Vargas Llosa, Marías y Pérez-Reverte desvelan sus secretos

Samuel Sánchez

Samuel Sánchez

Los tres escritores dialogan en la celebración de los 50 años de Alfaguara

Silencio. Unos 840 lectores escuchan atentos las historias, revelaciones, vericuetos y cotidianidades literarias y felicidades irrepetibles contadas de viva voz por Mario Vargas Llosa, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Mientras Marías de muy niño casi odiaba los libros porque le quitaban espacio para jugar, Pérez-Reverte jugaba con ellos creando barricadas y Vargas Llosa, que aprendió a leer a los cinco años, le pedía cada 25 de diciembre al niño Dios que le regalara libros y más libros.

Entre el silencio, risas sacadas por un Nobel y dos de los más destacados escritores del idioma español —los tres académicos de la Lengua— al compartir su pasión con el público en los Teatros del Canal, de Madrid. Lo hicieron dentro de uno de los principales actos de celebración de los 50 años de su editorial: Alfaguara.

Murmullos en poco más de hora y media de recorrido por la trastienda de tres grandes autores como creadores y en su tránsito hacia su fin último: el público. En el escenario, bajo varios focos de luz, los tres de camisa blanca, recordaron el primer encuentro con los libros, luego sus primeros escritos, después se encaminaron por la ruta que los lleva a la concepción de su literatura. Hablaban de sus vidas. De la felicidad. Más anécdotas y más secretos desgranados bajo la moderación de Pilar Reyes, su editora: “Un momento emocionante estar con tres figuras icónicas de nuestro catálogo y que representan a la figura más importante de la editorial: el autor”.

Una nube de dudas, titubeos e inseguridades a la hora de escribir los identifica. Vacilaciones que aumentan con los años. Los une también el hecho de que el descubrimiento de la lectura en la infancia se les convirtió en el mejor placer. Después no es que quisieran ser escritores, sino que querían escribir para prolongar las historias que les gustaban, o que no les gustaban para cambiarles el final.

Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936), Nobel en 2010 y entusiasta crítico de libros también, debutó hace 55 años, en 1959, con el volumen de cuentos Los jefes. Estaba en París. Allí reafirmó su vocación y descubrió a los autores latinoamericanos que habrían de formar aquella feliz escandalera llamada boom. Él es uno de sus pilares. No sabe aún que le preguntarán qué se siente el saberse el último mohicano de una época fascinante de la literatura.

Más de 800 personas escucharon atentas la trastienda de sus autores favoritos
Marías (Madrid, 1951) publicó su primera novela en 1971: Los dominios del lobo. Gran admirador de William Shakespeare, el autor de Mañana en la batalla piensa en mí y Tu rostro mañana ha reconocido varias veces que la grandeza y misterio del dramaturgo inglés lo invitan a escribir: “Me espolean e incluso me dan ideas”. Por eso cuando Vargas Llosa le pregunta qué escritor le hubiera gustado ser si pudiera elegir, se decanta por el genio británico porque, dice, “nunca acabo de entender cómo funciona su cabeza”.

Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) empezó en la narrativa en 1986 con El húsar. Curtido en el periodismo, 15 novelas y muchos artículos de prensa acompañan al autor de títulos como El club Dumas, La reina del sur y El francotirador paciente. Él hubiera querido ser Joseph Conrad, “porque fue marino antes que escritor, y hay autores como él que envejecen bien y siempre sorprenden”.

Un escritor serio es lo que ha leído, lo que ha vivido más lo que imagina, asegura Pérez-Reverte. Todos coinciden en que las historias los buscan a ellos. Él y Vargas Llosa reconocen que suelen tener temas en nevera y que les produce cierta melancolía el saber que no los podrán escribir, ya que cada libro tiene su momento. “¡Qué envidia me dais!”, exclama Marías. Dice que a él eso no le ocurre: una vez que termina un libro no sabe lo que viene.

