John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

PN Banville

El escritor irlandés es Duke of Infinidades del Reino de Redonda.

“Javier Marías es un escritor maravilloso”

Es uno de los últimos escritores de una estirpe, según Javier Marías: “La de ser consciente del estilo. Él procura tener un estilo artístico. Posee una prosa fluida, diáfana e inquietante con un alto grado de profundidad”.

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También ha sido galardondao el arquitecto Frank Gehry, Duke of Nervión del Reino de Redonda, con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Conversación sobre Reino de Redonda

 

 El próximo viernes 25 de noviembre, DÍA DE LAS LIBRERÍAS, a las 7 de la tarde, en la Librería Méndez (calle Mayor 18), el crítico Manuel Rodríguez Rivero y el escritor, editor y rey de Redonda Javier Marías conversarán sobre el Reino de Redonda (la isla, el reino y la editorial). El horario de la librería se ampliará hasta las diez de la noche y todos los libros tendrán un 5% de descuento.

‘Marías se pone sentimental’

Se ha dicho que la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos (Alfaguara) ha sido un reto por suceder a su obra más agotadora y ambiciosa (Tu rostro mañana, uno de los títulos españoles que más eco internacional han tenido en la Historia). También se puede destacar un segundo reto: la voz femenina. En el libro de artículos de Marías Aquella mitad de mi tiempo (Galaxia Gutenberg), se adjunta una entrevista para The Paris Review, del año 2006, donde el autor dice que en su obra madura los personajes femeninos están “en sombra”, como apariciones:

“Una sola vez he escrito desde una perspectiva femenina, y fue en un relato corto; no sería capaz de mantenerla durante toda una novela. Mis últimas novelas están todas escritas en primera persona, y los personajes femeninos se ven siempre a través de una mirada masculina. Así son las cosas y así es como deberían ser en una novela, en aras de la plausibilidad de la historia y del punto de vista. Existe algo llamado subjetividad. Yo veo el mundo desde mi condición masculina, y así es como veo a las mujeres en mis novelas”.

Así pues María Dolz, protagonista y narradora de Los enamoramientos es un reto importante. Trabaja en una editorial y es treintañera (termina la novela con “treintaymuchos”). Cuenta la historia del asesinato de Miguel Desverne, de cómo conoce María a Luisa Alday, viuda de Desverne, y de cómo se enamora de una persona de su círculo. De cómo descubre una verdad atrabiliaria y culpable (¿hay un asesinato tras la muerte de Desverne?), y un bolero envenenado.

Reconocible Marías

Se ve que Marías compone (sin variación de registro) su identificable frase larga, seria y pausada de calmo remero del monólogo. María Dolz habla de cómo se enamoran las mujeres, o de cómo piensan ellas en los amantes anteriores de los hombres, pero fundamentalmente es la voz de Marías. Hay denuncias, accesos y recuerdos melancólicos del pasado lejano, acaso más propias de alguien más provecto (como el Marías articulista, por ejemplo). Fórmulas otoñales como “hoy nadie observa estos matices”, o “Como 40 años atrás”, o con unos niños bien educados: “mucho más de lo que es la norma hoy en día”. Además de la música escéptica de la divagación en círculos, donde Dolz usa expresiones como “Uno siempre… “, o “Basta saber que no se quiere que escuchemos…”

Un Madrid europeo (la gente sabe francés e inglés, se parodia a unos aflamencados), Madrid acomodado. Madrid en blanco y negro. Salvo cuando aparece vestido de verde el profesor Francisco Rico que ya salió en su anterior título, Veneno y sombra y adiós). Es el personaje chillón, y una de las pocas concesiones humorísticas de la novela. Es además una concesión a la realidad. Rico, descrito físicamente tal y como es en la realidad (también fumando), llega a recomendar su propia edición de El Quijote. La otra concesión veraz a la actualidad es la edición de El coronel Chabert. Es un relato de Balzac sobre un soldado dado por muerto que reaparece cuando todos le habían olvidado, y da cuenta de la imposibilidad del orden y certeza moral en un mundo de terribles contingencias. Es muy citado aquí. Al mismo tiempo que Los enamoramientos, salió a las tiendas en el sello de Marías, Reino de Redonda, la edición de El coronel… en una nueva traducción. Al final de Los enamoramientos, como si María Dolz trabajase en Reino de Redonda, se pone en marcha el proyecto de republicarlo. Se dice que la anterior traducción era muy mala y “le añadimos tres cuentos más de Balzac”. ¿Autopromoción editorial coordinada? Con todo, el autor, ha sufrido desde hace mucho la identificación que muchos hacen de él con sus primeras personas, y con el desciframiento de otros personajes al modo “novela en clave”.

Cuatro partes y un triángulo amoroso

Dividida en cuatro partes, y a su vez fragmentadas éstas cada tres páginas más o menos (como si fueran los fundidos y encadenados que vertebran, de escena a escena, el inicio de la película de Hitchcock Notorious), la novela propone una senda continua de impresiones y descubrimiento. Así, cada una de las cuatro partes gira obsesivamente en torno a un centro. La muerte y la desaparición, el azar de las amistades peligrosas o benéficas, la mentira, las incertezas, y diversas futilidades cotidianas, y congojas varias, son motivo de introspección y pensamiento en este otoño elegante en vitrinas de tiempo detenido. Además, se plantea el triángulo amoroso en este melodrama atenuado por el tono, distante y descreído. No es plan desvelarles a ustedes cómo y por qué murió Miguel Desverne. En realidad nunca se llega a saber todo. Marías resalta que incluso hablando del asesinato de Desverne, las mismas páginas de sucesos de los periódicos no se ponen de acuerdo. La subjetividad de la perspicaz editora María Dolz va quitando capas.

No hablamos de thriller (aun con la atmósfera criminal de la segunda parte) debido a lo aminorado de la acción. Cuando en un cuarto entran Francisco Rico y Díaz-Varela, Dolz se extiende 10 páginas hablando tranquilamente de Rico, para pasar a la persona de Díaz-Varela, clave en esta historia. Pero aun tratándolo en exclusiva, Díaz-Varela queda “en sombra”, en Los enamoramientos. Este reto de Marías ha invertido las brumas, ahora sobre un hombre. Se habla de los labios de Díaz-Varela. A Marías le ha animado el fantasma de su maestro Henry James, tan bueno en psicología femenina. Ha querido hacer lo que el personaje de Lubitsch, saber lo que piensan las mujeres. Pero Marías, aparte de esos labios y de consideraciones femeninas, ha vuelto a su cauce original. La prosa de Marías propende a lo nebuloso en fisonomías, en concreciones. Sus diálogos están como suspendidos sin asidero, fruto de una materia pulverizada. La maniobra no es suspense, pues el lector no conoce antes que el personaje, sino después, ya que las primeras personas de Marías hablan desde lo consumado. Si, como hacen los wagnerianos en Bayreuth, hubiera que seleccionar un “Canon Marías”, entenderíamos que, junto con Tu rostro mañana (que sería la Tetralogía de los Nibelungos), y Mañana en la batalla piensa en mí, estuviera Los enamoramientos.

ÁLVARO CORTINA

El Mundo, 15 de julio de 2011