Alice Munro, Premio Nobel de Literatura

Alice+Munro+Photo_credit+to+Derek+Shapton_international+rights+cleared2-e1349861573238Alice Munro, Duchess of Ontario del Reino de Redonda desde mayo del 2005 en que ganó el Premio que concede la editorial Reino de Redonda, ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura.

Javier Marías: Munro alcanza grandes cotas de hondura y de emotividad

El escritor español Javier Marías considera “muy justo” el Nobel de Literatura que ha ganado hoy la canadiense Alice Munro, y se alegra en particular de que la Academia Sueca haya reconocido a una autora que, sobre todo, escribe cuentos, un género que “desde hace varias décadas está muy dejado de lado”.

“Munro ha alcanzado en su obra, de una manera muy sobria, grandes cotas de hondura y de emotividad. Sus cuentos son emocionantes”, aseguraba hoy en declaraciones a Efe Javier Marías, que en más de una ocasión había dicho que “si algún escritor vivo merecía el Nobel por encima de cualquier otro era ella”. “Es una escritora excepcional”.

El novelista español no sabe “cómo lo logra Munro”, pero cree que también “es muy destacable” que sus relatos “consigan unas dosis de profundidad y de emoción sorprendentes” y lo hacen “con una considerable economía de medios, con sobriedad, sin casi nunca acentuar nada ni subrayar nada, hablando de personas más bien normales”.

Y en una época, subraya Marías, en la que se da tanto “la literatura de buenos sentimientos, que suele ser empalagosa, como la de malos sentimientos, llena de psicópatas y de estudios sobre la maldad, como si eso en sí mismo tuviera interés”, Munro ha hecho su obra sobre personas normales, “con sus ambigüedades, con sus partes oscuras”.

Al autor de “Corazón tan blanco”, entre otras obras, le alegra en particular que se haya premiado a una autora de cuentos, un género, asegura, que en otros tiempos “tuvo mucho predicamento, pero que desde hace varias décadas está muy dejado de lado y está considerado una especie de hermano menor de la novela, lo cual es totalmente erróneo”. “Hay poco interés en general en publicar cuentos”, asegura.

Munro es una autora que está, “en cuanto a calidad, a la altura de los mejores, de Chéjov, de Kipling o de Maupassant, incluso de Borges, aunque su mundo no tenga mucho que ver con algunos de ellos. Sí con el de Chéjov”, especifica.

Marías no sabe hasta qué punto hay elementos autobiográficos en la obra de Munro -“la procedencia del material de los escritores es indiferente. Lo que cuenta es el resultado”, subraya-, pero está claro que la autora canadiense “tiene una gran capacidad de observación” para la vida de las mujeres y las dificultades con las que se han encontrado a lo largo de la historia, “incluso en el mundo occidental”.

Desde el punto de vista personal, Marías está también contento porque Munro ganó en 2005 el Premio Reino de Redonda, que organiza y financia el propio novelista español.

Con ocasión de ese premio, se puso en contacto con ella “a través de correo ordinario” y le pareció “una mujer muy reservada, pero con mucho sentido del humor y muy simpática”.

“En una ocasión me mandó una foto de ella y de su marido disfrazados con unas túnicas y una especie de casco alado, como si fuera de Mercurio. Y ella está con un cartel en el que pone: ‘el fin se acerca”, recordaba hoy Javier Marías antes de comentar que Munro es el segundo premiado con el Reino de Redonda que luego ha obtenido el Nobel. “El primero fue Coetze”.

EFE, 10 de octubre de 2013

Alice Munro, una Nobel a la altura de los grandes cuentistas universales

Javier Marías recuerda que más de una vez ha declarado que es uno de los escritores vivos que más merecía el Nobel: “Me alegro que se haya destacado a una autora de cuentos, un género que gozó en su momento de gran prestigio pero que en las últimas décadas se le ha considerado algo secundario o como preparación para una novela, y no es así”. El autor y académico español no duda en afirmar que Munro está al nivel de los mejores como Chéjov, Maupassant o Borges. Y da claves de parte de su secreto: “Consigue transmitir una profunda emoción con personas fundamentalmente normales en una época en la cual se privilegia tanto los buenos y malos sentimientos de una manera que rozan la cursilería. Escribe sobre gente normal sin cargar las tintas y consiguiendo unos niveles de emoción y profundidad con poco parangón en la literatura actual”.

El País, 10 de octubre de 2013