‘Tu rostro mañana’ y ‘Berta Isla’ entre los mejores libros del siglo XXI


Los 21 mejores libros del siglo XXI
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
El País, Babelia, 30 de noviembre de 2019


Así ha decidido el jurado: hombres que votan a hombres y jóvenes que leen a extranjeros
LLANERAS/MARCOS/SIMÓN
El País, Babelia, 30 de noviembre de 2019

LA ZONA FANTASMA. 24 de noviembre de 2019. ‘Cuando uno ya no sabe por qué’

Viajé a Cataluña el día después de la sentencia del procés, y allí permanecí las siguientes tres semanas. Me acerqué a Barcelona sólo una vez, en medio de los fragores pero a horas de tregua, así que nada más vi sus efectos. Los incendios, las barricadas, las batallas campales, por televisión, como la mayoría de ustedes. Donde me encontraba había calma, aunque una especie de contaminación de enfado y enemistades se notaba en el aire. Una mañana bajé a echar basura a los contenedores, y una señora de normalísimo aspecto me reconoció y me dijo: “¿Por qué no escribe un artículo diciendo que en Cataluña no nos estamos matando los unos a los otros, ni nos comemos a los niños?” Le contesté que lo haría con gusto de darse el caso, pero que no había leído ni oído que nadie afirmara semejantes cosas. Sin apenas transición, me preguntó: “¿Ha visto los vídeos de la policía saqueando las tiendas durante los disturbios?” Le dije que no y que me parecía improbable: “Los policías y los mossos están muy controlados”. Se empeñó en mostrarme las imágenes. Sacó su móvil y me enseñó a unos policías (creo, hacía sol y estábamos en la calle) en el interior de un comercio, trajinando. “Yo no veo que estén saqueando”, apunté; “pueden estar recogiendo, o verificando desperfectos, quién sabe”. Su respuesta fue tan tajante que el diálogo resultaba imposible, como si me hubiera espetado: “¿Va a dar más crédito a sus ojos que a los míos?” “Pues yo los veo saqueando”, concluyó. Me limité a añadir: “Qué quiere que le diga. Pero insisto en que me parece improbable; están muy controlados y ellos mismos graban con cámaras sus intervenciones”.

Me quedé muy pensativo. Si esa señora (educada y tratable) había recibido el vídeo en su móvil con la falsedad de que los agentes estaban robando, no sólo la daba por buena y cierta, sino que veía lo que le habían indicado que viera, por más que no se viera y que las imágenes fueran neutras y nada elocuentes. Que corran por las redes todo tipo de montajes, falsificaciones, escenas sacadas de contexto y “explicadas” con mala fe, bueno, es lo propio de las redes, y con ocasión del referéndum del 1-O ya circularon fotos y vídeos que, para exagerar la bruta reacción del Ministro del Interior Zoido, no se correspondían con el lugar ni la fecha. Lo que me dejó meditabundo fue que la señora se creyera la consigna a pie juntillas y viera lo que le habían sugerido que viera. Estamos en un punto, pensé, en el que demasiados catalanes han perdido de vista por qué sucede lo que allí sucede. Hace pocos años era un sitio en el que se vivía comparativamente de maravilla (aún es así, pese a los denodados esfuerzos de los independentistas para arruinarlo): una de las regiones más prósperas de Europa, es decir, del mundo; dinámica y llena de atractivos, con el único peligro de morir de excesivo éxito a manos de los turistas; con un autogobierno que ni siquiera disfrutan los Länder de un país federal como Alemania; con sus propios Parlament y Govern y docenas de competencias transferidas; con su lengua y su cultura cuidadas y mimadas; un lugar plenamente libre, en el que se vota sin cortapisas desde hace cuarenta años y cuyos principales partidos han participado en la gobernación del Estado. La idea demente de que en realidad los catalanes viven oprimidos y expoliados ha sido inoculada por una cuadrilla de políticos sin escrúpulos y por sus medios serviles, que —eso dicen muchos catalanes— no tenían otra intención que crear una gigantesca cortina de humo que tapara la famosa corrupción conocida como “comisiones del 3%” (la cual, según esos catalanes, sería más bien del 4% o el 5%). Lo asombroso es que, si esa era la cuestión, lo hayan conseguido con creces: hace años que ya no se habla del 3%. Ni siquiera se habla de la monstruosa fortuna amasada y confesada por Jordi Pujol y su progenie. Ante la maniobra de diversión del procés, es como si nada de eso hubiera ocurrido, o como si no importara.

