Aguirre: de Southey a Sender

Robert Southey (1774-1843), un apuesto mozo de Bristol, fue un poeta romántico e hispanista que tradujo al inglés el Mío Cid. En 1821 publicó La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre. En cierto modo el libro de Southey pertenece al género gótico, en el que el Loco Aguirre viene a ser el Ogro o Numa del Amazonas. La búsqueda de El Dorado como el Infierno gótico.

Reino de Redonda acaba de publicar la traducción a nuestro idioma de esta siniestra expedición de los marañones, nombre derivado del río Marañón, la cabecera del Amazonas. Si el gran cronista de Indias, Bernal Díaz del Castillo, acuñó frases memorables: “sus tumbas fueron los vientres de los tigres”, la crónica de Southey nos recuerda que los expedicionarios comían caimanes cazados a arcabuzazos, tras dar buena cuenta de perros y caballos. Las frutas silvestres eran consideradas por estos españolazos de antaño comida de monos. El patizambo de Aguirre alardea de bravucón y temerario. Es un personaje tenebroso, un Numa de Indias, más retorcido que los cuernos de un toro. “Esta pusilanimidad precipitó su destrucción”.

La funesta y estéril busca del Dorado dura noventa días en los que el Loco Aguirre masacra a setenta soldados. Si bien se mira, tampoco se hunde el mundo, los narcos de México rondan esa cifra en un fin de semana. El prólogo es del poeta novísimo Pedro Gimferrer. El tesoro del libro es la famosa Carta que Aguirre dirigió a Felipe II, tan vigorosa de expresión que bien podría ser de un Lope de Aguirre de Schiller. “Al cielo van pocos reyes”. Los frailes de América son pintados como lujuriosos y glotones, un auténtico aguafuerte de Goya. “Nunca mandéis flotas españolas por este maldito río” advierte al monarca. El tratamiento es de Vos, el usted medieval.

En 1954, Sender publicó La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. La primera edición española, 1967, llevó un prólogo de Carmen Laforet. A Sender siempre le interesó la novela histórica, distintos siglos de la historia de España son recreados en sus novelas: Carlos II el Hechizado, el cantón de Cartagena, el marañón Lope de Aguirre, la guerra del Rif.

Podría haber sido un buen guionista de Buñuel en México, pero tenían genios dispares. Sender traza una novela muy bien trabada. Partiendo de las crónicas de Indias, se las salta a la torera y se inventa o recrea personajes pimpantes que dan vida a la siniestra figura del Loco Aguirre. La criada Torralba canta jotas sorianas, el negro Bemba improvisa coplas y zarabandas, el propio Aguirre emborrona papeles que luego estruja, como ensayando mil veces la carta que lo hará famoso. Tutear al monarca es una afrenta, y la carta senderiana lo hace. Sender es un curioso híbrido de Julio Verne y Baroja. Esta novela tiene algo valleinclanesco de Sonata del Amazonas. Pocas veces se ha plasmado el misterio de la selva como en ciertas páginas, si acaso, los deltas de la India en Salgari. Las cañas tiene grosor de muslo de amazona, los helechos milenarios trenzan doseles fosforescentes. Los ruidos de la noche en la selva, las cataratas falsas, las explosiones de savia, los vampiros anestésicos. Los alaridos del mono al ser devorado por el jaguar.

En este sentido, Sender es un claro pionero del “boom”, claro precursor de García Márquez o Vargas Llosa. La novela es un estupendo pastiche de los cronistas de Indias. Un cronista rezagado que a veces tiene ramalazos de ilustrado de Indias, un Azara en el Río de la Plata. Los indios tienen caras apaisadas, de gatos, con labios hocicudos. Un Cajal en las junglas de Cuba. El cerebro es un órgano delicado. Sender hace gala de un léxico brioso e indudable maestría en la adjetivación, al Cojo de Oñate le asesta estos dos adjetivos, raquítico y tremendo.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

