LA ZONA FANTASMA. 28 de noviembre de 2010. Puritanismos primitivos

Tal vez lo más grave y lamentable de los actuales puritanismos de derechas e izquierdas sea lo que tienen de regresión al primitivismo, y esto se percibe con especial claridad en la manera de entender y juzgar las ficciones por parte de cada vez más gente, y de lo más variada. Puede que todo comenzara hace ya bastantes años, cuando, primero en los países anglosajones y después en el imitativo resto, se criticaron, pusieron en tela de juicio y finalmente censuraron muchos cuentos infantiles tradicionales. Unos daban miedo a los niños, argüían los puritanos, como si el miedo no existiera en la vida y a los críos no les conviniera aprenderlo vicariamente, a través de los personajes con los que se identificaban, y sin peligro real para ellos, sino sólo imaginario; otros contenían elementos eróticos que debían desterrarse; otros no eran lo bastante respetuosos con los animales, empezando por el pobre Lobo Feroz; otros daban una imagen de la mujer “inadecuada” y “poco acorde” con nuestros tiempos, como si ya no hubiera mujeres que sólo aspiran a encontrar marido (nos guste o no, aún las hay) o lo escrito en remotas épocas hubiera tenido la obligación de prever evoluciones inimaginables en el momento de su creación. De ahí se pasó a cuestionar la “moralidad” o “corrección” de obras adultas, y, desde ese punto de vista “edificante” –idéntico al que la Iglesia adoptó durante siglos para dar o negar su placet a los libros y prohibirlos o no–, casi ninguna estaba libre de delito: El mercader de Venecia resultaba antisemita, en el Quijote había demasiadas violencia y crueldad, los protagonistas de Macbeth eran un matrimonio asesino, Tristram Shandy y Moll Flanders contenían picardías sin fin, Madame Bovary presentaba a una idiota que sólo pensaba en el amor, Lolita mostraba el enamoramiento de un hombre maduro y una preadolescente. A estos puritanos les habría gustado verlas desaparecer, que no se volvieran a reimprimir.

A continuación ciertos colectivos y minorías se pusieron quisquillosos hasta extremos grotescos de elementalidad: si en una novela o en una película había un asesino gay, los homosexuales más tiquismiquis lo interpretaban como un ataque global a su opción; si los malvados eran negros, o coreanos, o árabes, se veía en ello una actitud racista, como si no pudiera haber algunos negros, coreanos o árabes con muy malas pulgas. Todo esto denota, más que nada, una manera en verdad primitiva de entender la ficción y el arte en general, a saber: como si éstos fueran meros vehículos de ideas o de ideologías, como si encerraran siempre moralejas y ejemplos, como si cada elemento existente en ellos fuera simbólico y poseyera un significado trasladable a la realidad, como si las novelas y las películas fueran parábolas en las que por fuerza hubiera un mensaje o una lección. El colmo de este puritanismo reaccionario son las ocasionales declaraciones de cargos públicos que se atreven a decir cómo deberían ser, por ejemplo, las series de televisión, esto es, qué valores deberían reflejar o ensalzar, qué “roles” (la palabra no es mía, por favor) deberían atribuirse a la mujer, de qué “problemática” (tampoco palabra mía, jamás) deberían ocuparse. Esas voces son eco de una visión del mundo tan simplista como dictatorial: la imaginación debería estar al servicio de la sociedad deseada; el arte debería ser propagandístico y favorecer los valores que nosotros propugnamos. Son ecos (por suerte débiles) de la Inquisición, del nazismo y del stalinismo, por mencionar tres instituciones con las que estamos familiarizados. Quiénes sean “nosotros” resulta enteramente secundario.

Leo, en crónica de Lucia Magi, que la última novela de Umberto Eco, Il cimitero di Praga, está siendo acusada en este tipo de términos. No la he leído, pero en todo caso es cómico encontrarse, a estas alturas, con reproches como los que la cronista citaba, de L’Osservatore Romano (no podía faltar): “Cuando se evoca el mal, es necesario enfrentarlo al bien, para que sirva de contraste. La reconstrucción del mal sin condena, sin héroes positivos, adquiere una apariencia de voyeurismo amoral”. No dejaría de ser una opinión pintoresca sin importancia si fuera la única. Pero las reconvenciones a la novela de Eco han partido de diferentes instancias, y todas ellas, en principio, reflejan la extendidísima confusión de la que vengo hablando, esa regresión al primitivismo. ¿No había quedado como algo de tiempos lejanos, felizmente superados, la idea de que las artes hubieran de tener un componente “moral” y “edificante”? Más de una vez he dicho que las novelas, precisamente las novelas, son lo contrario de los juicios. En éstos se dirimen unos hechos y nada más que unos hechos; no se atiende (o apenas) a lo que pasó antes, ni a la historia, la psicología o los motivos del reo, que suelen resultar irrelevantes; se juzga conforme a unas leyes establecidas, que determinan qué es delito y qué no; finalmente, se condena o se absuelve. En una novela es al revés: no hay leyes establecidas que valgan, ni ha lugar a condenas ni a absoluciones; se asiste a los hechos y a su condensación, se muestran y explican, a veces se entienden (lo cual tampoco significa que se justifiquen ni exculpen), se ve cómo han podido ocurrir. Y sólo los malos novelistas carecen de cierto “voyeurismo amoral” y se aplican a juzgar a sus personajes como si estuvieran en un tribunal. Sólo los rudimentarios, los justicieros, los predicadores, los que se han equivocado de profesión.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 28 de noviembre de 2010

El hombre sentimental se reinventa en el Gayarre tras su paso por La Perla

El Teatro Gayarre acoge hoy a las 20.00 horas la representación de la obra El hombre sentimental. Un proyecto que surge a raíz de una adaptación de una novela de Javier Marías, y que está interpretado por los actores Helio Pedregal y José Antonio Gallego, y los cantantes Isidro Anaya y Soledad Cardoso. El espectáculo, dirigido por Tomás Muñoz, está a caballo entre el teatro de texto y el musical.

