LA ZONA FANTASMA. 20 de enero de 2013. Más idiotas de lo que parecen

Nuestros políticos y prohombres son más idiotas de lo que se ve a diario y a primera vista, que ya es una permanente exhibición de idiocia, acompañada de sinvergonzonería las más de las veces. No les costaría nada ser un poco más astutos y guardar las apariencias, no sólo resultaría beneficioso para ellos sino para el conjunto de la población. A fin de año Rajoy pidió paciencia y comprensión. ¿Todavía más? Infinitas las ya tenidas con un Presidente que ha incumplido todas sus promesas electorales y ha impuesto una reforma laboral de la que dice sentirse satisfecho pero que ha añadido medio millón de parados desde que él ocupa su asiento; que ha bajado los sueldos de los funcionarios rasos y ha encarecido la educación, ha agravado el desplome del consumo y del comercio, ha convertido a los frágiles en menesterosos (pensionistas, discapacitados, enfermos crónicos) y ha impulsado a emigrar a millares de jóvenes con estudios superiores; que permite el aumento de los precios de todo mientras empuja los salarios hacia el subsuelo; que rescata bancos y cajas desastrosos o fraudulentos con el dinero de los contribuyentes y a éstos los acogota en agradecimiento; que se dedica a privatizar lo erigido entre todos y se niega a gravar más las SICAV para así no mermar un ápice las fortunas de los acaudalados; que amnistía a los grandes defraudadores y persigue a casi todos los demás; que miente sin cesar.

En medio de tanto abuso, lo astuto por parte de los políticos y prohombres sería hacer algún gesto, aunque a efectos reales sirviera de poco y ahorrara menos; renunciar a prebendas, anunciar que también ellos van a sacrificarse. Ha habido cierta polémica por las palabras del nuevo Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Moliner. Este señor se lamentó en televisión de que, siendo él por su cargo la cuarta autoridad del Estado, se lo obligara a viajar en clase turista. Aseguró que personalmente no le importaba, pero que causaba mal efecto que se viera en dicha clase a tan altísimo dignatario. La pregunta es: ¿que lo viera quién? ¿Las personas que lo fueran a recibir a la estación? Porque en los aeropuertos nadie sabe qué asiento ocupaban los pasajeros cuando éstos por fin acceden al vestíbulo en que se los espera. ¿O quizá los compañeros de viaje y las azafatas, que al verlo murmurarían: “Pobre diablo, el Presidente del CGPJ, que va en turista como un ganapán, qué cutrez de país”? Moliner debe de pensar que todo el mundo lo reconoce y sabe no sólo quién es, sino qué funciones ejerce. Lamento decepcionarlo: puede que un día sea así, si sigue saliendo en televisión, pero hoy casi nadie se volverá por la calle al cruzarse con él. Yo mismo, que no me considero muy desinformado, no tengo la menor idea de cuáles son sus facciones.

Algo parecido deben de pensar todos y cada uno de los parlamentarios: que son archifamosos y que todo dios los reconoce y los mira. De otro modo no se entiende que, en esta época de privaciones y recortes brutales, el Congreso haya decidido que todos los diputados participantes en delegaciones internacionales vuelen siempre en clase preferente, y en clase club o similar cuando se desplacen por ferrocarril. ¿En verdad creen estos parlamentarios grises, oscuros, obedientes a las consignas de sus respectivos partidos, uniformes, invisibles, gregarios, que – salvo alguna rara excepción– alguien va a saber quiénes son al coincidir con ellos en un avión o en un tren? Además de idiotas han de ser megalómanos y carecer de sentido de la realidad. Uno de esos portavoces del PP con aspecto de carterista o de maquereau (empleo la palabra francesa porque la española “chulo” es demasiado amplia) se avino a explicar el porqué de esta resolución: “No, es que me han dicho, no sé yo, ¿eh?”, dijo, “que en realidad sale más barato que viajen en business, porque así ocupan plazas que quizá quedarían libres si no, y no otras que sí cogería la gente”. Bueno, ya lo he dicho: un carterista, un timador.

Pero no es sólo esto: mientras los enfermos crónicos han de pagarse sus ambulancias y los jubilados ven menguar su poder adquisitivo, las “fundaciones” de los partidos acaban de recibir subvenciones por valor de dos millones y medio de euros, para sus “estudios”, “seminarios”, “informes” y demás zarandajas vitales. La FAES de Aznar se ha embolsado así como medio millón, y la Pablo Iglesias del PSOE se habrá conformado con poco menos. Pero también han percibido fondos públicos las de las purísimas IU e ICV, lo mismo que las vinculadas a esos partidos que hoy no quieren saber nada de España, CiU y Esquerra, los cuales, como ha señalado Jiménez Villarejo, el antiguo Fiscal Anticorrupción, no han tenido inconveniente en estrechar la mano de su denostado Wert cuando ésta venía con billetes de subvención. (Añádase que a los partidos, el pasado año, se les entregó unos setenta millones para “gastos de funcionamiento y de seguridad”.) ¿Son señores como estos los que piden paciencia y comprensión, mientras no son capaces de tener el gesto –demagógico si se quiere, pero astuto al fin– de ir en turista cuando el viaje se lo pagan los ciudadanos, o de renunciar al dinero que reciben sus estúpidas fundaciones inútiles? Ningún “estudio” ni “seminario” salidos de éstas será más vital que el sueldo que los funcionarios rasos dejarán de percibir por su causa. Sí, por fuerza han de ser idiotas, si ni siquiera saben fingir que predican con el ejemplo.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 20 de enero de 2013