REINO DE REDONDA

ÍTACA distribuye los libros de REINO DE REDONDA

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TODOS LOS LIBROS DE REINO DE REDONDA

El escritor madrileño Javier Marías, convertido en 1997 en monarca del literario Reino de Redonda, puso en marcha hace una década una pequeña editorial con este nombre, para recuperar las obras de otros «reyes» escritores y de paso para rescatar todos los años de dos a tres olvidadas joyas de la Literatura, en unas ediciones cuidadas hasta el extremo

Un reinado de libro

Es complicado encontrar en el mundo una editorial tan peculiar como Reino de Redonda, que ahora cumple una década de existencia. Ya no es sólo que por sus procelosos mares naveguen Conrad, Richmal Crompton, Yeats, Dinesen o el longevo historiador sir Steven Runciman, sino que el nacimiento de esta marca es pura literatura.

Colón bautizó en 1493 la islita de Redonda, que ni siquiera llegó a pisar. Se trata de un peñasco casi inaccesible de un kilómetro y medio de largo, enriquecido por los excrementos de pájaros que dan lugar al fosfato. Perdido en medio de las Antillas, muy cerca de este islote, en la isla de Montserrat, nació el escritor de ciencia ficción M.P. Shiel, a quien su padre, propietario de la isla, lo nombró «rey» en 1880, cuando el futuro literato contaba 15 años.

Al morir Shiel en 1947, otro escritor, el británico John Gawsworth (alias de Terence Ian Fytton), es nombrado albacea literario y recibe en «herencia» este reino de letras. El escritor Javier Marías conoció los avatares de la isla de Redonda y se sintió fascinado, algo que los lectores pudieron comprobar en Todas las almas y sobre todo en Negra espalda del tiempo, donde está presente esta monarquía de los libros.

El interés del español mereció una carta del entonces rey de Redonda, el también escritor John Wynne-Tyson, quien abdicó en Marías, que se convirtió en el rey Xavier I.

Desde entonces, el carácter literario de este peñasco antillano se ha reforzado con la entrega anual de los premios Reino de Redonda a grandes nombres del Cine o la Literatura pero también con la creación en 2000 de la editorial Reino de Redonda, que a un ritmo de dos o tres volúmenes al año, ha publicado hasta la fecha 19 libros. El primero de todos, realeza obliga, es un claro homenaje al fundador de esta dinastía: La mujer de Huguenin de M. P. Shiel.

El empeño de Javier Marías en rescatar del olvido a los anteriores monarcas literarios le ha llevado a publicar también algún relato de John Gawsworth en la recopilación de Cuentos únicos, así como la obra maestra de Shiel, La nube púrpura, un relato apocalíptico que no desmerece de H. G. Wells (uno de los admiradores de este primer rey de Redonda), que narra las aventuras del único hombre que vive en la Tierra tras el paso de una aterradora nube púrpura. También ha aprovechado Marías para publicar de nuevo su inencontrable «novela de juventud» El monarca del tiempo y para dar a conocer una vez más al lector español a uno de los historiadores más amenos y apasionantes del siglo XX, el mencionado sir Steven Runciman, un orientalista y medievalista británico, de quien Reino de Redonda ha rescatado sus clásicos La caída de Constantinopla (un éxito de ventas) y Las vísperas sicilianas: Una historia del mundo Mediterráneo a finales del siglo XIII.

Además, ha tenido buena acogida entre otros Revolución en el jardín, la recopilación de artículos del irónico y agudo periodista mexicano Jorge Ibargüengoitia. El último libro en salir a la luz ha sido el clásico de Émile Erckmann y Louis Alexandre Chatrian Cuentos de las orillas del Rin.

Los libros de esta peculiar editorial, «seguramente la más pequeña y pausada del Reino de España», escribía Marías en 2008, suelen tener una tirada de 3.000 ejemplares y la edición está a cargo del propio escritor y de Carme López Mercader.

La obligación de todo monarca de Redonda de velar por la memoria de anteriores reyes, al convertirse en albacea literario de la obra de Shiel y Gawsworth, está aquí más que cumplida. Una editorial pequeña, pausada… pero también única y cargada de libros de calidad.

