‘Mala índole’ arca de cuentos y obsesiones de Javier Marías

MI LibroUna recopilación de cuentos tiene un sabor antiguo de baúl de sueños (o pesadillas) en busca de escucha, o arca de jirones de novela peregrina. A mí particularmente me remonta al Infante don Juan Manuel, cuya “Fierecilla domada”, por ejemplo, salió de sus Cuentos del conde Lucanor y, transformado por la escena de Shakespeare, llegó al cine en The Taming of the Shrewd. Ahora se trata de Javier Marías –Xavier I, Rey de Redonda- que ha reunido en un solo volumen sus dos anteriores entregas de cuentos, Mientras ellas duermen Cuando fui mortal, enriqueciéndolo con otros cuatro que estaban aún inéditos en libro. Precisamente el más largo y cinematográfico de estos últimos da título al volumen: Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables (Alfaguara, 2012), donde me he complacido encontrando mis favoritos de antes, en los que me detendré unos instantes sin por ello aguarle la fiesta a futuros lectores de poder descubrirlos por su cuenta y hacer sus propias selecciones personales. Aclaro que los aceptables, siete de los 30 recopilados, son aquellos de los que su autor se avergüenza un poco, siendo en su mayoría de los inicios, pero no tanto como para haberlos dejado caer fuera del arca.

Todos los temas, inquietudes y obsesiones cruciales de el autor de Corazón tan blanco y del trío Tu rostro mañana salen a relucir de un modo u otro, en alguno o en varios cuentos del libro: el malentendido y hasta el peligro (cordial o mortal) a que se prestan las traducciones, por falaces o por demasiado fieles como la que pone a correr por su vida al protagonista y narrador de Mala índole, cuento con ritmo de rock in crescendo en que Marías, especialista en hacer semblanzas y minibiografías oblicuas (no hay más que recordar Miramientos y Vidas escritas), se complace en sembrar un retrato en movimiento del sonriente Elvis Presley, cuya “manía cantora” da lugar a tanto movimiento frenético durante la película que se está rodando dentro del cuento y que arranca a su traductor la siguiente reflexión: “una vida musical continua no hay quien la aguante con equilibrio, quiero decir si no se es músico”. Retrato homenaje que puede armar el lector a medida que se adentra en el cuento y del que doy un avance:

“…parecía no dar importancia a nada e incluso disfrutar el horror con su indudable capacidad de zumba. Yo no creo que estuviera satisfecho ni ufano sino que no se atrevía a defraudar con reparos o negativas a alguien tan cercano que hubiera tenido la delirante idea de turno [...] Elvis Presley era amigo de sus amigos, al menos de los antiguos, tenía sentido de la lealtad y mucho orgullo [...] Así dijo en inglés con la boca torcida que se le ponía a menudo y que hacía desconfiar de él a las madres de sus fans más jóvenes. Eran unos insultos un tanto escolares…”

Si el tema de la persecución está bien representado en el libro no digamos el del fantasma, que tratándose de Marías no es de esos que se entretiene en asustar a la gente sino que esgrime una conciencia errante, que ha dejado atrás el lastre de las pasiones que la nublaban en el tiempo confinante, pero no la necesidad de manifestarse literariamente, como un sombrero pintado por Magritte, que ya no tiene cabeza, pero la representa, expresando lo por ella aprendido con claridad meridiana. Es el caso de Cuando fui mortal. Tengo particular predilección por la voz del inmortal que narra este cuento y cuyo único rival en mi afición es el de la primera novela de Enrique Labrador Ruiz, El laberinto de sí mismo (La Habana, 1933), apenas conocida. Lírico lingüista el del cubano. Filósofo en pena el de Marías, porque después de muerto ya sabe todo lo que estando en el tiempo ignoraba de la realidad y de los que le quitaron la vida. Elegíacos ambos.

Tantas otras de sus obsesiones encuentran en este volumen su vehículo, a veces dos: un aceptado y otro aceptable, pero en ambos casos bienvenidos. El fantasma nostálgico de una voz de mujer que le lea sus páginas favoritas. Me refiero a No más amores y a Serán nostalgias, aceptable variación del anterior que acepto entusiasmada. De hecho, invito a su autor a que continúe obsesionado con el tema y descubra otra.

JUANA ROSA PITA

El Nuevo Herald, 8 de junio de 2013

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