Javier Marías y Marcel Proust

Conferenza:
“Deux hommes qui observent: Javier Marías y Marcel Proust”
Relatore: Alexis Grohmann (University of Edinburgh)
A cura di Elide Pittarello
Giovedì 1 dicembre 2011. Ore: 15.45
Dipartimento di Filosofia e Beni Culturali, Università Ca’ Foscari
Palazzo Malcanton Marcorà, Sala Riunioni 4º piano
Dorsoduro 3484 d. Venezia
Ingresso libero

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LA ZONA FANTASMA. 27 de noviembre de 2011. Aspavientos de virtud

No es nada nuevo, sobre todo en los Estados Unidos. Hay películas de los años cincuenta, cuando la televisión estaba en sus albores, en las que ya se nos mostraba el cuidado que debían llevar los responsables de los programas para no enfadar ni escandalizar a las marcas que los patrocinaban, las cuales podían retirarles el apoyo económico y por lo tanto influían en los contenidos y ejercían una censura de facto casi comparable a la de los pervertidos curas y retorcidos funcionarios de la España de Franco. Si no recuerdo mal, hasta en la memorable comedia Una mujer de cuidado (1957), de Frank Tashlin, con mi favorita Jayne Mansfield, se percibía cómo quienes trabajaban en la televisión vivían pendientes de la espada de Damocles de las empresas puritanas, o más bien farisaicas. En la retirada de la publicidad hay hoy, además, un elemento publicitario. Cuando la modelo Kate Moss fue pillada en una foto esnifando cocaína, muchas de las marcas que la tenían contratada para sus campañas anunciaron, a bombo y platillo, que rescindían sus compromisos con la “cocainómana”. Al cabo de no mucho, sin embargo, y en vista de que Kate Moss fue entronizada como “heroína rompedora y rebelde” por una parte de la población -los más jóvenes, y es de suponer que los que también esnifaban, que no eran pocos-, algunas de aquellas marcas hipócritas la “perdonaron”, es decir, la recuperaron como imagen, me imagino que debiéndole pagar el doble de lo que le abonaban antes de su defenestración transitoria. Algo semejante le ocurrió al golfista Tiger Woods cuando se descubrió que, lejos de un marido modélico -esto es, fiel en el sexo-, era un empedernido mujeriego. Numerosas empresas que se habían desvivido por contar con él como icono, más que nada por sus triunfos deportivos, consideraron que un adúltero reincidente no era digno de representarlas y zanjaron sus relaciones con él. Otro tanto les sucede a aquellos famosos que meten la pata, sueltan una inconveniencia juzgada “políticamente incorrecta” o incurren en un escándalo “inaceptable”. ¿Temen las marcas verse contaminadas? No sé, el trecho es muy largo y sinuoso. Si yo veo a Woods recomendando -pongamos- una loción para el afeitado, ¿voy a inferir que sus fabricantes son adúlteros de calibre grueso o están fomentando el adulterio? ¿Creeré que el uso de esa loción convertirá en un terrible donjuán a mi marido? ¿Dejaré de comprársela por eso? Puede ser, el mundo rebosa de gente primitiva. Pero más bien me inclino a pensar que la reacción de las marcas es un ataque o aspaviento de virtud. El mensaje que envían a sus consumidores es: “Fíjense si seremos virtuosos que no queremos ser vistos en la compañía de una drogadicta ni de un adúltero. Están apestados”.

Jane Mansfield en "Una mujer de cuidado"

Rara vez he caído en el programa La noria. En esas pocas ocasiones, he aguantado sin cambiar de canal unos cinco minutos. Bastaba ese tiempo para percatarse de que se trataba de un espacio de griterío y escándalo y mala índole, aunque en él aparecieran periodistas supuestamente respetables y políticos supuestamente serios, me imagino que todos con su recompensa, en metal o en popularidad. No sé bien quién es El Cuco ni menos aún quién es su madre (sólo que el primero algo tuvo que ver en el asesinato de la joven Marta del Castillo: no suelo seguir los “sucesos” en detalle, a diferencia de tantos compatriotas narcotizados). Aún sé menos qué fue lo que dijo esa señora cuando fue entrevistada en el mencionado programa: no sería muy distinto de lo que diría antes en otras pantallas, al parecer en las de Antena 3 y Cuatro. Lo que sí sé -qué remedio- es que, a raíz de su reciente intervención en la de Tele 5, una legión de empresas se ha hecho cruces, ha puesto el grito en el cielo y ha decidido retirar su publicidad de La noria. He aquí algunas: Vodafone España, L’Oréal, Nestlé, Campofrío, President, Puleva, Bayer, Panrico, Banco Sabadell, Reale Seguros y Milner. Con tal medida han querido hacerse los virtuosos, sin duda alguna, y “castigar” al programa que, durante sus más de cuatro años de existencia, les había parecido de perlas y no les había causado el menor problema de conciencia, es decir, al que habían aplaudido y financiado con sus anuncios carísimos. Sin haberlo visto apenas, como he dicho, ni antes ni después de la tan nociva aparición de la madre de El Cuco, les preguntaría a Milner, Reale Seguros, Banco Sabadell, Panrico, Bayer, Puleva, President, Campofrío, Nestlé, L’Oréal y Vodafone España: “¿De veras les parecía a ustedes un programa ejemplar e inocuo, durante tantos años? ¿No hubo ningún precedente que les hiciera sospechar que un día los avergonzaría y contaminaría? ¿Nunca se maliciaron que podría entrevistarse en él a la madre de un presunto delincuente, que, como es propio de las madres, imagino que lo habrá defendido? ¿Acaso no se anunciaban ustedes en él precisamente por su griterío, su frecuente mala índole y sus escándalos, que lo llevaban a gozar de numerosos espectadores?” Todas esas empresas y marcas, desde mi personal punto de vista, merecerían perder confianza de sus clientes a partir de hoy. No por haber insertado su publicidad en La noria durante largo tiempo, sino por haberla retirado ahora, en lo que tiene toda la pinta de ser tan sólo una medida de redomada hipocresía.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 27 de noviembre de 2011

Nuevo estudio norteamericano de la obra de Javier Marías

A COMPANION TO JAVIER MARÍAS
DAVID K. HERZBERGER
(Professor and Chair of the Department of Hispanic Studies at the University of California, Riverside)
Tamesis, october 2011

Contents

Foreword

Introduction

Chapiter I: Writing in the Newspapers: Everything under the Sun

Chapiter II: Two Early Novels: Los dominios del lobo and Travesía  del horizonte

Chapiter III: Two Transitional Novels: El siglo and El hombre sentimental

Chapiter IV: On Oxford, Redonda, and the Practice of Reading: Todas las almas and Negra espalda del tiempo

Chapiter V: Two Shakespearean Novels

Chapiter VI: Tu rostro mañana

Chapiter VII: Other Writings

Suggested Further Reading

Bibliography

This book provides the most comprehensive study to date of the full range of Marías’ writing, including discussion and analysis of his literary and intellectual formation, his development as a novelist and short story writer, and his unique perspective offered in nearly twenty-five years of newspaper columns on topics ranging from religion to football. Above all, Marías is examined as a writer of fictions. As a translator of several canonical works from English to Spanish, Marías came to appreciate the preciseness of words as well as their ambiguity, their capacity to represent as well as their propensity to distort. The author examines Marías’s constant awareness of how language can be used to construct stories as the foundation for engaging the world as well as for imagining it. The nature of Marías’s storytelling, and the way in which he imagines, form the principal focus of this Companion.

Javier Marías dice que “es esencial que haya un día para los libreros de toda la vida”

El escritor Javier Marías, académico de la lengua desde 2008, augura una larga vida al libro de papel y considera necesario que se incluya en el calendario un día dedicado a las librerías, un sector “insustituible” y que “parece estar cada vez más amenazado” por la crisis.

“Es esencial que haya un día reservado a los libreros, sobre todo a los de toda la vida, a esos que no son grandes superficies, que conocen el gusto de sus lectores y les recomiendan libros y más aún ahora que parece que se ciernen ciertas amenazas sobre ellos”, ha explicado Marías (Madrid, 1951) en declaraciones a Efe.

Autor de novelas como Los enamoramientos o Corazón tan blanco, Marías es también el fundador de la editorial “Reino de Redonda”. Precisamente de su experiencia como editor ha hablado hoy en una librería madrileña ante decenas de personas que se apiñaban para escucharle en un pequeño espacio.

Era uno de los numerosos actos que se han celebrado hoy en toda España con motivo del “Día de los Libreros”, una jornada festiva, organizada por primera vez por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y cuyo objetivo es transmitir al público el amor por la literatura.

