Fe en la fibra, fe difícil

LE Debolsillo GInsistir. La única forma de mantenerse a flote es recrearse en las necesidades, repetirse en lo elemental hasta que llegue a desaparecer. La repetición es hoy un arma imprescindible para la batalla. Lo que fue tedioso se torna fundamental porque sólo queda insistir, pegarse en la frente una y otra vez con la misma piedra. Últimamente escucho a gente de distintos ámbitos quejarse de lo reiterativos que son los artículos de Javier Marías: que si sólo ataca al gobierno, a la idiosincrasia española, a la escasísima sostenibilidad de Madrid… Lo que hace Marías cada domingo es un ejercicio mayúsculo e imprescindible para un cuerpo anoréxico que apenas puede levantarse; ejecutar de verdad, como indica Michel Onfray, que la humanidad de un ser presupone la capacidad en él de percibir el mundo, sentirlo y aprehenderlo de forma sensual, aunque sea someramente. Y para lograrlo es necesario cierto grado de desarrollo del sistema nervioso. ¡Sólo eso! O como les gusta decir a nuestros políticos «no mirar para otro lado», como hacen otros, por ejemplo Mario Vargas Llosa. Las opiniones del premiado escritor sobre Thatcher, la fiesta taurina o Snowden a más de uno le habrá llevado a pensar que es una errata del diario, que un tipo que ha escrito novelas de esa altura no puede tener reflexiones tan primitivas en algunos casos, que eso lo ha escrito por lo menos Salvador Sostres (cuándo el diario El Mundo prescindirá de este tipo cuyas opiniones rayan la legalidad y pisotean la inteligencia). Por eso si ustedes no han conseguido –de momento– que este verano vaya a ser irrepetible a base de lo que ya dije semanas atrás en este mismo espacio (amor, sexo, y vuelta a empezar), tienen la posibilidad del alivio a base de autores cuya excelencia va acompañada de una responsabilidad social, bazas que rara vez coinciden, y cuando lo hacen no nos lo debemos perder. No se trata de volver a la literatura de posguerra o a los escritores insoportablemente aburridos. Se puede erigir la realidad en la ficción y tener cierto sentido crítico en la otra ficción que nos golpea a todos. A pesar de que a los modernos nos cueste reconocerlo, Los enamoramientos, volviendo a Marías, es una de las mejores novelas que se han escrito en los últimos años en este país. Existir sólo es un intento oprimido para salir de la nada, y mientras esto llega ahí están también Karnaval, del malagueño Juan Francisco Ferré, o las memorias de González Ruano, el último disco de Remate o Duquende, el nuevo poemario de Abraham Graguera, o las exposiciones exquisitas que en Málaga nos viene ofreciendo La Térmica. Porque ya escribió Nietzsche que «todo placer quiere eternidad» y, mientras llega algo mejor para el cuerpo, esto puede aliviar bastante.

[El artículo completo]

ALEJANDRO SIMÓN PARTAL

La Opinión de Málaga, 28 de julio de 2013

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LA ZONA FANTASMA. 28 de julio de 2013. Alerta y sanos y salvos

Un supersticioso diría que se trata del número, del año 13, pero algunos no murieron en los siete meses que llevamos de él, sino antes, no sé cuándo exactamente. Un estoico lo vería como mera casualidad, o como “racha”, y es verdad que a veces se tiene la sensación de que hay periodos muy malos en que se concentran las desgracias. También es cierto que cada uno se fija más en las bajas de su entorno profesional, o de aquellos ámbitos a los que presta atención, por afición o cercanía. Yo me he acostumbrado a mirar la sección de Obituarios con aprensión, y cuando veo que desconozco a los muertos destacados del día –cuando se trata de un industrial o de un físico–, respiro con un poco de alivio, como pensando: “No ha caído nadie que me importe, o que para mí forme parte del mundo; si ignoraba su existencia, mal puedo lamentar que ésta haya tocado a su término”. Me imagino que, en cambio, quienes sepan de física o industria sentirán que han sufrido una pérdida, aunque no conocieran personalmente al fallecido. Y me atrevería a suponer que en todos los terrenos hay hoy la misma sensación, de muertes atropelladas, superpuestas, tanto que ni siquiera da tiempo a llorarlas como es debido, o a encajarlas, o a recordarlas.

En el campo de las artes y del periodismo –a muchos de sus integrantes les guardo agradecimiento–, está siendo este un tiempo demasiado luctuoso, y en particular en España. Claro que hay individuos cuyo fallecimiento nos deja perplejos porque los creíamos muertos desde hacía mucho, o semimuertos: es el caso de la actriz juvenil Deanna Durbin, famosísima en época de mis padres; o el de Esther Williams, la nadadora coreográfica que protagonizó simpáticos delirios en mi infancia y de la que nada se sabía hacía siglos. Otros mueren a edades provectas y por lo tanto “lógicas”, como Stéphane Hessel o José Luis Sampedro. Pero lo cierto es que han muerto ahora, cuando podían haberlo hecho antes, “naturalmente”, y sin embargo sobrevivieron. jesus-franco-muere-680x415-e1364934319293Otros también eran mayores, aunque no tanto: mi tío Jesús Franco, Sara Montiel, Moustaki, Querejeta, Tomeo, Miguel Narros, Landa, Borau, Fernando Guillén, María Asquerino, me vienen a la memoria y la cantidad me sorprende. Los ha habido asimismo más jóvenes: Esther Tusquets, Constantino Romero, Eugenio Trías, Sancho Gracia, José Sancho, Bigas Luna, el admirable ­James Gandolfini, el librero de cine Jesús Robles, la gratísima Concha García Campoy, Tony Ronald… Hasta ha muerto Matt Mattox, que nadie sabe quién fue salvo los muy aficionados al cine: el hermano con barbita de chivo de Siete novias para siete hermanos, se lo recuerda bailando inverosímilmente con un hacha en la nieve. Y Jérôme Savary, el escritor Chinua Achebe, Ray Manzarek de The Doors, el torero Pepe Luis Vázquez, el legendario editor Nadeau, el cuentista Medardo Fraile, Manuel Fernández-Montesinos. En el mundo de las letras y del espectáculo es como una catástrofe continua. En el plano personal –el que desde luego más importa– la cosa no mejora, y a lo único a lo que aspira uno es a que las bajas no nos toquen muy cerca. Pero a quién no le van llegando noticias de este o aquel conocido que ha desaparecido de la faz de la tierra, a veces inesperadamente, o que ha sufrido un ictus o un infarto y se ha salvado de milagro.