«La historia habla de un triángulo amoroso, con cierto toque de drama clásico, de cine negro, y enfrenta a dos hombres que pretenden a la misma mujer», relató ayer el director en la presentación del espectáculo. «La forma en que está contada la historia es muy atractiva, puesto que mezcla planos de pasado, de presente, y recuerdos, y lo que se ha intentado es que estos cambios temporales se vean reflejados sobre el escenario», contó.

El proceso de preparación de esta obra ha sido largo puesto que «se hizo una primera versión en primavera en el Hotel La Perla, durante el festival Otras miradas, otras escenas«, y ahora, según aclaró Muñoz, llega al Teatro Gayarre en un formato a la italiana, que permite recrear mejor esta historia mediante la magia de las herramientas escénicas.

La historia la protagonizan el actor Helio Pedregal y el barítono Isidro Anaya , quienes interpretan al banquero Manur y al cantante de ópera León de Nápoles respectivamente. Ambos son los personajes que pelean por el amor de Natalia Manur, mujer casada con el primero, y enamorada del segundo.

A ese respecto, Pedregal señaló ayer que «Natalia es una mujer ideal sobre la que los protagonistas proyectan sus aspiraciones, su amor y sus deseos. Una mujer que no se ve físicamente en la obra pero que está presente en voz e imágenes». Asimismo, el actor hizo mención a que los actores habitualmente se tienen que poner en la piel de personajes poco defendibles, circunstancia con la que dijo no sentirse identificado en este caso. «No he tenido problemas para encarnar a Manur porque entiendo sus razones, y pienso que morir por amor, o morir por la falta de amor dignifica cualquier actitud», puntualizó, añadiendo, no obstante, que ojalá nadie tenga que llegar a ese extremo.

Por otra parte, en la obra se entrelaza la historia de los personajes con la que cuenta la música del Otello de Verdi. «Los celos son el centro del triángulo amoroso, es por eso que lo que no puede ser contado a través de palabras se hace mediante esta pieza musical. Hecho que a pesar de ser muy arriesgado permite convertir el Otello en un espejo de la obra teatral», señaló Pedregal. Es decir, lo que cuenta la pieza musical refleja la historia que viven los propios protagonistas.

El reparto del espectáculo lo completan el actor José Antonio Gallego, quien se mete en la piel de Dato, acompañante y confidente de Natalia, la protagonista; y la soprano Soledad Cardoso, quien interpreta diversos papeles femeninos.

SONIA MACÍAS

Noticias de Navarra, 25 de noviembre de 2010

La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre

En su vigésima aparición pública, Editorial Reino de Redonda ofrece a sus fieles La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre, de Robert Southey. Este Southey fue el más maldito de los llamados poetas lakistas, y su máxima desgracia fue tener que competir por los favores del público con dos pesos pesados como William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, quienes, obviamente, lo aplastaron con su fama y, por qué no decirlo, su gigantesca talla literaria.

Para escribir este libro que Reino de Redonda ofrece ahora en traducción de Soledad Martínez de Pinillos , Southey se basó en Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, de un franciscano llamado fray Pedro Simón, quien a su vez se basó en un manuscrito guardado en los anaqueles de la orden y que fue obra de otro franciscano llamado Pedro de Aguado, quien lo había escrito basándose en los testimonios de testigos y protagonistas de los hechos narrados, así como en otras crónicas contemporáneas.

Es decir: alguien (en este caso la imposible pareja Ursúa-Aguirre) protagoniza en 1560 unos hechos tan notables que, años después de ocurridos, un historiador los recoge con la máxima precisión posible, aunque su esfuerzo sólo se verá recompensado cuando, en 1627, otro franciscano edite su propia historia basándose casi por completo en la de su predecesor. Más de doscientos años más tarde, otro cronista por afición, esta vez de nacionalidad inglesa, retomará la historia de Aguirre vista por aquellos dos franciscanos que hablaban de oídas y dará su propia versión, que es la que nos llega ahora traducida al castellano.

En cuyo caso parece legítimo preguntarse: después de tantas manipulaciones por parte de los historiadores primitivos o modernos, y después de varios pasos de una lengua a otra para terminar regresando a la original, los hechos y los hombres que los protagonizaron, ¿tienen algo que ver con la verdad?

Por descontado que sí. Y el relato (porque es más un relato que un libro de historia) continúa siendo fascinante incluso para quienes hayan leído algunas de las crónicas originales y las versiones que hicieron entre otros, Ramón J. Sender (en novela) y Torrente Ballester (para teatro). Y también continúa siendo fascinante para quien todo el rato tenga que estar luchando contra la imagen contrahecha y sobreactuada de Klaus Kinski en la película de Werner Herzog.

