SILLÓN DE OREJAS. ‘Abdicaciones’

URDPAhora que a casi todo el mundo le ha dado por abdicar —incluyendo entre las abdicaciones las renuncias a seguir trabajando de dos de mis reyes favoritos: Philip Roth y Jean Luc Godard—, el único que parece seguir inconmovible en su trono inmaterial y literario es Javier Marías, actual monarca de la isla caribeña de Redonda, despreocupado de los pronunciamientos republicanos de alguno de sus cortesanos. Testarudo y contumaz, pero siempre muy atento a la recepción y procesamiento de su obra —ahí tienen, sólo para abrir boca y mercadotecnia, sus tempranas manifestaciones acerca de su nueva novela Así empieza lo malo, que no aparecerá hasta septiembre—, resulta porfiado hasta en sus errores. Porque feliz error —en sentido estrictamente comercial— es esa carrera de editor exquisito en la que persiste tozudamente, a pesar de que pierde dinero casi con cada libro que publica, por más que el catálogo de Reino de Redonda esté repleto de deslumbrantes joyas y alguna bisutería de lujo de las que hacen las delicias de connaisseurs y amantes de las rarezas. Su última entrega, Un reguero de pólvora, de Rebecca West (prólogo de Agustín Díaz Yanes), pertenece a la primera categoría. En un momento en que, quizás ahítos de tanta ficción clónica, los lectores recurren a la crónica en busca de más refrescantes narratividades, estos ensayos de la señora West —por cierto, duquesa de Redonda desde 1951, durante el reinado más bien dipsómano de John Gawsworth— en torno a juicios sonados o menores, resultan una lectura más que agradecida. El más extenso de ellos, Invernadero con ciclámenes compuesto en tres partes escritas entre 1946 y 1954, fue en su origen un reportaje sobre los procesos de Núremberg que le encargó The New Yorker, tres lustros antes del que encargaría a Hannah Arendt sobre el juicio de Adolf Eichmann. La crónica de West tiene la contundencia de la inmediatez y de la cercanía al horror, lo que le confiere un especial interés que se incrementa con sus observaciones de primera mano acerca de la psicología de los acusados. Los otros tres ensayos se refieren a asuntos más domésticos, pero en ellos también se examinan con lucidez y buen hacer literario los eternos mecanismos del crimen, el castigo y el perdón, motivos, por cierto, muy presentes en las novelas de Xavier I, nom de trône del señor Marías.

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País, Babelia, 14 de junio de 2014