Sobre la decisión de Javier Marías

Javier Marías rebutja el Premi Nacional

El Ministeri de Cultura espanyol ha anunciat el nou Premi Nacional de Narrativa. Un premi dotat amb 20.000 euros que reconeix la obra i la trajectòria d’un escriptor o escriptora espanyol, en qualsevol de les quatre llengües oficials.

Enguany, l’escollit ha estat el madrileny Javier Marías, acadèmic i autor de llibres com Corazón tan blanco o Tu rostro mañana, i que ha estat mereixedor del premi per la seva darrera novel·la Los enamoramientos.

Però ahir, en roda de premsa, l’autor va rebutjar el premi per la seva voluntat de ser conseqüent. En primer lloc en memòria a alters autors. Però també perquè fa temps que Javier Marías va afirmar públicament que no acceptaria cap premi institucional amb dotació econòmica procedent de fons públics. Marías va declarar: “No sé si este dinero lo destinará a los bancos. Ojalá lo dedique a las bibliotecas públicas, que han contado con cero euros en los Presupuestos del próximo año, lo cual mes parece escandaloso”.

Les biblioteques públiques agraïm a Javier Marías el seu posicionament i el seu suport a la tasca social i cultural de les biblioteques. Entenem que és, precisament en temps de crisi econòmica, quan resulten més necessaris els serveis públics d’accés universal per garantir la igualtat d’oportunitats i fomentar una societat més formada, més crítica i més democràtica.

BIBLIOTEQUES DE SANT CUGAT (26/10/2012)

El no de Marías

La conversación nacional está tan encanallada que dos de los personajes más vapuleados esta semana fueron un empresario que donó a Cáritas 20 millones y un novelista que rechazó un premio. ¿Cómo se atreven a hacer eso?, pregunta el sans-coulotte. La pasión española del resentimiento, tal vez potenciada por las penurias de nuestro tiempo, se ha vuelto aún más ácida y destructiva que de costumbre con cualquiera que destaque por un mérito personal. Como en los cementerios de las películas de zombis, del subsuelo brotan manos que tratan de arrastrar abajo a los que se proponen dar otra medida. Y luego nos quejamos de la mediocridad que lo intoxica todo.

Javier Marías se ha comportado como un hombre honesto. Dicen que también como un vanidoso, pero eso no puede ser, porque no se conocen creadores vanidosos. Lo escandaloso no es esto de Marías, sino que, enfrentado al mismo premio –a la misma tentación fáustica-, Suso de Toro, el de madera de presidente, se lo aceptara en 2003 a ¡Aznar!, ¡al Prestige!, ¡al Trío de las Azores!, ¡a la Ciudadela de la Extrema Derecha! No he dedicado decenas de artículos a advertir de los peligros que entrañan un periodismo y una cultura orgánicos, clientelizados por premios, informativos de autor y subvenciones, para ahora no admirar el gesto de Marías como el de un tipo libre que permanece a la intemperie, por más que disponga ya de la seguridad procurada por la consagración.

Marías ha sido detestado estos días porque constituye un ejemplo que afea a los demás. A los que entran en camarillas donde se intrigan las prebendas. A los aduladores del poder. A los que sí acogen a sagrado en el Estado para no padecer esa incertidumbre atroz que consiste en depender del criterio del público. A los que tienen un político de cabecera por el que acuden incluso a amenizar las veladas si a los invitados se les antoja la siempre simpática compañía de un escritor o un cineasta. A los que, dentro de sí, en alguna parte recóndita de su conciencia, se sienten sucios porque saben que fueron comprados. Antes que esa conducta, que es la que más abomino de mi oficio y de otros oficios colindantes, prefiero el “no, gracias” de Marías, de quien ni siquiera soy lector, y al que alguna vez Pérez-Reverte logrará meter en una pelea a puño descubierto. O no.

DAVID GISTAU

El Mundo, 27 de octubre de 2012

Los enamoramientos

Las novelas son el alma de una sociedad culta. Los escritores tejen de forma sigilosa las entretelas del entramado interior de la realidad. La ficción literaria es la realidad por descubrir. Sin ficción de altura no puede existir conciencia de lo real. Con las novelas, el hombre cede el protagonismo de la tradición oral, a la belleza y la realidad de lo escrito.

No es casualidad, que en tantas ocasiones, las sociedades avanzadas, que han entendido que el arte y la literatura no son un añadido circunstancial y prescindible de su propia identidad, hayan otorgado a los escritores el papel de conciencia crítica de la misma.

Los defensores del actual desprestigio del hecho cultural han querido relegar a los escritores a un papel secundario y marginal. Para querer empequeñecerlos, han pretendido hacer grandes a vulgares voceros, humoristas de poco talento, monologuistas en serie, «grandes hermanos», «triunfitos» y demás «subproductos» de la telebasura.

La sociedad posmoderna televisada y televisiva aspira a igualar la contribución que hacen los charlatanes y los escritores al desarrollo de la sociedad. Nunca podrá conseguirlo. No se igualarán nunca los edificios construidos por la literatura y los levantados por la vulgaridad.

El pasado año 2011 el novelista español Javier Marías publicó su última obra, Los enamoramientos. Recientemente el Ministerio de Educación y Cultura, le ha concedido el Premio Nacional de Narrativa 2012, dotado económicamente con veinte mil euros. El escritor y académico ha rechazado el galardón, no porque crea que no reúna los méritos suficientes, sino porque desde hace catorce años decidió que no quería aceptar ningún premio si venía de una institución oficial. No podía aceptar en estos momentos ese dinero público, por dignidad y coherencia, cuando las arcas del estado están esquilmadas.

Su gesto lo engrandece, pero sobre todo les recuerda a los responsables políticos que la literatura merece un tratamiento diferente que excede al de un «total» para televisión, o el espacio de una nota de prensa con foto oficial.

Europa ha sobrevivido gracias a que escritores como Sándor Márai o Vasili Grossman con sus novelas la sostuvieron. Sus palabras libraron la lucha por el derecho a ser hombres plenos. En estos momentos, en los que las brújulas desaparecieron y los mapas se perdieron, acudan al faro que representan los escritores que defienden la dignidad, la libertad, la justicia y la bondad. Los enamoramientos, o sea.

JOSÉ ANTONIO TRUJILLO

Diario Sur, 28 de octubre de 2012

El ¿ético? “no quiero” de Javier Marías

¿Es lo más ético, coherente, sensato, en los tiempos que corre la cultura, renunciar a un premio literario? El gesto del escritor Javier Marías (Madrid, 1951) el pasado jueves de rechazar el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos -dotado con 20.000 euros- debido a su “deseo de ser consecuente” con sus propias ideas y decisiones, ha sido, en general, recibido con admiración por sus colegas gallegos. Aunque no todos piensan así. También surgen las críticas hacia su modo de actuar, que algunos tachan de no ser tan coherente como pretende.

Marías, con obras traducidas a 40 idiomas y publicadas en 50 países, no ha aceptado desde hace muchos años ninguna invitación de los institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni de las Universidades públicas o de Televisión Española -“independientemente de qué partido gobernara”, aclara- y ha rechazado toda remuneración que procediera del erario público. Por ello, considera que “hubiera sido una cierta sinvergonzonería aceptar este premio”, justificaba el autor.

Manuel Rivas califica de “gesto valiente” la actitud del académico. “Me resultó muy convincente la parte de su argumento que habla de la paradoja de los premios con dotación económica en un momento en que los recortes provocan que los fondos a las bibliotecas sean cero”, destacó ayer. El autor, que acaba de publicar la novela-biografía As voces baixas, advierte de que esta acción “no significa que ahora el que acepte un premio no es ético y el que lo rechace, sí, simplemente me parece que, en este caso, ha estado muy bien”.

Por su parte, el escritor vigués Domingo Villar considera que “cada uno sabe lo que tiene que hacer y debe ser coherente consigo mismo”. “Si Javier se siente atado por el hecho de recibir premios del Estado o por participar en encuentros fomentados con dinero público, me parece muy bien que rechace hacerlo; otros autores no tienen por qué sentirse atados”. El autor de la famosa saga de Leo Caldas, que publicará después de las navidades la tercera parte, Cruces de pedra, admite que Javier Marías “tiene la seguridad económica suficiente para poder renunciar a un premio de este tipo pero, aún así, es mejor tener la conciencia limpia que el bolsillo lleno”.

La escritora lucense Marta Rivera de la Cruz, sin embargo, muestra abiertamente su rechazo a la actitud del premiado. “Sabía perfectamente que era finalista y tenía muchas formas de haber hecho llegar al jurado que no iba a aceptar el premio, en lugar de rechazarlo después”, opina. La finalista del Premio Planeta en 2006 por En tiempo de prodigios asegura que la negativa de Marías es una ofensa “hacia el jurado, que en esta edición era maravilloso, y hacia otros grandes escritores que estarían en la terna y que podrían haber recibido el premio con mucha ilusión”. Rivera de la Cruz recuerda que Marías ganó el Nacional de Traducción en 1979, que sí aceptó, “y es académico, y la Academia también se mantiene con presupuestos del Estado”.

Por su parte, el escritor y periodista vigués Alfonso Armada, destaca el “respeto” que le merece la actitud de Marías. “Es cierto que él, económicamente, puede permitirse renunciar, pero aún así es admirable”. Especialmente valora la reflexión que Marías realizó sobre el hecho de que su padre, Julián Marías, un gran ensayista, nunca recibiera un premio del Estado y, añade, “me parece insólito que, en un momento en el que muchos escritores mendigan premios, haya alguien que renuncie”.

AMAIA MAULEÓN

Faro de Vigo, 27 de octubre de 2012

Cartas al director

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LA ZONA FANTASMA. 28 de octubre de 2012. Así nos dure veinte años

Voy a procurar darme y darles otra tregua de enfados,  me ha parecido que no pocos de ustedes agradecieron la de hace unas semanas, sobre la vuelta de Mr Jingle a España. En ese viaje a Londres en el que compré su figura en marfil, tuve bastante tarea y sufrí un momento de pá­nico. Era una visita de promoción, organizada por la editorial que ha publicado unos libros míos. Como ésta era nueva para mí, y todas, con la crisis, nos piden a los autores que hagamos el máximo posible y nos multipliquemos, fui tan complaciente que incluso acepté levantarme un sábado a las 6.30 para estar bien despierto a las 8.30 en un estudio de radio de la BBC (aquí debo subrayar cuánta aceptación era esa, dado que nunca me acuesto antes de las 3 de la mañana). “Se trata de un programa que oye muchísima gente, mientras desayuna”, me habían dicho. Así que para allá me fui, acompañado por Ryan, un joven del departamento de prensa: agradable y eficaz, con pantalo­nes de tiro tan caído que creo que los llaman -quizá demasiado gráficamente- “cagados”, y más pendiente de su iPhone que de cuanto sucedía alrededor nuestro.

Nos alojaron en una salita junto con otros invitados, y nos iban lla­mando poco a poco cuando llegaba nuestro turno de pasar al estudio. El mío, dicho sea de paso, se demoró hasta las 10, así que no me quedó más remedio que escuchar desde allí las intervenciones de quienes me precedieron. A medida que los oía, más deseaba no oírlos, luego” desconectaba” a ratos; y más me preguntaba qué diablos hacía yo allí, con tan extravagante tropa. La primera en­trevistada fue una ex-Ministra de Sanidad de John Major lla­mada Edwina, que acababa de publicar no sé qué libro. Fui informado en seguida de que, una vez fuera del Gobierno am­bos, se había sabido que habían mantenido un affair, supongo que ilícito, y que ella había debido dejar el Gabinete antes que él por unas intempestivas declaraciones en las que aconsejó a los británicos abstenerse de comer huevos, lo cual provocó la cólera de toda la industria huevera. Pese a haber rebasado mi propia edad, resultaba vistosona y simpática, con sus juveni­nilistas vestido, peinado y escote. Edwina fue lo más normal del programa. A continuación pasó un individuo algo fofo al que se tenía por “el mayor procrastinador del Reino”. “Procrastinar” se conserva en español como cultismo (es puro la­tín), pero en inglés es un verbo de uso corriente, y en ambas lenguas significa “aplazar” o “diferir” . Le pregunté a Ryan si es que existía también como profesión, la de procrastinador. “No, no, es sólo que este señor ha sido detectado como el que más aplaza en Gran Bretaña”. Le oí a medias disertar sobre los pla­ceres de dejarlo todo para mañana y sobre los reproches de su mujer, que, por ejemplo, nunca había logrado salir de viaje. Vino luego un embalsamador, de cuya intervención preferí no enterarme mucho porque sonaba tétrica, pero me alcanzó que cultivaba tal oficio por vocación, que le encantaba manipular, adecentar y embellecer los cadáveres, y también la descrip­ción de sus refinadas técnicas. Pero aún faltaba lo más friki. Una mujer gordezuela y rubia nos había dicho, en la sala, que era la directora del “Joy of Death Festival” o “Festival de la Ale­gría de la Muerte”, que se celebra anualmente en Bourne­mouth. Me atreví a preguntarle si la supuesta alegría era para los vivos o para los muertos, a lo que, tras vacilar, me contestó que “en principio, para los muertos”. No deseé averiguar más, francamente, pero cuando entró en antena comprendí a mi pesar. En Inglaterra no es obligado enterrar a la gente, como en España, a los dos o tres días de su fallecimiento, de modo que esta señora contó cómo, durante al menos un par de se­manas, se había dedicado a llevar a su madre difunta por ahí: a la playa, de turismo, no sé si al bingo, al cuarto de baño… (Embalsamada, supongo.) Y fue entonces cuando me entró el páni­co. “Yo me largo, Ryan”, le dije a mi joven acompañante. “No sé qué pinto aquí, en medio de esta gale­ría”. Me convenció de que me que­dara, por el madrugón, por la espe­ra, por la editorial. Aún escuché cómo la de la Alegría había enterra­do finalmente a su progenitora con sus propias manos. “¿Tuvo que cavar mucho?”, le preguntaron. “No, mi madre era menu­da; y como murió con noventa años, había encogido y ya sólo medía tantos pies con tantas pulgadas” (lo sabía con exactitud escalofriante). Todavía, antes de mi turno, pasó una joven que, si no entendí mal -la anterior participante me había turbado-, no sabía lenguas pero había compuesto una canción en serbio y otra en búlgaro. Y cantó un fragmento de una de ellas, no me pregunten si de la serbia o la búlgara.

Una vez en el estudio, fui presentado como escritor y demás, pero también, en seguida, como “Rey de Redonda” (“Ah”, pen­sé, “ya veo”). “Lo es usted, ¿verdad?” Mi respuesta fue muy pru­dente: “Eso dice alguna gente. No yo”. Según algunos amigos británicos que me escucharon, logré estar circunspecto, digno, ameno e irónico. Si así fue (mis amigos quizá fueron piadosos), créanme que no era fácil, para cerrar aquel inaudito desfile de excéntricos y macabros. Nunca más volveré a ser tan complaciente, aunque la crisis nos dure veinte años.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 28 de octubre de 2012

Carta al Director

Precisión de Javier Marías

Sr. Director:

En el artículo de Santos Sanz Villanueva Un mal gesto, del 26 de octubre, el autor da por buena una calumnia porque «Marías ni ha desmentido la información ni ha protestado por la posible injuria». Se hace eco de que «J. L. García Martín cuenta en sus dietarios» que en El País Semanal, donde yo es­cribo, «dedican una persona a escribir cartas de los lectores favorables» a mis artículos (se sobreentiende que apócrifas y por exigencia mía).

Ignoraba, para empezar, que yo estuviera obligado a leer los dietarios de un autor que no me interesa, y que estuviera obligado a desmentir una fala­cia evidente: en El País Sema­nal se publican cartas favora­bles y contrarias a mis textos, como puede comprobar cual­quiera, y jamás se me ha ocu­rrido pedir a dicho dominical que incluya ni excluya carta al­guna. Es algo en lo que no en­tro ni salgo, y El País nunca me habría admitido una exigencia semejante.