De entrada, la época resulta fascinante porque cuando Ursúa recibió el encargo de descubrir y conquistar un lugar totalmente imaginario llamado El Dorado la conquista de América estaba terminando y el soldado heroico que conquistaba tierras en nombre del rey y almas para la mayor gloria de Dios ya pertenecía al pasado. Los guerreros que no habían querido o sabido reciclarse en colonos (por ejemplo Aguirre, que todavía soñaba con amasar una fortuna a punta de espada) se habían convertido en peligrosas hordas de semiforajidos dispuestos a engancharse en cualquier aventura por disparatada que fuera con tal de que les permitiera hacer lo único que sabían hacer, o sea, manejar armas. Ya nadie creía estar cumpliendo una misión histórica y trascendente, y los mundos que restaban por conquistar estaban más allá de la línea que señalaba el imperio de la ley y el orden. Y en ese territorio sumido en la tiniebla, ocurrían cosas muy misteriosas con los valores generalmente aceptados. Lope de Aguirre, justamente llamado «El loco» y con no menos justicia conocido asimismo como «Traidor», era un homicida que mataba o hacía matar por ansia de poder, porque le asedian los demonios o, sencillamente, por el placer de hacerlo. Pero de pronto, cuando traspasó la línea de no retorno al asesinar a Pedro de Ursúa y proclamar públicamente su desafección al rey, descubrió el poder de cohesión y la fuente de fidelidad que entraña toda muerte injustificable – y cuanto más sanguinaria y cruel e injustificable sea una muerte más cohesión y fidelidad genera – ya no pudo dejar de matar y ordenar matar porque la transgresión era el único vínculo de unión entre sus hombres y él. Curiosamente, en ese disloque de valores que se produjo en el caos de traiciones y ambiciones desmesuradas que era América, incluso un homicida y saqueador confeso, como era Lope de Aguirre, podía escribir al rey y, en nombre de su propia escala de valores, reprochar al monarca que no reaccionase frente a la flagrante corrupción del clero y echarle en cara el desgobierno de las provincias que otros habían ganado para él arriesgando sus vidas. Dicho lo cual, y de no ser porque su suerte ya estaba echada, Aguirre hubiera proseguido su sanguinario deambular. Y quede claro que estuvo en un tris de salirse con la suya y regresar victorioso a Perú.

JAVIER FERNÁNDEZ DE CASTRO

El Boomeran(g), 21 de noviembre de 2010

Javier Marías: Ghosts make great narrators 

Critically acclaimed thriller writer Javier Marías tells Metro how his difficulty trusting people shaped his new spy novel.

In the last story in the new English edition of Javier Marías’s collection While The Women Are Sleeping, the narrator gets stuck in a lift with a butler who tells him a story about his mistress involving a lock of her hair. He has just come from a cremation and wears a pair of black leather gloves. It is unnerving and inconclusive, and Marías admits he still gets a thrill when he reads it.

‘It’s very weird to me the way the butler winds up the narrator,’ he says in his impeccable English. ‘That’s one of the things I like about a story: with a slight change of tonality you can open a door to something utterly different from the norm.’

Anyone who has battled through Marías’s magnus opus, Your Face Tomorrow (three volumes, more than 1,200 pages), will not only sigh with relief at the thought of not having to schedule a sabbatical to read his new book but will be fully acquainted with the dark arts of this cause célèbre of modern Spanish fiction. He is a master literary illusionist, his writing full of strange hauntings and slippery overlaps between truth and fiction (including the real-life story of John Gawsworth, former king of Redonda, who appeared in what Marías calls his ‘false novel’, Dark Back Of Time, and crops up again here).

In fact, the stories in While The Women Are Sleeping, which was first published in Spain in 1990, invariably centre on ghosts or strangers who spin uncanny tales and then vanish, leaving the scent of something having shifted hanging violently in the air. ‘Ghosts make great narrators,’ says Marías. ‘They tend to see everything. But it’s a terrible thing to have total knowledge. Ignorance can be a gift.’

Marías, 59, is one of the most important living Spanish authors – a debonair figure who lives in Madrid and is as straightforward in person as his fiction is tricksy and ambiguous. He published his first novel at 19 and Your Face Tomorrow has been compared to Proust, with one critic saying it ‘may well be the first authentic literary masterpiece of the 21st century’.

Such epithets can be offputting and Your Face Tomorrow is certainly not for the reader who likes to keep their books strictly for the bathroom. Yet it’s also a thriller: a novel submerged in the twilight world of modern espionage that centres on Jacques Deza, who works for MI5 in a building ‘without a name’ as ‘an interpreter of people’ (it’s never entirely clear just what he does) and who at the end of the second volume bears witness to an extraordinary act of violence that reverberates throughout volume three like a gunshot through a valley.

It’s impossible to separate Marías from the history of his native Spain. Violence and betrayal are recurring themes, stemming most specifically from the fact his father was betrayed by his best friend during the Spanish Civil War and would have ended up on the receiving end of a Nationalist bullet had he not escaped to the US. This event forms a key incident in Your Face Tomorrow and feeds into the novel’s epic theme, referred to in the title and taken from Henry IV: that of never really knowing whether someone will wear the same face tomorrow that they did today. Unpredictable, unknowable characters also populate While The Women Are Sleeping.

‘Of course what happened to my father makes you distrust the world in general,’ says Marías. ‘I try not to do it; it would be an impossible life to live. But in a civil war, which is worse than any other war, you can’t really imagine what people are capable of.’

