Sobre la decisión de Javier Marías

Javier Marías rebutja el Premi Nacional

El Ministeri de Cultura espanyol ha anunciat el nou Premi Nacional de Narrativa. Un premi dotat amb 20.000 euros que reconeix la obra i la trajectòria d’un escriptor o escriptora espanyol, en qualsevol de les quatre llengües oficials.

Enguany, l’escollit ha estat el madrileny Javier Marías, acadèmic i autor de llibres com Corazón tan blanco o Tu rostro mañana, i que ha estat mereixedor del premi per la seva darrera novel·la Los enamoramientos.

Però ahir, en roda de premsa, l’autor va rebutjar el premi per la seva voluntat de ser conseqüent. En primer lloc en memòria a alters autors. Però també perquè fa temps que Javier Marías va afirmar públicament que no acceptaria cap premi institucional amb dotació econòmica procedent de fons públics. Marías va declarar: “No sé si este dinero lo destinará a los bancos. Ojalá lo dedique a las bibliotecas públicas, que han contado con cero euros en los Presupuestos del próximo año, lo cual mes parece escandaloso”.

Les biblioteques públiques agraïm a Javier Marías el seu posicionament i el seu suport a la tasca social i cultural de les biblioteques. Entenem que és, precisament en temps de crisi econòmica, quan resulten més necessaris els serveis públics d’accés universal per garantir la igualtat d’oportunitats i fomentar una societat més formada, més crítica i més democràtica.

BIBLIOTEQUES DE SANT CUGAT (26/10/2012)

El no de Marías

La conversación nacional está tan encanallada que dos de los personajes más vapuleados esta semana fueron un empresario que donó a Cáritas 20 millones y un novelista que rechazó un premio. ¿Cómo se atreven a hacer eso?, pregunta el sans-coulotte. La pasión española del resentimiento, tal vez potenciada por las penurias de nuestro tiempo, se ha vuelto aún más ácida y destructiva que de costumbre con cualquiera que destaque por un mérito personal. Como en los cementerios de las películas de zombis, del subsuelo brotan manos que tratan de arrastrar abajo a los que se proponen dar otra medida. Y luego nos quejamos de la mediocridad que lo intoxica todo.

Javier Marías se ha comportado como un hombre honesto. Dicen que también como un vanidoso, pero eso no puede ser, porque no se conocen creadores vanidosos. Lo escandaloso no es esto de Marías, sino que, enfrentado al mismo premio –a la misma tentación fáustica-, Suso de Toro, el de madera de presidente, se lo aceptara en 2003 a ¡Aznar!, ¡al Prestige!, ¡al Trío de las Azores!, ¡a la Ciudadela de la Extrema Derecha! No he dedicado decenas de artículos a advertir de los peligros que entrañan un periodismo y una cultura orgánicos, clientelizados por premios, informativos de autor y subvenciones, para ahora no admirar el gesto de Marías como el de un tipo libre que permanece a la intemperie, por más que disponga ya de la seguridad procurada por la consagración.

Marías ha sido detestado estos días porque constituye un ejemplo que afea a los demás. A los que entran en camarillas donde se intrigan las prebendas. A los aduladores del poder. A los que sí acogen a sagrado en el Estado para no padecer esa incertidumbre atroz que consiste en depender del criterio del público. A los que tienen un político de cabecera por el que acuden incluso a amenizar las veladas si a los invitados se les antoja la siempre simpática compañía de un escritor o un cineasta. A los que, dentro de sí, en alguna parte recóndita de su conciencia, se sienten sucios porque saben que fueron comprados. Antes que esa conducta, que es la que más abomino de mi oficio y de otros oficios colindantes, prefiero el “no, gracias” de Marías, de quien ni siquiera soy lector, y al que alguna vez Pérez-Reverte logrará meter en una pelea a puño descubierto. O no.

DAVID GISTAU

El Mundo, 27 de octubre de 2012

Los enamoramientos

Las novelas son el alma de una sociedad culta. Los escritores tejen de forma sigilosa las entretelas del entramado interior de la realidad. La ficción literaria es la realidad por descubrir. Sin ficción de altura no puede existir conciencia de lo real. Con las novelas, el hombre cede el protagonismo de la tradición oral, a la belleza y la realidad de lo escrito.

No es casualidad, que en tantas ocasiones, las sociedades avanzadas, que han entendido que el arte y la literatura no son un añadido circunstancial y prescindible de su propia identidad, hayan otorgado a los escritores el papel de conciencia crítica de la misma.

Los defensores del actual desprestigio del hecho cultural han querido relegar a los escritores a un papel secundario y marginal. Para querer empequeñecerlos, han pretendido hacer grandes a vulgares voceros, humoristas de poco talento, monologuistas en serie, «grandes hermanos», «triunfitos» y demás «subproductos» de la telebasura.