El Heraldo de Aragón, 23 de septiembre de 2010

Arturo Pérez-Reverte elogia a Javier Marías

“Un novelista puro de verdad es Javier Marías, por eso siempre marco esas distancias con él. Novelista puro en el sentido de que es un artista que desde su propia fuerza intelectual está sacando afuera, generando un mundo narrativo singular. Eso es lo que para mí es realmente meritorio. Cuando yo cuento aventuras, peripecias, lances, estocadas, desastres, muertes, incendios, naufragios, bombardeos…, estoy limitándome a recordar. A contar cómo recuerdo y qué recuerdo me dejó esa vida. En ese aspecto, mi esfuerzo es más técnico que creativo. Más artesanal que artístico. Mi esfuerzo creativo consiste en manejar los medios que permiten combinar una realidad que ya viví y darle forma narrativa eficaz. Novelizarla.”

El País, 26 de septiembre de 2010

LA ZONA FANTASMA. 26 de septiembre de 2010. Medrados estamos

Ya ven el mundo ridículo y vulnerable que incomprensiblemente se ha construido y al que estamos condenados quién sabe hasta cuándo. Escribo esto el 11 de septiembre, nueve años después del atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono, así que el asunto les sonará ya a viejo y ojalá esté casi olvidado, aunque me temo que esto último no podrá ser. Un imbécil de una población de Florida, Gainesville, pastor de una congregación minúscula de la que nadie había oído hablar fuera de allí, amenazó con celebrar el aniversario de la catástrofe con una quema de ejemplares del Corán junto a su vacía iglesia, como quien dice en el patio de su casa o en su salón. Da escalofríos pensar en manos de qué estrategas se encuentra el ejército más poderoso de la tierra al ver que al Comandante de sus fuerzas en la peliaguda Afganistán, General Petraeus –hombre de prestigio y recientemente nombrado para la misión en sustitución de otro que lo hacía peor–, como si no tuviera suficientes quebraderos de cabeza en ese país, no se le ocurrió nada mejor que ocuparse del pastor pirómano pueblerino ante una cámara, y expresar su preocupación por las nefastas y seguras consecuencias de su plan. A partir de ahí, nos hemos familiarizado todos con el capullo Terry Jones, un tipo con revólver al cinto y un bigote grotesco, convertido en celebridad universal.

A esta hora parece que lo han convencido de renunciar a su incendiaria kermés, pero para ello han hecho falta no sólo la atención de todos los medios de comunicación durante días, sino las apelaciones y admoniciones de Obama, Hillary Clinton, el Pentágono, el FBI, la ONU, la OTAN, la Unión Europea, el Papa y todas las autoridades musulmanas imaginables, eclesiásticas y laicas. Como si todas esas personas y organismos, al igual que el metepatas Petraeus, no tuvieran otra cosa que hacer ni más problemas que resolver. Como al pastor idiota lo ampara la primera enmienda de la Constitución americana, que protege la libertad de expresión, dentro de la cual se enmarca la quema de Coranes o de lo que le apetezca a usted, la única manera de impedirle llevar su iniciativa a efecto era rogarle, argumentarle, persuadirlo, a lo cual se han dedicado con todas sus energías los mencionados prebostes e instituciones.

Luego, claro, están los otros. Si el asunto resultaba tan grave era porque no ya los terroristas islamistas, sino demasiados musulmanes corrientes, amenazaban con una catarata de atentados, altercados y asaltos, no contra el pastor cretino y sus cincuenta fieles, sino contra todo lo “occidental”. No sé si el Corán dice algo al respecto –mis lecturas no suelen incluir obras pías–, pero en nuestra zona del mundo solía considerarse inadmisible que “pagaran justos por pecadores”, según la expresión antigua, y, antes que eso sucediera, se renunciaba a veces a castigar a los ofensores para no causar daño a inocentes. Es obvio que la estrategia terrorista va precisamente contra este escrúpulo. Si alguien de una nacionalidad, una raza, una religión, hace algo que no cae bien, inmediatamente son juzgados culpables todos los de esa nacionalidad, raza o religión, a todos se los puede perseguir y asesinar. Pero si muchos musulmanes normales, en modo alguno terroristas, también creen en la colectivización de la culpa, comprenderán que no hay mucho que hacer. En este caso concreto, pocos han tenido en cuenta que los dirigentes americanos y europeos condenaban la anunciada acción del pastor memo. La protesta y las amenazas se hacían extensibles a todos los occidentales sin excepción: hoy ya ha habido un muerto debido a ellas, en un intento de asalto, en Afganistán, a tropas… alemanas, que ya me dirán qué tienen que ver con Florida.

