupera ese aroma “mítico y heroico” que tenía el premio y que en su primera etapa lo obtuvieron autores como Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Carlos Semprún o Witold Gomobrovicz.

Y en su segunda etapa, Carlos Fuentes, Joan Goytisolo y ahora Javier Marías.

CARMEN SIGÜENZA

EFE, 31 de agosto de 2013

Javier Marías. ‘Comme les amours’

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Servie par une prose magistrale, cette fable morale sur l’amour et la mort ne peut que nous rappeler, par son intensité, les meilleures pages d’ Un cœur si blanc ou de Demain dans la bataille pense à moi. Comme par le passé, Javier Marías y dialogue avec les tragédies de Shakespeare mais également avec le Colonel Chabert de Balzac dont il nous offre ici une lecture brillante, complètement inattendue et strictement contemporaine.

La citation des Trois mousquetaires «Un meurtre, pas davantage» revient régulièrement. Est-ce le thème dont le roman constitue les variations, une position philosophique ou une constatation désabusée?

C’est une citation saisissante, dont j’ignore si elle a été suffisamment prise en compte. Comme si, d’une certaine façon, un assassinat n’était pas la pire chose possible, ou comme si les assassins étaient si normaux et communs que nous ne devrions jamais, au fond, nous étonner ni nous scandaliser devant eux. Ce n’est pas le thème de mon roman (il y en a plusieurs et ils sont tous importants), mais on trouve effectivement cette idée selon laquelle les crimes individuels, «civils», ceux qui ne sont ni massifs ni politiques, sont une constante au cours de l’histoire, dans toutes les époques et toutes les régions, sans que les gens ne les commettent, pour ainsi dire, par imitation ou «contagion», ou par folie collective. Chaque personne agit pour son compte et de sa propre initiative. Si l’on pense à cette constante, et si l’on pense au nombre de ces crimes qui sont restés impunis et le restent encore, et à ceux dont nous n’avons même pas connaissance, on ressent en effet comme un sentiment de déception vis-à-vis de la condition humaine. Et ceci est un autre thème du roman : l’impunité et la manière dont nos sociétés tendent de plus en plus à l’accepter.

Le pourquoi et le comment d’une mort sont-ils plus importants que la mort elle-même? 
Non, j’imagine qu’ils ne sont pas plus importants que la mort elle-même. En fin de compte nous savons bien que le temps nivelle toute chose, quand il ne l’oublie pas tout bonnement. Si l’on nous parle aujourd’hui d’un meurtre commis au XVIIIe siècle, nous n’écoutons certes pas avec indifférence, mais nous le considérons bien comme un récit, une histoire fictionnelle, plutôt que quelque chose de réel, qui s’est véritablement produit. Le temps a tendance à transformer les faits en événements «fictifs», et en ce sens le comment et le pourquoi sont ce qui «offre une bonne histoire» ou non. Ensuite, oui, il y a les morts ridicules, dont je parle dans les premières pages de mon roman Demain dans la bataille pense à moi. Il vaut mieux ne pas en être victime, car c’est sans aucun doute ce dont l’on se souviendra à notre sujet. Les morts trop marquantes sont injustes : elles effacent parfois la vie entière qu’a pu avoir une personne auparavant.

«La vérité n’est jamais nette, c’est toujours un embrouillement. Même la plus élucidée», écrivez-vous. Estimez-vous que la vérité est par essence minée?
Oui, très certainement. Il y a quelques années, dans mon discours d’entrée à l’Académie royale espagnole, j’ai parlé «De la difficulté de raconter». Il est presque impossible de détenir la vérité sur quoi que ce soit – demandez donc aux historiens, qui ne sont jamais à l’abri de rectifications, de corrections, de démentis et d’amendements. De même, il est presque impossible de raconter ce qu’il s’est passé et que nous avons vu, ou même notre propre biographie, qui nous apparaît immanquablement parsemée de zones d’ombres. Qui furent mes parents avant d’être mes parents, par exemple? Et par conséquent, de qui suis-je issu en réalité et pourquoi suis-je né? C’est peut-être pour cela que nous écrivons et lisons des romans, pour que quelque chose, une fois, bien que ce soit inventé, puisse être pleinement raconté. La vérité n’entre pas dans un roman et n’en sort pas non plus, car celui-ci se déroule dans une dimension au sein de laquelle il n’y a ni mensonge ni vérité.

Pour vous, le monde est-il un gigantesque mensonge? Ou plutôt une gigantesque hypocrisie?
Ni l’un ni l’autre. C’est plutôt ce que Faulkner disait du pouvoir de la littérature, ce qu’elle peut faire de plus, et que j’ai cité à de nombreuses reprises. «C’est comme une allumette que l’on enflamme au milieu de la nuit, au milieu d’une forêt : la seule chose qu’elle parvienne à illuminer est l’obscurité qui l’entoure.» Ou quelque chose comme ça, je ne me rappelle pas exactement. Le monde est une gigantesque obscurité, même à l’heure où nous croyons presque tout savoir et pensons pouvoir espionner, filmer et enregistrer presque tout. Même ainsi nous sommes enveloppés d’obscurité.

Gallimard, août 2013

Comme les amours, un fin quatuor psycologique signé Javier Marías

‘Una celebración de la lectura de Javier Marías’

Cervantes 4

VÍDEO DEL COLOQUIO

Presentación de Julio Ortega

El coloquio «Una celebración de la lectura de Javier Marías» ha estado organizado en colaboración por el Instituto Cervantes y la Universidad de Brown; lo ha moderado Julio Ortega, de la Universidad de Brown, y diversos autores han participado exponiendo sus aproximaciones a la obra del escritor madrileño: Elide Pittarello —de la Universidad Ca’ Foscari de Venezia—, Jordi Gracia —de la Universidad de Barcelona—, Heike Scharm —de la Universidad de South Florida— y Juan Luis Cebrián —de la Real Academia Española—. El propio Marías interviene tras ellos para hablar sobre su reacción ante las palabras que le han dirigido y sobre su proceso de escritura.

Javier Marías: a postscript to the critique

1569792w300I’m going to the States next week, so may not get much time to blog for a while.   I thought you might like a little more material to peruse on the superb Javier Marías, subject of my recent 3-part critique here at Tredynas Days. There follow links to three fascinating podcasts in which Marías is interviewed.

Live From the New York Public Library (this link takes you to the whole list of podcasts; scroll down to  the date of broadcast –3 Dec. 2009, three days after vol. 3 of Your Face Tomorrow [YFT] was published in the USA –  then click on the MP3 icon).

This interview hosted by Paul Holdengräber is just over 90 minutes long, and allows him to afford the guest the opportunity to expand upon his literary themes, writing style, notions of translation, and so on. Javier Marías’ humour is evident, as he playfully suggests he doesn’t know when he starts a novel  exactly where it will go; he uses a compass for direction, he says, not a map! He talks about translating Sterne, whose cock and bull shaggy-dog story Tristram Shandy is obviously a key influence on YFT, and he reveals that the huge portion of the novel sequence devoted to the scene where Tupra pulls out an antique sword and brandishes it over De la Garza’s cringing head (it runs to dozens of pages, but lasts just a few seconds in real time) was inspired by the moment in Don Quijote where the hero confronts a foe (the Vizcaino or Basque) and a sword fight seems imminent; an equally lengthy digression ensues, but the combatants are left poised, swords aloft, and the scene is never resumed!  At least, Javier Marías jokes, he finished his scene!

(It’s worth noting that there’s a great deal of complex narrative play in the Quixote: Sancho Panza is unsure about the source of  the soubriquet he gives to his dolefully countenanced master; Cervantes twines his narrative around related lexical sets involving the truthful  representation of the ‘triste figura’ of Quixote on his shield, thus ambiguously  mediating between Quixote’s true ‘rostro’ (face), the ‘imagen’ on his shield representing that sad, gaunt face and the impact this has on those who look at it, and the name given to Quixote (which, like Deza’s in YFT, varies according to whom he’s with). Similarly the MS illustration of the battle with the Basque alluded to in ch. 9 of Part 1 of the novel differs from the earlier description of the battle itself; it tells a different story. This failure to weave together the ‘signs’ with the ‘face’ anticipates the moment in the inn when ‘sign’ and ‘face’ are slowly brought together, because Sancho ‘no era buen lector’ (wasn’t a good reader) – see the chapter: ‘The matter of naming in Don Quixote’ in Unspeakable Subjects: the genealogy of the event in early modern Europe, by Jacques Lezra  [not ‘Deza’!] (Stanford UP, 1997). Here in Cervantes’ playful, slippery narrative ambiguities  we can see where much of Marías’ inspiration came from.)

Another major literary influence on him, of course, is Proust, whose writings are ‘systems of parenthesis’ –a great phrase for describing Javier Marías’ own work– who also likes to give time its ‘real duration’, for this is where real action and feeling lie. Although this slowness of narrative pace, with its long, apparently irrelevant digressions can be irritating for the reader, he concedes, if we show patience we will be rewarded. So in this scene with Tupra and the sword our natural inclination is to want to know what happens next; the lengthy delay is a homage to Cervantes, and brings its own aesthetic pleasure, above and beyond the simplistic gratification of turning the page to achieve narrative closure. As Marías says, he loves watching films and reading page-turner novels, but rarely remembers soon afterwards what the plot consisted of. Action and plot aren’t particularly interesting to him. Marías prefers to see plot as ‘bait’; there are other things to savour  in literature (and in his own novels): he requires us to stop, pause, reflect, think.

A final revelation is made near the end of this interview: he writes, he says, ‘suicidally’ – as I noted earlier, he doesn’t map out his plots in detail as most writers do. In a 1200-word novel sequence like YFT this caused him some headaches; because he doesn’t use a computer for writing with he couldn’t readily find detailed references to, for example, colours of characters’ eyes, so maintaining consistency and continuity was tricky. He didn’t even know, he says, until very late in the writing, what the cause or source of the bloodstain on Wheeler’s stair – a motif which recurs constantly throughout the three volumes -actually was– or even if he’d reveal it at all.

