Presentación a los lectores de ‘Mala índole’

Conversación entre Javier Marías y Agustín Díaz Yanes, y posterior firma de libros, el viernes 19 de octubre, a las 20,00 horas, en la FNAC Callao

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Los frenos a la pasión en la obra de Marías

En 1995 la IX edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos fue concedido al libro Mañana en la batalla piensa en mí, del aún joven escritor español Javier Marías. Irrumpía así una literatura, un modo de escribir y de comprender el mundo, que poco tiempo después se haría adicción y un acto de fe en nuestro medio literario. Entraba Marías por la puerta grande de la literatura en nuestro país (y en el mundo hispano), y de inmediato se anclaría en una estética de la palabra que buscaba desnudar el ser humano en sus más recónditos intersticios, y devolvérnoslo así a la medida de nuestros propios sueños y desventuras.

Recuerdo que para aquél entonces la crítica local resaltaba el párrafo con el que abriría el novelista ese portento hecho libro: “Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros”. Estas palabras, supuestamente ininteligibles y enigmáticas para quienes no estábamos todavía familiarizados con su propuesta literaria, resultaban desconcertantes, tremebundas; si se quiere: desoladoras, sobre todo a la hora de traducir en nuestra propia experiencia lo que este hombre de ojos inteligentes y rostro infantil pretendía contarnos.

En la medida que fuimos “descubriendo” al autor, de la mano de su obra premiada en Venezuela (prácticamente el único referente de peso para muchos lectores; incluso para quien esto escribe), nos fuimos percatando con entusiasmo de una larga carrera literaria llena de éxitos. Ganaba Marías el Rómulo Gallegos y traía sobre sus hombros el Premio Herralde de Novela 1986 por su libro El hombre sentimental, el Premio Ciudad de Barcelona 1989 por su novela Todas las almas, y el Premio de la Crítica1993 por el libro Corazón tan blanco. Fue sin embargo 1995 para nosotros el punto de inflexión necesario para un acercamiento cauteloso -no exento de asombro- frente a la obra de Marías, que traería en lo sucesivo encuentros y desencuentros, alegrías y desencantos (más de lo primero, sin duda), pero sobre todo la espera “ansiosa” de sus nuevos libros, cuestión que se mantendría con firmeza hasta el presente.

Tu rostro mañana

En el 2007 cierra Marías su trilogía titulada Tu rostro mañana, constituida por: 1. Fiebre y lanza, 2. Baile y sueño y 3. Veneno y sombra y adiós. A decir de los estudios de la obra del novelista español, esta tríada representa su obra maestra, al hallarse densamente estructurada, escrita desde un criterio ambicioso y totalizador, a la usanza de los grandes clásicos universales. Logra el autor en este conjunto entretejer con mano experta, realidad y ficción, en el que el elemento autobiográfico toma partido, para así configurar un inmenso tapiz de posibilidades estéticas, que alcanza elevadas cimas de realización artística. No se leen con facilidad estos tres libros, ni fueron escritos para el gran público: apostó Marías nuevamente, como al comienzo de su carrera, por textos de una complejidad extrema, escritos para un público cautivo, si se quiere ya conocedor de su obra, que pudo moverse en medio de estas ingentes páginas en virtud de (y gracias a) las claves presentes y halladas en sus anteriores textos.

Los enamoramientos

En el 2011 sale al mercado editorial Los enamoramientos: la más reciente novela de Javier Marías. Con prosa (en apariencia) sencilla y lineal, vuelve de nuevo el autor con las frases enigmáticas de entrada, que de inmediato nos sumergen en un mundo de cavilaciones y empujan a la lectura (y a develar el misterio). Leemos: “La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última vez que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra”. Quienes seguimos con interés su obra, de inmediato advertimos que estábamos en presencia del Marías de sus mejores textos, y no podíamos abstraernos a la tentación del cotejo con obras como la ya citada Mañana en la batalla piensa en mí. Amor, deseo, pasión, celos, intriga, crimen, seducción e impostura se mueven a sus anchas en estas páginas, que constituyen de por sí un submundo en el que “el enamoramiento” se erige en pieza clave para develar los acontecimientos narrados.

Una muerte en apariencia fortuita, de la mano -quizás- de un destino cruel y azaroso, de pronto se erige en una maraña de sucesos que nos van conduciendo a puntos extremos, en los que el deseo por poseer a la persona amada es razón suficiente para tramar las más oscuras patrañas y las más perversas situaciones, lo cual nos lleva de entrada a pensar que se trata del producto de la “normal” violencia callejera, apoderada con impunidad de nuestras vidas.

El vil asesinato del empresario Miguel Desvern en manos de un indigente, quien lo culpa (por “confusión y sin causa”) de sus desgracias, cuando se topa con él en la calle, y que en venganza lo cose a cuchilladas, echa a andar una trama urdida desde el desvarío sentimental, desde lo más abyecto del alma humana, que ha sido en parte el alimento de lo mejor de la literatura de todos los tiempos. La historia es contada desde lo colateral por María Dolz (o la Joven Prudente, como la llaman Miguel y su esposa Luisa), quien siempre se hallaba en el restaurante en el que los esposos solían desayunar. La periodicidad de tales encuentros trae consigo una fijación por parte de María, hasta el punto de llegar a involucrarse en la vida de Luisa (ya viuda) y hacerse parte de un triángulo amoroso entretejido con un tercer personaje, Javier Díaz-Varela, amigo de la familia del difunto, y que a la larga se revelará como el autor intelectual de la muerte de Miguel con el fin de quedarse con su esposa a quien amaba en silencio. María se enamora de Díaz-Varela y es entonces cuando fantasea con la muerte de Luisa para así despejar el camino con su amante. Al final, la mujer se da cuenta de lo inútil de su empresa y deja en libertad a Javier para que sea feliz con Luisa, sin revelarle a ella toda esta sórdida historia tramada a sus espaldas.