Hace pocos años nadie se habría enterado de la proyectada quema, en Gainesville como en Habichuela del Tremendillo. Hace tan sólo dos, de hecho, otro reverendo de parecido jaez, con iglesia en Topeka, Kansas, prendió fuego a un Corán en una calle de Washington. No lo supo nadie, como es natural, y nada pasó. Ahora el eco planetario de la estupidez del pastor estúpido significa que quedamos a merced de las ocurrencias de cualquier descerebrado en cualquier punto del globo. Lo que carecía de trascendencia, o simplemente era ignorado, puede desatar una crisis gravísima que requiera la mediación de todos, desde el Presidente de los Estados Unidos hasta San Juan Crisóstomo. Insisto: como si no hubiera más que hacer. Y en todo caso el mal ya es irreversible; aunque el pastor obtuso no haya encendido al final su cerilla, no les quepa duda de que, tras tamaña repercusión, le saldrán imitadores de debajo de las piedras. Su idea ya está esparcida y sembrada en las mentes de los infinitos tontos que, mamarrachada que ven, mamarrachada que copian con devoción. Quizá no sea él, pero serán otros los que quemarán Coranes aquí o allá. Y bastará con que un alto cargo avise públicamente de la hoguera que se prepara en Tempranillo de la Francachela, para que todos los medios, como borregos, difundan los terribles propósitos de sus veintidós vecinos y las más altas jerarquías se movilicen para implorarles que no los lleven a cabo, aunque sea en el patio de su casa o en su salón-comedor. Como dice mi amigo inglés Eric Southworth, cuyo excelente español proviene en buena medida de sus lecturas de clásicos: “Medrados estamos”.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 26 de septiembre de 2010

Javier Marías en Facebook

Javier Marías

Los escritores se enredan

[…]

Las páginas en las redes sociales de Almudena Grandes, o Javier Marías registran una actividad dispar. La de Grandes, gobernada por sus fans, cuenta con dos años de existencia, casi 3.000 seguidores y escaso movimiento. Prueba de su resonancia internacional, el rincón más visitado en Facebook de Javier Marías es italiano. Su creador explica a los más de 2.000 lectores que Marías “è considerato il più importante autore dell’attuale letteratura spagnola”.

[…]

El Cultural, 24 de septiembre de 2010

LA ZONA FANTASMA. 19 de septiembre de 2010. No Gubernamentales a ratos

Lejos de mi intención criticar a las ONGs en general y a las personas de buena fe que a menudo las integran o les aportan fondos (entre estas últimas me cuento, aunque con cada vez menor confianza, lo que me ha hecho darme de baja en algunas de ellas). Su labor suele ser muy meritoria, y la ayuda que prestan no se ve menoscabada, cuando es eficaz y no contraproducente, porque haya entre sus miembros individuos que, más que preocuparse de veras por las calamidades e injusticias del mundo, parecen buscar sentido a sus insatisfactorias vidas y complacerse en su propia imagen combativa y solidaria, o incluso no pocos –sobre todo actores, cantantes, escritores, quienes tienen necesidad de construirse un “personaje público” lucido y rentable– que no desaprovechan ocasión de darse autobombo en compañía de los desventurados de turno y siempre llevan cámaras cerca que atestigüen y aventen su “compromiso” con cualquier causa que les adorne la biografía. Que haya quienes saquen partido a su defensa de los oprimidos, a su denuncia de los agravios, a su nutrición de los hambrientos, es una “mácula colateral” que con frecuencia hace sospechar de la espontaneidad y generosidad de los activistas, pero que en modo alguno invalida el conjunto de su tarea.

