John Gawsworth en la National Portrait Gallery

Foto. Ida Kar

John Gawsworth (Terence Ian Fytton Armstrong) (1912-1970).
Poeta y editor. Segundo rey de Redonda con el nombre de Juan I.

National Portrait Gallery

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“La escritura da forma al pensamiento”

Foto. Bernardino Ávila

La mirada de Javier Marías se proyecta en la pantalla con un destello de amabilidad levemente juguetona, como si flirteara en el umbral de una ironía risueña. Es raro que un escritor agradezca “la paciencia” a los periodistas de México, Colombia, Perú, Chile y la Argentina apenas comienza la videoconferencia por la publicación de su última novela, Los enamoramientos(Alfaguara). La maravillosa factoría literaria de Marías continúa funcionando con esos narradores que manifiestan una explícita reticencia contra las certezas y la posibilidad de conocer. Lejos están de construir verdades mayúsculas; pueden, eso sí, conjeturar y reflexionar. La trama y los personajes son actores de reparto. Lo que importa, lo que está en un primerísimo plano, son las ideas que inoculan esas historias, las motivaciones que impulsan a actuar y los pensamientos más íntimos que permanecen ocultos. “Nuestras convicciones son pasajeras y endebles –se lee en su última novela–, hasta las que consideramos más fuertes. También nuestros sentimientos. No deberíamos fiarnos.”

La sencillez, se podría parafrasear a la narradora de Los enamoramientos, no está reñida con la inteligencia. María Dolz trabaja en una editorial y detesta a los escritores, como corresponde de tanto lidiar con pedidos desopilantes. Todas las mañanas desayuna en un bar y observa a una pareja que le llama la atención. Al verlos, cree en el amor. Poco después se entera de la muerte del hombre, Miguel Desvern, salvajemente asesinado por un mendigo que lo apuñaló sin motivo aparente. Marías dice que necesitaba la voz de una mujer como narradora. “Escribo improvisando mucho, no tengo la historia completa en mi cabeza antes de empezar. Durante la escritura, me gusta averiguar la novela que voy escribiendo a la vez que la hago. Pero algunos elementos se tienen al comenzar; era una historia que tenía que sucederle a una mujer. Podría haber hecho una tercera persona narrativa, pero estoy tan acostumbrado a escribir en primera persona, por lo menos desde 1986 con El hombre sentimental, que me costaría mucho escribir con un narrador omnisciente.”

Esculpir el tono de la voz femenina no fue un quehacer abrumador, aunque al principio, confiesa, se le escapaba algún masculino por la fuerza de la costumbre. “Las diferencias entre los hombres y las mujeres son muchas, pero la mayoría no están precisamente en la mente o en el pensamiento –señala–. Lo que hace un narrador es contar, observar y reflexionar, y creo que en esas actividades no nos diferenciamos mucho.” El hechizo de la prosa de Marías va de la mano de una teoría “escéptica” sobre el enamoramiento. “A los enamorados nos gusta pensar que hay una cierta predestinación en el encuentro de dos personas que llegan a sentir un amor profundísimo la una por la otra; pero en el fondo es un poco falso, más bien es producto del azar y a veces es un problema de quién queda libre –plantea el autor de Corazón tan blanco–. Cuando alguien queda desocupado, empezamos a fijarnos en esa persona o esa persona se fija en nosotros; por eso en un momento se dice que los emparejamientos de las personas, incluso los más encendidos, los que se perciben como más nobles, son el resultado de una especie de sorteo o de rifa al final del verano. Hay mucho de eso, aunque también entiendo el deseo de los enamorados de ennoblecer su relación y de intentar pensar, por el contrario, que hay una especie de destino que los ha unido.”

