SILLÓN DE OREJAS. Por un escrache la mar de educado

En uno de los apasionados debates que sostuvieron los jurados del Premio Formentor antes de conceder el galardón a Javier Marías por el conjunto de su obra, uno de ellos afirmó con desparpajo y facundia que, en su opinión, sólo podría considerarse “literatura” (comillas mías) menos del uno por ciento de los libros “literarios” que se publican. Y esos no siempre consiguen que su autor firme muchos ejemplares en cualquiera de los carnavales del libro, como los que se han celebrado esta misma semana. Contra lo que cabría esperar, el apotegma —propio más bien de un varón blanco muerto que de alguien que se baña en las omnipresentes y asépticas aguas del anticanon globalizado— no suscitó mayor escándalo entre los contertulios. Tengo la impresión de que, a lo sumo, los demás, tal vez dotados de más holgadas mangas críticas, habrían ampliado la nómina de los libros “literarios” hasta un dos o un tres por ciento de los que se publican como tales. De qué sea literatura y quién lo decide se habló poco, quizás porque entre todos se entendían, lo que no deja de ser un síntoma y una seña de identidad para un premio que empezó (allá en su prehistoria antifranquista) premiando a Beckett y a Borges, aunque lo hiciera —ay— ex aequo.

[…]

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País, Babelia, 27 de abril de 2013

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LA ZONA FANTASMA. 28 de abril de 2013. Denigradores que se denigran

Es cierto: los actuales gobernantes del PP no son sólo mediocres, ineptos, embusteros, destructores, injustos y desfachatados. Son también los más irritantes de las últimas décadas, lo cual no carece de mérito dada la brutal competencia de sus predecesores, tanto socialistas como de su propio partido. Llevamos demasiados años de mala suerte, desde el Felipe González tardío en adelante. Y si miramos a los Presidentes de comunidades autónomas y jefes de diputaciones y alcaldes, el panorama no mejora o incluso empeora. Los políticos españoles se han ganado la animadversión, el desdén, la malevolencia de los ciudadanos. La desconfianza en ellos es tan absoluta que basta con que Rajoy o un ministro anuncien algo para que todo el mundo se lleve las manos a la cabeza y entienda que va a pasar justamente lo contrario de lo anunciado. “No hay intención de subir más impuestos” significa para la mayoría que sí van a subirse. “España no es Portugal ni Chipre” hace temblar a quien aún tiene dinero en el banco, porque se toma como un aviso de que antes o después nos convertirán en Portugal o Chipre. Aún encorajina más la negación permanente de la realidad. “Hemos dado toda clase de explicaciones sobre el caso Bárcenas”, sueltan varios dirigentes, mientras la gente los escucha perpleja y se pregunta dónde están tales explicaciones: a Rajoy hasta le da repelús pronunciar el nombre de quien fue su dilecto tesorero, lo último que dijo de él fue que nadie podría probar que no era inocente, hace algún tiempo. Sus subordinados se han contradicho cien veces, han balbuceado, han hecho declaraciones ininteligibles o inarticuladas, como infrahumanos privados del don del habla. Sale una sentencia que condena el ERE que llevó a cabo TeleMadrid, y ese Ignacio que nos dejó Esperanza Aguirre como pufo asegura sentirse satisfecho de que le dé la razón dicha sentencia (?). Es tan patético como si a un individuo se lo condena por asesinato y, tras oír el veredicto, exclama: “¿Lo ven? ¡Soy inocente!” A ese Ignacio, sin embargo, no lo han encerrado en un manicomio, sino que continúa al frente de la Comunidad de Madrid, tomando decisiones sobre las vidas de las personas.

Es cierto: no merecen consideración nuestros gobernantes; yo no le estrecharía la mano a ninguno si me la ofrecieran, ni siquiera les dirigiría la palabra. Ahora hay grupos de ciudadanos que han pasado a la acción: se plantan ante los domicilios de los políticos y los hacen objeto de una execración o vituperación públicas (me resisto a utilizar ese desagradable vocablo argentino que todos los medios han abrazado con papanatismo y que la RAE –me temo– incorporará en breve al Diccionario para no ser tachada de “intransigente”). Teniendo la opinión que tengo de nuestros políticos, no puedo estar más en desacuerdo con esta práctica. Ya se han señalado los riesgos que implica: hoy se los presiona para que pongan remedio a la grave situación de los desahucios y a muchos les parece bien, por lo justo de la causa; pero mañana serán las asociaciones “provida” las que cercarán las casas de quienes quieran una ley del aborto en España y los llamarán asesinos y los instarán a votar una que los penalice, en todos los casos; al día siguiente se presentará una muchedumbre ante la vivienda de un periodista cuyas opiniones no le gustan y tratará de que las cambie por las suyas; al otro, una multitud de beatos execrará a los dipu­tados y jueces que han legalizado el matrimonio homosexual, etc., etc.

Pero además hay otros elementos en los que apenas se ha hecho hincapié, que yo sepa. En esas vituperaciones a domicilio no sólo se presiona, sino que se señala, es decir, se delata. Una masa individualiza a una persona y la somete a escarnio, no en su lugar de trabajo y en el ejercicio de sus funciones, sino en su casa, ante sus hijos y vecinos, que también se ven afectados sin tener arte ni parte. El espectáculo no es distinto del que ofrecería una turba llamando “pederasta” a quien tal vez lo fuera, y que aun así sólo habría de responder ante un tribunal por sus actos, no ante esa turba improvisada o más bien artificial y convocada; tampoco se diferencia del que dan esos “justicieros” o “virtuosos” que se apostan a la puerta de los juzgados para insultar a gusto a los detenidos famosos o acusados de crímenes llamativos. Siempre hay algo de repugnante y cobarde en la comandita de muchos contra uno, más aún si esos muchos se aprovechan de su número para envalentonarse y preservar su anonimato; siempre hay algo de despreciable y vil en la delación y el señalamiento, así sea indignante la conducta de los “expuestos”; siempre hay algo de rastrero en la intimidación y la vituperación masivas, independientemente del repudio que causen los intimidados y vituperados. ¿O es que a los fanáticos antiabortistas no les parecerá lo más grave del mundo interrumpir el embarazo más incipiente, producto de una violación o con peligro, y defender que no vayan por fuerza a la cárcel las mujeres que opten por ello? Cargarse de razón es fácil, de su razón cada uno, y cada uno verá tan justa su causa que todo le parecerá permitido con tal de favorecerla. Y sin embargo eso es lo que hay que recordar, en cualquier circunstancia: que nunca todo está permitido y que hay acciones inadmisibles. Es más, las hay que envilecen y denigran a quienes se prestan a ellas.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 28 de abril de 2013

Javier Marías, Premio Formentor de las Letras 2013

Foto. Santi Burgos

Foto. Santi Burgos

ACTA DEL JURADO

Reunidos los miembros del jurado del Premio Formentor de las Letras 2013, Félix de Azúa, Basilio Baltasar, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Manuel Rodríguez Rivero y Berta Vías Mahou, y tras considerar la obra de los diversos escritores presentados por el jurado, han decidido reconocer y premiar los méritos de la obra literaria de Javier Marías.

