Marías enamora a los Estados Unidos

LE USLos enamoramientos de Javier Marías finalista del National Book Critics Circle Awards

Los enamoramientos, de Javier Marías, ha sido seleccionada una de las cinco finalistas del National Book Critics Circle Awards como mejor novela publicada en Estados Unidos en 2013.

El National Book Critics Circle Awards, fundado en 1974 en el Hotel Algonquin, está considerado como uno de los premios más prestigiosos de las letras americanas, y es el único galardón otorgado por un jurado compuesto por más de 600 críticos y directores de suplementos y revistas literarias. El premio -que en anteriores ediciones han ganado autores como Ian McEwan, Alice Munro, Roberto Bolaño, Cormac McCarthy y John Cheever, entre otros- se fallará el próximo 13 de marzo.

Además, Los enamoramientos, de Javier Marías, fue seleccionada por el diario The New York Times entre las 100 mejores obras de ficción de 2013. La novela se publicó este verano en Estados Unidos y en las primeras semanas apareció en las principales listas de los libros más vendidos y fue, además, portada de The New York Times Book Review. La crítica ha acogido Los enamoramientos con gran entusiasmo:

«Sea lo que sea que creamos que vaya a suceder mientras leemos, estamos eligiendo pasar tiempo en compañía de un autor. En el caso de Javier Marías, se trata de una buena decisión; su mente es profunda, aguda, a veces chocante, a veces hilarante, y siempre inteligente […]. Macbeth nos recuerda que Shakespeare no trazaba distinciones fastidiosas entre misterios sobre asesinatos y alta literatura, y no hay razón para que Marías tampoco lo haga […]. Tiene una empatía penetrante… Para sus seguidores habituales, Los enamoramientos será otro feliz desembarco de Marías; para el nuevo lector es tan buen punto de partida como cualquier otro de sus libros.»

The New York Times Book Review

«Es fácil entender por qué el nombre de Javier Marías se menciona a menudo en las discusiones sobre los potenciales ganadores del Premio Nobel de Literatura ya que Los enamoramientos aborda temas que atacan al corazón mismo de la condición humana. Marías entrelaza argumentos filosóficos, literatura clásica y conversaciones tanto reales como imaginadas que dan forma a una caleidoscópica obra de arte. Un libro para ser saboreado, discutido y releído.»

The Gazette

Los enamoramientos fue elegida mejor libro del año por Babelia en 2011 y recibió el XIV Premio Qué Leer que otorgan los lectores de esta revista literaria. Los enamoramientos ya se ha traducido o está siendo traducida a un total de 29 lenguas.

Alfaguara

Enam

Los enamoramientos, de Javier Marías, finalista al premio de la crítica en EE UU

Los enamoramientos, la última novela de Javier Marías, sigue su éxito imparable de público y crítica: es una de las cinco finalistas al National Book Critics Circle Awards de Estados Unidos en el año 2013. Una selección hecha por 600 críticos y directores de suplementos y revistas literarias cuyo ganador se dará a conocer el 13 de marzo. “Ha sido una agradable sorpresa que no hubiera imaginado y que considero un honor”, cuenta el escritor madrileño.

En esta edición, Marías es el único hombre entre los finalistas y su obra la única traducida. Junto a él figuran las escritoras Chimamanda Ngozi Adichie, por Americanah (que en marzo publicará Random House); Alice McDermott, por Someone; Ruth Ozeki, por A Tale for the Time Being, y Donna Tartt por El jilguero (que en marzo publicará Lumen). Una situación, asegura Marías, que “no tiene mucho de particular porque las mujeres han adquirido mayor visibilidad y muchas con una gran calidad literaria, además de ser las que más leen en todas partes”.

La elección de Los enamoramientos como una de las cinco mejores novelas, por parte de los críticos, no deja de sorprender al escritor español, teniendo en cuenta que en Estados Unidos solo se traduce el 3% de su producción editorial. En su caso, 14 de sus libros como Tu rostro mañana, Corazón tan blanco y Todas las almas.

La historia de Los enamoramientos (traducida ya a 29 idiomas), narrada por María Dolz, cuenta los hechos trágicos y misteriosos de una muerte y los diferentes estados y estadios que se vive alrededor del enamoramiento, a la vez que aparecen temas como la impunidad, el azar, las relaciones, la mentira y, claro, el tiempo. La novela, publicada el verano pasado en Estados Unidos, recibió las mejores críticas de los medios como quedó patente en la portada de The New York Times Book Review.

Javier Marías, que está en la última fase de su nueva novela, dice que no le preocupa si gana o no porque el estar en esa selección, insiste, ya es un honor y cree que las posibilidades son pocas.

