Los tesoros de Stevenson

DVDM PL FotoNacido en Edimburgo en 1850, hijo y nieto de constructores de faros en las sombrías costas de Escocia, Robert Louis Stevenson, decidió explorar los mares, no verlos desde la barrera. Tuvo además que luchar contra la gran enfermedad romántica, la tuberculosis, y pese a las consabidas terapias de sus médicos, que le prevenían contra una muerte temprana, como así le vino a suceder en Samoa, en 1894, apenas cumplidos los 44 años, respondió: “Todos los hombres mueren jóvenes”.

Acaban de publicarse dos libros sobre Stevenson, Las ciudades y los escritores, de Fernando Savater, que incluye “El Edimburgo de Stevenson”, uno de los guiones de una estupenda serie de televisión sobre viajes por ciudades natales de genios literarios, y De vuelta del mar, una selección de 60 poemas de Stevenson, traducidos por Javier Marías, editados en Reino de Redonda.

El lector puede ver en YouTube -“Lugares con genio. El Edimburgo de Robert Louis Stevenson”- una memorable conversación entre Savater y Marías en torno a Stevenson y Henry James, grandes amigos pese a ser a priori literariamente incompatibles. En sus cartas hablan del joven Kipling, una promesa en ciernes del fin de siglo británico.

Una de las facetas menos conocidas de Stevenson es su entusiasmo afrancesado de juventud, que se sustantiva en sus Viajes en burro por las Cevennes, una región montañosa entre Lyon y Avignon, y en sus ensayos sobre novelistas franceses, por ejemplo el dedicado a Víctor Hugo, al que se sabía de memoria. Uno de sus mejores relatos de terror está dedicado al París del poeta medieval Villon, “Un albergue nocturno- A Lodging for the Night”. La guinda del pastel tuvo lugar en Grez, cerca de Fontainebleau, donde conoció a su esposa Fanny, una divorciada yanqui.

Savater en Edimburgo

El viaje de Savater por el Edimburgo de Stevenson resume de forma contundente su penosa niñez. Nos evoca a su fiel nodriza Alison que durante los ataques de tos nocturna le aliviaba compasivamente, al mostrarle otras ventanas encendidas en Queen Street, donde otros niños enfermos esperaban con ilusión la primera luz del alba. Un relato que prefigura los de la infancia de Proust. Alison fue su lectora de cabecera, el ángel de su niñez. Así nació el gran escritor, en la batalla feroz con los divinas palabras que mitigaron el dolor de su enfermedad. Justo frente a su casa tenía un jardín, Queen Street Garden, que Savater visita con moderada beatería, para descubrir un estanque con una isla en miniatura, el posible primer esbozo de La isla del tesoro. Su gran ensayo, un clásico savateriano, La infancia recuperada se inicia con un homenaje -Un tesoro de ambigüedad- a esa novela de Stevenson. En Blind Pew, Borges dedica un poema a esa novela. “El bucanero ciego fatigaba, los terrosos caminos de Inglaterra.”

Del mismo modo, los musgosos callejones o “close” de Edimburgo, de apenas un metro de anchura, son el perfecto escenario tenebroso del Dr Jekyll y Mr Hyde. Además Deacon Brodie es un personaje legendario de la ciudad, un killer dieciochesco, probable arquetipo de Hyde. Es como si ciertos parajes pidieran a gritos su doble carnal, por así decir. Eso pensaba RLS. Pese a estar ambientada en Londres, los buenos lectores saben que es Edimburgo. Así nació el troglodita Hyde, el vampiro de Jekyll por así decir.

Dublín de Yeats, Florencia de Dante, Lisboa de Pessoa, Praga de Kafka, París de Sartre y Camus, San Sebastián y Madrid de Baroja, Buenos Aires de Borges, México de Octavio Paz, conforman un volumen, que pese a una descuidada edición, es un libro maravilloso.

De vuelta del mar

DVDMStevenson escribió unos 350 poemas y Javier Marías seleccionó 60 para su De vuelta del mar, publicado en 1980, que ahora se reedita con nueva traducción en Redonda. Stevenson también sintió y de qué forma el ardor de “divenire del mondo esperto”, como dice Ulises en el verso de Dante. En la página 39 leemos este hermoso verso: “de nuevo en tu jardín habrá destellos”. Un verso que desprende el aroma tardo-romántico de Bécquer. Sin embargo, en ese mismo poema, leemos: “ante la puerta un charco estremecido”. Un verso que lo mismo nos suena a Machado que a la Región de Benet.

Todo buen verso tiene algo de aforismo diamantino. Los poetas son herméticos por naturaleza, propensos a ramalazos elípticos, y raro es el que diafaniza sus fulgores líricos con un amago de narración. “Espantosa sensación de calma – an awful sense of quietness”, pag 87, ejemplo de lirismo gótico, afín a Henry James. “Y trepan por la playa los avellanos rugosos”, que acaso suena a Robert Frost e incluso a playa de Hitchcock en Rebeca.

Los temas de la poesía de Stevenson giran en torno a los días de su juventud en Edimburgo. Extraño es el corazón del marino. De vuelta del mar está el marinero. Como un niño embebido en un atlas desmadejado, así vemos a Stevenson, planeando viajes futuros. Como el que habiendo errado la noche entera, por un bosque enmarañado, esto dice en un poema que suena a Hölderlin.

CÉSAR PEREZ GRACIA

El Heraldo, Artes y letras, 30 de mayo de 2013

Javier Marías en la Feria del libro de Madrid

2011 fdellEstará:

El sábado, 8 de junio, por la tarde (19 a 21 horas), en la caseta de la Librería Méndez (n. 103).

