LA ZONA FANTASMA. 31 de mayo de 2009. Tengo un razonamiento

Durante unos días de hace unas semanas, todas las autoridades de mi ciudad, y parte de las del país, se disfrazaron de felpudos para que pasaran por encima de ellas ocho o diez individuos cuyos nombres eran, son y seguirán siendo desconocidos para la humanidad y cuyos únicos mérito y poder se los confiere su condición de miembros del Comité Olímpico Internacional (COI). Presidentes y presidentas, ministros, alcaldes, secretarios y subsecretarios, deportistas, artistas y hasta el Rey, si no me equivoco, dejaron de lado sus quehaceres y se dedicaron en cuerpo y alma a pasear y agasajar a los individuos en cuestión, que venían a echarle un vistazo a Madrid para considerar su candidatura como sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Como me resumió un taxista en aquellos días: “Ya nos los pueden dar, porque se los está tratando como a dioses”.

A la vez, las pantallas de televisión se llenaban de anuncios que no sé bien qué anunciaban. En uno, cursi y mendaz como pocos (y miren que hay competencia en la publicidad, en cuanto a cursilería y mendacidad), una ancianita beatífica expresaba con voz afligida su anhelo de vivir unos años más para ver lo que nunca había visto, ella que tanto había: unas Olimpiadas en su ciudad. En otros, numerosos rostros populares aparecían diciendo todos lo mismo: “Tengo una corazonada”. Se sobreentendía que lo que sus corazones les susurraban era que Madrid sería elegida esta vez. También se ha pillado a mucha gente de renombre haciendo un absurdo ademán-contraseña con la mano abierta, como intentando parar un golpe. Por último, todos esos anuncios los remataba un lema en Spanglish, ideado sin duda por un cerebro de gallina: “Hola everyone”.

Pues bien, lejos de una corazonada, lo que yo tengo es un razonamiento según el cual es imposible que a Madrid se le otorguen esos Juegos (ansiados, según encuestas, por el 90% de la población, aunque casi nadie sepa decir por qué diablos los ansía), ni ningún otro acontecimiento de relumbrón. Lo que me asombra, de hecho, es que las autoridades de la capital y de la Comunidad aspiren a nada, y se gasten cerca de un millón de euros en promoción, y adulen hasta la náusea a los sujetos del COI, teniendo la ciudad como la tienen, y además permanentemente. Son ya veinte años (desde que empezó como alcalde Álvarez del Manzano) los que los madrileños llevamos recibiendo este mensaje de nuestros representantes: “Lárguense. Nos molestan ustedes, nos estorban en nuestras obras y escenificaciones. Esta ciudad no es para vivir en ella, como ustedes pretenden, sino para que nosotros hagamos negocio abriendo y cerrando las calles sin cesar, tirando árboles, ensanchando aceras que nunca han ido abarrotadas, construyendo aparcamientos y estaciones innecesarios, complaciendo a las constructoras y a las empresas de obras públicas, cargándonos las pocas zonas decentes que quedan, como el Paseo del Prado, levantando los suelos para poner sucio granito en su lugar, organizando chorradas que dificulten el tránsito, atronando los oídos con nuestras maquinarias, horadando túneles. ¿Qué hacen ustedes intentando pasear, descansar, trabajar, dormir, vivir? No es lugar para eso. Ustedes no cuentan. Váyanse de una puta vez”.

Y así, ¿cómo va a concederle nadie nada a un sitio sucio, caótico, perpetuamente destripado, ruidoso, incivilizado, invivible? Cualquier visitante se queda atónito y espantado. En la Plaza Mayor conviven el chabolismo y las meadas; la Puerta del Sol lleva cinco años (!) reventada, llena de mariachis y de mendigos salidos de la Corte de los Milagros (uno sin brazos, otro sin piernas y en ese plan, clama al cielo que el Ayuntamiento no se haga cargo de esa pobre gente); Serrano convertida en paisaje bélico por lo menos hasta 2011 (!), como Alcalá; dentro de nada correrán la misma suerte el Paseo del Prado y Colón y Callao, todo céntrico y todo a la vez, sin necesidad, sin sentido, sin mejora posible. Madrid es la ciudad del mundo en que se hacen más obras y menos lucen sus resultados. Parece regida por dementes desatados. Hace poco pasé por Sol. Se celebraba el Día de Europa o algo así, había carteles que rezaban: “Puerta del Sol, puerta de Europa”. Mientras las perforadoras de la superflua estación concebida por Álvarez Cascos (ya ha llovido) repiqueteaban a lo bestia, un coro de niños intentaba cantar junto a ellas, delante de la sede de Esperanza Aguirre. Hay que ser muy “cojonuda” –como opina de ella el grosero presidente de la patronal, Díaz Ferrán– para llevar a esos críos a cantar a Sol. Es un ejemplo entre mil de lo que sucede aquí sin cesar.

