Javier Marías en el nacimiento de ‘Librújula’

Foto. Asís Ayerbe/Librújula

Foto. Asís Ayerbe/Librújula

Vídeo

El día 22 de abril, con motivo de la presentación de Librújula, proyecto cultural online y en papel, y el recuerdo de los 20 años de la revista Qué Leer, los escritores Rosa Montero y Javier Marías mantuvieron un encuentro en Barcelona moderado por Antonio Iturbe, director de este nuevo espacio literario.

Librújula reúne a Montero y Marías en el arranque de Sant Jordi
Librújula, 22 de abril de 2015

Rosa Montero y Javier Marías arropan Librújula
JACINTO ANTÓN
El País, 23 de abril de 2015

Javier Marías en Gutun Zuria

Gutun Zuria

Vídeo de la conversación con Mª Luisa Blanco

Foto. F Domingo Aldama

Foto. F Domingo Aldama

Javier Marías defiende que el erotismo “no da para mucho” en literatura
El País, 16 de abril de 2015

Foto. Patxi Corral

Foto. Patxi Corral

‘Hoy en día no puede haber queja de falta de novelas eróticas’
BEATRIZ RUCABADO
El Mundo, 16 de abril de 2015

Marías cree que el erotismo es “uno de los mayores retos” que se le plantea a un escritor
LEYRE EGUSKIZA
Deia, 17 de abril de 2015

Javier Marías: El erotismo “no da para mucho” en la literatura
La Vanguardia, 17 de abril de 2015

Javier Marías en Bilbao

8 al día
Mañana día 16, a las 20 h., Javier Marías conversará con la periodista Mª Luisa Blanco sobre el erotismo en la literatura, dentro del ciclo”Evocando a Eros”, en el ámbito del VIII Festival Internacional de las Letras de Bilbao.     El acto se desarrollará en el Auditorio de la Alhóndiga (Plaza Arriquibar n.4. Bilbao).

Ver el evento en diferido

El erotismo de las letras
BEATRIZ RUCABADO
El Mundo, 12 de abril de 2015

Javier Marías en el Festival Internacional de las Letras de Bilbao

JM Meulenhoff

Javier Marías participará en el ciclo “Evocando a Eros”, en el ámbito del VIII Festival Internacional de las Letras de Bilbao, ‘Gutun Zuria’, que tendrá lugar entre los días 16 y 25 de abril de este año en la ciudad.
El día 16 de este mes, a las 20 h., Marías conversará con la periodista Mª Luisa Blanco sobre el erotismo en la literatura. El acto se desarrollará en el Auditorio de la Alhóndiga (Plaza Arriquibar n.4).

Comprar entradas

Ver en directo

‘Así empieza lo malo’, mejor libro del año

Vídeo

Así empieza lo malo en la voz de Marías
Vídeo de Paula Casado

20141220babeliaBig“Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida”

“Mi cardiólogo me va a reñir por salir fumando en las fotos”, dice Javier Marías en su casa de Madrid, la ciudad en la que nació en septiembre de 1951. Su cardiólogo es el doctor José Manuel Vidal, convertido en personaje de Así empieza lo malo (Alfaguara), la novela elegida por los críticos de Babelia como mejor libro de 2014. La elección, cuenta, le ha sorprendido. “Por dos razones. Una, porque este año ha sido excepcional en cuanto a libros importantes de escritores importantes: Marsé, Muñoz Molina, Landero, Cercas, Luis Mateo Díez, Gimferrer en poesía, Ferrer Lerín, Guelbenzu… No los he leído todos pero alguno mejor tiene que haber. La segunda, porque cada nueva novela la escribo más a tientas y con menos fe. Además, me sorprende que al cabo de 43 años de publicar mi primera novela todavía pueda seguir vigente lo que hago, cuando todo cansa tan rápidamente. De mí debe de estar la gente aburrida”. Cuando se le pide que señale su particular libro del año se decanta por la poesía de Mark Strand, el escritor estadounidense fallecido el mes pasado al que conoció cuando este se trasladó a Madrid. “La poesía”, dice el novelista, “me sigue pareciendo la más alta expresión literaria posible”.

PREGUNTA. ¿Qué ha sido lo más extravagante que ha oído sobre la novela desde que se publicó en septiembre?

RESPUESTA. En una firma de ejemplares una señora me dijo que estaba indignada con el comportamiento de un personaje. Otra le respondió: “Es que el marido…”. Supongo que es bueno que el lector se meta en una novela lo suficiente como para que las vicisitudes de los personajes le sean motivo de aprobación o de indignación. Me sorprende por el tipo de novela que yo hago, que no es de técnica realista, pero me agrada, claro. El mayor elogio que se le puede hacer a una novela es hablar de sus personajes como si fueran personas reales.

P. ¿Por qué sucede?

R. No sé. Yo he intentado poner en esta lo que a mí me interesa de las novelas: ambigüedad moral, pros y contras en los actos de los personajes… Sin juicios por parte del narrador y menos aún del autor. Supongo que ninguno de los personajes sale limpio del todo. Quiero que en mis novelas haya la misma ambigüedad que en el mundo. Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida. No sé si esa identificación del lector es extravagante, pero me sorprende.

P. Sobre todo teniendo en cuenta que en la novela hay personajes reales como Francisco Rico. ¿Dan más trabajo ellos o los de ficción?

R. Tanto el profesor Rico como el doctor Vidal son personajes reales ficcionalizados, evidentemente. No se puede pretender que el profesor de la novela sea el mismo que el verdadero, que está en su casa no sé haciendo qué, según él estudiando y creando cosas incomparables, y probablemente es así porque efectivamente tiene cosas incomparables [ríe]. Todos los personajes tienen algo de realidad, y siempre hay algo de uno mismo en todos ellos. Yo tiendo a poner cosas mías en los más desagradables. A veces son meros detalles. Otra persona que vino a esa firma me habló del pastillero con brújula que lleva un personaje y le dije: “Es este [lo saca del bolsillo], fue de un escritor”.

Fotos. Bernardo Pérez

Fotos. Bernardo Pérez

P. ¿De quién?

R. De Norman Douglas. Un inglés que vivía en Capri, gay, muy bon vivant y refinado. Lo compré porque me hizo gracia que fuera suyo y porque yo siempre digo que lo que hago al escribir es errar con brújula.

P. Los enamoramientos partía de un hecho real que le contó una amiga. ¿De dónde parte Así empieza lo malo?

R. No lo tengo claro. No fue una frase, ni una imagen. Tenía interés en hablar de algunos temas. En la novela hay una dimensión colectiva, política, que procuré que estuviera en segundo plano y entreverada con las historias personales porque si no las dimensiones políticas de las novelas no funcionan. En esta hay temas que son frecuentes en mis libros: la imposibilidad de saber del todo nada a ciencia cierta; la conveniencia de contar las cosas o no, la conveniencia de saberlas o no, las consecuencias de contar algo en un momento de arrebato…

P. La novela remite a la posguerra, sucede en 1980 y se cuenta desde la actualidad. ¿Tuvo presente el debate sobre la memoria histórica y la Transición?

R. Sí, al principio hay un capítulo breve, explicativo, sobre la situación en 1980. No quería ser didáctico, pero pensé que no molestaba. Hay mucha gente que ya no sabe cómo eran las cosas entonces.

P. ¿Y cómo eran?

R. Mucha gente echa pestes de la Transición y dice que es la culpable de todo lo que pasa ahora. Demuestra una ignorancia absoluta. En la Transición se hicieron muchas concesiones, pero no había más remedio. La gente ha olvidado que el Ejército, como se vio en 1981, seguía siendo más bien franquista. Pedir responsabilidades habría sido imposible. Con todo y con eso y con las renuncias que eso implica —da rabia porque hay gente que salió impune de cosas horrendas en la guerra y la posguerra—, de la Transición salió, si no el país ideal, uno que se parecía a los demás. Los causantes de los males actuales son los políticos actuales y la sociedad actual en buena medida, no la Transición. La Transición no fue perfecta ni muchísimo menos, pero fue buena, lo único que se podía hacer sin llegar a un enfrentamiento que nadie quería.

P. ¿Tendría sentido hacer ahora lo que no se hizo en la Transición?

R. Lo vería particularmente absurdo porque la mayoría de los responsables del franquismo han muerto. Distinto es que no se puedan contar las cosas. Tal vez se dijo en exceso: no pidamos cuentas. Y tampoco se contó nada. Me parece bien que no se llevara a nadie al banquillo, pero no que no se sepa lo que hizo cada uno.

P. ¿Cómo era usted en 1980?

R. Tenía más años de los que tiene el narrador de mi novela. Él tiene 23, yo tenía 29. Había publicado ya tres libros. El tercero, El monarca del tiempo , es de 1978. Hoy lo encuentro bastante absurdo. Hay alguna parte del libro que me gusta, pero en conjunto, no. ¿1980? Estaba muy desconcertado. Había empezado a publicar tan joven, a los 19 años, y lo normal es que un novelista tenga poco que contar a los 19 años. Tenía poco vivido y poca visión de nada.

P. En 1979 le dieron el Premio Nacional de Traducción pero hace dos años rechazó el de Narrativa por Los enamoramientos. ¿En 1979 no se planteó rechazarlo?

R. En aquel momento no dudé. Traducir el Tristram Shandy había supuesto mucho trabajo, algo un poco suicida. Son esas cosas que se hacen con la inconsciencia de la juventud. Cuando miro atrás, veo las dificultades del libro y que lo hice con 25 o 26 años, pienso: qué atrevimiento. Ahora no lo haría. En su día me alegró ese premio, pero eran otros tiempos. No había ningún motivo para rechazarlo. Estábamos con la democracia recién inaugurada y mi postura hacia no recibir nada del Estado —ni premios, ni invitaciones, ni viajes— no era la que tengo desde hace 20 años.