El domingo, 9 de junio, por la mañana (12 a 14 horas), en la de la Librería Rafael Alberti (n. 146).

El sábado, 15 de junio, por la tarde (19 a 21 horas), en las casetas números 230-231 de la Librería Visor.

El domingo, 16 de junio, por la mañana (12 a 14 horas), en la caseta de la Librería Gaztambide (n. 320).

Firmará ejemplares de todos sus libros y de los de su editorial Reino de Redonda.

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LE Debolsillo GDVDM

Javier Marías, ante tiempos ridículos

Foto. Cristóbal Manuel

Foto. Cristóbal Manuel

El título Tiempos ridículos lo encontró Javier Marías leyendo un “modesto artículo” del New York Times sobre el ocaso de los neuróticos ante “la superabundancia de ellos”. Lo usó para una de sus columnas en El País Semanal, en la que trataba —al hilo del polémico safari del Rey en África— de elefantes aún mayores: la desmesura, la iracundia y la histeria colectiva que nos inunda. Tiempos ridículos es ahora el título del volumen (y la cita, recuerda el escritor, es de una catedrática de Psiquiatría: “Vivimos tiempos ridículos, y si a uno le parece que todo tiene sentido, lo más probable es que no esté bien”) que, editado por Alfaguara, reúne 96 artículos publicados durante los últimos dos años.

Artículos combativos unos y “de tregua” otros, como define Marías a los que escoran hacia la autobiografía. “Involuntariamente autobiográficos”, matiza, “más bien evocativos, en los que recupero anécdotas familiares o de viajes. Quizá en ellos está lo más parecido que jamás haré a unas memorias o a unos diarios, que siempre me resultan pretenciosos a no ser que uno tenga una vida llena de aventuras, y no es el caso”.

El libro arranca con un texto de febrero de 2011 en el que el escritor se mofa de una guía “ecofeminista” que desde la Junta de Andalucía proponía “potenciar el lenguaje periodístico desde una perspectiva de género medioambiental”. Es fácil imaginar el sofoco del escritor ante la propuesta. Él mismo lo justifica en el arranque de la columna: “Con razón me consideran un pesado, pero siempre aduciré en mi descargo la vieja excusa infantil: ‘Yo no he empezado’. Si la realidad es insistente y pelma, además de con frecuencia imbécil, hay que salirse al paso una y otra vez”.

Una y otra vez, sí, hasta febrero de 2013, fecha en la que Marías dedica la columna dominical que cierra el libro para celebrar sus 10 años y, de paso, cuestionarse la inutilidad del esfuerzo. Lo titula Piel de rinoceronte o desdén y con él ilustra la sensación de esterilidad que le ronda. Para ilustrar esa sensación recrea una chocante anécdota, el reencuentro casual con un ex ministro de Aznar a quien hace años criticó duramente en un viejo artículo y que ahora le saluda, incluso extiende la invitación de “una copita”, como si nada. “Pero qué quieren: si ni siquiera los ‘damnificados’ me tienen en cuenta las ‘damnificaciones’, ¿ustedes creen que vale la pena que siga con estas columna después de diez años? La pregunta es retórica, no hace falta que me contesten”, escribe.

portada-tiempos-ridiculos_grande“Después de 18 años como columnista, primero en EL Semanal y después en EL PAÍS, es inevitable cierto cansancio”, explica sobre una tarea que suele concluir en sábado o domingo, dos semanas antes de su publicación, después de al menos dos versiones, últimas correcciones a mano (“rebajo el tono, quito adjetivos”) y una misma eterna pregunta: “¿Y de qué hablo hoy?”. “Por un lado, opinar demasiado agota. Soy consciente de que me repito y, en general, procuro disculparme con el lector, pero es que la realidad es tan pesada como uno. Y, por otro, uno siempre tiene la sensación de que la utilidad real es poca. No es que pretenda cambiar las cosas pero no deja de sorprenderme el absoluto desprecio de los políticos por la opinión los intelectuales”. Esos oídos sordos de los políticos a la crítica le recuerda una anécdota de su padre, Julián Marías: “En 1978 dedicó un artículo crítico a la Constitución y Adolfo Suárez lo llamó para hablar con él y consultarle. Algo así es hoy totalmente impensable, a los políticos o no les importa o no les interesa lo que nadie escriba sobre ellos”.

Aunque quizá la respuesta está en la página 92 del libro. Ese domingo los lectores se tomaron el café y el zumo con una pregunta: ¿Por qué quieren ser políticos? El autor de Los enamoramientos asegura que no solo procura argumentar sus opiniones “evitando exabruptos”, sino que también tiende de manera innata a ser positivo. “En mi caso, el pesimismo es el territorio de la novela”, dice, “mientras que el optimismo debería ser el de la lectura de periódicos, por eso procuro no amargar el desayuno de los lectores y sí de vez en cuando el de algunas personas concretas. Pero quizá a veces he pecado de dar demasiados ánimos y no acertar con mis predicciones”. En vano o no, Marías sigue, “chinchando lo que pueda, aunque nadie te haga mucho caso”.