Yo no creo que los catalanes decentes sean tan indiferentes al latrocinio institucionalizado de sus líderes señoritiles. A veces pienso que, si hoy se preguntara a algunos de dónde viene el odio que expresaban los rostros de quienes insultaron, escupieron y golpearon a los invitados a los Premios Princesa de Girona; de dónde viene la furia de los que queman Barcelona y cortan el ferrocarril y las carreteras; de dónde la imperiosa necesidad de crear un Estado propio abocado a ser un Estado-paria, yéndoles las cosas tan objetivamente bien como les iban, esas personas no sabrían contestar, o no con coherencia y verosimilitud. Nadie en el mundo se siente afrentado por lo que pasó en 1714, sería tan ridículo como si los madrileños aún odiáramos a los franceses por la carga de los mamelucos y los fusilamientos de 1808, casi un siglo más cercanos. Cuando uno ya no sabe el porqué de sus odios, pasiones y acciones, cuando uno es incapaz de pararse a pensar si hay para tanto y si en verdad está esclavizado, o si solamente lo han persuadido de que lo está unos políticos egoístas, codiciosos y culpables de un fraude masivo… Si uno no es capaz de desenmascararlos y de salir del engaño y del ensalmo, sólo cabe que otros insistamos cuando haga falta y les digamos, al menos, que la mayoría de sus compatriotas no vemos lo que se los ha inducido a ver, desde hace ya siete largos años.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 24 de noviembre de 2019

Nuevo libro de Reino de Redonda. ‘Juego de espera’ de Michael Powell

JUEGO DE ESPERA

MICHAEL POWELL

Prólogo de Miguel Marías

Traducción de Antonio Iriarte

Reino de Redonda, noviembre de 2019

Distribuye Penguin Random House S.A.U.


ÍNDICE
La novela del cineasta Michael Powell (Prólogo) por Miguel Marías

JUEGO DE ESPERA
Del autor al lector

APÉNDICES
Appendix I/Apéndice I: M P Shiel’s and John Gawsworth’s Redonda/La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth (updated/puesta al día 2019)
Appendix II/ Apéndice II: Jon Wynne-Tyson’s Redonda/La Redonda de Jon Wynne-Tyson (updated/puesta al día 2019)
Appendix III/Apéndice III: Javier Marías’s Redonda/ La Redonda de Xavier Marías (updated/puesta al día 2019)

 

La única novela del director de obras maestras inolvidables como El coronel Blimp, El fotógrafo del pánico [Peeping Tom], Narciso negro, A vida o muerte, Las zapatillas rojas

Títulos publicados en Reino de Redonda

LA ZONA FANTASMA. 17 de noviembre de 2019. ‘Legumbres’