P. Por entonces se decía de usted que no parecía un escritor español.

R. Fue un sambenito que duró años. Bastantes colegas o críticos decían: “Sus novelas parecen traducidas del inglés” o “mal traducidas del inglés”, directamente. Hasta Umbral, que me llamó…

P. Angloaburrido.

R. Anglosajonijodido. Neologismo feo y poco logrado [ríe]. Lo decía gente de la generación anterior a la mía que me acusaba de ser un escritor inglés camuflado.

P. ¿Qué pensaba cuando lo oía?

R. Me sorprendía: siempre he escrito en español y además soy de Chamberí. Más de Madrid no puedo ser. Tal vez se basaban en que yo y otros de mi generación habíamos tenido una actitud beligerante hacia la tradición heredada. Los escritores trataron de apartarse de la literatura social, que había sido la imperante. La reacción de los que se daban por aludidos también fue beligerante. Es normal que cada generación se rebele contra la anterior. Supongo que ahora habrá gente de treinta y pocos años que echará pestes de nosotros. Me parece normal.

P. ¿Que echen pestes?

R. Sí, cuando en el año 1989 le dieron a Cela el Premio Nobel me pidieron unas declaraciones y dije que me parecía la peor noticia posible para la literatura española que se premiara a esas alturas un tipo de literatura que veíamos como un tanto caduca e impostada. Reconociendo que Cela había hecho por lo menos dos buenas novelas al principio, nos parecía que llevaba mucho tiempo sin hacer nada que valiera la pena. Había entonces mucho defensor de Cela y me gané muchas enemistades. Era un sacrilegio. Si ahora alguien dijera algo similar de cualquiera de mi generación no podríamos quejarnos porque también nosotros lo hicimos, con mayor o menor justicia. En el caso de Cela no me desdigo, pero puede que en el caso de otros autores fuéramos injustos.

P. ¿Por ejemplo?

R. Juan Marsé. No creo que contra él hubiera nunca beligerancia, pero digamos que en aquellos años setenta no lo teníamos en mucho. Luego nos hemos dado cuenta de que es un grandísimo escritor y que fuimos injustos en aquel momento.

P. ¿Y de la tradición? El Muriel de su novela critica a Galdós, igual que Benet.

R. Hay un guiño, sí. A Galdós le reconozco que tiene talento para muchas cosas, pero en conjunto… Tiene una novela muy buena que no es de las más leídas, El amigo manso. Pero en su obra hay cosas que me ponen de los nervios.

P. ¿Qué le pone nervioso de Galdós?

R. Algunos diálogos casi dan vergüenza ajena. Tenía mucho talento novelesco y sabía cómo armar una novela, pero tiene unos desfallecimientos estilísticos brutales.

P. ¿Qué autores le interesan?

R. Valle-Inclán me parece un escritor enorme. También Clarín. Y a Baroja lo leo con gusto siempre. Le tengo admiración.

P. ¿Y de la tradición latinoamericana? Suele decirse que fue un revulsivo, pero no sé si usted lo vivió así de joven.

R. Leí y leo con admiración a Rulfo y a García Márquez y a Vargas Llosa. A Cortázar no, excepto los cuentos. Rayuela nunca me gustó. Soy un gran entusiasta de [Horacio] Quiroga, por ejemplo. Onetti también me gusta. Leyéndolos comprobabas lo que se ha dicho tanto: que el español podía ser menos rígido, más libre y más rico de lo que la tradición reciente de la literatura española parecía consentir.

P. En sus artículos es muy crítico con lo español. ¿Qué le gusta de España?

R. Que la gente es desprendida y tiene cierta alegría de vivir, cierta despreocupación, cierta confianza en que las cosas no se estropean del todo aunque pinten mal. Ahora llevamos unos años en que eso es más difícil de mantener. La gente tenía poco dinero y era capaz de gastárselo en pagar una ronda a los amigos. En otros países no lo he visto. A veces todo lo contrario, he visto mezquindad en lo monetario.

P. Por escrito parece estar siempre a la que salta, enfadado.

R. El mero hecho de que uno se moleste en escribir criticando algo indica cierta ingenuidad y optimismo, porque uno lo hace con el afán iluso de que algo mejore.

P. También es crítico con la crítica literaria. En un artículo fue muy duro, sin ir más lejos, con la que se publica en Babelia.

R. La crítica ha ido perdiendo influencia. En parte debido a nuevas costumbres. Probablemente la existencia de Internet tenga mucho que ver, pero en parte también es culpa de los críticos, si es que se puede generalizar. Siempre hay excepciones. Claro que hay críticos muy buenos y muy ilustrativos. Lo contaba en ese artículo: tenía babelias atrasados y pensaba que encontraría libros de los que no me había enterado y que me iban a atraer. Aunque hubiera muchos elogios, rara vez me incitaba ninguna crítica. En fin, quizá exageré. Pensé: es raro, qué pasa. Quizás ha habido por parte de la crítica cierta dejación de sus funciones, quizás hay muchas que no suenan del todo sinceras, quizás otras son rutinarias. Otras están llenas de elogios pero los elogios, a mí, que soy perro viejo, me suenan huecos. Esa sensación tuve. Mi intención no era ofender a nadie. A lo mejor lo hice al escribir ese artículo y, bueno, me disculpo porque uno siempre es injusto cuando generaliza, y hay excepciones, sin duda.

P. ¿Qué le ha pasado a la crítica?

R. Que ha perdido la fe en sí misma, la fe en —la palabra no es muy simpática— educar al lector; en orientarlo, que suena menos desagradable. Esa falta de confianza en sus propias capacidades se ha convertido en un bumerán. La prueba más fehaciente es que, así como en los años setenta podía influir muy favorablemente en el destino de un libro, sobre todo de un autor que no fuese conocido, hoy eso pasa muy rara vez. Hay una especie de desconfianza o de desdén hacia la crítica. Soy el primero en lamentarlo. No es un género que me parezca baladí. Es un género como cualquier otro y ha tenido exponentes de primera fila.

P. ¿Y no hay cierta tendencia a tomar las críticas como ofensas personales?

R. Eso es una desgracia, pero en parte sucede porque a veces ha sido así. Tengo 63 años y quizás no otra cosa, pero creo que tengo cierta capacidad para detectar cosas en un texto. A veces leo una frase en una novela y digo: esto no va a ningún lado. Tal vez sea injusto, pero es el defecto de hacerse mayor, que uno se hace resabiado. Eso se nota en las críticas. A veces notas que al crítico le ha gustado más de lo que está diciendo. Y a la inversa. A veces los elogios son impostados. Muchos críticos han utilizado su podercito para no ser del todo sinceros.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

El País, Babelia, 20 de diciembre de 2014

Ilustraciones. Fernando Vicente

Ilustraciones. Fernando Vicente

1. Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara

2. El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House

3. José Ortega y Gasset. Jordi Gracia. Taurus

4. Un hombre enamorado (Mi lucha II).Karl Ove Knausgård. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama

5. Días de mi vida (Vida I). Juan Ramón Jiménez. Pre-Textos

6. Hasta aquí. Wislawa Szymborska. Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Bartleby

7. La hierba de las noches. Patrick Modiano. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Anagrama

8. El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets

9. Diccionario de la lengua española. RAE. Espasa

10.Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral

AELM

Las obras destacadas por géneros

Las votaciones de los críticos

Presentación a los lectores de ‘Así empieza lo malo’

Samuel Sánchez

Samuel Sánchez

Javier Marías se detiene en el inicio de lo malo

“¿Hubieses aceptado el Premio Nobel?”, pregunta la periodista Montserrat Domínguez a Javier Marías (Madrid, 1951). “Es como si me preguntas si me hubiera ido con el Mago de Oz de paseo”, contesta el escritor. Las risas llenaron entonces la Casa de América, en Madrid, donde ambos conversaron la tarde del pasado martes sobre la última novela de Marías, Así empieza lo malo (Alfaguara), editada el pasado 23 de septiembre y que ya va por la primera reimpresión. “No veo ningún motivo para que sucediera, pero sí, por qué no, es decir, no lo da el Estado español”, reconoce el autor.

Esa historia de susurros cotidianos y retratos de la cruda rutina que es Así empieza lo malo revela no sólo los secretos que cualquier pareja guarda bajo el colchón, sino también los que se ven a través de la ventana en una España que estrena los años ochenta. Un país que aún estaba desenvolviendo el regalo de la Transición, “que no fue perfecta y tuvo muchos peajes, pero la compensación era suficiente”, apuntó Marías, aludiendo a uno de los asuntos de fondo de la novela. Solo uno de ellos. El amor, el deseo, el rencor, el pasado, las relaciones humanas, la política, el olvido, la verdad… Cada uno es parte y todo de un volumen repleto de historias que se van engarzando con la realidad de un país sin terminar, pero que camina a remolque.

Y la juventud, esa de la que en libro se dice que tiene “el alma y la conciencia aplazadas”. Juan de Vere, recuerda y cuenta su historia cuando tenía 23 años a lo largo de las páginas de la nueva novela. “¿Cómo era Javier Marías con esa edad?”, le pregunta la directora de El Huffington Post. “Una de las cosas que uno descubre es que cuando era joven era demasiado imbécil, a menudo un poco desaprensivo e incluso, en algunos momentos, desalmado. Algo que hoy en día no me hubiese permitido”, sentencia el autor de Corazón tan blanco.

Marías cree que, cuando uno es joven, la construcción de la propia vida ocupa demasiado el tiempo como para pensar en otra cosa. Ni siquiera la muerte se vive con la misma intensidad.