Los National Book Critics Circle, creados en 1974 reconocen las obras en las categorías de ficción, no ficción, biografía, autobiografía, poesía y crítica publicados en Estados Unidos. Solo una novela en español ha obtenido ese premio en sus 40 años: Roberto Bolaño por 2666. Entre los ganadores figuran escritores como Alice Munro, Philip Roth, Cormac McCarthy, Louise Erdrich, Ian McEwan y John Cheever.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 29 de enero de 2014

La Vanguardia

Abc

El Universal

Europa Press

Tele Cinco

Diario Vasco

Diario de León

El Diario

La Nueva España

Euronews

Anuncios

LA ZONA FANTASMA. 26 de enero de 2014. Entre el ridículo y la mansedumbre

Algunos lectores saben que cada dos por tres me pregunto qué diablos llevo haciendo tanto tiempo en esta última página de El País Semanal. Pero hay dos fechas al año en que de veras me planteo dejarla: una es cuando acaba el “curso” en julio y me tomo mi asueto de agosto; la otra es enero, por aquello de los buenos propósitos. Entre los míos siempre se cuenta, durante unos días y en forma de duda, el de callarme de una vez. Y a cada enero la tentación es más fuerte, aunque sólo sea por la acumulación del cansancio (a los once años aquí hay que sumar los ocho anteriores en que también escribí cada domingo en otro lugar; luego diecinueve en total). Además, ya lo decía hace poco la carta publicada de un lector tan amable que incluso me llamaba “Don Javier”: “… es como si predicase en el desierto; parece que nadie le hace el menor caso…” Bueno, sería pretencioso aspirar a lo contrario, supongo, pero la constatación lo lleva a uno a preguntarse –y a extender la pregunta a todos los demás escritores y columnistas–: “¿Qué pretendemos, entonces? ¿Distraer, acompañar en la indignación, consolar, halagar, desahogarnos, amargar el desayuno a algunos políticos, financieros, empresarios, jueces?”

Tampoco ayudan a proseguir las declaraciones que leo de un novelista que aprecio, el cual, interrogado por el papel de los intelectuales ante las actuales crisis, responde: “No tienen ningún papel. Es ridículo pensar que sí, que pueden influir en nada. Seamos sinceros: el poder es poder porque no cuenta con nadie. Por tanto, todo el que desde un lateral intente influir es ridículo. El escritor libre, el que no está relacionado con una opción política, no influye”. Y remata así: “Lo que digo es que, si el alcalde dice que hay que hacer el puente, el puente se hace. Digan lo que digan los intelectuales”. En esto último no me cabe duda de que lo asiste la razón, y aún habría que añadir: “Digan lo que digan los ciudadanos”. Esa es la manera en que se ejerce normalmente el poder en España en la actualidad –puro caciquismo–, y más si se posee mayoría absoluta. ¿O no salta a la vista que es la forma de gobernar del PP, de CiU, del PNV, del PSOE, con distintos grados? ¿No es evidente que Rajoy se dijo, al ganar las elecciones: “Dispongo de cuatro años para hacer lo que me dé la gana. No me importa incumplir mis promesas y engañar, me trae sin cuidado a quién dañe y a cuántos, el perjuicio irreversible que cause a mi país. Voy a poner España a mi gusto y al de los míos, en contra de la opinión de los médicos, los profesores, estudiantes y rectores, los jueces y fiscales, los pensionistas, los trabajadores, las clases medias, los pequeños empresarios, los artistas, los científicos, los investigadores, los parados, los dependientes, las mujeres y no digamos los intelectuales. Ya se me ocurrirá un nuevo fraude, cuando toque volver a votar”?

Respecto a las otras afirmaciones de ese novelista, uno no quiere pensarlo, pero no puede evitar pensarlo un poco, de refilón: ¿acaso no suenan a autojustificación? Puesto que es ridículo creer que desempeñamos algún papel, lo es también pronunciarse, acusar a los corruptos y a los sin escrúpulos y a los dañinos, denunciar los abusos y las injusticias y las canalladas, tratar de abrir los ojos a quienes los tienen cerrados, procurar que la gente repare en lo que se le ha pasado por alto, argumentar contra las arbitrariedades, señalar las prácticas dictatoriales ejercidas en democracia (las hay, y de ellas vengo hablando hace meses), protestar contra las nuevas leyes que privan de derechos y libertades, advertir del deslizamiento hacia formas despóticas de gobernar. Lo aconsejable –y también lo más cómodo– es no caer en ese ridículo, o bien dejar de ser “escritor libre” y ponerse al servicio de “una opción política” determinada. Es decir, convertirse en peón, alfil o torre de un partido, única vía para “influir”. No por intelectual, se entiende, sino por infiltrado: por formar parte del aparato y del engranaje.