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS

El País, 27 de mayo de 2013

LA ZONA FANTASMA. 26 DE MAYO DE 2013. La Marca España y las ratas

A través de Yolanda Cortés, encargada de prensa de la Editorial Alfaguara, me llega una aparente petición (luego se verá que no lo es tanto) cuyo remite tiene el pomposo y ridículo nombre de “Alto Comisionado para la Marca España”. Ya la mera idea de considerar España una “marca” (como también se hace con Cataluña, Andalucía y demás) habla del carácter venal y propagandístico de ese “ente”, auspiciado por el actual Gobierno, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y amparado al parecer por la Corona. A su frente está Carlos Espinosa de los Monteros, que ha sido Presidente, “entre otras compañías”, de Iberia, Mercedes-Benz, Daimler-Chrysler y González-Byass, para que no quepa duda de cuáles son los propósitos (más bien quiméricos, como comentaré el próximo domingo) de dicha Marca.

Este Alto Comisionado ni siquiera sabe cómo tratar a las personas en su petición, relacionada con un inminente acto de presentación de la Marca en el Parlamento Europeo en Bruselas, en el que se mostrará un vídeo al final del cual “habrá una parte dedicada a aquellos ‘rostros que nos representan allá donde vayan”. Así que están contactando “con gente destacada de varios sectores”. “La imagen”, dicen, “se proyectaría junto con el nombre y el oficio durante un breve periodo de unos tres segundos (dependerá de cómo encaje todo)”, para lo que piden la autorización de los elegidos.

Ya es bastante preocupante, e incluso amenazante, descubrir que uno, sin comerlo ni beberlo, y según este Alto, “representa” a algo más que a uno mismo “allá donde vaya”. Es decir, no tiene escapatoria. Si uno es español de nacimiento y pasaporte (cosa accidental en gran medida), y ha hecho alguna cosa “destacada” en su “oficio”, está representando a España le guste o no, tenga la opinión que tenga de este país y de sus Gobiernos, y haya o no intentado, a lo largo de su vida, apartarse y luchar contra lo que se ha considerado más típica o genuinamente español. En mi caso particular, durante al menos treinta y cinco de los cuarenta y dos años que llevo publicando, gran parte de los críticos, colegas, funcionarios literarios y prensa poco menos que me negaron la nacionalidad, pese a haber escrito siempre en español. “Es un inglés que se traduce a sí mismo, y su castellano está lleno de extranjerismos e incorrecciones”, vendría a ser, en resumen, el veredicto que recibí de muchos durante mucho tiempo. Ahora resulta, sin embargo, que “represento” a España –santo cielo– “allá donde vaya”. Da lo mismo si viajo a un país u otro o si me quedo aquí sin moverme: en la frente llevo un cartel que no pone mi nombre –lo único de lo cual respondo y que “represento”, otra aspiración me parecería megalómana–, sino “Marca España”. Lo que me vienen a comunicar es esto: “Usted es español y se lo conoce algo por ahí fuera, así que se jode”.

Pero ya he dicho que la petición no es tal del todo. Me imagino que esa autorización para el uso de la imagen y el nombre se la habrán solicitado a muchísimas personas más famosas y notables que yo, y que lo habrán hecho en parecidos términos: “Este vídeo”, sigue la carta, “va a utilizarse también como vídeo promocional de la Marca España, así que se pretende tenga una gran proyección nacional e internacional. Si estuviera interesado en aparecer le agradecería” la mencionada autorización, “y si quisiera podría enviarnos también alguna imagen o vídeo suyo”. No sé si se dan cuenta, pero de pronto la petición se ha convertido sibilinamente en un favor que el Alto le va a hacer a uno. “Si estuviera interesado en aparecer”, se permiten añadir de repente, como si la iniciativa no partiera de ellos. No “Si tuviera a bien aparecer” ni “Si aceptara …” ni “Si no tuviera inconveniente en …”, nada de eso. Bueno, pase que a mí me tomen por un piernas, probablemente lo sea. Pero supongo que habrán recibido una carta similar celebridades como Nadal, Montserrat Caballé, Savater, Fernando Alonso, Casillas, Penélope Cruz, Adrià, Plácido Domingo, Pérez-Reverte, Almodóvar, los Gasol, Barceló, Amancio Ortega, Banderas, Mendoza, Alejandro Sanz, Ruiz Zafón, Iniesta o Bardem. El Alto debe de creer, por lo visto, que todas estas personalidades enloquecerán (iba a escribir “perderán el culo”, pero es algo grosero) por que su rostro y su nombre aparezcan durante tres segundos –con suerte– en una promoción de la Marca España. Será que andan necesitadas de “proyección nacional e internacional”, y ese vídeo va a proporcionársela.

El domingo que viene contaré cuál fue mi respuesta, y también en qué consiste hoy la Marca España, en mi opinión propia de un piernas. Pero les adelantaré ahora una escena reveladora y reciente, que jamás había contemplado en mi ciudad, ni siquiera en los años cincuenta en que nací. La Marca España, entre otras cosas, son las RATAS que ya he visto varias noches correteando como conejos por entre las mesas de las terrazas de la Plaza Mayor de Madrid, una de las más turísticas y emblemáticas del país (como para sentarse a esas mesas). El Madrid deteriorado de la alcaldesa Botella de Aznar. El Madrid controlado por el PP desde hace más de veinte años. Peligrosas, insalubres, transmisoras de enfermedades, campando a sus anchas en pleno centro de la capital del Reino. Esa es una de las imágenes actuales que debería meter en su vídeo ese Alto Comisionado.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 26 de mayo de 2013

Javier Marías habla de ‘Tiempos ridículos’

EFE TR 2“No acabo de entender que el Gobierno esté tan sordo”

El escritor Javier Marías tiene la sensación de haber hablado en exceso de la crisis y de los políticos en sus artículos de los últimos meses. Pero no le queda otro remedio en un país donde el Gobierno se ha puesto “en contra a todo el mundo” por las medidas y los recortes que aprueba.