A veces se trata sólo de recapitular unos cuantos dichos y hechos que, tras un breve revuelo, se olvidan rápidamente. Por ejemplo: durante varias noches seguidas la Jefatura Superior de Policía de Barcelona fue acosada, con la intención de asaltarla, por hordas vandálicas y embozadas que buscaban el cuerpo a cuerpo con los agentes y dejaron malheridos a muchos de ellos. Como esa Jefatura se encuentra en pleno centro de la ciudad, y los vecinos estaban desesperados de no poder transitar, de verse hostigados en sus casas ahumadas por los contenedores en llamas, de no atreverse a salir mientras se libraban abajo batallas campales, al Ayuntamiento que preside Ada Colau se le ocurrió una idea propia de quien tiene por cerebro un garbanzo, a saber: que la Jefatura se mude, se traslade a otro sitio, para no perturbar más al vecindario. Es decir,decir, según ese cerebro de legumbre, la culpa de los disturbios no es de quienes los provocan, lanzan piedras, bolas de acero, botellas, cócteles Molotov, adoquines y cuanto les parece arrojadizo y muy dañino, sino de quienes los padecen y son atacados con violencia extrema. El problema no son los matones, son sus víctimas. Si éstas no estuvieran donde están, en Via Laietana, la zona no se convertiría cada noche en un remedo menor del peor Beirut. Lo que no se le ocurrió en ningún momento al cerebro garbancil fue desalojar a los alborotadores. ¿Cómo iba a actuar el Ayuntamiento colauita contra unos chicos justamente indignados por La Sentencia? ¿Que condenaban a la población a atrincherarse y le impedían llevar su vida normal? Bueno, siempre podría largarse, ella también, si la Policía persistía en ocupar el edificio desde el que causaba tantas molestias. Además, ¿con qué fuerzas iba a intervenir la alcaldía, si la propia Colau desmanteló hace tiempo la unidad antidisturbios de la Guardia Urbana y menguó los efectivos de ésta?

En relación con estos violentísimos altercados (cuando escribo todavía hay un Policía Nacional cuya vida corre peligro, y no son pocos los Mossos d’Esquadra con huesos rotos y los atacantes maltrechos), la Presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, Elisenda Paluzie, dio indicios de tener por cerebro una lenteja cuando declaró complacida que la violencia desatada ofrecía ventajas y un lado positivo, a saber: merced a ella, Barcelona y el procés (o “el conflicto”, eufemismo siniestro empleado por ETA y sus acólitos durante sus décadas de tiros en la nuca, secuestros y bombas indiscriminadas) estaban en toda la prensa internacional y resultaban más visibles. De acuerdo con ese razonamiento (por darle nombre inmerecido), más presente aún estaría “el conflicto” si los encapuchados se dedicaran a cortar cabezas en las plazas con hacha o con guillotina; o si colgaran de farolas y árboles a los “desafectos” y “traidores”, o si lincharan a los mossos, a los policías y a los escasos municipales que osaran detener su destrucción. Si la violencia tiene esa ventaja y ese lado positivo, lo que en realidad recomendaba la lentejil Paluzie era imitar —por qué no— los métodos de ETA o del Daesh, que, como ustedes saben, ha estado, está y estará muy presente en los medios del mundo entero.

Por su parte, el President de la Generalitat y otros muchos políticos y ciudadanos se han enfurecido con el conseller de Interior, Buch, porque ha cumplido con su cometido de proteger a todos los habitantes y velar por que Barcelona no sea arrasada por los chicos indignados, entre los cuales había profesionales italianos, griegos, holandeses, alemanes, de la guerrilla urbana internacional, no tan chicos y llamados ex profeso a organizar y dirigir las nada espontáneas acciones. No han condenado a los destructores, sino a las fuerzas del orden que, con gran sentido del deber, obstaculizaban la destrucción, y les han puesto una lupa encima a ver cómo las pueden empapelar. Todo esto lo hemos visto a menudo en los westerns: los facinerosos que asuelan un pueblo están a las órdenes del cacique o terrateniente, que monta en cólera cuando un sheriff honrado mete en el calabozo a quienes aterrorizan el lugar. Si puede, lo destituye, como está a punto de pasar con Buch, y si no, le dice que huya, como propuso Colau, y, si no, hace reducir la cárcel a escombros y tirotear al sheriff por su indocilidad. Pero también esto se ha visto en la realidad, y aunque ya lo recordé aquí hace un año, a raíz del famoso “Apretad” de Torra a los CDR, toca repetirlo, y con más motivo y más alarma: en 1933, poco después del incendio del Reichstag en Berlín y poco antes de las elecciones generales, la policía que debía impedir desmanes y abusos estaba al mando… de Göring, fundador de la Gestapo, quien permitió a los desalmados de camisa parda reventar violentamente los mítines de todos los partidos menos el suyo, claro está. En Cataluña los Mossos están a las órdenes de un independentista convencido, pero honrado, cumplidor y con sentido del cargo. Pero quienes están por encima de él, Torra y su amo Puigdemont, son cómplices de los facinerosos que destrozan y agreden y se saltan las leyes y la voluntad de sus compatriotas; como lo son, asimismo, los cerebros al frente de la ANC y del Ayuntamiento, una lenteja y un garbanzo. Eso sí, con mucha malignidad los dos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 17 de noviembre de 2019