Lo siento por el 90% de mis conciudadanos, pero no puede haber Juegos Olímpicos en Madrid. No mientras la ciudad siga siendo un campo de minas y zanjas y vallas y estruendos y andamios. Todas esas autoridades, si de verdad quisieran una Olimpiada, lo primero que harían sería permitir vivir aquí. Es decir, pasear, respirar, trabajar, descansar, dormir. Dejarnos en paz. Es ya una cuestión de supervivencia: somos nosotros o ellos. Que se vayan ellos, por favor.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 31 de mayo de 2009

Lo que no vengo a decir

Lo que no vengo a decir

 

 

 

Feria del libro de Madrid

Hoy domingo, 31 de mayo, por la mañana (de 12 a 14 horas), en la caseta n.287-288 de la Librería Visor, Javier Marías firmará su obra.

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Editorial Reino de Redonda

Saludo a los libreros

Así como cae dentro de lo muy previsible que un editor acabe lanzándose a escribir, es mucho más raro que un novelista se meta a editor. Este es el caso de Reino de Redonda, seguramente la editorial más pequeña y pausada del Reino de España, ya que publica tan sólo dos títulos al año, o a lo sumo tres. Además, no tiene sede más que nominal, ni plantilla, ni equipo, ni colaboradores externos, ni encargado de prensa ni nada por el estilo. La formamos dos personas, una en Madrid, que soy yo, y otra en Barcelona, Carme López Mercader, encargada de las ediciones. La distribuidora Ítaca me hace el favor de colocar algunos ejemplares en las librerías.

Y sin duda ha de ser la única editorial que no hace cuentas: sé que es deficitaria, porque sus volúmenes están cuidados, llevan muy buen papel y encuadernación. Aun así ponemos a los libros precios razonables, y aun así no se venden mucho. La única forma de no deprimirse en exceso y arrojar la toalla consiste en ignorar a cuánto ascienden las pérdidas anuales y generales. Me basta con comprobar que el Reino no se arruina por ello y sigo adelante, hasta que me canse o me aburra.

Hasta 2008 Reino de Redonda ha publicado diecisiete títulos. Algunos son rescates fundamentales de autores fundamentales (Isak Dinesen, Joseph Conrad, Thomas Hardy, W B Yeats, Sir Thomas Browne, el capitán Alonso de Contreras o Sir Steven Runciman); otros son interesantísimos textos desconocidos en español (los cuentos de Richmal Crompton -la autora de Guillermo el Travieso, Guillermo Brown- o de Vernon Lee o de M P Shiel, el primer Rey de Redonda y pionero de la ciencia-ficción; el viaje por la España de Carlos III del inteligente y divertido Giuseppe Baretti, medio italiano y medio inglés; los recuerdos del fusilero Benjamin Harris, que combatió en la Guerra de la Independencia con Wellington). Ese es el único criterio: recuperar maravillosos libros olvidados y ofrecer algunos nuevos que en mi opinión deberían ser conocidos en mi lengua o en mi país. Y, por supuesto, cuidarlos todos por igual. Cada volumen lleva un prólogo, firmado casi siempre por algún autor indiscutible: Fernando Savater, Eduardo Mendoza, Antony Beevor, Arturo Pérez-Reverte, Francisco Rico, Juan Villoro, Manuel Rodríguez Rivero, entre otros. Y, habiendo sido yo también traductor, no hace falta decir que le damos la mayor importancia a esta tarea. Lo que sale de Reino de Redonda, así pues, es muy lento y muy modesto, pero se puede tener la certeza de que está en buenas condiciones. Y eso ya es mucho, creo yo, en los descuidados tiempos que corren. Gracias por su atención y un saludo cordial,

JAVIER MARÍAS

Javier Marías en la Feria del libro de Madrid

El domingo, 31 de mayo, por la mañana (12 a 14 horas), en la caseta n.287-288 de la Librería Visor.
El sábado, 6 de junio, por la tarde (19 a 21 horas), en la caseta de la Librería Méndez (n. 129).
El domingo, 7 de junio, por la mañana (12 a 14 horas), en la de la Librería Rafael Alberti (n. 57).
El sábado, 13 de junio, por la tarde (19 a 21 horas), en la caseta número 209 de la Librería Aviraneta.

LA ZONA FANTASMA. 24 de mayo de 2009. Un madridista enloquecido

No sería yo un madridista noble (eso no es un oxímoron, ni –ay– tampoco una redundancia) si dejara pasar aquí el humillante 2-6 que nos ha infligido esta temporada el Barça. Nunca creí que me tocaría revivir una sensación como la de 1973, cuando Cruyff y los suyos ganaron 0-5 en Chamartín. Lo más pesado de aquello fueron los muchos años que les duró la exaltación a los barceloneses. A finales de 1974 yo me fui a vivir a Barcelona, y hasta que me marché, en 1978, cada vez que me presentaban allí a alguien y ese alguien se enteraba de que yo era madrileño (mi madridismo no era por entonces vox populi), agitaba la mano abierta durante unos segundos y acompañaba el gesto de una sonrisita más enigmática que amistosa. ¿Por qué saludarán de esta forma tan rara?, me preguntaba. Hasta que comprendí que se trataba, invariablemente, del recordatorio de los cinco goles (lo que se llama, en efecto, “una manita”) que habíamos encajado en nuestro campo. Ahora no sé a qué ademán recurrirán para restregarnos ese 2-6, quizá nos saluden con las dos manos, una abierta como entonces y la otra con el índice enhiesto, o acaso opten por levantarnos el dedo corazón, para mayores grosería y escarnio.