Javier Marías es hoy uno de los escritores más apreciados en los países europeos y cabe subrayar que, a pesar de haber comenzado a publicar a muy temprana edad su obra, no ha perdido desde su primer libro el aliento y la creatividad que lo ha convertido en uno de los escritores más interesantes de la literatura en español.

Javier Marías ha sido reconocido por un público dispuesto a compartir una narrativa nada complaciente, pero sumamente grata entre quienes mantienen el aprecio por la gran literatura. La obra de Javier Marías representa un triunfo de la inventiva gracias a la habilidad con que ha sabido contar, describir y pensar, sin que se resienta el flujo narrativo.

El jurado aprecia especialmente esa integración de acción descriptiva, introspección y digresión en perfecto equilibrio para la dinámica del relato. Marías ha sabido combinar fórmulas novelísticas tanto experimentales como convencionales, siendo cada nueva novela el resultado de una lucha con las inercias del oficio.

Javier Marías cultiva el placer de la escritura y transmite al lector un gozo que constituye una de las claves de la buena literatura. El humor está presente con elegancia y sus narradores, a menudo desconcertados, reflejan a su modo la fragmentación y la complejidad de la realidad, el recuerdo y la verdad.

El jurado reconoce en Javier Marías a un importante renovador de la narrativa en español que ha encontrado en Europa voces y modos que hasta ahora eran infrecuentes en la tradición española.

Por todo ello, el jurado del Premio Formentor de las Letras 2013, que ha decidido concederle este reconocimiento, felicita al autor y se muestra atento y expectante ante las obras que todavía no ha escrito.

En Formentor, 21 de abril de 2013

1366557094_359820_1366561512_miniatura_normalJavier Marías obtiene el premio Formentor de las Letras

El creador de obras como Tu rostro mañana, Todas las almas, Mañana en la batalla piensa en mí, Corazón tan blanco y Los enamoramientos ha sido distinguido con el Premio Formentor de las Letras. Es Javier Marías, escritor, académico y columnista, quien recibe este galardón por toda su trayectoria que, según el jurado, ha contribuido a definir la gran literatura europea contemporánea y ser uno de los escritores más apreciados en el continente.

Marías (Madrid, 1951) recibe este galardón tras un año marcado por el éxito internacional (ingresó en el selecto club de autores publicados en la serie Modern Classics de la editorial británica Penguin, sumado a las críticas elogiosas de su última novela, Los enamoramientos) y la polémica en España al haber rechazado en octubre el Premio Nacional de Narrativa por Los enamoramientos.

El jurado de los Premios Formentor, presidido por Basilio Baltasar y formado por Félix de Azúa, Manuel Rodríguez Rivero, Juan Antonio Masoliver Ródenas y Berta Vías Mahou considera que Javier Marías es hoy “uno de los escritores más apreciados en los países europeos y, a pesar de haber comenzado a publicar a muy temprana edad, su obra no ha perdido desde su primer libro el aliento y la creatividad que lo ha convertido en unos de los escritores más interesantes de la literatura en español”. El jurado reconoce a “un importante renovador de la narrativa en español que ha encontrado en Europa voces y modos que hasta ahora eran infrecuentes en la tradición española”. Además, valora especialmente la integración de acción descriptiva, introspección y digresión en perfecto equilibrio para la dinámica del relato.

El jurado recuerda, además, que el escritor madrileño ha sido reconocido por un público “dispuesto a compartir una narrativa nada complaciente, pero sumamente grata entre quienes mantienen el aprecio por la gran literatura”. Una obra que, afirman, “representa un triunfo de la inventiva gracias a la habilidad con que ha sabido contar, describir y pensar, sin que se resienta el flujo narrativo”.

Javier Marías, que recibirá el premio el 31 de agosto en Palma de Mallorca, se suma a una lista ilustre junto a otros escritores que recibieron el galardón en su primera época, entre 1961 y 1967: Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Juan García Hortelano, Uwe Johnson, Saul Bellow y Witold Gombrowicz. Un premio surgido en 1961 por iniciativa de Carlos Barral y Camilo José Cela e impulsado por editores extranjeros (Antoine Gallimard, Einaudi…), en el marco de los Encuentros de Formentor que habían nacido dos años antes y que se recuperaron en 2008.

El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer el conjunto de la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la gran tradición literaria europea, siendo su principal objetivo contribuir a consolidar y reconocer la posición de los autores que han sabido mantener su esencia literaria.

Dotado con 50.000 euros, el Formentor reapareció en 2011, cincuenta años después con el mecenazgo de la familia Barceló, propietaria del hotel Barceló Formentor, en Mallorca, donde se han realizado estas citas, y la familia Buadas, antigua propietaria del hotel en los sesenta, cuando se crearon las jornadas y el premio. En 2011 lo obtuvo Carlos Fuentes y en 2012 Juan Goytisolo.

El galardón es anual y tiene la voluntad de destacar la alta cultura literaria al reconocer el conjunto de la obra de un gran escritor. “Aspira a convertirse en referencia que oriente a los lectores en medio de tantos premios con vocación más comercial”, ha dicho en varias ocasiones Basilio Baltasar.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 22 de abril de 2013

ALFAGUARA

Abc

El Periódico

La Vanguardia

Diario Vasco

Efe

El Mundo

Europa Press

El Boomeran(g)

Ñ (Clarín)

La Nación

LA ZONA FANTASMA. 21 de abril de 2013. Los nuevos zombies

Una carta de un lector de El País me hizo gracia hace unos días, porque bajo el epígrafe “Somos maleducados” señalaba lo que de vez en cuando he venido apuntando desde los años noventa: en 1995 publiqué en otro sitio dos artículos, titulados respectivamente “Descorteses” y “Bestiales”, en los que lamentaba la progresiva pérdida de las formas más elementales de educación en España, y cómo eso llamaba la atención –para mi sonrojo– de las amistades extranjeras que aparecían por aquí. Se quedaban perplejas al comprobar que poca gente decía “por favor” o “gracias”, o “perdón” si les daba un empellón en la calle; cómo muchos camareros y dependientes se les dirigían con un tuteo invariable y en fórmulas nada urbanas: “¿Qué queréis?”, como si los clientes fueran una molestia o intrusos. Luego observé otras costumbres reinantes. No sólo es raro que alguien ceda el paso, sino incluso que se “estreche” mínimamente al cruzarse con otro, siempre ha de hacerlo uno si no quiere ser arrollado o embestido. Durante una época probé a no apartarme a propósito, a ver qué ocurría: los que venían de frente me atropellaban casi sin falta, no hacían ni ademán de desviarse un milímetro, era como si yo no existiera. Demasiados topetazos en poco tiempo; volví a mis rodeos o a bajarme a la calzada, más pruebas eran innecesarias.