“No acabo de entender que el Gobierno actual esté tan sordo, porque tiene enfrentada, no a gente de izquierdas o contraria al Partido Popular, sino a todos; a gente normal y de orden, como los médicos, enfermeros, profesores, rectores, jueces y abogados”, afirma Marías en una entrevista con Efe.

En su casa de Madrid, en cuya entrada se amontonan los libros porque no para de recibir ediciones de sus novelas en el extranjero, el escritor habla de su nueva obra, Tiempos ridículos (Alfaguara), en la que ha reunido los artículos publicados en El País Semanal entre febrero de 2011 y febrero de 2013.

Considerado uno de los mejores novelistas en lengua española de las últimas décadas y con su obra traducida a 43 idiomas, Marías es también un excelente articulista como lo reflejan esos textos que publica desde hace dieciocho años, los diez últimos en la citada revista y los anteriores en El Semanal.

De vez en cuando le entran dudas sobre si seguir o no con esta labor, porque ya se ha pronunciado “sobre todo lo habido y por haber”.

“También, cada vez más, se da uno cuenta de que servimos de poco los que ahora escribimos en prensa. Las cosas han cambiado mucho en los últimos años, y uno tiene la sensación de que no se influye nada en la gente con capacidad de decisión, sobre todo en los políticos”, señala el escritor.

“Yo creo que los políticos se han blindado ante cualquier crítica”. Y, como recuerda Marías en uno de los artículos, no hace tanto que sí se tenía en cuenta la opinión de los intelectuales: a su padre, el filósofo Julián Marías, lo llamó Adolfo Suárez, cuando era presidente del Gobierno, para consultarle sobre el texto de la Constitución.

“Los políticos actuales desprecian a los intelectuales. Y en eso, lamento decirlo, entroncan con el franquismo, que se distinguió siempre por el desprecio y hostilidad hacia la cultura y el mundo intelectual”, asevera el autor de libros esenciales como Corazón tan blanco, Tu rostro mañana o Los enamoramientos, esa última novela que tantas dudas le suscitó y que no deja de darle satisfacciones: se ha traducido ya a más de veinte lenguas.

portada-tiempos-ridiculos_grandeEn la nueva recopilación de sus artículos hay piezas emotivas, entre ellas cuando recuerda la muerte de su tío, el músico Odón Alonso, o la conmovedora carta de un lector, y las hay también divertidas, como cuando recrea su expulsión de una librería de Viena o cuando habla de fútbol -“estoy deseando que se vaya Mourinho”, asegura-.

Pero en Tiempos ridículos predomina el tono sombrío porque reflejan la realidad de un país en el que los políticos “son percibidos como uno de los problemas más graves”, abundan los casos de corrupción y la gente está “desmoralizada por la impunidad que hay para los causantes de la crisis”.

Y un país en el que, tras un año y pico de gobierno del PP, el paro no deja de aumentar y “sigue sin condenarse a nadie por corrupción”.

“Si un Gobierno toma medidas viernes tras viernes, que atentan contra la idea de Estado tal como la hemos aceptado y si aplica una política de ‘sálvese sólo quien pueda, y el que no, que hubiera ganado más dinero antes’, está quebrando el pacto esencial y se deslegitima a sí mismo”, decía Marías en un artículo de julio de 2012.

Y añade ahora en la entrevista: “La democracia no consiste sólo en ser elegido, sino en gobernar día a día democráticamente. Y eso supone tener en cuenta a las minorías, a la oposición, a la sociedad, y no imponer una cosa detrás de otra porque se tiene mayoría absoluta. Eso es despotismo legalizado”.

Es posible que sean necesarios los recortes, comenta, pero “dónde se aplican es una de las cosas que define a un político, y este Gobierno los ha aplicado sobre todo en las cosas que a la población le importan más: la sanidad, la educación, la cultura y la justicia. No recortan en sueldos de políticos ni en celebraciones innecesarias”.

Entre esos gastos innecesarios, opina el escritor, quizás estén los de la “Marca España”. A Marías le pidieron permiso para utilizar su imagen en un vídeo promocional de nuestro país, que se presentará en Bruselas el 4 de junio, y ha dicho que no.

“¿Qué hace mi imagen en un vídeo propulsado por este Gobierno que ha tenido un presupuesto de cero euros para las bibliotecas públicas y que ha subido del 8 al 21% el IVA del cine y de los teatros? Todo esto es pura contradicción”, indica.

En el artículo que sirve para titular el libro, Tiempos ridículos, Marías considera “desproporcionadas” las críticas que suscitó el viaje del Rey a Botsuana para cazar elefantes, y que llevó a algunos dirigentes políticos, tertulianos y analistas a cuestionar la validez de la monarquía.

El escritor no es monárquico, pero no le gustaría que “el Jefe del Estado fueran Aznar, Aguirre, Bono o Zapatero”.

“Nos ha ido bien con esta monarquía. En toda la historia de España no hemos tenido jamás un período tan largo de democracia o de algo que se le parezca. Es preferible que haya una institución que no gobierna en ningún caso (‘El rey reina pero no gobierna’, recuerda), que no políticos”, añade.

Ante la situación que se vive en España, no descarta “en absoluto” que pueda haber un estallido social, aunque él intenta “ser optimista” y espera que “la gente no se ponga a hacer el cafre. No serviría de mucho y sería aún más desastroso y más grave”.