Pero dado que Sanz Villa­nueva está dispuesto a creer cualquier difamación tan alegremente si no es desmentida por el perjudicado, la desmien­to aquí y ahora para sacarle de las posibles dudas, aunque él apenas se haya dignado expre­sarlas.

Javier Marías. Madrid.

El Mundo, 27 de octubre de 2012

La noticia en la prensa escrita

Javier Marías asegura que “hubiera sido una sinvergonzonería aceptar el premio”

El escritor Javier Marías ha asegurado hoy que no puede aceptar el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos, debido a su “deseo de ser consecuente” con sus propias ideas y decisiones.

“Hubiera sido una cierta sinvergonzonería aceptar este premio”, ha afirmado Javier Marías en un encuentro con la prensa, horas después de que se supiera que había ganado el citado galardón y de que hubiera trascendido también que lo iba a rechazar.

Marías agradece “profundamente la gentileza y la generosidad” de los miembros del jurado -cuya composición desconocía- por haber tenido esta novela “en tanta consideración”, pero al ser “un galardón institucional, oficial y estatal, otorgado por el Ministerio de Cultura”, no le es posible aceptarlo.

Desde hace “muchos años” Javier Marías, uno de los escritores españoles de mayor prestigio internacional y cuya obra está traducida a más de 40 lenguas, no ha aceptado “ninguna invitación de los Institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni siquiera de Universidades públicas o de Televisión Española”.

“Durante todo ese tiempo he esquivado a las instituciones del Estado, independientemente de qué partido gobernara, y he rechazado toda remuneración que procediera del erario público”.

También había dicho en varias ocasiones que “no podría aceptar premio oficial alguno”, en el caso de que se lo concedieran, y eso es lo que ha hecho hoy: rechazar uno de los galardones más codiciados por cualquier novelista.

Marías ganó el Nacional de Traducción en 1979, “en la época del presidente Adolfo Suárez, nada menos”, y mereció también el Premio de la Comunidad de Madrid en 1998, que sí aceptó.

Su decisión de rechazar los premios oficiales y las invitaciones institucionales la fue madurando “poco a poco” a partir de 1995, cuando lo invitaron a un Salón del Libro en París. Marías fue invitado por el Ministerio de Cultura francés, pero no le gustó la polémica que surgió en la prensa española sobre qué escritores participaban y qué otros quedaron fuera.

Detrás de su rechazo a los premios e invitaciones oficiales está el deseo de Marías de que nadie pueda pensar que ha hecho su carrera gracias a subvenciones estatales.

Y esa actitud le llevaría también, por supuesto, a rechazar “con más razón” el Premio Cervantes, aunque no cree que haya “ninguna posibilidad” de que se lo concedieran.

¿Ninguna? Marías ha contado hoy que la Real Academia Española lo ha querido proponer como candidato al Cervantes en alguna ocasión, y él les ha pedido a sus compañeros académicos que no lo votaran porque no podría aceptarlo.

También ha rechazado este año otro premio dotado con 15.000 euros, del que no dio más detalles. Pero sí bromeó con el hecho de que, en poco tiempo, ha rehusado 35.000 euros (el Nacional de Narrativa está dotado con 20.000) y quizá eso “no sea muy sensato” en estos tiempos que corren.

Según le dijeron a Marías al llamarlo desde el Ministerio para comunicarle el premio, algún miembro del jurado del Premio Nacional de Narrativa mencionó la posibilidad de que no lo aceptara, pero, opinó Marías, el jurado debió de pensar que a ellos lo que les competía era elegir el mejor libro del año y no otra cosa.

Él es consciente de que es una decisión insólita, pero no ha querido que le pase como a otros escritores, que “se mostraban alejados del poder”, pero luego aceptaban un premio nacional.

“En este país hay poca memoria para lo que hicieron y nadie se lo ha afeado, y me parece bien. Pero, en mi caso, sería una cierta sinvergonzonería que yo hubiera aceptado este premio, que, además, está dotado con una cantidad decente de dinero”, afirmó Marías, antes de insistir en que su postura no tiene “nada que ver con quién gobierne o deje de gobernar”.

En su opinión “hubiera sido demagógico” decir que sí al premio y donar el dinero” para alguna obra benéfica o cultural. “Creo mejor que ese dinero lo destinen a lo que ellos quieran. Puede que lo destinen a los bancos -dijo con sorna-, pero ojalá fuera a las bibliotecas públicas”, que en 2013 no recibirán dinero del estado para comprar libros, algo que tiene “indignado” a Marías .

Su decisión es muy antigua, pero ahora, con el gobierno del PP, podría añadir un motivo más para rechazar premios e invitaciones, el de que la cultura “es una de las esferas que han salido más perjudicadas” por el actual gobierno.

Marías reconoció que si no hubiera recibido premios en el extranjero, estaría “más deseoso” de que se los otorgaran en España, pero le han dado muchos fuera, y muy importantes, y eso “ha sido suficiente para su vanidad”.

Detrás de su actitud está también el hecho de que su padre, el filósofo Julián Marías no ganara nunca el Premio Nacional.

“Me pareció que si él no lo había recibido, tampoco yo era merecedor”, aseguró el autor de Los enamoramientos, que tampoco entiende cómo no han ganado un premio nacional escritores de la talla de Eduardo Mendoza, Juan Benet, Gil de Biedma o García Hortelano.

“Confío en que no se tome mi postura como un feo o un agravio, o como un desagradecimiento. Todo escritor agradece el aprecio por su obra”.

ANA MENDOZA

Efe, 25 de octubre de 2012

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Marías dice “no quiero” a Cultura

Foto. Samuel Sánchez

Lo había dicho y escrito en varias ocasiones: “No recibiré ningún premio institucional”. Solo le faltaba a Javier Marías cumplir con su palabra.Y ayer lo hizo. Al escritor y académico de la RAE, la noticia de que había ganado el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos(Alfaguara) no le cayó demasiado bien. O le cayó a la perfección para eso, para cumplir con lo dicho y escrito. Consecuencia lógica de todo ello, rechazó educada pero tajantemente el galardón, concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y con una cuantía económica de 20.000 euros que, ahora, se quedarán en la necesitada hucha ministerial.

Una sorpresa más que le depara la novela de la que Javier Marías (Madrid, 1951) aún se siente inseguro y con dudas. A pesar de que ha tenido el favor del público y de la crítica y que ya han sido vendidos sus derechos a más de veinte idiomas. Pero él cree que debe ser consecuente y coherente con su actitud de los últimos años. Una postura de rechazo al premio que aunque tiene una razón clara, está rodeada de otras tres. Las desveló, poco a poco, desde las seis de la tarde en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a donde llegó vestido de negro y camisa blanca, tras andar unos veinte minutos desde su céntrica casa bajo un cielo plomizo en tregua con la llovizna.

Una vez en el salón Ramón Gómez de la Serna, y frente a medio centenar de periodistas, Marías sacó del bolsillo de la chaqueta una hoja blanca doblada en cuadro partes. La desdobló y empezó a leer los motivos con voz clara y templada:

 “Ante la noticia de que mi novela Los enamoramientos ha sido distinguida con el Premio Nacional de Narrativa de este año, quisiera agradecer profundamente, antes de nada, la gentileza y la generosidad de los miembros del jurado por haberla tenido en tanta consideración.

Al ser este un galardón institucional, oficial y estatal, otorgado por el Ministerio de Cultura, no me es posible, sin embargo, aceptarlo. Lamentaría que esta postura mía se viera como un desdén hacia nadie. No lo es. Se trata solamente de una cuestión de consecuencia. Es decir, de mi deseo de ser consecuente.

Desde hace muchos años no he aceptado ninguna invitación de los institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni siquiera de las Universidades públicas o de Televisión Española. Durante todo este tiempo he esquivado a las instituciones del Estado, independientemente de qué partido gobernara, y he rechazado toda remuneración que procediera del erario público. (…) Y en verdad lamento no poder aceptar lo que en otras épocas habría sido tan sólo motivo de alegría”.

Terminada la lectura llegaron las preguntas y las respuestas. Recordó el escritor y académico que es una decisión coherente con otras porque este año ya rechazó un premio oficial, que no reveló, dotado con 15.000 euros (“Este año ya he rechazado dos premios con un total de 35.000 euros. No sé si estoy siendo muy sensato”). E hizo otra confesión: el año pasado pidió a sus colegas académicos de la RAE que barajaban su nombre como candidato al Premio Cervantes que no lo hicieran. Y cuando uno de los tomos de su trilogía de Tu rostro mañana sonó para el Nacional de Narrativa, le dijo a su editora que no lo recibiría. Una postura que tiene clara desde 1995.

Los motivos

El revuelo causado por la decisión de ayer en todos los medios de comunicación y en las redes sociales que apoyaban y aplaudían su decisión, incluso sin saber los motivos, sorprendió a Marías. Varios miembros del jurado se han mostrado sorprendidos. Marcos Giralt Torrente, ganador el año pasado por Tiempo de vida dice que “con esto Marías contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones o aciertos, no están vinculados a en España a intereses editoriales”.

Para el autor de Los enamoramientos las sensaciones son contradictorias, primero por que es un halago y segundo porque no cree que deba ni pueda recibir un galardón oficial: “Sería una sinvergonzonería por mi parte aceptar ahora un premio cuando he estado tantos años diciendo que no lo recibiría. No quiero prestarme a estar involucrado en cualquier tipo de sospecha o de recibir favores. Es una actitud consecuente. Sería indecente aceptarlo”.

Preguntado sobre si había algún motivo político en su postura, él que ha sido tan crítico con el gobierno de Rajoy y con los recortes a la Cultura, Javier Marías dijo: “No exactamente. Mi postura viene de antiguo y no tiene que ver con quien gobierne. El Estado no tiene que darme nada por ejercer mi tarea de escritor que es algo que he elegido yo por propia iniciativa”. Pero dos segundos después reconoció: “Quizá este momento, por toda la situación política, añade otro motivo más para mi decisión”.

¿Y por que no aceptarlo como reivindicación positiva y donar el dinero? “Hubiera sido demagógico. Ellos sabrán qué hacer con el dinero, o darlo a las bibliotecas públicas, cuyo presupuesto es cero”.

Apareció, entonces, un tercer motivo: Su padre. El hecho de que Julián Marías, gran ensayista que falleció a los 91 años, nunca recibió el premio de Ensayo, por lo cual considera que no debe ni puede recibirlo él tampoco. Así lo recordó en un artículo de junio de 2011 en su columna de El País Semanal. Un momento emotivo en el que evocó a grandes autores españoles que nunca recibieron premios, como Juan Benet, Jaime Gil de Biedma o Juan García Hortelano. No olvidó a aquellos autores contemporáneos a los que también los premios han sido esquivos como Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas. Eso no significa, aclaró Marías, que los galardones oficiales no hayan reconocido a importantes autores como el Cervantes a Juan Marsé o Rafael Sánchez Ferlosio (“que está más allá del bien y del mal”), o el Nacional a Antonio Muñoz Molina.

La votación

La posibilidad de que Javier Marías rechazara el Premio Nacional de Narrativa sobrevoló ayer por la mañana la reunión de los 11 miembros del jurado, formado por personalidades del mundo de las letras. “Todo el mundo dio por supuesto que lo aceptaría, pero alguien preguntó qué pasaría si no era así”, recordaron varios jueces del galardón. La respuesta a esa posibilidad llegó de parte de las dos representantes de Cultura (que cuenta con voz, pero sin voto): “Marías sólo rechaza los viajes subvencionados”. Se trataba de la presidenta del jurado -la directora general de Políticas e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu-, y la vicepresidenta -la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández. Sí hubo un debate, pero los miembros del jurado y fuentes del Ministerio aseguran que la decisión final se adoptó teniendo en cuenta “solo criterios estrictamente literarios”. Poco antes del mediodía, la novela de Marías ganaba por mayoría.

Este nuevo capítulo de la vida de Los enamoramientos empezó hace un par de semanas. Fue cuando los miembros del jurado recibieron un correo electrónico del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el que se les pedía que sugirieran dos novelas candidatas, “excepcionalmente tres”. El número final de candidatos fue “de entre 15 y 20 nombres”. La decisión final se dio ayer en un salón de la quinta planta de la subsecretaría de Estado de Cultura en su sede de la Plaza de las Cortes, de Madrid. Alrededor de una mesa se inició una ronda de votaciones con sobre cerrado en la que se fueron dejando fuera candidatos. En total fueron ocho votaciones. “Primero se vota a cinco nombres, luego a cuatro, luego tres y luego dos. En cada una de esas votaciones fueron cayendo candidatos, en la primera tanda quien tenía cero o solo un voto, en la siguiente los que solo tenían cero, uno, o dos votos, y así sucesivamente. Al final quedaron dos nombres. Las dos o tres novelas finales eran muy buenas”. Y ganó Los enamoramientos.

Los delegados del Ministerio pidieron no divulgar la noticia y esperar un par de horas, para dar tiempo a comunicar al ganador e informar al ministro José Ignacio Wert. Pero, poco antes de la una de la tarde, EL PAÍS dio la exclusiva en su edición digital. Luego, antes de la hora de la comida, una delegada del ministerio habló con Marías, quien le explicó los motivos por los cuales declinaba el premio. Silencio. Poco después de las tres de la tarde, EL PAIS anunciaba otro vuelco en la noticia al anunciar que Marías rechazaba el galardón. El teléfono del escritor no dejaba de sonar con múltiples felicitaciones unas por el premio, otras por rechazarlo y unas cuantas por los dos. Las redes sociales empezaron a hacer lo mismo.

Hacia las cinco y media, Javier Marías, atravesó andando el centro, subió a la quinta planta del Círculo de Bellas Artes, y entró en la sala Ramón Gómez de la Serna donde contó la alegría y la pena por no aceptar el premio para Los enamoramientos. Es su novela número 11, o 13 si se cuentan de manera individual los tomos de su trilogía Tu rostro mañana. Precisamente esta es la novela que él considera la mejor de su obra, y junto a ella otras como Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí y Negra espalda del tiempo. “Pero el propio autor es el peor juez de lo que hace”.

Casi una hora después de preguntas, la sala quedó vacía y ante la pregunta de si su decisión de ayer podía ser negativa para posibles nuevos premios internacionales, Marías insistió en que no porque su posición es sobre los premios oficiales en España. En total, él ya ha recibido una veintena de galardones nacionales e internacionales. La penúltima distinción simbólica es que este otoño ha entrado a formar parte de la selecta colección de Modern Classics de la editorial británica Penguin.

¿Y esta decisión de rechazar premios oficiales en España no afectaría a una posible candidatura al Nobel, donde su nombre suele aparecer en las quinielas y apuestas? “La Academia sueca, que yo sepa, no tiene ningún motivo para concederme el premio. Y no tengo que preocuparme por algo que no va a suceder”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 26 de octubre de 2012

Entre la tristeza y la sorpresa

Las 11 “destacadas personalidades del ámbito de las letras” que el Ministerio de Cultura designó como miembros del jurado para fallar ayer el ganador del Premio Nacional de Narrativa no podían sospechar que el escritor madrileño Javier Marías, galardonado por su novela Los enamoramientos (Alfaguara), fuera a rechazar la distinción.

Marcos Giralt, que formó parte del jurado en calidad de ganador de este mismo galardón el año pasado por su novela Tiempo de vida, siguió en vídeo el final de la rueda de prensa que Marías ofreció ayer por al tarde en Madrid. Giralt expresó su decepción por vía telefónica: “Con esto contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones y aciertos, no están vinculados en España a intereses editoriales. Siento tristeza por quien podía haberlo ganado en su lugar”.