Últimamente, sin embargo, da la impresión de que el número de esos aprovechados aumenta. El eco mediático embriaga y ofusca a cualquiera, y es sabido que quien lo obtiene puede hacerse adicto a él y querer más cada vez. Algunas ONGs españolas que han saltado a la prensa por padecimientos que ojalá no hubieran sufrido, parecen haber perdido la perspectiva de lo que es útil para aquellos a quienes pretenden socorrer, y haberse ensimismado en una especie de narcisismo. Da la sensación de que ya no les importa tanto lo que puedan aportar cuanto el reflejo que les devuelva el espejo de su popularidad. Es de celebrar que los cooperantes de Acció Solidària secuestrados por la rama magrebí de Al Qaeda hayan regresado por fin salvos y casi sanos, aunque ello haya costado la excarcelación de algún terrorista y el pago de un rescate elevado a cargo del Estado español. Se ha comprobado que sus “caravanas de ayuda”, enviadas seguramente con la mejor intención, pueden traer más perjuicios que beneficios, desde luego para todos nosotros –y para los cautivos no digamos–, pero también para los destinatarios de dicha ayuda. Se ha comprobado que no todo lo que se nos ocurre es factible. Lo que resulta incomprensible es que esa misma Acció Solidària anuncia ahora que no se va a arredrar y que planea ya el flete de su próxima caravana –ojo con el narcisismo– no tanto para insistir en su apoyo a los necesitados cuanto como “homenaje” a los cooperantes maltratados. Uno se pregunta por qué no los homenajean en Barcelona, ya que han logrado volver allí, sin ponerse en peligro de nuevo, quizá volver a ser secuestrados –ojalá no sea así– e involucrar en su drama al Gobierno y a todo el país.

Otro tanto sucede con la docena de activistas del Observatorio para los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental que fueron molidos a palos cuando se manifestaban contra Marruecos en El Aaiún, bien por la policía de allí, como aseguran ellos, bien por ciudadanos bestias a los que no gustó su actitud. Hay demasiada gente en España que, a la manera de los nuevos ricos, cree que puede ir a cualquier lado y hacer allí lo que le dé la gana como si estuviera en nuestro territorio. Si bajo la dictadura de Franco hubiera venido un grupo de franceses o noruegos a manifestarse contra el régimen en suelo español, es seguro que los grises o los muchísimos franquistas bestias que pululaban por aquí los hubieran hostiado, y que luego se les hubiera caído el pelo en la Dirección General de Seguridad. Lo mismo les ocurriría a esos activistas canarios si se plantaran hoy en Pekín y gritaran contra la dictadura china, o en La Habana contra la de Castro, o en Guinea contra la de Obiang, o en Caracas contra la de Chávez o en Moscú contra la pseudodemocracia de Putin y Medvédev, no digamos en Teherán contra la de Ahmadineyad. Hay cosas que, simplemente, uno sabe que no es posible hacer, y menos gratis y sin consecuencias; es preciso tener un mínimo sentido de la realidad. Pues bien, los miembros de ese Observatorio, lejos de haberse empapado a golpes de esa limitadora realidad, preparan ahora una “flotilla de la Independencia” para desembarcar a lo grande en el puerto de El Aaiún y volverse a manifestar. Están en su derecho y su causa es justa, allá ellos. Pero lo que resulta desfachatado y contradictorio es que la tal “flotilla” pida escolta y protección al Gobierno español. El abuso de las siglas nos hace olvidar a veces lo que éstas significan, y ONG quiere decir Organización NO GUBERNAMENTAL, y bien que todas ellas se han enorgullecido de esa N. ¿Cómo es, entonces, que esas Organizaciones NO GUBERNAMENTALES recurren a los Gobiernos cada vez que hay un problema, capturan a sus cooperantes o brean a sus manifestantes? Deberían ser coherentes. No es aceptable que hagan caso omiso de los Gobiernos cuando se trata de su proselitismo y su publicidad y que se pongan bajo el ala de aquéllos cuando les vienen mal dadas. Las ONGs son muy libres de meterse en cuantas bocas del lobo se les antoje, pero sería menester que, a partir de ahora y de una vez, lo hicieran por cuenta suya y sólo suya, sin pedir luego a los Gobiernos que tanto desprecian que les saquen las castañas del fuego.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 19 de septiembre de 2010