No es que yo esperara nada del Madrid. Es más, en una entrevista del diario As había pronosticado un 1-2 a favor del Barça y había reconocido el abismo existente, a lo largo de la Liga, entre el juego de los dos equipos. No me costó demasiado rendirme a la evidencia. Cualquier buen aficionado al fútbol, independientemente de sus colores, sabe ver que el Barça juega de maravilla, y lo que siente es sobre todo envidia. Ahora bien, ese equipo se ensañó en su superioridad, algo que el Madrid no suele hacer: recuerdo cómo, hace años, tras meterle el Madrid de Valdano un 5-0 en Chamartín, aflojó el ritmo, no quiso humillar al rival ni hacerle sangre. De manera que, cuatro días después, cuando el Barcelona visitaba Londres para enfrentarse al Chelsea en la Copa de Europa, decidí ir con los de Stamford Bridge pese a que en el partido de ida, en el Nou Camp, había ido con los culés. Que un madridista pueda ir con el Barça en alguna ocasión es algo que irrita sobremanera a los seguidores de este club. Primero se quedan desconcertados, creyendo que se les toma el pelo. Luego, al ver que uno va en serio, buscan una razón negativa: “Ah, ya. Como el Barça sólo ha ganado hasta ahora dos Copas de Europa, preferís que no se acerquen otros a las nueve que habéis conquistado, como el Milán con sus siete o el Liverpool con sus cinco”. Sólo parecen concebir motivaciones mezquinas.

Así que llegó el día del Chelsea, y aunque este fue mi equipo inglés favorito (antes de que lo comprara el magnate ruso Abramovich, que lo ha ensuciado), a los pocos minutos me di cuenta de que “no me salía” apoyarlo, pese a mi determinación previa. Quizá me influyó que la persona que más quiero es culé apasionada, y pensé que estaría sufriendo. Y sin duda el hecho de que, aunque bastantes catalanes no nos tengan a los demás por tales, yo no puedo evitar sentirlos compatriotas, es decir, parte de mí o de nosotros (guste o no, son ya muchos siglos caminando juntos y padeciendo infortunios semejantes). Considero a Guardiola un hombre inteligente y además me cae bien, lo mismo que el grueso de los jugadores actuales (aparte Henry y Alves y Eto’o, tirando a chulos). Tan sólo cuatro días después del 2-6, por tanto, me vi animando al Barça y me alegré cuando Iniesta marco el gol del empate. Claro que unos minutos más tarde empecé a arrepentirme, al ver a sus hinchas con camisetas que llevaban estampado: “2-6, yo estuve allí” o alguna memez por el estilo. Estuvimos todos, qué se creen.

Ya no sé qué hacer, estoy enloquecido. El miércoles próximo el Barcelona disputa la gran final contra el Manchester United, que me cae como un tiro, entre otras razones por el antimadridismo furibundo de su chicloso entrenador, Ferguson, que se dedica a propalar falsedades sobre los títulos ganados por el Madrid en la época de Di Stéfano, afirmando que se los debió a Franco (hay que ser tonto: como si Franco hubiera tenido nunca influencia en Europa y el Madrid no hubiera sido una presa más del franquismo). Iré, así pues, con el Barça, para rabia de culés rabiosos. Al fin y al cabo su fútbol me encanta, y además forma parte de la historia pasional de cualquier merengue.

En cuando al 2-6, todos los futboleros sabemos cuán poco duran las tristezas y las alegrías. Tras el 0-5 de 1973, el Madrid se levantó y cayó varias veces. Pero ganó tres Copas de Europa más, en 1998, 2000 y 2002, tantas como espero que el Barça haya obtenido en toda su historia después del miércoles. Eso sí que no hay quien lo mueva, eso sí que no se olvida. Sólo confío en que nuestro futuro Presidente traiga de entrenador a Laudrup (en vez de a un paquidermo), el único técnico actual que puede competir con Guardiola en juventud, inteligencia, educación, modestia, atención a la cantera y concepción generosa del juego. A los madridistas no nos basta con ganar, y él es el único que puede conseguir un día que veamos a una especie de Barça vestido de blanco.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 24 de mayo de 2009

Marías: «Ecco il mio romanzo-fiume»

Annuncia, per ottobre, l’uscita italiana da Einaudi del terzo volume del suo romanzo-fiume, ”Il tuo volto domani”.

Javier Marías è oggi a Venezia (parlerà alle 18 al Teatro Malibran) per il festival letterario “Incroci di civiltà”. Nato a Madrid nel 1951, è uno degli scrittori in lingua spagnola più importanti del mondo. I suoi libri – tra cui ricordiamo ”L’uomo sentimentale”, ”Tutte le anime, ”Un cuore così bianco”, ”Domani nella battaglia pensa a me” – sono tradotti in 37 Paesi.

«Con il tomo che verrà pubblicato in autunno da Einaudi – spiega, – anche il lettore italiano potrà vedere come va a finire il romanzo più lungo che abbiamo mai scritto: circa 1600 pagine. Un’idea, quella di un romanzo ”a puntate”, che inizialmente aveva scoraggiato i miei editori, ma che il pubblico dei lettori alla fine ha premiato».

