Thomas Browne: un médico que sedujo a Borges y marcó la literatura de Marías

El autor de Tu rostro mañana acaba de entregar la edición de Debolsillo de su espléndida traducción de los célebres ensayos-meditaciones del médico inglés renacentista, Sir Thomas Browne (1605-1682), quien con ellos elevó el estilo de la prosa inglesa hasta darle un rango literario tan afín a la inquieta solidez de su fe como a la culta apertura de su pensamiento: La religión de un médico/ El enterramiento en urnas (Barcelona 2012); obras que han despertado elogios y polémicas a través de los siglos. Es significativo que Borges y Bioy Casares hayan traducido para la revista Sur de Argentina (No.11, enero, 1944) el capítulo V de El enterramiento en urnas (salvo unas líneas), por considerarlo una de las cumbres de la literatura inglesa. Pero es gracias a Javier Marías que gozamos de una hermosa y exacta traslación de la obra completa de Browne a nuestra lengua, porque en la edición de Debolsillo se añade el seductor ensayo De los sueños, no por breve menos sustancioso, que no aparecía en la entrega original de Reino de Redonda.

¿Qué puede haber movido a escritores tan distintos a sentirse cautivados por la prosa de un escritor a quien Virginia Woolf consideraba “un extraño predicador” cuya voz es la de un hombre “lleno de dudas y perspicacias con raptos de imaginación sorprendentes”? Luego de disfrutar las casi 300 páginas del libro llego a la conclusión de que es justamente el espíritu de su obra lo que los atrajo, vale decir, la perfección del estilo literario en que encarnó la voz de ese hombre, médico y cristiano de raza, que se muestra tan familiarizado con la mortalidad del cuerpo como con la inmortalidad del alma y el destino humano de resurrección; por imposible que parezca desde un punto de vista extradivino. Baste este fragmento de Religio medici: “Una planta o un vegetal reducido a cenizas, a un filósofo contemplativo y escolástico le parece cabalmente destruído, y que la forma se ha despedido ya para siempre, pero para un artista sensible las formas no han perecido sino que se han retirado a su forma incombustible, donde yacen a salvo de la acción de ese elemento devorador. Esto lo ha probado un experimento [. . .] Lo que el arte de los hombres puede conseguir en estas muestras inferiores, ¡qué blasfemia es afirmar que no puede lograrlo el dedo de Dios en estas estructuras más perfectas y sensibles!”

Siglos antes de la clonación y del descubrimiento del bosón o “partícula de Dios”, convencido de que si se prescinde de la resurrección los únicos filósofos auténticos serían los ateos, Browne nos habla desde una “filosofía mística” a la que llega convencido por su atento estudio de la naturaleza, en la que observa (como Ezequiel vislumbró en un sueño y los apóstoles ante Jesucristo resucitado) “los caracteres de su resurrección”. De ahí que sus profundas meditaciones sobre el tiempo y la eternidad, la memoria y el olvido, el sueño y lo real, dieran tanta simiente a la cuentística borgiana. De igual manera se ven en la novelística de Marías, cuyos narradores son capaces de poner cámara lenta al tiempo mediante obsesivas meditaciones así acercándonos al abismo (vértigo) de lo que para Browne era éxtasis de “ingreso en la sombra de Dios”.

Consciente del ultraje del tiempo, Browne nos lleva en la gran ola de sus sabias reflexiones por una topografía tan universal en el tiempo como en el espacio, acrisolando sus hallazgos con los de sus antecesores confiables. “¿Y los sueños? Siendo mayormente naturales y animales, los hay diabólicos, pero también angélicos, visionarios y precognitivos. Depende de “los adentros” (nobleza o vileza), valores y ocupación del soñante.

JUANA ROSA PITA

El Nuevo Herald (Miami), 23 de septiembre de 2012