“Éste es un oficio desagradecido”, ha dicho antes de confesar que “el truco” de que su editorial siga adelante, publicando de media “dos libros al año”, es “no hacer números de lo que se gasta y de lo que ingresa” porque si los hiciera se “llevaría las manos a la cabeza”.

“Es un trabajo difícil, sobre todo porque los medios de comunicación no prestan demasiada atención a las librerías pequeñas”, ha lamentado.

Amante de la literatura en papel, Marías ha querido también desmentir que el libro vaya a ser sustituido por los soportes electrónicos tan de moda actualmente.

“La gente está muy alarmada pero todavía le queda mucha vida. Los de mi generación hemos crecido entre libros, hemos aprendido a valorar su belleza, no digo que no vayamos a leer en otros soportes, pero nunca dejaremos el libro en papel. Hasta que nos muramos, el libro tiene vida asegurada. Luego, quién sabe”, ha comentado.

Pero además de esta conferencia que Marías ha dado junto al escritor y ensayista Manuel Rodríguez Rivero, las librerías de toda España adscritas a la CEGAL han abierto sus puertas al público hasta las 22.00 horas y les han invitado a entrar para compartir juntos el placer por la lectura…

LAURA SERRANO-CONDE

EFE, 25 de noviembre de 2011

El Día de las Librerías reúne a autores y lectores en más de 100 establecimientos

“Todo es bueno para ayudar a los libreros”, decía Javier Marías en la Librería Méndez de Madrid. El escritor se puso anoche el disfraz de republicana majestad del reino de Redonda para celebrar con Manuel Rodríguez Rivero el Día de las Librerías. La charla sobre la editorial que fundó Marías fue uno de los actos más memorables entre los celebrados en los más de 100 establecimientos pertenecientes a la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), que inauguraron ayer una fecha para guardar anualmente.

La fiesta en las Tres Rosas Amarillas congregó a los habituales -entre 20 y 30 personas- a su cata ciega de los viernes y “unos cuantos más”, como preveía José Luis Pereira, uno de los tres socios a los que hace tres años se le ocurrió la idea de fundar un rincón para el cuento en el centro de Madrid. “Normalmente no decimos el autor del texto que leemos, lo afrontamos de la manera más limpia posible y jugamos a adivinar quién lo escribió”, explicaba el dueño. En este lugar presidido por una palmera anoche se escucharon los relatos de Carver, Borges, José Luis Torres Vitolas y Víctor García Antón.

Estos tres socios junto a sus tres vecinos de barrio Alfonso Tordesillas, Francisco Llorca y Gonzalo Queipo, responsables de Tipos Infames, y Fernando Velasco, dueño de Bajo el Volcán, representan a un nuevo tipo de librero que igual que recomienda una obra, sirve un café, una copa o un vino, aunando barra y estantería en un mismo negocio.

La librería escogida por Marías y Rodríguez Rivero, con algo más de solera, juega en la división de establecimientos como Visor o Antonio Machado. La liga de los libreros de toda la vida. “Hasta que los que nos educamos en papel no empecemos a morir, el libro perdurará”, decía Marías en referencia a la nueva amenaza digital que se cierne sobre muchos comercios a los que les cuesta la adaptación a estos nuevos dispositivos. La edición digital de la prensa y los libros alcanzó los 780 millones de euros en 2010, un 6,3% más que en 2009, según el Informe anual de los contenidos digitales en España.

En la librería Cámara de Bilbao, una de las preferidas del escritor Kirmen Uribe, celebraron una cata de vinos, amenizada con un concierto. En A Coruña apostaron por la versión más lúdica, y en Molist organizaron concursos de marcapáginas y de disfraces, mientras cinco escritores conversaban con sus lectores en Facebook. Cualquier chispazo de imaginación era válido para festejar en un día para recordar que aunque la cifra no es escandalosa -según un estudio de BCF Consultors sobre la base de 618 librerías españolas, 14 cerraron en 2010, un 0,78%-, “una amenaza se cierne sobre el libro”, como recalcó Javier Marías.

ANA MARCOS

El País, 26 de noviembre de 2011

Diario de Navarra
Abc
El Día
Público

Conversación sobre Reino de Redonda

 

 El próximo viernes 25 de noviembre, DÍA DE LAS LIBRERÍAS, a las 7 de la tarde, en la Librería Méndez (calle Mayor 18), el crítico Manuel Rodríguez Rivero y el escritor, editor y rey de Redonda Javier Marías conversarán sobre el Reino de Redonda (la isla, el reino y la editorial). El horario de la librería se ampliará hasta las diez de la noche y todos los libros tendrán un 5% de descuento.

Javier Marías: “No creo ser un referente, los escritores sólo citan a Bolaño”

Antes de que Javier Marías (1951) escribiera 13 novelas, de ser reconocido con premios como el Rómulo Gallegos y el José Donoso. Antes de ser elogiado por su traducción de Tristram Shandy, de Laurence Sterne, el escritor español leía con fervor los ejemplares de la editorial Penguin. “Me pasaba la vida comprando libros de Penguin Modern Classics”, recuerda el narrador y traductor sobre la prestigiosa editorial inglesa, que en octubre pasado decidió incluirlo en su catálogo. El fichaje se realizó en la Feria del Libro de Frankfurt.

Hasta ahora, Penguin sólo había publicado a cinco autores hispanoamericanos: Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Octavio Paz y Gabriel García Márquez. “En 1971 tenía 20 años, y era un estudiante de Filología Inglesa. La colección tenía el lomo gris, y entre sus autores figuraban Henry James, Faulkner, Virginia Woolf y James Joyce”, dice Marías, quien publicó su primera novela, Los dominios del lobo, hace 40 años. Para el aniversario, el sello Alfaguara reeditó el volumen, con un prólogo de Marías sobre la historia delibro.

Mientras, el sello Penguin anuncia para agosto de 2012 la publicación de cinco de sus novelas, entre ellas, Corazón tan blanco (1992) y Negra espalda del tiempo (1998), además de los ensayos Vidas escritas (1992) y el libro de cuentos Cuando fui mortal (1996).

Pero hay más sobre la consagración internacional de Marías. El próximo año, la editorial norteamericana Knopf publicará su última novela, Los enamoramientos (2011), en EE.UU. y Canadá. Un salto tras finalizar la trilogía Tu rostro mañana, iniciada el 2002 y cerrada el 2007.

¿Qué le parece compartir colección con Marcel Proust y Vladimir Nabokov?

Ellos han pasado a ser “Classics” a secas, como es natural. Pensar que en el futuro alguien pueda confundirme con autores así no puede sino parecerme un malentendido monumental.

Pero usted ya es un referente para la literatura en español, ¿no?

No creo ser un referente en modo alguno. Tengo la impresión de que los escritores hispanoamericanos casi sólo citan a Roberto Bolaño. Sobre todo a raíz de su muerte prematura y triste. La verdad, ni siquiera estoy muy seguro de ser leído con regularidad en Latinoamérica.

Luego de Tu rostro mañana afirmó que le fue muy difícil volver a escribir. Este año publicó Los enamoramientos. ¿Hay un antes y un después con esta novela?

Me temo que el antes-después lo marcó Tu rostro mañana. Tras terminar esa larguísima novela pensé que no escribiría ninguna más, y que si lo hacía serían “propinas” o “notas a pie de página”. Al parecer, Los enamoramientos no ha sido recibida así, ni por la crítica ni por los lectores. En seis meses, en España lleva vendido más de 100.000 ejemplares. Lo cual me alegra, pero yo escribí ese libro con mucha inseguridad, pensando que era una “propina”. Y me temo que seguiré pensando lo mismo de cuanto escriba en el futuro, si hay algo más.

¿Y hay algo más? ¿Haría una novela histórica por ejemplo?

De momento no escribo aún ninguna novela nueva. En todo caso, si empiezo algo, seguro que no pertenecerá a ese género, que nunca me ha interesado, a diferencia de lo que le ocurre a la población lectora actual. Me cuesta creerme las novelas históricas. En cuanto hay diálogos, me chirrían casi siempre. Y la documentación que suele acompañarlas me resulta tediosa. Esas novelas están llenas de pasajes que son los que, de niños, nos saltábamos cuando leíamos a Walter Scott, Salgari o incluso a Julio Verne. En eso me sigo comportando como el niño que fui.

JAVIER GARCÍA

La Tercera (Chile), 20 de noviembre de 2011

La República (Perú)

Un país podrido y desaparecido

Uwe Tellkamp es un escritor de largo recorrido, que encauza la acción de forma parsimoniosa, recreando la mortecina danza del funcionario que vacila entre la prepotencia y el miedo, entre la arrogancia y el pánico, básicamente a través de la descripción del paisaje, de la disección del detalle. Es un escritor visual. Lo admite y lo justifica. “Deberíamos ir a la cuestión básica: ¿qué es un novelista? Para mí un novelista es un contador de historias, que pueden contener más o menos partes de ensayo. Yo, personalmente, trato de excluir los ensayos de las novelas. A veces no hay más remedio que introducir esa parte de ensayo, cierto, pero es una práctica que considero una enfermedad alemana”. Y cuando se le pregunta si puede destacar algún escritor que tenga la talla de Grass o de Böhl, da un quiebro y responde: “Estoy orgulloso de poder decirlo: Javier Marías. Es un gran escritor”.

