De Oxford a Alcatraz. Cuentos de Marías

Winslow Homer

Los hechos son tercos, y Javier Marías acaba de ser editado en Inglaterra por “Penguin Classics”, un honor solo alcanzado por cuatro escritores españoles, Cervantes, Santa Teresa, Galdós y Lorca. Es cierto que cada día es más difícil distinguir la calidad excepcional de un gran escritor. El Nobel lo obtienen tarugos. Pero así y todo, cuando varias naciones cultas –Alemania, Italia, Inglaterra–bendicen a un escritor español, no será por capricho.

Como novelista, Marías ha sido descubierto hace tiempo. Su última novela, Los enamoramientos, ha sido un best-seller en España, en un año de pésimas ventas de libros. Ahora nos sorprende con la edición completa de sus cuentos, treinta narraciones bajo el título Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables.

Es muy posible que Marías sea incluso mejor cuentista que novelista. La novela permite y exige el remanso narrativo para tomar fuelle dramático y realzar la intensidad episódica. Pero en el cuento hay que hacer diana absoluta desde la primera a la última palabra. Conseguir dibujar a un personaje en diez páginas, con brío e intensidad, roza el prodigio. Pienso en “El jardín de los senderos” de Borges, un cuento digno del suspense de Hitchcock. Pero eso sucede, por ejemplo, en “Un inmenso favor”, donde se nos pinta a un sicario, un asesino a sueldo, en el bar del Hotel Palace de Madrid. Es un relato digamos inédito que ahora disfrutamos en forma de libro.

La trama es un prodigio de invención. Lo mismo sucede con “Un sentido de camaradería”, que tampoco había visto la luz editado en un volumen. Nos cuenta una boda en Ronda, pero con una perspectiva insólita, un mamarracho, un bocazas, que alardea de su machismo fanfarrón. El tono de comicidad irresistible unido a una nota de cinismo nupcial, si puede decirse así, es magistral. La pena es que al final el mamarracho no termine reventado al fondo del abismo rondeño. Hay cuentos ya clásicos del autor, “Cuando fui mortal”, “En el tiempo indeciso”, “La canción de Lord Rendall”.

El volumen acoge treinta piezas, todas ellas dignas de atenta lectura. El tema del doble o el impostor realza las páginas de Lord Rendall. El uso del tiempo como suspense a lo Sterne, lo vemos en la bota de un delantero veleidoso y una novia húngara despechada.  

Pero si hay un cuento notable en esta edición, sin duda es el titulado “Mala índole”. Se trata en realidad de una novela breve con apenas dos o tres páginas de un ritmo endiablado, jadeante, que contagian el texto entero. Un ritmo de fuga infinita perseguido por narcos o hampones de mala muerte en Ciudad de México. No hay nada similar en la obra de Marías. Nos pinta un rodaje en Acapulco de Elvis Presley.

Llega uno a preguntarse si la biografía del autor madrileño es fiable, o si por el contrario, en lugar de dar clases en Oxford o Boston, ha estado a la sombra en algún presidio de campanillas. No sé, un doctorado en delincuencia comparada por Alcatraz o Sing Sing. El estrangulador de Chamberí. Su familiaridad con ese mundo, su simpatía o cercanía, su forma de codearse con personajes siniestros, nos deja atrapados a la página como meros comparsas. Es casi imposible asimilar ese mundo sin haberlo vivido. ¿Basta el cine o la imaginación literaria para lograrlo? Tengo mis dudas. “Mala índole”se puede parangonar, ya lo dije en su día, con Sed de mal de Orson Welles.

Vidas escritas es la prueba de fuego de que JM ha dado clases de alta literatura en Oxford y Boston. Es quizá el único español que se conoce a fondo a Henry James, Conrad y Stevenson. Tiene memoria de elefante olvidadizo. Por no hablar de Shakespeare o Sterne. En estas semblanzas inventa la biografía de la trastienda del escritor famoso, su retrato in fraganti, por así decir. Un fulano con calva de teólogo y ojos de chamán. Un virtuoso del tópico. Stevenson como  pirómano californiano. JM no biografiza, lapida. En América lo idolatran como el autor de Vidas escritas.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Heraldo, 18 de octubre de 2012