Javier Marías traduce a Thomas Lovell Beddoes

A la noche

Así que has vuelto, vieja Noche de alas negras,
como un pájaro inmenso entre nosotros y el sol,
ocultando, con tus desplegadas formas, la tersa luz;
e inmóvil, bajo el plumaje pardo y nebuloso de tu pecho
helado, fomentando una plaga henchida de bruma,
y embrionarias tormentas, y hurañas escarchas, que eluden
la caricia templada del día. Los búhos desde el anillo de hiedra
lanzan su clamoroso homenaje: al cernirte en lo alto,
como córvido sable que pausa en su ansioso descenso,
del oscuro mundo sacias tu mirada opaca,
aguardando en silencio el mortal alarido del postrer instante,
cuando abandones tu nido en el firmamento
para apresar al mundo con tu garra vehemente
y enterrar tiempo, muerte y sustancia en tu buche abismal.

THOMAS LOVELL BEDDOES (1803-1849)

Traducción de Javier Marías

Publicado en la revista La Luna de Madrid, n.º 0, 1982

LA ZONA FANTASMA. 12 de septiembre de 2010. Ustedes nos han hartado

Aunque ya sabemos que las vacaciones no duran nada; aunque los políticos sigan presentes en televisiones y prensa también durante el verano, y en este que termina hayan aumentado el número de sus apariciones para demostrar que en época de crisis no regatean esfuerzos; aunque seamos conscientes de que cada nueva temporada no merece el adjetivo y es una agotadora repetición de lo mismo; aun con todo eso, resulta inevitable levantar la vista en septiembre y otear el horizonte como si pudiéramos divisar en él algún signo de renovación o frescura, sobre todo en la vida pública. Hacerlo en nuestro país es descorazonador y deprimente, y la perspectiva de volver a ver y escuchar a nuestros representantes a tiempo completo, sin clemencia alguna por su parte, sólo provoca pereza, aburrimiento infinito, gran desdén, desesperación, desaliento. ¿Por qué no se quedan en sus lugares de veraneo, donde sin duda no estaban mal y se hacían algo menos visibles y audibles? ¿No se dan cuenta de que nadie los ha echado de menos, de que no nos ha costado nada olvidarlos (en la medida en que nos lo han permitido, siempre insuficiente), de que el país ha seguido funcionando –mal, pero bueno– sin necesidad de sus intervenciones y exabruptos, de que les veamos las caras, de que oigamos sus gritonas voces y su léxico propio de perros? Ay, Señor, hace escasas semanas la Ministra de Defensa, hablando de los piratas del Índico, habló de la conveniencia de que éstos “sean ajusticiados en un juicio justo”. No sabía que se hubiera restaurado la pena de muerte en Europa, porque lo que ella pidió con sus palabras fue que se los ejecutara uno tras otro, eso sí, “en un juicio justo”.

Según he leído en las columnas de Carlos Cué durante agosto, hay algunos políticos –él los trata de cerca– que, en contra de lo que parece, se preocupan por la mala fama del gremio o por la suya en particular, e incluso piensan en cómo poner remedio a situación tan desagradable. Para mí lo sería, y creo que para cualquiera: pertenecer a un oficio desprestigiado en su conjunto, percibido en sí mismo como un problema según las encuestas del CIS (el tercero mayor que padece España); las declaraciones de cuyos integrantes son escuchadas con escepticismo e incredulidad en el mejor de los casos, en el peor como falacias y engaños, y en el intermedio como algo vacuo y jamás pensado por quienes las pronuncian, sino tan sólo dictado por los “aparatos” que los controlan y esclavizan. Ser vistos como gente servil con sus superiores, a menudo corrupta y ladrona, mendaz, desconsiderada y cínica, incoherente, contradictoria y con una cara que se la pisa, me parece una de las maldiciones mayores que puede sufrir cualquier sujeto.

