Enamoramientos, la impunidad

Los enamoramientos, del autor español Javier Marías, es una novela excelente. Es la historia de un crimen pero no es una novela negra. Yo la definiría como una novela de lenguaje. Y como una novela sobre la impunidad.

¿Por qué una novela de lenguaje? Porque ese es el principal talento de Javier Marías, moldear el lenguaje como si fuera una materia dúctil, mágica. Como para Platón, para Homero, para los grandes poetas –Eurípides, Sófocles, Shakespeare, Virginia Woolf– el lenguaje es su tierra, su ser. Aunque tuviera otro tema, o ninguno, una la leería para dejarse arrullar por la cadencia, por el ritmo, por la belleza variadísima de nuestro idioma, a veces aburrido, soso o farragoso en las manos de escritores y escritoras contemporáneos –con excepciones–.

Pero es también una novela sobre la impunidad. Posiblemente España sea uno de los países más corruptos de Europa, como Costa Rica lo es en Latinoamérica. La impunidad de esta novela es la de los pequeños crímenes que por fuerza van llevando a los grandes, pero mirados, sentidos, hablados desde las conciencias. Marías tiene talento para meterse en el alma de mujeres y hombres.

La buena literatura suele llevar al lector a pensar en su propia vida, en su propio país. La impunidad, grande y pequeña, ha sido y sigue siendo el principal objetivo de los políticos tradicionales de Costa Rica, especialmente del partido que hoy nos gobierna. Y me parece que, sin que nadie chistara, los diputados han dado un paso gigante hacia la impunidad legal con la nueva ley mordaza. ¡Guardar los secretos políticos! En una democracia no puede haber secretos políticos. Pero claro, nuestro sistema no es una democracia, de democracia lo único que tiene es el carnaval electoral. Es una ley que debe preocuparnos a los escritores pues impide la denuncia. Con esa ley no habría podido escribir La Loca de Gandoca. Y menos comentarla públicamente.

ANACRISTINA ROSSI

El Financiero (Costa Rica), 29 de julio de 2012

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