Cuando él tenía 26 años, falleció su madre. Su padre lo hizo en 2005, cuando Marías pasaba los 50: “Uno pensaría que al joven, la muerte de un progenitor lo debería dejar arrasado, porque es más impresionable. En mi caso, estoy convencido de que fue todo lo contrario, aunque recuerde a mi madre a menudo, si no cada día”. Se reconoce como alguien que se estaba incorporando a la vida, con sus propias cuitas, cuando tenía 26. Y un hombre a quien la muerte de un progenitor causó mucha más desolación cuando ya había entrado en la cincuentena.

Al Marías de hoy, con cicatrices incluidas, le preocupan los asuntos de siempre, los que rellenan la vida y a los que lleva dando alas durante todos sus años frente a una hoja en blanco. Y le añade uno más: “Me parece que hay una necesidad de fanatismo, que demasiada gente anda buscando causas y enemigos y motivos de indignación, como si no hubiera reales”.

ISABEL VALDÉS ARAGONÉS

El País, 14 de octubre de 2014

Una entrevista y una crítica

Julió Carbó

Julió Carbó

Javier Marías: «Hoy veo que de joven me comporté de forma poco aceptable»

Es uno de los más firmes candidatos al Nobel en las letras castellanas mientras mantiene el refrendo de los lectores con una escritura alejada de la simplicidad. Javier Marías se ha hecho mayor, pero eso no le ha hecho más condescendiente con la realidad.
_____________________________________________________________________

Los caminos del éxito editorial son inescrutables pero es evidente que Así empieza lo malo (Alfaguara) está llamado a ser uno de los libros más leídos este otoño. Javier Marías, su autor, ha levantado una alegoría moral localizada en 1980, con aires de viejo melodrama de Hollywood y secretos matrimoniales. Lo ha teñido con su cinefilia -no en vano es sobrino de Jesús Franco- y sirve el conjunto con su prosa sinuosa y digresiva, puro Marías, aquí más adictiva que nunca pues se dirige al galope a un final de alta intensidad literaria.

-En general todas sus novelas van de lo particular a lo general. ¿Es por eso que los secretos inconfesos de un matrimonio son el reflejo de la tabla rasa con el pasado que los españoles establecieron en la Transición?
-Esa es una cuestión sobre la que he pensado mucho, aunque no tenga una postura clara. Da mucha rabia que no se hayan castigado las cosas atroces que los nacionales hicieron durante la guerra civil, pero lo cierto es que no se podía, porque el único que tenía las armas entonces era el Ejército franquista. En mi novela un personaje dice que no es factible llevar a medio país al banquillo. A cambio de eso, hemos tenido durante casi 40 años un país casi normal, con elecciones, alternancia en el poder, sin censura. ¿Hay que recordar que hasta entonces los periodos de libertades se contaban por trienios?

-Mucha gente calificó ese pacto de bajada de pantalones.
-Y claro que lo fue, pero no hubo otro remedio. Y la claudicación, relativa, porque las cortes franquistas accedieron de una forma inverosímil a hacerse el haraquiri.

-¿Y así empezamos a ser un país desmemoriado?
-Bueno, hubo gente que no es que no tuviera memoria sino que habiendo sido complacientes con el franquismo, empezaron a inventarse biografías de ficticias resistencias.

-En la novela menciona concretamente a un pintor y a un filósofo.
-Eso lo dice un personaje.

-Pero son fácilmente reconocibles.
-¿Ah, sí? ¿Quién es el pintor?

-¿El pintor podría ser Tàpies y el filósofo, Aranguren?
-Yo no voy a decir nada que la novela no diga. Pero bueno, es verdad que no hubo confesión por parte de casi nadie. Mi padre solía decir que no creía en las transformaciones políticas de un día para otro. Si veo recorrer un camino a alguien, me lo creo. Como en el caso de Dionisio Ridruejo, que lo hizo tempranamente y con mucho riesgo. Pero otros no lo hicieron.

-¿Hay recuerdos suyos de los años 80? No le veo pateando la Movida.
-No es una novela de ambientación pero es verdad que solo pudo ocurrir en los 80 cuando el divorcio todavía no había llegado. Entonces el rencor era la argamasa para mantener a la gente unida.

-Esta sería, por tanto, una novela sobre el infierno matrimonial relatada por un soltero recalcitrante.
-Soy soltero, sí. He tenido mis parejas, pero una convivencia continuada, casi nunca. Se supone que los novelistas debemos tener imaginación y capacidad de percepción. Y, como decía mi padre, no hace falta ser gallina para describir un huevo.

-La figura del voyeur, ese narrador que está cerca de los hechos pero no los protagoniza, abunda en sus novelas. ¿El voyeurismo sería una buena definición de su escritura?
-De la mía y de la que cualquier escritor. Si uno se para a pensar, leer novelas y ver películas es una actividad voyeurística. Lo más extraordinario que tiene la novela es que muchas veces la sentimos con más intensidad que lo que nos cuenta un amigo.

-En la relación del joven narrador y secretario con Muriel, el marido y director de cine, hay ecos de la suya con Juan Benet. Él le llamaba joven Marías.
-Muriel sería una mezcla imposible de Benet y de mí tío Jesús. Y lleva un parche.

-Como John Ford y tantos otros autores del Hollywood clásico.
-Sí, pero también tiene un carácter simbólico, porque no ve, o no quiere ver, con claridad.

-Respecto a la juventud, no hay en la novela una mirada complaciente. La gente suele contemplar el pasado con nostalgia. ¿Usted no?
-No hay que engañarse pensando que la juventud es un periodo dorado. Lo es en algún momento, en algunos aspectos, pero en otros es bastante rufianesca.

-¿Podía haber escrito una novela como esta antes o necesitaba la madurez que tiene ahora?
-Supongo que la necesitaba. Mi propia juventud no siempre fue agradable. Me comporté de una forma que hoy no me parecería aceptable. Nada muy grave, pero sí hubo cosas de utilización, de fuerte egoísmo. Recuerdo que cuando murió mi madre yo tenía 26 años. Y claro que fue un golpe tremendo, pero no tiene ni punto de comparación a cómo sentí la muerte de mi padre cuando yo tenía más de 50 años. En la muerte de mi madre, a la que echo mucho de menos, estaba demasiado ocupado con mi propia vida, poniéndola en marcha, construyéndola, sufriendo penas de amores. Es el egoísmo fácil de los jóvenes. En cambio en la madurez, eso tiene otra dimensión.

-A partir de los 50 te enfrentas a la mortalidad. ¿Es eso?
-Bueno sí, aunque lo cierto es que yo he pensado siempre en la muerte.

-A lo mejor me equivoco pero diría que esta es su novela con escenas sexuales más explícitas.
-Quizá es la que tenga un mayor erotismo porque sobrevuela la novela entera. Pero es que es uno de sus temas: cómo el deseo a ciertas edades se impone a cualquier consideración o cortesía.

-Y hablando de cortesía, sorprende el lenguaje soez en la escena erótica crucial. Y más en el exquisito Marías.
-Eso se corresponde a lo que piensa un hombre y para el pensamiento no hay testigos. Un hombre no se dice a sí mismo: estoy haciendo el amor, lo piensa en términos un poco más groseros.

-¿Escribir una escena erótica no es entrar en un terreno muy resbaloso?
-No resbaloso, espantoso. O bien se cae en la cursilería, o bien se es soez, o bien, si intentas ser neutral, se acaba siendo obstétrico. Mis escenas de pasión carnal suelen ser raras, porque intento no caer en esos errores. No sé si lo logro, pero habitualmente en ellas no suele haber mucho detalle. La mayoría de las veces no hay en ellas más que un leve roce.

-La sexualidad ha impregnado también la habitual aparición del profesor Rico, a quien dibuja como un conquistador.
-Le gusta jugar a eso, saber que puede estar con una mujer determinada aunque no necesite consumarlo. Aunque, me consta, está muy enamorado de su mujer.

-A Francisco Rico, que en esta novela más que un extra con línea es un secundario de lujo, le divierte comportarse en la vida real como el personaje de sus novelas.
-Esta vez me pidió que le sacará más. Y lo he hecho así solo porque cuadraba en la novela. El otro día en la radio me pusieron una grabación en la que él decía: «Javier Marías, el muy cabrón, veo que me saca mucho con la esperanza de que lea la novela. ¡Pues va listo!». A mí Rico me parece muy gracioso, pero sé que no todo el mundo piensa lo mismo.

-Se ha resistido hasta ahora a hablar de Catalunya, aunque ha estado usted muy vinculado. En su último artículo y primera incursión en el tema habla de miedo.
-Decía que si yo fuera catalán estaría aterrado. Y aunque la gente es muy libre de querer lo que quiera, no se para a pensar a quién le interesa que Catalunya se convierta en un coto cerrado, porque quedaría, y esto es un hecho, fuera de la Unión Europa durante años.

-Catalunya se siente afrentada.
-Y es cierto, pero tengo la sensación de que eso se está utilizando para tapar la política extremadamente de derechas de CiU y también de Esquerra, que de izquierda no tiene más que el nombre.

-El próximo jueves se hará público el Nobel de Literatura. Su nombre está en las quinielas.
-¿Las quinielas de quién, de un grupo de chalados apostadores ingleses? Eso no tiene el menor crédito. Estoy en esas listas como está el Tato o la Chelito.

-Se me ocurre que como los académicos no tienen lector de español pueden acudir a sus traducciones en inglés. Y los libros de Marías deben sonar muy bien en inglés.
-También estoy traducido al sueco. Pero mis libros en inglés suenan mejor que en español porque tengo una traductora excelente.

