Dónde quedó la ilusión del 82

La Transición pareció un tiempo iluminado, pero fue de plomo: asesinatos, secuestros, incertidumbre. En 1981, un golpe de Estado. Un año más tarde, 1982, en diciembre, asume por primera vez el poder un Gobierno socialista. Treinta años después, otra vez, como cuando aquel resplandor empezó a nublarse, el desencanto. ¿Qué ha pasado?

Treinta años después, algunos de aquellos que entonces tenían más o menos treinta años creen que se amortiguó el entusiasmo.

[…]

1359111592_485415_1359112697_album_normalHace 30 más o menos, Javier Marías, el autor de Tu rostro mañana, tenía 30. Al acabar la década de los ochenta le pidieron un artículo sobre ese tiempo. Lo tituló La edad del recreo y terminaba diciendo: “Los echaremos de menos”. “Fue”, cuenta ahora, rodeado de libros propios y ajenos en su casa de Madrid, “una década que había pasado con poco prestigio porque se nos consideraba un poco tontos y frívolos. Recuerdo que decía que fue una década en la que se había descansado de los intensos años setenta. Era verdad, al menos en España: la gente se había dedicado en gran parte a embellecerse y a cultivarse. Sigo echándolos de menos”.

La situación “era totalmente distinta a la que estamos viviendo desde hace unos años. Para mí, probablemente por la edad que tenía, pero creo que también para todo el país, fue una época de gran ilusión y de gran esperanza. La victoria socialista en el 82 creó ilusión, no tanto por el hecho de que ganara Felipe González (para mucha gente sí), sino porque era la primera vez que ganaba un partido más o menos de izquierdas tras una tentativa de golpe de Estado”.

Pareció que caminábamos levitando. Hubo unos años, dice Marías, “en que la gente quería ser más culta, más educada, más participativa”. Eso duró unos años, “y luego parece como si hubieran dicho: esto cuesta mucho, esto es muy cansado, volvamos a ser brutos. Y en eso estamos”.

La política era una esperanza, ahora parece una rémora. “La política, no; los actuales políticos, más bien. Los que hemos padecido la dictadura y no teníamos partidos políticos porque estaban prohibidos hemos apreciado mucho que pudiera haber partidos y que hubiera políticos, que se hiciera política y que además estuviera en el lugar en el que debía estar, el Parlamento”.

Hace 30 años, ya era Marías un joven altamente considerado en la sociedad literaria. Treinta años más tarde, ¿cómo ve a los que tienen aquella edad ahora? ¿Qué piensa que pueden esperar? “Una cosa es lo que debieran y otra lo que están viendo que se les viene encima. Tengo sobrinos de esas edades y a uno le renuevan un contrato en la Universidad durante tres meses, luego a lo mejor se lo renuevan otros tres, o no… Otra sobrina se ha tenido que marchar a Alemania porque aquí de momento no encuentra nada. En todos los ámbitos está ocurriendo esto”.

Así que los jóvenes ahora “no tienen nada que ver en sus expectativas y en su ilusión con los jóvenes que teníamos 30 años o así en 1983. Quizá teníamos un punto mayor de inconsciencia, pensá­­bamos que ya veríamos y que ya saldríamos adelante… Con 30 años, todavía me sentía optimista en general; influía la efervescencia que había en el país, aún éramos jóvenes y confiábamos en que las cosas pudieran cambiar a mejor. La gente no tiene ahora esa sensación, y los jóvenes ya tienen menos confianza en ese posible giro de la fortuna con el que todos contamos en la vida, con el que claramente nosotros contábamos en los ochenta. Si acaso, ahora el giro es marcharse”.

La suya fue, se aventura a decir, “la generación de la ilusión”. Pero luego vino “la desilusión posterior, y en parte somos responsables también de ella”. Así que somos “la generación de la ilusión y la desilusión”.

[…]

Treinta años atrás, un estallido, la luz. Treinta años después, la sombra y la ira. Mirando hacia atrás, la sombra de la ira parece que se abre paso y empieza a cubrir aquel estallido.

JUAN CRUZ

El País Semanal, 27 de diciembre de 2013

1359111592_485415_1359112741_album_normal
Leer artículo completo