He is fascinated by the morally relative nature of power structures. ‘I grew up under Franco and the thing about dictatorships is that they are very clear. There’s no pretence. Torture is normal. I’m more fascinated by democracy: it’s muckier, dirtier. Your Face Tomorrow is partly about the uneasy idea that people who work for the government may also be working for someone else. This actually happened in Britain, after the fall of the Berlin Wall, when people from MI6 and MI5 were apparently unoccupied and started to combine official work with work for private companies. It now seems impossible to know whether this still happens.’

It is perhaps fitting that While The Women Are Sleeping contains a story Marías wrote when he was 14. Does he recognise his teenage face? ‘Not always. It’s very odd visiting these past versions of yourself. Sometimes I don’t know myself at all.’

CLAIRE ALLFREE

Metro, 17 November 2010

WHILE THE WOMEN ARE SLEEPING
Chatto&Windus

It is a hugely confident writer who republishes in his late 50s a story he wrote when he was just 14, but then Javier Marias is one of Europe’s most acclaimed novelists, whose Your Face Tomorrow trilogy has been given the ultimate accolade: comparison with Proust.

The story in question, “The Life And Death Of Marcelino Iturriaga”, is a charming bagatelle, whose chief interest – apart from its precocity – lies in the fact that the narrator is dead, thereby prefiguring a concern with mortality, ghosts and unusual fictional forms that permeates the collection.

In “A Kind Of Nostalgia”, perhaps the finest and most touching of the ten stories on offer, a lady’s companion finds her one moment of intimacy with the ghost of a murdered peasant. In “The Resignation Letter Of Senor De Santiesteban”, a young English teacher finds himself drawn into spectral manifestations at the British Institute in Madrid. The narrator of “Gualta” meets his doppelganger at a business dinner, while the narrator of “Lord Rendall’s Song” watches his commit a murder.

Elsewhere, murderous lovers, deathly love games and mysterious tramps feature strongly in an offbeat collection, whose only defect is a lack of emotional charge.

MICHAEL ARDITTI

Daily Mail, Boooks, 18 November 2010

LA ZONA FANTASMA. 21 de noviembre de 2010. Entusiastas que matan

Hace ya siete años, publiqué aquí un artículo titulado “Acabaré odiándola”. Me refería a lo que más me gusta en el mundo, la música, y si preveía un odio futuro era por la obligación que hoy tenemos de escucharla a todas horas y en todas partes, querámoslo o no, y además no la que elegimos, sino la que nos imponen otros en las calles, en los trenes, en los teléfonos, en las tiendas, por doquier. En el tiempo transcurrido desde entonces no sólo ese abuso ha ido a más, sino que se ha extendido a otras cosas, prácticamente a todas, por culpa de los entusiastas de cada una de ellas.

Los entusiastas actuales, se habrán dado cuenta, no se conforman con disfrutar obsesivamente de aquello por lo que sienten predilección, sino que necesitan: a) que el resto de la humanidad se entere de sus entusiasmos y de su disfrute; b) constituirse ellos mismos en espectáculo; c) imponerle sus aficiones al prójimo. Con ello lo que consiguen es un efecto contraproducente: sus semejantes acaban por detestar lo que ellos adoran, y sobre todo a los adoradores mismos, convertidos todos en tremebundos plastas. Unas semanas atrás me quedé atónito hacia el final de un telediario, que daba como noticia “simpática” y “festiva” lo siguiente: una panda de devotos de la poesía, en vista de que este género a veces sublime se lee muy poco, había decidido “sacar la poesía a las calles”, es decir, parar a los viandantes y soltarles unos versos a bocajarro; recitar sonetos por un megáfono, molestando así a un vecindario entero; llamar a los telefonillos de las casas y endosarle unas coplas al incauto que contestara; en suma, dar la tabarra e imponer su fervor. “Si la gente no viene a los recitales”, decía un majadero ufano, “la poesía irá a los portales”. Como ilustración de la “risueña iniciativa”, se veía cómo un memo, desde la acera, coaccionaba a un inquilino paciente a tragarse el siguiente “poema”: “No es lo mismo la chica del público que el público de la chica”, o tal vez fuera: “No da igual el pubis de la muchacha que la muchacha del pubis”, les juro que en todo caso la chorrada tenía de poesía lo que Rajoy de contemporáneo. Pero vamos, si alguien llama a mi puerta mientras estoy escribiendo, o viendo el fútbol, o lo que sea, y se empeña en leerme algo, aunque sean las Elegías de Duino de Rilke, lo trituro con mis propias manos (supongo que hoy en día conviene añadir que esto último es una hipérbole, no se me vaya a acusar de violento). La acción de los entusiastas poéticos no podía dar como resultado sino que el personal odiara los versos a partir de ese día.