Para mí no hay superstición, ni noción estoica de mala racha sin causa. Y no, no voy a caer en una variación del dicho italiano “Piove, porco governo”, adaptándolo a “La gente muore, porco governo”. Pero no puedo por menos de creer que la situación económica y política en que nos encontramos desde hace ya demasiados años –y que nuestros Gobiernos agravan a conciencia, lejos de ponerle remedio o alivio– tiene algo que ver, algo influye. El desánimo resta vitalidad, y acaso rebaja las defensas. Quita ganas de luchar y de vivir, sin que apenas nos demos cuenta. Agota, consume fuerzas. Las preocupaciones y los temores nos hacen más débiles, no me cabe duda de eso, y la falta de horizontes apaga poco a poco cualquier brío. Es curioso que haya muerto tanta gente de cine y teatro en España, justo cuando el Gobierno de Rajoy ha dado una estocada definitiva a sus mundos. En la reciente película Hannah Arendt, de Margarethe Von Trotta, la filósofa explica a sus alumnos cuál fue la máxima perversión de los nazis: hacer creer a las personas –sobre todo a los judíos, alemanes o no– que eran superfluas, que su trabajo no servía de nada aunque tuvieran que seguir haciéndolo. Nada mina tanto las energías como eso: sentirse inútil, improductivo, innecesario, sobrante, prescindible, un estorbo. Sentir que la propia desaparición no altera nada o incluso resulta beneficiosa para los que mandan. Cada vez más deben de tener esa sensación los millones de parados de larga duración en España; los jóvenes que no encuentran hueco y se marchan, los “dependientes” a los que ya no se ayuda, los enfermos crónicos, los pensionistas que notan la prisa de tantos políticos por que de una vez desalojen. También la gente cuya profesión es tratada como si fuera un lujo (¡y se incluye a los científicos e investigadores!), un mero gasto, un engorro. En lo que respecta a la literatura y a las artes, cuantos piratean libros, películas, canciones –con la connivencia de este cobarde Gobierno–, contribuyen a que así nos sintamos quienes nos dedicamos a ellas. No es así. Y si escribo estas reflexiones no es para deprimirlos a ustedes justo antes de sus vacaciones. Sino para que se mantengan alerta, saquen fuerzas de flaqueza y regresen todos sanos y salvos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 28 de julio de 2013

[La zona fantasma cierra en el mes de agosto, el Blog no]

Marías habla de Cervantes

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La revista Ínsula dedica un número doble (n. 799-800), de los meses de julio-agosto de 2013,  a un monográfico sobre las Novelas ejemplares de Cervantes. Javier Marías publica el artículo inédito “Aquí me paro”.

LA ZONA FANTASMA. 21 de julio de 2013. Por donde Franco solía

Hace muy pocas semanas me referí a las noticias menores –así las llamé– a las que no se presta atención y que de hecho no causan alarma, cuando suelen ser indicativas de la grave transformación que están sufriendo nuestras leyes a manos de un Gobierno que aplica su mayoría absoluta sin control, con arbitrariedad, sin rendir cuentas ni buscar consensos, exactamente como actúan las dictaduras.

Sí, la diferencia con éstas es que dentro de dos años y medio votaremos y podremos quitarnos a estos peligrosos gobernantes de encima. Eso será en la teoría, claro, porque de aquí a entonces no sabemos si el Gobierno, que domina el Parlamento y ahora también los Tribunales Constitucional y Supremo, a los que ha restado independencia y convertido en poco menos que títeres suyos, seguirá cambiando de tal modo las leyes que el resultado de las elecciones próximas esté predeterminado. Estamos plenamente embarcados en el modelo de falsa democracia que ha regido Italia durante la época de Berlusconi o Venezuela durante la de Chávez, perpetuada por su patético imitador Maduro; Rusia durante la ya larga de Putin y Ecuador durante la de Correa, Hungría durante la de Orbán y Argentina durante la de los Kirchner. Al PP no le importa copiar a quienes declara sus adversarios, si de ellos aprende a mantenerse en el poder, a acallar voces contrarias, a difamar a los discrepantes (véanse las acusaciones indiscriminadas del Ministro de Hacienda a los colectivos o gremios que considera “críticos”) y a gobernar con cada vez menos garantías para los ciudadanos.

Esas noticias menores a las que casi nadie hace caso son como la letra pequeña de los contratos: nadie la lee, pero es la que acaba por desahuciar a la gente, o por estafarla. De repente llegan unos policías y lo desalojan a uno de su casa. ¿Cómo puede ser?, se preguntan los semipropietarios perplejos, ¿cómo se ha llegado a esto? Lo mismo que quienes compraron preferentes o acciones sin enterarse y se encuentran de pronto desprovistos de sus ahorros. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo se ha llegado a esto? La respuesta es invariable: se llegó con las cosas que se pasaron por alto, con aquellas de las que nadie protestó, ni siquiera los partidos de la oposición, que andan todos en sus limbos sin atender a sus deberes. Los unos con sus EREs de Andalucía, los otros con sus berrinches con la Monarquía, los de más allá no con su “derecho a decidir” (porque decidir entre opciones es lo que está justamente excluido), sino con su imposición a proclamar la independencia, velis nolis.

Hace unas semanas hablé de los detectives privados. Bueno, piensa la gente, tampoco somos tantos los que recurrimos a sus servicios. Unos meses atrás, de los agentes del CNI. Bueno, esos siempre son huidizos y secretos, al fin y al cabo. Y así nada tiene importancia. La noticia menor que hoy me ocupa nos podría afectar a cualquiera, pero todo el mundo lo verá improbable, hasta que un día un civil se encuentre ante un tribunal militar acusado de traición o de cualquier otro delito, y se pregunte: ¿Cómo puede ser? ¿Cómo se ha llegado a esto, como si estuviéramos en tiempos de Franco? Pues se habrá llegado en estos días, sin que ninguna voz se alce. El código militar hasta ahora vigente estipulaba unos pocos casos en los que los civiles podían verse sometidos a su jurisdicción, y uno de ellos era “en tiempo de guerra”. La propia ley aclaraba que ese tiempo se extiende desde la declaración formal de guerra o la ruptura generalizada de hostilidades con una potencia extranjera hasta el cese de éstas. Pero como las guerras ya no se declaran sino que sin más se libran, el Ministerio de Defensa acaba de modificar su código, y donde ponía “en tiempo de guerra”, ahora pone “en situación de conflicto armado”; eso sí, sin explicar a qué llama exactamente conflicto armado, ni quién lo declara ni cuándo comienza o termina. Se trata de un concepto totalmente ambiguo, difuso, indeterminado. ¿Estábamos en esa “situación” mientras atentaba ETA? ¿Lo estamos ahora, bajo la permanente amenaza de ataques terroristas islamistas? ¿Lo estaríamos si en España operaran regularmente mafias sanguinarias como las de Italia? ¿Si hubiera una criminalidad sostenida y cruenta como las de México, Guatemala u Honduras? ¿Bastaría con que se desplegaran unidades del Ejército por cualquier motivo –proteger el Congreso de manifestantes, por ejemplo– para considerar que ya estábamos “en situación de conflicto armado”? No sé si se percatan de que, con este descarado cambio en el código militar, los civiles estamos expuestos a que ya no nos juzgue un tribunal civil en cuanto al Gobierno de Rajoy se le antoje. Las consecuencias no son tan menores: en esa “situación” tan imprecisa, cualquier español que difundiera información clasificada o de interés militar que perjudique la defensa de España o sus aliados –como un periodista, sin ir más lejos–, podrá ser acusado de traición y condenado, por un tribunal militar, a veinte años de cárcel (!). Y cualquier civil que desobedezca un bando militar podrá serlo a seis años (!). Si esto no es militarizar a la población de nuevo, privarla de sus derechos fundamentales y entregarla a la discreción y arbitrariedad del Ejército, que venga el General Franco y lo vea. Se frotaría las manos, les daría un gran abrazo a Rajoy y a sus ministros y les diría: “Bravo, muchachos, se ve que sois de los míos. Volvemos por donde solíamos”.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 21 de julio de 2013