LA ZONA FANTASMA. 10 de noviembre de 2019. ‘Buenísimas personas’

Sí, es curioso: basta con hablar del presente en pretérito indefinido o imperfecto, como si ya hubiera pasado y fuera historia, para ver con más nitidez nuestras imbecilidades, nuestra irracionalidad y nuestras abrumadoras contradicciones. Hace dos semanas terminé diciendo que las gentes de 2019 solían ser inclementes y sin embargo se creían todas buenísimas personas. Se lo creían al mismo tiempo que ensalzaban y votaban a individuos inequívocamente antipáticos, ruines, rastreros y que exhibían como un gran mérito su falta de compasión. Los estadounidenses eligieron como Presidente a un sujeto así, que añadía, a su inmoralidad connatural, ser un patán que jamás leía. Su elección se debió, en parte, a una extraña reacción contra las personas ilustradas, contra los expertos en algo y también contra los intelectuales, como si en América se hubiera producido una repentina “maoización” (hay que recordar que en los inicios de la revolución de Mao se ejecutó a muchos chinos solamente por llevar gafas, lo cual los hacía sospechosos de leer). Todos ellos fueron englobados en un término que se convirtió en uno de los mayores insultos de la segunda década del siglo XXI: “élites”, con su correspondiente adjetivo “elitistas”. Cualquiera que hubiera estudiado en serio, que hubiera adquirido conocimientos útiles (para salvar vidas o la Tierra, daba lo mismo), cualquiera que pensara más allá de los simplistas y cómodos lugares comunes de la época, se vio anatematizado como “élite”. Así que mucha gente decidió que era mejor ser gobernada por tontos y locos, eso sí, megalómanos, autoritarios y antidemocráticos todos. No sólo se hizo con el poder un ignorante como Trump, sino que alguien con saberes fingió no tenerlos, o quizá abjuró de ellos, para ser aclamado en Gran Bretaña. Ese país astuto, pragmático, civilizado, encumbró a Boris Johnson cuando éste se “trumpificó”, empezó a comportarse como un chulo majadero, a hablar como un fantoche y a prometer con malos modos conducir a su nación a la ruina. Entonces, insospechadamente, fue vitoreado.

Italia hizo algo parecido, sólo que los saberes de Salvini eran mucho más dudosos. Los que poseyera, en todo caso, los abandonó, y se dedicó a pasearse por su península sembrando el odio con la camisa abierta y una cruz bailándole en el seboso pecho (a veces manoseaba un rosario), a colgar en las redes vídeos de sus relaciones semisexuales y a lanzar diatribas contra los muertos de hambre del planeta. La grosería deliberada y el ánimo despiadado causaban furor entre sus compatriotas, que lo idolatraban, y a la vez, como he dicho, se creían buenísimas personas. Ignoro lo que se creían los turcos (me pillan lejos), pero votaban una y otra vez a un tiranuelo llamado Erdogan que detenía, encarcelaba y quizá torturaba a millares, y que en 2019 inició una repugnante ofensiva contra los kurdos, con el beneplácito de Trump. Esos kurdos acababan de ayudar decisivamente al mundo (y por lo tanto a Trump) a desmantelar el Daesh, una de las organizaciones más crueles de la historia y una amenaza gravísima para todos, árabes y no árabes. Con ese beneplácito, los Estados Unidos de hoy pasaron a engrosar la lista de países traicioneros, infames y desagradecidos, esos de los que cualquiera deberá apartarse para no sufrir su veneno, como enemigo o como aliado.