Ese lector, Enrique Castro, de Barcelona, decía que quizá no estábamos enterados, pero que esa era nuestra fama fuera: la de ser rudos, incivilizados, zafios, desconsiderados, groseros. Lo mismo que los chinos tienen fama de escupir a todas horas (justa o no, la tienen), la nuestra es la de maltratar a cualquiera, no pedir permiso, no preguntar si algo molesta, no disculparnos por nada. No sólo viene siendo así desde hace muchísimos años, sino que la tendencia va en aumento. Llegará un instante en que será difícil convivir, o nos lo será a quienes cada vez parecemos más antigüedades.

Lo peor es que exportamos, me da la impresión, nuestras señas de identidad más feas. Primero fue la chapuza, que se veía raramente en Inglaterra o Alemania y en cambio ya está allí bien instalada. Ahora es el deterioro de los modales. En mis viajes de trabajo al extranjero me encuentro con comportamientos hasta hace no mucho impensables. Los editores que lo invitan a uno para apoyar la promoción de un libro con su presencia superflua (pero parece que lo que hoy importa más es la cara del autor y su cháchara, no su obra; “the singer, not the song”, como me dijo mi amigo Eric Southworth), a menudo lo tratan a uno fatal: le mienten, lo engañan, lo explotan, le mandan unos programas de actividades que luego se amplían a traición hasta el agotamiento, abusan lo indecible, se cobran su libra de carne en la piel del escritor exhausto. La prensa “interesada” suele ser caprichosa, informal y arbitraria, pretende que uno haga el idiota más de la cuenta y que se preste a sus ocurrencias más vejatorias. Pero todo esto viene ya de antiguo, uno está hecho a la idea, y más en tiempos de crisis, en los que nada le parece suficiente a nadie.

Más novedoso me resulta lo siguiente: uno viaja de una ciudad a otra, en tren, coche o avión, acompañado por una persona del departamento de promoción, suele ser joven. Pues bien, esa persona, nada más tomar asiento en el medio de transporte que sea, sin decir una palabra, ni preguntarle a uno si le importa, saca su iPhone, su iPad o como se llamen, le da a uno el perfil o la espalda, finge que se ha evaporado y se enfrasca en su tuiteo, en sus SMS, en sus What’s App, su Skype o lo que sea, de los que puede no levantar la mirada en las dos o tres horas de trayecto. Debo decir que lo prefiero: si uno se pasa el día soltando rollos en entrevistas y presentaciones públicas, lo último que desea es seguir hablando en los ratos muertos o libres. Lo llamativo es que esos encargados de prensa, de los que uno es huésped, ni siquiera hagan amago de ofrecer un mínimo de conversación, ni consulten su preferencia, ni se disculpen por su absoluto desinterés por quien está a su lado. Creo que no son conscientes de su descortesía, es decir, les debe de parecer lo más natural del mundo, darán por sentado que todos llevamos iPhones y iPads y que a todos nos atrae mucho más intercambiar mensajes-píldora con los ausentes que departir con quien se halla presente. La verdadera conversación pertenece al pasado, a quién le interesa.

Los que no llevamos aparatos por la calle debemos caminar con ocho ojos, no ya con cuatro. Antes no era infrecuente reprocharle a alguien que chocaba con nosotros: “Mire usted por dónde anda, hombre”. Ahora sería improcedente y absurdo, porque no se espera que mire nadie. Demasiadas personas van absortas en sus móviles y jamás elevan la vista. Les traen sin cuidado los edificios, los parques, la inagotable fauna de las ciudades, lo que sucede a su alrededor. Aún más si pisan o embisten a un transeúnte, así sea un anciano con bastón y paso frágil o una mujer embarazada o con tres criaturas. Debo confesar que tanto me irritan estos zombies electrónicos, sin curiosidad por nada físico, que sólo deseo –momentáneamente, luego retiro mi pensamiento excesivo– que se estrelle contra ellos un autobús mientras se emboban en sus imbecilizantes pantallas.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 21 de abril de 2013

El Nobel

JM MeulenhoffAL PIE DEL CAÑÓN. Candidatos en Estocolmo

Como pueden imaginarse los escritores que me leen para bien y para mal, en Estocolmo, como en otros tantos lugares este mundo, yo no soy candidato a nada. Por tanto, me tomo la libertad de sugerirles a esos mismos escritores, candidatos a todo, que eviten aparecer con frecuencia por Estocolmo. La curiosidad, también en este caso, mata al gato. Un poetilla que anda por ahí, arrastrando su sombra de juguete roto, cuenta a quienes le quieren todavía escuchar que una vez Camilo José Cela se plantó en su casa de Estocolmo y le dijo: “Justo, vengo a que me gestiones el Nobel”. Escritores candidatos a todo se llegaron a creer que el poetilla, tan premiado, no sólo era el mismo candidato al Nobel de Literatura, sino que él disponía de influencia más que suficiente para otorgarlo a los demás. Había ido a buscar el Nobel de Aleixandre, cuando en realidad tenía que haber ido Carlos Bousoño, por razones que aquí sobra explicar, y eso le dio un cartel de hombre de fuerza que los catetos de este país y de América Latina se creyeron a pie juntillas. El conejo me riscó la perra. O Dios los une y ellos se crían.

Repito que mi consejo es que eviten esta geografía de Estocolmo si aspiran “al máximo”. Digo “al máximo” porque una vez desayunando con amigo escritor, ni bueno ni malo, más que regular un poco mediopensionista, le pregunté entre risas si él aspiraba al Nobel. Muy serio, el tipo se paró en dos patas y me dijo que sí. “Aspiro al máximo”, me confesó ante mi estupor. La ambición humana, como los imbéciles, es ilimitada. No digamos ya los mediocres que se miran en espejo de los grandes escritores y de repente se encuentran un parecido cuanto menos excesivo. Aquí, como en todos los países del mundo, todos los años nos inventamos “candidatos interiores” (así los llamó Javier Marías en una ocasión); candidatos que nunca alcanzan la miel pero siempre están en unas listas que nos inventamos en el interior del populacho intelectual para creernos estrellas brillando en el universo. Y, por supuesto, hay candidatos, aún lejanos en el tiempo, según me dice mi garganta profunda sueca. Entre ellos, Gimferrer, a quien se lee poco en este norte, y Marías, de los más traducidos y editados en sueco. Y en francés. Porque las lenguas de los académicos suecos siguen siendo el propio sueco y, claro, el francés, que siempre propone cuatro o cinco candidatos y, cada lustro, clava al menos un premio de esos. ¿Y nuestros poetas de la lengua? Rafael Cadenas, Eduardo Lizalde, Carlos Germán Belli, Fina García Marruz o Rubén Bonifaz, están listos para recibir el Cervantes, pero Estocolmo les queda demasiado lejos. “¡Que se enteren en Estocolmo, que se enteren en Estocolmo!”, clamaba en el desierto madrileño un viejo escritor y sin embargo sabio y juvenil. No se enteraron y se fue a la tumba con más de un siglo a cuestas sin recibir la más mínima de las respuestas a sus gritos.