Recuperación de Ibargüengoitia

SILLÓN DE OREJAS

Un recuerdo pretecnológico

A lo mejor vamos a tener que imitar a Javier Marías, que en un artículo un punto misoneísta a propósito de lo fácil que las tecnologías informáticas se lo han puesto al Gran Hermano global, volvía a ratificarse en su conocida aversión a usar de ellas en su vida cotidiana: ni androide, ni ordenador, ni Internet, ni dispositivo alguno que pueda ser objeto de espionaje o control. Me entero por la prensa de que las revelaciones de Snowden acerca de lo que, parafraseando a Hobbes, podríamos llamar espionaje omnium contra omnes, ha propiciado que los dirigentes del servicio secreto ruso recomienden a sus funcionarios regresar al uso de máquinas de escribir tradicionales para redactar sus informes y comunicaciones confidenciales. De modo que, por si acaso, voy a rescatar del trastero la vieja Underwood nº 5, un modelo vintage que heredé de mi abuelo. Todo lo cual me trae a la memoria una escena autobiográfica y pretecnológica, que paso a referirles.

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REVOLUCIÓNRecuperaciones

Coinciden en las librerías dos recuperaciones de libros de Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato, 1928- Mejorada del Campo, 1983). RBA, en cuyo catálogo ya se encontraban cuatro de sus seis novelas y un libro de cuentos, publica ahora Los relámpagos de agosto, publicada en México en 1965 después de obtener el premio Casa de las Américas. Ibargüengoitia, que se inició como autor teatral sin demasiado éxito, comprendió en un momento dado que “el medio de comunicación adecuado para un hombre insociable como yo es la prosa narrativa”. Su primera novela, sin duda su obra maestra, es una furibunda y divertidísima sátira de la Revolución Mexicana o, para ser más exactos, de la “novela de la revolución mexicana”, un copioso subgénero literario autóctono con convenciones que Ibargüengoitia se complace en parodiar, como Cervantes hiciera con las novelas de caballerías. El argumento, muy fiel a los hechos a pesar de que los personajes aparecen con los nombres cambiados, se organiza en torno a las memorias del general Guadalupe Arroyo, trasunto de Juan Gualberto Anaya, uno de los personajes históricos que aparecen deformadamente retratados. Sin embargo, la desacralización de un asunto tan patriótico y la utilización de la parodia no gustó demasiado a ciertos críticos, demasiado convencidos, en palabras de Juan Villoro, de que “el humor es poco profundo y, en consecuencia, no define prestigios”, algo que también sucede en más cercanos pagos hispánicos.

La otra recuperación es la antología de artículos Recuerdos de hace un cuarto de hora, publicado por la Universidad Diego Portales (Chile), que recoge una muestra de las crónicas que, desde 1968 hasta su muerte, escribió Ibargüengoitia para el diario Excelsior y, más tarde, para la revista Vuelta. Muchas de ellas, hay que advertirlo, ya estaban incluidas en la más extensa recopilación Revolución en el Jardín, editada por Juan Villoro para Reino de Redonda. Como se sabe, la breve carrera narrativa de Ibargüengoitia se truncó con su muerte en el accidente (23 de noviembre de 1983) de un boeing 747 de Avianca en las cercanías del aeropuerto de Barajas, en el que perdieron la vida otras 180 personas. Entre las víctimas del siniestro también estaban los ensayistas Angel Rama y Marta Traba y el novelista Manuel Scorza, que se dirigían desde París a Bogotá para participar en el primer Encuentro Hispanoamericano de Cultura.

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País, Babelia, 20 de julio de 2013

Claves para celebrar a Marías

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Cinco expertos en la obra del escritor analizan su obra en el Instituto Cervantes de Madrid

Cada vez queda menos tiempo para que los lectores de Javier Marías lean su nueva novela, la número 12, que el autor madrileño lleva por la mitad. Pero ayer, en el Instituto Cervantes de Madrid, cinco expertos en su obra se refirieron a las otras 11 novelas y su decena de libros de ensayos y recopilación de artículos en el homenaje Una celebración de la lectura de Javier Marías, organizado por el Cervantes y la Universidad de Brown, de EE UU.

Fueron dos horas en las que se repasaron 42 años de actividad literaria y en las que se revelaron algunas claves de la creación del escritor y académico. Al final de este periplo que abarcó desde Los dominios del lobo, publicada en 1971, hasta Los enamoramientos, de 2011, Javier Marías dijo haber tenido la sensación de que no se había hablado de él ni de las obras que se citaron.

El efecto en el lector de la obra de Marías fue el primer tema. Para Julio Ortega, de la Universidad de Brown, es un autor que “ha ampliado el campo de la mirada de su lector, haciéndole ver la célula narrativa de la que, de pronto, uno es capaz de formar parte”. Según Ortega, el escritor ha crecido en nuestras vidas y preguntarse por su lectura es interrogar en el sistema nervioso que “todavía enciende nuestra cultura”.

Cervantes 2La mirada fue el siguiente aspecto analizado. A ella se refirió Elide Pittarello, de la Universidad Ca’Foscari de Venecia, para quien, por ejemplo, el modelo erótico de su narrativa pasa por el modelo pictórico. “El otro tipo de mirada es la mirada que domina. Él convoca en sus obras otro tiempo, otro saber. Ver no es saber lo que ves, sino un cruce de muchas miradas y saberes. En sus obras, con los ojos no solo vemos; también tocamos”.

