Stevenson, Marías y Villena: ‘De vuelta del mar’ desde el reino de Redonda

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Los libros de la editorial Reino de Redonda son un regalo para cualquier lector curioso. De Robert Louis Stevenson conocemos bien algunas de sus novelas más célebres: La isla del tesoroLa flecha negraDr Jekyll and Mr Hyde o, los más avezados, sus cuentos y diarios de viaje. Sin embargo, había quedado durmiendo en el olvido su poesía, pese a que escribió muchos poemas a lo largo de su vida. De vuelta del mar (Reino de Redonda) es una edición espléndida en hechuras y en contenido, que reúne lo mejor de su obra poética y nos recuerda que Stevenson fue, en prosa o verso, un poeta. Lo subraya Luis Antonio de Villena en su brillante prólogo. Vale la pena el libro sólo para leer las introducciones de Villena y del editor/traductor, Javier Marías. Villena –más bonancible- suaviza al temperamental Marías cuando éste califica (sin remilgos) las famosas rimas infantiles de Stevenson de “estomagantes”. Y por eso no las ha incluido en el volumen. Impagable, por ejemplo, la reflexión de Marías sobre la inutilidad de los prólogos: “el lector estulto o malintencionado nunca tiene remedio, por mucho que se le prevenga y se le brinden perspectivas ajenas; el lector inteligente o bien dispuesto siempre sabe apreciar lo de apreciable que haya en una obra sin necesidad de que antes se le avise o el vanidoso de turno se lo señale”. En sus libros de Reino de Redonda, naturalmente, siempre hay prólogo y, como en este caso , por partida doble, aunque Marías firme el suyo como Nota sobre el texto. Notas excelentes, que enriquecen la edición.

Versos con mucho mar, y mucha tierra. Poemas sensoriales empapados de esa pasión por la vida que, pese a sus achaques, o precisamente por ellos, siempre tuvo Stevenson. Su poesía (Villena lo califica como “buen poeta menor”) tiene una musicalidad que Marías se ha esforzado en mantener. E incluso la traducción de Marías da la impresión de que incluso la mejora a veces y le da todo el brillo a sus frases a veces dejadas a medias en el aire. Un trabajo espléndido de fundido entre el exuberante Stevenson y el reflexivo Marías, que dan como resultado una lectura evocadora, que nos trae el aliento de ese hombre extraordinario que fue Stevenson, que yace (en Samoa) donde quiso yacer.

“Dadme la vida que amo,
Que el resto pase a mi lado.”

ANTONIO G. ITURBE

Qué Leer, agosto de 2013