Las excelentes personas votaron en el Brasil a otro sujeto zafio e inmisericorde, Bolsonaro, que tenía a gala despreciar a los negros, a las mujeres y a los homosexuales, así como deforestar la Amazonia. También era un cristiano fanático, lo cual no le impedía recomendar a la población que se armara hasta los dientes. Muy cristianos eran asimismo (de boquilla al menos) los gobernantes de Hungría y Polonia, Orbán y Kaczynski, pero se comportaban exactamente igual que Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y Putin en Rusia, anulando las libertades, la independencia de la justicia y emitiendo leyes antidemocráticas. Claro que Maduro, Ortega y Putin además daban órdenes para la desaparición de disidentes. En las Filipinas mandaba un homicida confeso (se jactaba de haberse cargado a dos o tres hombres) apellidado Duterte. Una vez al mando, ya no tuvo que mancharse: le bastó con dar carta blanca a sus policías para matar sin detención, juicio ni zarandajas latosas no sólo a los narcotraficantes, sino a los drogadictos.

Lo peor y más contradictorio es que ninguno de estos cabestros (salvo Ortega en su día) tomó el poder por la fuerza, sino que fueron elegidos por quienes se consideraban buenísimas personas, justas, rectas, “correctas”, compasivas y plagadas de virtudes. Y se consideraban, sobre todo, grandes patriotas, lo mismo que los independentistas catalanes, los post-etarras vascos y los dirigentes profranquistas de Vox. En aquella época fue asombroso que los mastuerzos más manifiestamente dañinos para sus respectivos conciudadanos fueran adorados por éstos. Huelga decir que no fue, ni de lejos, la primera vez en la historia que tuvo lugar tan espantoso fenómeno. Pero la gente de 2019 no solía acordarse de nada.

Quizá otro domingo retornaré al costumbrismo de estos tiempos, que, con ser temible, da menos miedo.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 10 de noviembre de 2019

LA ZONA FANTASMA. 3 de noviembre de 2019. ‘Para que no voten sólo los incondicionales’

Así que aquí estamos de vuelta, a los seis meses de las últimas elecciones, que, gracias a la incompetencia y la mala fe de nuestros políticos, no sirvieron para lo que debían: tener algún Gobierno que durara lo previsto, unos cuatro años. Lo insólito es que, tras el fracaso, el elenco sea el mismo sin apenas variación. Se ha añadido un peronista convencido, Errejón, al que aún no se le alcanza que todos los largos males de la Argentina tienen su origen en el General Perón, amigo y protegido de Franco, quien lo obsequió hasta con una calle en Madrid. En este 10 de noviembre nada, absolutamente nada, nos puede incitar a votar. Si ya en abril se hacía casi imposible optar por un partido, ahora todavía más. ¿Qué se hace en este caso?