El pensamiento y su proceso en incesante marcha fue tratado por Jordi Gracia. Para este crítico literario, leer a Marías vale la pena no solo por el simple hecho de leerlo, “sino porque compensa teniendo en cuenta que hace una aproximación al presente adverso”. Sus novelas, especialmente, hablan “de la búsqueda de la verdad, de la imposibilidad de encontrar la verdad y enfrentarnos a la incertidumbre. Él activa la capacidad de sospecha del lector. Esa es la subversión y es para el disfrute de todos, porque él fragua un mecanismo exploratorio en novelas como Tu rostro mañana”.

La filosofía fue el siguiente tema. Sus conexiones con el pensamiento de Bergson y Heidegger. A esta conexión se refirió Heike Scharm, de la Universidad de South Florida. Una literatura de imagen y memoria interconectadas como “una bola de nieve en la que se van creando capas y más capas”. Para la experta, en Marías no hay una exploración del tiempo perdido como en Proust, sino la recuperación de significados múltiples donde se unen ficción y filosofía. Se trata de un escritor y pensador clásico y moderno, según Scharm, quien expresa las complejidades y desafíos de nuestro tiempo.

Cervantes 4El amor y la muerte fueron los temas con que el académico Juan Luis Cebrián cerró la mirada sobre la obra de Javier Marías. “Estábamos acostumbrados a que la literatura nos hablara de la muerte como un fracaso, pero en Los enamoramientos el escritor nos muestra que no somos tanto lo que morimos sino que morimos para los demás”. Cebrián resaltó que Marías, a partir de un hecho real, reflexionó sobre el significado de la existencia.

Entre la ficción y la realidad, Javier Marías afirmó que contar algo es ficcionalizarlo. “Aunque el señor Bárcenas sea ficticio. Bueno, ya es ficticio para el señor Rajoy”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 16 de julio de 2013

[Fotos. Héctor Ferrández Motos/Instituto Cervantes]

Esta tarde, JM en el Instituto Cervantes

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Hoy, 16 de julio, a las 19 horas, Javier Marías participará en el coloquio «Una celebración de la lectura de Javier Marías».

La bienvenida al coloquio correrá a cargo de Montserrat Iglesias y Julio Ortega ejercerá de moderador.

Además, intervendrán los especialistas en la obra de Javier Marías: Elide Pittarello (Universidad Ca’ Foscari de Venezia), Jordi Gracia (Universidad de Barcelona),  Heike Scharm (Universidad de South Florida) y Juan Luis Cebrián (Real Academia Española).

La conversación podrá seguirse en directo, a través de la web del Instituto Cervantes (www.cervantes.es/d/), y en la cuenta de Twitter: @InstCervantes.

La entrada es libre hasta completar el aforo

LA ZONA FANTASMA. 14 de julio de 2013. La excelencia de la purria

Lo que uno ve desde que nace le parece “lo normal” durante años, o por lo menos normal, hasta que se asoma al mundo y comprueba su variedad infinita, lo que se ha perdido u otros se pierden, las pautas tan diferentes por las que se rigen los individuos. Sería ingenuo o fanático dar por bueno cuanto aprendió uno en su casa, pero hay conductas que, sometidas a la comparación más tarde, y sopesadas con la razón –no con la mera costumbre–, sigue encontrando recomendables o incluso obligadas. Una de ellas es la de no favorecer a un hijo, a un progenitor, a un hermano, a un cuñado o a un cónyuge si se ejerce un cargo público –y por tanto se maneja dinero de los contribuyentes– o si se goza de una posición de poder o influencia en un campo determinado, o de una tribuna en prensa como la de esta página. O por lo menos debe uno advertir, en este último caso, de la vinculación existente. Las veces en que he hablado aquí, o en otro sitio, del libro o la pelícu­la de un amigo, creo haber confesado de antemano lo que nos unía, para que el lector tuviera todos los datos y supiera que mi opinión podía ser parcial, aunque fuera sincera o así yo lo creyera. Cuando he hablado de mi padre, he solido disculparme por ello y casi siempre me he limitado a hablar de la persona y de su biografía, no del escritor que fue, sobre el cual difícilmente podría ser objetivo. Mientras vivió, los dos procuramos evitar al máximo opinar públicamente sobre la obra del otro, aunque, ante la insistencia de periodistas, quizá no siempre lo conseguimos. Nos resultaba empalagoso que un padre elogiara a un hijo o un hijo a un padre: no como individuos particu­lares, lo cual es más o menos aceptable, sino como “profesionales”, ya que eso nos podía reportar “beneficios”. Pero no era sólo una cuestión de buen o mal gusto: también nos parecía que no era algo muy recto, y que era mejor abstenerse.

Lo he recordado recientemente en una entrevista: hace casi veinte años una de mis novelas fue candidata al Premio Fastenrath, que otorgaba la Real Academia Española. En la sesión deliberatoria, mi padre se ausentó del pleno para que sus compañeros opinaran con entera libertad, y no participó en la votación, como es lógico. En su día expliqué que durante doce años –desde la primera vez que se me “tanteó”– no quise ni oír hablar de mi posible candidatura a esa misma institución: mientras mi padre viviera y perteneciera a ella, lo juzgaba improcedente. Nada más ser nombrado mi hermano Miguel Director General de Cinematografía, bajo el Ministro Semprún, entregó un escrito en el que más o menos decía: “El director de cine Jesús Franco es tío mío; el también cineasta Ricardo Franco es primo mío; el novelista Javier Marías es hermano mío. Ante cualquier proyecto en el que estén involucrados cualquiera de ellos, me abstendré de opinar y de influir a favor o en contra de posibles ayudas del Ministerio”.