¿Servimos de algo o somos efectivamente ridículos? ¿Deberíamos continuar o guardar silencio? Son dudas reales, no retóricas, ojo: no descarto que ese reputado novelista esté en lo cierto. Claro que luego hay otros a los que, para realzarse, les conviene faltar a la verdad y asegurar que ninguno de sus colegas ha estado a la altura. Si hablamos caemos en el ridículo, y si no, nos portamos como cobardes e incurrimos en mansedumbre. Yo carezco de respuesta a este dilema, y además sería parte interesada. Admito que tal vez no influimos y que nuestros pataleos son estériles. Pero de una cosa estoy seguro: ay si ni siquiera existiésemos, si nadie dijera nunca nada, si no incomodáramos e hiciéramos rabiar un poco a los políticos que nos acogotan y que además quieren aplausos. La única prueba que veo de nuestra no absoluta inutilidad es que esos políticos, que desde luego no nos hacen caso y se encogen de hombros ante nuestros griteríos, preferirían a buen seguro que desapareciésemos. Que no llamáramos la atención de quienes se molestan en leernos, ni los hiciéramos pensar, o mirar lo que pasa desde otro punto de vista del impuesto por los gobernantes, todos los días, con las televisiones a sus pies. Que no señaláramos sus abusos y sus imbecilidades, su cinismo y su desfachatez, sus razonamientos grotescos que ya no tratan ni de adecentar. Ay si además de ocurrir cuanto ocurre, uno abriera los periódicos y no se encontrara en ellos más que asentimiento e indiferencia y silencio, solamente por temor al ridículo.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 26 de enero de 2014

LA ZONA FANTASMA. 19 de enero de 2014. Pequeño comentario de texto

Hay énfasis que delatan, rotundidades que llevan a no creer a quien incurre en ellas. Cuando alguien subraya demasiado, tengo tendencia a pensar que está mintiendo. Cuando repite la misma frase tres veces, como suelen hacer tantos políticos, aumenta mi convencimiento de que la triple afirmación o negación es una falsedad palmaria. Claro que no es una regla, uno puede equivocarse. Es sólo una impresión, y rara vez se puede comprobar lo acertado o equivocado de ella. Ciertos énfasis, sin embargo, son tan retorcidos e inauditos que merecen un pequeño comentario de texto. Esperanza Aguirre respondió el mes pasado –bueno, es un decir–, por escrito y en calidad de testigo, a 300 preguntas relacionadas con la trama Gürtel, que durante su presidencia logró la concesión de casi todos los actos de la Comunidad de Madrid y ganó muchísimo dinero. Tanto que al parecer le pagaba un 10% de mordida a Alberto López Viejo, viceconsejero de Presidencia y luego consejero de Deportes durante años. El hombre no perdonaba un “evento”. Cito de este diario: “Cobraba por todo. Daba igual el importe o de qué fuera el acto. Así, llegó a cobrar por la organización en 2005 del primer aniversario de los atentados del 11-M (2.848,27 euros) o por la del décimo del asesinato de Gregorio Ordóñez (127,10)… Y no había cantidad pequeña ni grande (10,51 por aquí, 27.995,16 por allí)”. Se calcula que se embolsó más de 282.000 por 257 (!) mordidas madrileñas. Claro que esto es nada al lado de los 5,6 millones de euros que acumuló en cinco años, así repartidos: 2,3 millones en 2002; 399.000 en 2003; 79.000 en 2006; 115.000 en 2007; 2,77 millones en 2008. Como diputado y cargo público, dependiendo de los ejercicios, declaraba unos ingresos de entre 61.000 y 103.000 euros anuales.

El individuo está imputado por su implicación en el presunto cobro de comisiones ilegales (la verdad, no extraña), y a Esperanza Aguirre se le preguntó por él (tampoco extraña). Y he aquí la respuesta de la ex-Presidenta, digna de análisis: “No era en absoluto hombre de mi total confianza”. Les ruego que la relean y se fijen en el absurdo que entraña. Lo normal habría sido decir una de tres: a) “No era de mi confianza” (pero entonces no se entendería que lo recuperara para su Gobierno, tras haberse caído del de Gallardón en el Ayuntamiento); b) “No era en absoluto de mi confianza” (pero aún sería más incongruente su debilidad por él); c) “No era de mi total confianza” (lo cual indicaría que se la tenía tan sólo parcial o relativa). Lo que Aguirre dijo es un contrasentido, una idiotez. Para evitar las inferencias que acabo de mencionar, recurre a una doble exageración o doble énfasis: “No era en absoluto de mi total confianza”. Contradicción en los términos: si López viejo no era de su total confianza, se deduce que alguna le merecía, por fuerza; ese en absoluto, por tanto, niega lo que ella afirma. No es posible tener una confianza parcial en alguien y a la vez no tenerla en absoluto. “En absoluto era total”, es lo que viene a decir la señora. ¿Y qué diablos era, entonces?