It’s a delightful interview, full of wit and intelligence: well worth listening to.

Back in 2010 the inimitable Michael Silverblatt interviewed Javier Marías  on his KCRW podcast show, Bookworm. With his deceptively soft, slow way of speaking Silverblatt has the ability to ask probing, intelligent questions that evidently inspire the respect and affection of his guests – he’s always worth listening to, and I’d recommend you subscribe to the series. Each broadcast lasts around 25 minutes.

Bookworm interview pt 1: THU FEB 18, 2010

‘What if Henry James —the patron saint of convolution— could be resurrected?   What if he wrote a novel of espionage so complex it became a trilogy?’ (from the KCRW Bookworm podcast website)

Bookworm interview pt 2: THU FEB 25, 2010

‘What if ten minutes of espionage took a hundred pages to fully describe? Here we explore time and consciousness in what will possibly be the greatest trilogy of our new century.‘

SIMON LAVERY

Tredynas Days, June 14, 2013

Entrevista a Javier Marías

I GIL

Javier Marías: «Ahora vivimos orgullosos de nuestra ignorancia»”

De literatura y fútbol, del desánimo cultural que nos rodea, de su polémica relación con los premios, de su próxima novela, de su infancia y su familia. En esta entrevista, Javier Marías conversa de todo ello y dinamita su fama de huraño

Javier Marías (Madrid, 1951) es uno de nuestros escritores más vendidos, dentro y fuera de España; pese a todo lleva colgado el sambenito de ser un poco huraño. Lo desmiento. Esta conversación, aunque ustedes la lean en versión reducida de tres mil palabras, duró cerca de dos horas, lo que equivale a once mil palabras, que demuestran que Javier Marías abre las puertas de su casa de par en par. Ahora trabaja en su nueva novela y está a punto de recibir el Premio Formentor.

Se me ha ocurrido empezar la entrevista preguntándole qué le gustaría que le preguntase…

¿Me va a trasladar su trabajo? Por mí no diría nada porque, para empezar, cuando tengo algo que decir, normalmente lo digo por escrito. Hay autores a los que supongo que les gusta mucho hablar de lo que han hecho. Yo lo hago porque no queda más remedio. No soy un huraño, aunque alguna gente pueda creer que sí. Lo que uno hace, ahí está. Los libros deberían valerse por sí mismos, como sucedió durante siglos. La gente sabía apenas nada de los escritores; ni conocía sus caras.

¿Entonces le gustaría preservar un cierto anonimato?

En televisión procuro no salir. Hay un elemento ahí, en la televisión de escaparate, que intento evitar si puedo. Tampoco es que me niegue absolutamente. Hace dos semanas hice una entrevista en una televisión sueca. Pensé: «Es Suecia. No vivo allí y nadie me va a conocer por salir en televisión». Eso también es algo que prefiero.

Vayamos con la polémica del Premio Nacional, que rechazó hace poco.

En octubre. Expliqué en su momento que era porque tengo por norma no aceptar nada del Estado, ni siquiera invitaciones a los Institutos Cervantes, por ejemplo, ni del Ministerio de Cultura; ni siquiera de las universidades estatales. Me siento más cómodo sin aceptar dinero del Estado, sin aceptar invitaciones institucionales.

Una regla bien tajante. ¿Así ha sido siempre?

Desde el principio, no. Debe tener en cuenta que yo empecé en el pleistoceno, en el año 71; fue cuando publiqué mi primera novela, con 19 años. Creo que viene desde el año 94-95. En esos años, que eran los llamados «años de la crispación», comenzó a haber en España reportajes sobre quién va a dónde y quiénes son los escritores que sí están beneficiados, que van invitados a esto o lo otro…

Hubo una polémica, me acuerdo, por el Salón del Libro de París; una polémica por unas listas. En principio, no estaba invitado por el Ministerio de Cultura. Finalmente me invitaron, entonces yo dije que no: «No, mire, prefiero mantenerme al margen». Acabé yendo, pero invitado por el Ministerio de Cultura francés. Con un país extranjero no tengo problemas. Hace dos veranos, recibí el Premio Nacional austriaco de literatura europea. La entrega la hizo la ministra de Cultura austriaca y era un premio, por supuesto, institucional, pero de un país que no es el mío, en el cual no pago impuestos, no vivo. Eso no me causa problemas.

¿Se ciñe al territorio español?

Sí, a lo institucional de mi propio país. Con motivo de todas estas polémicas, pensé: «A mí no me pillan en este tipo de mezquindades. Lo más sencillo es no aceptar nada». En el fondo, el Estado no tiene por qué darme nada por hacer algo que nadie me obliga a hacer. Yo escribo porque quiero. Por ejemplo, a los zapateros no les dan el premio al mejor zapatero del año.

Cuando montan ciclos o encuentros sobre su obra y son otros los que hablan, ¿se mantiene también al margen?

A veces me da un poco de apuro. Si puedo evitar este tipo de cosas, prefiero también no estar.

¿Y la relación directa con los lectores, por ejemplo en eventos como la Feria del Libro de Madrid, que está a punto de cerrar sus puertas?

Eso no tiene nada que ver. La gente es muy amable. Como todo, alguna vez, hay gente que no me ha dicho cosas agradables. Uno se expone a ello y lo hace con gusto.

Tiene fama de huraño, como ha señalado. Yo diría también que es tímido y un poco antisocial, lo cual alabo.

Son cosas, algunas de ellas, que las he aprendido de mi padre y de mi madre. Recuerdo algo que me contó mi padre, hace ya muchos años, cuando me dieron el Premio Fastenrath por Mañana en la batalla piensa en mí. Yo estaba entre los finalistas, y mi padre, que era académico en el jurado, en el momento en que vio en que estaba la novela de uno de sus hijos allí, dijo: «Yo me ausento. No quiero en modo alguno coartarles con mi presencia en sus deliberaciones». Me parece lo lógico, lo normal. Son cosas básicas que en España se han perdido.

¿Qué otras normas lleva usted a rajatabla?

Nunca me presento a premios. Me he presentado, creo, a uno en toda mi vida, que fue el único que gané, en el 86. Me parece que fue el Herralde de novela, y no me he vuelto a presentar a ninguno. Una cosa es si a uno le dan un premio, le eligen mejor libro del año o lo que sea, y otra cosa es si son los premios, digamos, comerciales, de editoriales, a los cuales uno se presenta, o los de periodismo. El mero hecho de presentarse a un premio me parece un poco pretencioso. No soy jurado tampoco de ningún premio, ni siquiera del que organizo en Reino de Redonda. Lo organizo, lo financio, pero no voto. No me gusta tampoco que alguien gane o deje de ganar algo por mi criterio. No tengo nada en contra de quien se presenta a un premio, me parece muy lícito.

¿No le da miedo que eso pueda considerarse falsa modestia o le importa poco lo que piensen los otros?

No me importa mucho, a estas alturas. Lo que la gente piense es inevitable, que cada uno piense lo que le parece. En el momento en que uno se somete, haga lo que haga, al criterio del público, tiene que empezar por aceptar que cualquiera puede decir lo que quiera sobre lo que uno ha hecho. Usted escribe en un periódico y tiene que saber que si alguien dice «Vaya porquería su artículo», está en su derecho a decirlo; o si alguien dice: «Me cae como un tiro esta persona, y este es un pedante y un idiota». Lo que no se puede es estar actuando conforme a qué pensarán los demás. Siempre hay alguien que piensa mal. En el fondo, da igual.

Vayamos al estado de la nación. En concreto, al estado cultural de nuestra sociedad. Deprimente, ¿no?

Sí, la verdad es que se ha producido una especie de rebajamiento del nivel de exigencia, del nivel de expectativas y del nivel de interés también. Es curioso, porque eso se ha producido en un plazo de no demasiados años. Si uno mira, por ejemplo, las listas de «best sellers» –por tomarlas como guía de lo que a la gente le gusta, o lo que la gente lee más– de hace veinte años, uno normalmente se encontraba con que había libros de calidad entre ese tipo de obras. Hablo de la sociedad española durante esos años, y también en los ochenta. Hubo como una cierta tentativa por parte de la gente, de la gente en general, de mejorar, de ser más moderna, más cultivada, de hacer un poco de esfuerzo pensando que el esfuerzo podía valer la pena. Y de pronto, no sé exactamente a partir de qué momento, se ha producido una especie de enorgullecimiento de la ignorancia. Por ejemplo, de esos años son mis novelas Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí. Se vendieron mucho. Eso diez años después habría sido imposible.

IGNACIO GIL¿Saldremos de este ciclo sin fin de ignoracia?

Tengo la sensación de que está durando demasiado, y sobre todo, en general, veo más bien una tendencia a un rebajamiento mayor. Espero que haya un momento en el cual la gente empiece a decir: «Oye, que estamos siendo un poco demasiado brutos».

Depuremos responsabilidades: ¿quién o quiénes tienen (o tenemos) la culpa?

Hay que partir de la base de que en realidad la literatura siempre ha sido una cosa marginal en el conjunto de la sociedad. Los libros han tenido y tienen una gran importancia para el desarrollo del conjunto de la sociedad, pero eso no quiere decir que los libros sean leídos o hayan sido leídos siempre por muchos. Lo que pasa es que cuando un libro tiene importancia –sea filosófico, científico o literario–, acaba trascendiendo y permeando incluso a la gente que no lee. A través de la gente que lo lee llega a la gente que no lee.

La lectura, propiamente dicha, siempre ha sido cosa de muy pocos. Yo le he oído contar a mi padre que las tiradas de un libro de Baroja o Valle-Inclán o Unamuno a veces eran de 2.000 o 3.000 ejemplares y tardaban años en hacer una segunda edición. Había otros autores mucho más populares, empezando por Blasco Ibáñez, por ejemplo. Hay que partir de la base de que incluso el libro más leído del mundo en realidad es algo minoritario.

¿Es una visión un tanto optimista, como si nadie tuviera culpa de nada?