Las valoraciones que la ciudadanía hace de los líderes cada cierto tiempo, arrojan invariablemente el mismo mensaje: la gente suspende –con alguna extrañísima excepción y puntuaciones humillantes– a todos estos políticos, sin que eso signifique que no considera necesaria la existencia de políticos. Éstos lo son, y mucho, pero hace ya demasiados años que el veredicto es inequívoco: estos no nos gustan; es más, los encontramos calamitosos, una desdicha, una plaga, una ruina; así que cámbienlos. Denles boleta a los insustanciales Zapatero, Rajoy, Fernández de la Vega, Salgado, Arenas, Blanco, Montoro, González Pons, Mas, Herrera y Cayo Lara. No nos saquen más a las engreídas y redichas Pajín y Sáenz de Santamaría, que cada vez que se dirigen a nosotros lo hacen como si fuéramos párvulos y ellas nos tuvieran que explicar el mundo desde el abecedario. No nos hagan leer más entrevistas con la iletrada y presuntuosa Aído, con los cerriles Puigcercós y Urkullu, con la envanecida Rosa Díez, con el desvergonzado Trillo. El mejor favor que se pueden hacer a sí mismos es dejarse ver poco y callar mucho, procurar pasar inadvertidos. No nos jaleen más a las chabacanas Barberá y Aguirre, a los iluminados y fatuos Camps y Bono, al melifluo Gallardón que destroza. Tampoco queremos verle a Moratinos más humillaciones ni más disfraces. Seguro que en cada partido hay personas más inteligentes, menos pagadas de sí mismas, que no hablen como gañanes ni suelten tantas sandeces, que no roben y sean cabales, que no se crean que son votadas por sus méritos o su carisma, sino porque los “aparatos” los han colocado en buen puesto y porque los electores, desquiciados, echan la papeleta de quienes odian un ápice menos. Dejen a Rubalcaba si quieren y recuperen a Rato y Solbes que no ofenden y parecen saber lo que se dicen.

Espero que no sea cierto, pero leo que los políticos “están rumiando una ley para que las televisiones privadas” (las públicas no digamos) “se vean obligadas a emitir equis minutos con las buenas obras de cada partido parlamentario”. El argumento es, por lo visto, que “hay que luchar contra el abstencionismo”. Ya es bastante alarmante que se pretenda imponer algo a ningún medio –una medida propia de dictaduras–; pero más aún la imbecilidad que denota: puesto que tenemos tan mala prensa, que se nos ensalce por ley y decreto. ¿De verdad la clase política actual no se da cuenta de que eso sería contraproducente y de que la tirria y la desconfianza que se le profesa sólo irían en aumento? ¿De verdad no se dan cuenta los partidos de que les tocaría retirar al 80% de sus cargos (incluidos alcaldes) y sustituirlos por gente impoluta y nueva, o por lo menos no tan bruta? No es que yo crea demasiado en ellas, pero lo que las encuestas expresan desde hace tiempo es meridiano: traigan a otros, ustedes nos han hartado.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 12 de septiembre de 2010

Nuevo libro de Reino de Redonda: La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre

LA EXPEDICIÓN DE URSÚA Y LOS CRÍMENES DE AGUIRRE

ROBERT SOUTHEY

Prólogo de Pere Gimferrer

Traducción de Soledad Martínez de Pinillos

Revisión de la traducción de Antonio Iriarte

Reino de Redonda, septiembre de 2010

Distribuye ÍTACA

Este vigésimo volumen del Reino de Redonda está dedicado al Profesor Francisco Rico, hombre de gran saber, personaje novelesco admirable, simpático a su pesar, que, como le corresponde, sólo tendrá reproches hacia esta falsa crónica extranjerizante y decimonónica.

EL EDITOR


ÍNDICE

Prólogo,
por Pere Gimferrer

Nota de la traductora,
por Soledad Martínez de Pinillos

LA EXPEDICIÓN DE URSÚA Y LOS CRÍMENES DE AGUIRRE

Prefacio

I. Fábulas referentes a los omaguas. Una expedición equipada para el descubrimiento y conquista de El Dorado. Pedro de Ursúa, su capitán. Se adentra en el Orellana y es asesinado.