Carlos Fuentes, que anduvo tanto por Estocolmo que al final perdió el Nobel, dijo una vez que el próximo Nobel en español sería César Aira. Tal vez fue una respuesta a la broma del argentino de clonar al escritor mexicano en un congreso venezolano que tenía lugar en Mérida, Venezuela. Otro de los escritores que figura en el Parnaso de la paciencia es Ricardo Piglia. “Ha de resistir”. Resistir: he ahí una bonita palabra, un verbo excelente para combatir la desesperanza. A Caballero Bonald, hace dos años, cuando le dieron el Cervantes a Ana Matute, le sugerí que resistiera dos años más y todo se arreglaría. Mi amigo el jerezano me dio dos gritos de aviso y, de todos modos, resistió hasta que el Cervantes, que se le resistía en medio de avatares, fantasmas y reticencias, se le rindió aunque con dificultades.¿Quién no las tiene? Repárese que no hablo de supervivientes, sino de resistentes. Alexander Watt dice en Mi siglo que en todo superviviente hay un canalla. Y yo lo creo. También soy un resistente, no lo olviden los escritores que me leen, que me reinvento cada vez que puedo. Lo hago contento, como estoy ahora, en esta fría primavera de Estocolmo.

J.J. ARMAS MARCELO

El Cultural, 19 de abril de 2013

LE Debolsillo G
Los enamoramientos, 2º libro de bolsillo más vendido

Bonilla, Maiakovski, Marías

‘The Infatuations’ Top Ten Book Reviews

The infautatios
1 Top Ten Book Reviews
The Infatuations by Javier Marías

Born in Madrid in 1951, Javier Marías is the author of ten novels, as well as two collections of short stories and several books of essays. in 1997, he won the International IMPAC Dublin Literary Award, one of the world’s most lucrative literary prizes, for the novel A Heart So White.

(Nowadays, the IMPAC prize is valued at €100,000 – if the winning novel is not in English, €25,000 goes to the translator.) A Heart So White was translated from Spanish by Margaret Jull Costa, who has also translated The Infatuations, his first new novel for Penguin. The author’s work has been translated into 42 languages in total.

While his philosphical speculations may prove trying for some readers, The Infatuations is regarded as one of the Spanish writer’s most accessible novels. In terms of pace and focus, it certainly helps that its core event is a frenzied stabbing incident on a Madrid street, resulting in the death of a seemingly loving husband and father.

It is at first surmised that the crime is the random act of a madman. Or it may be a case of mistaken identity by an unhinged father who believed his victim was responsible for luring his two daughters into prostitution.

The story is told by one María Dolz who breakfasts at the same café each morning, where she watches with fascination a man and his wife. Their apparent conjugal happiness and ease with each other simply intrigue her.

Indeed watching the pair becomes part of her ritual, before she moves on to her job at a publishing house, and husband and wife also separate for the day. The couple, she notices, have two young children. A male friend also appears from time to time.

Such is Marías’ compelling gift that the reader can’t help but be drawn in, and the portrait of these two middle-aged people in love is wonderfully evoked. Where will the novelist take this thread you wonder?

Following a period during which the couple fail to appear at the outside table, María discovers that the husband – whose name it transpires is Miguel Desverne – is dead, the victim of the frenzied stabbing which has naturally made headline news in Madrid.

Eventually, his widow Luisa returns to the café and María approaches her to sympathise. She tells her how much she and her late husband intrigued her each morning at breakfast, even though they were perfect strangers.

María is duly invited to Luisa’s apartment where she meets the aforementioned male friend Javier. María and Javier begin to have a no-strings-attached affair. Luisa, it seems is the real object of Javier’s affections, as he waits for her to overcome her sadness at losing her husband, who is also, we are given to understand, his close friend.

One day, lying in Javier’s bed, María hears a male visitor come into the living room and talk excitedly to Javier about a man who appears to be Desverne’s murderer. It is a conversation that she wishes she hadn’t heard. She begins to fear for her own life, insisting to Javier that she heard nothing through the slightly-opened bedroom door.

Although it is not strictly in the genre, The Infatuations is as sophisticated as crime fiction can be, managing in its 346 pages to say so much about human nature, with its myriad fragilities, uncertainties and self-deceptions. No wonder Marías is translated into 42 languages; his themes are universal.

PADDY KEHOE

RTÉ (Raidió Teilifís Éireann, Ireland’s National), April 2013

LA ZONA FANTASMA. 14 de abril de 2013. Como si fueran comunistas

Pongamos que ustedes o yo somos chipriotas, lo cual podríamos llegar a ser en cualquier momento, dadas la nefasta gestión de la crisis del Gobierno de Rajoy, las perspectivas de aumento aún mayor del paro (ya se prevé que alcance al 27% de la población), la nula enmienda de nuestros bancos, sobre todo de los que han sido salvados con dinero de los contribuyentes, a quienes se niegan a conceder créditos “en agradecimiento”; dadas también la imposición de austeridad sin crecimiento llevada a cabo por Berlín y Bruselas, la parálisis del consumo y el general miedo reinante. Pongamos que ustedes o yo hemos ahorrado durante muchos años y tenemos depósitos de 100.000 euros o más. Que ese dinero lo hemos ganado honradamente y sin estafar a nadie, con buen tino para los negocios, con enorme esfuerzo y trabajo o con suerte, que a veces cuenta. Que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades ni hemos despilfarrado. Que a lo largo de nuestra vida sólo hemos pedido un crédito a un banco, y porque salía más a cuenta que pagar a tocateja, a lo cual estábamos dispuestos; que, en todo caso, ese crédito o hipoteca lo liquidamos en el plazo de dos años, dado que no nos gusta deber a nadie. Que por eso mismo no tenemos ni una sola deuda ni jamás nos hemos entrampado; al contrario, hemos prestado o dado dinero a quienes teníamos cerca y lo necesitaban. Que no vivimos con ostentación y sólo nos damos los caprichos a nuestro alcance. Que nunca hemos ido al banco ni a la caja a que nos presten para chorradas y antojos (la comunión de la niña, unas vacaciones en Nueva York o en el Caribe) ni para proyectos de envergadura que no podíamos estar seguros de llevar a buen término (la adquisición de una vivienda en propiedad, por ejemplo, contando con un empleo precario). Que no hemos invertido en preferentes ni en bolsa ni en ninguna operación de riesgo, sino sólo en fondos muy conservadores que nos han rentado poco, y no siempre, y cada vez menos. Que hemos pagado puntualmente nuestros impuestos y no hemos defraudado al fisco, o no conscientemente. Pongamos que somos chipriotas sensatos y cumplidores de las leyes, y que si hemos ahorrado 100.000 euros o más es en buena medida porque no nos fiamos de que las pensiones vayan a seguir existiendo como hasta ahora; porque queremos tener dinero disponible por si hay que ayudar; porque deseamos dejar algo en herencia a nuestros allegados; porque nos ha dado la gana.