“Respetando las razones por las que los pueda rechazar, me parecería más útil que hubiese aceptado el premio y destinado el dinero a la caridad o a una organización que represente su desacuerdo político. Los miembros del jurado no representan a ningún Gobierno. Los representantes del Gobierno tienen voz pero no voto. El dinero se lo da el Estado, pero el premio se lo da un jurado”, ha añadido Giralt.

Darío Villanueva, secretario general de la Real Academia Española se declaraba “muy sorprendido” antes de entrar a una reunión de esa institución: “El jurado hizo lo que tenía que hacer. Hubo ocho votaciones y al final de esas votaciones se eligió a Marías por una amplia mayoría. Salí muy satisfecho del comportamiento del jurado, hubo debate no agrio pero sí intenso. Pienso que esta novela merecía este premio”. En el mismo sentido se expresó Jon Kortazar, jurado a propuesta de la Real Academia de la Lengua Vasca: “Me parece una magnífica novela que merecía el premio”.

La periodista Soledad Gallego-Díaz, miembro del jurado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, señaló: “Los enamoramientos estuvo entre las favoritas desde el primer momento y la hemos elegido porque nos parecía la mejor”.

ANTONIO FRAGUAS

El País, 26 de octubre de 2012

Comunicado y rueda de prensa de Javier Marías

Vídeo

Comunicado de Javier Marías sobre el Premio Nacional de Narrativa 2012

Ante la noticia de que mi novela Los enamoramientos ha sido distinguida con el Premio Nacional de Narrativa de este año, quisiera agradecer profundamente, antes de nada, la gentileza y la generosidad de los miembros del jurado por haberla tenido en tanta consideración.

Al ser este un galardón institucional, oficial y estatal, otorgado por el Ministerio de Cultura, no me es posible, sin embargo, aceptarlo. Lamentaría que esta postura mía se viera como un desdén hacia nadie. No lo es. Se trata solamente de una cuestión de consecuencia. Es decir, de mi deseo de ser consecuente.

Desde hace muchos años no he aceptado ninguna invitación de los Institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni siquiera de las Universidades públicas o de Televisión Española. Durante todo ese tiempo he esquivado a las instituciones del Estado, independientemente de qué partido gobernara, y he rechazado toda remuneración que procediera del erario público.

También he dicho, en no pocas ocasiones, de palabra o por escrito, que, en el caso de que se me concediera, no podría aceptar premio oficial alguno. No se había dado el caso hasta ahora (con las excepciones del Premio Nacional de Traducción en 1979, en época del Presidente Adolfo Suárez, nada menos, y del Premio de la Comunidad de Madrid, en 1998). Y, ahora que sí se da el caso (e insisto en mi agradecimiento), sería aprovechado e inconsecuente por mi parte desdecirme de lo manifestado y aceptarlo.

Confío en que no se tome mi postura como un feo o un agravio, o como un desagradecimiento. Todo escritor agradece el aprecio por su obra, y así lo hago yo también ahora. Y en verdad lamento no poder aceptar lo que en otras épocas habría sido tan sólo motivo de alegría.

Muchas gracias por su atención,

Javier Marías

Foto. Santi Burgos

Marías: “Si hubiera estado el PSOE en el poder habría hecho lo mismo”

“Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional. Si hubiera estado el PSOE en el poder hubiera hecho lo mismo”. Estas son las primeras declaraciones del novelista madrileño Javier Marías, quien hoy ha rechazado el Premio Nacional de Narrativa, que concede el Ministerio de Cultura.

Marías ha convocado una rueda de prensa en el Círculo de Bellas de Madrid, para explicar los motivos de este rechazo. El escritor ha acudido al Círculo a pie desde su casa, cercana a esa institución. El galardón está dotado con 20.000 euros y, según fuentes de Cultura, ese dinero quedará en su presupuesto.

Estos son extractos de la intervención de Javier Marías

“He rechazado toda remuneración que procediera del erario publico. He dicho en no pocas ocasiones que en el caso de que se me concediera no podría aceptar premio alguno. Hasta ahora no se había dado el caso, con excepción de Nacional de Traducción [que Marías ganó en 1979 por La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy]. Ahora que se da el caso, sería aprovechado desdecirme de lo manifestado. Confío en que no se tome mi postura como un feo. Lamento no poder aceptar lo que en otras épocas habría sido motivo de alegría”.

“Me parece recordar que la decisión de no aceptar invitaciones del Ministerio de Cultura o del Cervantes fue a partir de 1995. Creo que en ese año hubo un Salón de París en el que España era país invitado. Recuerdo que hubo listas de los autores que irían. Por aquel entonces pensé que no quiera verme involucrado en eso, en esas polémicas. Aquí se politiza todo. De hecho, asistí a ese salón invitado por el Ministerio de Cultura francés”.

“Fui pensando que no debía aceptar ningún premio. Lo fui madurando. En 1998 sí acepté el de la Comunidad de Madrid. Dudé, pero era un premio sin mucha repercusión y era de mi ciudad natal. Luego, decidí que no aceptaría ningún otro premio de carácter oficial o institucional”.

“En 1979 recibí el Premio Nacional de Traducción. Tenía veintitantos años y no había decidido nada de esto. Es una postura que mantengo prescindiendo de quién gobierna, me da igual que sea el PSOE o el PP. Decidí que no iba a prestarme en modo alguno a que se dijera: ‘Este ha sido favorecido, le han invitado mucho al Cervantes, ha hecho carrera gracias a ayudas estatales…”.

“De lo que digo podrían ser testigos mis compañeros de la RAE que el año pasado [la RAE es una de las instituciones que tiene derecho a presentar candidatos para el premio Cervantes] recuerdo que en una votación inicial me propusieron para el Cervantes; ante esa perspectiva, intervine y les dije que agradecía su confianza pero les rogaba que se abstuvieran de poner mi nombre, porque si me lo hubiesen dado no lo podría aceptar, y si yo era avalado por la RAE alguien podía considerar que era la RAE quien hacia un feo, o lo rechazaba, a través de mi. Me hicieron caso y omitieron mi nombre”.

“Debo hacer hincapié en que quiero agradecer la gentileza del jurado. Incluso la persona del Ministerio de Cultura que me ha llamado a la hora del almuerzo para comunicarme este fallo, al disculparme por no poderlo aceptar, me ha comentado que uno de esos miembros, -no tenia idea de que se fallaba hoy el premio ni de quiénes eran los miembros del jurado- mencionó que podría rechazarlo pero aun así consideraron que no era asunto suyo y que tenían que premiar el libro mas merecedor según ellos. El jurado decidió que a ellos no les competía meterse en esa cuestión, han cumplido su tarea. Y por eso debo agradecérselo mas aun”.

“No me ha dado tiempo a plantearme nada. Solo me ha dado tiempo a recibir la noticia, por mensajes en el contestador de varios medios de comunicación y representantes. No le voy a negar que en principio, en otras épocas, habría sido motivo de alegría. Es algo halagador que una novela que hayas escrito, con mucha inseguridad, sea reconocida; pero no he tenido dudas a la hora de pensar que, como he expresado varias veces, no lo aceptaría. Recuerdo que ha habido autores (aunque no voy a hacer nombres) siempre muy alejados del poder, que se habían manifestado así, y sin embargo, cuando se les dio un premio nacional, lo aceptaron. En este país hay poca memoria para lo que conviene; la gente puede cambiar de opinión, y me parece bien; pero me parecería inconsecuente, una cierta sinvergonzonería que con mi postura de estos años de pronto hoy, por un premio con una cantidad apreciable de dinero, dijera que sí. Habría sido indecente por mi parte”.

“Mi postura viene de antes; no tiene que ver en principio, en absoluto, con quien gobierne o deje de gobernar. No he aceptado invitaciones del Cervantes, del Ministerio de Cultura, ni mientras gobernaba el PSOE ni el PP. Creo que el Estado no tiene por qué darme nada por ejercer mi tarea de escritor que al fin al cabo es algo que yo elegí. Ahora bien, es una postura general, que no tiene que ver con estas circunstancias, pero si me apura, quizás en este momento se añade otro motivo más para mantenerme en esta postura. Es momento de gran dificultad económica para todo el país, para mucha gente. Quizás lo de aceptar el premio y luego donar el dinero habría sido un poco demagógico. Creo que es mejor que ese dinero el Ministerio lo destine a lo que le parezca. Ojalá lo destinaran a las bibliotecas publicas, que han recibido un presupuesto de 0 euros para 2013, lo cual me parece escandaloso. Entiendo que haya recortes en Cultura cuando es necesario, a sectores como el cine, el teatro, la ópera, que son efectivamente caros, pero no entiendo que afecte a las bibliotecas públicas. Que el presupuesto sea 0 para las bibliotecas públicas me parece escandaloso. En ese sentido, dadas las circunstancias actuales, quizás se añadiría un motivo, pero no es esa la razón, que viene de antes. En estos momentos la cultura es una de las esferas que más ha sido perjudicada por el actual Gobierno, por no hablar del IVA o de que el cine es considerado un espectáculo y el fútbol no. Si este dinero que no percibiré es destinado a alguna biblioteca me parecerá bien, pero no es asunto mio destinarlo. El hecho de aceptarlo y donarlo a la biblioteca de Guadalajara, por ejemplo, me habría parecido demagógico. Prefiero directamente no aceptar”.

“Ya que menciona a Ferlosio, me parece recordar que Gamoneda fue considerado poeta de cabecera de Zapatero. Es lo mismo, haya habido casos así o no; cuando yo tomé esa decisión, me pareció que era mejor para mí, para mi comodidad, estar fuera. Hay gente que considera que son premios a actitudes determinadas; yo me considero independiente, si algo me parece mal o bien de un partido, también lo digo. No quería verme involucrado en eso. Me pareció que lo más sencillo era renunciar y si me otorgaban un premio no aceptarlo. A lo mejor si no hubiera recibido ningún premio extranjero, donde no hay riesgo de que se me involucre en esas cosas, estaría deseoso de recibirlos.Hablo de premios del Estado al que pertenezco y del que soy ciudadano. No quiero que nadie pueda interpretar como favoritismo hacia mí el que se me diera un premio así”.

“Ya mencioné en algún artículo que tampoco los premios nacionales me merecían mucha estima. Desde que se dan premios nacionales, ha habido grandes autores que los han recibido con todo merecimiento, pero creo que en muchos aspectos han dejado que desear. Que el de Ensayo no lo recibiera nunca mi padre [el filósofo Julián Marías], que vivió hasta los 95 años, y publicó montones de libros… que nunca ninguno de sus ensayos fuera considerado el mejor de ese año era llamativo. Pensé que si él no mereció ese premio, a lo mejor yo tampoco era merecedor”.

“Juan Benet, Juan García Hortelano o Eduardo Mendoza tampoco jamás recibieron ningún premio Nacional, lo cual para mí era chocante. Fueron maestros míos y si ellos no lo recibieron, quizás pensaba en por qué habría de merecerlo yo. Pensé: tal vez es mejor estar en la lista de los que no. Aunque luego lo hayan recibido escritores como Ferlosio o Muñoz Molina también lo han recibido algunos muy malos. Todo esto también ayudó a que tomara la decisión”.

“Respecto a la cultura en general, he escrito un articulo hace no mucho en el que decía que estos presupuestos y el hecho de que las bibliotecas públicas tuvieran presupuesto 0 para 2013 me parecía grave y que el actual Gobierno empieza a recordar la actitud del franquismo hacia la cultura, que siempre la desdeñó cuando no le fue abiertamente hostil. Creo que siempre se puede recortar de una cosa u otra en mayor o menor grado, pero veo que este Gobierno recorta en Cultura, Educación y Sanidad publica, que son de las cosas que a la gente mas le importan y mas centrales para la sociedad”.

“En modo alguno estoy preso de esta decisión. No es que me haya quedado rehén de mis antiguas palabras y que ahora lo lamente. Si lo lamento un poco es tan solo porque no es agradable decir que no a algo que no deja de ser un reconocimiento; insisto de nuevo en agradecérselo a los miembros del jurado, que ignoro quiénes son. No quiero que se vea como un desdén hacia nadie, no lo es. Un poco de arrepentimiento también existe porque esto me obliga ahora a estar aquí, a dar explicaciones; si lo hubiese aceptado, igual nos habríamos reunido para decir:’¡Qué bien, que bien! ¡He ganado premio Nacional Narrativa!”.

“Es una decisión insólita. No me suena que nadie haya rechazado el premio Nacional de Narrativa antes. Creo que en Literatura nunca había pasado [sí ocurrió, por ejemplo, con el Premio Nacional de Artes Plásticas, que Santiago Segura rechazó en 2010]. Tampoco es la primera vez que rechazo un premio. Este mismo año, rechacé otro premio de, creo, 15.000 euros. Qué premio era no tiene por que trascender. Llevo 35.000 euros rechazados pero a veces vale la pena si te sientes mas tranquilo con tu propia conciencia, en este sentido no lo lamento. La circunstancia que no pensaba que ocurriera nunca se ha producido hoy y lo he tenido claro desde el primer momento que no iba a aceptar. Me habría parecido un poco de sinvergonzonería; no puede ser que uno diga varias cosas pero cuando se lo dan va y lo acepta. Esto me temo que casa con algunos escritores, pero no conmigo como escritor ni como ciudadano”.

“Sería absurdo que dijera: nunca cambiaré de idea. Yo no cambio mucho de opnión, la verdad. Pero todos vamos matizando. Es absurdo que dijera que voy a ser inamovible hasta el fin de mis días. A lo mejor cuando tenga 85 años y esté con pocas facultades de pronto me hace una ilusión loca que me den un premio. En principio no preveo que haya motivos para cambiar de postura”.

“Cuando termine esta reunión me iré tranquilo a casa, pensando que me tocaba hacer lo que he hecho. Hace tres o cuatro años, cuando publique el libro anterior a Los enamoramientos, mi editora me llamó y me dijo: “Se está fallando el Premio Nacional de Narrativa, igual te lo dan’. Y, ya entonces, puesto ante la eventualidad, dije que no lo aceptaría”.

“Recuerdo que un autor, Thomas Bernhard, hablaba de lo horroroso que era recibir los premios, y de las ceremonias de entrega. Decía que los había aceptado por dinero y que estaba bien. Pero, aún así, decía: ‘¿Cómo se me ocurrió aceptar el Premio Nacional?’ Pensando también en él, prefiero no aceptarlo y no ser considerado un especie de abanderado oficial. Y con esto no quiero decir que todos los que lo han recibido antes lo sean. La mayoría es gente independiente. Pero es un galardón que, en este país, prefiero no tener”.

“A algunos les parecerá bien, tal vez, a otros mal, probablemente, alguna gente tal vez intente – me temo- dadas las circunstancias de este país, verlo como rechazo abierto a este Gobierno y dirán: ‘Si se lo hubiese dado cuando gobernaba el PSOE habría sido distinto’. No. También lo habría rechazado. No me preocupa mucho si a la gente le parece bien o mal. No es un gesto de arrogancia, no lo siento de esa manera. Uno opta por una postura: lo que la gente opine está en su libertad”.

T. KOCH/W. MANRIQUE SABOGAL

El País, 25 de octubre de 2012

Javier Marías rechaza el Nacional de Narrativa por ‘Los enamoramientos’

Foto. Álvaro García

Marías explicará esta tarde los motivos por los cuales no acepta la concesión dada por el Ministerio de Cultura a su novela Los enamoramientos

Lo había dicho en diferentes ocasiones y cumplió. El escritor y académico madrileño Javier Marías que ha rechazado el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Narrativa por Los enamoramientos (Alfaguara). El premio se lo acaba de conceder el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Esta tarde, el autor, argumentará los motivos por los que declina ser premiado por el gobierno de Mariano Rajoy.