ELENA HEVIA

El Periódico, 5 de octubre de 2014

AELM

Javier Marías: verdades veladas

¿Qué es la verdad?, se preguntaba en el siglo XVII Francis Bacon al comienzo de sus Ensayos. Ni la pregunta ni la alusión al filósofo son aquí gratuitos, porque, en su nueva novela, Javier Marías vuelve a encarar el problema -colectivo y privado- de acceder a la verdad y las consecuencias que ese acceso comporta. Dicho así parece un asunto tan manido como irresoluble, un tema antiguo y noble que renueva cada generación, cada individuo. Sin embargo, a Marías no le importa aquí si existe o no algo parecido a la verdad -da por descontado que está ahí, él no es un relativista posmoderno-, sino cómo se silencia o disimula, cómo se encubre o tergiversa, cómo se desvía o entierra, cómo se gestiona para que sea rentable, para impedir que desencadene acontecimientos o para provocarlos. En Así empieza lo malo, las verdades escondidas, los secretos y misterios se multiplican en todos los niveles de su estructura y van desde las biografías maquilladas de ciertos canallescos beneficiarios de la dictadura franquista hasta los pecados menores por omisión o acción cuyo desvelamiento puede fracturar cualquier vida.

Bacon no aparece en la novela, pero ha sido uno de los candidatos a la autoría de la obra de Shakespeare -en la ociosa querella que disputa a Shakespeare la paternidad de sus obras-, como el conde de Oxford, Edward de Vere, del que procede el apellido del narrador (Juan de Vere) y sobre el que este entabla una conversación con el profesor Rico, inevitable cameo caricaturesco en las novelas de Marías que aquí crece en relieve y elaboración sin ceder nada de su vis cómica. Quienes sí se mencionan son el escritor Juan Benet y el cineasta Jesús/Jess Franco, amigo y mentor de Marías el primero y tío suyo el segundo, que aquí se combinan, como dos imágenes superpuestas, en la figura del director de cine Eduardo Muriel. Él es el protagonista y el portador de un enigma, el del maltrato y desprecio con que atormenta a su atractiva esposa Beatriz Noguera. Estamos en 1980 (con la movida al fondo) y el «joven De Vere» -tiene 23 años y el epíteto evoca el «joven Marías» del círculo benetiano- trabaja como secretario y desempeña la función de observador y espía tan propia del mundo narrativo de Marías, aunque ahora la tarea de interpretar y reflexionar sobre lo sucedido está aplazada al narrador maduro, el hombre que recuerda más de 30 años después la historia de Muriel y su mujer y quienes estuvieron muy cerca, él incluido.

Como Marías es un escritor que conoce y usufructúa muy bien los mecanismos de la narrativa popular, aquí maneja con suma pericia los paralelismos argumentales, la dosificación de la intriga, las elipsis y anticipaciones, las dilaciones y recurrencias, para armar una trama admirablemente sólida y eficaz, de ensamblaje perfecto. Los recursos de la novela (y el cine) de género están supeditados a una composición superior, al logro de una novela con una profunda carga turbadora que remueve y desasosiega la conciencia del lector, que lo incomoda y lo fascina como solo la gran literatura puede hacerlo.

Estamos ante una fábula moral (esto es, sobre lo mejor y lo peor de la conducta humana), que de forma casi incesante bombardea al lector con preguntas implícitas nada apaciguadoras y que, a la vez, va desenvolviéndose en una escritura sinuosa, oscilante entre la meditación y el relato. Y aunque el epicentro se sitúe en el matrimonio y la sexualidad, no es este el corazón del libro; es simplemente el escenario en el que tiene lugar la representación del oscuro drama de las verdades veladas. Marías ha escrito una de sus mejores novelas y eso es mucho decir.

DOMIGO RÓDENAS

El Periódico, 25 de septiembre de 2014

Una crítica y una entrevista

AELM
La mirada sin tregua
J.A. MASOLIVER RÓDENAS
La Vanguardia, Cultura/s, 1 de octubre de 2014

Dani Duch

Dani Duch

“Nada detiene al deseo”

El pitido del fax interrumpe a veces la conversación con Javier Marías en su piso de Madrid. Ese artefacto, ya casi arqueológico, puntea sonoramente el diálogo sobre su decimocuarta novela, Así empieza lo malo –que Alfaguara pone a la venta la semana que viene–, en la que un narrador maduro recuerda unos episodios que le sucedieron en su juventud, cuando trabajaba como asistente de un director de cine en el Madrid, alegre y noctámbulo, de principios de los años ochenta.

Los gestos de Marías (Madrid, 1951), que fuma tranquilamente y sigue escribiendo sus libros con máquina electrónica, son observados atentamente por los centenares de soldaditos de plomo que tiene distribuidos por todos los rincones del apartamento, por cuyas paredes, estantes y pasillos se van amontonando y extendiendo los libros, de una manera parecida a como opera el musgo sobre las rocas.

En algunos diarios británicos, ahora ponen de fondo el sonido de máquinas de escribir tecleando para motivar a sus redactores. ¿Qué le parece?

Da la impresión de que proliferan las tonterías por doquier. El otro día vi en Barcelona que hacían una carrera corriendo por los túneles del metro. O esos que se echan un cubo de agua helada en medio mundo. Bueno, todas estas son inocuas y bienintencionadas, aunque hay otras.

¿Usted no necesita motivación extra? ¿No ha tenido crisis creativas?

Me he pasado años en blanco, pero de manera normal. Cuando termino una novela, transcurre fácilmente un año sin que empiece ninguna otra. Tampoco tengo tantas ideas… Hay escritores que sí, Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez-Reverte me hablan de historias bullendo en su armario y pidiendo paso. Me da envidia que tengan tantas ideas en la reserva.

¿Usted no?

Nada. De hecho, siempre dudo que vaya a hacer otra novela, me parece imposible. Pero, por la experiencia, quizá la habrá…

Posiblemente.

Uno se queda tan vaciado, agotado, al terminar una… Hay que esperar que surja algo que inquiete de verdad, que te dé las suficientes ganas de ponerte en marcha. Nunca me pongo a escribir por escribir. No me digo: venga, me toca otra, que ya han pasado dos años desde la última. No me considero un escritor profesional. Si algo viene, bien, y si no, qué se le va a hacer.

Así empieza lo malo trata de la pasión sexual, del deseo. ¿Forma un bloque con Los enamoramientos, su novela anterior?

Algunos críticos extranjeros han señalado que Los enamoramientos tiene que ver con temas de Todas las almas, que tiene ya 25 años. No son obsesiones, exactamente, pero sí temas que no se me han agotado en una novela ni en dos ni en tres. Muchos escritores no es que hagan siempre la misma novela, pero tienen unas prioridades. A mí, esos escritores que aspiran a que cada novela sea muy distinta… Yo, si leo a Faulkner, me gusta que sea Faulkner. Y si García Márquez no es García Márquez, me molesta.

Habla de la pasión, pero en 1980.

Es un momento en que todavía no hay divorcio en España, hace no tantos años, 34. Eso llevaba a muchos matrimonios que no se aguantaban a mantener el núcleo familiar, lo cual, visto ahora, es una cosa muy extraña.

Otro tema es la memoria histórica, la culpa…

El perdón, más bien. Hay un momento en que un personaje viene a decir: no hay justicia desinteresada, las personas que la exigen normalmente son aquellas que se han visto afectadas por los crímenes. A alguien le cuesta mucho más perdonar algo menor que le han hecho que, en cambio, un crimen bárbaro que a él no le ha tocado. ¿Por qué se perdonan unas cosas y otras no? Tiene que ver con la manera en que nos han afectado, a nosotros, a nuestro padre o al abuelo. Por eso en unas cosas llegamos a compromisos y en otras no.

Hay reflexiones sobre la transición. Y unas referencias veladas a intelectuales y artistas que fueron falangistas y luego pasaron por ser grandes opositores “desde la cuna”, como Aranguren y Tàpies…

No se dan nombres, se cita a un filósofo y a un pintor catalán, podrían ser personajes de ficción, y no seré yo quien diga otra cosa.

¿Hay aquí más sexo que nunca en un libro suyo?

Siempre hay sexo en mis novelas, en escenas algo raras, que intento que no sean ridículas, que es el enorme riesgo de estas cosas en las novelas…

Y en la vida real.

Bueno, en la vida real no hay testigos… normalmente. Pero en novelas y en el cine… En EE.UU. otorgan un premio a las peores escenas de sexo en literatura, que se lo han dado, creo, a autores de peso, como Norman Mailer. Es fácil caer en la grosería o la cursilería o en lo obstétrico o clínico. Esta es una novela que trata sobre el deseo como uno de los mayores motores de la gente, por lo menos hasta cierta edad. Y cómo por el deseo se incurre en cosas muy ruines o bajas o llega uno a infligirse grandes humillaciones, porque la gente está dispuesta a aguantar y a tragar cuando tiene una dependencia sexual o amorosa con alguien. El deseo es muy egoísta: casi todo le importa poco, nada le detiene, e incurre en falsas promesas y bajezas que luego parecen ridículas, al producirse el abaratamiento de ese fuego. Aquí el narrador cuenta algo que le sucedió a los 23 años, y a esa edad, bueno, los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas, suelen ser desaprensivos en ciertos terrenos, desde luego en el del sexo. Por deseo se ha mentido mucho toda la vida, el caso clásico de las promesas de matrimonio para conseguir algo, es el tema de las novelas desde el siglo XVIII.

Hay tres escenas sexuales que uno recuerda: la de él encaramado al árbol…

Algo hitchcockiana, justamente, pero en esa escena no se ve nada, a lo más la cara de una mujer, de la que se deduce que está en un coito, pero el narrador no ve más que la nuca y luego la cara pegada a una ventana. Si eso es una escena de sexo, que quizá sí lo sea, resulta muy indirecta, más deductiva que otra cosa.

La del marido y ella en el ¬pasillo.

No la veo muy sexual, es un contacto vejatorio.

Y la de la cocina.