El País, Babelia, 19 de noviembre de 2011

LA ZONA FANTASMA. 20 de noviembre de 2011. Un pequeño esfuerzo de imaginación

Sin duda porque viví cierto tiempo en Italia y tengo amistades en ese país, hace años que tiendo a compadecerme y a sentir lástima por el conjunto de sus habitantes y por su situación, emparedados entre la omnímoda corrupción de Berlusconi y el apenas disimulado fascismo de Bossi. Quizá porque una vez estuve en Caracas, donde conocí a personas estimables y se me trató bien, tiendo a ver a los venezolanos, desde hace mucho, como víctimas de una semidictadura que cada vez es menos “semi”. Desde siempre me apena la situación de los argentinos, que van de peronismo en peronismo (sería como si en España fuéramos de franquismo en franquismo, y se hubiera inventado el más flagrante oxímoron, un “franquismo de izquierdas”) con breves interrupciones, alguna peor que la norma, como la sangrienta junta militar de los años setenta y ochenta. Y así podríamos seguir con no pocos países. Tendemos, en primera instancia, a ver a los pueblos como víctimas de sus malos o pésimos gobernantes, y así ha de ser a buen seguro en los regímenes dictatoriales producto de un golpe de Estado o de la victoria en una guerra, con su imposición de leyes y prohibiciones, su continuo uso de la fuerza, su persecución de los disidentes y de la libertad de expresión y de prensa, su encarcelamiento de “desafectos” y críticos: China, Birmania, Irán, Cuba, la Libia de Gadafi o la Siria de El Asad, la Arabia Saudí de los vetustos príncipes o la Guinea de Obiang, sitios todos en los que nadie se atreve a levantar la cabeza, so pena de que se la corten.

Reconozco que, en ese primer impulso, asimilo a Italia, Venezuela, la Argentina o Rusia con los últimos países mencionados. “Pobres gentes”, piensa uno de todos. “Qué mala suerte, lo que tienen que soportar”. Es sólo más tarde cuando se ve impelido a corregir el sentimiento de lástima: cuando cae en la cuenta de que en realidad el grueso de los italianos, venezolanos y argentinos (por seguir con estos tres ejemplos, habría más) no merecen ninguna conmiseración, porque llevan años eligiendo, en votaciones vagamente democráticas, a esos espantosos gobernantes sin apenas sentido de la democracia y que provocan vergüenza, amén de incontables males para sus países. En el caso de Italia me cuesta más retirarles la compasión, y se la mantengo a esas amistades desesperadas que -me consta- nunca han tenido arte ni parte en la perpetuación de Berlusconi ni de Bossi. Pero, con la razón, no puedo mantenérsela al conjunto de la población, responsable directo de lustros de desastroso gobierno, cuasi totalitario y grotesco. “La salvación ha estado en su mano, a diferencia de las naciones en que no hay posibilidad de elegir; y, a sabiendas, han escogido la calamidad”.

Hoy votamos aquí, y como dije hace semanas, se trata más bien de inclinarnos por quienes nos dan cien patadas o por quienes nos dan noventa y nueve y media. Así es, al menos, para una porción notable del electorado. Los dos partidos que pueden gobernar ya lo han hecho, luego no podemos llamarnos a engaño ni podremos escudarnos en que no sabíamos, en que confiamos en alguien nuevo que después nos defraudó. Los candidatos a Presidente no son los mismos que desempeñaron el cargo, es verdad. Pero uno ha sido ministro y Vicepresidente de Zapatero, el otro fue ministro y Vicepresidente de Aznar y además fue designado por éste, a dedo, como su sucesor. En el improbable gabinete de Rubalcaba es casi seguro que nos encontraríamos con caras bien conocidas de los últimos ocho años. En el muy probable de Rajoy apenas cabe duda de que veríamos a gente de la vieja guardia de Aznar, como Trillo, Arenas, Montoro, Arias Cañete o Ana Pastor (engorroso que esa ex-ministra lleve el mismo nombre que la valiosa periodista de TVE); también a individuos que llevan dos legislaturas soltando falacias y exabruptos sin cesar, como Sáenz de Santamaría, González Pons o Cospedal. En el otro bando, a individuos que llevan el mismo tiempo soltando mentiras e imbecilidades sin cuento, incumpliendo promesas y renunciando a sus principios. Mal está el asunto, eso no se le escapa a nadie. Los llamados partidos minoritarios no ofrecen, a mi parecer, mayor inteligencia ni ecuanimidad. Ninguno. En cuanto al voto en blanco, el nulo o la abstención, considero que quienes optan por ellos son quienes menos derecho tendrán a lamentarse y menos merecedores serán de compasión, llegado el caso de que toque eso antes o después: sentirnos tentados a compadecernos. La situación económica no va a sufrir grandes cambios bajo ningún Gobierno, a corto plazo. Las medidas del PP ya las conocemos, por cómo privatiza, recorta y “gürtelea” en las comunidades bajo su control. Las del PSOE, a la vista están. Ambos obedecerán a Alemania y al FMI en lo fundamental. Pero ¿qué Gobierno nos dará más vergüenza, cuál juzgaremos mayor catástrofe? Aunque los candidatos sean distintos, hay que recordar los anteriores, los de Zapatero con sus Bibianas y los de Aznar con sus obispos mandones. Hagan memoria. Piensen cuál nos inspiró más bochorno y mayor aversión, cuál nos ha irritado y exasperado más, con cuál de los dos nos ocurría más lo que al parecer les sucede ahora a los franceses con Sarkozy y a los italianos con Berlusconi: cada vez que se les aparecen en televisión, sienten la necesidad imperiosa de cambiar de canal. Recuerden que en ningún caso seremos dignos de lástima, porque habremos elegido. ¿Quién nos sacará más de quicio, Rubalcaba o Rajoy? Hagan un pequeño esfuerzo de imaginación.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 20 de noviembre de 2011

While the Women are Sleeping


VINTAGE

Javier Marías writes stories that are playful and macabre – he’s a sort of mid-point between Borges and Roald Dahl. In the title story, a couple, on holiday in Minorca, spend their days gawping at another couple, a fat man and his beautiful girlfriend. The fat man spends his whole time filming the woman’s perfect, near-naked body. Later, he explains his reason for doing so; it’s chilling and sick. In another story, a man tells us about the only time his wife satisfied him sexually; it coincided with a period when he was under pressure to disinter, and then cremate, his dead father.

WILLIAM LEITH

London Evening Standard, November 10, 2011

When Snoops and Snitches are everywhere

Javier Marías reflexiona sobre el món de les idees i la creació literària

Amb motiu de la commemoració dels quaranta anys de vida literària de Javier Marías amb la reedició de la seva primera obra, Los dominios del lobo (1971-2011), avui, 15 de novembre, ha tingut lloc una conversa entre l’escriptor i membre de la Real Academia Española i Jaume Casals i Domingo Ródenas, catedràtic de Filosofia i professor de Literatura Espanyola de la UPF, respectivament. 

L’acte, organitzat per la Facultat d’Humanitats i moderat per Javier Aparicio, professor de Literatura Contemporània i vicedegà de Cultura de la Facultat, ha tingut lloc a l’auditori del campus de la Ciutadella, que s’ha omplert per escoltar l’escriptor.

L’objectiu del col·loqui, transmès en directe per la web de la UPF, ha estat apropar-se al món literari de Javier Marías en relació amb el procés de traducció i posar en relleu la influència del pensament i les idees en la creació de les seves novel·les.

Mireia Trenchs, degana de la Facultat d’Humanitats, ha obert l’acte i seguidament, ha transcorregut el coloqui, que s’ha completat amb diverses preguntes formulades pel públic assistent. L’acte ha conclòs amb una intervenció de Josep Joan Moreso, rector de la UPF.

UPF, 15 de novembre de 2011

Javier Marías en la Universidad Pompeu Fabra

Javier Marías reflexiona sobre el mundo de las ideas y la creación literaria

Con motivo de la conmemoración de los cuarenta años de vida literaria de Javier Marías con la reedición de su primera obra, Los dominios del lobo (1971-2011), el próximo martes 15 de noviembre se celebrará un encuentro entre el escritor y miembro de la Real Academia Española y Jaume Casals i Domingo Ródenas, catedràtico de Filosofia y profesor de Literatura Española de la UPF, respectivamente. Javier Aparicio, vicedecano de Cultura de la Facultad de Humanidades y profesor de Literatura Contemporánea, será el moderador del acto.