Una de las pistas sobre esta decisión del novelista podría estar relacionada con su padre Julián Marías. En abril del año pasado durante la presentación de Los enamoramientos, en el Instituto Cervantes de Madrid, el autor dijo que él no recibiría un premio institucional porque le parecía que si su padre no había obtenido ninguno, él no debería aceptar otro. Y en una columna publicada en este periódico el 26 de junio de 2011 afirmaba:”Algunos muy buenos escritores han sido galardonados con los premios oficiales -el Cervantes, el de las Letras, el Nacional-, pero también muchos medianos y malos. En cambio se murieron sin obtener ni siquiera el último -el de menor categoría- Juan Benet, Jaime Gil de Biedma y Juan García Hortelano, y los tres eran ya sexagenarios. Lo mismo le pasó a mi padre, Julián Marías, y él murió nonagenario”.

Crítico radical y constante de la clase política, y en especial contra la gestión del gobierno del Partido Popular, Marías se refirió así a Rajoy en una columna de EL PAÍS, el pasado enero: “Hasta cierto punto, parece una réplica del Presidente del Gobierno Rajoy. Personalmente, siempre me ha parecido un cabeza hueca, y así lo he manifestado en alguna ocasión: un hombre sin ideas y desde luego sin ímpetu, sin capacidad para entusiasmar a la gente, ni siquiera para crearle ilusión o esperanzarla”.

El 9 de octubre, durante la presentación de la colección de todos sus relatos, Mala índole, Marías dijo que “los recortes en Cultura emparentan al PP con el franquismo”.

En diferentes ocasiones el escritor y académico se había manifestado en contra de los premios institucionales por la sospecha de contaminación e intereses políticos. Al contrario, se ha mostrado a favor de los reconocimientos de los lectores.

El galardón ratifica el doble éxito de Los enamoramientos que desde su publicación, hace año y medio, ha gozado de la acogida del público y el aplauso de la crítica. El premio, dotado con 20.000 euros, es  a la mejor obra de narrativa publicada en 2011 en cualquiera de las cuatro lenguas oficiales de España: castellano, gallego, euskera y catalán.

Los enamoramientos “parece escrita sin presión externa ni interna, con absoluta libertad, una de las más claras y redondas de su autor, tal vez, por usar un término coloquial, la más suelta. Sólo así se explica que haya podido adoptar sin aparente esfuerzo ni artificio una voz femenina y la haya mantenido sin fisuras a lo largo de cuatrocientas páginas”, escribió Eduardo Mendoza cuando la novela fue elegida Libro del año 2011 en Babelia. El facebook de la novela se puede consultar aquí.

La obra no habla del amor sino de los enamoramientos, de su estado y sus estados, y de la manera como puede “contaminar” a la persona. En ella están presentes varios de los temas habituales del escritor madrileño (1951): el azar o la suerte, la indagación de la verdad en cuestiones cotidianas, el engaño y sus secuelas, las apariencias, lo que se deja de decir, la memoria y la presencia de los muertos y su influjo en las personas que lo sobreviven.

Es su novela número 11, o 13 si se considera como independientes cada uno de sus libros de su trilogía Tu rostro mañana. En ella, por primera vez, Marías utiliza como narrador a una mujer. La novela tras el éxito nacional e internacional de Tu rostro mañana, concluida en 2007. El escritor madrileño dijo, entonces, que creía que no iba a escribir más, el esfuerzo y entrega en la trilogía le había dejado esa sensación, pero fue cuando surgió María Dolz, el personaje narrador, que, en principio, parecía que iba a ser una nouvelle pero terminó siendo una novela de 401 páginas.

Como es habitual en él, según Mendoza, “Marías no escribe de un modo lineal ni ortodoxo: desparrama el texto, de tal modo que la narración no circula por canales bien trazados, sino por un cauce natural, accidentado, a lo largo del cual se producen meandros, remolinos y desbordamientos, sin perder nunca el rumbo ni el control último del discurso. Esta mezcla de caos y rigor requiere un envidiable dominio de la técnica narrativa, como demuestra el recurso al medido anacoluto como recurso literario, que tanto escandaliza a maestrillos e inspectores, pero que tan bien refleja la percepción de la realidad sobre la marcha, una percepción precipitada, a la vez sagaz y contradictoria, en la que intervienen la inteligencia, las emociones, los prejuicios y las limitaciones de un modo complementario y antagónico”.

Javier Marías, precisamente, revisa en estos días la portada de Los enamoramientos en su edición en Inglaterra, Noruega y Finlandia, las cuales conservarán la imagen española. El autor, además, acaba de ingresar en el selecto club de escritores publicados en la serie Modern Clasiccs de la editorial británica Penguin. Las cuatro primeras obras en esa colección son: Todas las almas (con introducción de John Banville), Corazón tan blanco (con introducción de Jonathan Coe), Mañana en la batalla piensa en mí y El hombre sentimental. Los próximos tres títulos son Negra espalda del tiempo, Cuando fui mortal y Vidas escritas.

Y a un “honor” se suma la alegría de ver la portada que harán en primavera en Inglaterra de su última novela: Los enamoramientos, que saldrá también en Noruega y Finlandia, y que conservarán la imagen de la española.

Marías acaba de publicar en un solo volumen todos sus relatos bajo el título Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables (Alfaguara). La presencia de su obra en los medios se puede ver en su blog.

Ha ejercido la docencia como profesor de literatura española en la Universidad de Oxford (Reino Unido) y en el Wellesley College (Estados Unidos); y como profesor de Teoría de la Traducción en el Instituto de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense. Ha traducido a importantes autores anglosajones como Thomas Hardy, Joseph Conrad, Laurence Sterne, Yeats, Stevenson y Thomas Browne. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Traducción Fray Luis de León por La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy de Sterne.

Colabora habitualmente en medios de comunicación escritos como Le Monde, Frankfurter Allgemeine Zeitung, El Semanal, Le Nouvel Observateur, Die Weltwoche, Times Literary Supplement, Revista de Occidente y EL PAÍS.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 25 de octubre de 2012

Jurado Premio Narrativa 2012

Presidenta: Doña María Teresa Lizaranzu Perinat, Directora General de Política e Industrias Culturales y del Libro. Vicepresidenta: Doña Mónica Fernández Muñoz, Subdirectora General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas. Vocales: Propuestos por las entidades correspondientes: A propuesta de la Real Academia Española: Don Darío Villanueva Prieto. A propuesta de la Real Academia Gallega/Real Academia Galega: Don Manuel González González. A propuesta de la Real Academia de la Lengua Vasca/Euskaltzaindia: Don Jon Kortazar Uriarte. A propuesta del Instituto de Estudios Catalanes/ Institut d’Estudis Catalans: Doña María Ángeles Vilallonga Vives. A propuesta de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE): Don José Luis Corral Lafuente. A propuesta de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE): Doña Clara Sánchez Muñoz. A propuesta de la Asociación Española de Críticos Literarios: Don José Luis Martín Nogales. A propuesta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE): Doña Soledad Gallego-Díaz Fajardo. A propuesta del Centro de Estudios de Género: Doña María Milagros Rivera Garretas. A propuesta del Ministro de Educación, Cultura y Deporte: Don Fernando Rodríguez Lafuente. Los dos últimos autores galardonados: Edición 2010: Don José Javier Cercas Mena. Edición 2011: Don Marcos Giralt Torrente. Secretaria: Doña Alicia García Molina, Jefe del Servicio de Promoción de las Letras de la Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, que actuará con voz pero sin voto.

De Oxford a Alcatraz. Cuentos de Marías

Winslow Homer

Los hechos son tercos, y Javier Marías acaba de ser editado en Inglaterra por “Penguin Classics”, un honor solo alcanzado por cuatro escritores españoles, Cervantes, Santa Teresa, Galdós y Lorca. Es cierto que cada día es más difícil distinguir la calidad excepcional de un gran escritor. El Nobel lo obtienen tarugos. Pero así y todo, cuando varias naciones cultas –Alemania, Italia, Inglaterra–bendicen a un escritor español, no será por capricho.

Como novelista, Marías ha sido descubierto hace tiempo. Su última novela, Los enamoramientos, ha sido un best-seller en España, en un año de pésimas ventas de libros. Ahora nos sorprende con la edición completa de sus cuentos, treinta narraciones bajo el título Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables.

Es muy posible que Marías sea incluso mejor cuentista que novelista. La novela permite y exige el remanso narrativo para tomar fuelle dramático y realzar la intensidad episódica. Pero en el cuento hay que hacer diana absoluta desde la primera a la última palabra. Conseguir dibujar a un personaje en diez páginas, con brío e intensidad, roza el prodigio. Pienso en “El jardín de los senderos” de Borges, un cuento digno del suspense de Hitchcock. Pero eso sucede, por ejemplo, en “Un inmenso favor”, donde se nos pinta a un sicario, un asesino a sueldo, en el bar del Hotel Palace de Madrid. Es un relato digamos inédito que ahora disfrutamos en forma de libro.

La trama es un prodigio de invención. Lo mismo sucede con “Un sentido de camaradería”, que tampoco había visto la luz editado en un volumen. Nos cuenta una boda en Ronda, pero con una perspectiva insólita, un mamarracho, un bocazas, que alardea de su machismo fanfarrón. El tono de comicidad irresistible unido a una nota de cinismo nupcial, si puede decirse así, es magistral. La pena es que al final el mamarracho no termine reventado al fondo del abismo rondeño. Hay cuentos ya clásicos del autor, “Cuando fui mortal”, “En el tiempo indeciso”, “La canción de Lord Rendall”.

El volumen acoge treinta piezas, todas ellas dignas de atenta lectura. El tema del doble o el impostor realza las páginas de Lord Rendall. El uso del tiempo como suspense a lo Sterne, lo vemos en la bota de un delantero veleidoso y una novia húngara despechada.  

Pero si hay un cuento notable en esta edición, sin duda es el titulado “Mala índole”. Se trata en realidad de una novela breve con apenas dos o tres páginas de un ritmo endiablado, jadeante, que contagian el texto entero. Un ritmo de fuga infinita perseguido por narcos o hampones de mala muerte en Ciudad de México. No hay nada similar en la obra de Marías. Nos pinta un rodaje en Acapulco de Elvis Presley.

Llega uno a preguntarse si la biografía del autor madrileño es fiable, o si por el contrario, en lugar de dar clases en Oxford o Boston, ha estado a la sombra en algún presidio de campanillas. No sé, un doctorado en delincuencia comparada por Alcatraz o Sing Sing. El estrangulador de Chamberí. Su familiaridad con ese mundo, su simpatía o cercanía, su forma de codearse con personajes siniestros, nos deja atrapados a la página como meros comparsas. Es casi imposible asimilar ese mundo sin haberlo vivido. ¿Basta el cine o la imaginación literaria para lograrlo? Tengo mis dudas. “Mala índole”se puede parangonar, ya lo dije en su día, con Sed de mal de Orson Welles.

Vidas escritas es la prueba de fuego de que JM ha dado clases de alta literatura en Oxford y Boston. Es quizá el único español que se conoce a fondo a Henry James, Conrad y Stevenson. Tiene memoria de elefante olvidadizo. Por no hablar de Shakespeare o Sterne. En estas semblanzas inventa la biografía de la trastienda del escritor famoso, su retrato in fraganti, por así decir. Un fulano con calva de teólogo y ojos de chamán. Un virtuoso del tópico. Stevenson como  pirómano californiano. JM no biografiza, lapida. En América lo idolatran como el autor de Vidas escritas.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Heraldo, 18 de octubre de 2012

                                 

Arte del detalle

Tengo por cierto que Javier Marías es uno de los grandes escritores de cuentos de las últimas décadas, y sin embargo esta faceta de su literatura ha permanecido semioculta, quizá por la in­tensa sombra que proyectan sus novelas. A los que creemos en la buena salud del cuento español actual, el que escriben los nuevos nombres, tendría que sorprendernos lo poco que aparece Marías entre las preferencias de los jóvenes cultivado­res del relato. Así las cosas, ahora se pre­senta una excelente oportunidad para re­correr el conjunto de su obra y poder descubrirla.

Se recoge en este libro [Mala índole] su obra completa en el género, los denominados cuentos aceptados y los aceptables, que reúne dos volúmenes de relatos: Mien­tras ellas duermen (1990, ampliado en 2000) y Cuando fui mortal (1996), más cuatro piezas sueltas. Ninguno fue conce­bido como libro unitario, sino recopila­torio, pero en ambos hallamos cuentos memorables: ‘La canción de Lord Ren­dall’, ‘Mientras ellas duermen’, ‘Lo que dijo el mayordomo’, ‘Cuando fui mortal’ y ‘No más amores’, a los que habría que añadir Mala índole (1998). Son temas habituales el deseo de descifrar un enigma o de alcanzar la verdad; el paso del tiempo y sus efectos, junto con la venganza o el amor como pasión que nos aboca a la muerte.

Asimismo, tres características de diver­sa entidad los singularizan: muchos de estos relatos, publicados primero en dia­rios y revistas, son el resultado de un en­cargo; varios han sido retocados en diver­sas reimpresiones; y en ellos es común el trasvase de géneros, del artículo al cuen­to y del relato a la novela, o la adapta­ción, como la sufrida por ‘Serán nostal­gias’ respecto a ‘No más amores’, prueba de que el mismo relato puede contarse varias veces con distintas palabras.

De las cuatro piezas nuevas en el volu­men, destacaría ‘Mala índole’; en castizo: malas pulgas, mala baba o mala leche. En ella se nos cuenta un episodio de la existencia de Ruibérriz de Torres, quien en 24 horas pasa de trabajar como profesor de dicción e intérprete de español de Elvis Presley, en el rodaje de una anodina película de Hollywood, a ser abandona­do por el cantante y su partida en un garito cutre del DF, entre matones, a ries­go de ser asesinado. Aun así, acaba con­virtiéndose en verdugo. Sorprende que estos peligrosos avatares ocurran sin ra­zón alguna, envuelto el narrador en un absurdo embrollo de machotes vanidosos. Se trata, por tanto, de un cuento sobre la servidumbre de la fama, la mane­ra caprichosa en que gira la débil rueda del mundo y acerca de lo gratuita que parece haberse vuelto la existencia, des­de el momento en que casi todos nues­tros actos se han vaciado de sentido.

Para Marías escribir es siempre un camino para averiguar algo, un modo de conocer los resortes que activan la conducta humana. De forma semejan­te a como ocurre en sus novelas, en la narrativa breve convive la especula­ción y la trama, el discurso y la historia. Los mismos personajes reaparecen en otros re­latos, o en sus novelas, en un viaje de ida y vuelta. Pe­ro, sobre todo, lla­man la atención los diversos narra­dores, a menudo observadores de he­chos sorprenden­tes que nos rela­tan lo que les dije­ron, hasta el pun­to de que varias historias podrían haberse titulado, a la manera del cuento sobre el mayordomo: ‘Lo que dijo el escol­ta; el fantasma, el actor porno…’; o que han vivido al­go que solo logran comprender tiem­po después, más allá de lo espera­do o previsto.

En el caso de que existiera un re­lato tipo de Javier Marías, el narra­dor sería siempre alguien ansioso por transmitir la peripecia que ha oído, a veces por puro azar, o que le han contado previamente. En ellos predomi­na, por tanto, la historia, que transcurre entre lo acaecido y lo posible. El estilo no resulta menos errabundo que en sus novelas, ni tampoco faltan los retratos precisos de personajes, los llamados mi­ramientos. Los comienzos y finales tien­den a ser singulares, y a veces se conec­tan, aunque en los relatos de misterio el enigma solo se desvela a medias, o se duplica en el desenlace. En suma, po­dría decirse que sus cuentos son hijos de sus novelas, tal como comentaba Cortázar de los de Henry James.