La sociedad posmoderna televisada y televisiva aspira a igualar la contribución que hacen los charlatanes y los escritores al desarrollo de la sociedad. Nunca podrá conseguirlo. No se igualarán nunca los edificios construidos por la literatura y los levantados por la vulgaridad.

El pasado año 2011 el novelista español Javier Marías publicó su última obra, Los enamoramientos. Recientemente el Ministerio de Educación y Cultura, le ha concedido el Premio Nacional de Narrativa 2012, dotado económicamente con veinte mil euros. El escritor y académico ha rechazado el galardón, no porque crea que no reúna los méritos suficientes, sino porque desde hace catorce años decidió que no quería aceptar ningún premio si venía de una institución oficial. No podía aceptar en estos momentos ese dinero público, por dignidad y coherencia, cuando las arcas del estado están esquilmadas.

Su gesto lo engrandece, pero sobre todo les recuerda a los responsables políticos que la literatura merece un tratamiento diferente que excede al de un «total» para televisión, o el espacio de una nota de prensa con foto oficial.

Europa ha sobrevivido gracias a que escritores como Sándor Márai o Vasili Grossman con sus novelas la sostuvieron. Sus palabras libraron la lucha por el derecho a ser hombres plenos. En estos momentos, en los que las brújulas desaparecieron y los mapas se perdieron, acudan al faro que representan los escritores que defienden la dignidad, la libertad, la justicia y la bondad. Los enamoramientos, o sea.

JOSÉ ANTONIO TRUJILLO

Diario Sur, 28 de octubre de 2012

El ¿ético? “no quiero” de Javier Marías

¿Es lo más ético, coherente, sensato, en los tiempos que corre la cultura, renunciar a un premio literario? El gesto del escritor Javier Marías (Madrid, 1951) el pasado jueves de rechazar el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos -dotado con 20.000 euros- debido a su “deseo de ser consecuente” con sus propias ideas y decisiones, ha sido, en general, recibido con admiración por sus colegas gallegos. Aunque no todos piensan así. También surgen las críticas hacia su modo de actuar, que algunos tachan de no ser tan coherente como pretende.

Marías, con obras traducidas a 40 idiomas y publicadas en 50 países, no ha aceptado desde hace muchos años ninguna invitación de los institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni de las Universidades públicas o de Televisión Española -“independientemente de qué partido gobernara”, aclara- y ha rechazado toda remuneración que procediera del erario público. Por ello, considera que “hubiera sido una cierta sinvergonzonería aceptar este premio”, justificaba el autor.

Manuel Rivas califica de “gesto valiente” la actitud del académico. “Me resultó muy convincente la parte de su argumento que habla de la paradoja de los premios con dotación económica en un momento en que los recortes provocan que los fondos a las bibliotecas sean cero”, destacó ayer. El autor, que acaba de publicar la novela-biografía As voces baixas, advierte de que esta acción “no significa que ahora el que acepte un premio no es ético y el que lo rechace, sí, simplemente me parece que, en este caso, ha estado muy bien”.

Por su parte, el escritor vigués Domingo Villar considera que “cada uno sabe lo que tiene que hacer y debe ser coherente consigo mismo”. “Si Javier se siente atado por el hecho de recibir premios del Estado o por participar en encuentros fomentados con dinero público, me parece muy bien que rechace hacerlo; otros autores no tienen por qué sentirse atados”. El autor de la famosa saga de Leo Caldas, que publicará después de las navidades la tercera parte, Cruces de pedra, admite que Javier Marías “tiene la seguridad económica suficiente para poder renunciar a un premio de este tipo pero, aún así, es mejor tener la conciencia limpia que el bolsillo lleno”.

La escritora lucense Marta Rivera de la Cruz, sin embargo, muestra abiertamente su rechazo a la actitud del premiado. “Sabía perfectamente que era finalista y tenía muchas formas de haber hecho llegar al jurado que no iba a aceptar el premio, en lugar de rechazarlo después”, opina. La finalista del Premio Planeta en 2006 por En tiempo de prodigios asegura que la negativa de Marías es una ofensa “hacia el jurado, que en esta edición era maravilloso, y hacia otros grandes escritores que estarían en la terna y que podrían haber recibido el premio con mucha ilusión”. Rivera de la Cruz recuerda que Marías ganó el Nacional de Traducción en 1979, que sí aceptó, “y es académico, y la Academia también se mantiene con presupuestos del Estado”.

Por su parte, el escritor y periodista vigués Alfonso Armada, destaca el “respeto” que le merece la actitud de Marías. “Es cierto que él, económicamente, puede permitirse renunciar, pero aún así es admirable”. Especialmente valora la reflexión que Marías realizó sobre el hecho de que su padre, Julián Marías, un gran ensayista, nunca recibiera un premio del Estado y, añade, “me parece insólito que, en un momento en el que muchos escritores mendigan premios, haya alguien que renuncie”.

AMAIA MAULEÓN

Faro de Vigo, 27 de octubre de 2012

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