Hay que tener un poco de optimismo. Nos estamos olvidando de que hace no demasiados años el número de personas que leían lo que fuese, incluso libros llamémoslos bazofia, era infinitamente inferior. Y bueno, a mí no me parece mal que se lea un libro muy malo, siempre y cuando se lea. Hay un elemento que quizá sí es un poco más preocupante: la rendición por parte de las editoriales. Han dicho: «Si el gusto del público es el que es, le voy a dar más de esto mismo». Si cada uno renuncia; si los autores a veces se rebajan, porque tienen que vivir de algo y dicen: «Está de moda la literatura policiaca de nuevo, pues voy a hacer una policiaca, que no la he hecho nunca, o una novela histórica…»; si los autores renuncian a sus intereses verdaderos y renuncian a la idea de conseguir o de crear sus propios lectores; si se amoldan a los gustos preexistentes; si los editores se suman a lo mismo; si los críticos empiezan a hacer lo mismo…, entonces ahí ya se está produciendo una especie de rendición incondicional. Y eso sí es peligroso.

¿Sabe qué volumen de libros ha vendido, contando las traducciones?

Pues creo que son siete millones y pico, ahora. Más de siete millones.

¿Cuál es la lengua más extraña, o la que le ha sorprendido más, a la que ha sido traducida su obra?

Me parece que ahora son 43 lenguas. La última que se ha incorporado quizá sea de las más raras: el malabar. Suena como de Tintín. Es de una región de la India. Una lengua minoritaria, pero por lo visto la hablan 45 millones. Han contratado dos novelas para traducir. Y luego, no sé, el coreano y cosas así.

¿No tiene miedo de perder el favor del público, tal y como van los gustos litearios?

Yo nunca pierdo de vista que podría haber escrito exactamente los mismos libros que he escrito y tener 10.000 lectores. Y no serían desdeñables, ojo. No ya el autor, sino el propio editor, diría que es un éxito… Podría haber hecho exactamente lo mismo que he hecho, y mi suerte con los lectores, con la crítica o con los reconocimientos en forma de premios, podría haber sido distinta. Si eso lo pierdo un día, no tendría derecho a quejarme.

¿Cuándo presenta nueva novela?

Estoy trabajando en una de la que llevo no sé exactamente cuánto, yo creo que la llevo mediada. Empiezo muy inseguro, sigo muy inseguro, y termino muy inseguro. Quizá, con suerte, para el año que viene. A lo largo de 2014 podría estar lista, siempre y cuando –eso lo digo con todas–, una vez que la termine, le dé el visto bueno. Los enamoramientos, por ejemplo, estuve a punto de no publicarla. No estaba nada convencido de ese libro. Nunca estoy seguro. El hecho de que te haya salido supuestamente bien el libro anterior no te garantiza que el siguiente te salga. El talento, si es que es una cuestión de talento, no está asegurado para nadie. Mi grado de duda con la última novela publicada, Los enamoramientos, fue mayor, hasta el punto de que le dije a mi agente: «Llama a Pilar [su editora], avísale, dile que no la va a tener como le anuncié, y que a lo mejor no la va a tener en absoluto, porque me la voy a mirar otra vez». La miré y me pareció interesante. Al final opté, pero tuve dudas. Luego le ha ido muy bien a este libro, y me alegro.

Usted es un gran aficionado al fútbol y seguidor del Real Madrid. Tengo curiosidad por saber el porqué de esa fiebre intelectual por el fútbol que ahora tanto se lleva.

Cuando tenía siete años fue cuando empezó a gustarme el fútbol. Era un niño normal, que jugaba a las chapas y esas cosas. No tenía ninguna vena literaria ni nada que se le pareciera. A mí me viene gustando desde entonces. Luego hubo unos años –los últimos del franquismo, cuando yo era universitario– en los cuales el fútbol estaba un poco mal visto ante cierta gente intelectual, más o menos de izquierdas, y se consideraba que si Franco había hecho la utilización del fútbol… Por esa época era todo ridículo: «El que bebe ”whisky” es de derechas, porque es capitalista», «Ir a los toros también es de derechas, y el fútbol también». Y decías: «Bueno, ¿y el cenicero, qué?: ¿de izquierdas o de derechas?».

Luego simplemente eso se normalizó, como tantas otras cosas. Ahora vuelve a haber tonterías de estas otra vez. Si está uno a favor de los toros parece que también sea de derechas. Es una estupidez, pero bueno. Estoy de acuerdo con esa cita ya famosa de Camus: «En el fútbol yo he aprendido mucho más sobre la condición humana y sobre la ética de los hombres que en casi ningún otro lugar». Todo este tipo de cosas, en realidad, se empiezan a aprender en el patio del colegio.

Lo normal sería que le preguntara por un escritor, pero le voy a preguntar por un futbolista.

¿Por un futbolista? ¿Que cuál es mi favorito?

Por ejemplo. Como con un escritor no me va a contestar…

No, mujer. Para un escritor yo tengo mi preferencia… Esta [señala una insignia que lleva en la solapa] la compré en una subasta en Inglaterra. Es un alfiler de corbata y perteneció a Robert Donat, el protagonista de los 39 escalones, de Hitchcock, que también era autor de teatro. En ella aparece Shakespeare, al que le debo varios títulos de novelas mías, con lo cual mi agradecimiento es un poco especial. Pero también, para los que hemos llegado a ver a Di Stefano en la infancia, es imposible que no lo tengamos mitificado o que no lo consideremos el mejor jugador que ha existido, porque es el que nos deslumbró.

Habla de la infancia como libro de aprendizaje. He leído que la familia Marías, durante sus años en Estados Unidos, vivió debajo de Nabokov.

No exactamente. Entonces, en el Wellesley College, residíamos en una casa que de hecho era de Guillén, que estaba de sabático ese año. Por eso mi padre fue ese curso a enseñar allí. En el piso de arriba, antes, había vivido Nabokov, que también había enseñado en Wellesley. En un artículo dije simplemente que, de haber durado Nabokov un poco más allí, a lo mejor mis llantos de bebé le hubieran molestado, pero era como una figuración, porque no hubo coincidencia.

¿Qué otros recuerdos le han marcado?

Es una infancia un poco de esa época, normal. Las primeras lecturas, la primera pasión por los libros de aventuras. No era un niño raro, leía novelas de aventuras y novelas de mosqueteros, de Guillermo Brown… Como toda la gente de mi generación, tenemos una deuda con Richmal Crompton, ese nombre raro era una señora. El hecho de haber estado en contacto con un país extranjero, Estados Unidos, nos dejó a mis hermanos y a mí una especie de conciencia de que el mundo no se terminaba en España; y la existencia de varias lenguas, el hecho de que las lenguas se complementan.

Y luego, una cosa que sería absurdo no decir, aunque salta a la vista: que también he sido muy afortunado de tener unos padres como los que he tenido, que eran personas, tanto mi padre como mi madre, cultas, muy razonables, básicamente decentes. Entiéndase decentes en un sentido amplio, con esa cosa que se llama principios y que resulta hoy un poco anticuada, y no tendría por qué. Y además, tuve la suerte de disponer de una biblioteca excelente. Yo admiro mucho a la gente que no ha tenido libros en la infancia y que, sin embargo, han llegado a ser escritores magníficos, porque yo en ese sentido soy un privilegiado. Mis padres eran más bien pobres, pero bueno, desde el punto de vista material, no tengo la sensación de que mis hermanos y yo careciéramos de lo básico en absoluto. Ahora, desde el punto de vista de la educación y de un ámbito propicio a la cultura, pues sí, sí fui un niño privilegiado.

Ha residido y trabajado fuera de España mucho tiempo. ¿Ahora se marcharía?

España nunca me ha parecido un país en el que uno tuviera asegurado el poder vivir siempre. Ahora, en cambio, cuando voy a países en los cuales me he sentido muy cómodo durante muchísimos años, ya no me siento tan cómodo: los veo cambiados, en manos de gobernantes cada vez más mediocres. Ahora mismo hay una gran falta de horizonte en general en todo el mundo. España, si no otra cosa, ha sido un país bastante animado; incluso en la época de Franco era un país animado. En los últimos dos años empiezo a notar algo que casi me parece insólito. En la propia calle uno nota cierto tono deprimido, no solo por lo malo de la situación actual, sino porque no se ve mucho horizonte. «Paciencia y barajar», como decía Cervantes: alguna vez tienen que venir las cartas mejor dadas. Esperemos que así sea y que no tarde demasiado.

LAURA REVUELTA

Fotos. Ignacio Gil

Abc Cultural, 15 de junio de 2013

PDF. “Incluso el libro más leído es algo minoritario”

Javier Marías, ante tiempos ridículos

Foto. Cristóbal Manuel

Foto. Cristóbal Manuel

El título Tiempos ridículos lo encontró Javier Marías leyendo un “modesto artículo” del New York Times sobre el ocaso de los neuróticos ante “la superabundancia de ellos”. Lo usó para una de sus columnas en El País Semanal, en la que trataba —al hilo del polémico safari del Rey en África— de elefantes aún mayores: la desmesura, la iracundia y la histeria colectiva que nos inunda. Tiempos ridículos es ahora el título del volumen (y la cita, recuerda el escritor, es de una catedrática de Psiquiatría: “Vivimos tiempos ridículos, y si a uno le parece que todo tiene sentido, lo más probable es que no esté bien”) que, editado por Alfaguara, reúne 96 artículos publicados durante los últimos dos años.

Artículos combativos unos y “de tregua” otros, como define Marías a los que escoran hacia la autobiografía. “Involuntariamente autobiográficos”, matiza, “más bien evocativos, en los que recupero anécdotas familiares o de viajes. Quizá en ellos está lo más parecido que jamás haré a unas memorias o a unos diarios, que siempre me resultan pretenciosos a no ser que uno tenga una vida llena de aventuras, y no es el caso”.