II. Don Fernando de Guzmán elegido Rey por los amotinados. Sucesos hasta su asesinato.

III. Desde el asesinato de don Fernando de Guzmán hasta la llegada de los rebeldes a la isla Margarita.

IV. Aguirre se apodera de la isla Margarita y asesina al gobernador. Acontecimientos hasta que se embarca para la Tierra Firme.

V. Alarma en el Nuevo Reino. Aguirre desembarca en Burburata y avanza hacia Valencia.

VI. Preparativos del gobernador de Venezuela. La carta de Aguirre al rey. Deserción de sus hombres. Su muerte.

APÉNDICES

Appendix I/Apéndice I: M P Shiel’s and John Gawsworth’s Redonda/La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth (updated/puesta al día 2010).

Appendix II/ Apéndice II: Jon Wynne-Tyson’s Redonda/La Redonda de Jon Wynne-Tyson (updated/puesta al día 2010).

Appendix III/Apéndice III: Javier Marías’s Redonda/ La Redonda de Xavier Marías (updated/puesta al día 2010).

Del Prólogo

“Pocas figuras del largo arribo hispano a América han generado tanta literatura como Lope de Aguirre, y quizá en ningún caso esta literatura ha revestido tintes tan sombríos. Cortés, Alvarado o Pizarro tienen admiradores y detractores, que a menudo (conocido fenómeno de mixed feelings) son ambas cosas a un tiempo, y si son sólo la segunda, rara vez niegan a tales personajes cierto margen de áspera grandeza; otros, a veces menos conocidos, como Ojeda o Balboa, suelen despertar principalmente simpatía; sólo en torno a Lope de Aguirre se ha concitado una especie de horrorizado asombro universal, que únicamente en el siglo XX se ha entreverado de clara reivindicación del personaje, en algún caso (Otero Silva) con evidente anacronismo irredentista, sin duda, por lo demás, consciente de serlo…

A todas luces, Southey -que cita y demuestra conocer buena parte de esta bibliografía- se propone, y lo consigue con gran éxito, conciliar tres fuentes distintas: las crónicas y testimonios coetáneos de Aguirre, de bárbara y agreste grandeza, los historiadores latinos -quizá ante todo Tácito, más en la intención moral, desde luego, que en el estilo- y el positivismo historiográfico británico…

Lo descomunal y hasta monstruoso de la historia relatada posee acentos de tragedia shakespeariana, pero la impecable ejecución estilística de Southey lo nivela y atempera todo…”

PERE GIMFERRER

LA ZONA FANTASMA. 5 de septiembre de 2010. No prometéis nada bueno

Ya sé que es sólo un juego de verano sin mayor importancia, pero no he podido por menos de mirarme con atención las listas que publicó este dominical en agosto con las cien películas y los cien actores que “cambiaron la vida” de cien profesionales hispanoamericanos del cine. También sé que todos, cuando se nos piden estas selecciones imposibles, tendemos a ser excéntricos, porque si no, no nos divertimos; nos encanta poner alguna película (o libro, o lo que sea) que en modo alguno juzgamos entre las mejores pero por la que tenemos debilidad, o bien intentamos salirnos un poco de la aburrida ortodoxia y resultar originales, dementes o escandalosos en alguna elección.

