Sobre la decisión de Javier Marías (2)

Foto. Beatriz Velardiez

La noticia en The Telegraph

RIMA INTERNA

Javier Marías: La independencia se elige

Me cuesta mucho pensar que exista un país más solidario que España; nos encanta ponernos en el lugar del otro. De una forma, eso sí, bastante peculiar. No nos ponemos en su lugar para intentar entenderle, no indagamos en sus motivaciones y en sus circunstancias para después, una vez comprendida la situación, hacer un comentario de provecho o dar un consejo que pueda estar más o menos acertado.

Lo que nos va es dar un empujón al otro, ponernos entonces en su lugar, y decidir por él en función no de su circunstancia, sino de la nuestra, para luego ya ponerlo a caldo, que es lo que de verdad nos gusta. Si a eso añadimos que vivimos en un país eminentemente futbolístico (en el que apenas hay un par de opciones para casi todo, y el matiz resulta invisible; da igual lo que uno razone, que siempre acabarán poniéndole del lado del Real Tal o del Fútbol Club Cual), el resultado es que nuestras polémicas periodísticas son a menudo banales, chuscas y, eso sí, bastante dicharacheras.

Viene todo esto, claro, al caso de la renuncia de Javier Marías al premio nacional de narrativa. Las razones de Marías para renunciar a dicho premio son incontestables. Cree que los escritores deben ser ajenos a los favores del poder, que son escritores porque quieren y que por eso no deben esperar merecer premio alguno. Cree, en definitiva, en la independencia del intelectual. Y claro, eso, en el país de las subvenciones, del amiguismo y del invítame a lo tuyo que yo te llevo a lo mío, cae mal. Ha evitado la demagogia y ha agradecido su gesto a los miembros del jurado, que no tienen por qué pensar lo mismo que él. Nos ha dado una lección.

Claro que lo hace porque puede, dicen algunos, porque no necesita el dinero, jugando a otro de los pasatiempos españoles favoritos: si alguien hace algo decente, por algo será, por algo oscuro, seguramente. Pero este tipo de comentarios pertenecen al mismo género de los de la especie “Seguro que si le dieran el Nobel lo aceptaba” y entran de lleno en otra de nuestras grandes aficiones: psicoanalizar al vecino. Eso no lo sabemos, y además, no debería importarnos. En cualquier caso, sus aclaraciones sobre el Cervantes me parecen bastante elocuentes y el distingo que hace entre premios españoles y extranjeros, pertinente y necesario. Incluso sus razones sentimentales son de peso: que Julián Marías (a quien hice una de sus últimas entrevistas) nunca lo tuviera dice bien poco en favor de estos premios. Pero incluso eso lo citó como argumento secundario y cuidándose mucho de caer en lo demagógico. Para mí, Marías estuvo de chapeau. La independencia suele darse por hecha en un intelectual, pero ni mucho menos. Hay que optar por ella cuando se tiene ocasión, y Marías lo ha hecho.

He leído a algún escritor que dice que lo bueno de los premios nacionales es que son ajenos a los intereses editoriales. Bueno, digamos que tal cosa habría que demostrarla y, en cualquier caso, son unos premios paternalistas, manejados se quiera o no por el ministerio de turno, e innecesarios. Que tales dineros de nuestros impuestos vayan a parar a alguien que ha hecho un trabajo por el que ya ha cobrado me parece escandaloso.Que vayan a bibliotecas, por ejemplo, sí, pero eso es el ministerio quien tiene que hacerlo. También hemos oído decir que Marías debería haber aceptado el dinero para donarlo a quien le pareciera. Menuda soplapollez, con perdón: ¿entonces el Premio Nacional equivaldría a ser ministro durante diez minutos y poder decidir el destino de una partida? Es absurdo.

En el trasfondo de todo esto, de la existencia de los premios y de su defensa de unas maneras u otras, está la cultura de la subvención de la que vive buena parte de la mal llamada “industria cultural” española. En vez de sostener una cantidad de editoriales absurda en comparación con el número de lectores, de subvencionar películas mediocres y collages más o menos embadurnados, lo que este país debería hacer de una vez es una apuesta seria por la educación, por conseguir que las próximas generaciones puedan tener una experiencia de la cultura sana, formada y compartida, con el gusto educado en la diversidad y no en el inevitable autodidactismo al que nos hemos visto abocados todos los que hemos nacido en esta variada, pequeña, esposada España.