Pero veamos qué más declaró sobre su ex-viceconsejero y ex-consejero. Que ella no lo nombró, sino “el Consejo de Gobierno” (presidido por ella). Y añadió: “Yo no lo puse en la lista. Yo no lo incorporé”. Tampoco despachó “nunca” con él la organización de ningún acto. Una vez estallado el escándalo, le pidió que le aclarase si el Grupo Correa se estaba llevando todos los contratos de “eventos” de la Comunidad. “Yo no prohibí nada”, reconoció. “Llamé a López Viejo a mi despacho y le pregunté: ‘¿Es esto cierto?’ y él: ‘No, Presidenta. Muy al principio de llegar aquí se les encargó algo, pero ya nada. Ahora se les encargan los actos a…’, y me da una serie de nombres”. Y ella –subrayó– le creyó. (No olviden que “algo” fueron por lo menos 257 mordidas.) ¿Esperanza Aguirre una crédula, una prima, una pardilla? No sé yo. Y eso pese a que el sujeto no era en absoluto de su confianza. Ah, no, perdón: … de su total confianza. Lo raro es que, según El Mundo en 2009 (un diario casi incondicional de ella; los subrayados son míos), López Viejo “fue rescatado por Aguirre, que, tras investigarlo, decidió meterlo en sus listas a las elecciones. Desde entonces se convirtió en uno de sus hombres fuertes… Las acusaciones de irregularidades dejaron finalmente a López Viejo sin una consejería propia, como tenía pensado para él Aguirre, que lo nombró viceconsejero de Presidencia. Llevaba la agenda de Aguirre y hacía las veces de su guardaespaldas –algún que otro periodista se llevó algún empellón suyo–… En 2007 lo nombró consejero de Deportes, una cartera de nuevo cuño sin competencias, pero que le dio notoriedad al salir fotografiado con deportistas de élite”. Ustedes dirán quién ha mentido, si los diarios o Aguirre ante el juez Ruz, y por escrito (“Yo no lo nombré, no lo incorporé, no lo puse en la lista”).

Creo que hace muchos años crucé un par de cartas con López Viejo, cuando era Concejal de Limpieza Urbana y Desarrollo en la alcaldía de su mentor Álvarez del Manzano, a la que llegó en 1999. Tendría que buscar las suyas (¿quizá otro día?), pero recuerdo que las chorradas con que contestó a una protesta mía fueron tales que lo “fiché” ya como caradura y cantamañanas, indigno de la menor confianza. Curioso que, tras investigarlo y todo, Esperanza Aguirre llevara a sujeto tan transparente a su equipo y le creyera, pese a no ser en absoluto de su total confianza. Claro que sí lo era parcialmente,… y vuelta a empezar con el sinsentido.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 19 de enero de 2014

 

‘The Infatuations’ finalista de The National Book Critics Circle Awards

T I camisa
NATIONAL BOOK CRITICS CIRCLE ANNOUNCES ITS FINALISTS FOR PUBLISHING YEAR 2013
The National Book Critics Circle today announced its 30 finalists in six categories -autobiography, biography, criticism, fiction, nonfiction, and poetry- for the best books of 2013. The winners of an additional three prizes were announced as well. The National Book Critics Circle Awards, founded in 1974 at the Algonquin Hotel and considered among the most prestigious in American letters, are the sole prizes bestowed by a jury of working critics and book-review editors. The awards will be presented on March 13 at the New School, in a ceremony that is free and open to the public.

NATIONAL BOOK CRITICS CIRCLE FINALISTS, PUBLISHING YEAR 2013:

FICTION

Chimamanda Ngozi Adichie, Americanah (Knopf)
Alice McDermott, Someone (Farrar, Straus & Giroux)
Javier MaríasThe Infatuations, translated by Margaret Jull Costa (Knopf)
Ruth Ozeki, A Tale for the Time Being (Viking)
Donna Tartt, The Goldfinch (Little, Brown)

Más información

ABOUT THE NATIONAL BOOK CRITICS CIRCLE

The National Book Critics Circle was founded in 1974 at New York’s legendary Algonquin Hotel by a group of the most influential critics of the day, and awarded its first set of honors the following year. Comprising nearly 600 working critics and book-review editors throughout the country, the NBCC annually bestows its awards in six categories, honoring the best books published in the past year in the United States. It is considered one of the most prestigious awards in the publishing industry. The finalists for the NBCC awards are nominated, evaluated, and selected by the 24-member board of directors, which consists of critics and editors from some of the country’s leading print and online publications, as well as critics whose works appear in these publications.

