LA ZONA FANTASMA. 9 de febrero de 2014. Juro no decir nunca la verdad

Recuerdo haberle oído decir a mi padre –y además lo contó en sus memorias, Una vida presente– que, siendo aún bastante niño, se hizo el firme propósito de no mentir jamás. Le parecía algo tan indigno y tan sucio que se lo prohibió, pese a que los niños suelen estar muy necesitados de mentir. Presumía de haber cumplido la palabra que a sí mismo se había dado, lo cual veo improbable a lo largo de los noventa y un años que vivió, pero no soy quién para llevarle la contraria, ni lo sería nadie, claro está. De lo que no dudo es de la seriedad de su objetivo infantil, y por tanto estoy seguro de que, si mintió en ocasiones, debió hacerlo à contrecœur, violentándose y a sabiendas de que eso era impropio de él. Debió evitarlo lo más que pudo, en todo caso. Si uno se convence de antemano de que quiere o no quiere hacer algo, le costará más contravenirse, y hasta puede que el arraigo de su intención acabe impidiéndole apartarse de ella en cualesquiera tiempo y lugar.

¿Qué sucede en el supuesto contrario? Es decir, ¿en el de alguien que se traza como modelo de conducta mentir y engañar? En principio no parece fácil hacerse semejante propósito, y sin embargo da la impresión de que hay individuos tan acostumbrados al embuste que les resulta imposible incurrir en la verdad, ni siquiera como excepción. Todavía más llamativo es que existan colectivos entregados al engaño sistemático y perpetuo, como si no imaginaran otro modo de relación. Tales colectivos los encontramos sobre todo en el mundo de la política, en el que un empeño como el de mi padre sería impensable, inhabilitaría al que lo tuviera para entrar en él. De hecho se da por descontado que todos los políticos mienten y engañan, y que no les queda más remedio. En consecuencia, se les presupone y acepta un alto grado de falsedad: va en el oficio. Pero en España tenemos desde hace años un caso malévolo, precisamente el del partido que nos gobierna en la actualidad.

Hay un redactor de El País cuyas crónicas no suelo perderme, Carlos E. Cué. Es el encargado, infiero, de indagar e informar sobre las interioridades de dicha formación. A menudo se ve obligado a callar los nombres de quienes se confían a él: “Dice un dirigente…”, “Opina un veterano diputado…”, son las fórmulas habituales. Su crónica del pasado 6 de enero no tenía desperdicio. Si damos su contenido por cierto, el PP, con su proyecto de ley del aborto, que muchos consideran inoportuno, contraproducente y erróneo, está tratando de halagar al núcleo de sus votantes de extremísima derecha radical (dado que Rajoy y sus ministros ya son de extrema derecha cuasirradical), a fin de que se movilice y acuda a las urnas en las elecciones europeas de mayo, comicios en los que se produce siempre una elevadísima abstención.

Pero lo más probable es que, una vez conseguidos esos votos de los ultracatólicos y nostálgicos de Franco, la mencionada ley sufra modificaciones, se suavice y renuncie a prohibir la interrupción del embarazo cuando hay grave malformación del feto. Es decir, se estaría engañando a esos votantes extremistas para que estén contentos hasta la fecha de las europeas, y después no importaría enojarlos. Daría lo mismo que se sintieran defraudados, porque su voto útil ya estaría depositado en las urnas y no tendría vuelta atrás. Según Cué, “un miembro de la cúpula” le ha reconocido: “Está claro que esta ley se ha hecho para gustar a una parte poco relevante de nuestro electorado. El resultado de las europeas nos mostrará si esa estrategia acertó”.

El PP se inició en el engaño y la mentira –al menos de manera flagrante– en 2003, con sus probadas falacias sobre Sadam Husein y la Guerra de Irak. A partir de ahí ya vivió en eso, con la apoteosis de las falsedades sobre los atentados del 11-M, que le costaron el gobierno en 2004. Lejos de aprender la lección y enmendarse, parece un partido que se hubiera hecho el propósito contrario al de mi padre: “Vamos a mentir siempre, incluso a los más nuestros”. Algo enfermizo.

Uno entiende que el último programa electoral de Rajoy consistiera en un cúmulo de embustes. “Crearemos empleo; no tocaremos las pensiones; no subiremos los impuestos; habrá sanidad y educación públicas al alcance de todos; mi niña cursi gozará de libertades y derechos, vivirá en un país siempre mejor, etc”. Bien, con todo eso se pretendía convencer –y se convenció: mayoría absoluta– a los indecisos, a los crédulos, a los ingenuos y al electorado “de centro”; al que vota según las circunstancias, al que no es muy militante, a la gente normal.

Uno no aprueba, pero entiende que a esos se los procure engañar. Lo que ya no le entra en la cabeza es que se intente lo mismo con los adeptos, con los fieles y fervorosos, con los incondicionales. “Vamos a camelar a estos con leyes franquistas y represivas para que cierren filas en mayo y nos voten en las europeas, y luego les vendremos con las rebajas y la decepción; si se enfadan, ya se nos ocurrirá más adelante otra trampa, andamos sobrados de ellas”. Sólo se concibe tal actitud en quienes están tan instalados en la mentira que en verdad no saben relacionarse de otra forma con nadie, ni siquiera con ellos mismos. Como si, al revés que mi padre de niño, hubieran desarrollado tal aversión a la verdad que se hubieran hecho el juramento demente de no decir ni una jamás, así los aspen.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 9 de febrero de 2014

‘The Infatuations’ en bolsillo

The Inf Penguin Bolsillo

THE INFATUATIONS
JAVIER MARÍAS
Translated by Margaret Jull Costa
Penguin, February 27, 2014

The Inf KNOPF bolsillo

THE INFATUATIONS
JAVIER MARÍAS
Translated by Margaret Jull Costa
Vintage, April 22, 2014

Las ediciones inglesa y americana de la novela de Javier Marías, Los enamoramientos, finalista del prestigioso National Book Critics Circle Awards, se publicarán en formato de bolsillo los próximos 27 de febrero y 22 de abril respectivamente.

LA ZONA FANTASMA. 2 de febrero de 2014. Un matrimonio invisible y encantador

No los conozco ni los he visto ni en foto, a Hubert y a Merry, pero cada Navidad se me hacen presentes con el envío de un gran paquete lleno de variados y estrafalarios regalos, a los que correspondo como puedo, con algún libro mío traducido al inglés. Me adjuntan siempre una cariñosa tarjeta que encabezan de la misma manera: “Dear King Xavier”, es decir, “Querido Rey Xavier”, y son una herencia del anterior Rey de Redonda, Jon Wynne-Tyson o Juan II, que abdicó en mi favor allá por 1997, si no recuerdo mal. (No las pongo para no recargar este texto, pero todas esas palabras, “Rey”, “abdicar” y demás, deben imaginarse entre comillas.) Algunos lectores conocerán la leyenda de ese Reino medio real y medio fantasmagórico, a la vez geográfico y literario (la isla existe), que no se hereda por la sangre sino por las Letras. Los que no, y tengan curiosidad, encontrarán abundante y contradictoria información al respecto en Internet, incluida no poca que me tildará de impostor. Hubert y Merry pertenecían a la corte de Wynne-Tyson, y, al saber de la sucesión (no olviden las comillas, por favor), empezaron a felicitarme las Pascuas con generosidad e impecable sentido de la lealtad dinástica.

isla (1)No sé apenas nada de este matrimonio norteamericano. Sólo que antes vivían en California y ahora en Texas. Quizá por la edad del propio Wynne-Tyson, que este año cumplirá noventa, me los imagino mayores, apacibles y jubilados, con tiempo para escoger los regalitos que me envían puntualmente, envolverlos con esmero uno a uno, llenar la caja y llevar ésta a Correos en diciembre. Les agradezco sobremanera el detalle y la gentileza, pero cada vez me quedo más perplejo con los contenidos de su paquete. Me pregunto si me echarán una edad muy distinta de la que tengo o me creerán rodeado de niños, porque nunca faltan algunos juguetes originales. La mayoría de los objetos, sin embargo, son cosas “útiles”, sobre todo para un montañista, un espeleólogo o un explorador: imaginativas linternas y lamparillas, una diminuta dinamo para recargar el móvil manualmente, a falta de enchufes, alguna prenda (llamémoslas así) que me provoca estupor: una toalla, una manta, un mantel, una camisola que me quedaría inmensa. Estas Navidades apareció una sudadera de forro polar, con su capucha y de color rojo rabioso, tal vez indicada para viajar a Alaska o hacer alpinismo, no lo sé. Antes de buscarle un destinatario (mi sobrino Gabriel es escalador, y le han sido adjudicados varios obsequios de Hubert y Merry), no crean que no me la probé a ver si podía sacarle partido o lucirla por las calles de Madrid. Con la capucha calada como si fuera Bruce Willis –alguien lo ha convencido de lo mucho que lo favorece este aditamento, por la frecuencia con que en sus películas aparece con él–, me miré al espejo: vi un cruce entre Caperucita Roja y el Yeti que me desaconsejó honrar la prenda personalmente, no sin dolor de mi corazón.

Recuerdo que en el primer envío, hace ya más de un decenio, venían varios objetos de una “Fundación Richard Nixon”, que debía de tener su sede en la misma población en que Hubert y Merry vivían entonces. No fue Nixon un Presidente agradable: hubo de dimitir por mentiroso empedernido, extravagante como suena eso en nuestro país. Pero bueno. Había una gorra azul marino con larga visera que ponía “Commander in Chief”, y también resultaba visible el oprobioso nombre. A diferencia de la sudadera escarlata, la gorra sentaba muy bien, así que se la pasé a Carme, más atrevida que yo, quien se la encasquetó ufana en más de una ocasión, convencida además –con razón– de que le quedaba “de fábula”. Luego, por desgracia, se la robaron o la perdió.

Este diciembre también han llegado una “lámpara de fibra óptica” que al parecer derrama colores; un par de paquetes de pilas para encenderla, imagino; un boli de un equipo de baloncesto texano; otra linterna de incomprensible diseño; un punto de libro en el que se ve caminar a una osa y a sus dos crías cuando se lo mueve; una bola de nieve cuyo cristal se había roto en el viaje, con una sillita de director de cine y un cartel que reza “Hollywood”, donde no ha debido de nevar jamás; un “mango con punta de dos lados” que no tengo idea de para qué sirve ni qué es. Siempre hay algo cuya utilidad ignoro, aunque todo tiene pinta de ser muy ingenioso. Esta vez, sin embargo, Correos me amargó el paquete. No se sabe por qué (cuando llegó yo estaba fuera y fue Juliana, la portera, quien lo recogió), el cartero exigió el pago de 25 euros por él. ¿Aduana? No sé: la lista de los contenidos, en una hoja rellenada por Hubert y Merry, señalaba que su valor total ascendía a la módica cantidad de 41 dólares. Y además eran regalos, no una compra que yo hubiera hecho.

Bueno, ya se sabe que Rajoy y Montoro nos sacan el dinero a espuertas con enfermiza avidez (en la televisión ya les veo este signo en los ojos: $, no falla). Así que les he dicho a Hubert y a Merry que el año próximo me conformo con su afectuosa tarjeta navideña. No vale la pena que unos jubilados lejanos y amables me dediquen tiempo y dinero para que su gentileza me cueste a mí dinero también, y se lo embolse Rajoy. Ya lo ven, este Gobierno está decidido a que renunciemos a todo, incluso a los estrafalarios y bondadosos regalos de ese matrimonio encantador.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 2 de febrero de 2014

Marías enamora a los Estados Unidos

LE USLos enamoramientos de Javier Marías finalista del National Book Critics Circle Awards

Los enamoramientos, de Javier Marías, ha sido seleccionada una de las cinco finalistas del National Book Critics Circle Awards como mejor novela publicada en Estados Unidos en 2013.

El National Book Critics Circle Awards, fundado en 1974 en el Hotel Algonquin, está considerado como uno de los premios más prestigiosos de las letras americanas, y es el único galardón otorgado por un jurado compuesto por más de 600 críticos y directores de suplementos y revistas literarias. El premio -que en anteriores ediciones han ganado autores como Ian McEwan, Alice Munro, Roberto Bolaño, Cormac McCarthy y John Cheever, entre otros- se fallará el próximo 13 de marzo.