Nada de esto me parecía digno de elogio ni de mérito, sino algo de cajón, obligado. Por eso me cuesta comprender que en España la norma sea más bien la contraria. Da lo mismo que mi cuñado sea un profesional competentísimo, e idóneo para tal puesto que de mí o de mi partido depende: precisamente por ser mi cuñado, no puede ocuparlo. ¿Salimos perjudicados? Muy posible. Pero así deberían ser las reglas: a veces se ha de ser perjudicado para que no quepa duda de que no se ha sido favorecido. Desde los tiempos del hermano de Alfonso Guerra hasta hoy, la tendencia de nuestros políticos ha sido la opuesta: colocan a sus cónyuges, a sus vástagos y a la parentela al completo. Privatizan empresas públicas y se las entregan a sus compañeros de colegio, cuando no a sí mismos mediante la “puerta giratoria”: quien fue consejero de Sanidad y privatizó hospitales pasa, al cabo de un ridículo lapso de tiempo que la ley exige, a tener un importante cargo en la empresa que los explota ahora. Sólo siete años después de ser nadie en política, la mujer de Aznar ya fue alcaldesa de Madrid (no elegida como tal por los votantes). Un tal Baltar, cacique gallego, ha colocado a decenas de personas con las que tenía parentesco o amistad y ha dejado de delfín a su hijo, como Pujol casi al suyo. La familia de Carlos Fabra lleva generaciones repartiéndose o pasándose cargos, no es raro que su hija Andrea les gritara “¡Que se jodan!” a los parados, en el mismísimo Parlamento. Y así hasta la náusea.

Hace poco vi cómo tres periodistas opinaban, en la televisión pública, sobre la política de becas del Ministro Wert, calificada por casi todo el mundo de injusta, discriminatoria y clasista. Una de esas periodistas era su actual pareja o cónyuge o lo que sea. Para mi sorpresa –sí, aún me sorprendo por estas cosas–, no se retiró de la mesa, ni se excusó de hacer su comentario (favorable al Ministro, claro está); que yo sepa (no vi todo el programa), ni siquiera advirtió a los espectadores de que su visión del asunto podía estar comprensiblemente sesgada. No: con entero ­desahogo habló de “críticas demagógicas” y de “aversión al mérito y a la excelencia” (cito de memoria). A los políticos del PP y periodistas afines se les llena la boca con esta última palabra. No se miran. No ven lo mediocres e ineptos que son la mayoría, ni su falta de mérito para desempeñar sus cargos. Ni su corrupción de nepotismo y amiguismo. No ven que en demasiados de ellos la palabra “excelencia” suena a chiste cruel. Como si se la aplicara a sí misma la purria que retrata en sus novelas Eduardo Mendoza. Que, dicho sea de paso, es amigo mío.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 14 de julio de 2013

Javier Marías en el Instituto Cervantes

30418_I_cultuwebFoto Marías 2011©Gorka Lejarcegi

Una celebración de la lectura de Javier Marías

El Instituto Cervantes y la Universidad de Brown (EE.UU) organizan el próximo 16 de julio, a las 19 horas, en Madrid el coloquio «Una celebración de la lectura de Javier Marías», una actividad que contará con la presencia del escritor.

La bienvenida al coloquio correrá a cargo de Montserrat Iglesias (directora de Cultura del Instituto Cervantes) y contará con la participación de Julio Ortega (director del Proyecto Transatlántico de la Universidad de Brown), quien ejercerá de moderador.

Además, intervendrán los especialistas en la obra de Javier Marías: Elide Pittarello (Universidad Ca’ Foscari de Venezia), Jordi Gracia (Universidad de Barcelona),  Heike Scharm (Universidad de South Florida) y Juan Luis Cebrián (Real Academia Española).

La conversación podrá seguirse en directo, a través de la web del Instituto Cervantes (www.cervantes.es/d/), y en la cuenta de Twitter: @InstCervantes.

La entrada es libre hasta completar el aforo.

Relationships take the lead

The infautatiosSpanish novelist Javier Marias must surely win the Nobel Prize for literature at some stage. His 1600-page trilogy, Your Face Tomorrow, which has been called ”Proust re-imagined by Le Carre” is a masterpiece of invention and elliptical prose. The Infatuations, superbly translated by Margaret Jull Costa, is straightforward in comparison.

The novel opens with the following words from Maria, the thirtysomething publishing editor who is the narrator: ”The last time I saw Miguel Desvern or Deverne was also the last time that his wife Luisa saw him.” Maria had regularly observed Luisa and Miguel, the ”perfect couple”, at a Madrid cafe, but then Miguel is apparently randomly stabbed to death on the street by a homeless man.

Maria contacts Luisa to express her sympathy and subsequently enters into a relationship with Miguel’s best friend Javier. Maria’s sympathy and compassion slowly turn into suspicion when she overhears a conversation in Javier’s flat and wonders if there is more to the murder than originally believed by the police.

Maria slowly unpicks the raison d’etre for the murder – or does he? Marias is less interested in the mechanics of the murder, rather preferring to explore the relationships of his small group of characters.

In typical Marias style, he slows down the narrative and whole chapters are devoted to thoughts about love, death, the nature of relationships and – most of all – infatuations. The Spanish ”Los enamoramientos” is translated as infatuations, but Marias has explained that it ”has no perfect equivalent in English. ”Infatuation” is acceptable but it has a negative nuance that the Spanish doesn’t have; the Spanish is more simply the process and the state of being in love. People in love, however, can not only act ”nobly” but also ”act vilely”.

Marias also uses Shakespeare, Balzac and Dumas as background material in examining the moral and ethical issues. In the end, however, there is no direct resolution even though the reader is aware of the reasons for the murder.

Marias focuses on moral ambiguities and the difficulties of ever knowing the complete truth about people and events. Memories are elusive and chance plays a vital role. Maria thus can never fully understand everything that has occurred, appropriately concluding, as she literally and emotionally walks away, ”No one is going to judge me, there are no witnesses to my thoughts.”

COLIN STEELE

 The Sydney Morning Herald (Australia), June 27, 2013

The Age (Australia), June 29, 2013

 

Romance y crimen

LE Debolsillo GLa narrativa española actual sobresale con sobrados méritos. Lo percatamos en Lorenzo Silva (La marca del meridiano, premio Planeta 2012); José Ovejero (La invención del amor, premio Alfaguara 2013); Javier Marías, miembro de la Real Academia Española y autor de una profusa obra literaria.

De este último quiero mencionar uno de sus libros más recientes, Los enamoramientos, apasionante novela sobre romance y crimen donde el autor examina los pliegues de la vida interior que a través del espíritu sentimental, mejora la existencia o la destruye. Se trata de un genial novelista que hace de un crimen y su impunidad escalofriante, un retrato visceral y profundo de los sentimientos íntimos del ser humano. Es la voz de uno de los grandes escritores de la actualidad en España, que exhibe una tradición histórica espléndida.

Marías escribe en primera persona como una mujer, narradora y protagonista, logrando retratar el mundo desapacible de la pequeña burguesía, sus inmensa soledades y sus romances transitorios: “… Nos hacen mucha gracia muchas personas, nos divierten, nos encantan, nos inspiran afecto y aun nos enternecen, o nos gustan, nos arrebatan, incluso nos vuelven locos momentáneamente, disfrutamos de su cuerpo o de su compañía o de ambas cosas… Puede suplantar el amor, por ejemplo; pero no el enamoramiento, conviene distinguir entre los dos, aunque se confundan , no son los mismo …” (pág 308).

