Confidencias ocasionales

MI LibroCada uno de los cuentos de Mala índole cifra un enigma, en más de uno lo inquietante proviene de una confidencia ocasional a partir de un encuentro con un desconocido. El crimen es en algunos el desenlace; en otros, es la intención de un asesinato lo que le es confesado en forma circunstancial al narrador. La muerte no deja de ser central para el armado narrativo de los cuentos de este libro y también de las novelas de Javier Marías.

La observación de alguna escena de la vida de una pareja con sus singulares actitudes condicionadas por obsesiones o cálculos extraños y la presencia de fantasmas con la identidad que se balancea entre la vida y la muerte encuentran una buena resolución literaria en sus cuentos.

Puede resultar curioso para un lector atento encontrarse con un relato titulado “En el viaje de novios” que antecede a la excelente novela Corazón tan blanco, en el cual existe una situación que se repite en forma casi textual, en el cuento y en la novela, en un caso en Sevilla, en otro en Cuba. El cuento tiene un final abierto y en sí mismo es sugerente, no deja de todos modos de ser sorprendente que el autor lo incluya entre los cuentos elegidos siendo que luego utiliza esa situación para su novela.

Marías escribe en “Nota previa a esta edición”: he distribuido mis cuentos bajo dos epígrafes: “Cuentos aceptados”, que incluyen todos aquellos de los que aún no me avergüenzo, y “Cuentos aceptables”, con aquellos de los que sí me avergüenzo un poco pero no demasiado. Y entonces llama más la atención encontrar el mismo cuento con algunas variaciones bajo los dos epígrafes. Se trata de “No más amores” de la primera sección y “Serán nostalgias” de la segunda.

Hay que destacar algunos relatos –entre los que figuran “Mala índole” y “Sangre de lanza”– ya que son imperdibles. La mayoría de los incluidos en el libro logra captar el rasgo más sórdido de lo humano y de lo imprevisible con una gran habilidad narrativa.

El personaje del cuento que da título al libro corre el peligro de que lo maten por las palabras que ha traducido. Su función de traductor de Elvis Presley en México lo hace responsable ante los ojos de sus perseguidores de aquellos insultos ofensivos que ha dicho otra persona: “Yo había sido el mensajero, el intermediario, el verdadero emisor, el intérprete”. En el relato titulado “Lo que dijo el mayordomo”, el narrador escribe las confesiones que le hiciera su empleado cuando ambos quedaron encerrados en el ascensor. Y reflexiona acerca de la remota posibilidad de que la víctima potencial del mayordomo lea su texto y éste le sirva como advertencia. En tanto considera poco probable que así sea, escribe: “Los libros que no leemos están llenos de advertencias; nunca las conoceremos, o llegarán demasiado tarde”. Las palabras podrían no llegar ahí donde funcionasen como una advertencia, podría responsabilizarse erróneamente a un sujeto mensajero y alguien morir. Ocurre así en el devenir azaroso, entre la palabra y la acción, de los relatos de Javier Marías. No importa de cuál cuento se trate, siempre existe una tensión, algo está por suceder que sorprende al sujeto al efectuar el acto: “Los pasos que uno ve posibles a menudo acaba dándolos sin querer solamente porque son posibles y se nos han ocurrido, y así se cometen tantos actos y tantos asesinatos, a veces la idea conduce al hecho como si no pudiera sostenerse en tanto que idea tan solo”. Otro tema que apasiona al autor es el de la memoria. Están los muertos que lo recuerdan todo y los vivos cuyo presente ya es nostálgico porque está perdido. Difícil equilibrio el del vivir.

SARA COHEN

Clarín, revista Ñ, 11 de febrero de 2013