En medio de risas, llega la pregunta a Vargas Llosa, formulada por Pérez-Reverte: “¿Cómo se siente al ser el último de los mohicanos y saber que va a apagar la luz de una época…?”. El autor de La casa verde y Conversación en La Catedral ríe. Más de 800 personas ríen con él. Y contesta: “No lo sé”. Pero confesó que hay experiencias que obligan a la modestia: “Un día iba en un avión a Canarias y una azafata me dijo que un pasajero me admiraba mucho y quería conocerme. Acepté. Él se acercó conmovido y me dijo: ‘No sabe lo importante que han sido usted y sus libros en mi vida’. Y ahí vino la cuchillada: ‘Cien años de soledad ha sido muy importante’. No me atreví a decepcionarlo y decirle que yo no era García Márquez”. Todos ríen, mientras concluye: “Así suplanté a García Márquez”.

Y siguieron más historias reales de estos creadores de ficción. Fue por la celebración de este medio siglo de Alfaguara, que se cumplirá este otoño, y que empezó en diciembre pasado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). Un sello que nació en 1964 por iniciativa del constructor Jesús Huarte y bajo la dirección de Camilo José Cela y sus hermanos Juan Carlos y Jorge. En 1975 la editorial tomó un nuevo rumbo bajo la dirección de Jaime Salinas que alentó su vocación contemporánea. Con Salinas llegó Enric Satué, encargado de diseñar esas portadas azules exquisitas. En 1980, la editorial entró a formar parte del Grupo Santillana (del Grupo Prisa, editor de EL PAÍS). En 1993 empezó Alfaguara Global, con edición simultánea en España y América Latina. En marzo de 2014, Santillana vendió Ediciones Generales, que incluye este sello, a Penguin Random House, del grupo Bertelsmann. Con esta operación, Santillana busca centrar y reforzar su línea educativa de gran tradición y presencia en España y América Latina, donde es líder. Sigue una vocación transatlántica donde autores como Mario Vargas Llosa, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte borran las fronteras.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 13 de mayo de 2014

los-tres-abrir-

Vargas Llosa, Pérez-Reverte y Marías reviven su pasión por la literatura

Si a Javier Marías le dieran la posibilidad de convertirse en otro escritor, elegiría sin dudar a Shakespeare, mientras que a Arturo Pérez-Reverte le hubiera “gustado ser Conrad” y a Mario Vargas Llosa “nunca” le han decepcionado ni Flaubert ni Faulkner.

La pasión que Vargas Llosa, Marías y Pérez-Reverte sienten por esos otros grandes autores, y por el oficio de escritor, quedó hoy patente en el diálogo que mantuvieron los tres en los Teatros del Canal con motivo del 50 aniversario de la editorial Alfaguara, el sello en el que publican desde hace años.

Ante un público entregado desde el principio y que abarrotaba la sala mayor del edificio, los tres escritores hablaron de la importancia que tuvieron para ellos las lecturas de su infancia, de sus comienzos en la literatura, de la inseguridad que suele acompañar a este oficio y de los autores que han ido envejeciendo con ellos y que nunca les han defraudado.

Estos tres escritores son pesos pesados de la literatura hispánica, están traducidos a multitud de idiomas y cosechan numerosos premios, pero Mario Vargas Llosa es el escritor vivo más importante de la lengua española y Pérez Reverte lo reconoció de forma muy gráfica:

“Vargas Llosa es la historia de la Literatura, mientras que yo soy una nota a pie de página”, decía el creador del capitán Alatriste, en tanto que Javier Marías se ve tan solo como “una nota del traductor”.

No es frecuente reunir a escritores de la categoría de los tres que coincidieron hoy en los Teatros del Canal y así lo hizo ver Pilar Reyes, la directora de Alfaguara, cuando se los presentó al público y dijo que el encuentro de esta noche es como si se hubiera logrado “reunir a Dumas, a Marcel Proust y a Flaubert”.

“Me quedo con Dumas”, aseguró Marías al comienzo de ese diálogo que moderó Reyes y que estuvo salpicado de anécdotas y de buen humor.

Aprender a leer cambió la vida del escritor peruano, Premio Nobel de Literatura. Fue “una experiencia maravillosa” que enriqueció su infancia “de manera increíble”. Todavía hoy, a sus 78 años, “la lectura sigue siendo el mejor de los placeres, la experiencia suprema”.

Desde muy niño, Vargas Llosa sintió que ser escritor “era lo más maravilloso del mundo”, una opinión que su padre, muy autoritario, no compartía en absoluto y que por eso le puso todas las trabas que pudo al futuro escritor.