Lo mismo ocurre con todo, ya digo. Hay una plataforma que reivindica en Madrid carriles bici como los que hay en otros sitios, y en principio uno no tiene nada contra ese medio de locomoción. Ahora bien, si cada jueves desde hace meses esos “bicistas” invaden el Paseo del Prado en hora punta y colapsan una de las arterias de la capital, con los consiguientes retrasos y molestias para toda la ciudadanía, lo normal es que ésta se vuelva en contra de las pobres bicis –y sobre todo de los abusivos pelmas que las montan– y que íntimamente desee que se fastidien y que jamás les concedan los dichosos carriles. O si tres días antes de la festividad de la Almudena (¡tres!), los beatos ya están probando con altavoces monstruosos los cánticos que sonarán en el centro de la ciudad, es natural que los vecinos se dediquen a maldecir a esa Virgen madrileña, esto es, a blasfemar. O si la llegada del Papa de colmillo retorcido supone que media Barcelona quede tomada y no se pueda transitar por ella desde varias jornadas antes del advenimiento, que quienes viven no demasiado lejos de la Sagrada Familia se vean impedidos de utilizar el coche e incluso de estacionarlo, y que todo el mundo se vea condenado a escuchar las guitarricas y las cancioncillas de las desafinadas juventudes papales, entonces no es extraño que la población condal eche pestes de Benedicto, de las monjas, de los kikos, del fantasma de Gaudí y de cuantos tengan parte en la invasión. O si, de nuevo en Madrid, y por culpa de los premios de la MTV, todo el centro queda cortado y no hay quien dé un paso de viernes a lunes, a nadie le parecerá raro que la mayoría de los madrileños (por muy popular y multitudinario que sea un acto, siempre es una minoría la que lo disfruta y participa en él) acaben acordándose de las madres y padres de Shakira, Miley Cyrus y Eva Longoria, y por su puesto de Gallardón y Lady Gaga.

La semana anterior a este “cosmopolita evento” tocó el llamado Día de la Trashumancia, ese domingo aldeano en que también todo se paraliza para que pasen las ovejas y bueyes por la zona más céntrica, antigua cañada real. Pero esto ya ha sido convertido en un espectáculo más, con sus fans. Díganme, si no, qué hacían, junto a las ovejas, unas tías con castañuelas que las acompañaban danzando, sin que los bóvidos siguieran su ejemplo ni les hicieran ni puto caso. El odio cayó sobre los animales, que qué culpa tenían. Los entusiastas del atletismo, de las maratones, de los mimos, de las bicis, de la música, de la poesía, de la Almudena y del Papa, todos resultan contraproducentes y los peores embajadores de los objetos de su pasión. Así no hay manera de que contagien ni una al personal; al contrario, lo vacunan contra todas. Hay entusiastas que matan.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 21 de noviembre de 2010

Faulkner asalta la mesa de novedades

DEBOLS!LLO

[…]

La posibilidad de reencontrarse otra vez con su obra asalta ahora las mesas de novedades de las librerías españolas. La reedición en Alfaguara de buena parte de sus novelas (de Sartoris a Santuario, El villorrio, El ruido y la furia o Luz de agosto) y de dos de sus libros más desconocidos –Mosquitos (Alfabia) y la mencionada ópera prima, La paga de los soldados (RBA)- devuelven la posibilidad de releer, leer o, directamente, descubrir a este escritor de escritores cuya vigencia ya fue reclamada hace más de una década por Javier Marías cuando publicó Si yo amaneciera otra vez, una selección de 12 poemas (traducidos por el propio autor de Corazón tan blanco) que precisamente también coincide ahora en las librerías reeditado por Debolsillo. Marías arremetió entonces contra los lectores y críticos «perezosos» que ponían entre paréntesis a un autor fundamental…

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS

El País, 18 de noviembre de 2010

While the Women are Sleeping

WHILE THE WOMEN ARE SLEEPING

Javier Marías

Translated by Margaret Jull Costa
Chato & Windus 2010, London

 

CONTENTS

  • Author’s Note
  • While the Women are Sleeping
  • Gualta
  • One Night of Love
  • Lord Rendall’s Song
  • An Epigram of Fealty
  • A Kind of Nostalgia Perhaps
  • The Resignation Letter of Señor de Santiesteban
  • The Life and Death of Marcelino Iturriaga
  • Isaac’s Journey
  • What the Buttler Said

 

LA ZONA FANTASMA. 14 de noviembre de 2010. Suerte que no votamos mañana

No saben bien Zapatero, su Gobierno y su partido lo irritados y hartos que tienen a muchos electores que se consideran más o menos de izquierdas o que en todo caso jamás votarían por una derecha como la española: furibunda, beata, corrupta (es corrupto quien no destituye y sí defiende a los presuntos pero muy probables corruptos), difamadora por sistema y en exceso reminiscente de la franquista. El hartazgo y la irritación de los izquierdistas hacia el PSOE no son sólo debidos a la reciente reforma laboral del Gobierno y al incumplimiento de sus promesas. También tiene que ver con su nulo entendimiento de lo que son las libertades individuales y aun la democracia, con su afán regulador y prohibicionista, con su puritanismo o mojigatería dignos de monjas, con la simpleza –cuando no abierta idiotez– de muchos de sus representantes, sobre todo ministros; con su soez usurpación del antiguo socialismo, con sus torpezas y rectificaciones, con su injustificado optimismo, rayano en el iluminismo, ante los problemas más acuciantes y graves. Si, como se prevé, numerosos votantes de izquierda se quedan en casa o depositan un papel en blanco en las próximas elecciones generales de 2012, y también en las municipales y autonómicas del ya cercano mayo (o de este mes en Cataluña), no será sólo por la situación económica, sino por lo que acabo de enumerar. La opción de Izquierda Unida y similares se antoja disparatada, por su entendimiento aún menor de las libertades y de la propia democracia.