“Pero da la impresión de que los responsables políticos no atienden a nada, tiran de la cuerda, y la cuerda se puede romper por el lugar más impensado”, advierte.

ANA MENDOZA

EFE, 23 de mayo de 2013

Nuevo libro de Javier Marías. ‘Tiempos ridículos’

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TIEMPOS RIDÍCULOS
JAVIER MARÍAS
Alfaguara, mayo de 2013

Índice y Nota del editor

Con las noventa y seis columnas de este volumen, aparecidas en El País Semanal entre febrero de 2011 y febrero de 2013, Javier Marías cumple diez años de colaboración dominical en este medio.

Durante este tiempo se ha convertido en alguien fundamental para infinidad de lectores, que aguardan con impaciencia su dosis semanal de valentía, originalidad, argumentaciones sólidas, sentido del humor y excelente prosa. El periodo aquí cubierto es el de la actual crisis económica y política, por lo que su tono es quizá más amargo que en otras ocasiones.

Pero en sus artículos también hay lo que el autor llama «treguas», de modo que el lector encontrará piezas emotivas o divertidas y siempre agudas: sobre la muerte de su tío, el músico Odón Alonso, o el caso Strauss-Kahn, o la nueva Ortografía de la RAE, sobre cómo Mourinho lo ha llevado a ser menos madridista que nunca, o los premios literarios, o sus peripecias en una adusta librería de Viena, o los héroes de los tebeos de su infancia, o la conmovedora carta de un lector…

‘Tu rostro mañana’ y ‘Los enamoramientos’ entre las mejores novelas del siglo XXI

La fiesta del chivo, novela del siglo

La encuesta que ABC ha realizado entre escritores, editores, agentes y personalidades de la cultura ha elegido La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, como la novela española del siglo XXI. La incuestionable calidad de su autor, premio Nobel de Literatura, ha decidido a un mayor número de votantes a inclinarse por este libro, que se publicaba justamente en el cambio de milenio, en el año 2000.

En el prólogo de la Feria del Libro de Madrid, ABC quiere así aportar una instantánea de la creación español actual. Después de varios años hablando en torno a la crisis, pensamos que también es bueno tener una visión retrospectiva de lo que los últimos trece años han dado de sí para nuestra literatura.

De este modo, la encuesta ha servido también para definir cuáles son las tendencias principales de nuestra literatura en los últimos trece años. Destaca enormemente, en un verdadero tú a tú con el ganador, la obra de Rafael Chirbes, que desde la óptica realista ha sabido retratar la profunda crisis (económica, moral, casi total) de la sociedad española de manera dolorosa y fidedigna.

Otros autores que han destacado en esta consulta son grandes valores, realmente sólidos, de la literatura española actual, como Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Enrique Vila-Matas, Javier Cercas, Juan Marsé, Ignacio Martínez de Pisón, Fernando Aramburu, Mauricio Wiesental, Andrés Trapiello, Álvaro Pombo, Agustín Fernández Mallo…

Un caso aparte merecen algunos autores hoy superventas como Albert Sánchez Piñol, cuya literatura nació con el siglo y recibe algunos y relevantes votos. Destaca, en todo caso, también la aparición de la nueva literatura de grandes ventas, con Carlos Ruiz Zafón a la cabeza, como precursor, seguido de María Dueñas, Matilde Asensi o Juan Gómez Jurado. En todo caso, la complejidad de lecturas posibles es enjundiosa y permite plantear antes de la cita anual del Parque del Retiro una mirada a algunos de los más interesantes libros que se han editado en los últimos años.

Pero en todo caso, la encuesta refleja mucho más, ya que da pistas sobre la riqueza de estilos y tendencias que los lectores tienen ante sí. En próximos días trataremos de seguir esas pistas.

Libro de portada

Se da la circunstancia de que el libro ganador, La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa, ha sido una de las pocas novelas que ganó el tema principal de la portada de un diario nacional. En efecto, ABC le dedicó aquel 2 de marzo de 2000 el espacio prominente, junto a la entrevista con el escritor, en la que reflexionaba sobre la importante relación entre la literatura y la conciencia y el aprendizaje de la libertad, que su misma obra representa. Comprometido con la vida pública tanto como con la literatura, es en la libertad y su defensa donde nuestro Nobel ha puesto desde siempre toda la carne en el asador.

Las 10 mejores novelas

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Crematorio, de Rafael Chirbes

TRM AlfaguaraTu rostro mañana, de Javier Marías

Su ciclo narrativo más ambicioso está compuesto por Fiebre y lanza (2002), Baile y sueño (2004) y Veneno y sombra y adiós (2007). Una obra total que enfrenta a su autor con temas fundamentales como la mentira, la violencia, el miedo o las metamorfosis que pueden sufrir los seres que amamos. Si un escritor es su estilo, en Tu rostro mañana está el mejor Javier Marías. «Aspiro a lograr lo imposible», declaró el creador al concluir el último tomo. Lo cierto es que lo logró con creces.

Soldados de Salamina, de Javier Cercas

La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

EnamLos enamoramientos, de Javier Marías

¿Qué se esconde tras la muerte de un empresario a manos de un aparcacoches? ¿Es un crimen casual o planeado? Marías explora todos los ángulos de este prisma en forma de novela.

La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas

Rabos de lagartija, de Juan Marsé

10º El día de mañana, de Ignacio Martínez de Pisón

Abc, 19 de mayo de 2013

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Los autores más votados

1º Mario Vargas Llosa

2º Rafael Chirbes

3º Javier Marías

La ambición de Tu rostro mañana ha logrado 6 de los 9 votos totales, seguida de Los enamoramientos, que se ha llevado 3 sufragios.