Pero lo que subyace es la intriga y el crimen, el quitar del medio para que pueda quedar el espacio libre para un amor más duradero.

El autor emplea unas técnicas narrativas impecables, donde la narradora se desdobla en una focalización subjetiva que, en mi sentir, es uno de los logros de la novela, al introducir en el texto su propio “yo” como si se tratara de otro personaje.

Y frente a la muerte, el autor reitera un pensamiento que permea toda su trama: “El error de creer que el presente es para siempre, que lo que hay a cada instante es definitivo, cuando todos deberíamos saber que nada lo es, mientras nos quede un poco de tiempo.” (pág 143)

Estamos ante un libro que envuelve y cautiva, al cual es imposible dejar empezado; una lectura entretenida. Recomiendo.

GABRIEL ECHEVERRI GONZÁLEZ

La Crónica del Quindío (Colombia), 10 de julio de 2013

LA ZONA FANTASMA. 7 de julio de 2013. Esclavizados y transparentes

Si desde hace una década o más mis amistades me insistían con fervor exagerado en que utilizara ordenador e email y móvil y cuantas maravillas electrónicas vinieron luego; si, al ver que no había forma de convencerme, me miraban con una mezcla de horror y conmiseración, como si al excluirme de su mundo feliz me hubiera convertido en un primate; si dudaban entre reírme la gracia o considerarme paranoico cuando yo aseguraba que todos esos inventos, pese a sus enormes e innegables ventajas, me parecían sobre todo instrumentos de dominio y control; si así eran las cosas, desde hace poco empiezo a recibir comentarios envidiosos del tipo: “Qué astuto fuiste al no entregarte en cuerpo y alma a las nuevas tecnologías. No sabes de la que te has salvado. Por culpa de ellas vivimos en un permanente infierno, sin descanso”. Muchas personas –al menos las que aún trabajan– se levantan de la cama y se encuentran con 20 o 40 mails nuevos en su correo. Eso después de haberse quedado la noche anterior hasta tarde contestando los más posibles de la jornada previa. Jamás tienen ya la sensación de haberse despejado el terreno, de haber cumplido con sus tareas y poderse dedicar un rato a leer, dar un paseo, ver una película o –lo que es más increíble– trabajar en lo que de hecho trabajan, para lo cual no les queda apenas tiempo. A mí mismo –sin email ni móvil ni nada– me ocurre a veces: se supone que escribo novelas, y que a algunos individuos les conviene que lo siga haciendo: a mis agentes, a mis editores varios, a los libreros, a los distribuidores. Pues bien, a menudo he de luchar contra los propios interesados y contra mucha más gente para encontrar “huecos” en los que dedicarme a lo que me dedico. Me lleva tanto tiempo despejarme el campo de asuntos aledaños a mi oficio que hay días en que, cuando por fin me siento ante la máquina para meterme en mi absurdo mundo ficticio, estoy agotado y se me han hecho las seis de la tarde. Estoy seguro de que si además tuviera correo electrónico, nunca volvería a escribir una novela. Nada grave para el conjunto de la población, por otra parte.

Pero cada vez hay más “arrepentidos”. Un periodista inglés me dijo hace poco que se había instalado un dispositivo que le impedía acceder a su email cinco horas diarias. Él mismo calificó de “patético” haber debido recurrir a la autoprohibición, como esos ludópatas que, en un momento de sobriedad, piden a los casinos que les denieguen la entrada. Hay gente que tiene los programas Freedom y SelfControl -explícitos nombres– para limitarse la navegación por Internet. El novelista Franzen extrajo la tarjeta inalámbrica de su ordenador y cortó el cable Ethernet para convertir aquél en una mera máquina de escribir sin acceso a la Red. Un ex-director de medios en Twitter, experto tecnológico, ha resuelto usar un viejo móvil Nokia sólo para hacer llamadas, se deshizo de su iPhone, toma notas con bolígrafo y cuaderno y lee libros en papel nada más. Otros sujetos “a la vanguardia de la tecnología están poniendo todo su empeño en hacerla retroceder unos pasos”, informa Nick Bilton, al menos en lo que respecta a sus vidas: desconectan el móvil al salir de casa, el wifi por las noches y los fines de semana, asimismo leen en papel en vez de píxeles en una pantalla.

Añadan a todo esto las recientes “revelaciones” hechas por el digno y sensato Edward Snowden, al cual persigue ahora la Administración de Obama por denunciar los abusos de dicha Administración y de la del Reino Unido en el espionaje masivo de las comunicaciones de los ciudadanos del mundo entero. He escrito esa palabra entre comillas porque hacía falta ser muy ingenuo para creer que cuanto se lanza a Internet no estaría sujeto, antes o después, al escrutinio de nuestros Gobiernos cada vez más totalitarios. Al contrario, se lo hemos puesto en bandeja. Si siguiéramos utilizando papel, sobre y sellos, como hasta hace nada, no digo que no pudieran inspeccionar nuestras misivas, pero les costaría muchísimo más tiempo y esfuerzo. Hoy mismo leo que, según Snowden, el Reino Unido pinchó más de 200 cables de fibra óptica, y que cada uno de ellos traslada en un día la información equivalente a 192 veces el contenido de todos los libros de la Biblioteca Británica. “Estamos empezando a dominar Internet”, decía con ufanía el autor de un documento ahora filtrado. Lo que más me inquieta es “empezando”, porque significa que lograrán ir mucho más lejos. Los investigados son, en su inmensa mayoría, “ciudadanos sobre los que no pesa sospecha alguna”. Y no se debe olvidar que, si el Estado puede conocer y almacenar nuestras comunicaciones, eso estará también al alcance de cualquier otra organización preparada.

Ustedes verán. Pero si nuestros Gobiernos nos tratan como a delincuentes, si han decidido saberlo todo sobre nosotros, lo público y lo privado y lo íntimo, si ya no podemos tener secretos de ninguna índole, habremos de actuar como delincuentes. Ya saben que la Mafia siciliana se comunica sólo mediante los piccini, papelitos escritos a mano que un recadero lleva del remitente al destinatario: la única manera de que nadie intercepte el mensaje, en principio al menos. Nos obligarán a seguir su ejemplo. Si nos ven como a criminales, nos tocará esquivar a nuestros gobernantes e intentar defendernos. Para cualquier cosa que no queramos que nadie sepa, habrá que volver al siglo XIX. Un gran engorro, desde luego. Pero, puestas así las cosas, yo no me asomaría a Internet, jamás, para nada que alguien pudiera volver en mi contra.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 7 de julio de 2013

Javier Marías: a postscript to the critique

1569792w300I’m going to the States next week, so may not get much time to blog for a while.   I thought you might like a little more material to peruse on the superb Javier Marías, subject of my recent 3-part critique here at Tredynas Days. There follow links to three fascinating podcasts in which Marías is interviewed.

