De El Alamein a Zem Zem

De el Alamein a Zem Zem

Un poeta siempre se eleva por encima del estruendo de la guerra y Keith Douglas, al igual que sus antecesores de la Gran Guerra Hulme, Brooke y Sassoon, a los que cita en esa especie de cuaderno de bitácora que es el libro sobre su participación en la guerra del desierto con el Octavo Ejército británico, tiene la sencillez y profundidad de la buena literatura. Su compromiso va parejo a un particular individualismo que lo aleja del guerrero, aunque cumpla con tesón su deber de soldado al mando de una sección de tanques Crusader. Los detalles del servicio, las incomodidades y pequeñas injusticias del mando, describen una vida supeditada a las circunstancias más peregrinas para, de repente, trasladar la acción a la cruel violencia del combate. Los personajes de su entorno son retratados con magnífica naturalidad, y ofrecen una visión muy gráfica de una guerra librada por supuestos caballeros entre ridículas consignas. El desierto, protagonista neutral del enfrentamiento, ofrece una geografía extraña a un conflicto feroz que, pese al sufrimiento de todos, mantiene unas reglas de juego limpio entre los combatientes. Gasolina y pólvora entre poemas de Paul Verlaine y Arthur Rimbaud se mezclan, con buen pulso narrativo, frente a la muerte y las heridas de los hombres, en ese trayecto que recorre, con el fatalismo entusiasta de los puros, un joven poeta a lomos de su moderna cabalgadura de acero. ¡Magnífica!

PACO LUIS DEL PINO

Qué Leer, diciembre de 2012