Dublineses de John Huston

Dublineses de John Huston

Pero en estas votaciones “hispanoamericanas” –la verdad es que la mayoría de los participantes eran españoles sin más– ha habido un elemento en verdad preocupante, a mi parecer, y es el desaforado nacionalismo o chauvinismo o patrioterismo que desprendían, no ya rayano en el ridículo, sino del todo inmerso en él. La supremacía del cine estadounidense ha sido clara, como correspondía. El resto del planeta, sin embargo, y si no he contado mal, se repartía los puestos de honor de la siguiente manera: entre las cien películas de la historia había siete italianas (con apoteosis del sobrevalorado y mal envejecido Fellini y ninguna de Rossellini, dicho sea de paso), cuatro suecas (todas de Bergman), cuatro británicas (una dirigida por un francés, Renoir, y otra por un mediocre llamado Anthony Harvey), tres japonesas, tres cabalmente francesas, dos más o menos alemanas (ninguna de Fritz Lang, por cierto), dos de cineastas daneses… ¡y dieciséis españolas o de directores españoles –es decir, de Buñuel–! Para mí ha sido una revelación: según estos patrioteros o quizá gremialistas individuos votantes, el cine hecho por españoles es, con diferencia, el más memorable del globo después del norteamericano. Y no es sólo eso: entre las primeras veinte películas, figuraban nada menos que cinco españolas o de Buñuel. Visto lo cual no entiendo, la verdad, cómo es que nuestra filmografía no es universalmente conocida, cómo es que en todos los países no se han disputado el concurso de nuestros directores y actores, o cómo es que fuera de aquí casi nadie sabe quién es Berlanga, cuyo El verdugo es muy buena, sí, pero no creo que en ningún otro sitio esté considerada la cuarta película de la historia del cine, cincuenta puestos por delante –es un ejemplo– de la más “impresionante” de John Ford. Tampoco me parece probable que haya muchos extranjeros dispuestos a suscribir que La niña de tus ojos, de Trueba, deja más huella que Dublineses, de Huston, por mencionar un caso sangrante. O que Los santos inocentes empequeñece a Vértigo, Ser o no ser, Con la muerte en los talones, El Gatopardo, y aventaja años luz a Sed de mal, El río y Centauros del desierto. Si me preguntan, no lo creo.

En cuanto a la lista de actores, más de lo mismo: entre los cien intérpretes que más han “marcado” a los votantes, nada menos que dieciséis españoles, gente, como se sabe, nacida para actuar. Fernán-Gómez es mucho más admirable que James Stewart y Charles Laughton; López Vázquez, Luis Tosar, Rabal y Carmen Maura están muy por encima de John Wayne, Bogart, Caine, Marilyn Monroe, Orson Welles y Audrey Hepburn, cómo me va usted a comparar; y no digamos de Gary Cooper, Robert Mitchum y Henry Fonda, esos tres no les llegan ni a la suela del zapato; Ángela Molina conmueve más que Sordi, Gabin y Clark Gable; y Javier Cámara, Rosa María Sardá y Juan Diego les dan unas cuantas vueltas a Marlene Dietrich, Buster Keaton y William Holden. Y todos, absolutamente todos –y quién sabe cuántos españoles más– miran con desprecio, desde sus alturas, a aquel infeliz de Burt Lancaster, que ni siquiera figuraba entre los cien elegidos. Es una opinión personal, pero, aunque sólo hubiera hecho El Gatopardo en su vida, Lancaster ya merecería estar no entre los cien, sino entre los diez intérpretes de la historia.

Burt Lancaster en El Gatopardo

Burt Lancaster en El Gatopardo

Cuestión de gustos. Lo preocupante, lo llamativo, es esto: los profesionales de nuestro cine, ¿a quién pretenden engañar? ¿Qué pretenden al votarse entre sí y a la raquítica industria nacional? ¿Tal vez convencer al Ministerio de Cultura de que esa industria es añeja y sólida y ha dado más obras maestras que la de cualquier otro país a lo largo de un siglo (los Estados Unidos aparte), y que por ello hay que cuidarla, favorecerla y subvencionarla? ¿Tal vez convencer de lo mismo a los lectores, para que vayan a ver cine nacional? Si así fuera (y no el mero pataleo acomplejado de “semoh loh mejoreh”), hay algo en lo que no han reparado: si nuestros cineastas tienen una ignorancia supina y desconocen a Ophuls, Rossellini, Lang, Renoir, Preminger, Griffith y tantos más de los que no destacaban una sola cinta; si su gusto es tan dudoso como para considerar El día de la bestia –lo siento, es un ejemplo– más memorable que Perdición, La diligencia, El hombre que mató a Liberty Valance, El hombre tranquilo y Johnny Guitar; si además juzgan que la ridícula y cursi Bailar en la oscuridad, de Von Trier, merece estar entre las cien películas que “cambiaron su vida”, ¿qué aficionado con dos dedos de frente y una mínima formación cinematográfica va a ir a ver las creaciones de estos individuos? Francamente, queridos, así no prometéis nada bueno.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 5 de septiembre de 2010