El libro arranca con un texto de febrero de 2011 en el que el escritor se mofa de una guía “ecofeminista” que desde la Junta de Andalucía proponía “potenciar el lenguaje periodístico desde una perspectiva de género medioambiental”. Es fácil imaginar el sofoco del escritor ante la propuesta. Él mismo lo justifica en el arranque de la columna: “Con razón me consideran un pesado, pero siempre aduciré en mi descargo la vieja excusa infantil: ‘Yo no he empezado’. Si la realidad es insistente y pelma, además de con frecuencia imbécil, hay que salirse al paso una y otra vez”.

Una y otra vez, sí, hasta febrero de 2013, fecha en la que Marías dedica la columna dominical que cierra el libro para celebrar sus 10 años y, de paso, cuestionarse la inutilidad del esfuerzo. Lo titula Piel de rinoceronte o desdén y con él ilustra la sensación de esterilidad que le ronda. Para ilustrar esa sensación recrea una chocante anécdota, el reencuentro casual con un ex ministro de Aznar a quien hace años criticó duramente en un viejo artículo y que ahora le saluda, incluso extiende la invitación de “una copita”, como si nada. “Pero qué quieren: si ni siquiera los ‘damnificados’ me tienen en cuenta las ‘damnificaciones’, ¿ustedes creen que vale la pena que siga con estas columna después de diez años? La pregunta es retórica, no hace falta que me contesten”, escribe.

portada-tiempos-ridiculos_grande“Después de 18 años como columnista, primero en EL Semanal y después en EL PAÍS, es inevitable cierto cansancio”, explica sobre una tarea que suele concluir en sábado o domingo, dos semanas antes de su publicación, después de al menos dos versiones, últimas correcciones a mano (“rebajo el tono, quito adjetivos”) y una misma eterna pregunta: “¿Y de qué hablo hoy?”. “Por un lado, opinar demasiado agota. Soy consciente de que me repito y, en general, procuro disculparme con el lector, pero es que la realidad es tan pesada como uno. Y, por otro, uno siempre tiene la sensación de que la utilidad real es poca. No es que pretenda cambiar las cosas pero no deja de sorprenderme el absoluto desprecio de los políticos por la opinión los intelectuales”. Esos oídos sordos de los políticos a la crítica le recuerda una anécdota de su padre, Julián Marías: “En 1978 dedicó un artículo crítico a la Constitución y Adolfo Suárez lo llamó para hablar con él y consultarle. Algo así es hoy totalmente impensable, a los políticos o no les importa o no les interesa lo que nadie escriba sobre ellos”.

Aunque quizá la respuesta está en la página 92 del libro. Ese domingo los lectores se tomaron el café y el zumo con una pregunta: ¿Por qué quieren ser políticos? El autor de Los enamoramientos asegura que no solo procura argumentar sus opiniones “evitando exabruptos”, sino que también tiende de manera innata a ser positivo. “En mi caso, el pesimismo es el territorio de la novela”, dice, “mientras que el optimismo debería ser el de la lectura de periódicos, por eso procuro no amargar el desayuno de los lectores y sí de vez en cuando el de algunas personas concretas. Pero quizá a veces he pecado de dar demasiados ánimos y no acertar con mis predicciones”. En vano o no, Marías sigue, “chinchando lo que pueda, aunque nadie te haga mucho caso”.

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS

El País, 27 de mayo de 2013

Javier Marías habla de ‘Tiempos ridículos’

EFE TR 2“No acabo de entender que el Gobierno esté tan sordo”

El escritor Javier Marías tiene la sensación de haber hablado en exceso de la crisis y de los políticos en sus artículos de los últimos meses. Pero no le queda otro remedio en un país donde el Gobierno se ha puesto “en contra a todo el mundo” por las medidas y los recortes que aprueba.

“No acabo de entender que el Gobierno actual esté tan sordo, porque tiene enfrentada, no a gente de izquierdas o contraria al Partido Popular, sino a todos; a gente normal y de orden, como los médicos, enfermeros, profesores, rectores, jueces y abogados”, afirma Marías en una entrevista con Efe.

En su casa de Madrid, en cuya entrada se amontonan los libros porque no para de recibir ediciones de sus novelas en el extranjero, el escritor habla de su nueva obra, Tiempos ridículos (Alfaguara), en la que ha reunido los artículos publicados en El País Semanal entre febrero de 2011 y febrero de 2013.

Considerado uno de los mejores novelistas en lengua española de las últimas décadas y con su obra traducida a 43 idiomas, Marías es también un excelente articulista como lo reflejan esos textos que publica desde hace dieciocho años, los diez últimos en la citada revista y los anteriores en El Semanal.

De vez en cuando le entran dudas sobre si seguir o no con esta labor, porque ya se ha pronunciado “sobre todo lo habido y por haber”.

“También, cada vez más, se da uno cuenta de que servimos de poco los que ahora escribimos en prensa. Las cosas han cambiado mucho en los últimos años, y uno tiene la sensación de que no se influye nada en la gente con capacidad de decisión, sobre todo en los políticos”, señala el escritor.

“Yo creo que los políticos se han blindado ante cualquier crítica”. Y, como recuerda Marías en uno de los artículos, no hace tanto que sí se tenía en cuenta la opinión de los intelectuales: a su padre, el filósofo Julián Marías, lo llamó Adolfo Suárez, cuando era presidente del Gobierno, para consultarle sobre el texto de la Constitución.

“Los políticos actuales desprecian a los intelectuales. Y en eso, lamento decirlo, entroncan con el franquismo, que se distinguió siempre por el desprecio y hostilidad hacia la cultura y el mundo intelectual”, asevera el autor de libros esenciales como Corazón tan blanco, Tu rostro mañana o Los enamoramientos, esa última novela que tantas dudas le suscitó y que no deja de darle satisfacciones: se ha traducido ya a más de veinte lenguas.

portada-tiempos-ridiculos_grandeEn la nueva recopilación de sus artículos hay piezas emotivas, entre ellas cuando recuerda la muerte de su tío, el músico Odón Alonso, o la conmovedora carta de un lector, y las hay también divertidas, como cuando recrea su expulsión de una librería de Viena o cuando habla de fútbol -“estoy deseando que se vaya Mourinho”, asegura-.

Pero en Tiempos ridículos predomina el tono sombrío porque reflejan la realidad de un país en el que los políticos “son percibidos como uno de los problemas más graves”, abundan los casos de corrupción y la gente está “desmoralizada por la impunidad que hay para los causantes de la crisis”.

Y un país en el que, tras un año y pico de gobierno del PP, el paro no deja de aumentar y “sigue sin condenarse a nadie por corrupción”.

“Si un Gobierno toma medidas viernes tras viernes, que atentan contra la idea de Estado tal como la hemos aceptado y si aplica una política de ‘sálvese sólo quien pueda, y el que no, que hubiera ganado más dinero antes’, está quebrando el pacto esencial y se deslegitima a sí mismo”, decía Marías en un artículo de julio de 2012.

Y añade ahora en la entrevista: “La democracia no consiste sólo en ser elegido, sino en gobernar día a día democráticamente. Y eso supone tener en cuenta a las minorías, a la oposición, a la sociedad, y no imponer una cosa detrás de otra porque se tiene mayoría absoluta. Eso es despotismo legalizado”.

Es posible que sean necesarios los recortes, comenta, pero “dónde se aplican es una de las cosas que define a un político, y este Gobierno los ha aplicado sobre todo en las cosas que a la población le importan más: la sanidad, la educación, la cultura y la justicia. No recortan en sueldos de políticos ni en celebraciones innecesarias”.

Entre esos gastos innecesarios, opina el escritor, quizás estén los de la “Marca España”. A Marías le pidieron permiso para utilizar su imagen en un vídeo promocional de nuestro país, que se presentará en Bruselas el 4 de junio, y ha dicho que no.

“¿Qué hace mi imagen en un vídeo propulsado por este Gobierno que ha tenido un presupuesto de cero euros para las bibliotecas públicas y que ha subido del 8 al 21% el IVA del cine y de los teatros? Todo esto es pura contradicción”, indica.

En el artículo que sirve para titular el libro, Tiempos ridículos, Marías considera “desproporcionadas” las críticas que suscitó el viaje del Rey a Botsuana para cazar elefantes, y que llevó a algunos dirigentes políticos, tertulianos y analistas a cuestionar la validez de la monarquía.

El escritor no es monárquico, pero no le gustaría que “el Jefe del Estado fueran Aznar, Aguirre, Bono o Zapatero”.

“Nos ha ido bien con esta monarquía. En toda la historia de España no hemos tenido jamás un período tan largo de democracia o de algo que se le parezca. Es preferible que haya una institución que no gobierna en ningún caso (‘El rey reina pero no gobierna’, recuerda), que no políticos”, añade.

Ante la situación que se vive en España, no descarta “en absoluto” que pueda haber un estallido social, aunque él intenta “ser optimista” y espera que “la gente no se ponga a hacer el cafre. No serviría de mucho y sería aún más desastroso y más grave”.

“Pero da la impresión de que los responsables políticos no atienden a nada, tiran de la cuerda, y la cuerda se puede romper por el lugar más impensado”, advierte.

ANA MENDOZA

EFE, 23 de mayo de 2013

‘Cuando Rajoy habla, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico’

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Javier Marías (Madrid, 1951) ha practicado durante cuatro décadas todas las variantes de la literatura, hasta convertirse en uno de los autores más considerados a escala global. También es ahora mismo el columnista que mejor sintoniza con la indignación asociada a la crisis. Celebra la traducción de una de sus novelas al estonio y la obtención del legendario premio Formentor.

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿El premio Formentor huele a Nobel?”
–No necesariamente, y en mi caso tenga por seguro que el Nobel no tiene el menor fundamento, ni pienso en él. El Formentor lo recibo con muchísimo gusto.

–¿Escribe para competir?
–Ni siquiera conmigo mismo. El “siempre más difícil o mejor” me parece circense. Tengo suficiente incertidumbre con cada página, porque siempre pienso que “esto es una tontería, esto nunca va a interesar a nadie, esto está fatal”.