Lo indudable es que su interés por el género, ya sea en calidad de prolo­guista, mero lector, traductor o articu­lista, ha sido constante. No en vano, se ha ocupado de la narrativa breve de Thomas Hardy, Isak Dinesen (su prefe­rida), Nabokov o Salinger, mostrando siempre devoción por los cuentos de terror o de fantasmas, y en la actuali­dad por las piezas de Alice Munro. A pesar de que su cuento más reciente date de 2005 y en el prólogo comente que quizá no vuelva más al género, a quienes hemos disfrutado con sus rela­tos nos queda esperar que incumpla su palabra.

FERNANDO VALLS

El País, Babelia, 20 de octubre de 2012

En el bosque de libros

LA ZONA FANTASMA. 21 de octubre de 2012. Suicidas en los balcones

No sé si las leyes nos conminan a hacerlo, pero en todo caso todos tenemos la idea de que, si vemos a alguien a punto de suicidarse, nuestro deber es intentar impe­dírselo, o por lo menos disuadirlo con buenas palabras y razonamientos. Claro está que un resuelto suicida aca­bará saliéndose siempre con la suya, no se lo puede vigilar permanentemente; y si no conseguimos convencerlo, termina­rá por destruirse. Hace ya bastantes años que la ciudadanía y muchos articulistas tratamos de persuadir a nuestros políticos para que no se quiten la vida, pero éstos, lejos de hacernos caso, se encaraman a los balcones y, como esos descerebrados turis­tas de las Baleares que se matan cada verano al lanzarse desde sus terrazas a la piscina del hotel y romperse la crisma contra el borde, siguen bebiendo y tomando carrerilla para dar el gran salto hacia su autodefenestración literal (les recuerdo que la primera acepción de “defenestrar” es “arrojar a alguien por una ventana” y que la segunda, más frecuente, es figurada).

Los políticos parecen estar ciegos y sordos de alcohol y drogas, porque cuando se les avisa del peligro que corren, reaccionan airadamente, como ha sucedido hace poco con el juez Pedraz, que se permitió mencionar “la conve­nida decadencia de la clase política”. Deberían darse cuenta de que, si los prevenimos, es porque les tenemos estima, al menos una estima teórica: consideramos que son necesarios y que podrían ser beneficiosos, o que les tocaría serlo. Que resultan impres­cindibles para resolver los problemas, aunque lleven mucho tiempo constituyéndose ellos en uno de los mayores. Que en modo alguno deseamos su sustitución por empresarios, tec­nócratas, banqueros, multimillonarios o demagogos profe­sionales, no digamos por “caudillos” de derechas o izquierdas. Nos conviene que se cuiden, que sean mejores, que la gente vuelva a respetarlos. Pero todos parecen empeñados en segarse la hierba bajo los pies y en practicar con denuedo lo que la prensa llama “balconing”, y estamparse contra el suelo.

No es sólo que suelten sandeces y tautologías sin cesar, hasta un extremo ofensivo. Rajoy es incapaz de evitarlas: “Ha­remos lo que haya que hacer, y le diremos a Europa que haga lo que hay que hacer”, o “Estoy explicando con bastante pre­cisión que me lo estoy pensando” (¿hace falta algún grado de “precisión” para explicar semejante hondura?). El catalán Homs no le va a la zaga: “Nos manifestamos para ser lo que somos” (¿cómo va uno a querer ser lo que ya es?), ni casi nin­guno de sus colegas. Pero más grave que estas hirientes vacui­dades es que el Gobierno haya presentado un proyecto de Ley de Transparencia en la que sin embargo incluye “el silencio negativo como fórmula de respuesta a cualquier solicitud de información, sin precisar su motivación”, según ha explicado María Fabra en este diario. Uno se pregunta qué clase de to­madura de pelo es está: una “Ley de Transparencia” que deja a la voluntad de las Administraciones y los gobernantes que muchos secretos dejen de serlo o sigan siéndolo. El resultado será el que imaginan. Lo cual no tiene nada de particular (e incluso estoy de acuerdo en que no todo debe hacerse públi­co), pero entonces, ¿para qué preparar esta Ley si no es para irritar más a la gente y para que ésta desprecie aún más a los políticos? Lo cierto es que el tesorero de cualquier organismo o empresa habría de ofrecer unas cuentas completas, claras y al céntimo a quien le ha confiado su dinero, y en buena medi­da eso es el Estado (encarnado por el Gobierno de turno): el tesorero de los ciudadanos, de los que procede hasta el último penique que aquél gasta. Hoy continúa sin responderse, sin embargo, cuánto costó el viaje de Rajoy a la Eurocopa, al día siguiente de anunciar el rescate financiero que a él le pareció digno de brindis. O el importe de la auditoría que encargó la Xunta para avalar la fusión de las cajas gallegas. Ni cómo se emplean -o si se emplean- los 3.000 euros anuales de que disponen los diputados para taxis, y cuyo posible sobrante no han de devolver en ningún caso. Los coches oficiales de los ministerios, los sueldos de los tertulianos o de los presentadores de las televisiones públicas son también alto secreto. Cito o pa­rafraseo a María Fabra -está invitada a un almuerzo-: “Un informe jurídico avaló en Galicia un plan de legalización de 4.200 viviendas, la mayoría ilegalizadas por los juzgados. Al preguntársele a Núñez Feijóo por ese informe, respondió anunciando la solicitud de otro informe para saber si podía mostrar el primero”. Supongo que más adelante pedirá un tercero para saber si puede mostrar el segundo, y así hasta la eternidad de Groucho Marx, superado con creces. Los contra­tos de las Administraciones tienen a menudo “cláusulas de confidencialidad” que impiden averiguar nada de lo que se ha hecho con el dinero de los contribuyentes. Con su mayoría brutal, el PP puede hacer y hace lo que le viene en gana. Pero no le basta, y encima nos somete a burlas y trampas. No es sólo este partido, no obstante, el que salta de balcón en balcón o se tira a la piscina desde la barandilla. Son todos. ¿Qué más pode­mos hacer para evitar que se suiciden?

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 21 de octubre de 2012

Los frenos a la pasión en la obra de Marías

En 1995 la IX edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos fue concedido al libro Mañana en la batalla piensa en mí, del aún joven escritor español Javier Marías. Irrumpía así una literatura, un modo de escribir y de comprender el mundo, que poco tiempo después se haría adicción y un acto de fe en nuestro medio literario. Entraba Marías por la puerta grande de la literatura en nuestro país (y en el mundo hispano), y de inmediato se anclaría en una estética de la palabra que buscaba desnudar el ser humano en sus más recónditos intersticios, y devolvérnoslo así a la medida de nuestros propios sueños y desventuras.

Recuerdo que para aquél entonces la crítica local resaltaba el párrafo con el que abriría el novelista ese portento hecho libro: “Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros”. Estas palabras, supuestamente ininteligibles y enigmáticas para quienes no estábamos todavía familiarizados con su propuesta literaria, resultaban desconcertantes, tremebundas; si se quiere: desoladoras, sobre todo a la hora de traducir en nuestra propia experiencia lo que este hombre de ojos inteligentes y rostro infantil pretendía contarnos.

En la medida que fuimos “descubriendo” al autor, de la mano de su obra premiada en Venezuela (prácticamente el único referente de peso para muchos lectores; incluso para quien esto escribe), nos fuimos percatando con entusiasmo de una larga carrera literaria llena de éxitos. Ganaba Marías el Rómulo Gallegos y traía sobre sus hombros el Premio Herralde de Novela 1986 por su libro El hombre sentimental, el Premio Ciudad de Barcelona 1989 por su novela Todas las almas, y el Premio de la Crítica1993 por el libro Corazón tan blanco. Fue sin embargo 1995 para nosotros el punto de inflexión necesario para un acercamiento cauteloso -no exento de asombro- frente a la obra de Marías, que traería en lo sucesivo encuentros y desencuentros, alegrías y desencantos (más de lo primero, sin duda), pero sobre todo la espera “ansiosa” de sus nuevos libros, cuestión que se mantendría con firmeza hasta el presente.

Tu rostro mañana

En el 2007 cierra Marías su trilogía titulada Tu rostro mañana, constituida por: 1. Fiebre y lanza, 2. Baile y sueño y 3. Veneno y sombra y adiós. A decir de los estudios de la obra del novelista español, esta tríada representa su obra maestra, al hallarse densamente estructurada, escrita desde un criterio ambicioso y totalizador, a la usanza de los grandes clásicos universales. Logra el autor en este conjunto entretejer con mano experta, realidad y ficción, en el que el elemento autobiográfico toma partido, para así configurar un inmenso tapiz de posibilidades estéticas, que alcanza elevadas cimas de realización artística. No se leen con facilidad estos tres libros, ni fueron escritos para el gran público: apostó Marías nuevamente, como al comienzo de su carrera, por textos de una complejidad extrema, escritos para un público cautivo, si se quiere ya conocedor de su obra, que pudo moverse en medio de estas ingentes páginas en virtud de (y gracias a) las claves presentes y halladas en sus anteriores textos.

Los enamoramientos

En el 2011 sale al mercado editorial Los enamoramientos: la más reciente novela de Javier Marías. Con prosa (en apariencia) sencilla y lineal, vuelve de nuevo el autor con las frases enigmáticas de entrada, que de inmediato nos sumergen en un mundo de cavilaciones y empujan a la lectura (y a develar el misterio). Leemos: “La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última vez que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra”. Quienes seguimos con interés su obra, de inmediato advertimos que estábamos en presencia del Marías de sus mejores textos, y no podíamos abstraernos a la tentación del cotejo con obras como la ya citada Mañana en la batalla piensa en mí. Amor, deseo, pasión, celos, intriga, crimen, seducción e impostura se mueven a sus anchas en estas páginas, que constituyen de por sí un submundo en el que “el enamoramiento” se erige en pieza clave para develar los acontecimientos narrados.

Una muerte en apariencia fortuita, de la mano -quizás- de un destino cruel y azaroso, de pronto se erige en una maraña de sucesos que nos van conduciendo a puntos extremos, en los que el deseo por poseer a la persona amada es razón suficiente para tramar las más oscuras patrañas y las más perversas situaciones, lo cual nos lleva de entrada a pensar que se trata del producto de la “normal” violencia callejera, apoderada con impunidad de nuestras vidas.

El vil asesinato del empresario Miguel Desvern en manos de un indigente, quien lo culpa (por “confusión y sin causa”) de sus desgracias, cuando se topa con él en la calle, y que en venganza lo cose a cuchilladas, echa a andar una trama urdida desde el desvarío sentimental, desde lo más abyecto del alma humana, que ha sido en parte el alimento de lo mejor de la literatura de todos los tiempos. La historia es contada desde lo colateral por María Dolz (o la Joven Prudente, como la llaman Miguel y su esposa Luisa), quien siempre se hallaba en el restaurante en el que los esposos solían desayunar. La periodicidad de tales encuentros trae consigo una fijación por parte de María, hasta el punto de llegar a involucrarse en la vida de Luisa (ya viuda) y hacerse parte de un triángulo amoroso entretejido con un tercer personaje, Javier Díaz-Varela, amigo de la familia del difunto, y que a la larga se revelará como el autor intelectual de la muerte de Miguel con el fin de quedarse con su esposa a quien amaba en silencio. María se enamora de Díaz-Varela y es entonces cuando fantasea con la muerte de Luisa para así despejar el camino con su amante. Al final, la mujer se da cuenta de lo inútil de su empresa y deja en libertad a Javier para que sea feliz con Luisa, sin revelarle a ella toda esta sórdida historia tramada a sus espaldas.

Sin duda, una enconada lucha entre el amor y el requerimiento moral se hace presente en esta novela, y no vacila Marías en darle cauce a los pérfidos enamoramientos de sus personajes, sin mirar atrás, sin dejarse llevar por lo que es dable y deseado en una sociedad civilizada, en la que todo debería ser dirimido desde lo éticamente correcto.

No obstante, la historia de la humanidad ha dado muestras fehacientes de ser lo suficientemente insensata como para ponerle frenos a la pasión, a la lujuria y al deseo, sobre todo a los íncubos y súcubos (esas especies de ángeles caídos, que según la tradición medieval tenían comercio carnal con la mujer bajo la apariencia de varón y con el varón bajo la apariencia de mujer, respectivamente), y quienes desde siempre nos han gobernado a su antojo, y han puesto en evidencia nuestra naturaleza proclive a la transgresión sexual. Entonces, nos preguntamos: ¿qué otra cosa podría representar la ficción?

RICARDO GIL OTAIZA

El Universal (Venezuela), 14 de octubre de 2012

Thomas Browne: un médico que sedujo a Borges y marcó la literatura de Marías

El autor de Tu rostro mañana acaba de entregar la edición de Debolsillo de su espléndida traducción de los célebres ensayos-meditaciones del médico inglés renacentista, Sir Thomas Browne (1605-1682), quien con ellos elevó el estilo de la prosa inglesa hasta darle un rango literario tan afín a la inquieta solidez de su fe como a la culta apertura de su pensamiento: La religión de un médico/ El enterramiento en urnas (Barcelona 2012); obras que han despertado elogios y polémicas a través de los siglos. Es significativo que Borges y Bioy Casares hayan traducido para la revista Sur de Argentina (No.11, enero, 1944) el capítulo V de El enterramiento en urnas (salvo unas líneas), por considerarlo una de las cumbres de la literatura inglesa. Pero es gracias a Javier Marías que gozamos de una hermosa y exacta traslación de la obra completa de Browne a nuestra lengua, porque en la edición de Debolsillo se añade el seductor ensayo De los sueños, no por breve menos sustancioso, que no aparecía en la entrega original de Reino de Redonda.

¿Qué puede haber movido a escritores tan distintos a sentirse cautivados por la prosa de un escritor a quien Virginia Woolf consideraba “un extraño predicador” cuya voz es la de un hombre “lleno de dudas y perspicacias con raptos de imaginación sorprendentes”? Luego de disfrutar las casi 300 páginas del libro llego a la conclusión de que es justamente el espíritu de su obra lo que los atrajo, vale decir, la perfección del estilo literario en que encarnó la voz de ese hombre, médico y cristiano de raza, que se muestra tan familiarizado con la mortalidad del cuerpo como con la inmortalidad del alma y el destino humano de resurrección; por imposible que parezca desde un punto de vista extradivino. Baste este fragmento de Religio medici: “Una planta o un vegetal reducido a cenizas, a un filósofo contemplativo y escolástico le parece cabalmente destruído, y que la forma se ha despedido ya para siempre, pero para un artista sensible las formas no han perecido sino que se han retirado a su forma incombustible, donde yacen a salvo de la acción de ese elemento devorador. Esto lo ha probado un experimento [. . .] Lo que el arte de los hombres puede conseguir en estas muestras inferiores, ¡qué blasfemia es afirmar que no puede lograrlo el dedo de Dios en estas estructuras más perfectas y sensibles!”

Siglos antes de la clonación y del descubrimiento del bosón o “partícula de Dios”, convencido de que si se prescinde de la resurrección los únicos filósofos auténticos serían los ateos, Browne nos habla desde una “filosofía mística” a la que llega convencido por su atento estudio de la naturaleza, en la que observa (como Ezequiel vislumbró en un sueño y los apóstoles ante Jesucristo resucitado) “los caracteres de su resurrección”. De ahí que sus profundas meditaciones sobre el tiempo y la eternidad, la memoria y el olvido, el sueño y lo real, dieran tanta simiente a la cuentística borgiana. De igual manera se ven en la novelística de Marías, cuyos narradores son capaces de poner cámara lenta al tiempo mediante obsesivas meditaciones así acercándonos al abismo (vértigo) de lo que para Browne era éxtasis de “ingreso en la sombra de Dios”.

Consciente del ultraje del tiempo, Browne nos lleva en la gran ola de sus sabias reflexiones por una topografía tan universal en el tiempo como en el espacio, acrisolando sus hallazgos con los de sus antecesores confiables. “¿Y los sueños? Siendo mayormente naturales y animales, los hay diabólicos, pero también angélicos, visionarios y precognitivos. Depende de “los adentros” (nobleza o vileza), valores y ocupación del soñante.