El PSOE sigue tan entontecido y fofo como en la última década, exhibiendo como mayor hazaña desde la moción de censura de 2018 el traslado de una momia cuyo destino le trae al fresco a la mayoría de la población. Por lo demás, pende sobre él la amenaza de la corrupción de los ERE. Mayores y más numerosas son las causas por corrupción que aún se ciernen sobre el PP. Ya fue condenado en una de ellas y eso le costó la gobernación. Las bases —es incomprensible que las bases de todos los partidos escojan a menudo lo peor— otorgaron la jefatura a Casado, un discípulo y entusiasta de Aznar que se hizo más derechista de lo que ya lo era Rajoy, y en consecuencia obtuvo para su partido los resultados más escuálidos de su historia. Da lo mismo: ahí permanece Casado, que ahora intenta parecer más centrista que entonces, con poco éxito de momento. Claro que en la tarea lo ha ayudado enormemente el que se tenía por partido “moderado” o “bisagra”, Ciudadanos. El caso de esta formación será estudiado: con unos votos considerables hace seis meses, ha hecho lo indecible para perderlos, cabrear a sus electores (no muy firmes ni incondicionales) y de paso a una gran cantidad de españoles, que desearon con claridad lo siguiente: que Ciudadanos pactara con el PSOE, poniendo freno a sus tonterías mayores. Hasta el Financial Times se lo aconsejó. De haber eso ocurrido, nos habríamos ahorrado insoportables meses de toma y daca entre Podemos y el PSOE y esta nueva convocatoria. Habríamos tenido un Gobierno lleno de defectos y dificultades, desde luego, pero más o menos equilibrado y “normal”, como el de tantos países europeos. Tras su obcecación y su viraje furioso a la derecha, Rivera quedará como uno de los políticos más tontos del siglo, en la innoble compañía de Artur Mas y David Cameron. Los tres han sido magistrales a la hora de torpedearse a sí mismos. Como Rivera no gobernaba, las consecuencias de su cazurrería serán menos graves, eso sí.

Traer a colación a Artur Mas es oportuno, aunque ahora no compita. Convocó elecciones autonómicas anticipadas para fortalecerse, y se debilitó hasta tal punto que, al poco, una formación lunática y marginal como la CUP lo obligó a renunciar a su cargo de President. Entonces nombró a dedo a Puigdemont para sustituirlo, el cual, a su vez, nombró a dedo a Torra cuando se fugó. Es decir, un bobo nocivo nombró a un bobo dañino mayor, y éste a otro bobo perjudicial aún mayor. A los dos últimos Presidents de la Generalitat no los ha elegido nadie, son el títere de un calamitoso y el títere del títere. Pero como los cargos tienen más peso que las personas que los ocupan —como si estuviéramos en tiempos de los emperadores romanos más trastornados, de Calígula a Nerón—, el títere mandó y el títere del títere manda, o se deja mandar a distancia por el primer títere desquiciado y mantenido por el erario. Aunque sea sabido que los títeres se desmadejan y caen al primer manotazo de los matones, una parte de los catalanes, que siempre fueron astutos y laboriosos, realistas y excelente jugadores de póker, aplauden hechizados a sus peleles parasitarios y han roto la baraja, instalándose en el territorio de las hadas (maléficas), con la gran complicidad de Esquerra RC.

De Podemos y de Vox poco hay que hablar. El primer partido está en manos de una pareja narcisista, como lo era la que formaron Juan Domingo y Evita Perón. Ya sólo cabe observar, con curiosidad, la magnitud de la ambición de sus dirigentes. En cuanto al segundo, es sólo una caricatura acartonada del franquismo que conocimos en persona quienes contamos cierta edad. Yo lo padecí durante veinticuatro años, suficientes para reconocer al instante el tufo y las arengas lerdas de aquella dictadura. Habrá gente que quiera volver a ella, porque masoquistas existen en todas partes. Pero la mayoría de los españoles, por suerte, no parecen dispuestos a someterse de nuevo a ningún Sade grotesco, iletrado y barato.

Salvo los incondicionales de cada formación, ninguno queremos ir a votar otra vez a una galería de inútiles y avariciosos, de megalómanos y enajenados. He ahí el problema: si no votan más que los incondicionales, serán ellos los que decidan por nosotros. Ellos auparon a estos candidatos y nos los impusieron. Y lo cierto es que, aunque luego presuman, los políticos, cuando sacan buenos resultados, saben que los votos son prestados y no gobiernan sólo para los suyos. Eso ya sería un enorme avance en estos tiempos tribales, tanto si lo ven ustedes ahora como si no.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 3 de noviembre de 2019