‘Tiempos ridículos’. Crítica

portada-tiempos-ridiculos_grandeUN LIBRO CADA SEMANA. Tiempos ridículos, de Javier Marías

Javier Marías es uno de los escritores más veteranos de la literatura española pese a que tiene solo 61 años. La razón es que comenzó muy joven: su primera obra, Los dominios del lobo, llegó a las librerías antes de que cumpliera los 20 y no ha parado desde entonces. Por eso, tiene tras de sí una trayectoria de más de cuatro décadas de literatura, algo que muy pocos autores en activo pueden decir.

Junto a su faceta literaria, que tantos rasgos personales presenta –esos relatos en primera persona, ese lenguaje hipnótico, esa mezcla de relato y ensayo–, ha desarrollado también una más que interesante carrera como columnista. Tanto es así que puede asegurarse que es una de las tres o cuatro firmas de lectura imprescindible que hay en España en ese ámbito.

Este libro recoge un centenar de columnas –la última es de comienzos de este año–, donde están todas sus preocupaciones, sobre todo políticas y sociales. Cada una de las piezas es un ejercicio de lucidez, perspicacia e independencia a ultranza. Marías mira la realidad y la aborda desde puntos de vista que eluden el tópico. Y en estos ‘tiempos ridículos’ que dan título a la colección tiene críticas para todos: los nacionalistas de cualquier tipo –incluidos los españoles, por supuesto–, la izquierda y la derecha, la Iglesia y los sindicatos, la patronal y unos cuantos gobiernos impresentables de aquí y de allá, algunos entrenadores de fútbol y responsables de programas de televisión. De vez en cuando se permite también una mirada al pasado, a personajes de su infancia o recuerdos de lugares y costumbres que ya no volverán.

El retrato que hace Marías de este tiempo que nos ha tocado vivir –aquí, pero también fuera– es desolador. La inteligencia parece haber huido de nuestra vida pública por el mismo camino que han tomado la sensatez y las buenas maneras. Por suerte, todo ello, inteligencia, sensatez y buenas maneras, permanece en sus textos.

CÉSAR COCA

El Correo, 31 de mayo de 2013

 

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