Además, Los enamoramientos, de Javier Marías, fue seleccionada por el diario The New York Times entre las 100 mejores obras de ficción de 2013. La novela se publicó este verano en Estados Unidos y en las primeras semanas apareció en las principales listas de los libros más vendidos y fue, además, portada de The New York Times Book Review. La crítica ha acogido Los enamoramientos con gran entusiasmo:

«Sea lo que sea que creamos que vaya a suceder mientras leemos, estamos eligiendo pasar tiempo en compañía de un autor. En el caso de Javier Marías, se trata de una buena decisión; su mente es profunda, aguda, a veces chocante, a veces hilarante, y siempre inteligente […]. Macbeth nos recuerda que Shakespeare no trazaba distinciones fastidiosas entre misterios sobre asesinatos y alta literatura, y no hay razón para que Marías tampoco lo haga […]. Tiene una empatía penetrante… Para sus seguidores habituales, Los enamoramientos será otro feliz desembarco de Marías; para el nuevo lector es tan buen punto de partida como cualquier otro de sus libros.»

The New York Times Book Review

«Es fácil entender por qué el nombre de Javier Marías se menciona a menudo en las discusiones sobre los potenciales ganadores del Premio Nobel de Literatura ya que Los enamoramientos aborda temas que atacan al corazón mismo de la condición humana. Marías entrelaza argumentos filosóficos, literatura clásica y conversaciones tanto reales como imaginadas que dan forma a una caleidoscópica obra de arte. Un libro para ser saboreado, discutido y releído.»

The Gazette

Los enamoramientos fue elegida mejor libro del año por Babelia en 2011 y recibió el XIV Premio Qué Leer que otorgan los lectores de esta revista literaria. Los enamoramientos ya se ha traducido o está siendo traducida a un total de 29 lenguas.

Alfaguara

Enam

Los enamoramientos, de Javier Marías, finalista al premio de la crítica en EE UU

Los enamoramientos, la última novela de Javier Marías, sigue su éxito imparable de público y crítica: es una de las cinco finalistas al National Book Critics Circle Awards de Estados Unidos en el año 2013. Una selección hecha por 600 críticos y directores de suplementos y revistas literarias cuyo ganador se dará a conocer el 13 de marzo. “Ha sido una agradable sorpresa que no hubiera imaginado y que considero un honor”, cuenta el escritor madrileño.

En esta edición, Marías es el único hombre entre los finalistas y su obra la única traducida. Junto a él figuran las escritoras Chimamanda Ngozi Adichie, por Americanah (que en marzo publicará Random House); Alice McDermott, por Someone; Ruth Ozeki, por A Tale for the Time Being, y Donna Tartt por El jilguero (que en marzo publicará Lumen). Una situación, asegura Marías, que “no tiene mucho de particular porque las mujeres han adquirido mayor visibilidad y muchas con una gran calidad literaria, además de ser las que más leen en todas partes”.

La elección de Los enamoramientos como una de las cinco mejores novelas, por parte de los críticos, no deja de sorprender al escritor español, teniendo en cuenta que en Estados Unidos solo se traduce el 3% de su producción editorial. En su caso, 14 de sus libros como Tu rostro mañana, Corazón tan blanco y Todas las almas.

La historia de Los enamoramientos (traducida ya a 29 idiomas), narrada por María Dolz, cuenta los hechos trágicos y misteriosos de una muerte y los diferentes estados y estadios que se vive alrededor del enamoramiento, a la vez que aparecen temas como la impunidad, el azar, las relaciones, la mentira y, claro, el tiempo. La novela, publicada el verano pasado en Estados Unidos, recibió las mejores críticas de los medios como quedó patente en la portada de The New York Times Book Review.

Javier Marías, que está en la última fase de su nueva novela, dice que no le preocupa si gana o no porque el estar en esa selección, insiste, ya es un honor y cree que las posibilidades son pocas.

Los National Book Critics Circle, creados en 1974 reconocen las obras en las categorías de ficción, no ficción, biografía, autobiografía, poesía y crítica publicados en Estados Unidos. Solo una novela en español ha obtenido ese premio en sus 40 años: Roberto Bolaño por 2666. Entre los ganadores figuran escritores como Alice Munro, Philip Roth, Cormac McCarthy, Louise Erdrich, Ian McEwan y John Cheever.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 29 de enero de 2014

La Vanguardia

Abc

El Universal

Europa Press

Tele Cinco

Diario Vasco

Diario de León

El Diario

La Nueva España

Euronews

LA ZONA FANTASMA. 26 de enero de 2014. Entre el ridículo y la mansedumbre

Algunos lectores saben que cada dos por tres me pregunto qué diablos llevo haciendo tanto tiempo en esta última página de El País Semanal. Pero hay dos fechas al año en que de veras me planteo dejarla: una es cuando acaba el “curso” en julio y me tomo mi asueto de agosto; la otra es enero, por aquello de los buenos propósitos. Entre los míos siempre se cuenta, durante unos días y en forma de duda, el de callarme de una vez. Y a cada enero la tentación es más fuerte, aunque sólo sea por la acumulación del cansancio (a los once años aquí hay que sumar los ocho anteriores en que también escribí cada domingo en otro lugar; luego diecinueve en total). Además, ya lo decía hace poco la carta publicada de un lector tan amable que incluso me llamaba “Don Javier”: “… es como si predicase en el desierto; parece que nadie le hace el menor caso…” Bueno, sería pretencioso aspirar a lo contrario, supongo, pero la constatación lo lleva a uno a preguntarse –y a extender la pregunta a todos los demás escritores y columnistas–: “¿Qué pretendemos, entonces? ¿Distraer, acompañar en la indignación, consolar, halagar, desahogarnos, amargar el desayuno a algunos políticos, financieros, empresarios, jueces?”

Tampoco ayudan a proseguir las declaraciones que leo de un novelista que aprecio, el cual, interrogado por el papel de los intelectuales ante las actuales crisis, responde: “No tienen ningún papel. Es ridículo pensar que sí, que pueden influir en nada. Seamos sinceros: el poder es poder porque no cuenta con nadie. Por tanto, todo el que desde un lateral intente influir es ridículo. El escritor libre, el que no está relacionado con una opción política, no influye”. Y remata así: “Lo que digo es que, si el alcalde dice que hay que hacer el puente, el puente se hace. Digan lo que digan los intelectuales”. En esto último no me cabe duda de que lo asiste la razón, y aún habría que añadir: “Digan lo que digan los ciudadanos”. Esa es la manera en que se ejerce normalmente el poder en España en la actualidad –puro caciquismo–, y más si se posee mayoría absoluta. ¿O no salta a la vista que es la forma de gobernar del PP, de CiU, del PNV, del PSOE, con distintos grados? ¿No es evidente que Rajoy se dijo, al ganar las elecciones: “Dispongo de cuatro años para hacer lo que me dé la gana. No me importa incumplir mis promesas y engañar, me trae sin cuidado a quién dañe y a cuántos, el perjuicio irreversible que cause a mi país. Voy a poner España a mi gusto y al de los míos, en contra de la opinión de los médicos, los profesores, estudiantes y rectores, los jueces y fiscales, los pensionistas, los trabajadores, las clases medias, los pequeños empresarios, los artistas, los científicos, los investigadores, los parados, los dependientes, las mujeres y no digamos los intelectuales. Ya se me ocurrirá un nuevo fraude, cuando toque volver a votar”?

Respecto a las otras afirmaciones de ese novelista, uno no quiere pensarlo, pero no puede evitar pensarlo un poco, de refilón: ¿acaso no suenan a autojustificación? Puesto que es ridículo creer que desempeñamos algún papel, lo es también pronunciarse, acusar a los corruptos y a los sin escrúpulos y a los dañinos, denunciar los abusos y las injusticias y las canalladas, tratar de abrir los ojos a quienes los tienen cerrados, procurar que la gente repare en lo que se le ha pasado por alto, argumentar contra las arbitrariedades, señalar las prácticas dictatoriales ejercidas en democracia (las hay, y de ellas vengo hablando hace meses), protestar contra las nuevas leyes que privan de derechos y libertades, advertir del deslizamiento hacia formas despóticas de gobernar. Lo aconsejable –y también lo más cómodo– es no caer en ese ridículo, o bien dejar de ser “escritor libre” y ponerse al servicio de “una opción política” determinada. Es decir, convertirse en peón, alfil o torre de un partido, única vía para “influir”. No por intelectual, se entiende, sino por infiltrado: por formar parte del aparato y del engranaje.

¿Servimos de algo o somos efectivamente ridículos? ¿Deberíamos continuar o guardar silencio? Son dudas reales, no retóricas, ojo: no descarto que ese reputado novelista esté en lo cierto. Claro que luego hay otros a los que, para realzarse, les conviene faltar a la verdad y asegurar que ninguno de sus colegas ha estado a la altura. Si hablamos caemos en el ridículo, y si no, nos portamos como cobardes e incurrimos en mansedumbre. Yo carezco de respuesta a este dilema, y además sería parte interesada. Admito que tal vez no influimos y que nuestros pataleos son estériles. Pero de una cosa estoy seguro: ay si ni siquiera existiésemos, si nadie dijera nunca nada, si no incomodáramos e hiciéramos rabiar un poco a los políticos que nos acogotan y que además quieren aplausos. La única prueba que veo de nuestra no absoluta inutilidad es que esos políticos, que desde luego no nos hacen caso y se encogen de hombros ante nuestros griteríos, preferirían a buen seguro que desapareciésemos. Que no llamáramos la atención de quienes se molestan en leernos, ni los hiciéramos pensar, o mirar lo que pasa desde otro punto de vista del impuesto por los gobernantes, todos los días, con las televisiones a sus pies. Que no señaláramos sus abusos y sus imbecilidades, su cinismo y su desfachatez, sus razonamientos grotescos que ya no tratan ni de adecentar. Ay si además de ocurrir cuanto ocurre, uno abriera los periódicos y no se encontrara en ellos más que asentimiento e indiferencia y silencio, solamente por temor al ridículo.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 26 de enero de 2014

LA ZONA FANTASMA. 19 de enero de 2014. Pequeño comentario de texto

Hay énfasis que delatan, rotundidades que llevan a no creer a quien incurre en ellas. Cuando alguien subraya demasiado, tengo tendencia a pensar que está mintiendo. Cuando repite la misma frase tres veces, como suelen hacer tantos políticos, aumenta mi convencimiento de que la triple afirmación o negación es una falsedad palmaria. Claro que no es una regla, uno puede equivocarse. Es sólo una impresión, y rara vez se puede comprobar lo acertado o equivocado de ella. Ciertos énfasis, sin embargo, son tan retorcidos e inauditos que merecen un pequeño comentario de texto. Esperanza Aguirre respondió el mes pasado –bueno, es un decir–, por escrito y en calidad de testigo, a 300 preguntas relacionadas con la trama Gürtel, que durante su presidencia logró la concesión de casi todos los actos de la Comunidad de Madrid y ganó muchísimo dinero. Tanto que al parecer le pagaba un 10% de mordida a Alberto López Viejo, viceconsejero de Presidencia y luego consejero de Deportes durante años. El hombre no perdonaba un “evento”. Cito de este diario: “Cobraba por todo. Daba igual el importe o de qué fuera el acto. Así, llegó a cobrar por la organización en 2005 del primer aniversario de los atentados del 11-M (2.848,27 euros) o por la del décimo del asesinato de Gregorio Ordóñez (127,10)… Y no había cantidad pequeña ni grande (10,51 por aquí, 27.995,16 por allí)”. Se calcula que se embolsó más de 282.000 por 257 (!) mordidas madrileñas. Claro que esto es nada al lado de los 5,6 millones de euros que acumuló en cinco años, así repartidos: 2,3 millones en 2002; 399.000 en 2003; 79.000 en 2006; 115.000 en 2007; 2,77 millones en 2008. Como diputado y cargo público, dependiendo de los ejercicios, declaraba unos ingresos de entre 61.000 y 103.000 euros anuales.