Come mai ha deciso di darsi a una narrazione così articolata, addirittura in tre volumi?

«C’erano due protagonisti di questo romanzo, mio padre e un anziano professore di Oxford, che quando ho iniziato a scriverlo erano già molto anziani. Chiesi loro il permesso di utilizzare elementi della loro biografia, seppure trasposti con una certa dose di invenzione in un’opera letteraria. In questo modo li coinvolsi in prima persona nel mio progetto e vidi che entrambi ne erano molto incuriositi. Essendo loro già ultranovantenni, non volevo correre il rischio che non facessero in tempo a vedere il romanzo stampato. Per questo, in attesa di completarlo, decisi di pubblicare la prima parte e poi la seconda. Nel frattempo, infatti, il materiale era cresciuto e la storia era evoluta in direzioni che all’inizio neanche sospettavo. Sono felice che i miei due ”personaggi” abbiano potuto leggere il ”loro” romanzo. Ora però non ci sono più e quindi mi spiace che non potranno conoscere il finale».

Lei ha anche tradotto molti autori dall’inglese (da Sterne a Conrad, da Stevenson a Hardy). Che cosa ha imparato come scrittore da questa attività?

«Moltissimo. Soprattutto a calibrare le parole. Non credo nelle scuole di scrittura: penso che si possa insegnare come non bisogna scrivere, ma che sia difficile spiegare come si dovrebbe farlo. Tuttavia, se mai dovessi dirigerne una, richiederei come pre-requisito agli aspiranti corsisti la conoscenza di una o più lingue straniere e li farei tradurre. ”Riscrivere” e ”ricreare” un grande libro (perché per me questo è il compito del traduttore), è il modo migliore per imparare a farne altri».

Di recente lei ha dichiarato che tra i suoi autori di riferimento c’è lo scrittore austriaco Thomas Bernhard. Che cosa rappresenta per lei?

«Uno straordinario maestro di sarcasmo e di ironia, di un umorismo feroce e corrosivo. E di autoironia, cioè della capacità di non prendersi troppo sul serio. L’ho scoperto e l’ho fatto tradurre in Spagna, dove era poco conosciuto. Mi piace anche l’eccezionale musicalità della sua pagina, quell’elemento ritmico che anch’io nei miei libri cerco di ottenere. Il tutto con un gusto per l’esagerazione e l’amplificazione che trovo estremamente gustoso».

Il suo ultimo libro uscito in Italia, ”Dove tutto è accaduto” (Passigli 2008), è una raccolta di scritti sul cinema. Qual è il suo rapporto con la settima arte?

Dove tutto è accaduto

Dove tutto è accaduto

«Direi senz’altro un rapporto strettissimo. Il cinema e il romanzo sono per me entrambi grandi narrazioni. La mia generazione è cresciuta con il cinema. Perciò il cinema, accanto alla letteratura, è l’altra grande fonte di immaginario. Da alcuni anni organizzo in Spagna un premio, il ”Reino de Redonda”, dedicato, indistintamente, a scrittori e cineasti».

Arte (cinema, letteratura, musica) e vita: per essere scrittori conta di più la prima o la seconda?

«L’arte è importante, ma ovviamente conta anche l’esperienza della vita. In ogni caso anche ciò che vive, lo scrittore deve poi reinventarlo, immaginarlo in termini narrativi. Quindi chi scrive è tenuto continuamente a rivisitare in forma di racconto le cose che gli accadono e i fatti di cui è protagonista. Perché la vita, in sé, senza questo filtro, sarebbe materiale inerte».

ROBERTO CARNERO

Il Piccolo, 22 maggio 2009

Javier Marías en Venecia

Los días 21, 22 y 23 de mayo, organizado por la Facultad de Lenguas y Literaturas extranjeras de la Universidad Ca’ Foscari y el Departamento Municipal de Cultura de la Ciudad de Venecia, se celebrará el Incroci di civiltà. Incontri Internazionali di Letteratura a Venezia.

En esta segunda edición participarán, entre otros escritores, Salman Rushdie, Orhan Pamuk y Javier Marías.

Nuestro escritor charlará con Elide Pittarello, Vicerrectora de la Universidad Ca’ Foscari, y Paolo Lepri, periodista del diario Corriere della Sera. El encuentro tendrá lugar en el Teatro Malibran de la ciudad de Venecia, a las 6 de la tarde. Las entradas se pueden adquirir en esta dirección: Acquista il biglietto

Incroci di civiltà

LA ZONA FANTASMA. 17 de mayo de 2009. Ni se les ocurra disparar

Lo de España y sus famosas “fuerzas de paz” –es decir, lo que antiguamente se conocía como el Ejército o las Fuerzas Armadas– ya no se sabe si provoca risa o desolación. Desde hace tiempo todos nuestros Gobiernos, sin duda para tranquilizar a una ciudadanía desaforadamente pacifista y tiquismiquis, nos han vendido que las intervenciones de nuestras tropas en el extranjero son “solidarias” si no “humanitarias”. Ni un solo soldado nuestro se desplaza a ningún sitio si no es para hacer el bien, ayudar a reconstruir un país, proteger de quien sea a la pobre población, entregar flores a los niños y por supuesto no disparar un solo tiro, así los estén degollando los fanáticos o bandoleros de cada lugar. Somos el único país que tiene un Ejército no para la guerra sino para la paz, faltaría más, dónde se han visto militares que entren en combate, disuadan e infundan temor en los enemigos y demás antiguallas belicistas condenables, crímenes todos contra la humanidad que nosotros jamás vamos a cometer. Los españoles de hoy somos justos y cristianos, ofrecemos siempre la otra mejilla, y muy terribles se tienen que poner las cosas para que osemos repeler un ataque, qué es eso de responder con disparos a los disparos, así sólo se consigue crear una espiral de violencia y aumentar la tensión.