Pues bien, nos encontramos ahora con un insólito latrocinio. Por haber ganado y conservado ese dinero sin especulación, fraude ni trampas, nuestro Gobierno y la Unión Europea nos castigan, y nos quitan o nos confiscan sin más… aún no se sabe si el 30%, el 40% o incluso el 80% de nuestros depósitos. Tras muchas protestas y alarmas, se ha logrado que al menos no les hurten casi el 7% a nuestros conciudadanos con menos de 100.000 euros. Pero los que sí tenemos esa cantidad (según la edad, tampoco da para retirarse) nos vemos despojados y desposeídos sin haber hecho nada para merecerlo. Estamos en el absurdo de que, si uno derrocha, se la carga, y si en cambio ahorra, también se la carga. ¿En qué quedamos? ¿Cómo se justifica, cómo se acepta que se desvalije de un 60% de sus ingresos (lo más probable) a nadie que no haya delinquido ni defraudado, ni siquiera haya arriesgado ni se haya endeudado? ¿Cómo es posible semejante atraco a manos de salteadores vestidos con traje y corbata y con cargos de responsabilidad? ¿Cómo puede ser esto “legal”, si es un puro y simple robo por parte de los Estados? Es gracioso: recuerdo bien cuando había pánico a los “comunistas”, en nuestro país y en otros. La mera palabra asustaba a muchos, y la gente común decía: “Es que si vinieran los comunistas, nos lo quitarían todo por la fuerza, la propiedad privada dejaría de estar protegida”. No han venido los comunistas, y sin embargo son el capitalismo y los partidos de derecha y “orden” quienes se dedican a confiscar bienes privados, sin justicia alguna y para “salvar la banca”. Imprevistos comunistas están hechos.

Hacienda mira con lupa lo que cada ciudadano gana, y es capaz de reclamar y multar por el más mínimo error cometido. Con el mismo escrúpulo, podría rastrear quiénes han obtenido sus 100.000 euros de manera legal y honrada y quiénes no; qué depósitos se retribuían a tipos de interés exacerbados –y por tanto comportaban un riesgo que debían asumir sus propietarios– y cuáles no. Llegada la hora de un rescate, de los cuales los culpables principales son siempre los políticos y los banqueros, debería poderse ver –tan al detalle como mira Hacienda– quiénes merecen ser esquilmados y quiénes no, en modo alguno. De otra manera, sucederán dos cosas, si es que no están ya sucediendo: a) mientras pueda, la gente trasladará sus depósitos a bancos de países de la UE que no vayan a ser rescatados, de modo que Alemania, Austria, Reino Unido u Holanda verán llenarse sus arcas mientras se vacían las de España, Italia, Portugal o Irlanda; b) después de que los ciudadanos sean saqueados sin culpa alguna, no se les pida solidaridad ni “patriotismo”, ni hacia sus respectivos países ni hacia Europa. Si nuestros Gobiernos nos roban descarada e indiscriminadamente, lo único que pueden esperar de nosotros es enemistad y desafecto, la continuidad de las hostilidades graves que ellos habrán iniciado.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 14 de abril de 2013

LE Debolsillo G
Los enamoramientos, 2º libro de bolsillo más vendido

Gli innamoramenti. Entrevista, reseñas, y más

LE it grandeAnatomia dell’ amore
RITA SALA
Il Messaggero, 30 dicembre 2012
La verità secondo María
MICHELE DE MIERI
24 Ore, 16 dicembre 2012
Marías, l’innamoramento è un thriller di parole
ROBERTO COTRONEO
Il Messaggero, 15 dicembre 2012
Questa volta ho voce di donna
PAOLO PETRONI
Il Cittadino, 13 dicembre 2012
La passione e le colpe inconfessabili
ANNA FOLLI
Gazzetta di Parma, 8 dicembre 2012
Comportamenti amorosi
EDMUNDO PAZ SOLDÁN
Letras Libres, 13 dicembre 2012
Due ragazze scomparse e una strana coppia perfetta
ALESSANDRO MARONGIU
La Nuova, 17 dicembre 2012
Se osservi due che si amano, il loro amore ti contagerà
LIANA MESSINA
F, 23 gennaio 2013
Gli innamoramenti
GIANLUCA VELTRI
Mucchio, 1 gennaio 2013
Alta letteratura con un tocco noir
PIERO MENARINI
Libero, 14 dicembre 2012
Poesía del matrimonio…
ROMANO MONTRONI
Corriere di Bologna, 26 gennaio 2013
Madrid, misteri e amori. Il nuovo incanto di Marías
ROSSELLA MARTINA
QN, 20 gennaio 2013
L’ amore secondo lei
PIERO MARIO FASANOTTI
Liberal, 15 dicembre 2012
Elogio della fantasia e della spietatezza amorosa
Panorama, 6 febbraio 2013
Dire buon Natale regalando un libro
ROBERTO PERROTTI
Corriere Nazionale, 16 dicembre 2012
Il Giornale, 26 gennaio 2013

LA ZONA FANTASMA. 7 de abril de 2013. Ladrones de Heathrow

Es 23 de marzo. En la televisión de mi hotel londinense, veo que cae una fuerte nevada, impropia de la época, en Escocia, parte de Gales y el norte de Inglaterra. Pero no en Londres. Desde el taxi que me lleva a Heathrow le mando a una persona un SMS en el que, con precisión léxica, le comunico: “Nevisca”. No “Nieva”, sino “Nevisca”, porque eso es lo que pasa, que cae una aguanieve, no más. Algo de viento también, pero vaya, nada del otro mundo, sobre todo para esas latitudes septentrionales en las que están más que acostumbrados. Pero no: hoy en día cualquier mínimo contratiempo se convierte en catástrofe, así que cuando llego al aeropuerto, con tiempo de sobra, veo que mi vuelo de Bri­tish Airways ha sido cancelado, lo mismo que otra veintena o más. Indago, y finalmente me envían a una cola de no demasiados pasajeros (es la de clase business), en la que sin embargo me tiro tres horas de reloj, tres, hasta alcanzar uno de los dos mostradores, dos, en que nos atienden. Tres horas de pie (no quiero ni imaginar cuánto les tocaría esperar a los de clase turista), junto con gente que va a París, Roma, Ginebra… Cuando por fin llega mi turno, me ponen en lista de espera para un avión más tardío y me dicen que me acerque a una “zona” (vaga definición donde las haya), en la que, si tengo suerte, me llamarán por mi nombre. No falta mucho para que despegue ese segundo vuelo, así que lo habitual en estos casos: nervios, incertidumbre, el oído aguzado para reconocer mi apellido cuando alguien decida vocearlo, sin micrófono ni nada, con pronunciación sui generis. Al cabo de un rato se produce lo ansiado. Una joven semiafónica grita algo así como “Mr Yáviah Márias”. Suelto mi maleta en una cinta, me dan una carta de embarque, me apresuro por los pasillos con mi bulto de mano (una maletica mínima y medio vacía), en busca de la puerta correspondiente. Voy con el tiempo justísimo, casi a la carrera.