–”Sofisticación y accesibilidad”, dice de usted The New Yorker, que no suele equivocarse.
–En inglés, sophistication es un “falso amigo”. No tiene traducción literal y es más bien “perfeccionismo”. En cuanto a la “accesibilidad”, es probable que sea así, porque es inexplicable que con una literatura no facilona haya conseguido tantos lectores.

–¿Piensa en ellos cuando escribe?
–Pienso en publicar, en abstracto.

–La primera inquietud al concederle el Formentor era si iba usted a aceptarlo.
–Es una inquietud un poco gratuita, porque he aceptado muchos premios. Rechacé el Nacional de Narrativa porque los Estados no tienen que destinar el erario público a premiar a artistas o escritores. Al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer nuestro trabajo.

–Borges y Beckett le han precedido en el Formentor.
–Quizás me quedo con Borges, al que conocí y que era amigo de mi padre. Espero que no me pase como a él, por otra parte infinitamente superior a lo que yo haga nunca. Cuando empezó, fue considerado un escritor inglés y hoy es el autor argentino por antonomasia. Después de haberme llamado “angloaburrido” y de acusarme de que mis novelas parecen traducidas del inglés, espero no convertirme en el escritor español contemporáneo más representativo.

–¿Cómo ha conseguido ser el columnista que mejor conecta con el castigado ciudadano actual?
–Ojalá fuera así, pero tengo la sensación de que los artículos sirven de poco. Aunque ya es mucho que bastantes lectores me digan que les sirven de consuelo, son inútiles a efectos prácticos.

–Frente a la memoria histórica, usted ha reivindicado el derecho al olvido histórico.
–Como dije en un artículo, no tengo las cosas claras sobre esta cuestión. Es importante que se sepa qué ocurrió pero, sin ciertas dosis de olvido, la vida es una tortura infinita. Dicho sea con todo el respeto a quienes desean recuperar sus huesos.

–¿Tiene opinión sobre todo?
–En absoluto, hay cosas de las que no sé nada y me admiran las personas que se convierten en expertos improvisados en cuanto pasa algo, Al día siguiente de Fukushima, todo el mundo opina sobre reactores nucleares.

–¿Le irrita más Mourinho o Rajoy?
–Rajoy, porque Mourinho me irrita muchísimo y deseaba que se fuera, pero afecta a una parcela reducida de mi vida y no preocupa a los no madridistas. El Gobierno perjudica a todos.

–Rajoy ha dado valor político al tópico literario de la incomunicación.
–Tengo la duda de si en el fondo no hace bien. Cada vez que habla o comunica, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico, porque dice una cosa y la contraria. Quizás su silencio no es opción sino necesidad.

–Le solivianta el PP, pero sin llegar al escrache.
–No me gusta esa palabra, prefiero hablar de execraciones a domicilio y, con independencia de los merecimientos que han hecho sus destinatarios para ser vituperados, tiene algo de vil, de muchos contra uno. Además, se vuelve contra cualquiera. Por ejemplo, contra quienes votan a favor del matrimonio homosexual.

–Usted puede permitirse cinco DVDs, pero sólo compra dos porque otras personas están en crisis.
–Me noté de pronto con este pudor, y era desastroso. Si unos no compran nada porque no tienen, otros porque están ahorrando, y quienes nos lo podemos permitir tampoco lo hacemos por evitar la mala conciencia, ¿quién va a consumir? Para suprimir esa tentación, me fuerzo a hacer compras no enteramente necesarias.

–Le leo preocupado por sus ahorros.
–Cualquier persona ha de estarlo, después de la posible exportación del modelo de Chipre. Se temía a los comunistas porque nos lo iban a quitar todo, y ahora resulta que nos lo hace el capitalismo salvaje.

–Creo que no le he llamado Julián ninguna vez.
–No me ha llamado nada, una manera prudente para que no se le escape. Me llevaba bien con mi padre, y no me molesta cuando alguien comete el lapsus de llamarme “Julián”. No he leído todos sus libros. Uno de los mejores para mí es Cervantes, clave española pero, cuando habla de Problemas del cristianismo, no lo leo.

MATÍAS VALLÉS

Diario de Mallorca, 11 de mayo de 2013

Gli innamoramenti. Entrevista, reseñas, y más

LE it grandeAnatomia dell’ amore
RITA SALA
Il Messaggero, 30 dicembre 2012
La verità secondo María
MICHELE DE MIERI
24 Ore, 16 dicembre 2012
Marías, l’innamoramento è un thriller di parole
ROBERTO COTRONEO
Il Messaggero, 15 dicembre 2012
Questa volta ho voce di donna
PAOLO PETRONI
Il Cittadino, 13 dicembre 2012
La passione e le colpe inconfessabili
ANNA FOLLI
Gazzetta di Parma, 8 dicembre 2012
Comportamenti amorosi
EDMUNDO PAZ SOLDÁN
Letras Libres, 13 dicembre 2012
Due ragazze scomparse e una strana coppia perfetta
ALESSANDRO MARONGIU
La Nuova, 17 dicembre 2012
Se osservi due che si amano, il loro amore ti contagerà
LIANA MESSINA
F, 23 gennaio 2013
Gli innamoramenti
GIANLUCA VELTRI
Mucchio, 1 gennaio 2013
Alta letteratura con un tocco noir
PIERO MENARINI
Libero, 14 dicembre 2012
Poesía del matrimonio…
ROMANO MONTRONI
Corriere di Bologna, 26 gennaio 2013
Madrid, misteri e amori. Il nuovo incanto di Marías
ROSSELLA MARTINA
QN, 20 gennaio 2013
L’ amore secondo lei
PIERO MARIO FASANOTTI
Liberal, 15 dicembre 2012
Elogio della fantasia e della spietatezza amorosa
Panorama, 6 febbraio 2013
Dire buon Natale regalando un libro
ROBERTO PERROTTI
Corriere Nazionale, 16 dicembre 2012
Il Giornale, 26 gennaio 2013

Digressive progress: Spanish author Javier Marías

mariasdepieWith plenty of observations, reflections and suppositions, Marías likes telling readers things ‘they didn’t know they knew’

When Javier Marías was a student of English Philology in Madrid in the 1970s he says it was with a sense of “awe and reverence” that he would buy copies of “the then grey-spined Penguin Modern Classics. The authors ranged from Conrad to James, Faulkner to Joyce, Thomas Mann to Ford Madox Ford, Woolf to Camus. Not even Nabokov was allowed to be there.” Last year Marías himself became one of just a handful of living writers to join that same list. “I must assume, therefore, that these are much less demanding times than the 1970s,” he explains modestly. “But, still, I feel very honoured, even if I can’t help thinking I must be a fraud.”

Far from being a fraud, it is difficult to think of many other living writers who are such an obvious fit for the list. In brute commercial terms, as was noted at the time, you could say his inclusion is not a bad hedge bet from his new publisher Penguin in the event of his winning the Nobel prize, something he is regularly tipped to do. In purely literary terms there is an even more compelling case. Few writers have sustained such an engagement with the classic (Anglophone) canon. As a translator he has rendered into Spanish work by Hardy, Yeats, Conrad, Nabokov, Faulkner, Updike, Salinger and many others. As a novelist, he has threaded his work with traces of these writers, and is explicitly underpinned by an empathy with Shakespeare and Sterne, as well as Cervantes and Proust.

“I’ve never had a literary project and feel I have been improvising all my career,” he recently claimed. “But I do recognise certain recurring themes: treason, secrecy, the impossibility of knowing things, or people, or yourself, for sure. There is also persuasion, marriage and love. But these things are the matter of literature, not just of my books. The history of literature is probably the same drop of water falling on the same stone only with different language, different manners, different forms adequate to our own time. But it remains the same thing, the same stories, the same drop on the same stone, since Homer or before.”

This flair for improvisation has seen him selling millions of books that have been translated into more than 40 languages. His 12th novel, “The Infatuations”, has just been published in English, and works such as “All Souls, A Heart So White” and, more recently, his monumental “Your Face Tomorrow” trilogy have received almost universal critical acclaim. And he has not only been garlanded with prizes. Among his other titles is King of Redonda, a real, if uninhabited, lump of Caribbean rock, the monarchy of which has been passed down through a line of writers.

“I’ve taken my responsibilities lightly,” he smiles, “but I do follow the tradition of an intellectual nobility.” He funds a literary prize and awards dukedoms to the winners, which so far have included among others Alice Munro, A.S. Byatt, William Boyd and Umberto Eco. “J.M. Coetzee was the first winner, and I was delighted that he accepted and joined in with the playfulness of it. Maybe it is time that I should start thinking about an heir. I inherited through an abdication, so I shall have to find another writer, as it is not passed on by blood but by letters.”

Marías has never visited Redonda and lives in a book-packed apartment overlooking one of Madrid’s oldest squares where he works on an electric typewriter, doesn’t have internet and is equally old-fashioned in his prodigious cigarette consumption. He has a long-term partner, but she lives in Barcelona. “And that is usually my lot. Either my girlfriends have been married at a time when there was no divorce in Spain, or they lived somewhere else or there was something else in the way.”

“The Infatuations”, featuring a rare Marías female narrator, is, among other things, a cool-eyed examination of love; in fact “Los enamoramientos”, the Spanish title, could also be translated as “The Crushes”. Maria has breakfast in the same café every morning, where she observes a married couple with the same routine. Some time after the couple stop coming to the café Maria learns that the husband has been brutally murdered, and she becomes embroiled in the life of the widow and the emotional ramifications of the husband’s death.

“Loving and falling in love have a very good reputation,” he says. “That may be justified sometimes, but sometimes it is the opposite. I have seen very generous, kind and noble people behave very badly because they are in love. Equally there is this idea of destiny. People remember how they met and wondered what would have happened if they hadn’t gone to that restaurant or that dinner. But we are in fact very limited in our choices of partner by location, class, history and who is willing to accept our advances. How many times are we not the first choice? Or even the second, or the third?”

