MIRA QUE TE LO TENGO DICHO: ‘Javier Marías’

Los artículos de Javier Marías tienen, entre otras muchas virtudes, la virtud de la enumeración, de la clasificación de los hechos y de la búsqueda y el contraste de los datos. En ese sentido, y en otros, son artículos estrictamente periodísticos, a los que, por supuesto, les añade el autor de Negra espalda del tiempo la pimienta abundante de sus propias opiniones. Su último artículo en El País Semanal, publicado el domingo 4 de septiembre, trata de la visita del Papa a Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Es una descripción del ambiente que ese momento eclesiástico creó en la tórrida capital de España, y es una demostración de las capacidades narrativas del escritor que fue vecino (ahora el Ayuntamiento está en otra parte, para su fortuna) del muy concurrido despacho de Alberto Ruiz-Gallardón. En algún momento de su artículo, que ha generado regocijo en los que opinan (opinamos) como él y rechazo en los que no están de acuerdo con sus juicios, Marías desliza esta frase, a partir de otras evidencias que dejó atrás el paso de Benedicto XVI y sus seguidores católicos: “Pero qué truculenta despedida la de Zapatero: calzándole los escarpines rojos a ese Papa ´fashion victim`, convirtiendo la capital del país que gobierna en el escenario más reminiscente de la vida bajo el franquismo que yo haya contemplado desde que Franco murió. La misma sensación de agobio y de no tener escapatoria, de claustrofobia, de cautiverio”. Exactamente eso fue lo que pasó. Sin duda, otros tendrán (y la han expresado en sus múltiples órganos de expresión multitudinaria) ideas distintas de la mancha blanca (o amarilla) que quedó aquí tras las jornadas que presidió el Papa, pero lo cierto es que esa abundancia de beatitud y de arrobo era una secuela de esa España católica a machamartillo que llenaba nuestras plazas y nuestras iglesias en los años más oscuros de la dictadura, cuando era obligatorio arrodillarse ante el paso del Santísimo cuando éste era acompañado por las notas marciales de nuestro himno nacional. La descripción de Marías incluye a Zapatero calzándole los escarpines al Papa. Aparte de la metáfora, que tiene que ver con ese momento concreto de las jornadas de la JMJ, lo cierto es que la política española sigue mezclando en exceso a la Iglesia católica en sus celebraciones, y esa mezcla es verdaderamente atosigante en algunas comunidades autónomas, como la mía en Canarias, donde no hay una procesión donde no aparezcan, sin tener por qué, obligados sin duda alguna por el qué dirán, políticos y cargos públicos de todo signo, que se hacen la señal de la cruz para ganar votos de los que, en caso contrario, dirían que son peligrosos rojos que ni se santiguan. Respeto para la Iglesia, cómo no, pero respeto también para los que no queremos que la Iglesia siga teniendo, en la vida civil, el poder que mantiene, para dibujar conciencias, para crear culpas. Ah, y no se pierdan, en el artículo de Marías el capítulo de las excomuniones. El artículo se titula, precisamente, “Excomuniones de quita y pon”.

JUAN CRUZ

El País, 9 de septiembre de 2011

Fe
por David Trueba