Pero ah, hay que pasar el control, desde luego. En una bandeja deposito abrigo, chaqueta, cinturón, monedas. En otra, la maletica. Ambas son consideradas sospechosas y, en vez de seguir su curso recto, las desvían. Como si no hubiera el caos que hay en Heathrow tras tantas cancelaciones; como si la gente no llevara horas aguardando y haciendo colas; como si los pasajeros contáramos con todo el tiempo libre del mundo, los encargados de seguridad se lo toman con calma. Nadie hace caso de mis dos bandejas apartadas, durante varios minutos. Por fin un tipo calvo y de aspecto raquítico se me acerca con ellas. Ignoro por qué levantaron sospechas mi abrigo y demás, sobre eso no se me interroga. “Hay que abrir la maletica”, dice. “Adelante”, y se la abro. De mala manera, empieza a inspeccionar los pocos objetos que hay en ella, uno por uno. Coge un cenicerito con tapa que llevo siempre, por si acaso. “Esto qué es”. “Un cenicero”. “Es metálico”, observa con tono levemente acusatorio. “Sí, es metálico, ya lo ve”. “¿Y esto?” “Para medir la tensión” (mi médico, el Doctor Vidal, me obliga a controlármela). “¿Y esto?” “Ya lo ve, un reloj despertador de viaje”. Lo abre, lo mira, le pasa una especie de cepillito por encima, como a un par de libros, que además olisquea. “¿Y esto?” “Un adaptador”, es decir, lo que yo siempre he llamado un ladrón, que, cuando viajo al Reino Unido, me permite utilizar los enchufes continentales de dos clavijas (allí tienen tres). Ahora rebusca en el neceser. El de los líquidos, tijeritas, cuchillas y otras armas de destrucción va en la maleta facturada. En este otro, sólo cosas inocuas. Pero una botellita mínima de plástico, de nueve centímetros de alto (luego permitida) y medio vacía, lo alarma. Se la acerca a una compañera, para que la huela. Y allí veo a los dos, a distancia, tratando de oler el contenido, una escena ri­dícula. Se me aproxima de nuevo. “¿Qué es este líquido?” Se me ha olvidado el término inglés (no es raro, compruebo luego en casa que es difícil de recordar: “hydrogen peroxide”). “¿Cómo es en su lengua?”, pregunta. “Agua oxigenada”, respondo. Lo repite varias veces como si le gustara el conocimiento adquirido. “¿No es alcohol?” “No. Olería si lo fuera”. “¿Para qué es?” “Para detener hemorragias. A veces me corto al afeitarme”. Estaba ya desesperado, iba a perder el segundo vuelo. “Quédeselo. ¿Puedo seguir ya?” “Agua oxigenada confiscated”, dictamina muy ufano. De mala manera arroja mis cosas a la maletica. La cierro y salgo corriendo, aún he de encontrar mi puerta de embarque.

En Madrid descubro que me faltan cuatro objetos: el cargador del móvil de viaje; el adaptador o ladrón. ¿Qué podía hacer en el avión con tan infernales instrumentos? En todo caso, el tipo calvo no los declaró “confiscados”. No los devolvió, sin más. Pero tampoco están la calculadora y mi bonito despertador Dalvey. Encima de desconsiderados, ladrones. Llevaba tanta prisa que nada comprobé. Uno solía confiar en las autoridades británicas, no era país de chorizos. Uno se pregunta cuántas cosas apetecibles no habrán requisado por las buenas algunos de estos individuos en todos los aeropuertos del mundo, abusando de su poder. ¿Un despertador es un peligro? ¿Desde cuándo? Al tipo le gustó el mío, eso es todo. Aunque sea una minucia, causa indignación. Cuánta más no han de causarnos las decenas de políticos y funcionarios corruptos con cuyas hazañas nos desayunamos a diario desde hace meses y meses. El abuso de autoridad es imperdonable, pero en él vivimos instalados.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 7 de abril de 2013

LE Debolsillo G

Los enamoramientos, el libro de bolsillo más vendido

Marías traduce para ‘McSweeney’s’

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Javier Marías traduce “A Making of a Man” [“Cómo se hace un hombre”]
de Richard Middleton

McSweeney’s Issue 42

[With the help of guest editor Adam Thirlwell (author of Kapow!, Visual Editions), Issue 42 is a monumental experiment in translated literature—twelve stories taken through six translators apiece, weaving into English and then back out again, gaining new twists and textures each time, just as you’d expect a Kierkegaard story brought into English by Clancy Martin and then sent into Dutch by Cees Nooteboom before being made into English again by J.M. Coetzee to do. With original texts by Kafka and Kharms and Kenji Miyazawa, and translations by Lydia Davis and David Mitchell and Zadie Smith (along with others by John Banville and Tom McCarthy and Javier Marías, and even more by Shteyngart and Eugenides and A.S. Byatt), this will be an issue unlike anything you’ve seen before—altered, echoing narratives in the hands of the finest writers of our time, brought to you in a book that looks like nothing else we’ve ever done.]

Digressive progress: Spanish author Javier Marías

mariasdepieWith plenty of observations, reflections and suppositions, Marías likes telling readers things ‘they didn’t know they knew’

When Javier Marías was a student of English Philology in Madrid in the 1970s he says it was with a sense of “awe and reverence” that he would buy copies of “the then grey-spined Penguin Modern Classics. The authors ranged from Conrad to James, Faulkner to Joyce, Thomas Mann to Ford Madox Ford, Woolf to Camus. Not even Nabokov was allowed to be there.” Last year Marías himself became one of just a handful of living writers to join that same list. “I must assume, therefore, that these are much less demanding times than the 1970s,” he explains modestly. “But, still, I feel very honoured, even if I can’t help thinking I must be a fraud.”