El coloquio, organizado por la Facultad de Humanidades, tendrá lugar a las 12:00 horas en el Auditorio l’Àgora Jordi Rubió i Balaguer del campus de la Ciutadella (Ramon Trias Fargas, 25-27. Barcelona), y pretende aproximarse al mundo literario del escritor en relació con el proceso de traducción y poner de relieve la influencia del pensamiento y las ideas en la creación de sus novelas.

El acto, abierto a la comunidad universitaria y al público en general, se podrá seguir en directo a través de la web de la UPF.

LA ZONA FANTASMA. 13 de noviembre de 2011. En busca de la infelicidad permanente

Hace muchos años coincidí en un cocktail con un famoso poeta español muy admirado y querido por sus colegas (cosa extraña), al que apenas conocía. Le pregunté qué tal estaba, pues me habían dicho que había tenido la salud quebrantada. Con gesto enormemente serio y doliente (ante el que me temí lo peor), puso los ojos en blanco y me contestó: “¿Cómo voy a estar, con las noticias que traen todos los días los periódicos? Muy mal. Deprimido y horrorizado”. No recuerdo qué noticias eran aquellas, lo cual es normal, puesto que a lo largo de toda la historia han ocurrido espantosos sucesos en casi todas partes. “Entiendo”, respondí por educación (en el fondo estaba pensando: “Menudo cursi este poeta tan celebrado”); y añadí: “Pero me refería a cómo estás tú. He oído que has andado un poco malo”. No hizo caso, y prosiguió con su jeremiada: “Nadie puede estar bien con lo que está pasando en el mundo”, y me enumeró guerras e injusticias que tenían lugar en remotos puntos del planeta. No en España ni siquiera en Francia o Italia, sino, qué sé yo, tal vez en Uzbekistán, en Mongolia Exterior o en Zimbabue. Supuse que su salud se había recuperado, dado que le quedaban energías para padecer todas las mañanas por lo que leía que sucedía en las cuatro esquinas del globo. Recuerdo que me despedí de él pensando: “Hay que ver, un hombre dispuesto a ser infeliz permanentemente”.

Cada vez veo a más personas voluntariosamente aquejadas del mismo sufrimiento universal que impedía a aquel poeta levantarse con cierta normalidad de la cama. Gente que, si carece de motivos personales para sentirse desgraciada, los busca (y, claro está, los encuentra) en los lugares más recónditos de la tierra. Se podría pensar que son seres con una empatía desmedida, hipertrofiada, que -por raro que parezca- padecen con igual intensidad las desdichas de sus padres o hijos que las de los perseguidos disidentes chinos, los apaleados monjes birmanos y los niños desnutridos que pueblan África. Claro que cualquier injusticia es lamentable, y que a todos se nos encoge el ánimo cuando nos informan de ellas los telediarios. Pero nuestra capacidad normal de compasión tiene un límite, y no podemos pasarnos el día atormentándonos por lo que nos muestran las pantallas. Nos quedaríamos paralizados a perpetuidad, no levantaríamos cabeza en toda la jornada, no haríamos nada, ni siquiera por nuestros allegados. Curiosamente, los adictos al sufrimiento universal y continuo casi nunca hablan del mendigo que duerme en su calle ni de los parados que hoy conocemos todos. Están demasiado cerca, me temo, y, así como poca mano podemos echar a los chinos, a los birmanos y a los africanos, algo podríamos hacer por esos desfavorecidos que están al lado. Pero qué escasa grandeza tiene eso. Y qué molestia.

Leo un artículo de otra poeta, titulado con originalidad “Indignación”, en el que la autora vocea las muchas cosas que se la producen. Desde luego hay motivos para abrigar ese sentimiento, aquí y por doquier, pero las miras de esta mujer son tal altas y amplias que resultan inabarcables y abrumadoras, y a buen seguro la condenan a la infelicidad sin pausa. “Los derechos universales”, escribe, “han de ser entendidos y defendidos globalmente, sin excepción de pueblos ni razas, humanas y no humanas, pues lo que afecta a uno solo de los seres del planeta nos afecta a todos” [la cursiva es mía]. Esta idea ya la expresó con más talento John Donne hace casi cuatro siglos, sólo que no incurrió en la simpleza de considerar a los “no humanos” en el mismo plano que a los humanos. Un poco más adelante, la poeta actual insiste: “Me indigno porque no acabamos de considerar a los demás seres de este planeta como semejantes. Porque haya que seguir pidiendo perdón por pensar que un animal es uno de nosotros y por decir en voz alta que son mejores que nosotros”. Se equivoca; no tiene por qué pedir perdón: puede pensar y decir lo que se le antoje, faltaría más. Y así lo hace al añadir: “Me indigna que no sintamos en nosotros al animal, al auténtico animal, clamando por un poco de sosiego”. Pues no sé, la verdad, si los animales claman sosiego ni si son “mejores que nosotros”. Tengo la noción de que la mayoría andan depredándose unos a otros (por algo existe la expresión “ley de la selva”, para referirse a las situaciones en que no hay cortapisas ni clemencia ni freno, y en que cada cual impone su fuerza y no existe amparo para el más débil). Tampoco sé de ningún animal que haya inventado vacunas ni curado enfermedades, construido casas ni renunciado a parte de su poder mediante leyes, por supuesto que haya compuesto música ni poesía. Pero, sobre todo, si no nos deja descansar nada de lo que le acontece a nadie en el mundo; si no hay que hacer “excepción de pueblos ni razas, humanas y no humanas”, y por tanto hemos de sufrir e indignarnos indeciblemente por cada mosquito y por cada hoja, y tal vez por cada guijarro, es la mejor manera de prohibirse estar medianamente contento nunca, y hasta de funcionar en la vida. Es la perfecta manera de convertirnos en dolientes y absolutos inútiles. Lo preocupante no son esta o aquel otro poeta, sino que cada vez haya más gente así: por consiguiente, permanente y gratuitamente amargada y ceñuda. Pero no crean que la autora del artículo no propone soluciones. “Y ¿qué hacer? ¿Qué modelo inventar?”, se pregunta. Su respuesta es también novedosa: “Clamar por la sabiduría. Educar a un niño poniendo a su alcance los medios para la más alta compresión”. [sic] “Mirar hacia otros pueblos, los últimos supervivientes de las selvas tropicales”. Por lo menos dice “mirar”, y no nos envía a la jungla a todos, sin taparrabos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 13 de noviembre de 2011

Javier Marías cree que el 20-N “elegiremos entre quien nos da 100 patadas o 99 y media”

Javier Marías ha reunido en un libro [Ni se les ocurra disparar] sus artículos de los dos últimos años, en los que siempre dice lo que piensa aunque sus opiniones levanten polvareda. Muy crítico con los políticos españoles, asegura que el próximo 20 de noviembre “se trata de elegir entre quien nos da 100 patadas o 99 y media”.

“Para mucha gente ninguno de los candidatos de los dos principales partidos nos gusta; a unos les darán cien patadas y a otros, 99 y media”, afirma Marías en una entrevista con Efe, con motivo de la aparición del libro Ni se les ocurra disparar (Alfaguara), que contiene los artículos publicados en El País Semanal entre el 8 de febrero de 2009 y el 6 de febrero de 2011.

Esta obra ve la luz pocos meses después de su novela Los enamoramientos, de la que se han vendido ya 120.000 ejemplares y va a ser traducida a veinte lenguas.

A este éxito, que el autor atribuye a “la suerte” que tiene con los lectores, se suma su reciente fichaje por la prestigiosa editorial inglesa Penguin para su colección Modern Classics, en la que los únicos autores en lengua española eran hasta ahora García Lorca, Borges, Neruda, Paz y García Márquez.

“El hecho de ver mis libros de pronto en esa colección en la que, cuando yo estudiaba Filología Inglesa, incluía a gente como Conrad, Faulkner, Henry James, Joyce o Virginia Woolf, es un honor, pero también me produce estupefacción, porque cualquier posible confusión de mis obras con la de estos clásicos me parece un absurdo”, comenta el escritor en su casa de Madrid.

Desde hace dieciséis años Marías mantiene una cita semanal con sus lectores en esos artículos que dedica a temas que le apasionan, como la literatura, el cine y el fútbol, y a otros que le preocupan como ciudadano, entre ellos la situación política de España o “el disparate en que se han convertido las ciudades hoy día”.

“Uno de los problemas más graves de Madrid y de cualquier ciudad es que el espacio que era para la vida y para el trabajo de los habitantes está usurpado y tomado por la autoridades, que en vez de mimar a las personas que aún trabajan, parece que se confabulan para que todo se ponga al servicio de la gente que está ociosa”, señala.