The book has sold more than 160,000 copies in Spain and was awarded the national narrative award, which Marías declined because the 20,000-euro prize was funded by the state. He has been criticised as a novelist for not engaging directly in Spain’s turbulent political life although in fact the civil war and Franco’s rule have been dark presences in his books — but he has shown no reticence about engaging in the day-to-day as a newspaper columnist for the last 18 years.

“As a columnist I write as citizen and maybe have too many opinions” — he has published a whole book of just his football articles — “but writing as a novelist is different. I don’t like the journalistic kind of novel which is now rather fashionable. If a book or film takes a good subject from the everyday press — say domestic murders in Spain, which are a historic disgrace — everyone will applaud, but it is easy applause. Who will say it is bad? People say the novel is a way of imparting knowledge. Well, maybe. But for me it is more a way of imparting recognition of things that you didn’t know you knew. You say ‘yes’. It feels true even though it might be uncomfortable. You find this in Proust, who is one of the cruellest authors in the history of literature. He says terrible things, but in such a way that you know that you have experienced those thoughts too.”

Marías was born in Madrid in 1951, the fourth of five sons. Three of his brothers — the eldest died before he was born — went on to have careers in the arts. Their father was Julián Marías, a leading philosopher whose republican activities had seen him briefly imprisoned following the Spanish Civil War, an episode (Javier) Marías drew on in “Your Face Tomorrow”. Their mother, Dolores Franco, was a translator and an editor of an anthology of Spanish literature before starting a family. As a child Marías was taken for several trips to America where his father was teaching, having been blacklisted at home. Back in Madrid, his early writing came directly out of his reading; he created his own musketeer and Just William stories when he had finished all the books. “Richmal Crompton had been very popular in Spain since my parents’ time.”

The family home was full of books, art and elevating conversation. But Marías’s introduction to professional writing was facilitated by an uncle who was a maker of horror films. During the six weeks the 17-year-old Marías stayed at his uncle’s Parisian apartment he not only watched 85 films but also broke the back of a debut novel, “Los dominios del lobo” (“The Dominions of the Wolf”), which was published in 1971 when he was only 20.

“It was a sort of a tribute and parody of American films of the 1940s and 1950s. A youthful work, but not the usual autobiographical story of most young writers. And also not deadly serious in the way young people often are. As such, I’m actually not ashamed of it.”

He says the dominant trend in Spain at the time was social realism. “Franco was still alive. The idea was that writers, as far as censorship would allow, must try to raise the consciousness of the people about the terrible situation. I thought it was well meant, but had nothing to do with literature. My generation knew that a novel couldn’t end the dictatorship, and so as writers we did as we wanted.”

In fact over the next decade he published only another two novels as his career as a translator came to the fore, most notably with his 1979 version of “Tristram Shandy”, which won the (not state-funded) national translation prize. He categorises a translator as both a “privileged reader and a privileged writer. If you’re capable of rewriting in a different language something by Conrad or Sterne then you learn a lot. I’ve not got involved with the creative writing industry, but if I ever had my own creative writing school I would only admit people who could translate, and I would make them do it over and over again.”

During his years translating he found that some writers helped the translator by being stylistically contagious. “There is a pace and a rhythm of prose that, if the translator catches it, you can surf the wave of cadence. I certainly felt it with Conrad and in a way with Sir Thomas Browne. But it is not essential to good writing. It was not there with Yeats’s prose, or Isak Dinesen’s or Thomas Hardy’s. I like to think that my prose has some cadence that can contaminate, in the good sense, and help a translator. And I always want to help as much as I can because I remember being so annoyed that I couldn’t ask Conrad what he meant.”

He says that what is now regarded as his own distinctive style — the long, digressive, almost musical sentences that loop around observation, reflection and supposition — took many years to achieve and wasn’t really in place until his 1986 novel about an opera singer, “A Man of Feeling”. “I had written four novels before then. The impatience of the publishing world today might mean that I wouldn’t have been given a chance to get that far. So many worthwhile writers must have been lost because of this impatience. The change has been brutal.”

His next novel, “All Souls” (1989), based closely on his experiences teaching at Oxford in the 1980s, was a success, but it wasn’t until “A Heart So White” in 1992 that he first became a fixture on the bestseller lists. After selling well in Spain it became a global hit after “the Pope of German critics”, Marcel Reich-Ranicki, recommended it on television. “He was known as a tough critic who had once, literally, ripped up a Günter Grass book. But he said some exaggerated things about my book and that it should be No 1. Obediently, as sometimes Germans in their history have been, they went out and bought it.”

The book sold 1.3 million copies in Germany and later won the Impac prize. Marías’s novel-writing technique — “which I know could be suicidal” — is to set out with only minimal planning (all his notes for the 1,200-page “Your Face Tomorrow” trilogy were scribbled on just four sheets of A5 paper; not all of them were used) and then not to redraft the book, “although I do go back to change a Tuesday to a Thursday and things like that”. It is a high-wire act that is sustained by what must be a remarkable memory as he shapes his story round complicated digressions and repetitions. “What Sterne said always struck me as true: ‘I progress as I digress.’ And you realise that what seemed anecdotal is actually part of the story. I like to use a system of echoes and resonances and characters that reappear not only within the same book, but from one book to another.”

He describes the present situation in Spain as “scary”, and lambasts the government for using the economic crisis to impose labour reforms, toughen abortion laws, cut education and culture spending, and privatise the health system. “Those opinions I stand by. It is not quite the same as a novelist. A novel is a more savage and wild thing in the sense that you can say anything, and your narrators or characters can say anything. Yet it still arrives at a kind of truth. It is like the theatre where you know the name of the playwright, but when the curtain rises the accepted convention is that the audience doesn’t take all the actions or opinions on the stage as the author’s. It is the same with a book. You turn from the cover to the biographical note, then maybe a dedication until you reach page one and the curtain rises. From that moment on the name on the cover doesn’t matter any more.”

NICHOLAS WROE

Gulf News, Weekend Review, 4 April 2013

Dónde quedó la ilusión del 82

La Transición pareció un tiempo iluminado, pero fue de plomo: asesinatos, secuestros, incertidumbre. En 1981, un golpe de Estado. Un año más tarde, 1982, en diciembre, asume por primera vez el poder un Gobierno socialista. Treinta años después, otra vez, como cuando aquel resplandor empezó a nublarse, el desencanto. ¿Qué ha pasado?

Treinta años después, algunos de aquellos que entonces tenían más o menos treinta años creen que se amortiguó el entusiasmo.

[…]

1359111592_485415_1359112697_album_normalHace 30 más o menos, Javier Marías, el autor de Tu rostro mañana, tenía 30. Al acabar la década de los ochenta le pidieron un artículo sobre ese tiempo. Lo tituló La edad del recreo y terminaba diciendo: “Los echaremos de menos”. “Fue”, cuenta ahora, rodeado de libros propios y ajenos en su casa de Madrid, “una década que había pasado con poco prestigio porque se nos consideraba un poco tontos y frívolos. Recuerdo que decía que fue una década en la que se había descansado de los intensos años setenta. Era verdad, al menos en España: la gente se había dedicado en gran parte a embellecerse y a cultivarse. Sigo echándolos de menos”.

La situación “era totalmente distinta a la que estamos viviendo desde hace unos años. Para mí, probablemente por la edad que tenía, pero creo que también para todo el país, fue una época de gran ilusión y de gran esperanza. La victoria socialista en el 82 creó ilusión, no tanto por el hecho de que ganara Felipe González (para mucha gente sí), sino porque era la primera vez que ganaba un partido más o menos de izquierdas tras una tentativa de golpe de Estado”.

Pareció que caminábamos levitando. Hubo unos años, dice Marías, “en que la gente quería ser más culta, más educada, más participativa”. Eso duró unos años, “y luego parece como si hubieran dicho: esto cuesta mucho, esto es muy cansado, volvamos a ser brutos. Y en eso estamos”.

La política era una esperanza, ahora parece una rémora. “La política, no; los actuales políticos, más bien. Los que hemos padecido la dictadura y no teníamos partidos políticos porque estaban prohibidos hemos apreciado mucho que pudiera haber partidos y que hubiera políticos, que se hiciera política y que además estuviera en el lugar en el que debía estar, el Parlamento”.

Hace 30 años, ya era Marías un joven altamente considerado en la sociedad literaria. Treinta años más tarde, ¿cómo ve a los que tienen aquella edad ahora? ¿Qué piensa que pueden esperar? “Una cosa es lo que debieran y otra lo que están viendo que se les viene encima. Tengo sobrinos de esas edades y a uno le renuevan un contrato en la Universidad durante tres meses, luego a lo mejor se lo renuevan otros tres, o no… Otra sobrina se ha tenido que marchar a Alemania porque aquí de momento no encuentra nada. En todos los ámbitos está ocurriendo esto”.

Así que los jóvenes ahora “no tienen nada que ver en sus expectativas y en su ilusión con los jóvenes que teníamos 30 años o así en 1983. Quizá teníamos un punto mayor de inconsciencia, pensá­­bamos que ya veríamos y que ya saldríamos adelante… Con 30 años, todavía me sentía optimista en general; influía la efervescencia que había en el país, aún éramos jóvenes y confiábamos en que las cosas pudieran cambiar a mejor. La gente no tiene ahora esa sensación, y los jóvenes ya tienen menos confianza en ese posible giro de la fortuna con el que todos contamos en la vida, con el que claramente nosotros contábamos en los ochenta. Si acaso, ahora el giro es marcharse”.

La suya fue, se aventura a decir, “la generación de la ilusión”. Pero luego vino “la desilusión posterior, y en parte somos responsables también de ella”. Así que somos “la generación de la ilusión y la desilusión”.

[…]

Treinta años atrás, un estallido, la luz. Treinta años después, la sombra y la ira. Mirando hacia atrás, la sombra de la ira parece que se abre paso y empieza a cubrir aquel estallido.

