‘Juan II de Redonda’, por Javier Marías

JWT en RJon Wynne-Tyson y yo nos hemos visto una sola vez en persona, y fue adecuadamente un 23 de abril, que en España es el Día del Libro y la fecha en que murió Miguel de Cervantes. En la misma fecha del mismo año murió también William Shakespeare, aunque al parecer los calendarios español e inglés fueran levemente distintos en 1616. Era 1997 cuando Jon y yo nos vimos.

Me citó para almorzar en el Basil Street Hotel de Londres, después de habernos cruzado unas cuantas cartas tímidas, sigilosas y casi sinuosas en las que a mí me costó saber que lo que él me estaba proponiendo era “abdicar” de su título de Rey de Redonda en favor mío. Jon estaba cansado de aquella “tarea indeseada”, o más bien de los ataques y acosos de otros “aspirantes al trono” con los que quizá había cometido la imprudencia de enzarzarse en discusiones, de responder a sus reclamaciones e intentar razonar con ellos. Él conocía mis novelas y quería que su “heredero” fuera un escritor de verdad, que además se hubiera interesado y ocupado de la muy literaria leyenda redondina en sus escritos, como había hecho yo en Todas las almas y volví a hacer en 1998 en Negra espalda del tiempo.

Pero, claro está, antes de tomar una decisión definitiva deseaba verme y conocerme personalmente, aunque fuera una vez. Ya no recuerdo con nitidez nuestra conversación durante el almuerzo, pero sí que después me llevó a su casa, creo que para que también me viera y conociera su mujer, Jennifer, y una hermana de ella que estaba allí. Tuve la impresión de que Jon necesitaba el visto bueno o la aprobación de Jennifer, como si se fiara más de su criterio que del propio. Conservo el recuerdo de una mujer dulce, sonriente y afectuosa, a la que no debí de parecer mal del todo. Yo tenía entonces cuarenta y cinco años y probablemente parecía más joven. Quizá eso ayudó a que Jennifer me considerara con benevolencia.

Una vez hecho el “traspaso de poderes”; una vez que me convertí en albacea literario y en propietario de los derechos de autor de los anteriores “Reyes”, M P Shiel y John Gawsworth o Felipe I y Juan I; una vez nombrado nuevo “monarca” de Redonda, Jon y yo hemos hablado varias veces por teléfono y nos hemos escrito numerosas cartas. Las suyas, incluso ahora, cuando se acerca a los noventa años, son siempre inteligentes, estimulantes, llenas de humor y con un inglés tan perfeccionado que en ocasiones me cuesta un poco entenderlo (a mí, que en su día traduje Tristram Shandy de Sterne, y a Sir Thomas Browne, y a Joseph Conrad y a Yeats y a Hardy y a Wallace Stevens). Cada vez que recibo un sobre suyo es un gran motivo de alegría.

He intentado llevar su legado de la mejor manera posible: con dignidad, sin incurrir en baraturas, sin hacer el ridículo y procurando que eso afectara poco a mi nombre como novelista, que ya había empezado a establecerse cuando, a los diecinueve años, publiqué mi primera novela en España. Una de las cosas que más me satisfacen es notar que Jon Wynne.Tyson no se ha arrepentido de su elección, que juzga no haberse equivocado. O quizá fue Jennifer la que no se equivocó.

En cuanto a la parte más ardua de la “tarea”, yo no la he padecido. Como ya le anuncié a Jon durante aquel almuerzo del Basil Street Hotel, no he entrado en “disputas dinásticas”, no he litigado con ningún usurpador ni pretendiente a la corona redondina. Creo que le dije algo así como: “That would be the only kingly thing to do”. Que él, durante su “reinado”, se comportara de manera distinta no lo convierte en absoluto en un “Rey” menor, y habla sólo de su buena fe y su delicadeza hacia los demás, incluso hacia los farsantes y aprovechados. Aún más larga vida a Juan II.

JAVIER MARÍAS


‘Juan II of Redonda’