La realidad “se repite” y a Marías no le queda más remedio que “ser pelmazo” e insistir en ciertos temas, como en sus críticas a los políticos españoles que, en su opinión, “están muy fuera de la realidad y dan la impresión de que se han olvidado de que están al servicio de la gente”.

El pasado lunes vio el debate en TVE entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, aunque “distraídamente”, mientras leía el periódico. En términos generales, le pareció “bastante aburrido, con un formato demasiado rígido y sin verdadero diálogo entre los dos candidatos”.

El escritor considera “extraño” que se diera como ganador al líder del Partido Popular porque él lo vio “titubeante y a ratos incluso un poquito acorralado”.

Sus opiniones sobre las elecciones generales las desarrollará en el artículo que aparecerá ese domingo y del que comenta algunos aspectos con Efe:

“El esfuerzo de imaginación al que yo apelo es decir: ¿cuál de los dos posibles gobiernos nos puede sacar más de quicio, intentando recordar cómo nos sacó de quicio Aznar en su día y cómo lo ha hecho también Zapatero”.

En lo que sí le da la razón al candidato del PSOE es en que “la burbuja inmobiliaria disparatada” que hay en España se debe en parte al Partido Popular y a la ley que aprobó en 1998, “cuando se dijo que todo suelo es urbanizable”.

El PP, por lo que hace en las comunidades que tiene bajo su control, “da la impresión de que su tendencia es privatizar, recortar y ‘gurtulear’, porque en el caso Gurtel la mayoría de los imputados es gente relacionada con el Partido Popular”, añade el autor de Corazón tan blanco, a quien Rubalcaba le parece “un hombre honrado e inteligente”.

“Rajoy me parece honrado en principio, pero no puedo decir que me parezca muy inteligente”, añade.

En otro de sus artículos se queja de que las autoridades culturales de España suelen tratar mal a los escritores, y algunos tan importantes como Juan Benet, García Hortelano o Gil de Biedma “no han ganado ni siquiera un Premio Nacional”.

“Realmente, ¿tantas maravillas hay en la literatura española como para que nunca hayan sido merecedores de ese premio, cuando, en opinión de muchos, están entre los mejores de los últimos cuarenta años? Es raro”, se pregunta el autor de Tu rostro mañana.

Marías ha merecido numerosos galardones fuera de España, pero ningún premio nacional. El novelista le resta importancia a ese hecho, aunque asegura que, “a estas alturas”, tampoco aceptaría “ninguno”.

ANA MENDOZA

EFE, 12 de noviembre de 2011

EFE

Javier Marías se pregunta “si los escritores no estamos de adorno en la RAE”

Académico de la Lengua desde 2008, Javier Marías considera que la última reforma de la Ortografía española ha supuesto “un retroceso”, y se queja de que “los técnicos” que impulsaron la nueva edición no tuvieran en cuenta algunas de las objeciones que plantearon los escritores académicos.

“Supongo que a los escritores de la Academia, los filólogos nos deben de considerar un grupo de ignorantes, y a veces me pregunto si no estamos ahí un poco de adorno, lo cual es una sensación que no me agrada mucho”, señala Marías en la entrevista que concede a Efe para hablar de su nuevo libro, Ni se les ocurra disparar.

En esta obra, editada por Alfaguara, Marías reúne los artículos publicado en El País Semanal desde febrero de 2009 a febrero de 2011.

En los dos textos finales del libro, el escritor asegura que “la lengua española es menos elegante y menos clara” después de la reforma ortográfica aprobada por las veintidós Academias de la Lengua.

Entre otras cosas, a Marías no le gusta que “los técnicos” de la Academia hayan suprimido la tilde de palabras como “guion” y “truhan”, o que Qatar ahora se escriba Catar. “Es ridículo. ¿Por qué no poner entonces Cuwait?”

Esa reforma no fue bien vista por algunos académicos, entre ellos el gran lexicógrafo Manuel Seco, pero “sobre todo” fueron los escritores los que plantearon más objeciones.

Sin embargo, añade el escritor, lo que opinan los llamados “creadores a menudo es omitido, pasado por alto”. “Se nos considera no sé si ignorantes, quizá meramente intuitivos o qué sé yo qué”.

Este novelista cuya obra está traducida a cuarenta lenguas y publicada en 50 países comenta que algunos de los filólogos de la Academia “opinan que las cuestiones estéticas no caben en la lengua y que las cosas que se dicen da igual que las diga Cervantes o un periódico actual”.

“Para mí no es así: hay palabras y hay cuestiones en las que yo creo que hay que hacerle más caso a Cervantes o a lo más cercano que tengamos a Cervantes hoy en día”, asegura.

La reforma de la Ortografía, subraya, “no era necesaria”. “Si a mí me viene un día un grupo de académicos y me dicen: vamos a hacer como en italiano que en un momento dado quitaron las haches, a mí y a los que nos hemos criado con la hache, me costaría mucho, pero podría entenderlo porque es una letra que no se pronuncia”, afirma.

“Pero las reformas aprobadas las veo injustificadas y que no facilitan, sino que más bien confunden. Han empeorado la lengua”, concluye.

ANA MENDOZA

EFE, 12 de noviembre de 2011

“Tradicionalmente, la derecha en España solo dice estupideces”

Caricatura por Sciammarella

Saeta unos domingos, garrapata otros, el artículo de Javier Marías (Madrid, 1951, “60 años ya, qué raro suena”) en la penúltima de El País Semanal se cuela entre el café y el croissantpara provocar reacciones tan sanas ellas como la risa o la ira y la identificación o el rechazo. O esa cosa tan celtibérica que consiste en pensar y hasta en soltar: “¡coño, si esto es lo que yo decía!”, aun sin haberlo dicho nunca, claro. Y es que, a lo mejor, convertir en evidencias asuntos que no lo eran es el secreto del Marías articulista. Para aquellos que, por lo que sea -el berreo de los niños, la visita de los suegros o tal y cuál compromiso dolorosamente dominical- no gocen de tiempo y condición para el salvífico marías de cada siete días (o para quienes sientan irrefrenable afición por las compilaciones) el volumen Ni se les ocurra disparar (Alfaguara) reúne ahora parte de su producción de los dos últimos años.

Pregunta. Da la sensación de que sus artículos tratan del sentido común, o más bien de su pérdida. Claro que, si abundara ese sentido común, a lo peor se quedaba usted sin muchos temas…

Respuesta. Es que estamos en una época en la cual los que escribimos artículos de prensa perdemos demasiado tiempo en decir cosas que nos parecen obvias, de cajón. Y eso te da una sensación de pérdida de tiempo. Qué época más mala, una en la que sucede eso. Claro que a muchos les parecerá lo contrario, que la época está muy bien y que el imbécil soy yo. Además, claro, yo a veces me repito.

P. ¿Teme eso, repetirse, o la repetición puede acabar siendo un recurso?

R. Cuando tengo conciencia de que ya he hablado de un tema, pido disculpas. Prefiero no repetirme pero a veces es inevitable. Yo procuro no cansar. Aunque creo que a estas alturas todo el mundo debería estar cansado de leer a alguien todas las semanas desde hace ocho años. Pero bueno, parece que hay gente a la que no le importa. También intento que algunos artículos sean de un tono distinto al predominante, no todo puede ser indignación; así que hay artículos más irónicos, anecdóticos, que atañen más a la gente… y me he dado cuenta de que esos artículos hacen gracia.

P. No se puede estar siempre cabreado.

R. Intento que hasta en los artículos en los que estoy más indignado haya alguna broma, exageración o disparate. Si uno no exagera, no se divierte.

P. Pues no parece éste de ahora el país más idóneo para entender la ironía, la boutade o la exageración.

R. No, y cada vez menos. Lo cual es una cosa rara y preocupante y es un síntoma más de cierta decadencia general. Hace 30 años uno no tenía que tener cuidado cuando hablaba con ironía, porque se daba por descontado que la gente la entendía. Decir una cosa queriendo decir la contraria es una manera propia de la lengua española. Esto, ahora, no siempre se pilla.

P. ¿A qué achaca esa regresión?

R. No me atrevería a hacer un diagnóstico, pero cada vez hay más gente seria, gente que ve mal casi cualquier cosa. Esto tiene mucho que ver con el lenguaje políticamente correcto. La relación entre el lenguaje y el pensamiento es tan directa, que si uno intenta controlar lo que se dice y estipular una serie de normas de lo que se debe decir, de lo que se puede decir, en el fondo está controlando también la manera de pensar. El lenguaje políticamente correcto ha hecho que la gente piense de una forma más solemne, que no aguante ni una broma.