“Yo temía a mi padre y una de las maneras de resistir esa autoridad fue dedicarme a ser escritor. Así burlaba su autoridad aplastante”, confesaba hoy el autor de “La casa verde”.
“Nada se hace con tanto ahínco como lo que se hace por fastidiar”, decía Marías.

Los dos novelistas españoles crecieron en casas con buenas bibliotecas, algo que Marías “casi que odiaba” porque había tantos libros acumulados por todas partes que apenas le quedaba “espacio para jugar a las chapas”.

Pero gracias a esos libros, el autor de “Corazón tan blanco” descubrió a autores como Julio Verne y Salgari y desde muy pronto quiso ser escritor, sobre todo para “emular” a los que más le gustaban a él y para contar las historias que más le entretenían.

Aunque la idea que Marías tenía del escritor cuando él era un niño no era nada positiva, y en ello influyó la visita que hizo junto con su padre, el filósofo Julián Marías, a casa de Azorín.
Al autor de “Tu rostro mañana” no le gustó nada el aspecto “desaseado” que tenía Azorín ni que la cama estuviera sin hacer. Y eso le produjo “una cierta aversión” a la idea de ser escritor.

Verne, Dumas, Dickens y Stevenson le sirvieron a Pérez-Reverte para aproximarse “a la gran literatura” y, con el paso del tiempo, también le sirvieron para sobrellevar las durezas de los 21 años en los que fue reportero de guerra. Aquellas lecturas y las que vendrían después le ayudaron “a digerir y a interpretar” lo que veía.

El autor de “El club Dumas” es “un escritor tardío”. Nunca había querido dedicarse a la literatura, pero a la vuelta de una de esas guerras que cubría como reportero, “y con muchas cosas desagradables en la mochila”, sintió la necesidad de reflexionar sobre todo lo que había vivido y de “ordenar el caos” que había dejado atrás. Así se hizo novelista.

Tuvo suerte, sus libros funcionaron bien y a partir de la tercera novela ya pudo dedicarse de lleno a la literatura. “Pero sigo siendo un escritor accidental, un marino lector que accidentalmente escribe novelas”, señalaba Pérez-Reverte, que ha reflejado su pasión por el mar y por la navegación en varios libros.

Vargas Llosa y Marías han sentido “siempre una gran inseguridad” a la hora de escribir. Y con el paso del tiempo, “esto no ha cambiado nada; la inseguridad permanece”, aseguraba el novelista peruano.

“De pronto hay algo que encaja, que hace verosímil lo que escribes y eso es enormemente enriquecedor”, decía Vargas Llosa.

Al novelista peruano “nunca” le decepcionaron Flaubert ni Faulkner, y siempre siente “la misma emoción” cuando lee sus novelas, pero no le sucede lo mismo con Sartre, un escritor al que de joven leyó “con entusiasmo”, pero ya no puede hacerlo “sin sentir que estaba profundamente equivocado”.

“Escribía un pésimo francés, de frases largas y complicadas, de oscuridades tramposas. Sartre es un escritor que se me ha desplomado”, afirmaba Vargas Llosa.

“¿Qué se siente siendo el último de los mohicanos?”, le preguntaba con admiración Pérez-Reverte a Vargas Llosa, quien contaba que ante los múltiples premios y reconocimientos que ha recibido, se siente a veces “un poco desconcertado, pero hay experiencias que obligatoriamente te vuelven modestos”.

Y eso fue lo que le pasó en un viaje en avión a Las Palmas de Gran Canaria, cuando un viajero se acercó a Vargas Llosa y, “profundamente conmovido”, le dijo lo importante que habían sido sus novelas para él, en especial “Cien años de soledad”.

“No me atreví a decirle que yo no era García Márquez. Le di la mano al señor y acabé suplantando a García Márquez”, comentó Vargas Llosa entre las carcajadas del público.

ANA MENDOZA

Efe, 13 de mayo de 2014

Curro Cañete

Curro Cañete

El Mundo

La Vanguardia

El Universal

Europa Press

La Verdad

El Diario

Vanity Fair

Infobae

Telediario. [48’22”]