“La escritura da forma a los pensamientos”

“Últimamente, tengo la sensación de que publicar lleva más tarea que escribir los libros”, comenta Javier Marías a un grupo de periodistas latinoamericanos -cita en la que estuvo El Tiempo [Colombia]-, cuando le preguntan si tiene algún hábito de escritura. Agobiado por la vida contemporánea y por los compromisos que se les imponen hoy a los autores, agrega: “La vida de los escritores se ha convertido, en los últimos tiempos, en algo un poco absurdo; tenemos que luchar para encontrar tiempo para lo que hacemos, principalmente: escribir libros”.

Precisamente, su novela Los enamoramientos, que acaba de ser publicada, es fruto de este nuevo estilo de vida que lo obligó a escribirla “a salto de mata”. Marías, quien para varios expertos es un firme candidato al Nobel -aunque él no lo crea así- y uno de los escritores más importantes de España, cuenta que tiene la costumbre de anotar en su agenda el número de páginas que lleva y la fecha en que interrumpe o reanuda la escritura.

Cuando revisó sus apuntes, encontró que con este libro habían pasado cinco meses seguidos, en los cuales solo pudo sentarse 20 días en la máquina de escribir (no usa computador). Luego, pasaron otros siete meses, en los que también solo trabajó 20 días. “Evidentemente, llegó un momento en que cerré las puertas todavía más y por eso la he podido sacar adelante”.

A pesar de todos los obstáculos, y cuando pensaba que ya lo había dicho todo con su trilogía Tu rostro mañana, Marías parece salir triunfante, una vez más, con otra novela de largo aliento, de 400 páginas, que, aunque a él le pareció en un principio un poco menor, ha sido ampliamente aplaudida por la crítica.

¿Qué le llamó la atención del tema?

A los enamorados nos gusta pensar que de alguna forma hay cierta predeterminación en el encuentro de dos personas, pero en el fondo es un poco falso. Más bien es un producto del azar y, a veces, es un problema de quién queda libre; aunque también entiendo el deseo de los enamorados de ennoblecer su relación y de intentar pensar, que, por el contrario, hay una especie de destino que los une.

Una de las ideas de la novela es que, en gran medida, solo somos relatos…

Eso es así y creo que, en cierto sentido, las cosas existen cuando se cuentan. Recuerdo una frase de mi novela Mañana en la batalla piensa en mí, en la cual se decía: ‘el mundo depende sus relatores’. Lo que ha sucedido en sí mismo, nunca es nada si no hay alguien que lo cuente. Lo sucedido pasa al olvido si no hay memoria o relato.

Hay escritores que abordan la muerte, el amor o algún tema para entenderlo. ¿Qué piensa al respecto?

Uno no entiende mucho más sobre casi nada después de escribir un libro. Una de las razones por las que escribo es porque me parece que escribiendo pienso mejor sobre las cosas, que de ninguna otra manera. Y creo que eso en realidad le pasa a todo el mundo, sean escritores profesionales o no. La gente escribe diarios, blogs o cartas y, a veces, para entenderse y explicarse mejor. La escritura da forma a los pensamientos. Ahora bien: de ahí a que uno entienda más sobre la muerte o sobre el amor media un abismo. A mí me gusta recordar a menudo una cosa que dijo Faulkner sobre la literatura: “La literatura lo más que logra es lo mismo que un fósforo cuando se enciende en mitad de la noche, en mitad de un campo. Esa cerilla en realidad no ilumina nada, lo único que permite ver mejor es cuánta oscuridad hay alrededor”.

Para los jóvenes autores

“El único consejo que yo siempre puedo dar a los escritores jóvenes o en ciernes es que no quieran convertirse en escritores como temo que hoy en día, al menos aquí en España, sucede a menudo. Es como si para alguna gente lo importante fuera volverse escritor porque es un tipo de figura pública que no está mal, que es relativamente apreciada y respetada, que se puede hacer un poco famoso y que incluso, con mucha suerte, puede ganar mucho dinero. Y tienen la sensación, a menudo, de que escribir los libros que se precisan para convertirse en escritor es un trámite necesario, pero engorroso. Esa es el actitud que veo en muchos jóvenes, que me parece mala. La actitud realmente tiene que ser que a usted le guste escribir, que usted la pase muy bien escribiendo, aunque también sufra. Y si luego hay suerte y puede publicar su libro y tiene éxito, maravilloso. Pero lo importante es que disfrute escribiendo y leyendo. Yo siempre he creído que ahora que hay tantas escuelas de creación literaria, como todo esto que llaman en Estados Unidos creative writing y demás, la mejor escuela siempre sigue siendo la del lector”.

Indignados sensatos: mirada a la protesta masiva que vive España

“Vivo muy cerca de la Puerta del Sol, donde están los indignados, y la verdad es que es una cosa que la mayoría hemos recibido con simpatía. Algunos de ellos han sido muy sensatos y algunas de las peticiones que se han hecho son cosas que yo mismo suscribiría y que he venido sugiriendo en mis artículos. Lo que pasa es que estas cosas no tienen muy fácil solución inmediata, porque ni siquiera se sabe quién podría conceder lo que se pide, en especial las reformas concretas, sin contar con las utópicas”.

Reflexión sobre la verdad

“Uno de los asuntos de esta novela es sobre la imposibilidad de saber nada a ciencia cierta. Hay una frase que aparece en el libro, que dice algo así como que ‘la verdad es siempre maraña, incluso la verdad ya desentrañada’. Si nos paramos a pensar en nuestra propia vida, que es la que teóricamente conocemos mejor, e intentamos contar lo que nos ha pasado, en seguida nos encontramos con zonas de enorme sombra y penumbra”.

Vive.in (Colombia), 25 de junio de 2011

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