El individuo está imputado por su implicación en el presunto cobro de comisiones ilegales (la verdad, no extraña), y a Esperanza Aguirre se le preguntó por él (tampoco extraña). Y he aquí la respuesta de la ex-Presidenta, digna de análisis: “No era en absoluto hombre de mi total confianza”. Les ruego que la relean y se fijen en el absurdo que entraña. Lo normal habría sido decir una de tres: a) “No era de mi confianza” (pero entonces no se entendería que lo recuperara para su Gobierno, tras haberse caído del de Gallardón en el Ayuntamiento); b) “No era en absoluto de mi confianza” (pero aún sería más incongruente su debilidad por él); c) “No era de mi total confianza” (lo cual indicaría que se la tenía tan sólo parcial o relativa). Lo que Aguirre dijo es un contrasentido, una idiotez. Para evitar las inferencias que acabo de mencionar, recurre a una doble exageración o doble énfasis: “No era en absoluto de mi total confianza”. Contradicción en los términos: si López viejo no era de su total confianza, se deduce que alguna le merecía, por fuerza; ese en absoluto, por tanto, niega lo que ella afirma. No es posible tener una confianza parcial en alguien y a la vez no tenerla en absoluto. “En absoluto era total”, es lo que viene a decir la señora. ¿Y qué diablos era, entonces?

Pero veamos qué más declaró sobre su ex-viceconsejero y ex-consejero. Que ella no lo nombró, sino “el Consejo de Gobierno” (presidido por ella). Y añadió: “Yo no lo puse en la lista. Yo no lo incorporé”. Tampoco despachó “nunca” con él la organización de ningún acto. Una vez estallado el escándalo, le pidió que le aclarase si el Grupo Correa se estaba llevando todos los contratos de “eventos” de la Comunidad. “Yo no prohibí nada”, reconoció. “Llamé a López Viejo a mi despacho y le pregunté: ‘¿Es esto cierto?’ y él: ‘No, Presidenta. Muy al principio de llegar aquí se les encargó algo, pero ya nada. Ahora se les encargan los actos a…’, y me da una serie de nombres”. Y ella –subrayó– le creyó. (No olviden que “algo” fueron por lo menos 257 mordidas.) ¿Esperanza Aguirre una crédula, una prima, una pardilla? No sé yo. Y eso pese a que el sujeto no era en absoluto de su confianza. Ah, no, perdón: … de su total confianza. Lo raro es que, según El Mundo en 2009 (un diario casi incondicional de ella; los subrayados son míos), López Viejo “fue rescatado por Aguirre, que, tras investigarlo, decidió meterlo en sus listas a las elecciones. Desde entonces se convirtió en uno de sus hombres fuertes… Las acusaciones de irregularidades dejaron finalmente a López Viejo sin una consejería propia, como tenía pensado para él Aguirre, que lo nombró viceconsejero de Presidencia. Llevaba la agenda de Aguirre y hacía las veces de su guardaespaldas –algún que otro periodista se llevó algún empellón suyo–… En 2007 lo nombró consejero de Deportes, una cartera de nuevo cuño sin competencias, pero que le dio notoriedad al salir fotografiado con deportistas de élite”. Ustedes dirán quién ha mentido, si los diarios o Aguirre ante el juez Ruz, y por escrito (“Yo no lo nombré, no lo incorporé, no lo puse en la lista”).

Creo que hace muchos años crucé un par de cartas con López Viejo, cuando era Concejal de Limpieza Urbana y Desarrollo en la alcaldía de su mentor Álvarez del Manzano, a la que llegó en 1999. Tendría que buscar las suyas (¿quizá otro día?), pero recuerdo que las chorradas con que contestó a una protesta mía fueron tales que lo “fiché” ya como caradura y cantamañanas, indigno de la menor confianza. Curioso que, tras investigarlo y todo, Esperanza Aguirre llevara a sujeto tan transparente a su equipo y le creyera, pese a no ser en absoluto de su total confianza. Claro que sí lo era parcialmente,… y vuelta a empezar con el sinsentido.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 19 de enero de 2014

 

‘The Infatuations’ finalista de The National Book Critics Circle Awards

T I camisa
NATIONAL BOOK CRITICS CIRCLE ANNOUNCES ITS FINALISTS FOR PUBLISHING YEAR 2013
The National Book Critics Circle today announced its 30 finalists in six categories -autobiography, biography, criticism, fiction, nonfiction, and poetry- for the best books of 2013. The winners of an additional three prizes were announced as well. The National Book Critics Circle Awards, founded in 1974 at the Algonquin Hotel and considered among the most prestigious in American letters, are the sole prizes bestowed by a jury of working critics and book-review editors. The awards will be presented on March 13 at the New School, in a ceremony that is free and open to the public.

NATIONAL BOOK CRITICS CIRCLE FINALISTS, PUBLISHING YEAR 2013:

FICTION

Chimamanda Ngozi Adichie, Americanah (Knopf)
Alice McDermott, Someone (Farrar, Straus & Giroux)
Javier MaríasThe Infatuations, translated by Margaret Jull Costa (Knopf)
Ruth Ozeki, A Tale for the Time Being (Viking)
Donna Tartt, The Goldfinch (Little, Brown)

Más información

ABOUT THE NATIONAL BOOK CRITICS CIRCLE

The National Book Critics Circle was founded in 1974 at New York’s legendary Algonquin Hotel by a group of the most influential critics of the day, and awarded its first set of honors the following year. Comprising nearly 600 working critics and book-review editors throughout the country, the NBCC annually bestows its awards in six categories, honoring the best books published in the past year in the United States. It is considered one of the most prestigious awards in the publishing industry. The finalists for the NBCC awards are nominated, evaluated, and selected by the 24-member board of directors, which consists of critics and editors from some of the country’s leading print and online publications, as well as critics whose works appear in these publications.

New York, January 13, 2014

The Washington Post
Los Angeles Times
The Boston Globe
Long Island Newsday,
Khaleej Times

LA ZONA FANTASMA. 12 de enero de 2014. La baraja rota

Yo ya no sé si, entre el grueso de la población, muchos se acuerdan de cómo nos regimos, ni de por qué. Cuando se decide convivir en comunidad y en paz, se produce, tácitamente o no, lo que suele conocerse como “contrato o pacto social”. No es cuestión de remontarse aquí a Hobbes ni a Locke ni a Rousseau, menos aún a los sofistas griegos. Se trata de ver y recordar a qué hemos renunciado voluntariamente cada uno, y a cambio de qué. Los ciudadanos deponen parte de su libertad de acción individual; abjuran de la ley del más fuerte, que nos llevaría a miniguerras constantes y particulares, o incluso colectivas; se abstienen de la acumulación indiscriminada de bienes basada en el mero poder de adquirirlos y en el abuso de éste; evitan el monopolio y el oligopolio; se dotan de leyes que ponen límites a las ansias de riqueza de unos pocos que empobrecen al conjunto y ahondan las desigualdades. Se comprometen a una serie de deberes, a refrenarse, a no avasallar, a respetar a las minorías y a los más desafortunados. Se desprenden de buena parte de sus ganancias legítimas y la entregan, en forma de impuestos, al Estado, representado transitoriamente por cada Gobierno elegido (hablamos, claro está, de regímenes democráticos). Por supuesto, dejan de lado su afán de venganza y depositan en los jueces la tarea de impartir justicia, de castigar los crímenes y delitos del tipo que sean: los asesinatos y las violaciones, pero también las estafas, el latrocinio, la malversación del dinero público e incluso el despilfarro injustificado.

A cambio de todo esto, a cambio de organizarse delegando en el Estado –es decir, en el Gobierno de turno–, éste se compromete a otorgar a los ciudadanos una serie de libertades y derechos, protección y justicia. Más concretamente, en nuestros tiempos y sociedades, educación y sanidad públicas, Ejército y policía públicos, jueces imparciales e independientes del poder político, libertad de opinión, de expresión y de prensa, libertad religiosa (también para ser ateo). Nuestro Estado acuerda no ser totalitario ni despótico, no intervenir en todos los órdenes y aspectos ni regularlos todos, no inmiscuirse en la vida privada de las personas ni en sus decisiones; pero también –es un equilibrio delicado– poner barreras a la capacidad de dominación de los más ricos y fuertes, impedir que el poder efectivo se concentre en unas pocas manos, o que quien posee un imperio mediático sea también Primer Ministro, como ha sucedido durante años con Berlusconi en Italia. Son sólo unos pocos ejemplos.

Lo cierto es que nuestro actual Gobierno del PP y de Rajoy, en sólo dos años, ha hecho trizas el contrato social. Si se privatizan la sanidad y la educación (con escaso disimulo), y resulta que el dinero destinado por la población a eso no va a parar a eso, sino que ésta debe pagar dos o tres veces sus tratamientos y medicinas, así como abonar unas tasas universitarias prohibitivas; si se tiende a privatizar el Ejército y la policía, y nos van a poder detener vigilantes de empresas privadas que no obedecerán al Gobierno, sino a sus jefes; si el Estado obliga a dar a luz a una criatura con malformaciones tan graves que la condenarán a una existencia de sufrimiento y de costosísima asistencia médica permanente, pero al mismo tiempo se desentiende de esa criatura en cuanto haya nacido (la “ayuda a los dependientes” se acabó con la llegada de Rajoy y Montoro); es decir, va a “proteger” al feto pero no al niño ni al adulto en que aquél se convertirá con el tiempo; si las carreteras están abandonadas; si se suben los impuestos sin cesar, directos e indirectos, y los salarios se congelan o bajan; si los bancos rescatados con el dinero de todos niegan los créditos a las pequeñas y medianas empresas; si además la Fiscalía Anticorrupción debería cambiar de una vez su nombre y llamarse Procorrupción, y los fiscales y jueces obedecen cada día más a los gobernantes, y no hay casi corrupto ni ladrón político castigado; si se nos coarta el derecho a la protesta y la crítica y se nos multa demencialmente por ejercerlo…

Llega un momento en el que no queda razón alguna para que los ciudadanos sigamos cumpliendo nuestra parte del pacto o contrato. Si el Estado es “adelgazado” –esto es, privatizado–, ¿por qué he de pagarle un sueldo al Presidente del Gobierno, y de ahí para abajo? ¿Por qué he de obedecer a unos vigilantes privados con los que yo no he firmado acuerdo? ¿Por qué unos soldados mercenarios habrían de acatar órdenes del Rey, máximo jefe del Ejército? ¿Por qué he de pagar impuestos a quien ha incumplido su parte del trato y no me proporciona, a cambio de ellos, ni sanidad ni educación ni investigación ni cultura ni seguridad directa ni carreteras en buen estado ni justicia justa, que son el motivo por el que se los he entregado? ¿Por qué este Gobierno delega o vende sus competencias al sector privado y a la vez me pone mil trabas para crear una empresa? ¿Por qué me prohíbe cada vez más cosas, si es “liberal”, según proclama? ¿Por qué me aumenta los impuestos a voluntad, si desiste de sus obligaciones? ¿Por qué cercena mis derechos e incrementa mis deberes, si tiene como política hacer continua dejación de sus funciones? ¿Por qué pretende ser “Estado” si lo que quiere es cargárselo? Hemos llegado a un punto en el que la “desobediencia civil” (otro viejo concepto que demasiados ignoran, quizá habrá que hablar de él otro día) está justificada. Si este Gobierno ha roto el contrato social, y la baraja, los ciudadanos no tenemos por qué respetarlo, ni que intentar seguir jugando.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 12 de enero de 2014

“La baraja de Marías”

Javier Marías y ‘Los Modlin’

Los Modlin
LOS MODLIN
PACO GÓMEZ
Fracaso Books, 2013

“Nelson estaba muerto [...] Pero ¿cómo había sido su vida? [...] Hice una búsqueda intensiva en internet y encontré pocos datos relevantes [...] Una curiosa referencia a su nombre en un artículo de Javier Marías.

‘Fantasmas y antigüedades’

Modlin Agenda JM
[...] Por el artículo se podía deducir que Marías no recordaba a Nelson, pero pensé que quizá su memoria se refrescaría si le enseñaba alguna fotografía [...] Le pregunté por Nelson.