La más explícita de todas. El narrador cuenta lo que él iba pensando mientras eso sucedía. En Todas las almas había una escena de sexo que fue comentada, porque me decían algunas mujeres: “Por fin sé lo que está pensando un tío mientras…”. Aquí, el joven se da cuenta de que, dentro de muchos años, habrá un hombre mayor, él mismo, que le reclamará el recuerdo de lo que está haciendo en ese momento. Alguien que le dice: “Esto lo querré recordar”. Eso se produce a veces, y nos lleva a tener un distanciamiento incluso en una escena sexual, piensas: mi yo venidero me va a reclamar este recuerdo, cuando sea un hombre mayor sin posibilidad de tener relaciones sexuales. Eso te convierte en observador a la vez que en actor del acto sexual. Espero que no sean escenas ridículas, es tan fácil…

No lo son, esté tranquilo.

Es que esas partes no quedan bien casi nunca. Es curioso: autores que son muy elegantes a lo largo de toda una novela, cuando llega el sexo, se ponen cursis o zafios.

Dani Duch

Dani Duch

Su discurso elegante, su lenguaje y sintaxis características, se ven salpicados, a veces, por palabras soeces que quedan, sin embargo, amortiguadas por el contexto.

Es que en el pensamiento sí somos soeces. Si uno está muy enamorado y hace el amor, no se le ocurre pensar de ese modo. Pero si es algo más ocasional, o debido al deseo más que al amor, es fácil que brote un pensamiento vulgar. Hay términos que pensamos y no decimos, a no ser que haya el acuerdo previo de verbalizarlo. Si uno no es un cursi redomado, se piensa en los términos más groseros: “Se la estoy metiendo a esta mujer”, ¿no?

Sí, algo parecido.

Como si uno no diera crédito a lo que le sucede, ¿verdad? Introduzco esos términos como pensados, y por eso son verosímiles.

Es también un homenaje al mundo del cine, con personajes reales.

Yo estuve en rodajes del tío Jesús, el hermano de mi madre, el director Jesús –o Jess– Franco. Vi a Christopher Lee haciendo de Drácula y de Fumanchú, al actor británico Herbert Lom o al estadounidense Jack Palance, ganador de un Oscar. A finales de los sesenta y en los primeros setenta, trabajé con mi tío, el primer dinero que gané fue gracias a él. Me daba guiones para que se los tradujera al inglés, o viceversa. Incluso participé como extra en una de Fumanchú.

¿Qué dice?

Pero no se me ve, llevo puesto un capuchón de esbirro chino. Mi tío nos vistió de esbirros de Fumanchú. La escena fue rodada en algún pantano cercano a Madrid, que figuraba ser un lago, y teníamos que bajar corriendo a toda velocidad –yo debía de tener 17 años o 18– por lo alto de un monte, descalzos por la ladera, hasta llegar al agua.

¿Armados?

Llevábamos unos cuchillos terribles, creo.

Las cifras que se dan sobre la productividad de su tío son correctas ¿no?

No paraba, es inverosímil. Se calcula que habrá hecho no menos de 200 películas, la mayoría malísimas. Lo que pasa es que son locas, y esa es su gracia, la de lo extravagante.

Y esas historias que traen los actores y productores llegados de Hollywood: sobre el FBI, los Kennedy, chicas de compañía… ¿Se explicaban?

El tío Jesús me hablaba de eso, yo las oía de primera mano. Al productor norteamericano Henry Alan Towers le vi varias veces.

Muriel, el director de cine de su novela, tiene un toque de humor: el parche en el ojo, esa costumbre de tumbarse en el suelo para hablar…

Está por los suelos a menudo, sí. La primera vez que el narrador lo encuentra ahí se cree que le ha dado un soponcio, pero él está a gusto tumbado, no puede caer más bajo y así se piensa bien. Debo confesar que yo lo he hecho bastante.

¿También hablando con los demás?

Con gente de confianza, no con un entrevistador.

Lo del parche…

Hay un elemento simbólico: en muchos libros míos flota la imposibilidad de saber, de ver con nitidez nada, ni los hechos, ni las personas, lo que desarrollé en Tu rostro mañana. El personaje tuerto simboliza que somos incapaces de ver la totalidad, y a veces tampoco queremos ver más que con un solo ojo. Ese es otro tema del libro: ante esto, cierro el ojo, prefiero no verlo, porque enterarme me supondría una pérdida que no estoy dispuesto a afrontar.

También aparece el estamento médico: un pediatra, un cardiólogo, la clínica Ruber…

En un cuento de los menos malos que he escrito, Cuando fui mortal, esbocé la historia de un médico que tiene que ver con que, de niño, yo tuve un pediatra que me consolaba mucho, con sólo verlo ya me sentía mejor. Y luego supe lo que había detrás de esas visitas, de aquel hombre alegre y bromista, que en realidad escondía algo. Y yo debía desarrollar esa historia antes o después. Esas cosas sabemos que pasaban: el aprovechamiento por parte de mucha gente, médicos, jueces y abogados, de la situación de superioridad tras la guerra, el avasallamiento de una parte de la población, la posibilidad de conseguir cosas mediante el chantaje: no voy a denunciarte siempre y cuando… eso fue la vida cotidiana de los años cuarenta y cincuenta.

Resumida, la trama parece un dramón terrible, pero se lee incluso con cierta sonrisa.

Si uno se acerca al realismo, fácilmente se encuentra con elementos de melodrama. Si uno piensa en la propia vida, o en la de otras personas, hay algo de melodrama en todas.

También se habla de técnicas de seducción, y del halago como mejor arma.

Eso es algo muy sabido. Celia, cuando va en taxi con el narrador, comenta cómo muchas mujeres se dejan hacer, por timidez o por educación, por extraño que suene, a veces parece más fácil aceptar algo que negarse, le hablo de mujeres quizá muy jóvenes, muy tímidas o demasiado educadas. También a veces porque se sienten halagadas. Los jóvenes son enormemente susceptibles a eso, la seducción de las personas jóvenes es escandalosamente fácil por parte de alguien de más edad, a base de halagos, tanto por parte de hombres como de mujeres. Los jóvenes están necesitados de reafirmación, quieren ser apreciados por los demás, unos a causa de su inteligencia, otros por su aspecto, porque hay un elemento de inseguridad frecuentísimo en ellos.

XAVI AYÉN

La Vanguardia, Magazine, 21 de septiembre de 2014

Javier Marías presenta ‘Así empieza lo malo’

E.P.

E.P.

El escritor Javier Marías teje su nueva novela, «Así empieza lo malo», con historias de la vida íntima en las que reflexiona sobre el deseo, la impunidad y la arbitrariedad del perdón, pero también lo hace sobre la Transición y la decisión de no juzgar los crímenes y vilezas de la Dictadura.

«Tras una dictadura, no se puede llevar a medio país al banquillo o a juicio; la amnistía general quizá fue lo más sensato. No había otra solución», asegura Marías en una entrevista con Efe en la que se muestra en desacuerdo con quienes consideran la Transición«una bajada de pantalones».

«La gente olvida muy pronto que, en España, los períodos de libertad se contaban por trienios a lo largo de su historia. Y llevamos ya casi cuarenta años con libertad y con un país equiparable a cualquier otro europeo, aunque cada uno tenga sus características y sus desgracias», señala.

Pero, «una cosa es que no se juzgara a nadie y otra muy distinta que no se pueda saber lo que pasó en la Dictadura, lo que hizo éste o lo que escribió el de más allá, y eso me causa perplejidad», dice este gran novelista, cuya obra está traducida a más de cuarenta idiomas.

En su nueva novela, publicada por Alfaguara en todos los países hispanohablantes y presentada hoy por el autor en Madrid, Marías atrapa al lector con una turbadora y excelente narración en la que invita a pensar, además, sobre la dificultad de alcanzar la verdad, las consecuencias de los engaños y sobre el rencor, «uno de los vínculos paradójicamente más fuertes» en las relaciones de pareja.

La novela está narrada por un hombre ya maduro, pero cuenta lo que le sucedió cuando tenía 23 años, en 1980, y eso le permite meditar sobre la juventud, una época en la que «se tiene el alma aplazada y la conciencia también».

Recién acabada la carrera de Filología Inglesa (la misma que la del autor), Juan Vere entra a trabajar como secretario personal en la casa de Eduardo Muriel, un director de cine, y de su mujer, Beatriz Noguera, y es testigo de «la misteriosa desdicha conyugal» que se respira entre ambos. Faltaba un año para que se aprobara el divorcio en España.

Marías consigue en «Así empieza lo malo» (el título está tomado de Shakespeare, como en otras obras suyas) páginas magistrales sobre el deseo, el eje central de la novela, y uno de «los motores mayores que llevan a obrar a la gente a veces bien y otras de manera indecente, muy vil y muy baja», señala. En esta novela, «hay una carga erótica mayor» que en otras suyas, aunque no hay escenas de sexo muy explícitas.

«Las escenas de sexo son terriblemente difíciles de hacer en literatura, y yo diría que el 95 por ciento de las veces salen fatal. Hablo como lector. Incluso grandes escritores son una calamidad cuando se ponen a describir escenas eróticas, porque o son muy cursis o muy soeces y zafias, o casi ginecológicas», asegura Marías.

En la Dictadura franquista se cometieron muchos abusos, pero «quizá no se ha hablado demasiado», indica el novelista, de aquellas mujeres que se vieron obligadas a entregarse sexualmente «como medio de pago y para evitar males mayores».

Y esa clase de abusos sale a relucir en esta novela que tiene «algo de melodrama y algún elemento de patetismo». Pero, entre esas «historias tenues» del libro, se cuela también el humor, protagonizado con frecuencia por el académico Francisco Rico, personaje ya habitual de las novelas de Marías.