JUAN CRUZ

El País Semanal, 27 de diciembre de 2013

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Entrevista de fútbol

“En una novela, lo más importante que le podría pasar a un futbolista ocurriría fuera del campo”

untitledLa polivalencia sobre la hoja en blanco de Javier Marías es tal que siempre sabe cuándo ralentizar la acción para controlar el tempo o cuándo dotarlo de un ritmo endiablado. Esta visión periférica, sumada a su técnica magnífica, convierte a este escritor en un as de la literatura contemporánea. Precisamente de sus homólogos balompédicos habla el madridista a lo largo de este cuestionario.

Por JUAN CHECA

                                   Panenka, n. 15, enero de 2013

Entrevistas y críticas italianas

Foto. Ferdinando Scianna[Foto. Ferdinando Scianna]

“Amore. Nome comune di cosa. Astratto, molto astratto”
MARCO CICALA
Il Venerdi. Supplemento de La Repubblica

“Io sono il contrario esatto del mio io da scrittore”
PAOLO VALENTINI
Pubblico giornale

“Amico Shakespeare, una sorgente di fertilità”
MARIO BAUDINO
TTL. Supplemento de La Stampa

le Italia

Ogni mattina in un caffè osservando la coppia perfetta
ANGELA BIANCHINI
TTL. La Stampa

Nella nebbia dell’incertezza
NORBERT VON PRELLWITZ
Alias. Supplemento de Il Manifesto

Marías: di cosa è capace l’amore

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In un caffè del centro di Madrid la giovane editor María osserva ogni mattina Luisa e Miguel che fanno colazione. Non sa nulla di loro, ma quando l’uomo viene assassinato María si trova suo malgrado proiettata nell’intrico di persone, frequentazioni e segreti legati alla coppia. Ed è proprio questa improvvisa intromissione nella vita altrui che mette in moto Gli innamoramenti di Javier Marías, appena pubblicato da Einaudi nella traduzione di Glauco Felici. Autore di alcuni importanti romanzi come Tutte le anime e Domani nella battaglia pensa a me, lo scrittore spagnolo porta in questo libro un mondo dove sentimenti e debolezze dell’uomo hanno un ruolo di primo piano. Per parlarne di persona, Javier Marías si presenta all’intervista con i suoi sessant’anni ben portati, completo blu e gentilezza molto ciarliera.

Dopo aver sempre scelto il punto di vista maschile ora la voce narrante del suo nuovo romanzo Gli innamoramenti è una donna, María Dolz. Perché?

«Sono abituato a raccontare in prima persona dal 1986 ormai, da L’uomo sentimentale, mi ci trovo mio agio. E questa storia non si poteva raccontare dal punto di vista maschile, sarebbe stata poco credibile la vicenda che accade alla protagonista María Dolz. Poi però c’è un’altra ragione per la voce narrante femminile. La donna che osserva ogni giorno una coppia sconosciuta in un bar, e poi scopre dopo settimane dalla scomparsa dell’uomo che questi è stato ucciso in modo gratuito e inesplicabile, è una donna vera, una mia amica che ha davvero vissuto quella situazione. In qualche modo ho voluto portare la sua voce nel mio romanzo. E comunque, alla fine penso che scrivere significhi osservare e raccontare. Un uomo e una donna non lo fanno in modo così diverso».

Come già nel suo romanzo più famoso, Domani nella battaglia pensa a me, e anche In un cuore così bianco, la storia di Gli Innamoramenti prende le mosse da una morte improvvisa nelle prime righe…

«Si tratta di tre morti diverse. Una è una morte accidentale, l’altra un suicidio, la terza un omicidio. In questo caso mi serviva per raccontare la storia di una donna che si innamora di un uomo che sarà causa della sua disgrazia. È questo il vero nucleo del romanzo, anche se improvviso molto nella scrittura, e alla fine spero sempre che tutte le cose che ho scritto si incastrino bene tra di loro».

In questo suo ultimo romanzo, spesso i personaggi pensano pensieri di altri personaggi, gli attribuiscono sentimenti che provano per sé stessi. Come mai ha usato questa tecnica letteraria così particolare?

«Volevo che i personaggi facessero ciò che fanno, o almeno dovrebbero fare sempre, i romanzieri: immedesimarsi nella testa di qualcun altro. È per questo che alla fine i narratori dei miei libri si assomigliano tra loro. Assomigliano a me. Sono tutti dubitativi, riflessivi, pensano sempre cosa avrebbe potuto succedere se… D’altronde, accadeva già a Flaubert, quando diceva Emma Bovary sono io ».

In Gli innamoramenti c’è tutta la sua scrittura torrenziale, ipnotica, radicalmente lontana dalla scrittura americana, molto cinematografica, che va per la maggiore oggi. Da dove nasce?

«In effetti non amo la letteratura americana contemporanea, sebbene in Spagna e credo anche qui in Italia, sia oggetto di una vera e propria devozione da parte della critica. La mia scrittura nasce dalle mie letture, dagli autori che amo di più: Henry James, Conrad, Proust, Shakespeare ovviamente. È una tradizione letteraria quasi perduta, quella che potremmo chiamare del pensiero letterario , che non significa riflettere sulla letteratura o i libri, ma pensare letterariamente sulle cose del mondo. Il pensiero letterario è diverso da quello filosofico o scientifico, è una forma a sé che ha il vantaggio di non dover dimostrare le sue affermazioni. Può essere contradditoria, ma deve riuscire a impressionare il lettore con un’affermazione fulminante, che appena uno la legge pensa: sì, è davvero così».

Nel romanzo c’è un’efficace descrizione degli scrittori. «Sono gente strana, la maggior parte. Si alzano come sono andati a dormire, pensando alle loro cose immaginarie che tuttavia li tengono impegnati per così tanto tempo». È così anche lei?

«Cerco di allontanarmi dalla macchina da scrivere che ancora uso e fare una vita normale, incontrare gli amici, vedermi una partita di calcio. Ma è vero che mentre si scrive un romanzo, qualsiasi cosa si faccia, nel sottofondo della mente anche se non in modo ossessivo, c’è sempre il romanzo che pulsa. E poi, come dice in altro passo del romanzo la protagonista María, che lavora in una casa editrice, pensare che uno la mattina si alzi e si metta a scrivere senza neanche sapere che cosa verrà fuori dal suo scrivere, e nemmeno se quel romanzo sarà letto o pubblicato, è indubbiamente un po’ folle. Sotto questo punto di vista, sono consapevole di essere uno scrittore fortunato. Ho pubblicato il primo libro a vent’anni».

Perché, poco più di un mese fa, ha rifiutato il prestigioso Premio Nazionale della Narrativa Spagnola proprio per Gli innamoramenti?

«Sono contrario alle politiche culturali del mio paese, e da molti anni ho deciso di non avere nulla a che fare con le istituzioni spagnole. E non dipende dal fatto che oggi al governo ci sia il Partito Popolare di Rajoy, quanto più, ad esempio, che nel budget del Ministero della Cultura di quest’anno non ci sia neanche un euro per le acquisizioni di libri da parte delle biblioteche pubbliche».

Gli anni successivi alla dittatura di Franco hanno partorito una «nazionale» di scrittori spagnoli che può contare su di lei, Enrique Vila- Matas, Javier Cercas, più «l’oriundo» scomparso Roberto Bolaño e altri, che è probabilmente la migliore d’Europa. Pensa possa nascere un fenomeno del genere anche dalla crisi economica spagnola di questi giorni?

«Questa nazionale comprende scrittori abbastanza diversi tra loro. Ad esempio non sento vicino a me la letteratura che fa Cercas, anche se ho più di un legame con quella di Vila-Matas. E poi penso che forse le difficoltà dell’economia, gli accidenti della storia, non abbiano molto a che fare con la qualità letteraria di una generazione. Ma vedremo in futuro cosà verrà fuori da questa Spagna di oggi. Un paese triste, che nessuno negli anni 80, durante l’esplosione creativa post franchista, sarebbe riuscito a immaginare. Se l’anno scorso l’elezione di Rajoy alla guida del governo per molti era stata una mossa, magari disperata, per cambiare, combattere la ferocia della crisi economica, oggi, a distanza di un anno, in Spagna c’è solo rassegnazione».

SILVIO BERNELLI TORINO

L’Unità, 4 dicembre 2012

Javier Marías e la legge del desiderio

le Italia

Presentación en Italia

Le sigarette di Javier Marías stanno distese una accanto all’altra, trattenute dieci a destra e dieci a sinistra da un elastico piatto, ordinate nei due lati di un portasigarette laccato di rosso, bello, antico. Sono sigarette tedesche molto leggere fabbricate dalla ditta Reemtsma. Estrae una sigaretta dal suo letto d’argento, la fuma. Non si può fare a meno di pensare, ogni volta che ne sfila una, al gesto preliminare, forse mattutino, di certo quotidiano: quello di toglierle dal pacchetto e allinearle lì sotto l’elastico, con metodo. Al tabaccaio che deve averne una riserva solo per lui, nella rivendita sotto casa nel cuore di Madrid.

Le sue Reemtsma, don Javier, buona giornata. Lascia immaginare, il portasigarette rosso, una libreria di volumi altrettanto ordinati in una casa docile alle abitudini del suo proprietario. Niente animali domestici, niente computer. Niente telefoni cellulari, niente auto nel garage. Solo una macchina da scrivere, un fax. I volumi in inglese nella parete dei libri inglesi, la collezione dei soldatini di piombo allineata davanti. Molti di Crimea, “i più belli”. L’acqua di colonia nel bagno. La buona musica, accanto alla tv lo scaffale dei film. L’uomo che uccise Liberty Wallance tra tutti il preferito.

Nessun intruso. Nessuna donna. E però è con un lampo di ironia che dice “è stato per caso che non mi sono mai propriamente sposato”. Propriamente nel senso che non c’è stata la certificazione, un accidente del destino: “Una volta una mia morosa era già sposata e a quel tempo non c’era il divorzio, in Spagna. Un’altra volta lei era americana e c’era la distanza, anzi due: le americane sono state due. Una volta era italiana, ed era lei ad essere incerta sul mio conto”. Gli occhi già lunghi si allungano nel sorriso. E’ un elenco che parla di treni troppo lenti, di disincontri e contrattempi. Nel suo italiano perfetto e letterario il termine “morosa” dice qualcosa del suo amore italiano, è stata certo lei a consegnargli il vocabolo perché  -dice infatti- “l’unico modo per imparare una lingua senza studiarla è avere un amore”. L’italiano l’ha imparato così.