-Poco puedo recordar de él, sólo que su nombre está en mi agenda desde hace muchos años. [Vídeo de la entrevista]

Al volver a casa llamé al teléfono que Marías tenía anotado en su agenda. Pensé que sería el número de la casa de Nelson, quizás me contestase Olga, la presentadora del telediario… Sin embargo, una voz al otro lado anunció:

-Archivo de Radio Nacional de España, dígame.” [pp. 45-48]

Más acerca de ‘The Infatuations’

The Infatuations recorteCatching up with Stuart Roberts

In an effort to get to know our Oxford University Press staff better, we’re featuring interviewing our staff in different offices.

[…]

What are you reading right now?

Javier Marías’ new novel The Infatuations. It’s a haunting, beautiful murder mystery. I’ve already gifted several copies. Bedside, I’m enjoying evenings with one of Oxford University Press (OUP)’s own — The Great Sea: A Human History of the Mediterranean. It’s an adventure story at heart.

Open the book you’re currently reading and turn to page 75. Tell us the title of the book, and the third sentence on that page.

The Infatuations: “All those speaking objects have been left dumb and meaningless, as if a blanket had been thrown over them to silence and soothe them, making them think that night has come, or as if they, too, regretted the loss of their owner and had withdrawn instantaneously, strangely aware that they had become redundant, futile, and were thinking: “What will we do here now?”

[…]

ALYSSA BENDER

Oxford University Press’s Blog, January 11, 2014

2013 a breakout year for unknown writers such as Drndic, Ledgard

Unlike 2012, 2013 was low on releases from heavyweight authors, but this was no bad thing, as it meant there were more surprises for the reader from breakthrough or unknown writers.

Trieste by Daša Drndic was an outstanding debut novel with Sebaldian undertones about the Nazi occupation of northern Italy. Drndic blended fact and fiction and incorporated photos, maps and lists of Jewish deportees to produce a harrowing, affecting and gripping reading experience. Submergence by J M Ledgard flitted between a kidnapped spy in Somalia and a scientist exploring the depths of the ocean; a third strand covered their romance in a snowbound French hotel; powerful prose with lyrical flurries and characters that mattered kept me entranced. Two established writers continued to work wonders: John le Carré’s A Delicate Truth and Javier Marías’s The Infatuations proved that certain old masters are still rich with ideas and the talent to express them.

[...]

MALCOLM FORBES

The National (Abu Dhabi), December 25, 2013

LA ZONA FANTASMA. 5 de enero de 2014. Noches armadas de Reyes

Pérez-Reverte me está armando. Literalmente. Me está llenando la casa de armas, y la cosa, poco a poco, me va trayendo consecuencias. Para que nadie se escandalice con el puritanismo habitual de esta época, aclararé que se trata de réplicas inofensivas, pero tan bien hechas que parecen de verdad. Desde hace siete años, adoptó la amable costumbre de regalarme algo cada Navidad, quizá a raíz de la consulta que hube de hacerle sobre el funcionamiento de una vieja pistola Llama, para una de mis novelas. Él, ya saben, anduvo una larga temporada como corresponsal bélico, y entiende de estas herramientas. De hecho, por las descripciones que he leído en entrevistas, su casa debe de parecer, a estas alturas, un anexo del Museo de la Guerra. Así que, como casi todo coleccionista, me va inculcando su afición a golpe de cuchillos –moneda siempre por medio– y pistolas. La primera pieza, con todo, fue sólo un complemento: un bonito y favorecedor casco de los que llevaban los ingleses en la India, en Zululandia y en otros lugares, que se unió al salacot que ya tenía, heredado de mi padre. Como imaginarán, es imposible disponer de algo así sin caer en la tentación de ponérselo de vez en cuando. En una ocasión una periodista extranjera me pilló con el casco en la cabeza, le abrí la puerta sin acordarme de que me lo había encasquetado hacía un rato. “De expedición, veo”, no pudo resistirse a decirme. Luego vino una bayoneta de Kalashnikov, y a continuación un puñal Fairbairn-Sykes, inspirado en los de los gangsters chinos de los años 30 y que fue el utilizado por los comandos británicos de la Segunda Guerra Mundial. Y después otro, el de los marines americanos (los dos últimos de hoja pavonada, para que no reluzca en la oscuridad y delate al que los empuña). Y ahora llevamos tres Navidades con armas de fuego: primero un Colt, yo diría que el modelo de 1873, pero que Jacinto Antón no me haga caso. Le siguió una Webley & Scott de 1915, también británica, con su correa y todo, y que no desentona lo más mínimo con el casco colonial (llamémoslo así) que inició esta tradición.

No hace falta decir que le correspondo con alguna antigüedad, si la encuentro: un larguísimo catalejo que perteneció a un ballenero de Hull, un abrecartas forjado por un soldado de la Primera Guerra Mundial, pone “Yser”, así que debió de hacerlo alguien que detuvo a los alemanes en ese río, en octubre de 1914. Como ven, mis regalos son más civiles. Pero claro, a medida que se ha producido la escalada armamentística en mi piso, noto que Aurora, mujer alegre y encantadora que viene a trabajar tres mañanas por semana, me mira de vez en cuando con una mezcla de preocupación y lástima. Como es también muy discreta, nunca me ha dicho nada ni me ha preguntado por la paulatina proliferación, pero, según crece el arsenal aparente, debe de pensar: “¿Pero qué le está pasando a este hombre? Si antes era de lo más apacible”. En cuanto a Mercedes, asimismo encantadora y que trabaja conmigo otras tres mañanas, advierto que a veces lanza miradas aprensivas,Portada AMMT primero a mí, luego a las armas expuestas sobre una mesa, luego a mí de nuevo, como si temiera que un día me voy a abalanzar sobre ellas y a organizar un estropicio. Y cuando viene la risueña Carme unos días, ella sí enterada de la procedencia, cada vez que descubre una nueva le entra un ataque de risa y no puede evitar burlarse: “Pero dónde vas con tanta pistola. Sólo te faltan unas cartucheras cruzadas y un sombrero en la nuca para parecer Pancho Villa”. En suma, me he convertido en motivo de preocupación, temor y befa para quienes me rodean. No quiero ni imaginarme cuál será el veredicto de los periodistas que por aquí aparecen. Concluirán que soy un fanático.

Este año ha tocado una Luger, la icónica pistola alemana de 1908, y a Arturo no se le ocurrió otra cosa que llevármela hace cuatro jueves a la Real Academia Española. Aprovechando el “recreo” –el intervalo entre sesiones, en el que nuestros colegas departen civilizadamente en la Sala de Pastas–, nos fuimos a un pasillo alejado para que me enseñara el funcionamiento. Así que allí estábamos los dos, jugando con la réplica de la Luger y probándola como críos (“¿Te imaginas que hubiéramos tenido una tan perfecta de niños?”, me decía Pérez-Reverte, y yo le contestaba: “Habríamos tenido que esconderla, nos la habrían confiscado”), cuando hubo un inesperado desplazamiento de venerables –bueno, la mayoría–, y nos pillaron con las manos en la masa, apuntando a los techos, amartillando y dándole una y otra vez al gatillo. Algunos nos miraron con reprobación (los más pacifistas), otros con severidad (filólogos y lingüistas sobre todo, varios no suelen estar para bromas), otros con sobresalto (los más aprensivos, debieron de creer que era de verdad la pistola y que podíamos soltar un tiro en la docta casa, profanándola), y unos pocos se acercaron a participar del juego. El Profesor Rico, para variar, nos soltó una impertinencia: “¿Leoncitos a mí?”, nos dijo. “Vaya par de macarras estáis hechos, tratando de amedrentar a las lumbreras”. En fin, no sólo ha fomentado el Capitán Alatriste la desconfianza de mis allegados en casa, no sólo ha conseguido que los periodistas me tengan por un maniaco, sino que ha echado por tierra el poco respeto que pudieran dispensarme mis colegas académicos, que ya me verán para siempre como a un pueril irresponsable, un inconsciente. Eso sí, las armas son todas preciosas.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 5 de enero de 2014

‘The Infatuations’ triunfó en 2013

T I camisa
Los libros que han triunfado por el mundo en 2013

Estados Unidos

La lista norteamericana por excelencia es la de la revista de libros del The New York Times. O, mejor dicho, listas –así, en plural– porque publica varias. La más influyente es “Los 10 mejores libros de 2013” –cinco títulos de narrativa y cinco de ensayo– en la que destacan tres novelas muy mencionadas en otras clasificaciones de medios estadounidenses y británicos; son, seguramente, los tres libros del año en inglés.

[...]

La otra gran lista del periódico neoyorquino es la de “Los 100 libros notables de 2013”, en la que destacan dos títulos traducidos del español: Los enamoramientos, de Javier Marías, y El ruido de las cosas al caer, del colombiano Juan Gabriel Vásquez, ambos editados por Alfaguara. No es un logro menor si tenemos en cuenta que el mercado norteamericano es casi impermeable a las traducciones, que apenas suponen un 3% del total.

JOSÉ LUIS IBÁÑEZ RIDAO

Zoom News, 2 de enero de 2014

Los libros que han triunfado en medio mundo

Este año, The New York Times confió la selección de cien libros notables del 2013 (50 de ficción y 50 de ensayo) a los editores del Sunday Book Review. Tan solo dos autores, que representan las dos orillas del castellano fueron incluidos en la selección. El español Javier Marías, con Los enamoramientos (The Infatuations. Knopf) y el colombiano Juan Gabriel Vásquez, con El ruido de las cosas al caer (The sound of things falling. Riverhead), Premio Alfaguara 2011.

CAROLINA ETHEL

El País, Blog Papeles perdidos, 1 de enero de 2014

Editors’ Picks for 2013: Fiction

The Infatuations
By Javier Marias

Sometimes the mystery is not what leads up to a murder, but what happens after. Javier Marías’s existential thriller about a crazed attack and the shockwaves it sends through the lives of fatally intertwined Madrid citizens couples the grace and patience of Henry James with the delicious tension of a Hitchcock film.

Barnes and Noble Review, December 18, 2013
1336545282
Globe Books: What we learned from what we read in 2013

My reading life in 2013 continued with more novels that seemed to unravel in my hands. The master of this technique is the Spanish novelist Javier Marías. His backlist will reward new readers, so be prepared to lose a month or two. This immersion is particularly interesting with Marìas, whose novels and short stories interlock and reference one another. The characters reappear, and his chosen style, a swirling and smothering and loquacious stream (thanks to superb translations by Margaret Jull Costa) allows for epic digressions. Make a TV show from, for instance, Marías’s trilogy, Your Face Tomorrow, and it might feature a man sitting and smoking remembering another moment he was sitting and reading, remembering another moment he was sat speaking to a mysterious man, remembering another moment: the time he discovered a single drop of blood on a staircase, and then somewhere within these trapdoors of remembrance, Marías finds a way to weave in a profound examination of Franco’s Spain. Maybe Jon Hamm could pull off such a scene.

To read Marías is to surrender expectations: his latest, The Infatuations, is a murder mystery, but the author is too concerned with what might have happened, or what could have happened, too concerned with love, sex, infatuation, to rush into the machinations of a whodunit. His trilogy – I can’t offer anything better than this description – has been called a Le Carré novel as written by Proust. “I had opened myself up too much to evocations,” his narrator confesses halfway through book two, “although without ever becoming bored…” It’s true. For some reason it’s never boring. I will, Marías seems to be saying, give you a long sentence, a multi-clause monster, so that you can disprove everything they say is happening to attention spans these days and enjoy one of the less-discussed formal pleasures of sticking with a sentence and following its contours right to the last stop, right to the end. They unspool and unspool.

GRAIG TAYLOR

The Globe and Mail (Canadá), December 27, 2013

The infautatiosReaders’ books of the year 2013

Martin Hills, Chichester

In Javier Marías’s mesmerising The Infatuations (Hamish Hamilton), the narrator María’s compulsive daily observation of a model couple in a Madrid cafe morphs from romance to murder mystery and on into metaphysics. The magic of Marías’s writing derives from the fluidly shifting conjectures, qualifications and modifications of his prose, unravelling individual perception into nuanced medications on love, time and death. The result is a magisterial evocation of emotional flux and preoccupation with the ordering containment of art. In a 2013 Guardian interview Marías stated that the novelist’s function was “a way of imparting, recognition of things that you didn’t know you knew”. There is a quality of fantastic normality in his novels as he dredges up the familiar from bizarre, claustrophobic, almost gothic events and obsessions.