Con respecto a la situación que vive Cataluña, el escritor entiende que haya «una parte grande» de la población catalana que desee la independencia, pero no puede evitar ver el proceso soberanista «como una especie de cortina de humo y de engañabobos», propiciado por lospartidos nacionalistas. «Todo esto se produce en un momento de crisis económica y en el que hay un gobierno del cual no me extraña que todo el mundo se quiera separar, digámoslo así», afirma Marías.

El autor, que suele expresar sus opiniones sobre cuestiones políticas en sus artículos semanales, reconoce que le «cuesta mucho sentir interés» por las aspiraciones independentistas de los catalanes, quizá porque los madrileños están «más lejos que los de cualquier otro sitio de ese tipo de sentimientos». «Es verdad que Cataluña tiene unas características muy marcadas y es posible que debiera tener un estatuto que no fuera idéntico al de las demás regiones», comenta el autor de «Los enamoramientos».

Pero, en realidad, continúa Marías, «para que en algo que lleva quinientos años mal que bien funcionando, de pronto haya una especie de fiebre por la cual quieren separarse, uno se pregunta: ‘¿qué ha pasado? ¿Ha pasado algo gordo, grave?’. Porque es una medida algo extrema la que plantean». El escritor señala que, en la actual crisis, la Generalitat «ha sido pionera incluso en los recortes más brutales que se han llevado a cabo», los cuales se aplicaron antes de que lo hiciera también el Gobierno central.

Pero hace más de dos años que en Cataluña «no se habla de nada de esto», indica Marías, que no puede evitar ver las propuestas de los partidos nacionalistas catalanes «como una especie de cortina de humo y de engañabobos. Y, precisamente, los catalanes, en términos generales, no se puede decir que sean muy bobos, sino que más bien están por encima de la media en inteligencia».

El autor de «Mañana en la batalla piensa en mí» cree que en este proceso hay «un elemento muy grande de artificialidad, de impostura», pero también sabe que «no se puede obligar a nadie a permanecer en el matrimonio». «Así que, si los catalanes deciden irse, que se vayan. Pero que se vayan haciéndolo bien. Y da la impresión de que todo está demasiado manipulado, demasiado dirigido», subraya Javier Marías.

Pero, si el proceso se hiciera «limpiamente y sin trampas, y saliera la independencia, a mí personalmente tampoco es que me importase demasiado», remata.

EFE, 24 de septiembre de 2014

AELM

TVE
Europa Press
Abc
El País
El Mundo
La Vanguardia
El Periódico
El Cultural
Lainformación.com
El Heraldo de Aragón
Hoy
Noticias de Álava
La República
Tele 5

27-09-14 Segovia. Hay Festival. Javier Marías.

Foto. Tanarro

Javier Marías indaga en el rencor como nexo de unión entre las personas
El Norte de Castilla, 28 de septiembre de 2014

Javier Marías: “El rencor es una fuerza enorme de la que puede ser difícil prescindir”

Foto. J Rojas

Foto. Julián Rojas

La soledad de su voz fue desterrada cuando el propio Javier Marías abrió la puerta del balcón de su casa en Madrid e irrumpió el rumor babélico de los turistas de la plaza. Él estaba en mitad de sus reflexiones sobre su nueva novela, Así empieza lo malo (Alfaguara), que saldrá a la venta el 23 de septiembre. Dejó entrar las voces y el sol contundente de la tarde, sin parar de fumar ni hablar, en ese momento, de la manera en que algunos españoles no solo se “cambiaron de chaqueta”, como por arte de magia, tras la muerte de Franco, sino que intentaron obrar el milagro de usurparse a sí mismos con nuevas biografías. Fue poco después de que aclarara que no se trata de una novela política, sino sobre el deseo, el rencor y la arbitrariedad del perdón, de pasar por alto cuestiones graves y, en cambio, dejar emponzoñar algunas nimias.

El ojo en una rendija…

…Y el lector como testigo de una historia privada emocional y sentimental sobre la manera en que se fraguan una desdicha amorosa, unos deseos sexuales como motores de la vida, unos recuerdos nobles y rastreros y el arte de enmascarar y querer saber la verdad… ¡La verdad!… ¿Para qué? Y es ahí donde Javier Marías (Madrid, 1951) a la vez que cuenta y recupera el tiempo para comprenderlo, establece un diálogo con el lector.

Es su novela más erótica y feminista, con más humor y desparpajo lingüístico y la segunda más larga (la primera es su trilogía de Tu rostro mañana), en cuyas 534 páginas está el rastro del joven Marías, del Javier Marías que fue, y que es en la memoria y en los recuerdos, llamado aquí Juan de Vere. Él, el joven Juan, es quien desde una edad cercana a los 50 años del presente evoca su vida en 1980. Tenía 23 años, el adiós al franquismo aún estaba presente, la Transición había echado a andar, el mundo parecía reinventarse y el divorcio, el divorcio estaba al caer. Faltaba un año. Ahí está el origen de una novela en cuyo título, una vez más, está la presencia tutelar de Shakespeare, ahora invocado en Hamlet: “Así empieza lo malo y lo peor queda atrás”. Mientras, aquí mismo, y antes de que se cuele el murmullo de voces, la del escritor y académico, sentado en el sofá de su casa bajo un cuadro de Keller-Reuntlingen, donde un pueblo decimonónico entre sombras se refleja en el agua, escenifica lo que dicen de su narrativa: pensamiento en movimiento trenzado de relato y análisis, ahora, mientras habla al lector:

“Si en otras novelas he podido determinar con bastante exactitud el primer latido, como decía Nabokov, aquí no tengo un elemento tan concreto. Cuando uno lleva 43 años publicando y ha tenido varias fases, llega un momento en el cual uno acepta que tiene un estilo, unos temas principales que me preocupan y sobre los cuales se puede ahondar, y no es meramente repetición”.

“Una de las cosas que parece haberse olvidado es que hasta hace relativamente poco no había divorcio en España. Recordé que muchos matrimonios, aunque se llevaran mal y fueran indiferentes, seguían juntos. Eso me llevó a pensar que aparte de no existir el divorcio, una de las cosas que, a menudo, más mantiene a las parejas, y vale tanto para matrimonios como otro tipo de relaciones, es el rencor. Cómo el rencor es una fuerza enorme, y puede ser difícil prescindir de él. Me interesaba también abordar el deseo sexual mezclado, a veces, con amor y como uno de los motores más fuertes entre dos personas, sobre todo en la juventud. El narrador cuenta desde una edad ya madura y eso le permite observarse de joven y a los jóvenes en general. Hay una frase que define parte de la novela: ‘Los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas’, y suelen ser desaprensivos en algunos terrenos. Hay un tercer elemento: la arbitrariedad del perdón. En um momento dado uno de los personajes centrales, Eduardo Muriel, dice que la justicia desinteresada e impersonal no existe”.

No es una novela sobre los jóvenes y la sexualidad, pero… tiene coordenadas sobre ese territorio y la manera en que algunos jóvenes buscan crear recuerdos. Sembrar felicidades.

“Como autor me resulta inquietante que el joven en un momento dado tiene la sensación de haber vivido cosas como una especie de atesoramiento, y viene a decir: ‘Tengo que fijarme bien, tengo que aprehender bien este momento y estar atento a los detalles porque habrá un yo futuro que ya no tendrá tan fácil este tipo de escenas y me reclamará este momento’. Como si uno tuviera presente el espectro que será. A medida que uno cumple años descubre que el joven que fue tenía razón, y que uno ha guardado aquel día, aquella noche, aquel polvo, por decirlo mal, o aquel enamoramiento. No es malo que el lector reconozca cosas en esta novela. Cuando la gente dice que la novela es una forma de conocimiento yo digo no, para mí es una forma de reconocimiento. La novela lo que hace es traerte como lector cosas que sabías pero no sabías que sabías”.

AELM

No es una novela autobiográfica, pero…. Marías, desde el borde del sofá de esta casa donde vive hace 20 años, y con el cigarrillo entre los dedos, desanda sus años juveniles.

“El lenguaje del narrador es más crudo. Sobre todo en el pensamiento, y eso da verosimilitud. Para su configuración recordé pasajes de mi vida de joven. He pensado con cierta honestidad sobre si yo habría hecho una cosa u otra. Y a veces no es fácil reconocer y aceptar que también uno se portó de manera un poco indigna, aunque a eso está uno expuesto en cualquier edad, pero en la juventud hay cosas a las que no se les da importancia porque los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas. Y me temo que sí hay elementos del que fui…”.

No es una novela de amor, pero… tras los retratos de Los enamoramientos, en su exitosa novela anterior, en Así empieza lo malo se asoma a diferentes formas de amor.

“Lo extraordinario es que el amor sea correspondido. ¿Por qué diablos alguien a quien nosotros señalamos va a corresponder y, en caso extraño de que así sea, por qué ha de durar? Lo tenemos como algo que sucede habitualmente. Enlaza con una idea de Corazón tan blanco, cuando se dice que en realidad todo el mundo obliga a todo el mundo. En las relaciones más extraordinarias, amorosas, probablemente, al menos al inicio, hay un cierto grado de forzamiento de las circunstancias de quien toma la iniciativa, incluso en la amistad, aunque luego las tornas se cambien. Es muy raro que todo sea simultáneo. Como cuando un niño le dice a otro: ‘Quiero ser amigo tuyo’. Eso sigue siendo así, aunque no se verbalice. Verse considerado, deseable por alguien, te hace sentir bien y considerar al otro también, cosa que no hubiera sido posible de otra manera. Estamos expuestos a dejar de ser un bulto en el océano, porque si nos avistan, y tampoco ocurre mucho: o se acercan a uno, o nos esquivan.

No es una novela sobre venganzas, pero… palpita ese lado incontrolable del ser humano, junto al de la impunidad y las sombras de la justicia.

