La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre

En mi época, el conquistador Lope de Aguirre quedaba fuera de los libros de texto. Era tal la admiración hacia Cortés o Pizarro que nadie habría celebrado las andanzas de ese aventurero rebelde y “antisistema” que protagonizó una de las gestas más bárbaras de la conquista de América. Sin embargo, ya existía por entonces una amplia bibliografía sobre el asunto, incluso una gruesa novela de Sender y una obra teatral de Torrente Ballester. Pero tuvo que ser una alucinante película de Herzog quien nos abriera definitivamente los ojos. Tras la fachada heroica de la España Imperial se ocultaba un lado oscuro, a lo Conrad, donde el horror había campado a sus anchas. Ese horror no sólo se refería a la leyenda negra alimentada por los ingleses, sino a las intrigas que habían arrojado a los propios españoles a enfrentamientos de corte fratricida. En este campo, Lope de Aguirre había sido el conradiano Kurtz.

Robert Southey escribió este El corazón de las tinieblas a la española con amplio conocimiento de la materia. Y lo que más sorprende es el excelente pulso de la narración. Es claro, ágil, directo. No da respiro. Se diría que el lector va de la mano de Southey, a través de la selva impenetrable, sujetando su steady cam. Pocas veces la historia de la conquista de América se nos ha presentado de manera tan convincente más allá de toda su sordidez. Es la peripecia de unos hombres bravos, sin escrúpulos, que nos asoman al fondo oscuro del corazón humano.

MIGUEL DALMAU

Qué leer, enero de 2011