El gran problema aparece cuando esos votantes reacios se paran a pensar en el día siguiente a las elecciones. Tal como está conformada la política española, el único otro partido que puede gobernar, y además con mayoría absoluta, es el PP. Antes de que lo hiciera por primera vez, en 1996, había comprensibles dudas y temores respecto a lo que era capaz de hacer en el poder. Después de ocho años de haberlo ejercido (1996-2004), ya sabemos cómo se las gasta. Uno siempre espera que la gente pueda cambiar, o que sea sustituida por otra más civilizada, pero este no es el caso del PP, a cuyo frente está un individuo que formó parte de los Gobiernos de Aznar, en cargos bien prominentes. Es chistoso que esta derecha haya calificado el nuevo nombramiento de Rubalcaba como “vuelta al pasado”, cuando Rajoy no es ni siquiera eso, sino la permanencia en él pura.

Desde que empezó la crisis económica, el PP ha evitado decir cómo la combatiría, y se ha cuidado de revelar cuáles serían sus medidas y recortes, seguramente porque, al lado de la que ellos harían, la reforma laboral de Zapatero parecería un favor a los trabajadores. Hace unas semanas Rajoy abrió por fin la boca –muy poco–, y lo único que fue capaz de anunciar es –oh sorpresa– que privatizaría; es decir, que vendería a particulares lo que se ha construido a lo largo de décadas con el dinero de todos los españoles. En concreto, explicó, los servicios postales, los trenes, los puertos y los aeropuertos. No he leído apenas comentarios a estas inquietantes declaraciones. Tomemos el caso de los trenes. ¿Podría explicar Rajoy los motivos para entregar la Renfe a una empresa privada? ¿Para que funcionara mejor? Es imposible. Los trenes, y sobre todo los AVEs, son una de las escasísimas cosas que van a la perfección en España. Salen y llegan puntuales, el servicio es excelente, son cómodos y rápidos, algo caros pero no demasiado, y van a tope casi siempre. Su éxito es indiscutible. ¿Entonces? ¿Se trataría acaso de privatizarlos para sacar más dinero y enriquecer a algún amigo? Recordemos el caso de Telefónica durante el Gobierno de Aznar. Algo costeado por todos pasó de pronto a manos privadas, encarnadas por las de un sujeto llamado Juan Villalonga del que sólo se sabía que había sido compañero de pupitre del entonces Presidente. Hoy ese señor ya no está al frente de Telefónica –medio que ha perdido hasta el nombre–, y lo único que ahora sabemos de él es que vive fuera de España la mayor parte del tiempo, se casa con ex-modelos y es multimillonario.

Margaret Thatcher llevó a cabo la privatización de la red ferroviaria británica, que pasó de ser una de las mejores del mundo a ser un completo desastre: no sólo en lo referente al funcionamiento, sino que –no sé si se acuerdan– proliferaron los accidentes mortales de manera alarmante. En los Estados Unidos, donde el ferrocarril unió al país, la privatización supuso que ese medio de locomoción dejara de existir prácticamente. Algo parecido ha sucedido en algunos países sudamericanos, en los que no hay modo de desplazarse utilizando la vía férrea. Si Rajoy quiere vender los trenes, que como servicio público son casi inmejorables, pueden imaginarse qué más vendería. ¿La Seguridad Social? ¿El Museo del Prado? Nada estaría a salvo. La Sanidad madrileña, según aseguran todos los médicos que conozco (y no son precisamente de izquierdas), ha sido destruida por la política “liberalizadora” de Esperanza Aguirre. La privatización de lo común, no se engañen, suele significar, para los ciudadanos que con su contribución han erigido instituciones valiosas y que deben ser deficitarias si no hay más remedio –pues a todos benefician–, pagar mucho más por ellas y obtener peor servicio, o su supresión a veces. Si esto es lo que el PP se atreve a anunciar, figúrense cómo será el resto de lo que no osa decir y se calla. En verdad estamos entre la espada y la pared, y esta vez es en serio. ¿Pared? ¿Espada? Menos mal que las elecciones no son mañana.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 14 de noviembre de 2010

Juegos del yo

Javier Marías y Enrique Vila Matas son, como bien afirma José María Pozuelo, «dos de los autores españoles cuya obra posee mayor relieve artístico y un lenguaje narrativo original, con verdadera dimensión internacional». El presente volumen es un estudio de representaciones imaginativas o ficcionalizaciones del yo en Negra espalda del tiempo y Tu rostro mañana, de Marías, y Bartleby y compañía, El mal de Montano, París no se acaba nunca y Doctor Pasavento, de Vila-Matas, ambas, en última instancia, voces narrativas que se remontan a Todas las almas e Historia abreviada de la literatura portátil, respectivamente, como detalla Pozuelo.

El término figuración es uno de los mayores aciertos del ensayo. Pozuelo define el vocablo diferenciándolo nítidamente del concepto de autoficción. Ésta es una noción que se usa hoy de forma tan indiscriminada que, como apunta Pozuelo en su repaso de la historia y uso del neologismo, «amenaza con actuar como el bálsamo de Fierabrás, porque todos los remedios metateóricos cura». Frente a autoficción se propone figuración, término más general y más comprehensivo, pero, a la vez, más pertinente para el presente estudio porque, mediante un recorrido por la tradición onomasiológica y su vínculo con la idea del dibujo imaginativo, de fantasía de algo o su representación, desemboca en una voz personal pero no autobiográfica, una voz reflexiva cargada de ironía cervantina, que marca cierta distancia respecto del autor empírico, sin responsabilidad necesariamente testimonial. Entraña la construcción de un yo discursivo que es y no es el autor.