Far from being a fraud, it is difficult to think of many other living writers who are such an obvious fit for the list. In brute commercial terms, as was noted at the time, you could say his inclusion is not a bad hedge bet from his new publisher Penguin in the event of his winning the Nobel prize, something he is regularly tipped to do. In purely literary terms there is an even more compelling case. Few writers have sustained such an engagement with the classic (Anglophone) canon. As a translator he has rendered into Spanish work by Hardy, Yeats, Conrad, Nabokov, Faulkner, Updike, Salinger and many others. As a novelist, he has threaded his work with traces of these writers, and is explicitly underpinned by an empathy with Shakespeare and Sterne, as well as Cervantes and Proust.

“I’ve never had a literary project and feel I have been improvising all my career,” he recently claimed. “But I do recognise certain recurring themes: treason, secrecy, the impossibility of knowing things, or people, or yourself, for sure. There is also persuasion, marriage and love. But these things are the matter of literature, not just of my books. The history of literature is probably the same drop of water falling on the same stone only with different language, different manners, different forms adequate to our own time. But it remains the same thing, the same stories, the same drop on the same stone, since Homer or before.”

This flair for improvisation has seen him selling millions of books that have been translated into more than 40 languages. His 12th novel, “The Infatuations”, has just been published in English, and works such as “All Souls, A Heart So White” and, more recently, his monumental “Your Face Tomorrow” trilogy have received almost universal critical acclaim. And he has not only been garlanded with prizes. Among his other titles is King of Redonda, a real, if uninhabited, lump of Caribbean rock, the monarchy of which has been passed down through a line of writers.

“I’ve taken my responsibilities lightly,” he smiles, “but I do follow the tradition of an intellectual nobility.” He funds a literary prize and awards dukedoms to the winners, which so far have included among others Alice Munro, A.S. Byatt, William Boyd and Umberto Eco. “J.M. Coetzee was the first winner, and I was delighted that he accepted and joined in with the playfulness of it. Maybe it is time that I should start thinking about an heir. I inherited through an abdication, so I shall have to find another writer, as it is not passed on by blood but by letters.”

Marías has never visited Redonda and lives in a book-packed apartment overlooking one of Madrid’s oldest squares where he works on an electric typewriter, doesn’t have internet and is equally old-fashioned in his prodigious cigarette consumption. He has a long-term partner, but she lives in Barcelona. “And that is usually my lot. Either my girlfriends have been married at a time when there was no divorce in Spain, or they lived somewhere else or there was something else in the way.”

“The Infatuations”, featuring a rare Marías female narrator, is, among other things, a cool-eyed examination of love; in fact “Los enamoramientos”, the Spanish title, could also be translated as “The Crushes”. Maria has breakfast in the same café every morning, where she observes a married couple with the same routine. Some time after the couple stop coming to the café Maria learns that the husband has been brutally murdered, and she becomes embroiled in the life of the widow and the emotional ramifications of the husband’s death.

“Loving and falling in love have a very good reputation,” he says. “That may be justified sometimes, but sometimes it is the opposite. I have seen very generous, kind and noble people behave very badly because they are in love. Equally there is this idea of destiny. People remember how they met and wondered what would have happened if they hadn’t gone to that restaurant or that dinner. But we are in fact very limited in our choices of partner by location, class, history and who is willing to accept our advances. How many times are we not the first choice? Or even the second, or the third?”

The book has sold more than 160,000 copies in Spain and was awarded the national narrative award, which Marías declined because the 20,000-euro prize was funded by the state. He has been criticised as a novelist for not engaging directly in Spain’s turbulent political life although in fact the civil war and Franco’s rule have been dark presences in his books — but he has shown no reticence about engaging in the day-to-day as a newspaper columnist for the last 18 years.

“As a columnist I write as citizen and maybe have too many opinions” — he has published a whole book of just his football articles — “but writing as a novelist is different. I don’t like the journalistic kind of novel which is now rather fashionable. If a book or film takes a good subject from the everyday press — say domestic murders in Spain, which are a historic disgrace — everyone will applaud, but it is easy applause. Who will say it is bad? People say the novel is a way of imparting knowledge. Well, maybe. But for me it is more a way of imparting recognition of things that you didn’t know you knew. You say ‘yes’. It feels true even though it might be uncomfortable. You find this in Proust, who is one of the cruellest authors in the history of literature. He says terrible things, but in such a way that you know that you have experienced those thoughts too.”

Marías was born in Madrid in 1951, the fourth of five sons. Three of his brothers — the eldest died before he was born — went on to have careers in the arts. Their father was Julián Marías, a leading philosopher whose republican activities had seen him briefly imprisoned following the Spanish Civil War, an episode (Javier) Marías drew on in “Your Face Tomorrow”. Their mother, Dolores Franco, was a translator and an editor of an anthology of Spanish literature before starting a family. As a child Marías was taken for several trips to America where his father was teaching, having been blacklisted at home. Back in Madrid, his early writing came directly out of his reading; he created his own musketeer and Just William stories when he had finished all the books. “Richmal Crompton had been very popular in Spain since my parents’ time.”

The family home was full of books, art and elevating conversation. But Marías’s introduction to professional writing was facilitated by an uncle who was a maker of horror films. During the six weeks the 17-year-old Marías stayed at his uncle’s Parisian apartment he not only watched 85 films but also broke the back of a debut novel, “Los dominios del lobo” (“The Dominions of the Wolf”), which was published in 1971 when he was only 20.

“It was a sort of a tribute and parody of American films of the 1940s and 1950s. A youthful work, but not the usual autobiographical story of most young writers. And also not deadly serious in the way young people often are. As such, I’m actually not ashamed of it.”

He says the dominant trend in Spain at the time was social realism. “Franco was still alive. The idea was that writers, as far as censorship would allow, must try to raise the consciousness of the people about the terrible situation. I thought it was well meant, but had nothing to do with literature. My generation knew that a novel couldn’t end the dictatorship, and so as writers we did as we wanted.”

In fact over the next decade he published only another two novels as his career as a translator came to the fore, most notably with his 1979 version of “Tristram Shandy”, which won the (not state-funded) national translation prize. He categorises a translator as both a “privileged reader and a privileged writer. If you’re capable of rewriting in a different language something by Conrad or Sterne then you learn a lot. I’ve not got involved with the creative writing industry, but if I ever had my own creative writing school I would only admit people who could translate, and I would make them do it over and over again.”

During his years translating he found that some writers helped the translator by being stylistically contagious. “There is a pace and a rhythm of prose that, if the translator catches it, you can surf the wave of cadence. I certainly felt it with Conrad and in a way with Sir Thomas Browne. But it is not essential to good writing. It was not there with Yeats’s prose, or Isak Dinesen’s or Thomas Hardy’s. I like to think that my prose has some cadence that can contaminate, in the good sense, and help a translator. And I always want to help as much as I can because I remember being so annoyed that I couldn’t ask Conrad what he meant.”

