El español Javier Marías encanta con su nueva novela

AEM Anuncio cortoLo malo de esta novela no es que empiece, sino que se termine; uno no quisiera salir de ella nunca, es verdaderamente hipnótica. Después de Los enamoramientos (con la que nos enamoró aún más de su narrativa), en Así empieza lo malo, esta nueva, extensa y exquisita novela, volvemos a encontrar a un Marías descomunal y en su cúspide.

Su prosa es impecable, no se lee, sino que se paladea; su humor, agudo, negro y fino, acecha en cada página; la mordacidad con que acomete la psicología y la sexualidad de sus personajes es arrolladora. Hasta pesar inspira Muriel, uno de esos fachos aristocráticos que, muertos Franco y el franquismo, supieron acomodarse y pasar agachados para que nadie les ajustara cuentas. Le encomienda a su joven amigo, de Vere, la misión de espiar a su amiguete de toda la vida, el solapado Doctor Van Vechten, sin sospechar siquiera que este tiene trato más que íntimo con la misma señora de Muriel.

La forma como Marías narra esos encuentros flaubertianos y el efecto sicológico que tienen en el narrador espía pagan la lectura de la novela:

“Me entró pudor, pese a sentirme bastante a cubierto detrás del árbol, me asomaba lo justo, media pupila de nuevo. Ya no era que me diera apuro ser visto, sino que me creaban mala conciencia tanto espionaje y estar viendo lo que veía ahora (…). Sí, sentí vergüenza pero miré y miré el rostro a través de la ventana, casi aplastado contra ella en algún momento –algo de vaho–, a veces es difícil distinguir a qué responde la expresión de una mujer…”.

Marías, más filosófico que nunca, retoma sus temáticas favoritas, esas en las que en su tratamiento ningún novelista de habla hispana lo supera: el engaño (“Vivir en el engaño es fácil y es nuestra condición natural”), el matrimonio (fracasado), la hipocresía religiosa, la gazmoñería burguesa, los sentimientos contradictorios (en realidad es un profundo conocedor o explorador de las emociones y de las pasiones, sobre todo las bajas); las referencias a Shakespeare, que no faltan, y menos cuando el protagonista lleva el apellido del noble al que los ingleses le quieren endilgar la autoría de las obras del Cisne del Avon; el cine, sobre todo el de antes, y, por los laditos, las secuelas del franquismo, pues recuerda el pacto social al que se acogieron víctimas y victimarios con tal de vivir en paz: si para que el país sea normal y no volvamos a matarnos es necesario que nadie pague, hagamos trizas las facturas y comencemos otra vez. El precio es asumible, porque al fin y al cabo tendremos a cambio, si no el país que quisimos tener, uno que se le parecerá.

Cualquiera pensaría que Marías estaría dando un consejo a propósito del actual proceso de paz en Colombia, pero no. Se trata simplemente de la voz de un personaje de una novela que lo que tiene de malo es que al cabo de más de 500 páginas se termina.

JORGE IVÁN PARRA

Tiempo (Colombia), 5 de diciembre de 2014