Territorio Marías

Winslow Homer

Winslow Homer

Hay una primera consecuencia de la decisión de publicar juntos los dos libros de cuentos que el autor había escrito, Mientras ellas duermen (1990 y 2000) y Cuando fui mortal (1996): que permite ver a Javier Marías completo. No me refiero únicamente a la idea externa de ver reunida la totalidad de sus relatos, unos aceptados sin duda por él y otros «aceptables», con alguna reserva, según anota en el prólogo. Me refiero a Marías «completo» en sentido interno, puesto que son sus cuentos los que permiten a los lectores asomarse mejor a la variedad de estilos de este escritor y saber que su paisaje literario permite ser visto desde distintas ventanas. De esa forma, los textos cumplen el designio de mostrar a un Marías humorista, socarrón hasta el límite que comparte casi solo con Eduardo Mendoza, en que lo cómico o paródico puede ser vía segura para dar en la diana de una sátira social.

Boda en Ronda

Destaca en esa vertiente su interés por los tipos o personajes como Ruibérriz de Torres, un donjuán algo patético por consabido, o MacGraw, que en «Mala índole», uno de los mejores relatos, es capaz de desarrollar ante nosotros las gracietas del ocurrente, hasta derivar en un mastuerzo desatado en bailoteos de hiriente desparpajo. O Baringo Roy, quien en una boda en Ronda suelta las confidencias con proverbial e irresponsable camaradería.

Aquel cuento, «Mala índole», que también hace un repaso satírico al mundo de las películas malas (¿hubo alguna buena?) de Elvis Presley, termina de manera sorprendentemente trágica. Cualquiera que conozca bien la obra de Marías sabe que lo cómico en sus relatos (también ocurre en sus novelas) muchas veces se halla contiguo a lo trágico y de una broma vamos pasando, casi sin solución de continuidad, a una tragedia, anidada en la sorpresa del azar o albergada en el fondo de la broma misma.

Una escena de playa

En el cuento «Mientras ellas duermen», la primera parte es cómico-satírica: una escena veraniega de playa nos presenta a un marido impertinentemente entregado a filmar una y otra vez a su bella mujer. Pues bien, esa escena morosamente descrita nada tiene que ver con el asunto clave del cuento, que percibimos a su final y que no he de desvelar, pero que contiene un gran tema de Marías: el amor y la belleza son contiguos a la muerte.

Hay otro elemento estilístico que no puede dejar de subrayarse. La evolución del género cuento entre nosotros ha ido haciendo a muchos autores alejarse de contar historias, sustituyéndolas por una estampa lírica o una gracia verbal. Lo más visible –llega a convertirse en original hoy– es que los de Javier Marías desmienten esa tendencia, ya que recuperan lo que es consustancial: contar una anécdota o historia que alberga en germen un contenido mayor.

Muchos de ellos parten de una situación jocosa, incluso forzada, como le ocurre a dos de los mejores: «Lo que dijo el mayordomo» y «Prismáticos rotos», en los que una azarosa circunstancia pone en contacto al personaje narrador con un curioso perturbado o con una acción truculenta que va a ser inevitable. Esa condición de testigo insólito, situado por azar ante una situación que se complica cada vez más, resulta muy típica en Marías, y responde a una poética implícita: detrás de aparentes nimiedades se esconden atroces posibilidades. Basta con oír y mirar. Por tal cosa, muchos de los personajes narradores de Marías son «curiosos impertinentes».

Y entre quienes pueden mirar o escuchar con privilegio mayor están los fantasmas. La situación del fantasma, que ha dado título a dos libros enteros de Marías y a su actual serie periodística, permite al autor rendir homenaje a cuentos y películas en la delicada pieza amorosa «No más amores», pero también da paso a la joya del conjunto, «Cuando fui mortal», que encierra la gran cuestión que su literatura ha visitado desde Negra espalda… a Tu rostro mañana: cómo, a diferencia del espacio, el tiempo no lo tenemos, ni podemos saberlo todo, ni nos es dado saltar el futuro.

Corazón tan blanco

Lo cual me lleva a otro estímulo para leer despacio este libro [Mala índole]: quienes sean aficionados a Javier Marías encontrarán aquí muchos de sus motivos encarnados en personajes, desde el malvado Custardoy de Veneno y sombra y adiós, presente en varios textos de diferentes época, hasta el escritor de Todas las almas, John Gawsworth, contenido en la soberbia escena ante el escaparate de una librería de viejo, en «Un epigrama de lealtad». Sin olvidar el comienzo de Corazón tan blanco, esbozado en el cuento «En el viaje de novios».

Javier Marías, por tanto, reconocible en su estilo, pero también sorprendentemente variado. La versatilidad y capacidad de dominio de distintos ritmos narrativos aquí presentes resultarán inesperados para muchos. Este magnífico libro de cuentos enseña el territorio de Marías como ningún otro libro.

J. M. POZUELO YVANCOS

Abc Cultural, 8 de diciembre de 2012