Y eso nunca, en escenarios de guerra o similares. Es lo que han ordenado la Ministra del ramo y el Estado Mayor de la Defensa para los casos de barcos españoles secuestrados por piratas en el Índico. “Los militares españoles sólo podrán utilizar la fuerza letal cuando esté en riesgo la vida de los marineros secuestrados, pero no para evitar que los armadores tengan que pagar rescates”, decía la noticia. Y añadía: “Se trata de un protocolo muy restrictivo, que contempla el empleo de la fuerza como último recurso, de forma proporcionada y progresiva, y evitando a toda costa una eventual escalada de la tensión” (las cursivas, mías). Mecachis, y yo que creía desde la infancia que el asalto y abordaje por parte de un barco pirata era una situación de máxima tensión difícilmente superable. Pues no, ya ven, toda la vida equivocado. Para el Ministerio de Defensa sólo hay máxima tensión, y está autorizado el uso de la fuerza letal, en el momento en que los piratas empiezan a hacer desfilar por la plancha a sus rehenes, camino del fondo del mar, o a cargárselos en cubierta con tiros en la nuca o decapitaciones. “Al contrario que los Estados Unidos y Francia, que en los últimos días han liberado por la fuerza dos embarcaciones secuestradas, matando a cinco piratas, España sólo contempla el uso de la violencia para salvar la vida de los rehenes, que es la máxima prioridad”, proseguía la noticia. Por fortuna matiza nuestro Ministerio: “Un rescate por la fuerza podría estar justificado si los piratas adoptan actitudes más violentas hacia sus secuestrados, lo que no se puede descartar tras los últimos incidentes”. Supongo que los marinos españoles, en sus fragatas, sabrán por arte de magia, o a través de algún médium, en qué instante a dichos piratas –fuera de su campo visual y de su alcance– les ha dado por ponerse “más violentos” con sus cautivos. Y entonces sí, ah, entonces que se preparen, porque haremos uso de la fuerza letal, aunque estemos a centenares de millas y no tengamos ni idea de dónde se encuentran, ni ellos ni sus prisioneros brutalizados. Pero ojo, antes habrá que cerciorarse de que están pasando a éstos a cuchillo, no vayamos a contribuir “a una eventual escalada de la tensión”.

Seguro que nuestro Ministerio no vio la suficiente en el ataque que pocos días después sufrió el crucero italiano Melody, con casi mil pasajeros a bordo. El propio jefe de los asaltantes, Mohamed Muse, se lo contaba decepcionado a France-Presse en Mogadiscio (curioso mundo en el que este individuo hace declaraciones a una agencia de información): “La captura de un barco tan grande habría representado una nueva era de la piratería”, se lamentó como quien habla de un récord fallido para el Guinness. “Pero los del crucero utilizaron una táctica inteligente y no pudimos subir a bordo. Estábamos listos para capturarlo, realmente los acribillamos a balazos, pero es un barco imponente y sólo contábamos con diez hombres”, se excusó. La “táctica inteligente” del Melody consistió, entre otras argucias, en “repartir las pistolas de la caja fuerte entre el personal de seguridad” y movilizar a cincuenta marineros. Y, tras alguna que otra artimaña, “nuestros hombres empezaron a disparar y los piratas desistieron”. Fatal, oigan, fatal, por lo menos para nuestro Ministerio, que en modo alguno se habría permitido reaccionar tan desproporcionadamente, acrecentando la tensión. ¿Acaso estaba en peligro la vida de los secuestrados? Pero por favor, si ni siquiera habían secuestrado aún a nadie, los pobres piratas. Cómo íbamos a dispararles. Sólo estaban acribillándonos a balazos e intentando capturar a unos mil, y una mera tentativa no es motivo para abrir fuego. Recuerden que somos humanitarios, y abnegadas fuerzas de paz.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 17 de mayo de 2009

Nuevo libro de Javier Marías. Lo que no vengo a decir

LO QUE NO VENGO A DECIR

LO QUE NO VENGO A DECIR

Nota previa

Este volumen reúne los artículos publicados en la revista El País Semanal entre el 11 de febrero de 2007 y el 1 de febrero de 2009. Se corresponden con noventa y cinco domingos, es decir, dos años de tarea, con la excepción de los cuatro domingos de agosto de 2007 y los cinco de agosto de 2008, meses en los que libré o tomé y di un respiro.