JUANA ROSA PITA

El Nuevo Herald (Miami), 23 de septiembre de 2012

Paul Auster y Javier Marías

Vídeo

Encuentro literario en Nueva York:
Javier Marías-Paul Auster

El 30 de noviembre de 2009, en 92nd Street Y (92Y), Lexington Avenue, los escritores Javier Marías y Paul Auster conversaron de literatura y de sus últimas obras publicadas en Estados Unidos. Paul Auster fue presentado por Rick Moody y Javier Marías por Wyatt Mason.

LA ZONA FANTASMA. 14 de octubre de 2012. La imaginación, recortada

El dicho podría adaptarse así a los políticos y a los tiempos que corren: “Dime de qué recortas y te diré quién eres”. Al Gobierno del PP le ha llevado poco definirse con exactitud y -como les encanta subrayar a sus miem­bros más memos- “sin complejos”. Ya señalé en época de Az­nar cuál era la traducción fidedigna de esto: “sin escrúpulos”. Ahora, con los presupuestos de 2013, inútiles para amortiguar la crisis pero dañinos para la población, la cultura se ha queda­do a dos velas, con un tijeretazo del 30% que lo mina todo, des­de el Prado y el Reina Sofía hasta el Teatro Real, la Biblioteca Nacional y el Liceo, por mencionar instituciones principales. Sin embargo, lo que me ha resultado más hiriente, quizá por­que afecta a algo esencial y modesto y que además pertenece a mi campo, es que las cincuenta y dos bibliotecas públicas del Estado contarán el año que viene con… cero euros. Esto es, no habrá ni un penique para que compren un solo título antiguo ni nuevo, en el momento -la austeridad obliga- en que los es­pañoles han decidido acudir a ellas más que nunca. Una bi­bliotecaria de Guadalajara se lamentaba en este periódico: en 2007 había contado con 150.000 euros del Gobierno para adquirir ejemplares; en 2012 recibió 56.000. En 2013 no tendrá ni uno.

Nunca cambian las cosas. En periodos difíciles, cuando escasea hasta lo básico, los políticos tien­den a considerar -pero unos más que otros, y ahí se retratan- que la cultura en general y la literatura en particular son superfluas, un lujo del que se debe prescindir. Ni siquiera desde una pers­pectiva estrictamente monetaria esto es cierto: lo que se en­tiende por “cultura” supone un 4% del PIB de nuestro país y genera 600.000 empleos, pese a lo cual, en los últimos cuatro años, el sector ha sufrido un recorte acumulado del 70%. Y, como les digo a veces en broma a Antonio y Alberto, de la Librería Méndez, los escritores, en estos tiempos de precarie­dad, somos de los pocos que aún podemos “acuñar moneda”, hacer que surja dinero de donde no había nada -una página o pantalla en blanco-. Si un libro que cuesta 20 euros vende 150.000 ejemplares, habrá “acuñado” 3 millones de euros, que se repartirán entre el distribuidor, el librero, el editor, el autor, su agente y Hacienda, y que ayudará a que todos man­tengan sus infraestructuras y paguen los sueldos de sus empleados. ¿No se dedica este Gobierno -igual que el Tea Party- ­a ensalzar a los “emprendedores” y “creadores de riqueza”, en detrimento de los despreciables asalariados? Parece que haga distinciones según lo que se cree, y la literatura es para él ornamento y entretenimiento, a diferencia de los científi­cos y fundamentales casinos de Adelson.

Incluso se suscita esta cuestión: en época tan dura, ¿qué diablos hacen los literatos ocupándose de gente y de mundos que no existen? ¿Cómo pueden abstraerse de lo que ocurre a su alrededor? Siempre cabría responder con la cita de Burke en la que siempre me insiste una mujer muy querida: “No desesperéis jamás; y si desesperáis, seguid trabajando”. Pero no es sólo eso: cuanto más ardua la cotidianidad, más se necesita evadirse… durante un rato al día. Hora y media de una pelícu­la, una hora de lectura al final de la jornada. Si leemos de tiempos de guerra, recordamos que los hubo peores y que acaso no debamos quejarnos tanto; si de tiempos apacibles y prós­peros, nos damos cuenta de que también los hay y de que siempre han vuelto tras los aciagos. Nos metemos en vidas y circunstancias que no son las nuestras, descansamos de no­sotros mismos con otros conflictos, y sí, merced a eso nos eva­dimos un poco. La evasión estaba mal vista por los marxistas más dogmáticos en mi juventud, porque según ellos había que ser continuamente consciente de la situación dictatorial en la que nos encontrábamos. Como si uno olvidara la realidad por apartarla de los ojos brevemente. Los que escriben y hacen cine, los que interpretan y componen música, todos ellos dan consuelo al término de la jornada. Lo dan incluso a quienes no fre­cuentan sus obras, porque el arte y las ficciones acaban por permear las existencias de todos, aunque sea indirectamente. Son parte de nuestra formación como personas y, si no otras cosas, nos enseñan a pasar por la tierra con una dimensión imaginativa, a mi modo de ver necesaria para comprender lo que nos pasa, y útil para aguantarlo. Poco a poco aprendemos a vivir nuestras vidas contándonoslas. A la vez que las vivimos, las imaginamos, y así les damos el carácter de “historias”. Como tales, sabemos o creemos saber que todo puede cambiar, que puede haber un giro de la fortuna, que tal vez haya mejora. Dotar a lo que nos sucede de esa di­mensión es una ayuda enorme contra la realidad que nos apesadumbra. Por eso tantos buscamos esos mundos imagina­rios y leemos, para ejercitarnos en ello. Lo dijo Isak Dinesen, y la he citado muchas veces: “Todas las penas pueden soportar­se si se convierten en una historia”. El Gobierno de Rajoy, siguiendo una vez más el ejemplo de Franco, que siempre des­preció la cultura y trató de reducirla al mínimo, nos priva ahora de las bibliotecas vivas, lo cual equi­vale a privar, a los que las necesitan, de su descanso y su consuelo diarios, y a mermar su imprescindible dimensión imaginativa.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 14 de octubre de 2012

Entre el cuento y el olimpo literario

Foto. Álvaro García

Javier Marías ingresa en el selecto club de autores publicados en la serie Modern Classics de la editorial británica Penguin

El escritor y académico reúne todos sus relatos en el volumen Mala índole

El recibidor en penumbra guarda una muestra de una felicidad “inverosímil”. En el suelo hay varias pilas de libros de donde Javier Marías coge cuatro de ellos, y avanza hacia el salón donde el sol de la tarde entra implacable por el balcón. Se le nota contento, y con estos libros de bolsillo en la mano confiesa: “Tiene algo de inverosimilitud el que yo esté ahora en la colección de clásicos modernos de Penguin. Cuando yo estudiaba en Inglaterra los compraba para leer a escritores como Conrad, Faulkner, Joyce o Virginia Woolf… Es un honor estar ahí”. Luego esboza una sonrisa y dice: “No puedo pensar que ahora sean menos exigentes en la selección de sus autores”, y su risa expresa lo que siente al ser uno de los poquísimos escritores en español que forman parte de esa colección, Modern Classics, junto a Lorca, Borges, Neruda, García Márquez y Octavio Paz.

Las cuatro primeras obras que ha cogido Marías (Madrid, 1951) acaban de salir y Penguin se las ha enviado: Todas las almas (con introducción de John Banville), Corazón tan blanco (con introducción de Jonathan Coe), Mañana en la batalla piensa en mí y El hombre sentimental. Deja los libros sobre la mesa y toma algunas de las pruebas de carátulas de los otros tres títulos que editará Penguin y que le ha enviado para su aprobación: Negra espalda del tiempo, Cuando fui mortal y Vidas escritas.

Y a un “honor” se suma la alegría de ver la portada que harán en primavera en Inglaterra de su última novela: Los enamoramientos, que saldrá también en Noruega y Finlandia, y que conservarán la imagen de la española.

Es uno de los poquísimos escritores en español que forman parte de esa colección, Modern Classics, junto a Lorca, Borges, Neruda, García Márquez y Octavio Paz

Tras el asomo a ese futuro entusiasta, Marías se sienta en el sofá pegado a la pared, justo al borde de donde cae la columna de sol venida del balcón, y habla del presente en el que acaba de publicar una antología que reúne sus dos libros de cuentos. No es cualquier antología. Poco habitual, o tal vez única por el proceso de selección. Él mismo ha dividido sus relatos en Aceptados (“De los que aún no me avergüenzo”) y Aceptables (“De los que sí me avergüenzo un poco pero no demasiado”), donde ha incluido el primero, escrito con 14 años, La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga. El título completo es Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables (Alfaguara) con un total de 30 relatos en los que Marías busca ahorrarle tiempo al lector para que se salte las historias aceptables. Mala índole recupera el título de uno de los cuatro relatos que aparecen en el volumen y que no estaban en ningún libro.

La mayoría de esos cuentos han sido por encargo. Marías, camisa gris remangada y pantalón negro, recuerda que un buen número de obras de pintura y música han surgido por encargo de mecenas o reyes, y en su caso por petición de publicaciones, entre ellas El País Semanal. Este libro es la totalidad de su aportación “al noble género del cuento”, al que no cree que vuelva.

Con un cuento he tenido la sensación de plenitud, que dices: ‘¡Caray, qué maravilla, es algo perfecto!’. A veces, la lectura de un cuento es casi exultante. Algunos te pueden producir una especie de euforia, de algo acabado, perfecto, una obra maestra, algo que en una novela es más difícil conseguir

Un género que le gusta casi más como lector. “Es muy difícil que un autor quede completamente satisfecho de una novela en cuya estructura debe tener altibajos, porque no puede sostener el mismo grado de intensidad todo el tiempo, y sería agotador; debe tener momentos de transición, explicativos o descriptivos o funcionales que den luego paso a esos pasajes más interesantes e intensos”. Le vienen, entonces, las palabras de Juan Benet cuando decía que una novela se justifica por una sola página. “Pero esa página no es nada sin lo que la precede y lo que le sigue”.

Sobre la diferencia entre cuento y novela asegura que la mejor novela del mundo la ha disfrutado mucho, pero con altibajos. “En cambio, con un cuento he tenido la sensación de plenitud, que dices: ‘¡Caray, qué maravilla, es algo perfecto!’. A veces, la lectura de un cuento es casi exultante. Algunos te pueden producir una especie de euforia, de algo acabado, perfecto, una obra maestra, algo que en una novela es más difícil conseguir”.

Mientras continúa compartiendo su entusiasmo por los efectos de los buenos cuentos, Marías saca un cigarrillo y juega con él entre los dedos. Y confiesa sin reparo que tal vez allí se encuentren sus mejores pasajes literarios. Entre sus cuentos favoritos o de los que más orgulloso se siente están Mientras ellas duermen, (una historia que será llevada al cine), Todo mal vuelve, Cuando fui mortal, Lo que dijo el mayordomo y Mala índole. Siguiendo con favoritos, entre los autores de relatos señala a Henry James, Conrad, Kipling y Maupassant. Los 30 relatos de Mala índole “tienen”, afirma, “un elemento de zozobra, algo inquietante, amenazante… perturbador”.

¿Y el cuento de la política y los políticos que suele abordar en sus columnas de opinión? “Son suicidas de los balcones. Como esos turistas extranjeros que hacen balconing” al actuar tan mal. Pero, aun así, reconoce que él es el primer interesado en que ellos se cuiden y no salten de un balcón a otro. “No sé qué más podemos hacer, pero no quiero que los sustituyan por millonarios o técnicos”.

Hoy que se anuncia el premio Nobel de Literatura, Javier Marías cree que lo merecería Alice Munro, que es una gran cuentista canadiense, o el estadounidense Cormac McCarthy. ¿Y Philip Roth? “Me cansa. Su mundo literario no me interesa”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 11 de octubre de 2012

Wayne Wang llevará al cine “Mientras ellas duermen”, de Javier Marías

Wayne Wang

Javier Marías (Madrid, 1951) parece que se ha reconciliado definitivamente con el cine tras su polémico y judicial desencuentro con la familia Querejeta, que llevó a la gran pantalla una de sus novelas, Todas las almas, bajo el titulo de El viaje de Robert Rylands. Una adaptación, dirigida por Gracia Querejeta y producida por su padre, que Marías repudió al considerar que no respetaba el espíritu del libro. La justicia le dio la razón, y el escritor tuvo que ser indemnizado en 2002 con 36.000 euros.

Cinéfilo confeso, Marías parecía no querer saber nada más de colaboraciones con el Séptimo Arte, al menos hasta el año pasado, cuando él mismo confirmó que estaba “en negociaciones con Hollywood para adaptar su novela Tu rostro mañana“.

Ahora, parece que ya está cerrada una nueva colaboración. “El director Wayne Wang dirigirá “Mientras ellas duermen” (1990)”, desveló ayer el escritor madrileño durante la presentación de una antología de sus cuentos, Mala índole (Alfaguara), en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Al parecer Marías ya ha vendido los derechos, y está cerrado el compromiso con el director de filmes como Smoke (1995), con guión de Paul Auster, o El club de la buena estrella (1993), una adaptación de la novela homónima de Amy Tan.

Literatura por encargo

Precisamente el cuento que lleva este nombre “Mientras ellas duermen”, forma parte de los 23 “aceptados” por Javier Marías para que formen parte de una antología que incluye casi toda su producción sobre este género, al que, reconoce, ha dejado un poco de lado en la última década. “Solo he escrito uno”. El motivo no es otro que la falta de tiempo, tiempo que ha dedicado en los últimos años a alumbrar novelas como su trilogía Tu rostro mañana o Los enamoramientos, del que ya se han vendido cinco ediciones en Alemania.

A estos 23 cuentos “aceptados”, como él los califica dentro de este volumen, se suman otros siete “aceptables”, según explicó ayer el escritor, que, por supuesto, ha dejado fuera de esta antología los “inaceptables”, casi todos ellos procedentes de sus años de juventud, y de los que hoy se avergüenza. De esta etapa tan solo ha rescatado uno, eso sí en el apartado de “aceptables”. Se trata de “La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga” que fue publicado en 1968 pero escrito tres años antes, “cuando yo tenía 14 años”, recuerda.

En esta antología reúne cuatro décadas de cuentos: los ya publicados en otros dos volúmenes anteriores, Mientras ellas duermen y Cuando fui mortal, a los que se ha añadido ahora cuatro publicados en la prensa. Entre ellos se encuentra el que da título a la antología, “Mala índole” que gira alrededor de la película El ídolo de Acapulco que filmó Elvis Presley.

A pesar de su alejamiento del género, por motivos de tiempo y dinero -“todos los cuentos que he escrito han sido por encargo, y para ello debe haber una buena compensación económica”- , Marías confesó sentirse más satisfechos de sus cuentos que de sus novelas. No de todos, pero al menos si de cinco o seis de los que componen esta antología. “Quizá lo mejor que he escrito se encuentre en este volumen”. Y concede que tal vez tenía que haberse dedicado a escribir más “libros menores y menos novelas”.

Rebelde, cursi, pedante

Esta antología, además de poner al alcance de los jóvenes toda o casi toda la producción cuentista de Marías, sirve para apreciar la evolución del escritor. “Como todo el mundo he pasado por varias etapas, como la rebelde en la que pretendes ser duro; la cursi, o la pedante. Tendrán que pasar 40 años para averiguar en qué etapa estoy ahora”, bromeó.

Entre sus autores favoritos dentro del género, Marías mencionó a Henry James, M. R. James, Kipling, Chejov, Maupassant, Conrad, Faulkner y Poe. Y reconoció que en España hay menos tradición, “menos seguidores” del género. Cómo lector, también confesó que sentía más satisfacción al leer un cuento que una novela, y destacó como su relato favorito “La pata del mono”, de W. W. Jacobs.