New York, January 13, 2014

The Washington Post
Los Angeles Times
The Boston Globe
Long Island Newsday,
Khaleej Times

LA ZONA FANTASMA. 12 de enero de 2014. La baraja rota

Yo ya no sé si, entre el grueso de la población, muchos se acuerdan de cómo nos regimos, ni de por qué. Cuando se decide convivir en comunidad y en paz, se produce, tácitamente o no, lo que suele conocerse como “contrato o pacto social”. No es cuestión de remontarse aquí a Hobbes ni a Locke ni a Rousseau, menos aún a los sofistas griegos. Se trata de ver y recordar a qué hemos renunciado voluntariamente cada uno, y a cambio de qué. Los ciudadanos deponen parte de su libertad de acción individual; abjuran de la ley del más fuerte, que nos llevaría a miniguerras constantes y particulares, o incluso colectivas; se abstienen de la acumulación indiscriminada de bienes basada en el mero poder de adquirirlos y en el abuso de éste; evitan el monopolio y el oligopolio; se dotan de leyes que ponen límites a las ansias de riqueza de unos pocos que empobrecen al conjunto y ahondan las desigualdades. Se comprometen a una serie de deberes, a refrenarse, a no avasallar, a respetar a las minorías y a los más desafortunados. Se desprenden de buena parte de sus ganancias legítimas y la entregan, en forma de impuestos, al Estado, representado transitoriamente por cada Gobierno elegido (hablamos, claro está, de regímenes democráticos). Por supuesto, dejan de lado su afán de venganza y depositan en los jueces la tarea de impartir justicia, de castigar los crímenes y delitos del tipo que sean: los asesinatos y las violaciones, pero también las estafas, el latrocinio, la malversación del dinero público e incluso el despilfarro injustificado.

A cambio de todo esto, a cambio de organizarse delegando en el Estado –es decir, en el Gobierno de turno–, éste se compromete a otorgar a los ciudadanos una serie de libertades y derechos, protección y justicia. Más concretamente, en nuestros tiempos y sociedades, educación y sanidad públicas, Ejército y policía públicos, jueces imparciales e independientes del poder político, libertad de opinión, de expresión y de prensa, libertad religiosa (también para ser ateo). Nuestro Estado acuerda no ser totalitario ni despótico, no intervenir en todos los órdenes y aspectos ni regularlos todos, no inmiscuirse en la vida privada de las personas ni en sus decisiones; pero también –es un equilibrio delicado– poner barreras a la capacidad de dominación de los más ricos y fuertes, impedir que el poder efectivo se concentre en unas pocas manos, o que quien posee un imperio mediático sea también Primer Ministro, como ha sucedido durante años con Berlusconi en Italia. Son sólo unos pocos ejemplos.

Lo cierto es que nuestro actual Gobierno del PP y de Rajoy, en sólo dos años, ha hecho trizas el contrato social. Si se privatizan la sanidad y la educación (con escaso disimulo), y resulta que el dinero destinado por la población a eso no va a parar a eso, sino que ésta debe pagar dos o tres veces sus tratamientos y medicinas, así como abonar unas tasas universitarias prohibitivas; si se tiende a privatizar el Ejército y la policía, y nos van a poder detener vigilantes de empresas privadas que no obedecerán al Gobierno, sino a sus jefes; si el Estado obliga a dar a luz a una criatura con malformaciones tan graves que la condenarán a una existencia de sufrimiento y de costosísima asistencia médica permanente, pero al mismo tiempo se desentiende de esa criatura en cuanto haya nacido (la “ayuda a los dependientes” se acabó con la llegada de Rajoy y Montoro); es decir, va a “proteger” al feto pero no al niño ni al adulto en que aquél se convertirá con el tiempo; si las carreteras están abandonadas; si se suben los impuestos sin cesar, directos e indirectos, y los salarios se congelan o bajan; si los bancos rescatados con el dinero de todos niegan los créditos a las pequeñas y medianas empresas; si además la Fiscalía Anticorrupción debería cambiar de una vez su nombre y llamarse Procorrupción, y los fiscales y jueces obedecen cada día más a los gobernantes, y no hay casi corrupto ni ladrón político castigado; si se nos coarta el derecho a la protesta y la crítica y se nos multa demencialmente por ejercerlo…

Llega un momento en el que no queda razón alguna para que los ciudadanos sigamos cumpliendo nuestra parte del pacto o contrato. Si el Estado es “adelgazado” –esto es, privatizado–, ¿por qué he de pagarle un sueldo al Presidente del Gobierno, y de ahí para abajo? ¿Por qué he de obedecer a unos vigilantes privados con los que yo no he firmado acuerdo? ¿Por qué unos soldados mercenarios habrían de acatar órdenes del Rey, máximo jefe del Ejército? ¿Por qué he de pagar impuestos a quien ha incumplido su parte del trato y no me proporciona, a cambio de ellos, ni sanidad ni educación ni investigación ni cultura ni seguridad directa ni carreteras en buen estado ni justicia justa, que son el motivo por el que se los he entregado? ¿Por qué este Gobierno delega o vende sus competencias al sector privado y a la vez me pone mil trabas para crear una empresa? ¿Por qué me prohíbe cada vez más cosas, si es “liberal”, según proclama? ¿Por qué me aumenta los impuestos a voluntad, si desiste de sus obligaciones? ¿Por qué cercena mis derechos e incrementa mis deberes, si tiene como política hacer continua dejación de sus funciones? ¿Por qué pretende ser “Estado” si lo que quiere es cargárselo? Hemos llegado a un punto en el que la “desobediencia civil” (otro viejo concepto que demasiados ignoran, quizá habrá que hablar de él otro día) está justificada. Si este Gobierno ha roto el contrato social, y la baraja, los ciudadanos no tenemos por qué respetarlo, ni que intentar seguir jugando.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 12 de enero de 2014

