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He aquí un nuevo libro de Javier Marías que en puridad no lo es: Aquella mitad de mi tiempo es una antología que reúne los artículos del novelista de carácter más personal, “los autobiográficos y los evocativos”, en palabras de Inés Blanca, compiladora del volumen. En su gran mayoría, estos textos ya han sido recogidos en las distintas recopilaciones de la obra periodística y ensayística de Marías, y resultarán por consiguiente familiares para los conocedores de su obra. Hay que señalar, sin embargo, que agrupados en este nuevo libro, siguiendo la ordenación cronológica establecida por la editora, estos artículos ya conocidos acaban conformando un todo unitario novedoso y original: un auténtico libro de recuerdos de Javier Marías, o lo más parecido –como adelanta en el prólogo al libro su hermano Miguel– a unas memorias, aunque sean accidentales, fruto de una intervención exterior y así sólo parcialmente deseadas, aunque a la postre consentidas, por el autor. Pues lo cierto es, a juzgar por su nota previa, que el propio Marías parece acomodarse sin demasiadas dificultades a “este libro improvisado” (p. 17), suerte de autobiografía reticente y parcial que habla, sobre todo, “de los tiempos y de las personas que he conocido” (p. 18), y –no podía ser de otra manera tratándose de Javier Marías– del tiempo y su inevitable transcurrir, una de las mayores preocupaciones literarias y vitales del novelista.

Agrupados en ocho secciones, los más de ochenta textos aquí reunidos, publicados originalmente entre 1987 y 2008 (aunque en su mayoría datan de los últimos diez o doce años) pasan revista, entre otros asuntos, a la infancia del autor; a sus padres y la represión de que fueron objeto durante el franquismo; a su juventud e inicios literarios; a las personas que ha tratado y le han marcado de un modo especial, con un homenaje particularmente sentido a sus “mayores”, las generaciones de la República; a su visión del mundo y de la sociedad en que le ha tocado vivir; y a la leyenda del Reino de Redonda y su nobleza literaria. En estas páginas de tono marcadamente elegíaco se suceden así personas y lugares que contaron en la vida del autor y ya no son, así como se relatan algunas experiencias decisivas en la materialización del destino de escritor de Javier Marías, trazando un retrato personal muy vivo del autor y de sus ideas y preocupaciones, aunque no quepa esperar grandes revelaciones. En efecto, la mayoría de los hechos o anécdotas aquí referidos por Marías serán ya conocidos de sus lectores habituales.

Y es que los textos provienen fundamentalmente de la columna semanal que, en sucesivos medios de prensa y bajo diversos títulos, Marías lleva escribiendo desde hace cerca de quince años. A ellos se añaden algunos artículos sueltos de otra procedencia, un par de prólogos, alguna conferencia o charla, y otros textos de naturaleza diversa. Entre estos últimos conviene destacar uno inédito en castellano, la fascinante entrevista de 2007 publicada por The Paris Review en su célebre serie “El Arte de la Ficción”, con la que Marías se une a escritores de la talla de Faulkner, T S Eliot o Nabokov, y un par de rarezas, publicadas en revistas de difusión confidencial y por ende difíciles de encontrar, dos “falsos” diarios, “Moleskine” (de septiembre-octubre de 2001), y “Diario de Zúrich” (1997-1998), falsos en la medida en que fueron escritos por encargo, y reflejan por tanto de forma sesgada o lateral la vida cotidiana del autor.

Marías es un columnista de prosa brillante y amena, sensible y evocador, y a menudo provocativo en el mejor sentido de la palabra. Sus artículos semanales resultan ingeniosos, inventivos y sorprendentes, nunca vulgares y adocenados: no en balde probablemente sea Marías hoy el mejor columnista de la prensa española. La calidad e interés de esta colección de artículos quedan, de entrada, fuera de duda. Además, la eficaz estructuración del conjunto por la compiladora permite que textos concebidos como obras aisladas se lean ahora como parte de un todo continuado y armonioso, sin apenas reiteraciones. De este nuevo todo surge un emocionante y revelador autorretrato del autor como hombre pudoroso y reservado, que no distante ni altivo como se suele decir; un tono amable y ligeramente melancólico domina la narración. Para quienes estén acostumbrados a los diversos modos del articulista, hay que insistir en que aquí no asoma el Marías polémico o más bronco, debelador de las necedades y comportamientos incívicos que nos asedian a diario, y sí por fortuna el más sentimental y afectuoso, y también el más divertido.

Estos textos son nostálgicos en el mejor sentido de la palabra, el más vital: con el paso del tiempo, todo acaba por tornarse pérdida, reconoce Marías, pero no hay que sumirse en la tristeza al mirar atrás porque, en feliz expresión de William Faulkner, “el pasado nunca muere, ni siquiera es pasado”. Para Marías, el pasado es algo que permanece en nosotros, que no hay que intentar superar ni desde luego temer, aunque tampoco conferirle “una categoría superior a la del presente” (p. 91). La memoria, con lo que tiene de olvido, consiste pues en saber vivir con lo pasado para mantenerlo vivo en uno; en el caso del autor hoy, con “la mitad del tiempo” o más ya a sus espaldas del que probablemente le corresponda vivir. Marías es pudoroso aunque intenso en sus reminiscencias, y acaso por ello más emocionante; sus vivencias personales, despojadas de cualquier atisbo de trivialidad, son en buena medida universales y el lector no puede evitar identificarse con ellas, hacerlas suyas.

Aunque supongo habrá quien sostenga que Aquella mitad de mi tiempo es un libro menor en la bibliografía del novelista al tratarse de una recopilación, y por mano ajena, de material periodístico ya disponible en volumen, no me cabe duda, muy al contrario, de que el carácter unitario y autobiográfico del volumen le confieren un vivísimo interés, y de que constituye un muy valioso añadido a la obra de Javier Marías.

ANTONIO J. IRIARTE

Cuadernos Hispanoamericanos, n. 704, febrero de 2009

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