Los fantasmas de Marías

MI LibroMala índole es un cuento y es una recopilación de cuentos, un libro que recoge buena parte de los relatos de Javier Marías, “aceptados y aceptables”. Algunos son de mucho talento y de excelentes resultados; otros son de menor entidad, prometedores. Pero no interesa aquí hacer una jerarquía. Interesa captar la índole, precisamente la índole, de esas historias. En un cuento de Javier Marías no hay tiempos muertos; hay muertos, gentes a las que se evoca y nombra, incluso fantasmas evanescentes que se hacen ver. En una historia breve de Marías no hay hombres de acción, terminantes, que protagonicen la pieza; hay, por el contrario, observadores que ven mal o que simplemente ignoran, individuos que han de sobrevivir, que han de conjeturar qué ocurre, que han de aventurarse sin saber gran cosa. En sus cuentos suele haber personajes melindrosos, con refinamientos y con miramientos, y suele haber tipos que se les oponen: rudos, pendencieros, despóticos.

En los relatos de Marías, la muerte es habitualmente el motivo explícito: qué hacer, cómo seguir cuando hemos perdido a quienes nos acompañaban. Los fallecidos son recordados en un mundo que continúa, como continúan las pertenencias que fueron suyas y que aún los hacen presentes. Pero los muertos son frecuentemente fantasmas, entes que condicionan la existencia de los vivos, que se materializan.

Es por eso por lo que en Marías la verosimilitud es el objetivo narrativo principal. Hacer creíble lo que es una fantasía o un malentendido. La vida está llena de ellos: de fantasías y malentendidos, de cosas que vemos mal o que creemos ver y de cosas que apenas entendemos o que creemos entender. Por eso, sus relatos están narrados generalmente en primera persona. Hay un yo que observa, que protagoniza malamente unos hechos y que luego, habiendo sobrevivido, nos lo cuenta.

Por ejemplo, la historia que da título a la recopilación: “Mala índole” (1996). Aquello que se narra es la confesión de un traductor y preceptor de español ocasionalmente contratado para asesorar en fonética castellana a Elvis Presley durante el rodaje de Fun in Acapulco (1963). Increíble. Por si lo anterior fuera poco, ese profesor acaba matando a un gángster mexicano con un pico, exactamente con un pico. Sorprende la localización y sorprende que cosas así pasen. Pero pasan y luego se cuentan.

Cuando un hecho sorprendente ocurre —y la realidad nos aturde con acontecimientos asombrosos—, el escritor ha de creérselo con el fin de desplegar todas sus habilidades literarias. Para ello se vale de narradores fantasiosos, de mucho alarde. En 1963, Ruibérriz de Torres —el relator del cuento “Mala índole”— es joven: tiene 22 años. Es patoso y es atolondrado. Años después, cuando el personaje reaparezca en Mañana en la batalla piensa en mí y en Los enamoramientos será un individuo egocéntrico y relamido. Un conquistador. Sospechamos que se quita años. Y sospechamos que es un tipo nada fiable: un fantasma, un presuntuoso, un guasón.

La guasa es un elemento principal en los relatos de Marías: siempre hay algo de zumba en lo que se narra, aunque el episodio sea dramático o el fantasma pulule; y eso hace que sus cuentos carezcan de grandilocuencia o énfasis innecesarios. Uno tiene siempre la impresión de levedad. Por eso a Marías se le lee y se le relee para captar la ligereza, la velocidad de la vida, tan fantasmagórica: esa que se difumina y cuenta.

JUSTO SERNA

Mercurio, n. 146, diciembre de 2012