[…]

Son, pues, catorce años los que llevo dando la tabarra o la pimporrada a unos u otros lectores en el día en que se supone que les toca descansar, lo cual me lleva a preguntarme cómo me aguantan y cómo aguanto yo. Por eso, a la hora de escoger un título para la presente colección, me han tentado los de algunas columnas incluidas en ella, por gráficas o sinceras.

[…]

Si al final he optado por Lo que no vengo a decir, ha sido en parte por su mayor eufonía y en parte porque el artículo que lleva ese título trata precisamente del desaliento que en ocasiones invade a quienes expresamos nuestras opiniones regularmente en la prensa, al comprobar lo difícil que resulta hacernos entender en una época y en una sociedad poco proclives a atender a las matizaciones y a las argumentaciones, y muy dadas, en cambio, a resumir en un lema o slogan cualquier discurso o disquisición. No es raro encontrarse con lectores que le espeten a uno: “En suma, lo que usted viene a decir es esto o aquello”, cuando justamente lo que uno ha intentado ha sido no venir a decir algo simple y que le habría ocupado tres líneas, sino decir lo que dice a lo largo de dos folios y pico, de la mejor y más afinada manera posible.

Aquí tienen ustedes, así pues, todas seguidas, noventa y cinco tentativas más. Tal vez su lectura fuera de la prensa y de la actualidad –esto es, a destiempo– sea más pausada y provechosa. Lo primero para quienes se animen a ella, lo segundo para mí. Muchas gracias por tanta atención.

JAVIER MARÍAS

Febrero de 2009

Javier Marías, Lo que no vengo a decir, Alfaguara, mayo de 2009

LA ZONA FANTASMA. 10 de mayo de 2009. Día de confesiones

A mi regreso de un viaje llamé a Arturo Pérez-Reverte con preocupación. Me la habían causado dos artículos suyos, publicados durante mi ausencia, en el suplemento en que escribe todos los domingos. (No soy indiscreto al relatar esta conversación, ya que se refirió exclusivamente a cosas que él mismo había revelado a millones de lectores.) “¿Cómo es eso de que desayunas crispies y un vaso de leche y que mientras tanto hojeas revistas del corazón?”, le pregunté, pues eso había confesado en la primera de sus columnas. Y añadí: “Nada en contra de nada, pero me extraña que lo hayas contado. Estoy seguro de que muchos seguidores se habrán quedado perplejos: habrían esperado que desayunases chistorras y huevos fritos, o en su defecto un carajillo, y que hojearas viejas Hazañas bélicas o por lo menos Rip Kirby. ¿Y qué es eso de que has vuelto a ver en DVD Las cosas del querer” (la notable película de Jaime Chávarri, como contaba Pérez-Reverte en la segunda columna) “y que en el coche vas oyendo a menudo copla española? Me temo que tus lectores estarán estupefactos. Esperarán que repitas Río Bravo o ¡Hundid el Bismarck!, que ya sé que también ves con frecuencia, y que al conducir escuches a tus Tigres del Norte, o canciones de piratas, o unas buenas marchas militares, aunque sean británicas”. Su respuesta, que vino tras una carcajada, fue noble y parca, como le cuadra a él: “Tienes razón. Voy a llevar más ojo, me estoy amariconando”.

La verdad es que lo honra haber admitido todas estas costumbres que en principio no casan mucho con la imagen aguerrida que se tiene de él. Somos pocos los que confesamos no ya nuestras “debilidades”, sino ciertos gustos que, por uno u otro motivo, nos parece que “no quedan bien” o que no son acordes con la personalidad que nos hemos forjado de cara al exterior, y no hablo sólo de las personas más o menos públicas, sino de cualquier particular. A muchos de éstos les cuesta reconocer, ante sus amistades o conocidos, que disfrutan con músicas o películas o programas no ya “impropios” del carácter que exhiben, sino directamente abominables. A veces tenemos una justificación que analicé hace diez años en un artículo titulado “Ídolos de la aberración”: hay personajes, emisiones, espectáculos que nos horripilan tanto que no podemos apartar la vista o el oído de ellos. Es la fascinación del horror. Permanecemos clavados ante la televisión o la radio, incapaces de zapear o de mover el dial, embriagados por la incredulidad y el espanto. Sé de gente normal que no se perdía unos maitines del Monaguillo Colérico ni un teledragó de Dragó, para comprobar el nivel hasta el que podían bajar. (Descuiden, no me engaño: también sé que hay personas que leen religiosamente esta página para odiarme a gusto y decirse: “Es que lo de este tío no tiene nombre”.)