Lynne Taylor, Burnley, Lancashire

The  Infatuations by Javier Marías (Hamish Hamilton) is a completely new take on murder. Marías’s insight into the human condition is acute. In language that is intelligent and a joy to read, this novel is about the coalescence of reality and fantasy, obsession, and the lengths people will go to in the state of el enamoramiento: the madness of being in love. The plot is elicited in glimpses, gradually enabling the reader to disentangle truth from lies. I wish I hadn’t read it, then I would still have the pleasure of unknowingness one has when reading it for the first time.

The Guardian, December 28, 2013

‘Vidas escritas’

portada-vidas-escritas_med

Vidas escritas no es una novela, aunque se lee como sí lo fuera. Es un libro biográfico, un libro compuesto de pequeñas semblanzas de grandes escritores y el autor, Javier Marías, es un reconocido novelista y articulista español que posee además un conocimiento enciclopédico sobre literatura, a la que ha dedicado su vida, como escritor, como profesor o como traductor de muchos autores del espacio literario anglosajón. Esta lectura es recomendable por muy variadas razones y para mucho tipo de lectores ya que al ser pequeños retratos compuestos en capítulos breves es fácil leer uno o dos y dejarlo si se está cansado o no se goza de mucho tiempo.

Otra razón es que Javier Marías es un magnífico escritor con un dominio de nuestro idioma que nos permite disfrutar de cada frase y de cada palabra, siempre situada en el lugar apropiado para producir la máxima capacidad expresiva, y por último, estos pequeños textos de perfecta prosa nos permiten adentrarnos en la vida de insignes escritores y conocer situaciones, pensamientos, actitudes y anécdotas sobre personajes muy interesantes. Sin embargo, estas biografías mínimas no siguen un esquema usual en el modo de describir una vida, no sabemos, en la mayor parte de los casos, en qué fechas vivieron los biografiados, o cuáles fueron sus estudios o dónde nacieron siquiera, no obstante, la elección de los hechos reseñados nos permiten conocer su carácter, sus manías o sus obsesiones y placeres desde un punto de vista singular, y sentimos, a medida que vamos leyendo, que nos acercamos más a esos hombres y mujeres que sí hubiéramos hecho un recorrido exhaustivo por los datos sobre sus vidas.

La mayor parte de los escritores a los que Javier Marías nos permite conocer de un modo tan peculiar forman parte de la historia de la literatura en mayúsculas: Faulkner, Conrad, Joyce, Stevenson, Nabokov…

BIBLIOTECA SÁNCHEZ DÍAZ

Vive Campoo (Cantabria), 30 de diciembre de 2013

LA ZONA FANTASMA. 29 de diciembre de 2013. Castigar lo inexistente

Siempre me ha sorprendido que algunas personas inteligentes, además de infinidad de idiotas, puedan soltar frases del tipo “Amo a mi país”
–recientemente el escritor Stephen King, en estas páginas–. Me temo que no hay país en el mundo que se libre de ser “amado”, bien por sus ciudadanos, bien por extranjeros de visita que quieren hacer la pelota momentáneamente. Aquí, por supuesto, la frase se repite hasta la saciedad, sobre todo con Cataluña como objeto en los últimos tiempos. En toda ocasión son variantes de aquel famoso escrito de Tejero (recuerden, el guardia civil que asaltó el Congreso e intentó dar un golpe de Estado) en el que especificaba cómo amaba la paella y no sé qué otros folklorismos. En cuanto alguien trata de explicar la frase, cae en el más barato lirismo, la cursilería y el ridículo. Resulta inevitable, porque es un enunciado que no sólo es hueco, sino además un imposible. Un país –no digamos su nombre– es una abstracción, más allá de su geografía, sus fronteras estipuladas y su organización administrativa, una vez constituido como Estado, nacionalidad, región o lo que quiera que sea. En el mejor de los casos, es una convención, como lo son “la literatura” o “la ciencia” y casi todo lo susceptible de ser escrito con mayúscula a veces. Cuando alguien asegura “amar la literatura”, está diciendo, a lo sumo, que le gustan ciertas obras literarias, lo cual implica que le desagradarán muchas otras, aunque todas ellas sean “literatura”. Si alguien asevera “amar a España”, su afirmación está vacía de contenido, porque en España, como en todas partes, hay gente, y ciudades, y barriadas, y no digamos urbanizaciones costeras, que por fuerza le parecerán abominables. La frase es, así, indefectiblemente grandilocuente, oportunista y falaz; y a menudo demagógica, pronunciada para halagar a los patrioteros. Más honrado y veraz era aquel sargento de Juan Benet que arengaba a sus reclutas así: “Os voy a decir qué es el patriotismo. ¿A que cuando veis a un francés os da mucha rabia? Pues eso es el patriotismo”.

De la misma manera, es imposible “ofender” a un país, ni siquiera a través de sus símbolos, justamente porque éstos sólo son eso, figuraciones, símbolos, desde el himno a la bandera, pasando por la paella para Tejero y me temo que también para el Ministro del Interior Fernández Díaz y su jefe Rajoy, que es quien le da las órdenes. Pues bien, ese imposible ha sido elevado por estos dos sujetos a la categoría de “infracción grave”, sancionable con hasta 30.000 euros. Fue el estrambote a la Ley de Seguridad Ciudadana de la que hablé hace dos semanas. Serán multadas, proclamó el opusdeísta Fernández, “las ofensas o ultrajes a España”, y también “a las comunidades autónomas y entidades locales o a sus instituciones, símbolos, himnos o emblemas, efectuadas por cualquier medio”. Habrá que ver cómo definen “ofensas” y “ultrajes”, pero, dada la incapacidad de ese individuo para comprender la libertad de expresión, e incluso la democracia, hay que ponerse en lo peor; y como además no va a dejar nada fuera (imagino que en “entidades locales” entran hasta los municipios deshabitados), seguramente de aquí a poco será punible decir “Vaya mierda de pueblo”, o “Qué ciudad más espantosa”, o “Este país es un asco”. Hasta 30.000 al canto, si lo oye a uno un guardia; o un portero de discoteca, que ahora van a poder detenernos.

Ese pupilo de Escrivá de Balaguer se preguntó a sí mismo en su comparecencia: “¿Y qué es una ofensa a España?” Y como no había respuesta, ya que no puede existir tal cosa, vino a contestarse tautológicamente (como si hubiera aclarado: “Pues una ofensa a España es una ofensa a España”): “Por ejemplo, una manifestación en la que haya consignas o pancartas claramente vejatorias con España o una de sus comunidades, o sus símbolos, sus instituciones, la bandera de España, será considerada una infracción grave”. Es como si el diccionario, en vez de definir cada palabra, resolviera: “Agua: agua”, u “Orgullo: orgullo”. Muy útil. Pero algo quedó meridiano: si usted acude a una manifestación con una pancarta que rece “El Parlamento está lleno de sinvergüenzas”, le pueden caer hasta 30.000 del ala, por vejar a las instituciones. Lo mismo si corea “Madrid es un putiferio” o “La alcaldesa es una inepta”. No hablemos si llama “franquistas” a los miembros de este Gobierno, aunque crea usted estar haciendo una mera descripción objetiva y basada en las semejanzas, no ultrajando. Pero, como de costumbre, lo más alarmante está en la letra en la que no se repara: las ofensas infractoras serán las “efectuadas por cualquier medio”. Eso ha de incluir, por fuerza, radio, televisión y prensa escrita. Nuestro Gobierno avanza velozmente en su proceso “bolivariano”, por no volver a hablar de neofranquismo. No les extrañe que dentro de poco el iluminado Fernández y su jefe Rajoy saquen una nueva Ley de Prensa que deje en liberal la hoy vigente en Venezuela. El titular de Hacienda, Montoro, ya ha apuntado veladamente –si eso es posible, con su vocezuela– a los periódicos críticos con la purga desatada por él en la Agencia Tributaria contra los inspectores y cargos que, aun nombrados por su partido, eran demasiado honrados. El día en que un artículo como este se vea como “ofensa punible”, tendremos que hablar otra vez de prácticas dictatoriales, tras treinta y tantos años de democracia. Ojo, que estamos ya a pocos pasos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 29 de diciembre de 2013

Mentir de bonne foi

A13873
Beaucoup de fins lecteurs pensent -à juste titre- que Javier Marías serait un excellent candidat pour le prix Nobel de littérature. Une opinion que confirme Comme les amours, roman qui, dans tous les pays où il a été traduit, a remporté un vif succès critique, et qui paraît aujourd’hui en France.

Si vous n’avez aucun goût pour l’analyse psychique, si les recoins ombreux de l’âme humaine ont peu d’attrait pour vous, vous passerez votre chemin. Mais si ce n’est pas le cas et si vous n’avez jamais ouvert le moindre ouvrage de Javier Marías -l’auteur d‘Un coeur si blanc et de Demain dans la bataille pense à moi (Rivages, 1997 et 1998)-, il serait dommage de rater cette occasion. Une grandiose porte d’entrée dans l’univers subtil, intelligent et raffiné d’un envoûteur hors pair, né à Madrid en 1951, et devenu sans conteste l’un des meilleurs stylistes espagnols.

Au premier abord, rien de spectaculaire. Une simple histoire d’amour accrochée à un fait divers. Une vaste étude sur des thèmes classiques: raison et sentiments, trahison et loyauté, destinée et libre arbitre… Dès les premières pages, la narratrice observe un couple. Dans la vie professionnelle, María Dolz est éditrice. Elle a pour habitude de prendre chaque matin son petit déjeuner dans un café proche de son bureau et d’y fixer son attention sur ce couple inconnu. Miguel Desvern et Luisa Alday sont mari et femme. Un couple régulier, mais qui “rit, parle, plaisante et se stimule” d’une manière qui semble ne laisser aucune place à l’usure des jours.

Est-ce cela qui fascine tant María? Cette habileté qu’ont certains à s’amuser de la vie et à préserver dans leur regard cette lueur confiante et rieuse qu’elle décèle chez Miguel et Luisa? Un jour pourtant, le couple ne vient pas et l’éditrice apprend par la presse que Miguel a été assassiné par un fou au sortir de sa voiture. Même si elle ne lui a jamais parlé, María décide de se rapprocher de Luisa, la veuve inconsolable. Dans son entourage, elle fait bientôt la connaissance de Javier Díaz-Varela, que Luisa lui présente comme “le meilleur ami de Miguel”. Mais tout cela serait trop simple. Lorsque María et Javier deviennent amants, María comprend que les liens qui unissent Luisa à l’ex-meilleur ami de son défunt mari ne sont pas, loin de là, sans ambiguïté. Et tout cela jette soudain un éclairage fondamentalement différent sur le couple et son passé.

L’épaisseur de l’ombre

Que Varela soit un menteur et même peut-être un assassin, le lecteur s’en doute assez vite. Mais qu’importe. Ce qui compte chez Javier Marías, ce n’est jamais l’histoire à la lettre – même si celle-ci est ici si prenante qu’on ne peut s’empêcher de tourner les pages. Non, c’est plutôt les mille possibilités de récits qui sont en germe. Latents. Comme des ramifications silencieuses de l’histoire principale. C’est le cheminement infiniment complexe et troublant de la pensée. Le silence. Les mensonges. Toute cette machinerie lourde que l’on voit se mettre en branle dans les cerveaux des personnages afin que chacun puisse arriver à se mentir à lui-même en toute bonne foi. Que sommes-nous capables de faire et de justifier par amour? De quoi parvenons-nous à nous convaincre? Sur quelles trahisons et quelles impostures sommes-nous prêts à fermer les yeux?

Fermer les yeux. La littérature est là au contraire pour les déssiller. “Elle nous aide à penser ce que l’on n’ose pas penser en temps normal”, dit Marías, de passage à Paris. Après réflexion, il ajoute: “Faulkner s’interrogeait sur le pouvoir de la littérature. Et il disait à peu près ceci: “Ecrire, c’est comme craquer une allumette au milieu de la nuit, en plein milieu d’un bois.” Ce que vous comprenez alors, c’est combien il y a d’obscurité partout. La littérature ne sert pas à mieux voir. Elle sert seulement à mieux mesurer l’épaisseur de l’ombre.”