MARTÍN LÓPEZ-VEGA

El Cultural.es, 29 de octubre de 2012

Comentario:

Javier Marías , 04/11/2012

Querido Martín López-Vega: Aunque ni siquiera uso ordenador, una amiga me hace llegar su amable escrito. Uno no toma sus decisiones calculando el efecto que harán, y por tanto encaja con deportividad -y, en general, silencio- todas las opiniones. Pero no quería dejar de agradecerle la suya, tan razonada y benévola.

Un saludo cordial, Javier Marías

Premio bien concedido

Aquel refrán cenizo que asegura que nadie es profeta en su tierra se cumplió para Javier Marías durante casi 40 años. Eso repiten algunos de sus valedores extranjeros, quejosos de que la cicatería española le haya negado un reconocimiento que, sin embargo, recibe extramuros en grandes dosis: el último en forma de Premio Austriaco de Literatura Europea en el 2011, aunque el auténtico premio gordo haya sido su ingreso en los Penguin Modern Classics. Ahora ya no es verdad. El más rotundo desmentido del pretendido desafecto lo vienen dando los índices de ventas, asombrosamente altos para una literatura como la suya, tan exigente como remunerativa con el lector. A la recompensa (la que importa) que suponen sus miles de lectores, se añadió ayer el Premio Nacional a Los enamoramientos, tras el que podría vislumbrarse algo así como un homenaje al escritor. Que Marías,en plena coherencia con su actitud hecha pública muchas veces, lo haya rechazado es harina de otro costal.

La aceptación o rechazo de un premio es un derecho, pero la concesión, si se realiza fundada en el mérito literario -como, a mi juicio, ha sido el caso-, es una forma de constatación formal del talento, de modo que admitir o rehusar esa distinción no desbarata las razones en que se basó el fallo del jurado. Puede opinarse sobre el grado de acierto de Marías, pero sería necio contaminar de duda la altura estética de su obra. Su ejecutoria lo avala no ya para un Premio Nacional, sino para el Premio Cervantes. El Nacional, que se concede a un libro, ha perdido demasiadas ocasiones de dar en el blanco destacando una de sus excelentes novelas (deja estupefacto que Tu rostro mañana. Baile y sueño cayera en el 2004 ante Juan Manuel de Prada…). Aun así, la negativa del escritor no se justifica en el rango del premio sino en el carácter institucional del mismo y ahí es de respetar la lealtad de Marías a sus principios. Aun así, creo que haría bien en reconsiderar de cara al futuro lo inquebrantable de esa actitud, porque los tiempos en que su obra era subestimada o él mismo tuvo que soportar, rebasados los 50 años, el remoquete de «joven Marías», ya pasaron y estoy convencido de que la inmensa cantidad de sus lectores, aquí y en el resto del mundo, se sentirían complacidos con la aceptación de un premio -y no me refiero al Nacional- que reconociera la construcción de uno de los universos literarios más cautivadores de la literatura europea del último medio siglo.

Se trata de un universo dramático y cómico en cuyo centro gira la desconcertante conciencia humana, con sus extraños distritos en sombra donde se alojan los miedos y los deseos, las normas que rigen el comportamiento y las que este vulnera, las pulsiones más primarias y las barreras de la voluntad o la civilidad. Es el suyo un universo urdido con frases largas, llenas de sinuosidades y de conexiones inesperadas.

ALEGRÍA NO EMPAÑADA

Su escritura, contando y reflexionando a la par, ha configurado un estilo que es a la vez una música verbal y una herramienta para escudriñar en nuestra experiencia moral. Quienes creemos que la justicia es hermosa ayer tuvimos una alegría. Y el rechazo del premio no la empañó.

DOMINGO RÓDENAS

El Periódico, 26 de octubre de 2012

DRAGOLANDIA: Con flores a Marías (2)

Cartas al director