LA ZONA FANTASMA. 29 de julio de 2012. ¿Hay de qué extrañarse?

Uno se empeña en extrañarse, cuando no tendría por qué. Ya fue bastante sintomático que el Gobierno de Rajoy, mientras agravaba la crisis día sí y día también, anunciara una amnistía fiscal para los grandes de­fraudadores so pretexto de hacer aflorar ingentes sumas ocul­tas y lograr con ello una ridícula recaudación: a cambio de abonar el 10% de esos bienes mayúsculos, los evasores quedarían en paz y en la legalidad, sin ni siquiera deber explicar la procedencia de sus fortunas escamoteadas a Hacienda durante años. Al mismo tiempo, algunos ciudadanos cumplido­res están tributando un gravamen de hasta el 43%. O lo que es lo mismo: “Si usted es honrado y atiende a sus obligaciones, lo vamos a brear a impuestos y le vamos a reducir sus ingresos casi a la mitad; pero si es un chorizo y se ha dedicado a enga­ñar y robar al Estado, lo vamos a premiar con una extraordi­naria rebaja impositiva y le vamos a dar toda clase de facilida­des; no sólo no lo vamos a castigar, sino que va a descubrir que su estafa le trae mucha cuenta, le aporta beneficios y nuestro parabién”. Al Ministro Montoro sólo le ha faltado cuadrar­se ante los defraudadores con un taconazo y decirles con su voce­zuela: “A sus pies, señores, estamos para lo que gusten”.

Pero he aquí que la cosa no ha acabado de complacer a los evasores. Según la información de Sérvulo González en este diario, “Algunos despachos de abogados y asesores fiscales han manifestado dudas sobre la oportunidad de acogerse al proceso de regularización fiscal. Consideran que no existen suficientes garantías jurídicas para los que decidan aflorar su patrimonio oculto… y sostienen que hay otras vías para legalizar el dinero opaco de forma más barata. De hecho, ninguna gran fortuna se ha acogido aún a este proceso desde su entrada en vigor”. (Las cursivas son mías.) En vista de lo cual, Vocezuela ofrece a los defraudadores regularizar su situación pagando menos del 10% previsto y aclara que no comprobará sus declaraciones. ¿Cuánto menos? Sérvulo González pone un ejemplo: “Así, si un individuo tenía un millón de euros en negro en 2007, y le ha sacado una rentabilidad de 30.000 anuales (en torno al 3%) en 2008, 2009 y 2010, en la amnistía fiscal le bastaría pagar el 10% de esos 90.000 (esto es, 9.000) para blan­quear 1.090.000. En vez de tributar el 10%, valdrá con que pa­gue menos del 1 % del total del capital aflorado”. Si esto es así, la recaudación que obtendrá Vocezuela -la excusa era conseguir grandes cantidades- es de una ridiculez tan extrema que hay que buscar a la indecente medida alguna otra explicación.

Lo más llamativo del asunto es que Hacienda está en con­tacto con los abogados y asesores de los evasores, y que tanto a éstos como a aquéllos la amnistía no les parece lo bastante ven­tajosa y la desprecian, no la quieren. Y Hacienda, en vez de de­jarse de componendas y decirles a esos defraudadores: “Vamos por ustedes y se les va a caer el pelo; sabemos quiénes son” (pues es obvio que lo sabe: trata con sus asesores), se pliega a las exigencias de los delincuentes mientras machaca con subi­das desaforadas de impuestos a los ciudadanos corrientes y no les tose ni a la Iglesia ni a las mayores fortunas. Salvando las distancias, es como si a los asesinos no capturados se les propusiera: “Entréguense -nos conviene dar casos por resueltos- y ya verán qué bien les va. No tendrán que cumplir penas supe­riores a dos años de prisión y podrán reincorporarse limpios a la sociedad”. Y los asesinos respondieran a través de sus defensores: “Ay, no sé, dos años es mucho. Ya sé que me he cargado a una persona, pero me sale más a cuenta seguir huido. Lo más que estoy dispuesto a pasar en la cárcel es un mes, en celda para mí solo, con móvil, televisión y ordenador”.

Todo esto es inaudito, como lo es también que el Gobierno de Rajoy amnistíe de facto a los constructores y promotores inmo­biliarios que arruinaron las costas al amparo de la Ley del Suelo de Az­nar, y les permita sacar beneficios de sus desmanes e ilegalidades. En esa Ley está el origen de la catastró­fica burbuja inmobiliaria. Zapatero no osó o no quiso pincharla, pero el origen de esta crisis se remonta a Aznar. Suya es en gran medida esa “herencia recibida” a la que apelan con cinismo a diario Rajoy, sus ministros, Aguirre y Cospedal.

Sí, a estas amnistías obscenas hay que buscarles explica­ción, tal vez sea esta: el PP trata con comprensión y delicadeza, siente respeto y aun fascinación por los corruptos y defrauda­dores de alto rango porque hay todos los indicios de que la ma­yoría le son afines y no pocos son miembros (o ex-miembros, tanto da: lo eran cuando se corrompieron) de su partido. Gürtel, las Comunidades de Valencia y Madrid, Matas, Bárcenas, Ban­kia, la CAM, Novagalicia, quienes negociaban con Urdangarin, Carlos Fabra, Canal Nou… Hay probables o seguros corruptos en el PSOE, en Unió Mallorquina, en CiU, en Esquerra, en ID. Pero no hay formación con un número de imputados y sospe­chosos que se asemeje remotamente al alcanzado por el PP, ese partido al que tantos hoy damnificados ex­tendieron un cheque en blanco (eso es una mayoría absoluta) hace sólo ocho meses. No, no hay de qué extrañarse, en realidad.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 29 de julio de 2012

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