Javier Marías a refusé le Premio nacional de narrativa (“Prix national du roman”, doté de 20.000 euros) attribué à Comme les amours“L’Etat venait de suspendre ses aides aux bibliothèques, je trouvais cela déplacé”, dit-il. Espérons, si on le lui proposait un jour, qu’il ne dirait pas non aux jurés de l’Académie Nobel.

FLORENCE NOIVILLE

Le Monde des Livres, 18 décembre 2013

Le Monde (édition papier), 4 octobre 2013

Qué libros regala Javier Marías

DVDM¿Qué libros regalan los escritores?

Javier Marías: Stevenson y relatos fantásticos

.¿Qué libro le regalaría estas Navidades a un familiar muy querido?

De vuelta del mar, de Robert Louis Stevenson (Reino de Redonda), una antología de la poesía de este gran escritor que he retraducido y reeditado recientemente. Es poesía menor, pero agradabilísima, y leerla da cierta sensación de sosiego, empezando por el bonito Réquiem que abre el volumen.

.¿Qué libro le regalaría a su amigo o amiga más entrañable?

Antología universal del relato fantástico, con prólogo y selección de Jacobo Siruela (Atalanta). Un magnífico volumen para pasar un poco de miedo estando a salvo, con bastantes obras maestras: el cuento fantástico es uno de mis géneros predilectos.

.¿Qué libro le obsequiaría a un niño?

Para seguir con Stevenson, La isla del tesoro. A no ser que los críos hayan cambiado del todo, creo que por esa novela tienen que pasar todos los del mundo, del sexo que sean.

.¿Qué libro le gustaría que le regalasen a usted y cómo lo querría? ¿En papel o digital?

Si no me lo hubieran dado ya de oficio, la maravillosa edición de la Real Academia Española de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Es uno de nuestros más apasionantes clásicos, lamentablemente poco conocido, con una prosa de soldado y unos relatos no por escalofriantes menos verdaderos. Ese libro es un milagro en todos los aspectos.

CARLOS OTINIANO PULIDO

Cinco días, 24 de diciembre de 2013

LA ZONA FANTASMA. 22 de diciembre de 2013. Las bandas de la banda ancha

Cada aparato kindle, o e-book, o de libro electrónico existente en Francia, compra una media de 4,6 libros al año. En Italia, país con fama de no muy honrado, son 4,4 los que adquiere legalmente cada usuario. En España, el porcentaje es de 0,6. Cada individuo con uno de esos dispositivos de lectura en pantalla paga más o menos medio libro en el plazo de doce meses. ¿Quiere esto decir que los españoles que se han hecho con un e-book (o como finalmente se llamen) lo tienen de adorno en sus casas y no lo utilizan para su función lectora? En absoluto. Lo que significa es que casi cuanto se lee en ellos es pirateado, robado con total impunidad y con el beneplácito vengativo de nuestro Gobierno. Fue a partir de la Navidad de 2011 cuando el juguete llegó aquí de veras y se puso de moda. El resultado es que las ventas de libros en papel han disminuido brutalmente. Tengo un informe en el que se comparan las de las novelas última y penúltima de varios autores de best-sellers como Dan Brown, Ken Follett, Paulo Coelho y unos cuantos españoles cuyos nombres omitiré para no darles “mala prensa”. Sus últimas obras respectivas han vendido un 52%, un 62%, incluso un 70% menos que las anteriores. Cierto que no hay dos libros iguales, aunque sean del mismo escritor: unos caen más en gracia que otros; el público se cansa fácilmente (“Ya he leído dos de éste, me da pereza un tercero”), las modas son efímeras. Y, por supuesto, está la crisis, pero ésta ya llevaba varios años antes de la Navidad de 2011. Últimamente los editores, las agentes, los libreros –independientes o de grandes superficies–, hasta algunos autores, todos me aseguran que la salvaje caída de las ventas se debe mucho más a la piratería que a la situación económica que el Gobierno de Rajoy nos agrava día tras día.

Me disculpo por utilizarme como ejemplo y por resultar didáctico, pero en este país lo segundo es recomendable siempre. De aquí a un par de meses espero haber terminado una nueva novela que rondará –calculo– las 500 páginas. Habré empleado en ello dos años y pico, con unos veinte meses de muy intenso trabajo (al principio hay mucho tanteo). Lo que ganaré con esta novela dependerá de sus ventas, exclusivamente. Si su precio es de 20 euros, a mí me llegarán unos 2 por cada ejemplar despachado. Eso en papel. En libro electrónico costará unos 8 euros, luego percibiré alrededor de 0,80 por cada uno comprado legalmente. Así, si se venden 10.000 ejemplares en papel, mi tarea de dos años largos se remunerará con 20.000 euros. Si se venden 100.000, multipliquen por diez. Todos dependemos del interés de los lectores; nada se nos regala; si ellos deciden no asomarse a nuestro texto, no cobramos, o muy poco. Cada individuo que piratee esa novela futura mía me estará robando –o me privará de ganar– 0,80 o 2 euros, según el soporte. Si 5.000 personas hacen eso, me habrán restado 4.000 o 10.000 euros (a los editores y libreros más, naturalmente).

Imaginen ustedes, se dediquen a lo que se dediquen, que les quitaran esas cantidades de sus sueldos o ganancias, simplemente porque quienes se benefician de su trabajo pueden hacerlo sin que pase nada. Pueden disfrutar de él gratuitamente. Bueno, no del todo: pagan una buena cantidad a las empresas de telefonía por una banda muy ancha que les permite “descargarse” el producto del esfuerzo de ustedes. El escritor en España (como el músico y el cineasta) no hace negocio con eso, no percibe nada (recuerden: 0,6 libros vendidos al año por dispositivo electrónico). Pero las telefonías sí lo hacen, y perciben muchísimo “ofreciendo” tácitamente el goce del trabajo ajeno. Lo que no se le dice al usuario, pero se le insinúa, es: “Si se compra un e-book y contrata una banda anchísima, leerá gratis lo que se le antoje. Usted no le pagará al autor ni al editor, ni yo tampoco. Usted me pagará a mí por el mecanismo que lo facultará para robar tranquilamente. El autor, el editor y el librero, que se fastidien”.

Yo no sé hasta qué punto la gente es consciente de lo que se trae entre manos, con la connivencia inconfesada de las telefonías, que son las que cobran y sacan tajada de mis dos años largos ante la máquina (el talento posible es otro asunto y no voy a presumir de poseerlo, pero es algo que también merece recompensa en los casos indudables). Cada novela corre su suerte, ya lo he dicho. Pero, si cuando salga la que estoy cerca de acabar (no creo que antes de septiembre, y si le doy el visto bueno), sus ventas respecto a la anterior bajan tanto como un 70%, deberé plantearme si valdrá la pena acometer otra más adelante, a sabiendas de que mis posibles ganancias me las estarán esquilmando a lo bestia. Figúrense a un profesor al que no se le abonan muchas de sus horas de clase; a un banquero que debe dar gratis parte de sus servicios; a un empleado al que sólo se le pagan cinco horas de las ocho que trabaja a diario; a un zapatero que debe entregar por nada un porcentaje del calzado que crea y produce; a un ministro que ha de regalar sus conocimientos y su gestión parcialmente. Y así con cualquier oficio. Repito: yo sólo cobro si a los lectores les da la gana de leer lo que escribo. Si se la da, pero muchos no pagan nada por ello, ya me dirán qué clase de tonto sería si continuara atado a la silla, devanándome mis pocos sesos para llenar, línea a línea, 500 páginas supuestamente interesantes o turbadoras o placenteras. Uno no debería estar dispuesto a que lo perjudiquen quienes lo aprecian. Como si no bastara con los otros.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 22 de diciembre de 2013

Libros recomendados

The holiday newsletter at Third Place Books, Washington

image001

The holiday newsletter at Politics & Prose, Washington, DC

The Infatuations, by Javier Marías

Someone dies unexpectedly and all at once reality shifts for everyone within range of the deceased, whether they knew him or not. María, protagonist and narrator of Javier Marías mesmerizing 14th novel, is in the latter category, familiar with the dead man and his wife only from seeing them most mornings at a café. Her account starts as a meditation on chance, fate, and how so many unknowns make us who we are— philosophical observations drawn from the shock of the killing, which seemed like bad luck or a mistake and which, falling on the victim’s birthday, “doesn’t make any sense, precisely because it seems to.” María gets to know the widow and falls in love with a friend of the couple’s—a man she wouldn’t have met without the death—and her musings extend to thoughts on love, romance, and whether one person can ever really know another. As compelling as are these ideas and the psychological complexity they convey, the novel gains yet greater depth and tension as the existential mysteries segue into those of a murder mystery. The accidental death wasn’t an accident after all, and María plunges into a chilling world of passions so powerful they turn decent people into evildoers. Marías’s sinuous, graceful prose is reminiscent of Saramago’s conversational fluidity, and his language beguiles as surely as does its brilliant story.

T I camisa

Writers’ favorite books of 2013
San Francisco Gate, December 13, 2013

The infautatios

Books Gift Guide Part II: Spuds, spies and sports
Irish Examiner, December 13, 2013

MBPM Vintage

Laura van den Berg’s 6 favorite unconventional mystery novels
The Week, December 8, 2013

LA ZONA FANTASMA. 15 de diciembre de 2013. Neofranquismo

Por si no bastara con cuanto comenté hace una semana, y que lleva a gran número de españoles a avergonzarse de su país y a no poder defenderlo, el Gobierno de Rajoy, a través de su Ministro del Interior Fernández, planea una nueva Ley de Seguridad Ciudadana de inspiración innegablemente franquista. Ya se ha hablado mucho de ella: de cómo va a penalizar y limitar las protestas, el derecho de manifestación y cuanto moleste a los gobernantes y a la policía mandada por ellos; de las multas demenciales con que va a castigarse casi cualquier insumisión o desacuerdo, o lo que las propias fuerzas del orden consideren “amenazas, insultos, coacciones, injurias o vejaciones” contra los agentes. Es decir, éstos podrán moler a palos a los manifestantes, arrastrarlos, soltarles barbaridades y detenerlos con o sin motivo, y los manifestantes no podrán responder de ningún modo, ni siquiera verbalmente, bajo riesgo de perder mil euros si, por ejemplo, llaman “bestia” al uniformado galáctico que les propina una paliza. Fernández había decidido inicialmente que eso pudiera costar hasta 600.000 euros (sic), lo cual nos da idea de la “seguridad” que esta Ley brinda: con ella se echa a los ciudadanos a los pies de los caballos y se blinda a los policías y a los políticos que se sirven de ellos. Lo propio de un Estado policial, sin duda.

Con todo, lo más indisimuladamente franquista del proyecto es lo siguiente, según Jesús Duva en este diario: “Las denuncias de los policías tienen presunción de veracidad y, por tanto, es el denunciado quien debería demostrar que lo dicho por los agentes es inveraz”. Era así exactamente como funcionaba la represión durante la dictadura, o en todas las dictaduras, mejor dicho. De todo el mundo es sabido que la mayor perversión de la justicia, lo que la hace impracticable, es dar crédito al denunciante y eximirlo de aportar pruebas, y cargar al acusado con la tarea de demostrar su inocencia. Esto último es simplemente un imposible: si yo sostengo que Rajoy y Fernández han asesinado a una mujer el 30 de noviembre, y no me veo obligado a demostrarlo porque tengo “presunción de veracidad”; si Presidente y Ministro carecen de coartada en esa fecha y se los emplaza a probar que no mataron a esa mujer, ya me dirán cómo podrían lograrlo. Demostrar que uno no ha hecho algo, si se parte de la base de que sí (si la mera acusación equivale en principio a condena), es enteramente imposible. Es la justicia al revés y la negación de ésta, lo mismo que regía en tiempos de Franco, cuando un gris podía detener a cualquiera porque no le gustaba su aspecto, y acusarlo impunemente de la felonía que se le antojara. La práctica la consagraba la Ley de Vagos y Maleantes, nombre que no sé por qué no recupera también el proyecto de este Gobierno, en vista del parecido.