Estudio pionero
Éste es el yo que se dibuja a lo largo del trabajo, avalado por una erudición de la que se hace poco alarde, pero que nos conduce sagazmente desde Platón y Aristóteles hasta Doubrovsky y Derrida, pasando por Montaigne y Cervantes. Es un yo narrativo y reflexivo (ensayístico) bastante cervantino, con voz que pueda ser del propio autor, siendo de otro (del narrador). Así, lo que se vislumbra es que la figuración es una conciencia, una conciencia que no cesa y que lo abarca todo. Y ese estilo y voz de los narradores son tan digresivos como los del narrador de Marcel Proust, porque tanto Marías como Vila-Matas despliegan una escritura cuya forma es el resultado de una visión particular (de narradores y autores) y no de mera técnica; como remarcó el propio Proust sobre su estilo.

El estilo (digresivo) de ambos y sus figuraciones (como en Proust) nos sumergen en una mente que contempla el mundo en toda su complejidad, y cuyo deseo es intentar penetrar en la naturaleza o esencia de las cosas y las personas del mundo (de la novela y, si se quiere, por extensión, del mundo real). Como bien se desprende de este excelente y, en gran medida, pionero estudio de José María Pozuelo Yvancos, los meandros y juegos de la escritura y de las figuraciones del yo mariescos y vila-matianos (más escurridizos aún los de éste), y de los resultantes tapices que se disparan en muchas direcciones son emblemas del tema último de toda obra eminentemente moderna: el movimiento irregular de una mente particular en su esfuerzo por hacer inteligible y narrar su historia ..

ALEXIS GROHMANN

Abc Cultural, 13 de noviembre de 2010

Javier Marías opina acerca de la nueva Ortografía

La i griega aún tiene esperanzas

[…] Javier Marías, escritor y miembro de la RAE, quiere, antes de opinar por extenso, ver la nueva Ortografía preparada por sus compañeros -«hay gente muy sabia con sus motivos para hacer cambios que no parecen excesivos ni traumáticos»-, pero adelanta: «Voy a seguir escribiendo como me apetezca». Privilegios de creador. «Algunos se han quejado de que en lugar de espurio escribo espúreo, una fórmula que hace años que no acepta la RAE. Me parece más auténtico. La palabra espurio la encuentro espúrea», dice. Y recuerda que Juan Ramón Jiménez escribía jeneral. «La Academia no impone nada, aunque su autoridad es grande y la gente hace caso a lo que dictamina», continúa. Sea como fuere, él va a seguir escribiendo truhán con tilde: «No creo que se pronuncie igual que Juan, ni que guión se pronuncie como la segunda sílaba de avión». Su propuesta: que se permitan las dos opciones, como se permiten fútbol o futbol. Respecto a Qatar, que será Catar, afirma que hay cosas que forman parte de las extravagancias ortográficas de cada lengua, «como la x de bijoux en francés».

Para Humberto López Morales, que insiste en lo que muchas cosas del nuevo texto tienen de propuesta, lo importante es conseguir la «coherencia» de la ortografía con sus propias reglas: «Quitar el acento de solo es lo más lógico del mundo desde el punto de vista de la gramática española. No hay apenas expresiones donde se presente la ambigüedad. Y ahí está el contexto para resolverla». Las autoridades, es decir, los escritores son parte de las fuentes usadas por los gramáticos. Aunque los hay, como dice Marías, «hipercorrectos», el futuro de la i griega, en parte, está en sus manos.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

El País, 9 de noviembre de 2010

LA ZONA FANTASMA. 7 de noviembre de 2010. Viajamos entre las eternidades

Los comentaristas que aspiran a estar a la última hablan y no paran, desde hace unos años, de las series de televisión, afirmando, entre otros ditirambos, que en ellas está el mejor cine actual, el más adulto y el más complejo. Reconozco que pocas películas estrenadas en salas me han captado la atención como Los Soprano, Hermanos de sangre, El ala oeste de la Casa Blanca, Deadwood y Mad Men. En cambio no he conseguido adentrarme en la celebradísima The Wire, cuyos primeros episodios me resultaron convencionales; en cuanto a la idolatrada Perdidos, me pareció cualquier cosa menos adulta y compleja, y más bien facilona y arbitraria. Ese prestigio de las series, sin embargo, no ha alcanzado a los largometrajes hechos para la televisión, cuando en la década que termina he visto dos magistrales y cuya factura nada tenía que envidiar a la de las películas “de cine”. Sólo se diferenciaban de éstas, quizá, en su duración (unas tres horas o más) y en el hecho de que, al haber pasado en seguida al DVD, no he leído críticas sobre ellos, ni entrevistas con sus responsables, ni han gozado de promoción, ni el público en general se ha enterado de su existencia. Raro destino el de obras maestras que pasan inadvertidas, hasta para los comentaristas más modernos y sagaces.