ALFONSO VÁZQUEZ

La Opinión de Málaga, Libros, 24 de julio de 2010

ENTREVISTA

«Me gusta hacer libros bonitos y dar a conocer alguna obra ignorada u olvidada»

El responsable de Reino de Redonda habla de los secretos de esta editorial tan personal, creada «a fondo perdido» y lamenta el escaso eco que en los medios de comunicación nacionales encuentra esta labor de rescate de obras de calidadAunque no se considere editor, Javier Marías saca a la luz todos los años un par de libros que merece la atención de una entregada minoría de lectores.

¿Por qué pudiendo optar por la tranquilidad de la escritura decidió lanzarse además al mundillo editorial?
La expresión no es muy adecuada. Nadie me considera editor (ni siquiera yo mismo) en ese «mundillo». A Reino de Redonda nunca se la tiene en cuenta cuando se habla de «pequeñas editoriales» y demás. La verdad es que en un principio mi idea fue contribuir a conocer mejor en España las obras de los anteriores «Reyes de Redonda», M. P. Shiel y John Gasworth, de ahí que el primer título de la colección fuera una selección de cuentos del primero, escritor muy apreciable del que luego recuperé su magnífica y pionera novela La nube púrpura. Lamentablemente, ninguno de esos dos títulos suyos han vendido muchos ejemplares, así que resultaba un poco suicida continuar sólo por ese camino. En cuanto a Gasworth, su obra es muy inferior, si bien está incluido un buen cuento suyo en la antología Cuentos únicos. Así que algo he cumplido con uno de mis deberes: mantener viva la memoria y la obra de los «Reyes de Redonda».

¿Qué criterios sigue a la hora de seleccionar los libros?
Sólo el de mi propio gusto. He recuperado obras excelentes que estaban descatalogadas, desde El brazo marchito de Hardy a Las vísperas sicilianas de Runciman. He publicado por primera vez en español Viaje de Londres a Génova de Baretti, un viajero por la España de tiempos de Carlos III, interesantísimo y divertido, o los artículos del mexicano Jorge Ibargüengoitia. También traje a la editorial algunas de mis antiguas traducciones (no tenía que encargarlas ni que pagarlas), de sir Thomas Browne, Yeats, Conrad o Isak Dinesen. Son todos libros magníficos, sobre todo el de Conrad, que valía la pena que existieran en buenas ediciones.

Si algo caracteriza a la editorial son esas cubiertas perpetuas con un signo literario muy particular.
Esa flecha de las cubiertas está inspirada, como consta, creo, en la página de créditos, en la que aparece en la primera edición del libro de M. P. Shiel The Lost Viol de 1908. Yo la encuentro muy atractiva, y verá qué bien quedan todas las flechas, que aparecen en los lomos de los libros, alineadas en una estantería. Sé de algunos coleccionistas que compran los libros de Reino de Redonda sobre todo por eso. Cualquier motivo es bueno. La flecha, así pues, se ha convertido en el distintivo de la editorial, sin que tenga ningún significado misterioso, más allá del que tienen todas las flechas, que no siempre hieren.

¿Reino de Redonda se plantea dar el salto a los libros digitales?
Pues no. Sería absurdo hacer eso. Publicamos dos o tres títulos al año, y no sé cuántos más va a haber. Están programados unos cuatro más, y es posible que después cierre la editorial o la deje en estado vegetativo. No ha tenido ninguna ayuda por parte de la mayoría de suplementos literarios de los periódicos nacionales, alguno ha habido que no ha sacado una sola reseña de ningún título, y así es muy difícil sobrevivir, aunque la inversión que hago en Reino de Redonda haya sido desde el principio a fondo perdido. Los libros son costosos, por la buena encuadernación y el buen papel y sus precios son baratos para el comprador. Pero si los críticos ni siquiera se dignan a hacerles caso, pues todo tiene su límite.

Entonces, ¿qué satisfacciones le reporta una editorial que no persigue ser rentable?
Cada vez menos, la verdad. El empuje se va apagando por lo que acabo de comentarle. Hay gente que aprecia mucho la colección, que a la larga se convertirá en objeto de coleccionismo, supongo. Me gusta que los libros que escojo estén disponibles para el lector español, o para los pocos lectores que los estiman. Me gusta hacer libros bonitos y dar a conocer alguna obra ignorada u olvidada. Eso es todo. Quizá empieza a no ser suficiente.

ALFONSO VÁZQUEZ

La Opinión de Málaga, Libros, 24 de julio de 2010