Coincidiendo con el lanzamiento de esta antología, Alfaguara reedita el libro Vidas escritas, una recopilación de biografías sobre escritores realizada por Marias a lo largo de los años y aparecidas en distintas publicaciones. La lista incluye a Faulkner, Conrad, Isak Dinesen, James Joyce, Nabokov, Rainer Maria Rilke, Wilde y Yukio Mishima, entre otros.

El Nobel de Literatura para… Alice Munro

Cuando faltan horas para que se dé a conocer el ganador del Premio Nobel de Literatura, no podía faltar la pregunta a Javier Marías sobre quién le gustaría que lo ganara. La respuesta fue inmediata: “Alice Munro, una gran cuentista. Tampoco estaría mal que se lo dieran a Cormac McCarthy, aunque no me gustan mucho sus últimos libros.”, admite. ¿Y Murakami, cuyo nombre aparece constantemente en las quinielas?, le preguntamos. “No he leído nada de él -confiesa-. No por nada personal, solo que no me ha interesado nada de lo que he leído sobre él. ¿Es bueno?”.

SUSANA GAVIÑA

Abc, 10 de octubre de 2012

El escritor Javier Marías reúne cuarenta años de cuentos en “Mala índole”

Javier Marías escribió uno de sus primeros cuentos a los 14 años y, aunque su prestigio mundial se lo debe sobre todo a sus novelas, no dejó de practicar “el noble arte” del relato hasta 2005. Ahora, aparecen reunidos por primera vez sus mejores cuentos en Mala índole, que el escritor ha presentado hoy.

Publicado por Alfaguara, el libro constituye una excelente oportunidad para adentrarse en el singular universo literario de este autor y comprobar “las diferentes fases” por las que ha pasado a lo largo de cuarenta años.

Y es también una excelente ocasión para leer todos los cuentos de Marías porque, como ha señalado hoy el escritor en el Círculo de Bellas Artes, puede que no vuelva más a ese género en lo que le queda de vida, aunque “no es una decisión firme”.

En los últimos años, Marías (Madrid, 1951) ha estado dedicado de lleno a sus novelas, primero a ese gran proyecto literario de los tres volúmenes de Tu rostro mañana y luego a Los enamoramientos, un libro del que, según ha dicho hoy Pilar Reyes, directora de Alfaguara, se han vendido más de 150.000 ejemplares solo en España y se está traduciendo a numerosas lenguas.

El escritor le da vueltas a una nueva novela, de la que no quiso desvelar detalles, salvo que guarda cierta relación con uno de sus cuentos. Pero no dijo cuál.

Por tanto, “es posible que ya no escriba más cuentos” y que los reunidos en el volumen que ahora ve la luz “acabe siendo la totalidad aceptada y aceptable” de su contribución al género, afirma el escritor.

Y es que Marías ha incluido en este libro treinta relatos y los ha dividido en “Cuentos aceptados” (23), entre los cuales hay algunos que “quizá estén entre lo mejor” que él haya escrito en narrativa; y “Cuentos aceptables” (7), de los que, como confesaba hoy, se avergüenza “un poco”.

Fuera del libro se han quedado los “cuentos inaceptables”, la mayoría de los cuales son “prehistóricos” y fueron escritos hacia 1968, tres años antes de que publicara su primera novela, Los dominios del lobo.

Como luego diría en una entrevista con Efe, tiene también “una novela inaceptable”, de cuando era adolescente y que no publicará jamás.

Mala índole es la suma de dos libros de cuentos anteriores, Mientras ellas duermen, de 1990, y Cuando fui mortal, de 1996, a los que se le han añadido cuatro más, aparecidos en varias publicaciones.

Galardonado con innumerables premios, la mayoría de ellos concedidos en el extranjero, Marías se siente especialmente satisfecho de “cinco o seis cuentos”, entre ellos el que da título al libro, Mala índole, que fue publicado por entregas en El País en agosto del 96.

En ese relato, de casi 50 páginas, el escritor recupera a Ruibérriz, un personaje habitual en algunas novelas suyas, para contar ciertas peripecias ocurridas en el rodaje en Acapulco (México) de una película protagonizada por Elvis Presley. Al releerlo, le ha parecido “muy grato, logrado y divertido”.

También le gustan de forma especial “Cuando fui mortal” y “Mientras ellas duermen”.

Este último va a ser llevado al cine por Wayne Wang, el director de Smoke, aunque, de momento, solo se ha contratado la opción, fase en la que también están Tu rostro mañana y Corazón tan blanco. “En el cine es todo muy lento y puede suceder que al final no salga ninguno de los proyectos”, le decía luego a Efe.

También aparecen reunidos por primera vez en libro “Un sentido de camaradería”, “Un inmenso favor” y “Caído en desgracia”, escrito para ser leído en voz alta en italiano en un evento en Roma en 2005.

Henry James, Chéjov, Conrad, Maupassant, Faulkner, Kipling, Poe y Alice Munro figuran entre los cuentistas preferidos de Marías, que hoy se quejaba de que en España el cuento “nunca ha tenido demasiados seguidores”, a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos y en Latinoamérica.

“Y no lo entiendo porque la sensación de plenitud que da un cuento difícilmente se logra con una novela, que, por su extensión, no puede tener el mismo tono de altura, la misma tensión todo el rato. Sería insoportable una novela así”, señaló el escritor, que en otro momento de la presentación dejó muy claro que no le gustan “los microrrelatos”, tan de moda ahora.

Algunos de los cuentos incluidos en Mala índole fueron escritos por encargo, un sistema que el novelista reivindicó hoy antes de recordar que obras maestras de la pintura y de la música fueron el resultado de encargos.

“Ahora no encargan demasiados cuentos, quizá porque, para aceptarlos, tiene que haber una buena compensación económica”, reconoció Marías con humor.

Tras la rueda de prensa, le preguntaron a Marías si le gustaría que le dieran el Nobel de Literatura a Murakami. “No lo he leído, pero no por una razón en especial sino porque lo que leí sobre él no me gustó”, respondía.

Ana Mendoza

Efe, 9 de octubre de 2012

Vídeo

Javier Marías sostiene que los recortes en Cultura “emparentan al PP con el franquismo”

El escritor Javier Marías cree que los recortes que el Gobierno ha aplicado en los presupuestos de 2013, en las diferentes áreas culturales, “emparentan al Partido Popular una vez más con el franquismo”, que se caracterizó por su “absoluto desprecio, cuando no hostilidad”, por la cultura.

“El actual Gobierno está recortando a lo bestia en lo que a la gente más le importa: la sanidad, la educación y la cultura”, ha afirmado hoy Javier Marías en una entrevista con Efe, minutos después de que presentara ante la prensa su libro Mala índole (Alfaguara), que reúne por primera vez los mejores cuentos del novelista.

La cultura “es la base de la educación de un país, no solo es la escuela”, y, dentro de esos recortes, Marías considera “especialmente grave” el hecho de que las bibliotecas públicas tengan “un presupuesto cero” para adquirir libros, en una época en la cual “la gente está yendo más que nunca” a estos centros porque “no tiene dinero para comprarse libros”.

“No van a poder seguir siendo bibliotecas vivas, y eso me parece de una gravedad inconmensurable”, asegura el autor de Corazón tan blanco, que expresará su “indignación” por este recorte en uno de sus artículos de El País Semanal, que se publicará próximamente.

Lo que no entiende el escritor es cómo, aparte de ese artículo suyo, “no ha habido otros ochenta más, diciendo: esto es inadmisible”.

Con los recortes -afirma-, el Gobierno conseguirá que “la gente sea cada vez más bruta”.

Esa forma de actuar, “emparenta al gobierno del PP una vez más con el franquismo”, subraya este escritor, que está considerado uno de los mejores novelistas europeos de las últimas décadas y cuya obra está traducida a más de cuarenta lenguas.

“Una de las cosas que caracterizó al franquismo, aparte de otras más graves, fue su absoluto desprecio, cuando no hostilidad, por la cultura en general y por quienes la cultivaban. Y no se puede ser hostil hacia la cultura, que es también el descanso y el consuelo de la gente atribulada”, ha opinado Marías.

El autor nunca ha querido tratarse con políticos, pero, “después de estos presupuestos”, invita “a los llamados creadores a que no admitan nunca la presencia de un solo político en ningún acto, al menos del partido que actualmente gobierna y que ha aplicado estos recortes en cultura”.

“Como a los políticos les gusta a veces asistir a ciertos actos para hacerse una foto o para quedar bien, yo les pediría a los creadores de cualquier campo que no lo admitieran porque es mentira todo. Siempre lo ha sido, pero ahora más todavía”, subraya.

“Que no les den la mano hasta que cambien de política”, añade el escritor, “particularmente indignado” dada “la modestia” de las bibliotecas frente a espectáculos como el cine, el teatro o la opera, que necesitan “mucho más dinero”.

El autor de Los enamoramientos, su última novela, se refirió también durante la entrevista a la creciente desconfianza que hay en los políticos, quizá porque “están en un camino absurdo, suicida”.

“Los ciudadanos somos los primeros interesados en que los políticos hagan bien su trabajo. Los políticos son necesarios, no deseamos en modo alguno que sean sustituidos por tecnócratas, multimillonarios, empresarios, demagogos populistas y, menos aún, por caudillos”, comenta el autor de Tu rostro mañana.

“No queremos eso en absoluto, pero es que están ustedes suicidándose, están saltando de balcón en balcón como hacen esos turistas descerebrados que al final se estampan contra el suelo”, agrega.

Marías cree que, “difícilmente”, los políticos sacarán al país de la crisis.

“Habrá que hacer lo que decía Cervantes: ‘paciencia y barajar’, en el sentido de que ya vendrán cartas mejores. Lo que pasa es que da la sensación de que empieza a estar secuestrada la baraja y que no tiene uno ya ni posibilidad de barajar”, concluye el escritor.

Efe, 9 de octubre de 2012

Presentación de ‘Mala índole’

La noticia en TVE

Javier Marías: “Quizá alguno de estos cuentos sea lo mejor que he escrito”

La última obra del escritor se llama Mala índole, una compilación de los relatos que que considera “aceptables” o “aceptados”

El escritor Javier Marías (Madrid, 1951) ha presentado esta mañana su último libro. Tras el éxito de Los Enamoramientos el escritor ha sorprendido con Mala índole, una recopilación de relatos, los que él considera “aceptables” o “aceptados”, alguno de ellos incluso “prehistórico”, escritos o publicados cuando era adolescente. No obstante asegura que de todos los reunidos en este volumen, hay cinco o seis que podrían ser “las mejores piezas de prosa de ficción” que ha escrito. Respecto al cambio de género literario, tras cuarenta años escribiendo novelas, artículos de opinión y ensayos, Marías ha reconocido que las novelas “tienen cosas muy latosas”, por lo que se ha decidido a publicar, en un solo volumen editado por Alfaguara, algunos cuentos.

En esta nueva obra, Mala índole, que toma el título de uno de los cuentos incluidos, hay algunos relatos hasta hoy inéditos, pero en todos ellos se presiente la muerte, o se cierne sobre los personajes un “desasosiego o el peligro” que puede desembocar en alguna muerte o suicidio. “Ahora que me lo preguntan en casi todo ellos aparece la tentación de hacer algo y la renuncia a hacer ese algo y las graves consecuencias que se acarrean”, ha explicado Javier Marías durante la presentación.

Marías, quien inició su carrera literaria hace 41 años con Los dominios del lobo, reconoce que la mayoría de los cuentos que ha escrito y publicado han sido de encargo, y que últimamente le encargan “pocos”, pero subraya que la evolución y los cambios de su prosa se atisban mejor en sus novelas que en sus cuentos, “donde no hay tantos cambios”, confiesa.

En las páginas de estos relatos y no microrrelatos (un género que dice “no soportar”) Javier Marías ha colado historias de fantasmas, asuntos de terror, o intrigas policíacas, e incluso algún personaje que se ha fugado después a novelas como Corazón tan blanco (Premio de la Crítica, Prix l’Oeil et la Lettre o IMPAC Dublin Literary Award).

Así, en Mala índole, los cuentos están distribuidos en dos partes: Cuentos aceptados y Cuentos aceptables. Los primeros incluyen “todos aquellos de los que no me avergüenzo”, precisa Marías, y los segundos, “aquellos de los que sí me avergüenzo un poco, pero no demasiado”.

Y cita los cuatro o cinco de los que se siente realmente orgulloso: Mientras ellas duermen, relato del que han comprado los derechos para convertir en una película; Todo mal vuelve; Cuando fui mortal; Lo que dijo el mayordomo o Mala índole.

“Dado lo poco que he frecuentado el noble arte del cuento en los últimos tiempos, es posible que ya no escriba más y que lo que aquí se ofrece acabe siendo la totalidad aceptada y aceptable de mi contribución al género”, alega Marías, pero anuncia que ya está escribiendo su nueva novela, gracias a uno de los personajes de estos cuentos.

En los relatos de Mala índole, hay médicos misteriosos, guardaespaldas, fantasmas, dobles, una aspirante a actriz porno, una mujer y un hombre asesinados por una lanza africana, un mayordomo neoyorquino encerrado en un ascensor, el adorador de una joven a la que filma sin cesar, una pareja mafiosa caída en desgracia, o un asesino a sueldo que trata de disuadir a quienes quieren contratarlo.

Preguntado por sus “cuentistas” de cabecera, Marías señala a Henry James; M.R. James, especialista en relatos de fantasmas; Anton Chejov; Guy de Maupassant o Chesterton.

El País, 9 de octubre de 2012

Europa Press
La Vanguardia

Javier Marías reúne sus cuentos ‘aceptables’ y ‘aceptados’ en ‘Mala índole’

El volumen Mala índole reúne casi todos los relatos escritos por Javier Marías, o los que él considera ‘aceptables’ y ‘aceptados’ además de los que conformaron el libro de cuentos Mientras ellas duermen y Cuando fui mortal.

 Asimismo, esta nueva obra incluye varios cuentos hasta hoy inencontrables, entre los que destaca el que da título al libro, que puede considerarse casi una novela corta sobre las divertidas y espeluznantes andanzas de un viejo conocido, Ruibérriz de Torres, durante el rodaje en México de una película con Elvis Presley, según informa la editorial Alfaguara.

 Los cuentos están distribuidos en dos partes: Cuentos aceptados y Cuentos aceptables. Los primeros incluyen “todos aquellos de los que no me avergüenzo”, señala Marías, y los segundos, “aquellos de los que sí me avergüenzo un poco, pero no demasiado”.

“La mayoría de ellos son prehistóricos, escritos o publicados hacia 1968 o así, tres años antes de la aparición de mi primera novela. No pienso someterme al bochorno de releer los que conservo”, subraya Marías, “es mejor que ninguno de esos textos vea la luz de nuevo”.

“Dado lo poco que he frecuentado el noble arte del cuento en los últimos tiempos, es posible que ya no escriba más y que lo que aquí se ofrece acabe siendo la totalidad aceptada y aceptable de mi contribución al género”, explica Javier Marías.

 En sus relatos, unos médicos misteriosos, guardaespaldas, fantasmas, dobles, una aspirante a actriz porno, una mujer y un hombre asesinados por una lanza africana, un mayordomo neoyorquino encerrado en un ascensor, el adorador de una joven a la que filma sin cesar, una pareja mafiosa caída en desgracia, un asesino a sueldo que trata de disuadir a quienes quieren contratarlo.