“La baraja de Marías”

Javier Marías y ‘Los Modlin’

Los Modlin
LOS MODLIN
PACO GÓMEZ
Fracaso Books, 2013

“Nelson estaba muerto […] Pero ¿cómo había sido su vida? […] Hice una búsqueda intensiva en internet y encontré pocos datos relevantes […] Una curiosa referencia a su nombre en un artículo de Javier Marías.

‘Fantasmas y antigüedades’

Modlin Agenda JM
[…] Por el artículo se podía deducir que Marías no recordaba a Nelson, pero pensé que quizá su memoria se refrescaría si le enseñaba alguna fotografía […] Le pregunté por Nelson.

-Poco puedo recordar de él, sólo que su nombre está en mi agenda desde hace muchos años. [Vídeo de la entrevista]

Al volver a casa llamé al teléfono que Marías tenía anotado en su agenda. Pensé que sería el número de la casa de Nelson, quizás me contestase Olga, la presentadora del telediario… Sin embargo, una voz al otro lado anunció:

-Archivo de Radio Nacional de España, dígame.” [pp. 45-48]

Más acerca de ‘The Infatuations’

The Infatuations recorteCatching up with Stuart Roberts

In an effort to get to know our Oxford University Press staff better, we’re featuring interviewing our staff in different offices.

[…]

What are you reading right now?

Javier Marías’ new novel The Infatuations. It’s a haunting, beautiful murder mystery. I’ve already gifted several copies. Bedside, I’m enjoying evenings with one of Oxford University Press (OUP)’s own — The Great Sea: A Human History of the Mediterranean. It’s an adventure story at heart.

Open the book you’re currently reading and turn to page 75. Tell us the title of the book, and the third sentence on that page.

The Infatuations: “All those speaking objects have been left dumb and meaningless, as if a blanket had been thrown over them to silence and soothe them, making them think that night has come, or as if they, too, regretted the loss of their owner and had withdrawn instantaneously, strangely aware that they had become redundant, futile, and were thinking: “What will we do here now?”

[…]

ALYSSA BENDER

Oxford University Press’s Blog, January 11, 2014

2013 a breakout year for unknown writers such as Drndic, Ledgard

Unlike 2012, 2013 was low on releases from heavyweight authors, but this was no bad thing, as it meant there were more surprises for the reader from breakthrough or unknown writers.

Trieste by Daša Drndic was an outstanding debut novel with Sebaldian undertones about the Nazi occupation of northern Italy. Drndic blended fact and fiction and incorporated photos, maps and lists of Jewish deportees to produce a harrowing, affecting and gripping reading experience. Submergence by J M Ledgard flitted between a kidnapped spy in Somalia and a scientist exploring the depths of the ocean; a third strand covered their romance in a snowbound French hotel; powerful prose with lyrical flurries and characters that mattered kept me entranced. Two established writers continued to work wonders: John le Carré’s A Delicate Truth and Javier Marías’s The Infatuations proved that certain old masters are still rich with ideas and the talent to express them.

[…]

MALCOLM FORBES

The National (Abu Dhabi), December 25, 2013

LA ZONA FANTASMA. 5 de enero de 2014. Noches armadas de Reyes

Pérez-Reverte me está armando. Literalmente. Me está llenando la casa de armas, y la cosa, poco a poco, me va trayendo consecuencias. Para que nadie se escandalice con el puritanismo habitual de esta época, aclararé que se trata de réplicas inofensivas, pero tan bien hechas que parecen de verdad. Desde hace siete años, adoptó la amable costumbre de regalarme algo cada Navidad, quizá a raíz de la consulta que hube de hacerle sobre el funcionamiento de una vieja pistola Llama, para una de mis novelas. Él, ya saben, anduvo una larga temporada como corresponsal bélico, y entiende de estas herramientas. De hecho, por las descripciones que he leído en entrevistas, su casa debe de parecer, a estas alturas, un anexo del Museo de la Guerra. Así que, como casi todo coleccionista, me va inculcando su afición a golpe de cuchillos –moneda siempre por medio– y pistolas. La primera pieza, con todo, fue sólo un complemento: un bonito y favorecedor casco de los que llevaban los ingleses en la India, en Zululandia y en otros lugares, que se unió al salacot que ya tenía, heredado de mi padre. Como imaginarán, es imposible disponer de algo así sin caer en la tentación de ponérselo de vez en cuando. En una ocasión una periodista extranjera me pilló con el casco en la cabeza, le abrí la puerta sin acordarme de que me lo había encasquetado hacía un rato. “De expedición, veo”, no pudo resistirse a decirme. Luego vino una bayoneta de Kalashnikov, y a continuación un puñal Fairbairn-Sykes, inspirado en los de los gangsters chinos de los años 30 y que fue el utilizado por los comandos británicos de la Segunda Guerra Mundial. Y después otro, el de los marines americanos (los dos últimos de hoja pavonada, para que no reluzca en la oscuridad y delate al que los empuña). Y ahora llevamos tres Navidades con armas de fuego: primero un Colt, yo diría que el modelo de 1873, pero que Jacinto Antón no me haga caso. Le siguió una Webley & Scott de 1915, también británica, con su correa y todo, y que no desentona lo más mínimo con el casco colonial (llamémoslo así) que inició esta tradición.