Don Draper, personaje de Mad Men

Don Draper, personaje de Mad Men

No voy a ser menos que mi colega Alatriste, luego voy a confesar. Nada puedo decir de mis desayunos porque más bien no desayuno: bebo un poco de Coca-Cola sin cafeína, y si tengo hambre (no suelo), un “esencial de pera”. No me da tiempo a hojear nada. Los lectores memoriosos saben que he sido fiel seguidor de Los Soprano, El ala oeste de la Casa Blanca, Deadwood, Mad Men y 24, pero estas series (dudosa la última) entran dentro del buen gusto convencional. Lo que nunca he dicho es que también he seguido –a ráfagas, bien es verdad– Los Serrano, francamente zafia en su conjunto; que estoy viendo algún episodio de Águila Roja, que de niño no habría tolerado ni en tebeo; que desde hace varias temporadas procuro estar al tanto de Amar en tiempos revueltos, inicialmente porque en su equipo de guionistas está una gran amiga mía, Julia Altares, y luego por acostumbramiento, dado que se trata de una producción digna para ser cotidiana, aunque irregular; y que de vez en cuando me asomo a Dónde te escondes, corazón (aquí sí por el horror). También confieso que algunas noches me pongo viejas comedias ñoñas de la insoportable Doris Day, y en cuanto a música, me entusiasman el calypso y las broncas baladas irlandesas de The Dubliners y The Clancy Brothers, que también le gustan a Bob Dylan, uno siempre busca afinidades ennoblecedoras. (La música en español no la aguanto, salvo las rancheras y poco más, ahí tengo poco por lo que sonrojarme.)

Todos tenemos gustos o pasiones indecentes o que, aunque no lo sean, solemos ocultar. Hace poco me contaba por carta John Ashbery, candidato al Nobel y el poeta de mayor prestigio de su país, que a sus ochenta y un años le encantaba ponerse las películas más absurdas (musicales demenciales y comedias ridículas de los cincuenta). Ojo, es lo que se llama un poeta serio e intelectual. Me pregunto qué hace que nos gusten cosas que sabemos que son mediocres o malas, y qué nos lleva a callar ese gusto. Quizá todos necesitamos ser vulgares al menos un rato al día, y sentirnos masa, y en compañía abundante, para ayudarnos a entender el mundo y por tanto a nosotros mismos, que nunca somos tan distintos unos de otros. Curiosamente, en lo que no sé permitirme “desfallecimientos” es en lo que practico, la novela: no me veo leyendo El perro con el pijama de rayas ni El incidente de los cometas en el crepúsculo ni La chica que soñaba con los números primos. Quizá debería aprender a arriesgarme, también en ese campo.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 10 de mayo de 2009

DEBOLS!LLO. Faulkner y Nabokov: dos maestros

Faulkner y Nabokov: dos maestros

Faulkner y Nabokov: dos maestros

Nota a esta edición

Con motivo del centenario de los respectivos nacimientos de William Faulkner y Vladimir Nabokov, en 1997 y 1999, Javier Marías dio a la imprenta dos libritos de homenaje a estos dos escritores tan admirados por él: Si yo amaneciera otra vez, se tituló el de Faulkner, y Desde que te vi morir, el de Nabokov (ambos publicados por la editorial Alfaguara). Ahora, más de un decenio después, la Biblioteca Javier Marías de Debolsillo se congratula en ofrecer al lector esos homenajes reunidos en el presente volumen, Faulkner y Nabokov: dos maestros.

En las Presentaciones el propio Javier Marías nos explica con detalle el origen y el contenido de aquellos dos volúmenes, así que nos parece superfluo repetirlo aquí e invitamos a acudir a ellas y disfrutar de todo el entusiasmo y la superstición que Marías nos transmite por sus homenajeados. Sí queremos avanzar que, en su juventud, el autor se ocupó de traducir algunos de los poemas de Faulkner y de Nabokov, la parte de la obra menos conocida de unos escritores consagrados universalmente como novelistas. Y como era de rigor, esas versiones (en texto bilingüe) están incluidas en Faulkner y Nabokov: dos maestros.

LOS EDITORES

Índice

Nota a esta edición

SI YO AMANECIERA OTRA VEZ
WILLIAM FAULKNER
UN ENTUSIASMO

Lo que no escribió Faulkner (Presentación o arenga), por Javier Marías

William Faulkner a caballo, por Javier Marías

William Faulkner: Si yo amaneciera otra vez
(doce poemas de A Green Bough, traducidos por Javier Marías)

Faulkner habla, por Javier Marías

Un epílogo: Notas de viaje por Faulkner, Mississippi, de Manuel Rodríguez Rivero

DESDE QUE TE VI MORIR
VLADIMIR NABOKOV
UNA SUPERSTICIÓN

Para que Nabokov no se la cargue (Presentación o disimulo), por Javier Marías

Los imposibles pasos del exiliado ruso, por Javier Marías

Vladimir Nabokov en éxtasis, por Javier Marías

Vladimir Nabokov: Desde que te vi morir
(dieciocho poemas de Poems and Problems, traducidos por Javier Marías)

El canon Nabokov, por Javier Marías

La novela más melancólica (Lolita recontada), por Javier Marías

Un epílogo: Vladimir Nabokov: La poesía del ajedrez
(dieciocho problemas de Poems and Problems, en traducción y con nota previa de Félix de Azúa)

Procedencia de los textos

Procedencia de las ilustraciones

Javier Marías, Faulkner y Nabokov: dos maestros, Debols!llo, mayo de 2009

LA ZONA FANTASMA. 3 de mayo de 2009. Elegir lo grotesco

Uno de los primeros avisos fue probablemente Clement Attlee, que la mayoría de ustedes no tendrá ni idea de quién fue, lo cual ya dice algo al respecto. Ese hombre, sin embargo, derrotó estrepitosamente en las urnas a Churchill, y no en unas elecciones cualesquiera, sino en las de 1945, recién terminada la Segunda Guerra Mundial que su rival tanto había ayudado a ganar. No es que Attlee fuera despreciable: se trataba de un laborista muy digno, que intentó con todas sus fuerzas que su país apoyara a la República Española durante la Guerra Civil y que hasta cierto punto creó el Estado del Bienestar. Fue más que nada con eso con lo que sedujo a sus compatriotas, cansados del esfuerzo inmenso de la Guerra, durante la que Churchill les había anunciado y pedido, en cambio, “sangre, denuedo, sudor y lágrimas”. Quizá ya habían derramado bastante de las cuatro cosas.