Pero ojo, a esto se añade que a partir de la Ley nueva estarán castigadas la grabación y difusión de fotos o imágenes de policías “que supongan mofa para ellos o algún riesgo para la seguridad”. Como serán los propios polis quienes decidan cuándo hay mofa o riesgo, lo que de hecho quedará sancionado será la captación y utilización de cualquier imagen de guardias, de manera que los denunciados tampoco podrán probar su inocencia mediante documentos visuales. Veamos un caso reciente, el de los ocho mossos d’esquadra que apalearon en masa al empresario Benítez y le causaron la muerte –todo supuestamente–. Pese a que una mossa se presentó más tarde en casa de una vecina y la obligó a borrar lo que había filmado con su cámara, salieron a la luz otras grabaciones en las que se ve cómo ocho valientes le dan una tunda al empresario (según ellos, “lo reducen”). Este presunto homicidio ha sido calificado por el jefe de ese cuerpo, Prat, de “actuación más o menos correcta”, y el conseller de Interior, Espadaler, lo ha respaldado. (El Gobierno de la Generalitat, de CiU con el apoyo de Esquerra escondiendo siempre la mano, es idéntico al de Rajoy, lo cual hace cada vez más ridículo que el primero se quiera independizar del segundo; se entendería algo si fueran opuestos, pero es que resultan gemelos en su totalitarismo neofranquista.) Imaginen por tanto en qué habría quedado el episodio si no hubieran existido imágenes. Los bravísimos mossos habrían gozado de la “presunción de veracidad”, podrían haber inventado una patraña a su gusto (que el empresario empuñó una metralleta, que era Hulk y se puso verde y atacó él solo a los ocho poniéndolos en grave peligro) y haberse ido de rositas a casa. Está por ver que no lo consigan, pese a todo. Ya se encargaron, en el momento, de borrar el rastro de sangre que habían dejado, “por higiene”, y de destruir las grabaciones de su “actuación correcta” que localizaron.

La nueva Ley de Seguridad Ciudadana, así pues, invalidará toda imagen de agentes del orden delinquiendo o abusando o sobrepasándose. Fotografiarlos o filmarlos en la comisión de un exceso o un crimen será una infracción castigada por dicha Ley. Ésta los declara por definición honrados, veraces, impolutos e infalibles. Ante semejantes ángeles por decreto, está claro quiénes serán los culpables y los mentirosos en cualquier conflicto con ellos: los desprotegidos ciudadanos. Esta Ley supone la definitiva vuelta del franquismo descarado, por si no teníamos ya bastantes indicios.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 15 de diciembre de 2013

‘The Infatuations’, libro del año según John Ashbery

The Infatuations recorte

Books of the Year

JOHN ASHBERY

As in years past, my favourite novel of those I read this year is one by Javier Marías, The Infatuations (Hamish Hamilton). This time the narrator is a woman, although there is also a character named Javier. As usual, a fiendishly complex little plot triggers wave after wave of achingly beautiful prose whose mood of ecstatic disquiet becomes addicting. Perhaps slightly less bristling than usual, his sentences often begin with a proposition that soon gets modified, and so on till the end, which can be a radical transformation. This peeling-of-the-onion operation has once again been superbly performed by the translator Margaret Jull Costa…

The Times Literary Supplement, November 27, 2013

NPR Books

Kirkus Reviews

McNally Robinson Booksellers

Javier Marías firma el manifiesto ‘Escritores contra la vigilancia masiva’

DMEn defensa de la democracia en la era digital

562 intelectuales y escritores de 82 países firman este manifiesto contra la vigilancia de Internet. Los autores exigen a Estados y empresas que respeten la privacidad

562 escritores e intelectuales de 82 países han elaborado un manifiesto, de nombre Escritores contra la vigilancia masiva, para protestar contra el espionaje por parte de empresas y Estados a los ciudadanos en la Red. La intención del escrito es que se publicara hoy martes 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, en los principales medios de comunicación de los países respectivos. El texto pide a la ONU la creación de una Carta Internacional de Derechos Digitales.

Entre los firmantes se encuentran cinco premios nobel de literatura: el turco Orhan Pamuk (2006), el sudafricano J. M. Coetzee (2003), la austriaca Elfriede Jelinek (2004), el alemán Günter Grass (1999) y el sueco Tomas Tranströmer (2011). Además, la lista la componen otros escritores como el novelista Martin Amis (Inglaterra), Kazuo Ishiguro (Japón, pero afincado desde los seis años en Inglaterra), Ian McEwan (Inglaterra), John Berger (Inglaterra), Richard Ford (Estados Unidos), Dave Eggers (Estados Unidos) o los poetas Ranjit Hoskoté (India) y John Ashbery (Estados Unidos) entre otros.

Los firmantes por parte de España son: Juan Goytisolo, Ricardo Bada, Javier Cercas, Rafael Chirbes, Rosa Montero, Julio Llamazares, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina y Javier Salinas.

A continuación, el manifiesto íntegro:

En los últimos meses, el alcance de la vigilancia masiva se ha convertido en un hecho bien conocido. Con unos cuantos clics de ratón, el Estado puede acceder a nuestros dispositivos móviles, nuestro correo electrónico, nuestras redes sociales y nuestras búsquedas en Internet. Puede seguir la pista de nuestras inclinaciones y actividades políticas y, en colaboración con empresas proveedoras de Internet, puede reunir y almacenar todos nuestros datos y, por tanto, predecir nuestras pautas de consumo y nuestro comportamiento.

El pilar básico de la democracia es la integridad inviolable del individuo. La integridad humana no se limita al cuerpo como un ente físico. Todos los seres humanos tienen derecho a no ser observados ni molestados en sus pensamientos, sus entornos personales y sus comunicaciones.

Este derecho humano fundamental ha quedado anulado y vaciado de contenido por culpa del mal uso de los avances tecnológicos que hacen los Estados y las empresas que llevan a cabo programas masivos de vigilancia.

Una persona vigilada deja de ser libre; una sociedad vigilada deja de ser una democracia. Si queremos que nuestros derechos democráticos sigan teniendo validez, es necesario que se respeten en el espacio virtual además del espacio físico.

—La vigilancia viola la esfera privada y pone en peligro la libertad de pensamiento y de opinión.

—La vigilancia masiva trata a todos los ciudadanos como posibles sospechosos. Anula uno de nuestros triunfos históricos, la presunción de inocencia.

—La vigilancia vuelve transparente al individuo, mientras que el Estado y las empresas actúan en secreto. Como hemos visto, este es un poder del que se abusa sistemáticamente.

—La vigilancia es un robo. Estos datos no son de propiedad pública; nos pertenecen a nosotros. Cuando se utilizan para predecir nuestro comportamiento, nos están robando algo más: el principio del libre albedrío, parte esencial de la libertad democrática.

» Exigimos el derecho a que cada ciudadano decida cuáles de sus datos personales pueden —a falta de un procedimiento legal legítimo— reunirse, almacenarse y procesarse, y quién puede hacerlo; a que pueda informarse sobre dónde se almacenan y cómo se emplean sus datos; a lograr que se borren sus datos si se han obtenido y almacenado ilegalmente.

» Exigimos a todos los Estados y empresas que respeten estos derechos.

» Hacemos un llamamiento a todos los ciudadanos para que se levanten a defender estos derechos.

» Hacemos un llamamiento a Naciones Unidas para que reconozca la vital importancia que tiene la protección de los derechos civiles en la era digital y cree una Carta Internacional de Derechos Digitales.

» Hacemos un llamamiento a los Gobiernos para que se adhieran a ese convenio.

NOTA: cualquier ciudadano que lo desee puede suscribir este manifiesto en change.org/espionajemasivo

El País, 10 de diciembre de 2013

Firmantes del manifiesto

Texto de Javier Marías

Texto en alemán

The Petition Against Mass Surveillance by Writers Against Mass Surveillance

LA ZONA FANTASMA. 8 de diciembre de 2013. Es cosa nuestra

Lo malo de la democracia es que uno no puede encogerse de hombros ante las acciones de sus gobernantes, no enteramente. Aunque no los haya votado y no se sienta responsable directo de sus tropelías, sabe que otros como él los eligieron y que por desgracia, hasta la próxima llamada a las urnas, nos representan a todos, en contra de lo que proclama ese slogan optimista y desiderativo que a menudo se corea. La vergüenza que el actual Gobierno nos causa es así mucho mayor que la que nos provocaba el franquismo a quienes lo vivimos. Éste se había impuesto por la fuerza y por ella seguía mandando. A sus oponentes los había fusilado, encarcelado, enviado al exilio o represaliado; en el mejor de los casos los mantenía en las catacumbas. Los que estábamos en desacuerdo podíamos desentendernos íntimamente de sus crímenes y abusos: éramos meras víctimas de ellos, sojuzgadas por una tiranía que nadie había votado (aunque demasiados españoles la abrazaran, sobre todo una vez victoriosa), que prohibía los partidos políticos y las elecciones, ejercía una censura total y minuciosa, castigaba con prisión cualquier opinión disidente o “tibia”, o verdad que no le gustara. A ese régimen, durante muchos años, le trajo sin cuidado la imagen de España en el exterior. “Que hablen. Nos tienen envidia por ser la reserva espiritual de Occidente”, era el lema, de clara inspiración eclesiástica. Y nosotros podíamos sacudirnos toda responsabilidad, en lo que respectaba a esa visión que ofrecíamos: “Nada tenemos que ver, somos los primeros damnificados, los que la padecemos sin tener arte ni parte”. Y a los de mi generación nos cabía añadir: “Esta dictadura estaba ya cuando nacimos”.

En ese aspecto, la cosa es ahora más peliaguda. Hemos tenido arte y parte. Hemos votado, aunque lo hiciéramos sometidos a engaño: el PP y Rajoy han incumplido con desfachatez casi todas sus promesas electorales, sobre todo las que les permitieron ganar por mayoría absolutísima. Aun así, no podemos intentar derrocarlos, porque, bajo engaño y todo, les dieron su confianza nuestros conciudadanos. Entre tantas otras cosas que aproximan cada vez más a este Gobierno al franquismo, está la indiferencia con que arrastra en el extranjero la imagen de España. Dicen sus representantes que les importa mucho, pero no es cierto. Se les llena la boca con la ridícula expresión “marca España”, pero hacen todo lo posible por que el nombre del país vaya unido al bochorno. En lugar de abstenerse de mancharlo, tratan de convencer a los medios internacionales de que no lo cuenten: Rajoy pidió a una cadena estadounidense que suprimiera de una entrevista lo relativo al caso Bárcenas; ahora nos enteramos de que, en plena fase de recortes salvajes, el Gobierno invitó con los gastos pagados a un grupo de responsables de prensa alemanes para explicarles in situ las maravillas económicas (!) de su gestión y atajar las críticas que casi a diario le dedica esa prensa. El propio Rajoy apareció en la reunión, a ver si les lavaba el cerebro. En honor a los alemanes, hay que decir que se sintieron ofendidos porque se pretendiera sufragarles el viaje y la estancia. Si la sesión de propaganda no nos costó dinero, no fue gracias a Guindos ni a Montoro, sino a la honradez extranjera.

