‘Cuando Rajoy habla, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico’

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Javier Marías (Madrid, 1951) ha practicado durante cuatro décadas todas las variantes de la literatura, hasta convertirse en uno de los autores más considerados a escala global. También es ahora mismo el columnista que mejor sintoniza con la indignación asociada a la crisis. Celebra la traducción de una de sus novelas al estonio y la obtención del legendario premio Formentor.

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿El premio Formentor huele a Nobel?”
–No necesariamente, y en mi caso tenga por seguro que el Nobel no tiene el menor fundamento, ni pienso en él. El Formentor lo recibo con muchísimo gusto.

–¿Escribe para competir?
–Ni siquiera conmigo mismo. El “siempre más difícil o mejor” me parece circense. Tengo suficiente incertidumbre con cada página, porque siempre pienso que “esto es una tontería, esto nunca va a interesar a nadie, esto está fatal”.

–”Sofisticación y accesibilidad”, dice de usted The New Yorker, que no suele equivocarse.
–En inglés, sophistication es un “falso amigo”. No tiene traducción literal y es más bien “perfeccionismo”. En cuanto a la “accesibilidad”, es probable que sea así, porque es inexplicable que con una literatura no facilona haya conseguido tantos lectores.

–¿Piensa en ellos cuando escribe?
–Pienso en publicar, en abstracto.

–La primera inquietud al concederle el Formentor era si iba usted a aceptarlo.
–Es una inquietud un poco gratuita, porque he aceptado muchos premios. Rechacé el Nacional de Narrativa porque los Estados no tienen que destinar el erario público a premiar a artistas o escritores. Al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer nuestro trabajo.

–Borges y Beckett le han precedido en el Formentor.
–Quizás me quedo con Borges, al que conocí y que era amigo de mi padre. Espero que no me pase como a él, por otra parte infinitamente superior a lo que yo haga nunca. Cuando empezó, fue considerado un escritor inglés y hoy es el autor argentino por antonomasia. Después de haberme llamado “angloaburrido” y de acusarme de que mis novelas parecen traducidas del inglés, espero no convertirme en el escritor español contemporáneo más representativo.

–¿Cómo ha conseguido ser el columnista que mejor conecta con el castigado ciudadano actual?
–Ojalá fuera así, pero tengo la sensación de que los artículos sirven de poco. Aunque ya es mucho que bastantes lectores me digan que les sirven de consuelo, son inútiles a efectos prácticos.

–Frente a la memoria histórica, usted ha reivindicado el derecho al olvido histórico.
–Como dije en un artículo, no tengo las cosas claras sobre esta cuestión. Es importante que se sepa qué ocurrió pero, sin ciertas dosis de olvido, la vida es una tortura infinita. Dicho sea con todo el respeto a quienes desean recuperar sus huesos.

–¿Tiene opinión sobre todo?
–En absoluto, hay cosas de las que no sé nada y me admiran las personas que se convierten en expertos improvisados en cuanto pasa algo, Al día siguiente de Fukushima, todo el mundo opina sobre reactores nucleares.

–¿Le irrita más Mourinho o Rajoy?
–Rajoy, porque Mourinho me irrita muchísimo y deseaba que se fuera, pero afecta a una parcela reducida de mi vida y no preocupa a los no madridistas. El Gobierno perjudica a todos.

–Rajoy ha dado valor político al tópico literario de la incomunicación.
–Tengo la duda de si en el fondo no hace bien. Cada vez que habla o comunica, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico, porque dice una cosa y la contraria. Quizás su silencio no es opción sino necesidad.

–Le solivianta el PP, pero sin llegar al escrache.
–No me gusta esa palabra, prefiero hablar de execraciones a domicilio y, con independencia de los merecimientos que han hecho sus destinatarios para ser vituperados, tiene algo de vil, de muchos contra uno. Además, se vuelve contra cualquiera. Por ejemplo, contra quienes votan a favor del matrimonio homosexual.

–Usted puede permitirse cinco DVDs, pero sólo compra dos porque otras personas están en crisis.
–Me noté de pronto con este pudor, y era desastroso. Si unos no compran nada porque no tienen, otros porque están ahorrando, y quienes nos lo podemos permitir tampoco lo hacemos por evitar la mala conciencia, ¿quién va a consumir? Para suprimir esa tentación, me fuerzo a hacer compras no enteramente necesarias.

–Le leo preocupado por sus ahorros.
–Cualquier persona ha de estarlo, después de la posible exportación del modelo de Chipre. Se temía a los comunistas porque nos lo iban a quitar todo, y ahora resulta que nos lo hace el capitalismo salvaje.

–Creo que no le he llamado Julián ninguna vez.
–No me ha llamado nada, una manera prudente para que no se le escape. Me llevaba bien con mi padre, y no me molesta cuando alguien comete el lapsus de llamarme “Julián”. No he leído todos sus libros. Uno de los mejores para mí es Cervantes, clave española pero, cuando habla de Problemas del cristianismo, no lo leo.

MATÍAS VALLÉS

Diario de Mallorca, 11 de mayo de 2013

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