Claro que el precedente fue Hitler, y mucho más grave, el cual alcanzó el poder en unas elecciones que no ganó exactamente, pero que le permitieron gobernar tras algunos pactos con otros, algunas renuncias de otros y no pocas amenazas a todos. Sea como sea, su régimen salió de las urnas, no de un golpe de Estado ni de la toma de ningún Palacio. Con esto quiero recordar que no hay mejor sistema que el democrático ni otra manera decente de llegar al poder que mediante elecciones populares, pero que la gente, con frecuencia, elige el horror, o lo peor posible, o la vulgaridad, o lo grotesco. Hay épocas medianamente sensatas y épocas lunáticas. En estas últimas los votantes se comportan como anormales, difícil saber por qué. Me temo que la actual es una de ellas, a grandes rasgos y con sus excepciones. Cada vez que se celebra una cumbre de Presidentes de Gobierno se le cae a uno el alma a los pies, y en lo que llevamos de año ya ha habido unas cuantas.

Por Italia acude Berlusconi o el summum de lo grotesco: lo mismo deja plantada a su anfitriona, Angela Merkel, que lo espera en vano para darle la bienvenida mientras él gesticula por su telefonino como cualquier grosero de restaurante o de tren, que se lanza a dar voces ante sus homólogos para llamar a Obama: “¡Mr Obama! ¡Mr Obama! ¡Aquí estoy, soy Berlusconi!” Luego, de vuelta en su país, aconseja a los afectados por el terremoto de los Abruzos, que se han quedado sin casa y han perdido a seres queridos, que vean su situación como “un fin de semana de camping”, y a continuación su popularidad asciende hasta el 75%. Si la reacción de los italianos no es de anormales, díganme en qué consiste la normalidad. Por Francia acude Sarkozy, de quien ya dije en esta página que era como Louis de Funès, sólo que con pelo, y que se creía Superratón, volando de aquí para allá a ver si puede rescatar a alguien y ponerse la capita. Últimamente ha andado lento de reflejos o se ha acobardado: no lo he visto desplazarse en persona a luchar contra los piratas somalíes con una bandana en el cabezón, como habría sido de rigor, y sí en cambio tocarle el culo a su señora ante una batería de fotógrafos. Para mí que se está aburguesando y berlusconizando: comparte con su colega italiano los coturnos disimulados y los ademanes de estrella del porno en promoción. Hasta hace cuatro días, por los Estados Unidos acudía Bush Jr, sobre cuyas meteduras de pata, ridículos bailoteos y pésima dicción no hay, por fortuna, nada más que añadir. Por Rusia, Putin, un tipo dado a hacerse fotos con el torso desnudo y con botas, fingiendo que está a punto de matar un oso o un jabalí. En cuanto al nuevo Presidente de Chechenia, al que acabo de conocer por televisión, sólo sé que parece un portero de discoteca y que lleva en la mano un rosario musulmán con el que juguetea chulescamente. No llegará a ninguna cumbre, pero el individuo promete, en el ya reinante territorio de lo grotesco. Lo que ignoro es si ha sido elegido o nombrado a dedo por Putin entre dos de sus cacerías nudistas. El que sí ha sido elegido es Ahmadineyad, de Irán, un tipo con aspecto cenizo que persigue a las mujeres que dejan asomar un mechón de cabello en su país. También fue elegido Evo Morales, cuya última incomprensible hazaña ha sido iniciar una huelga de hambre con colchoneta y todo. Esta es una verdadera innovación grotesca, muy difícil de igualar: esa clase de huelgas se solían llevar a cabo para presionar a los gobernantes, pero el señor Morales es el gobernante máximo de su nación. ¿Se imaginan a Berlusconi, Sarkozy o Medvédev haciendo lo propio para conseguir que el Parlamento apruebe las leyes que ellos desean? La verdad es que yo sí, y no me extrañaría que la idea se la hubiera brindado Hugo Chávez, que tal vez la tenía en la recámara si no lograba sacar adelante su enésimo referéndum megalomaniaco. De momento está encarcelando, entre berrido y canción, a cuantos le hacen penumbra en algún barrio escapado a su dominio totalitario.

Hay que congratularse de que en España no estemos tan mal: por ahora nuestro Presidente y nuestro jefe de la oposición rivalizan tan sólo en insustancialidad. Claro que después del Gobierno que nos ha dejado el primero con sus nuevos nombramientos penosos, más vale que empiece a hacérselo mirar. Al fin y al cabo le ha cogido gusto a lo de asistir a cumbres y se nos puede contagiar.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 3 de mayo de 2009