Live From the New York Public Library (this link takes you to the whole list of podcasts; scroll down to  the date of broadcast –3 Dec. 2009, three days after vol. 3 of Your Face Tomorrow [YFT] was published in the USA –  then click on the MP3 icon).

This interview hosted by Paul Holdengräber is just over 90 minutes long, and allows him to afford the guest the opportunity to expand upon his literary themes, writing style, notions of translation, and so on. Javier Marías’ humour is evident, as he playfully suggests he doesn’t know when he starts a novel  exactly where it will go; he uses a compass for direction, he says, not a map! He talks about translating Sterne, whose cock and bull shaggy-dog story Tristram Shandy is obviously a key influence on YFT, and he reveals that the huge portion of the novel sequence devoted to the scene where Tupra pulls out an antique sword and brandishes it over De la Garza’s cringing head (it runs to dozens of pages, but lasts just a few seconds in real time) was inspired by the moment in Don Quijote where the hero confronts a foe (the Vizcaino or Basque) and a sword fight seems imminent; an equally lengthy digression ensues, but the combatants are left poised, swords aloft, and the scene is never resumed!  At least, Javier Marías jokes, he finished his scene!

(It’s worth noting that there’s a great deal of complex narrative play in the Quixote: Sancho Panza is unsure about the source of  the soubriquet he gives to his dolefully countenanced master; Cervantes twines his narrative around related lexical sets involving the truthful  representation of the ‘triste figura’ of Quixote on his shield, thus ambiguously  mediating between Quixote’s true ‘rostro’ (face), the ‘imagen’ on his shield representing that sad, gaunt face and the impact this has on those who look at it, and the name given to Quixote (which, like Deza’s in YFT, varies according to whom he’s with). Similarly the MS illustration of the battle with the Basque alluded to in ch. 9 of Part 1 of the novel differs from the earlier description of the battle itself; it tells a different story. This failure to weave together the ‘signs’ with the ‘face’ anticipates the moment in the inn when ‘sign’ and ‘face’ are slowly brought together, because Sancho ‘no era buen lector’ (wasn’t a good reader) – see the chapter: ‘The matter of naming in Don Quixote’ in Unspeakable Subjects: the genealogy of the event in early modern Europe, by Jacques Lezra  [not ‘Deza’!] (Stanford UP, 1997). Here in Cervantes’ playful, slippery narrative ambiguities  we can see where much of Marías’ inspiration came from.)

Another major literary influence on him, of course, is Proust, whose writings are ‘systems of parenthesis’ –a great phrase for describing Javier Marías’ own work– who also likes to give time its ‘real duration’, for this is where real action and feeling lie. Although this slowness of narrative pace, with its long, apparently irrelevant digressions can be irritating for the reader, he concedes, if we show patience we will be rewarded. So in this scene with Tupra and the sword our natural inclination is to want to know what happens next; the lengthy delay is a homage to Cervantes, and brings its own aesthetic pleasure, above and beyond the simplistic gratification of turning the page to achieve narrative closure. As Marías says, he loves watching films and reading page-turner novels, but rarely remembers soon afterwards what the plot consisted of. Action and plot aren’t particularly interesting to him. Marías prefers to see plot as ‘bait’; there are other things to savour  in literature (and in his own novels): he requires us to stop, pause, reflect, think.

A final revelation is made near the end of this interview: he writes, he says, ‘suicidally’ – as I noted earlier, he doesn’t map out his plots in detail as most writers do. In a 1200-word novel sequence like YFT this caused him some headaches; because he doesn’t use a computer for writing with he couldn’t readily find detailed references to, for example, colours of characters’ eyes, so maintaining consistency and continuity was tricky. He didn’t even know, he says, until very late in the writing, what the cause or source of the bloodstain on Wheeler’s stair – a motif which recurs constantly throughout the three volumes -actually was– or even if he’d reveal it at all.

It’s a delightful interview, full of wit and intelligence: well worth listening to.

Back in 2010 the inimitable Michael Silverblatt interviewed Javier Marías  on his KCRW podcast show, Bookworm. With his deceptively soft, slow way of speaking Silverblatt has the ability to ask probing, intelligent questions that evidently inspire the respect and affection of his guests – he’s always worth listening to, and I’d recommend you subscribe to the series. Each broadcast lasts around 25 minutes.

Bookworm interview pt 1: THU FEB 18, 2010

‘What if Henry James —the patron saint of convolution— could be resurrected?   What if he wrote a novel of espionage so complex it became a trilogy?’ (from the KCRW Bookworm podcast website)

Bookworm interview pt 2: THU FEB 25, 2010

‘What if ten minutes of espionage took a hundred pages to fully describe? Here we explore time and consciousness in what will possibly be the greatest trilogy of our new century.‘

SIMON LAVERY

Tredynas Days, June 14, 2013

Crítica de ‘Your Face Tomorrow’ (3)

YFT 3Your Face Tomorrow: Critique part 3

This is the third part of my critique of Javier Marías’s trilogy of novels, Your Face Tomorrow (YFT). In the first two parts I looked at his theme of interpretation, the elaborate syntactical structure of his sentences, and the meandering, anecdotal nature of the novels. I’m delighted and honoured to say that the first two parts of this account were pinged back on Sr Marías’s own blog. Here now is part 3 of my account of YFT.

All of you and all of us are just like snow on somebody’s shoulders, slippery and docile, and the snow always stops. Neither you nor we are like a drop of blood or a bloodstain, with its resistant rim that sticks so obstinately to the porcelain or to the floor. [vol. 2]

Another distinctive stylistic feature of the narrative approach in YFT is Marías’s use of repetition. Phrases and motifs recur; in YFT these include, as quoted just now, the ephemeral snow on shoulders and the rim of the ineradicable bloodstain –this becomes, in a way, the central metaphor of the trilogy– the mystery of blood spilt and subsequent,  imperfect attempts to erase its signs. When his Oxford mentor Wheeler tells Deza at the end of vol. 3 of YFTPoison, Shadow and Farewell–  the tragic story of his wife Valerie Wheeler’s role in wartime ‘black propaganda’ which culminated in her suicide, and another bloodstain on the stair, Deza is reminded of the stain he tried to wipe away in Wheeler’s house in vol. 1, and realises that Wheeler has entrusted him with this story in order that it not be forgotten, erased, but left ‘an echo of an echo’, and that Deza is ‘the rim’ of that story’s ‘stain’, the vestigial evidence that the protagonist in it once existed, ‘trod the earth’, as Deza’s stories in this trilogy attest to his own echoing existence.  The metaphor is the story.