Toda la información

LA ZONA FANTASMA. 19 de mayo de 2013. La actual dificultad de morder

Hace dos meses largos publiqué aquí una columna –“En los años de la distracción”– en que me hacía eco de unas declaraciones de Muñoz Molina sobre “la pérdida del espíritu crítico” de sus “colegas” y en las que afirmaba que “el único intelectual comprometido que había en 2007 en España era El Roto”. Sin restarle mérito a este viñetista, le oponía una serie de nombres, ciñéndome a los que escriben en este diario (en cuya hemeroteca se había zambullido Muñoz Molina). Ahora Ignacio Echevarría, que fue notable crítico literario en El País y por cuya exclusión de éste protestamos pública y privadamente en su día numerosos escritores, sale al paso de aquella columna mía –“Críticos y ‘comprometidos”, en El Cultural de El Mundo–. Y entre otras cosas escribe: “Produce incomodidad, … en la lista de Marías, ver amontonados según qué nombres. Es preocupante que no advierta las diferencias sustanciales” entre ellos, ni “el valor y el peso que les confieren sus respectivas actitudes personales, públicas, políticas”. Y concluye: “Pese a las comillas que emplea, si Marías piensa que a todos esos nombres les cabe el calificativo de ‘comprometidos’, … no hay más que hablar. Pero sí, sí hay”.

Pues hablemos algo más. Ladinamente, Echevarría omite lo que yo añadí justo después de mi enumeración, a saber: “Nos pueden gustar más o menos sus respectivos estilos, sus ideas, su forma de argumentar. A algunos los podemos encontrar detestables, demagógicos y a menudo errados, pero lo que no cabe decir es que no hayan estado ‘comprometidos”. (Las comillas para este último término venían por ser el de Muñoz Molina, no por otro motivo.) En modo alguno, así pues, “amontonaba” yo ni dejaba de “advertir diferencias” entre los autores citados. Parece como si para Echevarría el dudoso vocablo “comprometido” quedara reservado, cuando se habla de escritores y periodistas, a los que apoyan sólo ciertas posturas. Como si hubiera quedado secuestrado por la izquierda, por simplificar y para entendernos. Para mí, sin embargo, D’Annunzio, Marinetti y Malaparte estuvieron muy comprometidos en política, con el fascismo italiano; como Ruano, Sánchez Mazas, Foxá o el primer Ridruejo con el franquismo, además de otros muchos. Hoy, entre los nombres que mencioné, mi desacuerdo con Vargas Llosa es absoluto cuando dedica loas a seres tan dañinos y despreciativos como Thatcher o su pajecillo Esperanza Aguirre, pero no puedo decir que no esté “comprometido”: contra todas las dictaduras y a favor del liberalismo a ultranza. En Savater, por poner otro ejemplo, eché de menos una actitud más crítica hacia los Gobiernos de Aznar, pero en su denuncia de ETA y de los nacionalismos se ha comprometido hasta jugarse la vida. Nadie puede estar en todos los frentes, cada uno se centra en el que le parece más grave y peligroso. Que yo encuentre demagógico y permanentemente errado a Jiménez Losantos (por recurrir a alguien que escribe en el mismo medio que Echevarría) no me impide reconocer que está comprometido. Comprometidísimo, con sus ídolos políticos y con sus odios.

Pero en la pieza de Echevarría había una inferencia aún más ladina: si tantas denuncias de intelectuales ha habido, “por qué no han surtido ningún efecto”, se preguntaba. ¿No será que, “lejos de intimidar a los responsables de tanto desaguisado, terminaron por inmunizarlos” con “artículos retóricos, gesticulantes, … sin verdadera mordiente crítica e impugnadora?” [sic] Puede ser, no digo que no. Pero a un crítico perspicaz como fue Echevarría no puede escapársele que hoy en día nada “muerde” a los políticos, aún menos a los financieros. Hace ya mucho que los “responsables de los desaguisados” aprendieron la lección: no hay que preocuparse de lo que diga nadie, así tenga prestigio o “mordiente”, porque nada dura y todo se olvida en seguida. Si los políticos actuales han desactivado a los sindicatos y al Parlamento; si las protestas y manifestaciones les traen sin cuidado, y las huelgas; si pasan por alto a la sociedad civil, invadida, reducida a la mínima expresión, convertida en meros pagadores de impuestos; si han minado la independencia de la justicia, ¿cómo van a sentirse “intimidados” por las opiniones de los escritores? No está bien hacerse el cándido. Sí, en la época de la hoy denostada Transición había ministros, y hasta Presidentes de Gobierno, que mandaban a buscar el periódico del día siguiente a los quioscos de madrugada preocupados por el veredicto de un editorial o de un intelectual influyente. ¿Es eso imaginable ahora? Seguro que Echevarría no es tan ingenuo como se fingía en su artículo. Muchas veces he reconocido que los que escribimos en prensa –y hacemos lo que podemos– sabemos de cuán poco servimos ahora. Damos algo de consuelo a los lectores que nos aprecian, tal vez los ayudamos a veces a ver un asunto desde una perspectiva distinta, eso es todo. “Tanta ineficiencia” no nos es enteramente achacable, aunque al crítico le convenga echarnos la culpa. Él no ignora que los políticos, como ante tantas otras cosas, se han tapado los oídos, se han blindado. El problema es que en su soberbia, y en el extraño poder que democráticamente se les ha entregado para que lo ejerzan con autoritarismo e impunidad, ya no se inmutan por ningún griterío ni aceptan ningún consejo de nadie.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 19 de mayo de 2013

LA ZONA FANTASMA. 12 de mayo de 2013. ¿Y ahora para quién espían?