“La arbitrariedad del perdón es un misterio. El que no pasemos por alto cosas pequeñas. Quizá tiene que ver con lo que hiere el amor propio y este es enigmático. A veces nos tomamos mal que se ponga en duda algo trivial y no nos importa que se ponga en duda algo básico de nuestra personalidad o comportamiento. Nadie sabe muy bien dónde tiene puesto el orgullo. Si me lo preguntas a mí, no te sabría decir con exactitud, pero probablemente no sería en mis libros. El orgullo no siempre está puesto en lo aparentemente más importante.

No es una novela política ni histórica, pero… el franquismo parece tocarlo todo en España. Su estela es larga y el autor de Todas las almas y Mañana en la batalla piensa en mí no calla.

“Hubo un acuerdo, después de la dictadura, de no pasar factura a nadie. Es algo que ahora la gente reclama mucho, pero olvida que aunque se hubiera querido hacer, en los 80 los únicos que mantenían las armas eran los del ejército que seguían siendo franquistas como se demostró con el fallido golpe de Estado del 23-F. Si alguien hubiera dicho ‘queremos que se juzgue a los culpables del franquismo’ habría caído en el vacío. Fue acertado no llevar a nadie al banquillo, aunque eso supusiera renunciar a muchas cosas. Pero sin duda eso contribuyó a que pasáramos a tener un país más o menos normal, por muy imperfecta que sea la democracia y más imperfecta que esté ahora. No sé si fue una bajada de pantalones, como dicen algunos, pero conseguimos mucho a cambio. Se olvida que los periodos de libertad en España se contaban por trienios y ahora llevamos cerca de 40 años”.

“Una cosa es que no se pasaran cuentas y existiera una especie de amnistía general y otra es que no se pudieran saber las cosas. Y ahí es donde quizá hubo una exageración, en el ocultamiento, y eso es más irritante porque es en lo que seguimos, hasta cierto punto. En la novela hay un personaje que quiere saber algo del pasado de un amigo y luego desiste. Dice que si perdiera esa amistad al involucrarse en lo que él hizo hace muchos años, y que luego ha reparado, sería el mayor imbécil de un país donde nadie está haciendo eso. Donde se están dejando pasar las cosas. Así renuncia a saber. Eso refleja la época, 1980, y lo que ha pasado en este país. Pero no es solo reflejo de una época española sino de la historia de la humanidad. En realidad, en casi todas partes el número de crímenes que han sido juzgados y castigados es mínimo. No se puede llevar a todo un país, y ni siquiera a medio, al banquillo, salvo en una dictadura, si eres Stalin, Franco o Hitler, y ¿quién quería eso?”.

Sin dejar de hablar, Marías se levanta, se acerca al balcón y deja rodear su voz del murmullo, al regresar al sofá y pasar por el muro de sol que entra hace revolotear las finas serpentinas del humo del cigarrillo.

“No es que sea conformista, es la aceptación de que así son las cosas. Hay un momento en que dices: ‘Hay que convivir’. Pero me parece bien que queramos reclamar la verdad, y que se diga lo que sucedió. Una cosa es que no se lleve a nadie al banquillo y otra que algunos hubieran empezado a crearse biografías festivas. A veces los cambios de chaqueta son sinceros. Pero mi padre decía: ‘No creo en arte de magia’. En personas que un día están aquí y al día siguiente allá, hay que ver su desplazamiento. Tenía razón. Incluso muchos intelectuales tuvieron actuaciones dudosas u oportunistas y fueron cambiando, algunos de manera sincera. Nunca es lo mismo una guerra con los demás que con uno mismo”.

“Quizá sea mi novela más feminista en el sentido de que hay mayor conciencia del abuso habitual que se le da y se le ha dado a las mujeres. Cómo se logran de ellas cosas mediante la coacción, la amenaza, el chantaje o la denuncia. O, incluso, se busca satisfacer el deseo con ellas como manera de pago como ocurrió en el franquismo de forma rastrera”.

No es una comedia ni un melodrama, pero… hacia las siete de la tarde el autor de El hombre sentimental emparenta su nuevo libro con el culebrón en su sentido más noble.

“En mis novelas suele haber humor. Ahora, tal vez, como elemento rebajador de la tensión. Quizá porque hay elementos de melodrama en el mejor sentido de la palabra. Eso se ha producido para cierta sorpresa al intentar ser más realista, más verosímil. Al hacerlo me he encontrado con que entre más se acerca uno a la vida de las personas aparece el melodrama. La ocultación o el engaño de muchos tipos suelen estar presentes en las relaciones. Y, a veces, cuando se descubre la verdad, lo que se ha vivido se vuelve desazonador. Entonces se quiere borrar ese periodo de farsa. Pero no puede ser porque se ha vivido, fue real, aunque esa verdad invalide parte de una vida y sea un periodo contaminado”.

No es una novela ni filosófica ni sociológica, pero… Marías abunda en el tema y se pregunta qué haría la gente: ¿saber o no saber algo personal o ajeno quel e involucra? Por lo pronto, él cuenta qué va a hacer ahora.

“No tardaré mucho en empezar algo. El 20 de septiembre cumplo 63 años. La edad casi de un jubilado y si uno no está activo está peor. Antiguamente uno tenía más perspectiva en lo que yo llamaba futuro abstracto, ignoto, en el que cabe todo. Pero ahora vivo en un presente continuo y no se sabe lo que nos deparará la vida”.

Él, que ha escrito 12 novelas, ha sido traducido a 29 idiomas y ganado varios premios, y que se sabe hijo del azar porque su bisabuelo materno estuvo a punto de morir cuando era un bebé, mientras décadas después su padre fue casi empujado a la muerte, durante el franquismo, tras la infamia de un delator, deja su universo literario de Así empieza lo malo con dos personas que se miran y en silencio parecen decirse: “Y no, nada de palabras”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 14 de septiembre de 2014

‘Así empieza lo malo’, la nueva novela de Javier Marías

JM Meulenhoff

ALFAGUARA PUBLICARÁ EN SEPTIEMBRE DE 2014 ASÍ EMPIEZA LO MALO, LA NUEVA NOVELA DE JAVIER MARÍAS

El 23 de septiembre de 2014, Alfaguara publicará Así empieza lo malo, la nueva novela de Javier Marías, en lanzamiento simultáneo en todo el ámbito de la lengua castellana.

Así empieza lo malo cuenta la historia íntima de un matrimonio de muchos años, narrada por su joven testigo cuando éste es ya un hombre maduro. Juan de Vere tiene 23 años, acaba de finalizar sus estudios y encuentra su primer empleo como secretario personal de Eduardo Muriel, un antaño exitoso director de cine, en el Madrid de 1980. Su trabajo le permite entrar en la privacidad de la casa familiar y ser espectador de una misteriosa desdicha conyugal.

«Es un libro sobre el deseo, como uno de los motores más fuertes en la vida de las personas, que a veces lleva a pasar por encima de cualquier lealtad, consideración e incluso respeto en el trato con los demás. Otro de los temas de la novela es la impunidad y la arbitrariedad del perdón y del no perdón. Cómo la idea de justicia que la gente reclama a veces tiene mucho que ver con que el acto en sí nos afecte o no», afirma el autor. Así empieza lo malo trata también sobre la obstinación amorosa y sobre las relaciones íntimas, un asunto que el escritor ya trató en novelas anteriores.

Así empieza lo malo se publica tres años después de la última novela escrita por Javier Marías: Los enamoramientos (Alfaguara, 2011), que fue acogida con gran éxito de público y crítica. En España, Los enamoramientos fue elegida mejor libro del año por Babelia en 2011 y recibió el XIV Premio Qué Leer que otorgan los lectores de esta revista literaria. En el extranjero, Los enamoramientos ya se ha traducido a un total de 29 lenguas y ha sido finalista del National Book Critics Circle Award como mejor novela publicada en Estados Unidos en 2013. Además, Los enamoramientos fue seleccionada por el diario The New York Times entre las cien mejores obras de ficción de 2013. Las ediciones se han sucedido en países como Alemania, Francia, Holanda, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.

«Sea lo que sea que creamos que vaya a suceder mientras leemos, estamos eligiendo pasar tiempo en compañía de un autor. En el caso de Javier Marías, se trata de una buena decisión; su mente es profunda, aguda, a veces chocante, a veces hilarante, y siempre inteligente.»

The New York Times Book Review

«Es fácil entender por qué el nombre de Javier Marías se menciona a menudo en las discusiones sobre los potenciales ganadores del Premio Nobel de Literatura ya que Los enamoramientos aborda temas que atacan al corazón mismo de la condición humana. Marías entrelaza argumentos filosóficos, literatura clásica y conversaciones tanto reales como imaginadas que dan forma a una caleidoscópica obra de arte. Un libro para ser saboreado, discutido y releído.»

The Gazette

Alfaguara, 6 de junio de 2014

 

fumando

Javier Marías publicará en septiembre una novela sobre el deseo y el perdón

El deseo como “uno de los motores más fuertes en la vida de las personas” es el eje central de la nueva novela del escritor Javier Marías, Así empieza lo malo, una obra que se publicará el 23 de septiembre y en la que reflexiona también sobre la impunidad y “la arbitrariedad del perdón o del no perdón”.

“Esta novela tiene quizás una carga erótica mayor que otras mías, aunque no hay escenas muy explícitas; son más sugerentes que otra cosa”, afirma Marías en una entrevista con Efe, en la que adelanta las claves de este libro que editará Alfaguara simultáneamente en todos los países hispanohablantes.

Así empieza lo malo -el título, como sucede en otras obras de Marías, es una cita de Shakespeare- llegará a los lectores tres años y medio después de Los enamoramientos, cuya escritura suscitó tantas dudas en su autor pero con la que triunfó en España, Alemania, Francia, Holanda, Italia, Estados Unidos y Gran Bretaña.