No hace falta decir que le correspondo con alguna antigüedad, si la encuentro: un larguísimo catalejo que perteneció a un ballenero de Hull, un abrecartas forjado por un soldado de la Primera Guerra Mundial, pone “Yser”, así que debió de hacerlo alguien que detuvo a los alemanes en ese río, en octubre de 1914. Como ven, mis regalos son más civiles. Pero claro, a medida que se ha producido la escalada armamentística en mi piso, noto que Aurora, mujer alegre y encantadora que viene a trabajar tres mañanas por semana, me mira de vez en cuando con una mezcla de preocupación y lástima. Como es también muy discreta, nunca me ha dicho nada ni me ha preguntado por la paulatina proliferación, pero, según crece el arsenal aparente, debe de pensar: “¿Pero qué le está pasando a este hombre? Si antes era de lo más apacible”. En cuanto a Mercedes, asimismo encantadora y que trabaja conmigo otras tres mañanas, advierto que a veces lanza miradas aprensivas,Portada AMMT primero a mí, luego a las armas expuestas sobre una mesa, luego a mí de nuevo, como si temiera que un día me voy a abalanzar sobre ellas y a organizar un estropicio. Y cuando viene la risueña Carme unos días, ella sí enterada de la procedencia, cada vez que descubre una nueva le entra un ataque de risa y no puede evitar burlarse: “Pero dónde vas con tanta pistola. Sólo te faltan unas cartucheras cruzadas y un sombrero en la nuca para parecer Pancho Villa”. En suma, me he convertido en motivo de preocupación, temor y befa para quienes me rodean. No quiero ni imaginarme cuál será el veredicto de los periodistas que por aquí aparecen. Concluirán que soy un fanático.

Este año ha tocado una Luger, la icónica pistola alemana de 1908, y a Arturo no se le ocurrió otra cosa que llevármela hace cuatro jueves a la Real Academia Española. Aprovechando el “recreo” –el intervalo entre sesiones, en el que nuestros colegas departen civilizadamente en la Sala de Pastas–, nos fuimos a un pasillo alejado para que me enseñara el funcionamiento. Así que allí estábamos los dos, jugando con la réplica de la Luger y probándola como críos (“¿Te imaginas que hubiéramos tenido una tan perfecta de niños?”, me decía Pérez-Reverte, y yo le contestaba: “Habríamos tenido que esconderla, nos la habrían confiscado”), cuando hubo un inesperado desplazamiento de venerables –bueno, la mayoría–, y nos pillaron con las manos en la masa, apuntando a los techos, amartillando y dándole una y otra vez al gatillo. Algunos nos miraron con reprobación (los más pacifistas), otros con severidad (filólogos y lingüistas sobre todo, varios no suelen estar para bromas), otros con sobresalto (los más aprensivos, debieron de creer que era de verdad la pistola y que podíamos soltar un tiro en la docta casa, profanándola), y unos pocos se acercaron a participar del juego. El Profesor Rico, para variar, nos soltó una impertinencia: “¿Leoncitos a mí?”, nos dijo. “Vaya par de macarras estáis hechos, tratando de amedrentar a las lumbreras”. En fin, no sólo ha fomentado el Capitán Alatriste la desconfianza de mis allegados en casa, no sólo ha conseguido que los periodistas me tengan por un maniaco, sino que ha echado por tierra el poco respeto que pudieran dispensarme mis colegas académicos, que ya me verán para siempre como a un pueril irresponsable, un inconsciente. Eso sí, las armas son todas preciosas.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 5 de enero de 2014

‘The Infatuations’ triunfó en 2013

T I camisa
Los libros que han triunfado por el mundo en 2013

Estados Unidos

La lista norteamericana por excelencia es la de la revista de libros del The New York Times. O, mejor dicho, listas –así, en plural– porque publica varias. La más influyente es “Los 10 mejores libros de 2013” –cinco títulos de narrativa y cinco de ensayo– en la que destacan tres novelas muy mencionadas en otras clasificaciones de medios estadounidenses y británicos; son, seguramente, los tres libros del año en inglés.