P. También abunda hoy un tipo de gente que, siendo tecnológicamente capaz de todo, no sabe de casi nada.

R. Bueno, mi padre dijo una vez que el hombre contemporáneo se estaba convirtiendo en un primitivo repleto de información, y yo en esa frase cada vez le voy dando más la razón. Por supuesto, ya casi nadie se preocupa de saber por qué funciona algo. A nadie le importa el porqué.

P. O sea, sí los cómos, no los porqués…

R. Da la sensación de que se ha perdido de vista no solo el por qué, sino el para qué. Me acuerdo de una frase que escribí en una novela mía hace ya más de 20 años, fue en Todas las almas. El narrador dice: “Hasta el siglo XVIII y parte del XIX, a los niños se les trataba como futuros adultos”. Y esto se ha perdido. Al revés, da la sensación de que los adultos tienden a perpetuarse en el infantilismo.

P. ¿Le cuesta verbalizar ciertas cosas o no se pone límites? Es que, en el del domingo pasado, donde decía que estamos alumbrando una sociedad de chivatos, escribía: “O, dicho peor pero más a las claras, es crear una sociedad de hijos de puta”.

R. No soy muy dado a utilizar este tipo de expresiones pero tampoco me escandalizo con ellas. Y es que lo creo: el peligro de la globalización y de la rapidez con que nos llegan las noticias de todas partes es que cualquier idea es susceptible de ser copiada. Y ahí hablaba de Corea del Sur, donde la delación está remunerada y el ciudadano ejerce de policía cuando ve que alguien se salta un semáforo o deja la basura donde no es debido. Si a alguien le dan dinero por chivarse de alguien, esa es una sociedad de hijos de puta. De gentuza.

P. Lo que ocurre con las reglas de la sociedad es que…

R. Tenemos que tener un cierto margen para saltarnos las reglas, en una época en la que todo tiende a estar regulado. Si no existe ese margen, vivimos en una sociedad imposible. Hay demasiada gente recta, demasiada gente con conciencia y vocación de ser recta. Son el equivalente a los acusicas del colegio.

P. Pues eso no tiene pinta de ir a menos, sino a mucho más…

R. Yo siempre tiendo a ser optimista porque pienso que la Historia es cíclica y que hay ciclos de una cosa y luego los hay de la contraria, pero empiezo a perder la esperanza porque llevamos un ciclo demasiado largo de… de entontecimiento generalizado.

P. En la introducción a este volumen, se dice: “El Marías escritor de columnas se ha convertido para muchas personas de toda clase y condición en la voz del ciudadano común”. Y no tengo yo claro si esa condición le encaja a usted, y si le agrada a usted…

R. Mmm, ya…

P. Vamos, que no parece tan claro que usted dirija sus escritos al ciudadano común, así, en general. Dicho de otra forma, y parafraseando a Ortega, entre el hombre-masa y las minorías selectas, ¿dónde quedan sus artículos?

R. Yo, ni en los artículos ni en las novelas me dirijo a nadie concreto… creo no ser ese tipo de articulista que tiene ya muy claro cuál es su cliente y se dirige a él a sabiendas de lo que ese cliente espera que se le diga. Mira, me llegó este libro, que ha escrito un americano, y dice de mí: “Sus propias creencias políticas parecen señalar al mismo tiempo a un izquierdista, un conservador y un libertario” (risas). Lo menciono porque creo que una de mis posibles virtudes es que, a diferencia de muchos articulistas, no siempre se me da por descontado.

P. Una opinión distinta para cada asunto distinto…

R. Simplemente digo lo que me parece en cada ocasión. Y si una cosa determinada que está defendiendo la izquierda -por decirlo de alguna manera- me parece una gran estupidez, pues lo digo y me da igual. Y si lo dice la derecha… hombre, tradicionalmente la derecha en España solo dice estupideces. Pero bueno, si alguna vez dicen algo acertado, no tendré inconveniente en reconocerlo. Rara vez será.

BORJA HERMOSO

El País, 12 de noviembre de 2011

De Los dominios del lobo a Los enamoramientos

BLOG: MI VIDA Y LOS LIBROS. LOS LIBROS Y MI VIDA

Los dominios del lobo

No llegan a cuatro los meses que para mí separan las lecturas, en orden inverso, de la primera y la última obra de Javier Marías. Es curiosa esta ruptura del tiempo, pues entre ambas media realmente una distancia de cuarenta años, toda una vida, prácticamente la mía. Y no es solo tiempo lo que separa ambas obras.

En Los dominios del lobo el joven Marías pone un océano de distancia entre su realidad y la de sus personajes, y los sitúa en los bajos fondos de unos Estados Unidos que no son sino un decorado cinematográfico. Y estos personajes también lo son. De cine y de novela negra: gánsteres, matones, vampiresas rubias, chicas bien que pagan a sicarios, familias ricas venidas a menos, jefes del hampa reconvertidos en hombres de negocios, actores de Hollywood en apuros, ladronzuelos que buscan tesoros escondidos en el profundo sur del Tío Tom o de Faulkner,… Diríamos que el joven Marías ha visto muchas pelis y leído mucha novela negra. Y en efecto, así nos lo confiesa cuando en el prólogo de la edición nos sitúa en la gestación un tanto rocambolesca de este libro: un verano parisino, escapado de casa a los diecisiete años, sacando unos francos actuando en la calle y viendo cine, casi todo americano. Como él bien apunta, no era necesario ir a los Estados Unidos para escribir esta novela, pues es una Norteamérica literaria y cinematográfica su fuente e inspiración, no la verdadera. Así que tenemos un doble extrañamiento, el joven Marías escribe en París y sobre un país no sólo lejano, también irreal. ¿No quiere o no se atreve a abordar su realidad cercana? Parece que muchos críticos así lo han reflejado y habla de un deseo de alejarse de una sociedad a la vez gris y convulsa, como debía ser aquella sociedad y realidad española del tardofranquismo. Quizás no haga falta explicaciones enrevesadas, aunque no sea esta una disquisición absurda. Marías nunca hizo después novela social, pegada a la realidad del momento. Sus historias no se encasillan en un contexto histórico determinado, su personajes son entre ácratas y exiliados, las obras de Marías tratan de sentimientos y relaciones humanas, y estos trascienden cualquier anclaje temporal.

A mi modo de ver, una característica separa este debut de Marías de lo que será su obra de madurez. A mí me gusta Marías por la morosidad de la acción. Se deleita en el detalle, en el matiz, no descansa hasta pulir las múltiples facetas, reorganiza los hechos desde distintos puntos de vista, analiza el lenguaje de los personajes hasta extraer de una expresión aparentemente ingenua todo un estado de ánimo o una declaración de intenciones. Forzosamente la acción se ralentiza, y deja de ser importante lo que pasa, los hechos en sí mismos, pues Marías tiene la habilidad de que las circunstancias, casuística y antecedentes de una anécdota aparentemente intrascendente se conviertan en la trama como tal. Es decir, Marías no se ve obligado a narrar, a desarrollar argumentos complicados con personajes que se entrelazan y maniobras que se suceden para mantener vivo el interés del lector. Su fabulación es de otro tipo. En Los dominios del lobo el joven Marías sí se inclina por contar, de manera que se suceden cuadros de personajes que se van engarzado entre ellos y vamos a ser testigos de acciones trepidantes y estrambóticas, siguiendo la estela del cine negro. Sin embargo, no hay un discurso lineal, se trata más bien de superposición de ramificaciones, de anécdotas que tienen sentido en sí mismas, pero que pocas veces están completas y que se van encadenando. Por tanto hay acción, a raudales, pero no en un sentido académico y clásico: no hay principio, ni nudo, ni desenlace. O sí, pero no están muy claros. No hay jerarquía entre los actos y a veces tampoco relación de causa–efecto. El joven Marías empieza a narrar historias por el mero placer de contar, sin que sea necesario que pase algo, se recrea en ciertos aspectos, apenas esboza otros.  Intuyo que paulatinamente irá refinando ese gusto por contar despegándose de lo accidental.

En el epílogo (junto con el prólogo, de imprescindible lectura) confiesa el autor que esta es la mejor de sus novelas. Quiero pensar que lo afirma recordando los buenos momentos que pasó escribiéndola, sin presión, sin obligación, como un reto o un juego, como modo de afirmación personal. Y por la satisfacción que le pudo brindar su publicación, por el espaldarazo que le dio en su decisión de convertirse en escritor. Creo que no es su mejor novela y que no deja ver al escritor en el que luego se convirtió. Y tengo tal observación como un mérito de Marías, quien evolucionó desde Los dominios del lobo, extrajo enseñanzas que le permitieron llegar a la cumbre de la literatura contemporánea española desde una correcta y estrafalaria novela de gánsteres.