Although an explanation of sorts for this bloodstain on Wheeler’s stairs in vol. 1 is given in the final pages of vol. 3 (Wheeler’s lung cancer causes him to cough up blood), we feel throughout the preceding volumes that this is also a symbol of the betrayals and violence that permeate the narrative. Another spot of blood on the white shoe of an alluring, half-naked woman in a toilet stall at the disco (described in vol. 2) also fascinates Deza, leading him to ask his ex-wife some uncomfortably intimate questions about women’s physiology (Deza often lacks discretion or sympathy; one can see why his marriage faltered).

Other motifs: ‘the dancer in the flat opposite [Deza’s] and his team of partners’ [1]; the ‘tis tis’ sound of a young colleague’s dog’s paws and claws as it walks on a pavement in the rain; the incipient ladder running up her thighs in her (lovingly, lasciviously described) stockings. Marías likens this technique to music: “That reappearance –I wouldn’t say repetition, because it’s not exactly that– that reappearance of a motif is very often extremely moving. The fact that you recognise something …What Sterne said always struck me as true: ‘I progress as I digress.’  And you realise that what seemed anecdotal is actually part of the story. I like to use a system of echoes and resonances and characters that reappear not only within the same book, but from one book to another.”

These looped repetitions include characters, relationships, tropes: there is often a bereaved parent (or child), a disreputable male friend (the ridiculously vulgar diplomat De la Garza, already mentioned here, is a brilliantly realised comic figure, but whose role, typically, darkens and becomes vulnerable and pathetic). A recurring figure is a woman in his work is called “Luisa” – not the same figure, but always the wife-to-be, or wife, or ex-wife of the narrator. In All Souls the narrator escapes the stultifying life of Oxford academia by returning to Madrid, marrying a Luisa, and having a baby; in A Heart So White he marries a Luisa; in YFT he fears his marriage to Luisa is over – they are separated. Marías claims he simply doesn’t like other names, but “Luisa” seems to signify purity, the ideal – although in YFT she becomes dangerously close to entering a relationship with a violent thug, requiring Deza to contemplate taking drastic action to protect her, his Dulcinea.  I find this aspect of the trilogy rather disturbing: Deza is hardly faithful to Luisa, and spends much of the time gazing appreciatively at women; his bizarre sexual encounter with ‘young’ Perez Nuix takes hundreds of pages of preliminary flirting and signalling before it’s uneasily consummated – and this whole episode, which eventually spans all three volumes, portrays Deza as a kind of Quixotic lothario, both timid and sensitive (Eliot’s ‘do I dare’ recurs increasingly in the latter parts of YFT) yet also sexually voracious, erotically predatory and promiscuous.

He has been taken to task for this apparently ambivalent attitude to women; his main male characters are often depicted as impressive, witty, credible, intelligent, but his women are more problematic. In YFT most of the men, especially Deza, look intently and appreciatively at women’s bodies: the progress up her thigh of the ladder in Perez Nuix’s tights is traced with mathematical precision and lewd anticipation by Deza;  he dances with a mature lady at the disco –the wife of a shady client of Tupra’s– whose remodelled breasts are described with cruel disgust and reification reminiscent of Swift. (Luisa, on the other hand, is always seen by Deza as pretty, youthful-looking, perfect.  It’s characteristic of  Marías’s technique that his narrator is often unpleasantly unreliable.)

“The atmosphere of all these novels is one of high sexual tension, which verges on the pornographic,” Margaret Drabble, a member of the IMPAC jury, has written: “As a woman, I find them more disturbing than offensive. They seem to reach back into a darker past where women and men were more sharply differentiated than they now allow themselves to be, than they now think they ought to be. They strike one as politically incorrect, but not in a simple macho manner. They cause alarm but not, on the whole, offence … Something more complicated than old-fashioned sexism is going on here, and I can’t work out what it is.”

Marías suggests he simply describes the world as it is: “In our society, women still get the worst part, in many senses. In Spain we also have this terrible problem, of women being killed by ex-husbands, or ex-boyfriends, or boyfriends. Over 100 women die that way every year. You have the feeling, sometimes, when you read the papers, that it’s an epidemic.” Deza’s uxorious misgivings about Luisa’s new madrileño boyfriend who beats her up is no doubt a product of this concern.  But he also says: “I don’t feel so sure of my capacity to state anything about female characters. There are things which seem to me quite impenetrable. So my female characters are portrayed with a certain slight distance, or with a lot of guessing. And also because in my life there’s a lot of guessing.”

Marías plans his novels minimally: the 1,200-page YFT was outlined initially on just four sheets of A5 paper – not all of them were used; he doesn’t redraft much. It’s possible to sum up its plot in a couple of sentences. It’s not for its plot that I’d urge you to read it: it’s for the challenging, sometimes infuriating (the Times reviewer of vol. 3 described YFT as ‘a remarkable achievement’, sometimes ‘banal and risible’), but ultimately spellbinding narrative, its macabre drama, the intellectual daring and moral probing and sifting. As some reviewers said, this ‘deeply strange’ trilogy demands some patience of its readers, but its ultimate rewards are worth the effort expended [2].

In 2013 Marías was awarded the prestigious Prix Formentor.

And that’s it: the conclusion of my critique of YFT.  If you liked it you might like to consult my reviews of each individual volume of the trilogy posted in the Guardian newspaper’s ‘Reader Reviews’ section:

Vol. 1 is here, vol. 2 is here, and vol. 3 here.

SIMON LAVERY

Tredynas Days, June 10, 2013


[1] A contributor to the Guardian Books Blog called AggieH responded perceptively to a post of mine there about this motif; she wrote: ‘it was such an apparently simple thread running through the story, and yet so effective. In one passage, Deza startled me by appearing, uncharacteristically, to think about the dancing in an uncomplicated and almost sentimental way. But his thought abruptly darkened and my faith in Marías’ ability to unsettle me was restored: “Whether dancing alone or in company, my neighbour always seemed so happy that I sometimes felt tempted to imitate him, after all, that’s something we can all do, dance alone at home when we think no one is looking. But you can never be sure that no one is looking or listening, we’re not always aware of being watched or followed.”’

[2] There’s an interesting short film here on the Guardian website in which the author reveals in an interview with Richard Lea some intriguing insights into YFT – for example that he prefers to read it in English translation!