Dije hace una semana que no hay nada como el aluvión de tropelías e infamias para que muchas pasen inadvertidas, y que esa es la técnica que está empleando el Gobierno de Rajoy. Supongo que son tantos sus asalariados dedicados a ejecutar órdenes inicuas que ni siquiera la prensa crítica –cada vez más escasa– da abasto para señalarlas, denunciarlas o combatirlas. Y así, en medio del desbarajuste, y ante la alarma que provocan las medidas económicas que llevan a la gente a la pobreza y permiten que se la saquee, hay un buen puñado de infamias de las que la mayoría ni se entera, aunque aparezcan en el periódico (en TVE ya no aparece nada que deje en mal lugar a este Gobierno, la censura ha regresado).

TRM AlfaguaraEn mi larga novela Tu rostro mañana incluí, en boca de un personaje, la joven Pérez Nuix, una situación que se correspondía con la realidad, que era cierta. Esa joven le explicaba al narrador, Jacobo Deza, que entre la caída del Muro de Berlín (1989) y los atentados de las Torres Gemelas (2001), los servicios secretos británicos, el MI5 (para el interior) y el MI6 (para el exterior), se habían encontrado más ociosos y desocupados que de costumbre. De tal modo que decidieron ofrecer sus agentes a empresas y compañías privadas del país, entre ellas, según contó The Independent en su día, British Telecom, Allied Domecq y Cadbury Schweppes. La coartada para tan alucinante resolución era que se servía tanto a la patria protegiendo y favoreciendo a las grandes corporaciones nacionales (espiando para ellas) como velando por la seguridad de los ciudadanos y resguardándolos de ataques terroristas o bélicos. El entonces Director General del MI5, Sir Stephen Lander, se apresuró a negar tajantemente la noticia (“Eso sería ilegal”, dijo), lo cual, como suele ocurrir con las declaraciones de los políticos, no hizo sino confirmarla. Empresarios y financieros invitados por él al seminario en que había hecho su insólito ofrecimiento reconocieron bajo anonimato que Lander, en efecto, les había prometido beneficiarlos en sus negocios con información privilegiada sobre compañías e individuos, “si ellos se lo pedían”. Se trataba, en definitiva, de comercializar los servicios de los espías británicos y conseguir lucrativos contratos que equivalían a privatizar parcialmente la agencia. Los agentes ya no trabajaban exclusivamente para el Estado, o para la Corona, sino que tenían repartidas sus fidelidades. Había llegado el momento en el que sería difícil saber al servicio de quién estaban.

Como no hay cosa peligrosa y mala que el Gobierno del PP no imite, sobre todo si proviene de la Inglaterra de Thatcher que nunca se ha ido, el pasado 16 de abril se publicó la noticia, a la que casi nadie ha hecho caso, de que nuestros espías, los del Centro Nacional de Inteligencia o CNI, podrán estar en nómina de empresas no sólo españolas, sino también extranjeras (!). Aquí se prescinde hasta de la coartada del patriotismo. Según el nuevo Estatuto del Personal del CNI, habrá agentes en activo que, “por necesidades del Centro”, y previa autorización de su director, mantendrán relaciones “retribuidas o no” con “organismos, entidades o empresas del sector público o privado, nacionales o extranjeros”. Así, podrán estar en la nómina de éstos, mientras que el CNI les complementará el sueldo, garantizándoles que no pierden dinero, y pagará sus cotizaciones sociales. A eso hay que añadir que el código disciplinario de nuestra agencia de espionaje castiga la pertenencia de sus miembros a partidos o a sindicatos, pero ya no les prohíbe, desde ahora, formar parte de asociaciones “que impongan un sometimiento disciplinario o cualquier imperativo de conducta que interfiera en su deber de disciplina y reserva”. De modo que “en teoría”, concluía la información de Miguel González, “se podrá ser espía y a la vez pertenecer a una secta. O al Opus Dei”.

El resultado patente de estas modificaciones demenciales es que ya no sabremos nunca para quién trabajan nuestros espías, y no podremos confiar en ellos ni prestarles la menor colaboración, llegado el caso. Siempre se daba por descontado que los Cuerpos de Seguridad y las Fuerzas Armadas estaban exclusivamente al servicio del país, del Estado, bajo cualquier Gobierno. Esta privatización parcial o comercialización indisimulada nos deja a ciegas, en cambio, y llenos de sospecha y recelo. ¿Cómo sabré yo a quién obedece y beneficia y para quién actúa de veras un espía al que el CNI paga sus cotizaciones sociales pero que tal vez –y es secreto– está en nómina de una empresa pública rusa, saudí, china o venezolana? ¿O de una multinacional, por ejemplo la tristemente famosa Halliburton que tanto ganó con la Guerra de Irak y en la que tanta mano tenía el ex-Vicepresidente Cheney, que desató esa guerra? ¿O indirectamente de un Gobierno extranjero, mediante tapadera? ¿O de una secta, en efecto? ¿O incluso de un grupo mafioso, o de los narcos internacionales? A partir de ahora todo es posible. Lo cual significa que el CNI se convierte en un ente aún más oscuro, y que ningún español sensato y honrado puede fiarse de él ni prestarse a ayudarlo. ¿Se imaginan lo que sería tener dudas sobre a quiénes sirven nuestros soldados o policías? Pues eso es lo que ya tenemos, con nuestros servicios secretos. Se lo debemos al actual Gobierno, que parece andar siempre en busca de desmanes, para cometerlos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 12 de mayo de 2013