He says that what is now regarded as his own distinctive style — the long, digressive, almost musical sentences that loop around observation, reflection and supposition — took many years to achieve and wasn’t really in place until his 1986 novel about an opera singer, “A Man of Feeling”. “I had written four novels before then. The impatience of the publishing world today might mean that I wouldn’t have been given a chance to get that far. So many worthwhile writers must have been lost because of this impatience. The change has been brutal.”

His next novel, “All Souls” (1989), based closely on his experiences teaching at Oxford in the 1980s, was a success, but it wasn’t until “A Heart So White” in 1992 that he first became a fixture on the bestseller lists. After selling well in Spain it became a global hit after “the Pope of German critics”, Marcel Reich-Ranicki, recommended it on television. “He was known as a tough critic who had once, literally, ripped up a Günter Grass book. But he said some exaggerated things about my book and that it should be No 1. Obediently, as sometimes Germans in their history have been, they went out and bought it.”

The book sold 1.3 million copies in Germany and later won the Impac prize. Marías’s novel-writing technique — “which I know could be suicidal” — is to set out with only minimal planning (all his notes for the 1,200-page “Your Face Tomorrow” trilogy were scribbled on just four sheets of A5 paper; not all of them were used) and then not to redraft the book, “although I do go back to change a Tuesday to a Thursday and things like that”. It is a high-wire act that is sustained by what must be a remarkable memory as he shapes his story round complicated digressions and repetitions. “What Sterne said always struck me as true: ‘I progress as I digress.’ And you realise that what seemed anecdotal is actually part of the story. I like to use a system of echoes and resonances and characters that reappear not only within the same book, but from one book to another.”

He describes the present situation in Spain as “scary”, and lambasts the government for using the economic crisis to impose labour reforms, toughen abortion laws, cut education and culture spending, and privatise the health system. “Those opinions I stand by. It is not quite the same as a novelist. A novel is a more savage and wild thing in the sense that you can say anything, and your narrators or characters can say anything. Yet it still arrives at a kind of truth. It is like the theatre where you know the name of the playwright, but when the curtain rises the accepted convention is that the audience doesn’t take all the actions or opinions on the stage as the author’s. It is the same with a book. You turn from the cover to the biographical note, then maybe a dedication until you reach page one and the curtain rises. From that moment on the name on the cover doesn’t matter any more.”

NICHOLAS WROE

Gulf News, Weekend Review, 4 April 2013

‘Your Face Tomorrow’ entre los mejores

A tres bandasDos reseñas de Your Face Tomorrow 3: Poison, Shadow and Farewell

Si creían que las listas de los mejores de eran sólo cuestión de fin de año, están muy equivocados porque The Guardian ha preguntado a sus lectores por las mejores traducciones que han leído, y entre los más destacados aparecen Your Face Tomorrow, la versión inglesa de Tu rostro mañana, de Javier Marías; Dublinesque, de Enrique Vila-Matas; Traveller of the Century, de Andres Neuman, y ¿cómo no? las versiones al inglés de las novelas de García Márquez, desde Chronicle of a Death Foretold a Nobody Writes to the Colonel

JUAN PALOMO

El Cultural, 5 de abril de 2013

El tío Jess y la luz encendida

jesus_franco_jess_muere_n-672xXx80Hacía muchísimos años que no veía al tío Jesús, pero lo he mencionado y tenido algo presente en los últimos tiempos, en la novela que intento escribir ahora. Era él quien se mantenía apartado de la familia. No por enfado ni nada parecido, sino porque, como decía mi madre, su hermana mayor que lo había cuidado de niño (le llevaba diecisiete años), “Jesús es muy descastado, no lo puede remediar”. No es que a nadie le importara gran cosa, era su manera de ser, eso es todo.

Su figura me hacía enorme gracia, en cualquier caso, y nunca olvidaré sus favores, siempre le estaré agradecido. Fue él quien me permitió ganar mi primer dinero, encargándonos a mi primo Carlos Franco y a mí la traducción de varios guiones de Drácula y Fu-Manchú, de las películas que en los años setenta rodó con esos personajes para el productor inglés Harry Alan Towers. En una de ellas, del maléfico chino creado por Sax Rohmer, mi primo Ricardo Franco y yo incluso hicimos de extras: nos obligó a bajar, descalzos y a la carrera, una ladera pedregosa, hasta el borde de un lago o pantano, y quizá a alguna otra nadería peligrosa. No se nos puede reconocer, ya que llevábamos capuchas negras, íbamos disfrazados de esbirros chinos, con los pantalones preceptivos. Pude ver brevemente a Christopher Lee y con eso me di por satisfecho. En otros rodajes logré echarles el ojo a Jack Palance, a Herbert Lom y a George Sanders, míticos para mí entonces y ahora.

En otros sitios he contado cómo gracias a él escribí mi primera novela, Los dominios del lobo, en su casa de París que me cedió con generosidad, a mis diecisiete años. También cómo me colaba de niño en su cuarto, cuando iba a casa de mis abuelos —sus padres, con los que aún medio vivía—, los cuales, muy religiosos, no debían de tener ni idea de que Jesús guardaba allí un arsenal de revistas eróticas, algo escaso en tiempos de la dictadura y que a mí me abrieron los ojos como platos. Era muy bromista, muy simpático, muy exagerado y muy fantasma. Como algún otro hermano suyo, sumamente mentiroso. No hace demasiado le leí en una entrevista un embuste que me hizo gracia: “Fíjate si hay gente malvada”, le decía al periodista, “que dicen que he nacido ¡en 1930!”, que era exactamente el año en el que había nacido (él andaba quitándose así como una docena). No le faltaba algo de razón: a veces hay que ser muy malvado para contar la verdad de alguien que intenta ocultarla.

Sus películas primeras son muy apreciables, Gritos en la noche, Rififí en la ciudad, la comedia Tenemos 18 años o el disparate musical Vampiresas 1930. Entre las incontables más que rodó hay de todo, pero no se puede negar que tenía imaginación y desfachatez y osadía. Incluso componía la música en ocasiones, bajos sus queridos pseudónimos. Según mi madre, era muy miedoso y aprensivo, como el personaje que interpretó como actor en la legendaria El extraño viaje, de Fernán Gómez. Cada noche despertaba a media casa con alguna alarma, la más llamativa de las cuales fue cuando una madrugada anunció angustiado a padres y hermanos que le había ocurrido algo mortal de necesidad: “Me he tragado la nuez, me estoy ahogando sin remedio”. Era incapaz de dormir sin una luz encendida y, según me confirmó mi primo Ricardo (que fue ayudante de dirección de bastantes películas suyas en los años setenta) seguía conservando esa manía todavía de adulto. Quizá por eso hizo tantas películas de terror. Confío en que en su última hora la habitación no estuviese a oscuras.

JAVIER MARÍAS

El País, 3 de abril de 2013