ELENA

El Correo.com, 8 de noviembre de 2011

Los enamoramientos

Un nuevo libro de Javier Marías parece la actualización del libro de Javier Marías. A menudo tengo esa sensación cuando me sumerjo en sus nuevas historias, la de que no son sino una reedición, una continuación de la misma. Elijo cuidadosamente estas palabras, reedición, continuación, actualización, porque no quiero bajo ningún concepto insinuar o deja traslucir el concepto de repetición o reiteración. No. Nada hay de repetitivo o reiterativo en sus novelas y todas son únicas y preciosas, aunque todas ellas lleven la marca inconfundible (como una flor de lis tatuada) del personal, inconfundible y característico estilo y universo temático de Marías, a mi modo de ver el escritor español vivo más original y valioso. Insisto en esa sensación de reencuentro al leer una nueva novela suya pues este hecho me parece positivo y reconfortante. 

Me siento mecida en la lectura de cada una de las frases de sus libros, de la cruz a la raya.  Marías se demora, se recrea, torna y vuelve, avanza y retoma. Se deleita en cada uno de los gestos de sus personajes, analiza cada palabra, cada expresión. Conecta sus giros lingüísticos con los de referentes literarios (Shakespeare es omnipresente en todas sus obras, aunque en esta se decanta por clásicos franceses, Balzac y Dumas), partiendo de la premisa de que siempre las palabras describen a la perfección los estados de ánimo y los sentimientos, de que a estos les corresponde de manera unívoca un vocablo con el regusto y el poso de los siglos (de ahí el recurso a Covarrubias, la literaria y angustiosa definición del término “envidia”). Javier Marías se recrea en las palabras, en sus significados ocultos y evidentes, en su sonoridad en nuestro idioma o en otros, en las razones que empujaron al hablante a escoger esas y no otras, pudiendo haber elegido, y, a partir de este análisis, Marías reconstruye intenciones, adivina pulsiones semiocultas.

En cuanto al argumento de la obra, tengo para mí que nunca es este elemento el fundamental en las obras de Marías. Tengo la sensación de que los usa como percha para anudar  a ella reflexiones que adivinamos muy personales sobre determinados aspectos de la vida. Y esos temas que aparecen al rebufo del argumento le quitan protagonismo y se convierten en sí mismos en el eje de la novela. Al menos a mí así me lo ha parecido siempre. En este caso Marías utiliza el argumento de la muerte accidental de un desconocido y el posterior descubrimiento de las circunstancias de tal muerte para reflexionar y descubrirnos nuestros sentimientos respecto a los que se fueron. Y cómo estos sentimientos son contradictorios, y cómo esta contradicción nos horroriza. Ante la perspectiva real o simulada de la muerte de un ser querido, nos asusta de nosotros mismos el íntimo alivio de ser el que sobrevive, y nos avergüenza la convicción de que, por más que el dolor sea sincero y la pesadumbre atroz, sabemos que ni dolor ni pesadumbre serán eternos, y por más que nos esforcemos en mantener vivo el recuerdo del que se fue y nos empeñemos en nuestra pena como homenaje, desde el momento de la pérdida somos conscientes de que olvidaremos. 

A partir de esta contradictoria sensación arma Marías su novela. Javier sabe que Luisa olvidará su vida armoniosa y perfecta con su marido, de manera que este pasará a ser el primer marido, y por eso urde la muerte de este. Poco importa si la motivación última de este asesinato tuvo atenuantes basados en la piedad. Por eso, la verdadera protagonista de esta historia, Luisa, apenas aparece en ella, sus sentimientos y comportamientos son arquetípicos, nos hacemos cargo de ellos en pocas líneas y en una escena. Los que sí son imprevisibles son los comportamientos y sentimientos de Javier y los de María Dolz, testigo privilegiada a su pesar del cortejo en la distancia de Javier. Y esta doble pareja le sirve también a Marías para desarrollar el tema del amor, del enamoramiento, del olvido.

Aunque he señalado que se me antoja que los argumentos en Marías no son sino excusas para introducir reflexiones a su socaire, la trama no es baladí, pues no olvidemos que la trama y su adecuada resolución distinguen las novelas de los ensayos, de los artículos de opinión. En este caso, a pesar de ser muy básica y vieja como el mundo, con eco de Hamlet, Marías sabe mantenernos en vilo, jugar con nuestra curiosidad, obligarnos continuamente a replantearnos la inocencia y la culpabilidad de Javier, incomodarnos con nuevos planteamientos.

Pero Marías no se queda solamente en la resolución airosa de una trama,  de una concatenación de hechos. Eso es lo que exigimos a los buenos novelistas: diligencia en los desarrollos, que nos cuenten algo y nos lo cuenten bien. Los escritores excelsos superan este nivel y añaden la recreación de los hechos, las vivencias de los personajes frente a las acciones propias y las ajenas, su reconstrucción subjetiva, la reelaboración y asunción de lo que vivieron y les fue contado. Por eso Marías es un escritor genial, porque nos cuenta una buena historia, nos la cuenta bien y con un estilo personal e inconfundible, y porque nos habla de él y de nosotros mismos al recrear las emociones de sus personajes.

ELENA

El Correo.com, 29 de julio de 2011

The man who hated his double

WHILE THE WOMEN ARE SLEEPING

Vintage

Mirroring, ghosts, and doubles are all present in these haunting short stories by the celebrated Spanish author Javier Marías.

He asks for the reader’s kindness towards “The Life and Death of Marcelino Iturriaga” as it was written when he was 14 – but this is disingenuous on his part as it is a wonderful short story about a man talking after his death. Marías’s narrators are usually male and experiencing some kind of identity crisis. In the title story, a man films his beautiful young girlfriend every day on the beach, while she preens herself in a mirror; in “Gualta”, a man spots his double and instantly loathes him; in “A Kind of Nostalgia Perhaps”, an old woman waits for the ghost of a national hero. Superb.

LESLIE MCDOWELL

The Independent, November 6, 2011

While the women are sleeping

Marías’s acclaimed trilogy, Your Face Tomorrow, earned him comparisons to Proust. This collection of ten short stories, a less monumental affair, spans the author’s writing career, including a precocious ghost story he penned at the age of 14.

This entry, “The Life and Death of Marcelino Iturriaga”, is set in the streets of gloomy Franco-era Madrid and, like other stories in the collection, displays Marías’s affinity for the mildly macabre.

While some period pieces such as “Lord Rendell’s Song” dabble with English Gothic, others, like the title story, trade in a modern currency of voyeuristic videos and depilated beauties.

Translator Margaret Jull Costa has done noble battle with some of Marías’s more demanding sentences.

EMMA HAGESTADT

The Independent, November 4, 2011

LA ZONA FANTASMA. 6 de noviembre de 2011. En el infierno nos veríamos

Nunca pude soportar a los chivatos, desde la infancia. Siempre los desprecié y rehuí y me prohibí ser amigo de ninguno de ellos, y creo que ese sentimiento de repulsa era compartido por la mayoría de los niños. No sé cómo se aprendía, pero sin duda se aprendía en seguida que uno no debía chivarse, que eso era lo más bajo y ruin que cabía. Ni siquiera -o apenas- cuando era uno el perjudicado por la actitud o matonería de otro u otros. La ley no escrita de los chicos dictaba que tenía uno que arreglárselas por su cuenta, plantando cara, buscando alianzas, ganándose a los enemigos, pactando con habilidad, ofreciéndose a ayudarlos en los exámenes si eran burros (como solían), en última instancia pegándose con ellos en el recreo o a la salida. Le tocaba a uno hacerse respetar, sin recurrir a los profesores ni a los padres, sin procurar que unos u otros le sacaran las castañas del fuego y castigaran a los abusones o provocadores. De ese modo aprendía uno pronto las lecciones de la vida: cuándo hay que valerse de la astucia, cuándo de la fuerza, cuándo del compromiso, cuándo conviene hacer las paces y cuándo no hay paces que valgan. Se ejercitaban la imaginación y el ingenio, se maquinaba, se calibraba. Si cada vez que tenía uno un problema acudía a las autoridades, era posible que le quitaran el problema de encima -nunca del todo, eso se sabía-, pero desde luego no se fogueaba ni aprendía nada del arte de la supervivencia. Pero, en fin, ser chivato podía perdonarse -a duras penas- cuando uno se veía en una situación desesperada y había agotado sin éxito todos los recursos propios.

