Presentación de ‘Beleszerelmesedések’ en Budapest

Le Hungría

El pasado 4 de diciembre, en la sede del Instituto Cervantes en Budapest, se presentó la edición búlgara de Los enamoramientos.

Javier Marías escribió este texto para la ocasión:

No son muchos mis libros traducidos a esa más misteriosa de las lenguas, el húngaro. Si mal no recuerdo, sólo tres hasta ahora: Corazón tan blanco (que ahora recupera la editorial Libri), quizás la más conocida de mis novelas; Mañana en la batalla piensa en mí, una de mis preferidas; y, extrañamente, la primera que publiqué, a los diecinueve años, Los dominios del lobo, que no ha solido llamar la atención de mis editores extranjeros. Aunque sólo sea por deferencia hacia aquella obra tan juvenil, de la que no me avergüenzo y a la que tengo especial afecto, me siento muy agradecido a Hungría y a mis hasta ahora escasos lectores.

Nunca he visitado su país, pero se da la circunstancia de que unos grandes amigos míos ingleses, Nicholas Clapton y Eric Southworth, y otros grandes amigos españoles, Ángel Romero, Sol Moreno y su hija Alejandra Romero, pasan parte del año, desde hace bastantes, en Budapest. A través de sus relatos y de su entusiasmo por esa capital, me resulta más familiar que otras que sí he pisado alguna vez. Y no hace falta decir que siento enorme admiración por algunos músicos, escritores… y futbolistas húngaros. Uno de los ídolos de mi infancia fue Puskas, que jugó maravillosamente en mi equipo de siempre, el Real Madrid. Pero también otros que jugaban en equipos rivales: Kubala, Kocsis, Czibor… Forman parte de mis recuerdos más antiguos, y recuerdo bien sus rostros en las colecciones de cromos.

Es por tanto para mí un gran placer y un honor ver publicada mi más reciente novela, Los enamoramientos, en Hungría. Se trata de una novela sobre eso, sobre el proceso y el estado de enamoramiento, que a menudo se tiene por algo positivo y deseable, pero que también puede llevar a lo peor. Hay personas que mejoran y se tornan más generosas bajo ese estado, pero también las he visto que se convierten en mezquinas y maquinadoras, que pierden toda nobleza y generosidad precisamente porque se han enamorado, o así lo han creído durante un tiempo. Pero Los enamoramientos habla también de otras cosas: de los muertos y de nuestra relación con ellos; de cómo nos permitimos añorar a los que queríamos, en la seguridad de que no van a volver, y de cómo, si volvieran, tal vez su regreso sería una gran catástrofe para nosotros; habla de la impunidad, que es una de las características de nuestra época, y de cómo la mayoría de nosotros consideramos que la justicia no es asunto nuestro, o sólo en el caso de que nos sintamos perjudicados personalmente. También de la imposibilidad de saber nunca nada a ciencia cierta, ni siquiera de lo que hemos vivido. Nos encontramos siempre con zonas de sombra, que son las que la literatura intenta iluminar. Con esto quiero decir algo muy modesto, y tomo una cita de Faulkner que recuerdo vagamente y que no he sido capaz de reencontrar: vino a decir que lo único que la literatura consigue es lo mismo que una cerilla que se enciende en mitad de la noche, en el campo. Sólo nos sirve para ver mejor cuánta oscuridad hay alrededor.

Espero que Los enamoramientos pueda mostrar eso una vez más, y suscitar entre los lectores húngaros algún interés. Muchas gracias a todos los participantes en esta velada y saludos cordiales,

Javier Marías