SILLÓN DE OREJAS: Negritudes

La temporada editorial barcelonesa se inició la semana pasada con la fiesta ofrecida por RBA con motivo de la concesión de su premio internacional de novela “negra”. La bolsa -125.000 eurillos- se la llevó Philip Kerr, de quien recuerdo con especial agrado su entretenido thriller Una investigación filosófica (Anagrama, 1996), en el que la adorable inspectora Jakowicz perseguía a un asesino de nombre Wittgenstein cuyas víctimas se llamaban Locke, Kant, Spinoza o Bertrand Russell. Kerr también tiene el mérito de haber imaginado al estupendo sabueso Bernie Gunther, que deshace entuertos en la Alemania nazi y a cuya serie de aventuras pertenece la novela ahora premiada Si los muertos no resucitan, que pronto llegará a las librerías. Del mismo modo que hace un par de años parecía que sólo se vendía la novela histórica, hoy resulta que la narratividad más jaleada parece refugiada casi exclusivamente en la llamada novela “negra”, que es la que se lleva la parte del león del exiguo presupuesto familiar destinado a la compra de ficciones de papel (incluida la prensa). En la fiesta coincidí con el profesor Rico, que además de ser personaje de las novelas de Marías, es un ente muy entenimentat (juicioso) de carne y hueso y de cuya conversación siempre me enriquezco. Hablome ante unas ahumadas maltas de las Highlands (en la fiesta de RBA la crisis sólo se notó en lo referente al alimento sólido) acerca de una colega petrarquista que en su todavía próxima juventud había militado en las Brigate Rosse. No entiendo por qué el profesor Rico -cuya fortuna personal ha aumentado considerablemente gracias a su dedicación a lo literario- no ha comprendido el potencial novelesco que encierra un personaje semejante. A mí me gustaría leer una novela negra -negrísima- escrita por Rico con una detective hecha a medida de esa nueva Madonna Laura profesoral y (previsiblemente) alocada de la que enseguida me sentí secretamente enamorado. El motor de la trama podría ser el espantoso asesinato de un académico, de un erudito o de una agente literaria. En la intriga -que transcurriría entre Florencia y Barcelona- estarían implicados periodistas (asalariados de Berlusconi) y un nacionalista catalán cuyo padre trabajó a las órdenes de (y fue humillado por) Galinsoga (el fascista de “tots els catalans són una merda”, que dijo en castellano). Saldrían putas (finas) de la Bonanova y tiradas de la Boquería, velinas de Bari y promotores inmobiliarios de Caserta y Platja d’Aro. Y hasta Javier Marías tendría un cameo en un avión rumbo a Estocolmo. Una autoría como la de Rico afianzaría sin duda la tendencia al Professorenroman tan apreciable en la actual producción novelesca española. Si se da prisa podría quizás obtener el próximo RBA de novela negra. Y, de paso, persuadir a los organizadores de la conveniencia de restablecer la mesa con pinchitos de cocina que faltaba este año.

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País, Babelia, 12 de septiembre de 2009

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