Un toque de verosimilitud despliega María Dolz cuando se ensaña con las debilidades, los envanecimientos y tonterías de los escritores con los que lidia cotidianamente. “Es frecuente que las personas que trabajan en editoriales tengan una opinión bastante regular de los escritores, porque los tratan de cerca, porque conocen sus manías, sus exigencias, sus pequeñas miserias o sus tacañerías. No es que refleje exactamente la relación con mis pares –aclara Marías–, pero entre las mejores personas que he conocido en mi vida hay algunos escritores, y entre las peores, también. Los escritores son capaces de reunir las virtudes mayores, y los mayores defectos y vicios.” La muerte está presente en su narrativa ya desde Mañana en la batalla piensa en mí. El escritor advierte que el tema va “contra la corriente” de la sociedad europea actual, en la que percibe una especie de rechazo general hacia la idea de la muerte. “No hay que hablar mucho de los muertos, no hay que tener a los muertos en cuenta; incluso estamos llegando al extremo de considerar que los muertos tienen la culpa de morirse y para mí todo eso es bastante atroz –admite, como si quisiera sacar del closet una serie de cuestiones de las que se prefiere no hablar–. La muerte es una parte importante de la vida; para mí es imposible olvidar a los muertos. El hecho de que alguien haya muerto no es suficiente para que dejemos de contar con él, si es alguien con quien hemos estado a lo largo de una vida.”

La imposibilidad de saber a ciencia cierta la verdad es otra de las obsesiones de Marías. “Si nos ponemos a pensar nuestra propia vida, nos encontramos con zonas de sombra y de enorme penumbra. Una de las cosas que le pasan a la narradora y por lo tanto también a los lectores, al final, es que no saben exactamente lo que ha ocurrido. Como sucede en la propia vida, aunque creamos que conocemos más de lo que conocemos.” La producción del escritor ha sido etiquetada por la crítica y los medios de comunicación en la categoría “novela-ensayo”. No está de acuerdo con que sus ficciones sean definidas bajo este corset. “Mis novelas tienen ‘pensamiento literario’, que no es algo tan frecuente hoy en día en este género, aunque sí lo fue en otros tiempos”, admite. Entre las ventajas que encuentra en ese “pensamiento literario” destaca el hecho de que hace factible que se contradiga de un libro a otro o incluso dentro del mismo libro. “A menudo se producen fogonazos, flashes, que el lector percibe como verdaderos. La novela no es tanto una forma de conocimiento, como se ha dicho tantas veces, sino una forma de reconocimiento. Ante cierta escena o reflexión, decimos: ‘Sí, eso es verdadero, y yo ya lo sabía, aunque no sabía que yo lo sabía’. Lo sé ahora cuando lo veo expresado de esta manera y lo reconozco.”

“El número de crímenes impunes supera con creces el de los castigados”, subraya uno de los personajes en la novela. “Las cosas existen cuando se saben, cuando se cuentan. El mundo depende de sus relatores; lo sucedido pasa al olvido si no hay relato”, explica Marías. En la sede madrileña de Alfaguara está prohibido fumar. La abstinencia al tabaco avanza sigilosa. El escritor opta por tomar un cigarrillo como si estuviera a punto de encenderlo para calmar la ansiedad. Uno de los privilegios del novelista es contar a su manera una historia de ficción, que quedará quizá –sugiere– con “mayor nitidez que cualquier otra historia real” en la mente de quienes la leen, porque habrá una cierta verdad ficticia, “una verdad que no se suele encontrar en la vida real”. El lema de Marías podría ser escribir para “pensar mejor”. “La escritura da forma a los pensamientos, los moldea; hay que ponerlos en orden o contarlos en sucesión. Pero de ahí a que uno entienda más sobre la muerte o el amor, media un abismo”, advierte. Un concepto de William Faulkner le permite amplificar su argumentación. “La literatura lo que más logra es lo mismo que una ‘cerilla encendida’ en un campo nocturno: no ilumina nada, pero permite entender cuánta oscuridad hay alrededor.”

Vive cerca de Puerta del Sol, el escenario en donde hace unas semanas irrumpió el “movimiento de los indignados” (M15). El escritor, como la mayoría de la sociedad española, ha recibido con “simpatía” los reclamos. “La gente que se ha levantado ha sido muy cívica.” El escritor, no obstante, alerta que no habrá una solución inmediata de los reclamos, entre los que se incluye una reforma de la ley electoral y la inhabilitación de las candidaturas de políticos imputados en casos de corrupción. “Está muy bien un mundo sin bancos, estaríamos de acuerdo con eso, pero ¿cómo se lleva a cabo?”, se pregunta. “Lo que no sé muy bien es cómo esto puede continuar más allá de la manifestación de un descontento. Confío en que las personas con más formación política logren darle otro cauce y que la cosa no termine en algo casi folklórico, como podría acabar sucediendo.”

SILVINA FRIERA

Pagina 12 (Argentina), 12 de junio de 2011