Gli innamoramenti (Einaudi), s’intitola il suo ultimo romanzo. Un uso vertiginoso della lingua, un’ipnosi ad andamento lento. Un’anatomia del sentimento amoroso implacabile: come vedere un film al rallenty, con un fotogramma che si insinua nell’altro. È una donna che guarda. Dalla finestra sul cortile, osserva e racconta.

“Ma davvero dunque vuole parlare d’amore, di me e dell’amore?”, domanda e sfila un’altra sigaretta dal suo letto.

Davvero. Potrebbe mettere in ordine gerarchico gli amori della sua vita? Amori di ogni genere: persone e cose.
“Persone più di ogni cosa, senza dubbio. Persone, e certo donne al primo posto. Poi le persone in generale. Mio padre, mio fratello. Le persone che abbiamo amato, quelle rispetto alle quali abbiamo avuto la sensazione di non poter vivere senza. Poi si vive senza, certo. Ma dopo. Al secondo posto un tempo avrei messo la lettura, oggi non più. Ricordo di aver sentito mio padre dire: più divento vecchio meno leggo. Allora non capivo, ora sì. Leggo meno anche io, dopo aver letto così tanto. Poi il cinema, certamente. Ci sono film che non smetterei mai di rivedere. Liberty Wallance, Sentieri selvaggi. Poi il calcio, anche se sempre di meno a causa di questo Mourinho: una figura detestabile, se ne andrà presto spero. Poi l’amicizia, che come diceva Oscar Wilde è più tragica dell’amore perché dura più tempo. Certo è che la ricompensa che ti dà l’amore è più forte”.

L’amore, o l’innamoramento? Quest’ultimo, lei scrive, produce debolezza: ho un debole, si dice. Rende vulnerabili.
“L’innamoramento è una condizione che non tutte le lingue certificano. In italiano e in spagnolo sì, c’è una parola per dirlo, ma in altri idiomi servono perifrasi. Cadere, essere in. Come fosse un transito o un accidente. E’ certo molto faticoso, quanto inevitabile, innamorarsi. Prevede un grado di audacia e di insensatezza che con l’età, direi più con l’esperienza, si tende ad evitare. Questo perché ci si impigrisce. Si scansa la fatica. Tuttavia io stesso vedo con certezza che le uniche stagioni della vita che abbiano qualche interesse, a posteriori, sono quelle: le storie d’amore molto appassionate, complicate, intense, quelle che portano con sé grandi sofferenze e momenti stupendi. Quello è l’apice dell’esistenza, senza dubbio”.

Perché dice “a posteriori”? C’è un’età per innamorarsi?
“No, non direi. E’ più o meno sempre lo stesso, dai 7 anni in poi. Solo che purtroppo col tempo si diventa più prudenti e, credendo di preservarsi, si evita la pena. Con la fatica e con la pena anche la meraviglia, va da sé”.

A lei quante volte è successo?
“Quante volte sono stato innamorato? Difficile dirlo, capita di credere di esserlo, durante, e poi non lo si era o al contrario capita di ostinarsi a pensare che no, non lo si è, e invece bisogna infine arrendersi. Diciamo quattro comunque: quattro volte, almeno. Sono state e sono tuttora sempre relazioni a distanza, senza vera convivenza. Per cause di forza maggiore, dico a me stesso, però poi in verità chissà se volendo non avrei potuto… E’ probabile che mi trovi meglio così. Che la chiave del desiderio sia la distanza. In questo senso la raccomando. Con le donne che ho amato ho conservato quasi sempre una grandissima amicizia, anche questo non è consueto. Alcune sono diventate amiche tra loro”.

E questo non la spaventa?
“No  – ride –  no, no. Non temo possano farmi del male, neppure se in coalizione. Le donne che ho amato hanno avuto tutte tre caratteristiche: ridevano molto, erano buone persone ed erano molto intelligenti. Non necessariamente in quest’ordine, ma sempre tutte e tre le cose. Persone molto interessanti, persone che restano”.

È la prima volta, in questo romanzo, che assume un punto di vista femminile.
“Sì, sono abituato a scrivere in prima persona e qui lo sguardo doveva essere quello di una donna: solo una donna può osservare in quel modo la felicità di una coppia. È così che inizia la storia, una donna che guarda una coppia. Le prime trenta pagine sono il racconto di una vicenda reale. Volevo raccontare di una donna che resta con un uomo che le ha causato una grande disgrazia. Una donna che infligge a quell’uomo la punizione di restargli accanto. Poi, invece, il racconto è andato altrove”.

Sembra più interessato al tema della morte che a quello dell’amore, il racconto.
“È possibile. O comunque ugualmente interessato. L’idea che si possa fare a meno di qualcuno che ci appare indispensabile, e amare oltre, andare oltre. Prendo in prestito un romanzo di Balzac, per dirlo. Ma anche I tre moschettieri, il titolo viene da lì. Mi incanta Dumas. Certo Shakespeare. Certo Cervantes. La letteratura, vede, è fatta da individui. La letteratura sono uomini. Cervantes è spagnolo, eppure è il meno spagnolo degli scrittori: è Cervantes. Rileggendo, che è quello che ormai faccio, trovo nei grandi scrittori di ogni tempo e di ogni luogo i medesimi cardini. Proust lo dice con ferocia: capita che a uno non importi più niente della persona per la quale viveva. Balzac con serietà, Shakespeare con il consueto mistero. Cos’è il tempo. Hereafter, cos’è. In definitiva, penso adesso a quest’altezza della vita, si tratta di presenza e di assenza. Di amore e di morte, solo questo. Con l’ironia che serve a dire quel che non si può davvero indicare. Noi spagnoli abbiamo qualche difficoltà, ci manca la vostra grazia italiana. La risata che incanta e che innamora. La risata che ci rende deboli e ci appassiona, che capisce e che dimentica senza negare. Innamorarsi è questo. Una magnifica vulnerabilità del corpo, una speciale capienza dell’anima. Ricordo di una volta in cui presi un aereo dall’America per venire proprio in Italia, insensatamente, sapientemente, per passare una notte a convincere una donna del mio amore per lei, e lei del suo per me. Ricordo che mi trovai alle sei di mattina per strada, c’era un altro che arrivava e non potevo occupare quel posto. Ricordo me stesso con la valigia, per strada, all’alba. Non è possibile descrivere quella pienezza, quella assoluta inevitabile assurdità. Eppure, ancora oggi, la memoria di quel momento non mi abbandona”.

CONCITA DE GREGORIO

La Repubblica,10 dicembre 2012

Las lecturas de Javier Marías

Foto. Fede Serra

Su estilo sobrio y magnético le convierte en uno de las grandes de nuestra literatura contemporánea. Ahora selecciona sus mejores relatos en Mala índole (Alfaguara)


“Nada es nunca seguro, pero, dado lo poco que he frecuentado el noble arte del cuento en los últimos años, es posible que ya no escriba más y que lo que aquí se ofrece acabe siendo la totalidad aceptada y aceptable de mi contribución al género”, afirma Ma­rías. Al hilo de esta recopilación, el escritor nos habla de los libros que le han acompañado siempre


TRISTRAM SHANDY
Laurence Sterne

“Lo traduje al español a los veintitantos años. Pero es que además es una novela del siglo XVIII que parece es­crita ayer mismo, o incluso mañana. Ingeniosa, atrevida, siempre chispeante, denota que la escribió un hombre encantador, con el que uno habría querido irse a cenar”.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Miguel de Cervantes

“Mucha gente está harta de este libro porque cree ha­berlo leído y por lo mucho que se ha manoseado a sus personajes… fuera del libro. Cuando uno lo lee de veras y hasta el final (la segunda parte es aún mejor que la primera), descubre algo ex­traordinario, triste y divertido, profundo y, sobre to­do -eso es lo más asombroso- siempre nuevo”.


EL ESPEJO DEL MAR
Joseph Conrad

“De nuevo influye mi biogra­fía: también esta obra la tra­duje yo hace muchos años. Para disfrutarla, es mejor que a uno le guste o le interese el mar, porque se trata de una serie de ensayos sobre eso, el mar. No hay prosa más her­mosa en la historia de la lite­ratura, y lo digo a riesgo de que mi versión no estu­viera a la altura. Pero espero que si …”.


CASA DESOLADA
Charles Dickens

“Este año, en el bicentenario de su nacimiento, es espe­cialmente adecuado para leer a Dickens sin sentirse un an­ticuado. Sus novelas nunca han pasado de moda, con su enorme capacidad inventiva, sus personajes hipnotizado­res y sus tramas complejas: a punto de incurrir constantemente en la inverosimili­tud, jamás cae en ella. Si alguien desea una obra más corta, recomiendo Historia de dos ciudades “.

LOLlTA
Vladimir Nabokov

“Aunque causara escándalo en su época (y aún más ha­bría causado si se hubiera publicado en nuestros gaz­moños días por primera vez), es una de las más grandes historias de amor. Su narra­dor, Humbert Humbert, es a la vez uno de los personajes más despreciables y conmo­vedores de la literatura”.

El GATOPARDO
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

“Se trata de la única novela que escribió el autor (y que ni siquiera llegó a ver publicada), sin pretensiones, sin querer ser original, sólo por el convencimiento de que si un primo suyo había publi­cado un libro, él podía hacer lo mismo, puesto que era “matemáticamente me­nos tonto”. De esta manera le salió una de las me­jores novelas del siglo XX, a mi parecer, lo cual de­muestra lo lejos que se puede llegar sin pretensio­nes ni ansias de originalidad”.

C. SUÁREZ

Telva, noviembre de 2012