Sin pelos en la lengua

Incisivo articulista, laureado novelista y brillante cuentista, Javier Marías regresa con Mala índole, un libro que recoge sus mejores cuentos. El escritor nos recibió en su casa para hablar de literatura, y de una crisis que afecta a los valores.

Amable, atento, buen conver­sador, reflexivo… Javier Marías (Madrid, 1951) está bastante lejos de cierta ima­gen que algunos medios le han atribuido: «Me persigue desde joven el sambenito de calificativos como arro­gante, distante, pedante. Es curioso por­que hay mucha gente que cuando me conoce en persona me dice que soy nor­mal y simpático. Procuro serlo como mínimo, aunque también puedo ser un poco borde cuando creo que alguien se lo merece. No practico la hipocresía».

El escritor nos ha recibido en su casa para hablar sobre su próximo libro, Mala índole (Alfaguara), que se publica el 3 de octubre, una colección de todos sus cuentos ‘aceptados y aceptables’ hasta la fecha. «Los ‘aceptables’ -nos cuenta Marías con su finísimo sentido del hu­mor- son cuentos que me parecen a mí mismo, que tampoco soy buen juez, algo inferiores a lo que he llamado ‘cuentos aceptados’, pero que tampoco son para esconderlos. Los ‘no aceptables’, eviden­temente, han quedado fuera del libro. Lo cierto es que no son muchos y son pre­históricos, casi de mi infancia. La idea de Mala índole viene porque precisamente el cuento que da titulo al libro no estaba incluido en ninguna de mis colecciones de relatos y, sin embargo, me lo pedían mucho. Y como estoy empe­zando una nueva novela y no tengo pin­ta de ir a hacer muchos más cuentos pen­sé que era un buen momento».

Sin duda, es de los pocos escri­tores nacionales que aúna reco­nocimiento del público y respe­to de la crítica: «He sido muy afortunado, un privilegiado. Hay un elemento de suerte en esto, el mé­rito no basta. Soy el primer sorprendido: los lectores tendrían que explicarme a mí mi relativo éxito. Al empezar una novela, siempre creo que no vaya ser capaz».

Rotundo en sus artículos periodís­ticos, Marías no se muestra muy optimista con la situación actual: «Me parece un desastre en todos los aspectos. Obviamente está la coyuntura económica, que es fundamental y a todos nos preocupa. Pero hay algo más. Todos los que vivimos el franquis­mo teníamos la vaga esperanza de que cuando aquello acabara, el país cambiaría y sería mejor. Y es cierto que en los 80 y en los primeros 90 se hizo un esfuerzo: queríamos ponernos al nivel europeo, ser más cultos, aprender idiomas. Pero luego algo pasó, ese poso -quizá anterior al franquismo- volvió a emerger y a apro­piarse de la sociedad y ahora se vuelve a tener una especie de ufanía de la ignoran­cia, como si nos hubiéramos cansado de intentado. Lo que gusta son los programas animalescos, de chismorreos absur­dos y groserías, las comedias que no se diferencian mucho de aquel humor de Pa­co Martínez Soria».

¿Y la política actual? «Los políticos de la Transición eran gen­te responsable, con buena voluntad, res­petuosa, con capacidad para superar sus diferencias en beneficio del bien común, algo que no parece que vaya a ocurrir de nuevo. Ha vuelto una España bruta, des­agradable, zafia y yo estoy muy deprimi­do. No entiendo cómo el gobierno actual desdeña a todo el mundo, por mucha ma­yoría absoluta que tenga».

En estos tiempos angustian­tes, ¿qué aconseja leer Javier Marías? «Nunca recomen­daría estudios políticos o li­bros sobre la Gran Depre­sión. En estas ocasiones, sólo hay dos cosas que hacer: seguir trabajando, que decía Burke, y evadirse en los ratos li­bres. Para conseguirlo, la ficción litera­ria es una buena vía. Ya que se cumple el bicentenario de Dickens, recomenda­ría leerlo. No es evasión pura porque se preocupa de las penurias de su época, pero sus novelas te hacen sonreír por su humor y sus intrigas».

BLANCA LACASA

Vogue, octubre de 2012