Fuera de estas tentativas, que oscilan entre la censura, el adoctrinamiento y el soborno poco encubiertos, el Gobierno no cesa de ensuciar el país, a veces literalmente. La capital ha estado emporcada por una huelga de limpiadores justificada, mientras el Ayuntamiento, culpable último de la situación (es a él al que abonamos los impuestos, no a las tacañas concesionarias subcontratadas), se lavaba las manos frívolamente durante días: yo he visto cómo un indigente de la Plaza Mayor aplastaba de un pisotón a una relaxing rata gorda que, para estupor de turistas, se paseaba no de noche, sino a las 6.30 de la tarde. También se nos conoce últimamente porque el Ministro del Interior, hombre que presume de piadoso, vuelve a tapizar de cuchillas la verja de Melilla (una medida canallesca de Zapatero en 2005, rectificada en 2007), para rajar a lo vivo a los inmigrantes que osen saltarla. Ante la declaración de Rajoy al respecto, se hace difícil saber si el Presiente es tonto o se lo finge: “No sé exactamente si eso puede producir daños a las personas. Tendremos que verlo, he pedido un informe”. El misericordioso Fernández Díaz ha corrido a tranquilizarlo: “Sólo heridas leves, jefe”. Me gustaría que los dos se fueran a la verja e hicieran ellos mismos la prueba: el uno sabría “exactamente” y “vería”, y el otro comprobaría en su piel la “levedad” de las sangrías. Aparte de esta crueldad infame, España también es hoy famosa por la sentencia del Prestige: todo el mundo, incluido el Gobierno del PP de entonces, tuvo una actuación “correcta” y gracias a eso no se extendió el vertido del barco por el entero Océano Atlántico. ¿A santo de qué va a tener que pagar nadie? Añadan que en numerosas comunidades (Madrid, Cataluña, Valencia, y las que seguirán) han dejado de ser gratuitas las vacunas del neumococo y del retrovirus para bebés. Los padres que carezcan de 600 euros pueden prepararse a ver cómo sus críos más tiernos pillan una meningitis o una neumonía, o se deshidratan de gastroenteritis. Hay más, pero por hoy ya se nos cae la cara de vergüenza lo suficiente. Sin que ni siquiera podamos decirnos: “Pero esto no es cosa nuestra”.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 8 de diciembre de 2013

Roy Foster y Anthony Marra recomiendan ‘The Infatuations’

The Infatuations IndependentRoy Foster’s books of the year

Hermione Lee’s Penelope Fitzgerald: A Life (Chatto) is a revelation, brilliantly demonstrating the undemure existence of this widely admired novelist: a louche Irish husband, debt, a poverty-stricken life on sinking barges and council flats lie behind a facade of mild English eccentricity and powerfully original (often very un-English) work. It reads like a Fitzgerald novel.

I was dazzled by Javier Marias’s The Infatuations (Hamish Hamilton): nobody else writes so hypnotically of obsession, suspicion and the murky areas of love and crime.

Similar themes characterise Edna O’Brien’s short stories in The Love Object (Faber), each one a masterclass in her quintessential qualities of delicacy and toughness.

Lucy Riall’s Under the Volcano: Revolution in a Sicilian Town (Oxford) tells the story of an 1860 peasant revolt on an English-owned Sicilian property: a classic of microhistory, raising large issues of landlordism, violent history and mutual incomprehension, with distinct Irish echoes.

The poems that meant most to me in 2013 were Seamus Heaney’s, read with a revived intensity after his loss. But of new publications, I was deeply impressed by Martin Dyar’s Maiden Names (Arlen House): funny, astute, marvellously judged, and a genuinely new voice.

[Roy Foster is Carroll professor of Irish history at Hertford College, Oxford]

The Irish Times, November 30, 2013

001

PW’s Top 10 Authors Pick Their Favorite Books of 2013

Marra’s pick: The Infatuations by Javier Marías (Knopf)

“Sometimes the book you’ve been looking for, without even knowing it, finds its way into your hands, and for me, this year, that book was The Infatuations. It’s billed as a metaphysical murder mystery—imagine if Proust had a murder instead of a madeleine and you begin to get a sense of the stylistic synthesis on display. Rather than the forward momentum of plot, Marías relies on a downward drop into psychology; instead of hurtling through events, the reader plunges through the thick strata of contradictions, deceptions, and unvarnished need lining the hearts of the novel’s fully realized characters. It’s the best and truest kind of mystery—one of enduring questions rather than delayed answers. But what makes The Infatuations the most personally moving novel of the year for me are its asides, digressions, and tangents, which are so integral you almost get the sense that Marías constructed his suspense story to scaffold his riffs. He ruminates on the loss of a loved one in what are the most unsentimental, clear-eyed, and honest passages on either loss or love I’ve read in some time. The book finds hope, or at least consolation, in the ceaseless mutability of the human psyche. Someone you once couldn’t live without becomes someone you now can’t live with at all, to paraphrase Marías, and the person you were when you were in love becomes a ghost you simply move away from. And while ghosts do populate the novel, its ultimate power comes in letting them dissolve.”

ANTHONY MARRA

Publishers Weekly, December 6, 2013

Anthony Marra: ‘Write what you want to know’

- 2013 must have been a very busy year for you. But did you have time to read other 2013 books? Any you especially enjoyed or would recommend?

It’s been an amazing year for fiction, but four I particularly enjoyed are “The Infatuations” by Javier Marias, “We Need New Names” by NoViolet Bulawayo, “A Marker to Measure Drift” by Alexander Maksik, and “The Woman Who Lost Her Soul” by Bob Shacochis.

MARJORIE KEHE

CS Monitor, December 4 ,2013

Más reseñas francesas

52654a1c3570c8cf50b931ca
Comme les amours-Javier Marías

Luisa et Miguel forment un couple parfait. La narratrice, María, les observe tous les matins prendre leur petit déjeuner dans la cafétéria où elle va, elle aussi, prendre un café avant d’aller travailler.

Je l’avais vu de nombreux matins où je l’avais entendu rire et parler, presque chaque fois au cours de ces quelques années, de bonne heure, mais pas tant, car j’arrivais au travail avec un léger retard pour avoir l’occasion de me trouver un instant avec ce couple, pas avec l’homme seul –que l’on ne se méprenne pas– mais avec eux deux, c’étaient eux deux qui me faisaient du bien et me réjouissaient, avant d’entamer la journée.

Oui, mais voilà. Dès le premier chapitre, on apprend que Miguel vient d’être assassiné: il meurt bêtement, un coup après l’autre, encore et encore, sans lui laisser une chance, avec la volonté de le rayer du monde et de l’expulser sans délai de la surface de la terre, là-bas et à ce moment-là.

María les a beaucoup observés. Ils semblent s’entendre parfaitement, et prolonger de quelques minutes leur tête-à-tête avant que lui ne s’éloigne pour son travail. Elle, s’attarde parfois encore un peu après son départ. Un matin, ils ne viennent plus. María, en voyage, ne sait pas le drame qui s’est joué non loin de la cafétéria en son absence. C’est une collègue qui évoque l’accident devant María, qui travaille dans une maison d’édition (portrait très drôle d’écrivains à l’égo démesuré). Le soir, sur Internet, elle découvre l’horreur de la situation: un matin, Miguel Devern a voulu garer sa voiture, lorsqu’un indigent faisant office de voiturier s’est mis à divaguer et injurier le malheureux mari, qui n’était pour rien dans les accusations portées contre lui.

Mais le voiturier s’est emporté et s’est jeté sur lui par-derrière, le poignardant d’une dizaine de coups de couteau mortels.

Commence alors une fausse enquête policière, au cours de laquelle María, témoin indirect du couple, qui la surnommait la Jeune Prudente, va rencontrer, dans la même cafétéria où elle venait avec son mari, cette femme devenue veuve. Une Luisa qui ne se remet pas de ce coup du sort. Fascinée par la tragédie, María va pénétrer le giron de cette famille, et y rencontrer Javier Díaz-Varela, l’ami intime du couple. Javier, devenu le confident de Luisa, l’ami indispensable qui console, et dont María va s’éprendre jusqu’à ce qu’une mystérieuse conversation surprise chez lui fasse basculer radicalement la situation.

Avec beaucoup d’habileté Javier Marias nous parle d’amour et de trahison. Il place son récit sous l’égide de plusieurs grands textes: Le Colonel Chabert de Balzac, l’histoire de ce soldat que tout le monde croyait mort et qui revient, bien vivant, retrouver son épouse remariée; celle de Shakespeare, Macbeth, avec la fameuse tirade du hereafter: He should have died hereafter ou il aurait dû mourir plus tard, comme le dit mystérieusement le meurtrier, ou encore Dumas et ses Trois Mousquetaires.

Javier Marías n’a pas son pareil pour sonder l’âme humaine, notamment dans ses lâchetés et ses mensonges. Ce n’est pas qu’une fausse enquête policière, à la recherche de la vérité, mais aussi un roman superbement mené parce que épousant totalement les pensées les plus intimes de la narratrice, nous guidant pas à pas dans son cheminement. On ne saura jamais définitivement ce qui a provoqué la mort de Miguel Devern, et tant mieux, le lecteur est libre de se faire sa propre opinion. Mais l’essentiel se situe ailleurs.

Peut-on aimer quelqu’un qui a commis un acte répréhensible? L’amour excuse-t-il la trahison? Où partent les amours une fois que l’être cher a disparu?

Si j’ai mis un peu de temps à entrer dans l’histoire, la seconde partie a tout rattrapé et ce roman est désormais mon coup de cœur de la rentrée littéraire en matière d’auteur étranger.

Intelligent, pertinent, avec beaucoup de style, Javier Marías nous livre en effet un splendide récit d’amour et de trahison, qui s’enracine dans la tradition de la littérature européenne.

Le nom de Miguel Desvern ne disparaît pas tout à fait, même si je ne l’ai jamais connu et que je l’ai vu de loin, tous les matins avec plaisir, alors qu’il prenait son petit déjeuner avec sa femme. Comme ne s’en vont pas non plus tout à fait les noms fictifs du Colonel Chabert et de Mme Ferraud, du Comte de la Fère et de Milady de Winter ou dans sa jeunesse Anne de Breuil, à qui on lia les mains derrière le dos et que l’on pendit à un arbre, afin que mystérieusement elle ne meure pas et revienne, belle comme les amours.

ALICE- ANGE

Bíblío blog, 6 decembre 2013

biscomme.les_.amours.galliamrd.002La vérité, cet embrouillement

L’amour et la mort au cœur d’une histoire orchestrée avec maestria par l’écrivain espagnol Javier Marías. Où il sonde les méandres de l’âme humaine en tenant son lecteur en haleine avec un suspense étonnant.

Nous ne pouvons prétendre être les premiers, ou les préférés, nous sommes tout simplement ce qui est disponible, les laissés-pour-compte, les survivants, ce qui désormais reste, les soldes, et c’est sur des bases si peu nobles que s’érigent les amours les plus grandes et que se fondent les meilleures familles, nous provenons tous de là, de ce produit du hasard et du conformisme, des rejets, des timidités et des échecs d’autrui […].” Tout est là du regard sur nos vies de Javier Marías qui, d’une écriture raffinée, généreuse, enveloppante, livre avec “Comme les amours” une magistrale fable morale sur l’amour et la mort, entités siamoises. Ce, en mêlant suspense et réflexion, à travers les pensées, les intuitions, les interrogations d’une narratrice hors pair.

Avant de se rendre à son travail dans une maison d’édition, María aime prendre son petit-déjeuner dans un établissement modeste du quartier. Elle y observe quotidiennement deux êtres qu’elle admire pour leur complicité rayonnante et l’optimisme qu’ils lui procurent. A son retour de congé, le “couple parfait” a disparu. Elle apprend que le mari, Miguel Desvern, a été sauvagement assassiné par un indigent déséquilibré. Un jour, María ose aborder Luisa, la veuve de ce riche héritier d’une compagnie de production cinématographique. Le temps d’une soirée, elle deviendra son oreille attentive et compatissante. C’est alors qu’elle rencontre Javier Díaz-Varela, le meilleur ami de Miguel, dont l’attitude et la présence auprès de Luisa se révèlent des plus ambiguës. Très vite, Javier et María (personnages créés par Javier Marías…) deviennent amants. Malgré elle, María en vient à s’interroger sur l’histoire du couple et les circonstances de la disparition de Miguel. Alors que Javier la cantonne au rôle de partenaire de distraction, elle ne peut toujours réfréner ses espoirs de devenir bien plus.

Selon Javier Marías (“Un cœur si blanc”, “Demain dans la bataille pense à moi”), si le roman peut être rapidement oublié, sa force est d’inoculer possibilités et idées permettant au lecteur de mieux appréhender le réel. Ainsi convoque-t-il Shakespeare, le Balzac du “Colonel Chabert”, le Dumas des “Trois Mousquetaires” pour tisser une toile d’une rare intelligence autour du temps qui superpose en nous “ses fines couches indiscernables” , de la vérité qui est “toujours un embrouillement” , du hasard qui orchestre nos vies, des choix qu’on croit poser en toute liberté, de la place que les morts occupent auprès des vivants, de l’engouement amoureux, seul à même de pouvoir faire barrage à l’indifférence et l’ennui. Brillant de bout en bout.

GENEVIÈVE SIMON

La Libre Belgique, 21 octobre 2013

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 18.441 seguidores