[…]

La otra gran lista del periódico neoyorquino es la de “Los 100 libros notables de 2013”, en la que destacan dos títulos traducidos del español: Los enamoramientos, de Javier Marías, y El ruido de las cosas al caer, del colombiano Juan Gabriel Vásquez, ambos editados por Alfaguara. No es un logro menor si tenemos en cuenta que el mercado norteamericano es casi impermeable a las traducciones, que apenas suponen un 3% del total.

JOSÉ LUIS IBÁÑEZ RIDAO

Zoom News, 2 de enero de 2014

Los libros que han triunfado en medio mundo

Este año, The New York Times confió la selección de cien libros notables del 2013 (50 de ficción y 50 de ensayo) a los editores del Sunday Book Review. Tan solo dos autores, que representan las dos orillas del castellano fueron incluidos en la selección. El español Javier Marías, con Los enamoramientos (The Infatuations. Knopf) y el colombiano Juan Gabriel Vásquez, con El ruido de las cosas al caer (The sound of things falling. Riverhead), Premio Alfaguara 2011.

CAROLINA ETHEL

El País, Blog Papeles perdidos, 1 de enero de 2014

Editors’ Picks for 2013: Fiction

The Infatuations
By Javier Marias

Sometimes the mystery is not what leads up to a murder, but what happens after. Javier Marías’s existential thriller about a crazed attack and the shockwaves it sends through the lives of fatally intertwined Madrid citizens couples the grace and patience of Henry James with the delicious tension of a Hitchcock film.

Barnes and Noble Review, December 18, 2013
1336545282
Globe Books: What we learned from what we read in 2013

My reading life in 2013 continued with more novels that seemed to unravel in my hands. The master of this technique is the Spanish novelist Javier Marías. His backlist will reward new readers, so be prepared to lose a month or two. This immersion is particularly interesting with Marìas, whose novels and short stories interlock and reference one another. The characters reappear, and his chosen style, a swirling and smothering and loquacious stream (thanks to superb translations by Margaret Jull Costa) allows for epic digressions. Make a TV show from, for instance, Marías’s trilogy, Your Face Tomorrow, and it might feature a man sitting and smoking remembering another moment he was sitting and reading, remembering another moment he was sat speaking to a mysterious man, remembering another moment: the time he discovered a single drop of blood on a staircase, and then somewhere within these trapdoors of remembrance, Marías finds a way to weave in a profound examination of Franco’s Spain. Maybe Jon Hamm could pull off such a scene.

To read Marías is to surrender expectations: his latest, The Infatuations, is a murder mystery, but the author is too concerned with what might have happened, or what could have happened, too concerned with love, sex, infatuation, to rush into the machinations of a whodunit. His trilogy – I can’t offer anything better than this description – has been called a Le Carré novel as written by Proust. “I had opened myself up too much to evocations,” his narrator confesses halfway through book two, “although without ever becoming bored…” It’s true. For some reason it’s never boring. I will, Marías seems to be saying, give you a long sentence, a multi-clause monster, so that you can disprove everything they say is happening to attention spans these days and enjoy one of the less-discussed formal pleasures of sticking with a sentence and following its contours right to the last stop, right to the end. They unspool and unspool.

GRAIG TAYLOR

The Globe and Mail (Canadá), December 27, 2013

The infautatiosReaders’ books of the year 2013

Martin Hills, Chichester

In Javier Marías’s mesmerising The Infatuations (Hamish Hamilton), the narrator María’s compulsive daily observation of a model couple in a Madrid cafe morphs from romance to murder mystery and on into metaphysics. The magic of Marías’s writing derives from the fluidly shifting conjectures, qualifications and modifications of his prose, unravelling individual perception into nuanced medications on love, time and death. The result is a magisterial evocation of emotional flux and preoccupation with the ordering containment of art. In a 2013 Guardian interview Marías stated that the novelist’s function was “a way of imparting, recognition of things that you didn’t know you knew”. There is a quality of fantastic normality in his novels as he dredges up the familiar from bizarre, claustrophobic, almost gothic events and obsessions.

Lynne Taylor, Burnley, Lancashire

The  Infatuations by Javier Marías (Hamish Hamilton) is a completely new take on murder. Marías’s insight into the human condition is acute. In language that is intelligent and a joy to read, this novel is about the coalescence of reality and fantasy, obsession, and the lengths people will go to in the state of el enamoramiento: the madness of being in love. The plot is elicited in glimpses, gradually enabling the reader to disentangle truth from lies. I wish I hadn’t read it, then I would still have the pleasure of unknowingness one has when reading it for the first time.

The Guardian, December 28, 2013