El escritor se enfrenta ahora a la corrección de pruebas de su nuevo libro, más largo de lo habitual en él (unas 580 páginas), y con buenas dosis de intriga y humor.

Hay también en la novela elementos que “enlazarían” con Los enamoramientos, como “lo que se es capaz de hacer por obstinación amorosa” y la arbitrariedad del perdón.

“En la reclamación de justicia a menudo hay un componente civilizado, todavía de venganza. Lo sorprendente es que, a veces, se perdonan cosas mucho más graves que otras simplemente porque no nos las han infligido a nosotros. Y en cambio, cosas que son muy leves, en la medida en que me las han hecho a mí, no hay manera de que eso se perdone nunca”, señala el autor.

Los comienzos de las novelas de Javier Marías suelen ser magistrales y el de Así empieza lo malo (la cita completa es “así empieza lo malo y lo peor queda atrás”, y es de Hamlet) no defraudará al lector.

“No hace demasiado tiempo que ocurrió aquella historia -menos de lo que suele durar una vida, y qué poco es una vida, una vez terminada y cuando ya se puede contar en unas frases y sólo deja en la memoria cenizas que se desprenden a la menor sacudida y vuelan a la menor ráfaga-, y sin embargo hoy sería imposible”, escribe Marías.

La novela está ambientada en el Madrid de 1980, cuando “todavía no había divorcio” en España, pero el libro “no es nada historicista ni de recreación de época”.

El narrador se llama Juan Vere o Juan de Vere y cuenta, desde la época actual, lo que le ocurrió cuando tenía 23 años, hacia 1980.

El libro “no es particularmente autobiográfico”, pero Marías le presta algunas vivencias a Juan Vere, que, “recién terminada la carrera de Filología Inglesa (la misma que el escritor), entra a trabajar como ayudante de Eduardo Muriel, un director de cine.

“Es innegable”, dice, que hay elementos de su tío Jesús Franco, el director de cine, y cosas de rodajes a los que Marías asistió. Salen en pequeños papeles actores como Jack Palance y Herbert Lom.

Pero “no es una novela ambientada en el mundo del cine”, aclara Marías. El narrador trabaja en la casa de Muriel y de su mujer, Beatriz Noguera, que llevan unos veinte años casados, en medio de “una misteriosa desdicha conyugal”.

Juan Vere empieza a recibir, por parte del director, “encargos y misiones” relacionados con el pasado de ese matrimonio, en el que también intervino el doctor Van Vechten.

Y al investigar el pasado saldrán a relucir hechos de la posguerra española, “nada truculentos aunque sí desagradables”.

La novela está centrada en las relaciones personales y narra “historias tenues, las de la vida privada, que son a veces las que no se cuentan nunca”. Pero también “se podría hacer una interpretación política” de algunos asuntos, comenta Marías.

Eduardo Muriel es tuerto y “lleva un parche de lo más clásico” sobre el ojo derecho. Hay “un elemento simbólico en esa ‘tuertez'”, comenta el escritor antes de pedir “disculpas por el barbarismo”.

“Y es que no queremos ver más que parcialmente o vemos selectivamente. A veces es deliberado, es conveniente que tengamos una visión tuerta del mundo”, señala el autor de Tu rostro mañana, cuya nueva novela tiene que ver, “evidentemente”, con otras suyas.

“Ya hay algunos críticos -dice- que sostienen que mis novelas forman una gran novela, un magma novelístico que se va completando”.

El otro simbolismo del ojo tuerto es “el de nuestra parcialidad en el conocimiento de lo que vivimos. Siempre tenemos una visión incompleta. Siempre nos movemos de manera tuerta en el mundo”.

La novela reflexiona también sobre la juventud, cuando se tiene “el alma aplazada y la conciencia también”, comenta el autor, de 62 años, “una edad en la que se da uno cuenta de que el tiempo de la juventud era totalmente distinto del de la madurez”.

“Hace poco yo recordaba que hubo un año, en 1983, en el que cambié de proyecto de vida varias veces. Me iba a ir a Estados Unidos, estuve a punto de casarme, fui a Oxford…”, recuerda el novelista.

De la nueva novela de Marías habla con verdadero entusiasmo Pilar Reyes, directora de Alfaguara: “Es un libro de una potencia simbólica inmensa. Es gran literatura”.

ANA MENDOZA

Efe, 6 de junio de 2014

 

Foto. Luis Sevillano

El deseo sexual y el perdón se citan en la nueva novela de Marías

Del deseo sexual a la arbitrariedad del perdón, cruzada por la mirada del otro de la cual no se puede huir. Todo está casi listo para la publicación de Así empieza lo malo (Alfaguara). Solo falta que Javier Marías dé una última revisión a la novela y elija la portada con la que saldrá el 23 de septiembre. Será su novela número 12. Llegará después de tres años de Los enamoramientos, con la que ha obtenido gran acogida de crítica y público en España y en el extranjero, a donde ha sido traducida a 29 idiomas.

Aunque Así empieza lo malo (otra vez las palabras tutelares de Shakespeare en los títulos de Marías, esta vez bajo la presencia de Hamlet) no es una continuación de Los enamoramientos, sí es una especie de otro estadio de aquella temática, y, sobre todo, una pieza más que se integra de manera individual y a la vez complementaria de toda su obra.

En dos frases la novela es, según Javier Marías (Madrid, 1951): “Sobre la impunidad y la arbitrariedad del perdón, de cómo perdonamos algunos hechos graves mientras somos incapaces de hacerlo con los pequeños. De la incapacidad de pasar por alto cuestiones intrascendentes; y sobre el deseo sexual y la obstinación amorosa, del deseo como motor de las acciones de la persona y cómo eso se puede utilizar de manera noble o rastrera”.

Una ampliación del universo Marías, en extensión y profundidad. Y como parte de su creación literaria en la que personas, hechos o emociones se definen más por lo que no son, Así empieza lo malo también permite esa aproximación:

No es una novela autobiográfica, pero sí tiene vivencias de la juventud del autor.

No es una novela política, pero sus resonancias están allí.

No es una novela sobre los años 80, pero la acción transcurre en esa década.

No es una novela histórica, pero las esquirlas de la posguerra Guerra Civil, en los años 40 y 50, alcanzan a sus personajes.

No es una novela de amor, pero sí de la desdicha del matrimonio protagonista.

No es una novela erótica, pero sí tiene más escenas o referencias de las habituales en la narrativa del escritor.

No es una novela realista al uso, pero sí tiene la intención del autor a su manera.

No es una novela de venganzas, pero sí sobre la impunidad y la arbitrariedad del perdón.

No es una novela sobre la justicia, pero sí sobre la idea que tiene cada individuo sobre la justicia objetiva y arbitraria.

No es una novela sobre cine, pero si está esparcida de muchas referencias cinematográficas conectadas con la realidad de los personajes.

No es una novela sobre el vouyerismo, pero sí sobre cómo la mirada del otro y la propia sobre los demás determina el curso de los hechos, y “algunas escenas avistadas por los jóvenes se guardan como un tesoro”.

No es un melodrama, pero “tiene algunos elementos en el sentido noble del término; algo inevitable en cuanto uno se asoma a la vida de las personas y se parece a algo como el realismo”.

No todo es apariencia. Todo se define por lo que hay más allá de lo que se ve a primer golpe de vista. Porque Así empieza lo malo es sobre todo, cuenta Marías, “una novela sobre la vida privada de las personas, con aplicación al ámbito privado y un reflejo social. Sobre las historias tenues, aspectos de la vida íntima que se guardan y se llevan consigo”.

Y es en la arbitrariedad de justicia y perdón donde la novela de Javier Marías conecta especialmente con la realidad más actual de España: el Rey y la Casa Real. “No soy monárquico”, adelanta el escritor, “pero ha habido cierto histerismo alrededor de la figura del Rey y su familia en los últimos tiempos”. Señala que, sin desconocer las equivocaciones de esa institución, todo lo lleva a una reflexión y una pregunta: “Se ha sido injusto con la figura del Rey que ha sido importante para este país. ¿Me pregunto: dónde está esa severidad que se aplica a esa institución y no a los políticos corruptos a los que se sigue votando en lugar de castigar y contribuir a cambiar la situación?”. Marías tiene confianza en Felipe VI.

Han sido tres años, desde Los enamoramientos, vertiginosos para Marías, no solo por la acogida de la novela, sino también por varios premios como el Formentor y rechazado el Nacional con gran revuelo. Pero lo que peor ha llevado ha sido la promoción de la novela por el tiempo que le quita para la escritura.

¿Cómo sale del mundo de Los enamoramientos del que habla constantemente en las promociones y luego entra en el de Así empieza lo malo? “Se compagina como se puede”, es la primera reacción. Luego explica que siempre es molesto cualquier tipo de interrupción durante ese proceso de creación: “Una vez llego de una promoción, siempre cuesta volver a meterse y retomar la novela. Aunque al principio es con un poco de dificultad pero luego…”.

La sensación, durante y al final de la escritura es la misma en los últimos libros: “Vuelvo a decir que cuantas más novelas hago, menos entiendo cómo se hacen; y me asombra que la gente las lea sin queja. Sobre todo porque debido a esas interrupciones las escribo por fragmentos”. Y recuerda que es un autor que escribe sin mapa, sin brújula, que es lento y que trabaja mucho cada página, “incluso hay días que escribo solo una página por día”. Así han salido obras como Tu rostro mañana, Negra espalda del tiempo, Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí. En él se agudiza la tentación de ir a tientas. Se sorprende, por eso, que haya cada vez más escritores

Entre viajes y escritura, Javier Marías ha creado su nueva novela entre 20 o 21 meses de manera continuada. Literatura y realidad se juntan para cerrarse con la continuación de la frase de Shakespeare que da título a la novela: “Así empieza lo malo y lo peor queda atrás”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 6 de junio de 2014