Javier Marías (Madrid, 1951) es autor de Los dominios del lobo, Travesía del horizonte, El monarca del tiempo, El siglo, El hombre sentimental (Premio Ennio Flaiano), Todas las almas (Premio Ciudad de Barcelona), Corazón tan blanco (Premio de la Crítica, Prix l’Oeil et la Lettre, IMPAC Dublin Literary Award), Mañana en la batalla piensa en mí (Premio Fastenrath, Premio Rómulo Gallegos, Prix Femina Étranger, Premio Mondello di Palermo), Negra espalda del tiempo, de los tres volúmenes de Tu rostro mañana:1 Fiebre y lanza (Premio Salambó), 2 Baile y sueño, 3 Veneno y sombra y adiós, y de Los enamoramientos (Premio Qué Leer).

En 1997 recibió el premio Nelly Sachs, en Dortmund; en 1998, el Premio Comunidad de Madrid; en 2000, los Premios Grinzane Cavour, en Turín, y Alberto Moravia, en Roma; en 2008 los Premios Alessio, en Turín, y José Donoso en Chile; en 2010 The American Award, en los Estados Unidos; en 2011, el Premio Nonino, en Udine, y el Premio de Literatura Europea de Austria; y, en 2012, el Premio Terenci Moix, todos ellos por el conjunto de su obra.

Entre sus traducciones destaca Tristram Shandy (Premio Nacional de Traducción 1979). Fue profesor en la Universidad de Oxford y en la Complutense de Madrid. Sus obras se han publicado en cuarenta y dos lenguas y en cincuenta y dos países, con más de seis millones de ejemplares vendidos. Es miembro de la Real Academia Española.

Europa Press, 6 de octubre de 2012

LA ZONA FANTASMA. 7 de octubre de 2012. El conveniente regreso de Mr Jingle

Habrá lectores que se acuerden. Más que no, y muchos más a los que esto traerá sin cuidado y no se expli­quen a qué viene. Confío en que todos lo entiendan y aprecien como lo que es: la tentativa de darles y dar­me una tregua. No que no haya motivo, pero hablar un do­mingo tras otro de la crisis y de los desafueros del Gobierno puede cansar hasta a los más aguerridos.

Bien. A los más memoriosos quizá les suenen tres colum­nas de hace casi tres años, tituladas “Cuento de Cecil Court”, “La bailarina reacia” y “Cuento de Carolina y Mendonça” (es­tán recogidos en Ni se les ocurra disparar, de 2011). Acaso recordarán cómo en una tienda de antigüedades modestas del callejón Cecil Court, de Londres, compré la figurita de bronce de un gracioso señorín, al que luego llamé Mendonça; cómo desdeñé, en cambio, otra figura con la que hacía pareja, una bailarina con tutú a la que más tarde bauticé Carolina; cómo, una vez en Madrid, me arrepentí (sentimental y puerilmente) de haberlas separado y encargué al señor Sullivan que me mandara a la abandonada; cómo ésta no llegaba y pensé si no era lo conveniente, las dos estatuillas podían estar hartas de soportarse y veían su divorcio con alivio; cómo, perdida ya la esperanza, la bailarina apareció por fin en Ma­drid y se reunió con el señorín; cómo, una vez aquí, ella me gustó bastante más que cuando la desprecié en la tienda (tiene un escote de buen gusto y de lo más sugerente). Por último, conté la re­lación de ambos con las otras estatuillas con las que conviven: Conan Doyle, un busto de Laurence Sterne, otro de Sherlock Holmes, un capitán inglés de navío. Desde entonces se les ha añadido otro pequeño busto que en realidad es un portaceri­llas de 1885: representa al General Gordon con su fez, muerto aquel año en Jartum, tras largo asedio, por las huestes del Mahdi, e interpretado en el cine por Charlton Heston. Pero su presencia no alteró la vida del grupo; cómo podía hacerla la de un héroe imperial de guerra, respetuoso y mitificado.

Ahora sí ha habido cambios. Hace unas semanas volví a Londres y a Cecil Court, y entré en Sullivan sin creer que esta vez vería nada que me hiciera gracia. Pero me la hizo una boni­ta figura de marfil, más o menos del mismo tamaño que el se­ñorín y la bailarina de bronce: era Mr Alfred Jingle, uno de los personajes más queridos de Los papeles de Pickwick, de Dickens, desde hace ya ciento setenta y cinco años. Dado que este es el del bicentenario del nacimiento del autor, y tras du­darlo un poco, me animé a llevármelo, no sólo porque la esta­tuilla (de finales del XIX) estuviera lograda, sino porque juzgué que algo de zozobra y peligro necesitaban Carolina y Men­donça. Jingle es un cómico de la legua, un bribón de lo simpático, un seductor consumado pese a carecer de apostura. Es flaco y desgarbado, viste de manera pretenciosa y levemente grotesca: sombrero de copa, levita, pantalones estrechos, con un peinado entre romano y napoleónico. Pone en situación embarazosa a los circunspectos miembros del Club Pickwick al fugarse con una solterona, por su dinero y muy cómicamente, y luego han de rescatarlo de la cárcel, acusado de estafa. De él dice Dickens que tenía “un indescriptible aire de desenvuelta desfachatez y perfecto dominio de sí mismo”. Pero es gracioso y encantador. Habla muy rápido con frases brevísimas, telegrá­ficas y acaba por caerle bien a todo el mundo. No se me esca­paba que Jingle le tiraría los tejos a la bailarina en cuanto la viera, pero más vale eso, pensé, que una existencia demasiado apacible de ella con su pareja en España.

Lo que no recordaba al comprar a Jingle es que, en la pri­merísima escena en que aparece en Pickwick, y tras repasar con la mirada a una moza que le agrada, le dice al concupis­cente, gordezuelo y tímido Mr Tupman: “Las muchachas in­glesas no tan primorosas como las españolas; nobles criatu­ras; pelo azabache; ojos negros; preciosas formas; dulces criaturas; hermosas”. Tupman le pregunta: “¿Ha estado usted en España, se­ñor?” Y Jingle: “Vivido allí; siglos”. y Tupman: “¿Muchas conquistas, señor?” Y Jingle: “¡Conquistas! Mi­llares. Don Bolaro Fizzgig; Grande de España; hija única; Doña Cristi­na; espléndida criatura; me amó hasta el aturdimiento; padre celoso; hija vehemente; inglés apuesto; Doña Cristina desesperada; ácido prúsico; bomba gástrica en mi maleta; opera­ción realizada; viejo Bolaro en éxtasis; consiente en nuestra unión; manos enlazadas y torrentes de lágrimas; historia ro­mántica; mucho”. Y Tupman: “¿Vive ahora la dama en Inglaterra, señor?” Y Jingle: “Muerta, señor; muerta. Nunca se re­cuperó bomba gástrica; le minó la constitución; sucumbió”.

Así que ya ven: a Mr Jingle le tocaba regresar a España, es­cenario de sus mayores conquistas, reales o imaginarias. Aquí está ahora en marfil, junto a Carolina, cuyo escote acecha sin cesar de reojo, para sobresalto y temor de Mendonça. Algo de agitación ha de haber en sus plácidas vidas continentales. Sterne se aliará sin duda con Jingle, son caracteres afines; pero Conan Doyle, Sherlock Holmes y el General Gordon ve­larán seguramente por que la cosa no pase a mayores, y el salaz y simpático bribón de Dickens no se fugue (o no para siempre) con la bailarina.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 7 de octubre de 2012

Sin pelos en la lengua

Incisivo articulista, laureado novelista y brillante cuentista, Javier Marías regresa con Mala índole, un libro que recoge sus mejores cuentos. El escritor nos recibió en su casa para hablar de literatura, y de una crisis que afecta a los valores.

Amable, atento, buen conver­sador, reflexivo… Javier Marías (Madrid, 1951) está bastante lejos de cierta ima­gen que algunos medios le han atribuido: «Me persigue desde joven el sambenito de calificativos como arro­gante, distante, pedante. Es curioso por­que hay mucha gente que cuando me conoce en persona me dice que soy nor­mal y simpático. Procuro serlo como mínimo, aunque también puedo ser un poco borde cuando creo que alguien se lo merece. No practico la hipocresía».

El escritor nos ha recibido en su casa para hablar sobre su próximo libro, Mala índole (Alfaguara), que se publica el 3 de octubre, una colección de todos sus cuentos ‘aceptados y aceptables’ hasta la fecha. «Los ‘aceptables’ -nos cuenta Marías con su finísimo sentido del hu­mor- son cuentos que me parecen a mí mismo, que tampoco soy buen juez, algo inferiores a lo que he llamado ‘cuentos aceptados’, pero que tampoco son para esconderlos. Los ‘no aceptables’, eviden­temente, han quedado fuera del libro. Lo cierto es que no son muchos y son pre­históricos, casi de mi infancia. La idea de Mala índole viene porque precisamente el cuento que da titulo al libro no estaba incluido en ninguna de mis colecciones de relatos y, sin embargo, me lo pedían mucho. Y como estoy empe­zando una nueva novela y no tengo pin­ta de ir a hacer muchos más cuentos pen­sé que era un buen momento».

Sin duda, es de los pocos escri­tores nacionales que aúna reco­nocimiento del público y respe­to de la crítica: «He sido muy afortunado, un privilegiado. Hay un elemento de suerte en esto, el mé­rito no basta. Soy el primer sorprendido: los lectores tendrían que explicarme a mí mi relativo éxito. Al empezar una novela, siempre creo que no vaya ser capaz».

Rotundo en sus artículos periodís­ticos, Marías no se muestra muy optimista con la situación actual: «Me parece un desastre en todos los aspectos. Obviamente está la coyuntura económica, que es fundamental y a todos nos preocupa. Pero hay algo más. Todos los que vivimos el franquis­mo teníamos la vaga esperanza de que cuando aquello acabara, el país cambiaría y sería mejor. Y es cierto que en los 80 y en los primeros 90 se hizo un esfuerzo: queríamos ponernos al nivel europeo, ser más cultos, aprender idiomas. Pero luego algo pasó, ese poso -quizá anterior al franquismo- volvió a emerger y a apro­piarse de la sociedad y ahora se vuelve a tener una especie de ufanía de la ignoran­cia, como si nos hubiéramos cansado de intentado. Lo que gusta son los programas animalescos, de chismorreos absur­dos y groserías, las comedias que no se diferencian mucho de aquel humor de Pa­co Martínez Soria».

¿Y la política actual? «Los políticos de la Transición eran gen­te responsable, con buena voluntad, res­petuosa, con capacidad para superar sus diferencias en beneficio del bien común, algo que no parece que vaya a ocurrir de nuevo. Ha vuelto una España bruta, des­agradable, zafia y yo estoy muy deprimi­do. No entiendo cómo el gobierno actual desdeña a todo el mundo, por mucha ma­yoría absoluta que tenga».

En estos tiempos angustian­tes, ¿qué aconseja leer Javier Marías? «Nunca recomen­daría estudios políticos o li­bros sobre la Gran Depre­sión. En estas ocasiones, sólo hay dos cosas que hacer: seguir trabajando, que decía Burke, y evadirse en los ratos li­bres. Para conseguirlo, la ficción litera­ria es una buena vía. Ya que se cumple el bicentenario de Dickens, recomenda­ría leerlo. No es evasión pura porque se preocupa de las penurias de su época, pero sus novelas te hacen sonreír por su humor y sus intrigas».

BLANCA LACASA

Vogue, octubre de 2012

‘Mala índole’. Nuevo libro de Javier Marías

MALA ÍNDOLE
CUENTOS ACEPTADOS Y ACEPTABLES
JAVIER MARÍAS
Alfaguara, Madrid, 3 de octubre de 2012

Índice y prólogo

«Ficciones lo bastante inteligentes para parecer sencillas, lo bastante diabólicas para parecer inocuas.»
The Times

«Más que un mero cuentista: un manipulador del alma que puede arrojar a sus lectores a nuevos estados de percepción. Toda una hazaña para cualquier escritor.»
The New York Journal of Books

«A Marías el cuento le va como un guante. Esta faceta de su talento pone de manifiesto el viejo y curioso parentesco entre el humor negro español y la ironía cáustica anglosajona.»
Philippe Nourry, Le Point

«En estos relatos podemos captar y saborear, como en un concentrado, lo que constituye el hechizo único de la prosa de Javier Marías.»
Jean-Pierre Ressot, La Quinzaine Littéraire

«Marías posee una infrecuente capacidad para hechizar la imaginación de sus lectores. Es más que un mero cuentista: es un manipulador del alma que puede arrojar a sus lectores a nuevos estados de percepción. Toda una hazaña para cualquier escritor.»
New York Journal of Books

«Inteligente e inquietante […] Un fascinante mosaico de personajes e historias.»
The Times

«Mundano, elegante, desenvuelto, descubre un mundo espeluznante de codicia, lujuria y asesinato bajo cada encuentro en apariencia inocuo.»
John Spurling, Sunday Times

«Elegante e imperturbable, hay una voz reconocible en todo el conjunto, que se pasea por un paisaje de asesinatos, suicidios y aventuras fatales con la calma de un botánico curioso.»
Jerome Boyd Maunsell, The Times

«Lo sobresaliente de estos cuentos es la firmeza de su narración, la precisión y la economía de su prosa, su maestría del suspense y de los giros argumentales […] A esto se refieren los escritores cuando hablan de oficio.»
Sara Miller, The Chicago Tribune

Reedición de ‘Vidas escritas’

VIDAS ESCRITAS
JAVIER MARÍAS
Alfaguara,
Madrid, 3 de octubre de 2012

Índice y prólogo

 «Exquisitas y astutamente irónicas. Un libro encantador.»
Michael Dirda, The Washington Post

«Al leerlas, se cae de un modo insólito e inesperado en una sensación de éxtasis.»
The Washington Times

«Cuesta contenerse ante el encanto de estos breves retratos… Exquisitos y astutamente irónicos. Un libro encantador.»
Michael Dirda, The Washington Post

«Una maravilla que exige lecturas y relecturas.»
Antón Castro, El Periódico

«Marías es un escritor demasiado diestro como para acometer algo como una tediosa teoría de la biografía. […] Para Marías los grandes escritores no son enigmas por resolver, pero sí paradojas para saborear. De hecho, muchas de estas “vidas escritas” comienzan con una paradoja.»
Christopher Benfey, The New York Times Book Review

«Una lectura curiosa y gratificante. La voz segura e irónica de Marías junto con su perspicacia hacen que merezca la pena su lectura.»
Jamie Berger, San Francisco Chronicle

«El trabajo de Javier Marías atrae cada vez mayor atención internacional… Marías viste los hechos con algo muy parecido a la ficción y los despoja del lastre que los ata al suelo para liberarlos y dejar que se mezan y floten en una muestra curiosa y extrañamente aérea.»
Richard Eder, The Boston Globe

«Vidas escritas prueba lo cautivador, inteligente y original que es Marías como escritor… El éxito del libro se basa en el estilo y el tono, y Marías, cuyo sello es la precisión socarrona, cumple las espectativas con rigor y garbo.»
Sarah Emily Miano, The Observer

«Tengo la corazonada de que Vidas escritas, de Javier Marías, será considerado un texto de referencia en la historia de la biografía.»
Carl Rollyson, The New York Sun

«Veintiséis vidas de escritores presentadas en un estilo irónico y cautivador. Un escritor contando historias sobre otros escritores. Hasta los más estirados pedantes admitirán que lo hace muy bien.»
Chris Ulrich, East Bay Express

«Marías humaniza a estos autores imprescindibles y entra en su leyenda para contar de ellas cotidianidades e iluminar lados dudosos, mas no banalidades. El resultado es una mejor comprensión de aquellas vidas vistas aquí con “afecto y guasa”, y no exentas de ironía.»
Winston Manrique, Babelia

«Vidas escritas es una autobiografía acerca de otros, un viaje alrededor del cuarto de Javier Marías: en las fotos enmarcadas de las paredes, el autor aparece disfrazado unas veces de William Faulkner y otras de Henry James.»
Benjamín Prado, Diario 16