Lo que era imperdonable era chivarse de lo que no lo atañía, de la travesura o la falta de un compañero que en modo alguno nos dañaba ni afectaba. Era inconcebible que, cuando una profesora preguntaba “¿Quién ha escrito esta impertinencia en la pizarra?”, alguien alzara la mano y dijera “Ha sido Vidal”. Y aún más repugnante resultaba que, sin que ningún profesor preguntara nada (quizá ya borrada la impertinencia, y no vista más que por los alumnos), alguien acusara espontáneamente: “Vidal ha escrito tal barbaridad en la pizarra”. A esos pelotas, amantes de la ley y el orden, se los llamaba también “acusicas” y se les cantaba aquello de “Acusica Barrabás, en el infierno te verás”. Curioso, y sano, que se mandara al infierno a los aprendices de delatores, a quienes deseaban que nadie quedara sin castigo aunque a ellos no les fuera ni les viniera la acción de los transgresores.

No sé cuánto de este viejo código infantil se conserva hoy en los colegios, pero me temo que muy poco, a juzgar por lo chivata que tiende a ser la sociedad adulta. Hay que dejar un margen para que la gente se salte las reglas, más aún en una época en la que todo está cada vez más regulado y las libertades más menguadas, y en que se consideran delitos o infracciones casi todas las cosas. Ese margen solía darlo que no hubiera ningún policía alrededor, que a uno no lo viera quien no debía verlo, y en cambio se contaba con la complicidad, la comprensión o por lo menos la indiferencia de los conciudadanos, todos ellos susceptibles de incurrir en parecidas faltas en caso de necesidad u osadía. La proliferación de cámaras -que se ha aceptado bovinamente, cuando no con contento por parte de los que se creen “buenos ciudadanos” y no son más que ratas- supone que estemos permanentemente vigilados. Pero si además nuestros vecinos se dedican a lo mismo, entonces estamos ya en una sociedad policial en la que no puede uno fiarse de nadie. Ríanse de la Stasi, la temible y ubicua policía secreta de la República Democrática Alemana.

Ahora leo que en la democrática Corea del Sur se paga por delatar, y que el país se ha llenado de “cazarrecompensas con cámara”, los cuales pueden llegar a embolsarse 85.000 dólares al año por denunciar a sus prójimos. Al que se cuela en el metro o tira una colilla al suelo, al que quema basura en zonas de construcción o se salta un semáforo, al que se cuela en una cola o cambia de carril indebidamente. Las recompensas oscilan entre 5 dólares por informar de una colilla hasta 850 por entregar a un vendedor de ganado sin licencia. El único elemento esperanzador ante semejante situación aberrante es que esos paparazzi voluntarios y nocivos son odiados por gran parte de la población y que muchos de ellos no se atreven a contar a sus amistades a qué se dedican, para no levantar sospechas y por temor al rechazo. También que haya algún arrepentido: “Lamento los días en que estaba desesperado y daba parte de las fechorías de personas igual de pobres que yo”. A no pocos -se justifican- los ha empujado a esta actividad la crisis. Pero, sea como sea, lo descorazonador es que cada vez hay más sudcoreanos que ven en la delación y la denuncia indiscriminadas un negocio, una manera bastante cómoda de ganarse la vida. (Temo un rápido contagio en España, país mimético de todo lo imbécil, dado a prohibir y en el que hay mucho más paro.) Premiar eso es, en la práctica, privatizar las tareas policiales, o aún más grave, convertir a los ciudadanos en policías y provocar la desconfianza, el miedo, el odio y el rencor entre ellos. Es lo que han hecho siempre los Estados totalitarios, desde la Rusia de Stalin a la Alemania de Hitler pasando por la Cuba de Castro, el Chile de Pinochet, la Venezuela de Chávez y la España de Franco. Es crear una sociedad de chivatos profesionales, con el consiguiente y brutal deterioro de la convivencia. O, dicho peor pero más a las claras, es crear una sociedad de hijos de puta.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 6 de noviembre de 2011

Rebeca West: topos británicos

La noción de traición o deslealtad es propia de las naciones más cultas y sofisticadas. Muy corto hay que ser de entendederas para pedir peras al olmo. La historia de los reyes godos en España es un buen ejemplo de monarquías fratricidas, y es de lamentar que no hayamos tenido un Racine, un Marlowe, un Schiller de los Wambas y Chindasvintos y Suintilas. En los tiempos que corren, muchos de estos conceptos – deslealtad o traición- resultan marcianos, hasta tal punto han degenerado tan cruciales materias en la amilanada Europa actual, no digamos en España, el paraíso del tarugo mediático. Por estas razones y por muchas otras que no vienen a cuento, resulta tan esclarecedora como extravagante, la historia de los traidores ingleses del siglo XX, escrita por Rebecca West en El significado de la traición, 1949. No en vano, Shakespeare plasmó como nadie las palpitantes tripas de los personajes más tenebrosos del teatro europeo, por ejemplo el satánico Edmund del Rey Lear. Si su materia procedía del campo de la realidad – los cronicones medievales britanos- o del infinito páramo de su jovial invención, a estas alturas de la película, resulta irrelevante. Rebecca West tiene un olfato de lince para los copiosos Edmund del Telón de Acero. De ahí, la delicia de sumergirse en su enciclopedia de los legendarios topos dela Gran Bretaña durantela Segunda Guerra Mundial y la llamada Guerra Fría.

La historia de John Amery puede valer como ejemplo del tono y calado narrativo del libro. La criatura fue un trasto en su infancia, el niño pasaba de ser un sol a ser una bomba de relojería con patas. Hay personas que siempre tienen quince años, nos dice la autora con fina guasa. La guinda de su semblanza, se nos cuenta, fue su estancia en España, durante la GuerraCivil, en el bando de Franco. Nadie sabe si traficaba con armas o era un sofista consumado, un charlatán distinguido. Sin duda, con tales elementos, la victoria era pan comido. Rebecca West tiene una curiosa teoría sobre Londres, dividido por el Támesis, entre la orilla imperial, la de Westminster y Trafalgar Square, y la orilla canalla, la del Globe, el teatro isabelino de Shakespeare. Amery era un producto de la orilla angelical, la más culta y sofisticada. El humor britano hila tan fino que las más de las veces se queda uno a dos velas. Amery era un caballero, nos dice la autora, que estuvo unida a Herbert George Wells, el creador de El hombre invisible. Disfrutó de todos los privilegios de su clase y los fulminó uno por uno. Un auténtico artista del alambre circense. Colaboró con Himmler en el Berlín nazi y fue confidente de Mussolini en su refugio de Saló, hasta terminar ahorcado en una prisión de Londres en 1945. La constelación de tales semblanzas fascinó a la autora y el lector más arisco quedará atrapado en las turbias redes de tan fantástica lectura.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Heraldo, 3 de noviembre de 2011

Nuevo libro de Javier Marías: NI SE LES OCURRA DISPARAR

NI SE LES OCURRA DISPARAR
JAVIER MARÍAS
Alfaguara, noviembre de 2011

«Vivimos en una época y en un país tan irrazonables que ya nada se puede dar por sentado, ni siquiera la capacidad para asociar las causas con los efectos, o las imbecilidades con sus consecuencias.»

Javier Marías, además de un inmenso escritor, es para muchos un punto de referencia en el análisis de la actualidad, y su columna dominical es una de las más leídas y comentadas de la prensa española.

Ni se les ocurra disparar recoge cerca de un centenar de artículos publicados por Javier Marías entre 2009 y 2011 en El País Semanal. Con una prosa elegante, franca y sin ambages, que no necesita adornos para alcanzar la conciencia del lector con un disparo certero, para remover sus entrañas o, al contrario, reconfortarlo, el autor nos presenta su particular percepción del mundo y de su entorno.

En esta recopilación encontramos al Javier Marías más cercano y reflexivo, preocupado por la realidad que lo rodea. La sumisión y deliberada idiotización de las sociedades contemporáneas, la irresponsabilidad e ineptitud de los políticos, las vicisitudes de la creación artística o la evocación de mundos perdidos y fugazmente recuperados son algunos de los temas sobre los que el gran novelista nos ofrece su mirada más sincera y personal.

INTERPRETI DI VITE

INTERPRETI DI VITE

JAVIER MARÍAS

Traduzione di Glauco Felici

L’Arcipelago Einaudi nº 185

Einaudi, 2011

L’universo creato da Javier Marías per accogliere le vicende del suo narrare, in particolare del recente e fondamentale romanzo in tre volumi Il tuo volto domani, ospita spesso le attività di servizi segreti, la cui peculiarità più inquietante è saper interpretare le vite dei soggetti che ricadono sotto la loro attenzione, famosi o sconosciuti che siano. Qui sono riuniti tre di quei ritratti, che consentono di cogliere come le tecniche d’interpretazione siano diverse, ma lo scopo finale – conoscere, giudicare, prevedere per controllare e semmai coartare – sia pur sempre unico: un esercizio di stile che fa cogliere grandezze e miserie di tre personaggi molto noti come Silvio Berlusconi, Michael Caine e Lady Diana.

Altri libri di Javier Marías