Path to War

Path to War

Una de esas películas televisivas es de 2002, y supuso el adiós del director John Frankenheimer, a quien debemos dos de las mejores cintas de política-ficción de la historia, Siete días de mayo y El mensajero del miedo o The Manchurian Candidate (ojo, la versión antigua con Frank Sinatra y Laurence Harvey, no la nueva ridícula con Denzel Washington), así como El hombre de Alcatraz. Esta obra final suya se tituló Camino a la guerra o Path to War, y es un apasionante recorrido por la presidencia de Lyndon Johnson, el hombre gris que sustituyó a Kennedy, y su progresiva implicación en la Guerra de Vietnam, con Michael Gambon como el Presidente y Alec Baldwin y Donald Sutherland secundándolo en sendas interpretaciones inolvidables. Debería verla todo aquel al que le interese el cine político en su subgénero “Casa Blanca”, y también el cine en general.

Broken Trail

Broken Trail

Pero más bien quería hablar de la otra película televisiva, que descubrí en 2006 y hace unos días he vuelto a ver … dónde si no en el DVD: que yo sepa, ese magnífico film no se ha exhibido nunca en pantalla grande. Ahora que se ruedan pocos westerns, para nostalgia mía y de muchos, y los que se ruedan no suelen ser gran cosa desde hace decenios (ni siquiera me entusiasma la premiadísima Sin perdón, de Eastwood), esta desconocida Broken Trail, titulada Los protectores en el DVD puesto a la venta en España, dirigida por Walter Hill y protagonizada por Robert Duvall, me parece uno de los mejores que jamás se hayan hecho, casi a la altura de algunos de John Ford, Howard Hawks y Anthony Mann. En él, Duvall y su sobrino conducen una manada de caballos hasta Wyoming, y en su recorrido, como en cualquier novela o película itinerante desde el Quijote, se van encontrando con gente diversa. El encuentro más importante es el de cinco jóvenes chinas, alguna casi niña, todas vírgenes, recién llegadas y que no hablan inglés, destinadas a ser vendidas como prostitutas. Tras una serie de vicisitudes, Duvall, su sobrino y el vaquero violinista que los acompaña se sienten impelidos a hacerse cargo de ellas y a incorporarlas a su viaje, con los consiguientes retrasos y complicaciones. La relación que se va estableciendo entre los vaqueros y las jóvenes chinas, con las que apenas pueden entenderse, es una de las más delicadas que he visto en mucho tiempo, sin el menor subrayado ni la menor caída en el sentimentalismo, no digamos en la sensiblería. Otro tanto sucede con la no-relación entre el ya viejo Duvall y una puta madura (Greta Scacchi) de la que también han de ocuparse, así como de un señor chino entrado en años. Sin apenas darse cuenta, todos ellos van formando una extraña familia poco habladora, en la que el personaje de Duvall –ese personaje admirable llamado Print Ritter– acaba por ejercer, sin ánimo de protagonismo, sin ínfulas de héroe y con naturalidad, de bondadoso pater. Bondadoso sin exagerar: es bien capaz de tranquilizar la conciencia de su sobrino tras haber éste ahorcado a un hombre con sus propias manos, o de cargarse a uno de aquellos individuos que vendían a los indios mantas infectadas de enfermedades a fin de exterminarlos mejor. Nada en esta obra maestra del western está exagerado ni es deliberadamente truculento, como pasa hoy a menudo. Hay las dosis justas de violencia, aventura, peligro, lirismo contenido y emoción. También hay asombrosas escenas de quietud, y entre éstas una conversación junto a un río, entre Duvall y Greta Scacchi, que no puede por menos de recordar al cinéfilo aquella otra famosa conversación junto a un río entre James Stewart y Richard Widmark, en Dos cabalgan juntos de Ford. Broken Trail o Los protectores es una de esas raras películas, más que nunca hoy en día, en la que todos sus personajes caen bien. Son gente sencilla y sensata, con principios, sobria y con humor, en absoluto empalagosa, que ve la vida como “un viaje entre las eternidades”, según expresa Duvall en las oraciones fúnebres que le toca pronunciar. O que, como también dice en un momento determinado, “Nosotros no buscamos salvar a unas orientales y a una puta con la nariz rota. Simplemente ocurrió. A veces uno tiene que tirar adelante con lo que le pongan en el camino; nada más, ¿no?”

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 7 de noviembre de 2010

Rodin retient son souffle. Portraits

Photographe: Aubry. 1862

Photographe: Aubry. 1862

[…]

Les images sur lesquelles il apparaît seul sont en revanche beaucoup moins conventionnelles, et sur presque toutes Rodin regarde l’objectif de manière plus obsessionnelle qu’inquiète ou méfiante, comme s’il ne pouvait ou ne voulait pas perdre de vue celui qui va réussir à saisir en un instant un visage et un corps, ce qui lui demande à lui d’interminables et pénibles journées. Bien sûr l’image prise avec autant de facilité sera tristement plate, sans volume ni contours.

Anonyme. 1907

Anonyme. 1907

Jeune avec un chapeau, ou moins jeune, tête nue, vieux, assis à une table décorée d’une de ses oeuvres comme s’il s’agissait d’un vase de fleurs ou peut-être d’un mets, surpris – impatient – devant le Dépôt des marbres, sur toutes ces photos on le voit alerte, en attente, solennel, sévère, comme si on l’avait convaincu qu’il faut rester immobile, voire retenir son souffle, pour être immortalisé…

JAVIER MARÍAS

Musée Rodin, 1997

[El artículo, completo y en castellano, «Rodin contiene la respiración» está recogido en el libro de Javier Marías: Vida del fantasma.]