Sin duda, una enconada lucha entre el amor y el requerimiento moral se hace presente en esta novela, y no vacila Marías en darle cauce a los pérfidos enamoramientos de sus personajes, sin mirar atrás, sin dejarse llevar por lo que es dable y deseado en una sociedad civilizada, en la que todo debería ser dirimido desde lo éticamente correcto.

No obstante, la historia de la humanidad ha dado muestras fehacientes de ser lo suficientemente insensata como para ponerle frenos a la pasión, a la lujuria y al deseo, sobre todo a los íncubos y súcubos (esas especies de ángeles caídos, que según la tradición medieval tenían comercio carnal con la mujer bajo la apariencia de varón y con el varón bajo la apariencia de mujer, respectivamente), y quienes desde siempre nos han gobernado a su antojo, y han puesto en evidencia nuestra naturaleza proclive a la transgresión sexual. Entonces, nos preguntamos: ¿qué otra cosa podría representar la ficción?

RICARDO GIL OTAIZA

El Universal (Venezuela), 14 de octubre de 2012

Thomas Browne: un médico que sedujo a Borges y marcó la literatura de Marías

El autor de Tu rostro mañana acaba de entregar la edición de Debolsillo de su espléndida traducción de los célebres ensayos-meditaciones del médico inglés renacentista, Sir Thomas Browne (1605-1682), quien con ellos elevó el estilo de la prosa inglesa hasta darle un rango literario tan afín a la inquieta solidez de su fe como a la culta apertura de su pensamiento: La religión de un médico/ El enterramiento en urnas (Barcelona 2012); obras que han despertado elogios y polémicas a través de los siglos. Es significativo que Borges y Bioy Casares hayan traducido para la revista Sur de Argentina (No.11, enero, 1944) el capítulo V de El enterramiento en urnas (salvo unas líneas), por considerarlo una de las cumbres de la literatura inglesa. Pero es gracias a Javier Marías que gozamos de una hermosa y exacta traslación de la obra completa de Browne a nuestra lengua, porque en la edición de Debolsillo se añade el seductor ensayo De los sueños, no por breve menos sustancioso, que no aparecía en la entrega original de Reino de Redonda.

¿Qué puede haber movido a escritores tan distintos a sentirse cautivados por la prosa de un escritor a quien Virginia Woolf consideraba “un extraño predicador” cuya voz es la de un hombre “lleno de dudas y perspicacias con raptos de imaginación sorprendentes”? Luego de disfrutar las casi 300 páginas del libro llego a la conclusión de que es justamente el espíritu de su obra lo que los atrajo, vale decir, la perfección del estilo literario en que encarnó la voz de ese hombre, médico y cristiano de raza, que se muestra tan familiarizado con la mortalidad del cuerpo como con la inmortalidad del alma y el destino humano de resurrección; por imposible que parezca desde un punto de vista extradivino. Baste este fragmento de Religio medici: “Una planta o un vegetal reducido a cenizas, a un filósofo contemplativo y escolástico le parece cabalmente destruído, y que la forma se ha despedido ya para siempre, pero para un artista sensible las formas no han perecido sino que se han retirado a su forma incombustible, donde yacen a salvo de la acción de ese elemento devorador. Esto lo ha probado un experimento [. . .] Lo que el arte de los hombres puede conseguir en estas muestras inferiores, ¡qué blasfemia es afirmar que no puede lograrlo el dedo de Dios en estas estructuras más perfectas y sensibles!”

Siglos antes de la clonación y del descubrimiento del bosón o “partícula de Dios”, convencido de que si se prescinde de la resurrección los únicos filósofos auténticos serían los ateos, Browne nos habla desde una “filosofía mística” a la que llega convencido por su atento estudio de la naturaleza, en la que observa (como Ezequiel vislumbró en un sueño y los apóstoles ante Jesucristo resucitado) “los caracteres de su resurrección”. De ahí que sus profundas meditaciones sobre el tiempo y la eternidad, la memoria y el olvido, el sueño y lo real, dieran tanta simiente a la cuentística borgiana. De igual manera se ven en la novelística de Marías, cuyos narradores son capaces de poner cámara lenta al tiempo mediante obsesivas meditaciones así acercándonos al abismo (vértigo) de lo que para Browne era éxtasis de “ingreso en la sombra de Dios”.

Consciente del ultraje del tiempo, Browne nos lleva en la gran ola de sus sabias reflexiones por una topografía tan universal en el tiempo como en el espacio, acrisolando sus hallazgos con los de sus antecesores confiables. “¿Y los sueños? Siendo mayormente naturales y animales, los hay diabólicos, pero también angélicos, visionarios y precognitivos. Depende de “los adentros” (nobleza o vileza), valores y ocupación del soñante.

JUANA ROSA PITA

El Nuevo Herald (Miami), 23 de septiembre de 2012