Fallecimiento de Roger Dobson, ‘Duke of Bridaespuela’ de Redonda

Roger DR.I.P. – Roger Dobson, author and bookman

I am sorry to report the very sad news that Roger Alan Dobson, author, journalist and bookman of Oxford, died last month. He was the co-editor, with me, of several booklets about Arthur Machen, of Aklo, the journal of the fantastic, and The Lost Club Journal (devoted to neglected writers). He also wrote radio plays, including a successful BBC Radio 4 production about the Kingdom of Redonda, the Caribbean literary realm associated with M.P. Shiel and John Gawsworth, which fascinated him: in recognition of his work here, Spanish novelist Javier Marias ennobled him in his Redondan court as the Duke of Bridaespuela .

Roger was proud of his Manchester upbringing, and wrote a study of Ann Lee, the Manchester Messiah, about a local prophetess. He was a regular contributor to the Antiquarian Book Monthly Review (ABMR) on recondite literary subjects, including one article which made out the case that Sherlock Holmes must have gone to a Manchester college. This exhibited the sense of mischief Roger often brought to bookish matters: he was also implicated, with his friend the bookseller Rupert Cooke, in the letters and writings of the hoax poet (who showed signs of coming alive), C.W. Blubberhouse. He also contributed lively and learned material to Colin Langeveld’s Doppelganger Broadsheet, sometimes as the querulous ‘Professor Herbert Trufflehunter’.

I came to know Roger in the early Nineteen Eighties when I was told he was an enthusiast of Arthur Machen, whose work I discovered at the age of seventeen. This proved to be a considerable under-statement. Roger knew more about Machen than anyone else I ever met, and between us we started a modest campaign to revive interest in him, which was at a low ebb in the early Eighties. We met or corresponded with many who had known Machen, including his son Hilary and daughter Janet, and close friends such as Colin Summerford and Oliver Stonor: in time, we found others who were intent on celebrating him, leading to the Machen societies, journals and other publications since. Roger wrote the Machen entry in the Dictionary of National Biography, after rightly arguing for his inclusion: edited John Gawsworth’s biography of Machen [The Life of Arthur Machen]; and contributed regularly to Faunus, the journal of the Friends of Arthur Machen, with illuminating essays on Machen mysteries.

But Machen was far from Roger’s only literary interest: he was immensely well-read, and talked charmingly and with infectious enthusiasm about many other, especially semi-forgotten, figures. For some years he and I would meet in Oxford, where Roger had a bedsit at 50, St John Street, a former home of Tolkien, and have long talks about books and authors who ought to be revived. Roger’s special passion after Machen was George Gissing, whom I then did not quite get (I suppose because he was insufficiently ‘like’ Machen): but he insisted on the wonder of The Private Papers of Henry Ryecroft, and I have recently come to see why: how I wish I could tell him.

Roger had been a journalist in Manchester and Bristol, and still occasionally did freelance work, but (like Machen) he came to dislike this, and preferred to write on literary themes. However, he never lost the journalistic knack of knocking on doors to elicit information, when he wanted to pursue a writer’s homes and haunts, which included Machen’s house in the Chilterns (then owned, to Roger’s delight, by a gentleman with the Welsh kingly name of Cadwallader); and the grave of the alchemist Thomas Vaughan in an obscure Oxford village (“the graveyard plan is on the back of a cornflakes packet”, the sexton told us).

Roger was a very private man: though I was among his closest friends in those Machenstruck days, I never learnt very much about him, except his bookish enthusiasms. He was devoted to literature and, as with Machen and Gissing, it seldom rewarded him materially: but it gave him rarer things; the joys of scholarship, shared discoveries, and the stubborn integrity of a proud spirit.

Wormwoodiana, May 10, 2013

‘Cuando Rajoy habla, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico’

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Javier Marías (Madrid, 1951) ha practicado durante cuatro décadas todas las variantes de la literatura, hasta convertirse en uno de los autores más considerados a escala global. También es ahora mismo el columnista que mejor sintoniza con la indignación asociada a la crisis. Celebra la traducción de una de sus novelas al estonio y la obtención del legendario premio Formentor.

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿El premio Formentor huele a Nobel?”
–No necesariamente, y en mi caso tenga por seguro que el Nobel no tiene el menor fundamento, ni pienso en él. El Formentor lo recibo con muchísimo gusto.

–¿Escribe para competir?
–Ni siquiera conmigo mismo. El “siempre más difícil o mejor” me parece circense. Tengo suficiente incertidumbre con cada página, porque siempre pienso que “esto es una tontería, esto nunca va a interesar a nadie, esto está fatal”.

–”Sofisticación y accesibilidad”, dice de usted The New Yorker, que no suele equivocarse.
–En inglés, sophistication es un “falso amigo”. No tiene traducción literal y es más bien “perfeccionismo”. En cuanto a la “accesibilidad”, es probable que sea así, porque es inexplicable que con una literatura no facilona haya conseguido tantos lectores.

–¿Piensa en ellos cuando escribe?
–Pienso en publicar, en abstracto.

–La primera inquietud al concederle el Formentor era si iba usted a aceptarlo.
–Es una inquietud un poco gratuita, porque he aceptado muchos premios. Rechacé el Nacional de Narrativa porque los Estados no tienen que destinar el erario público a premiar a artistas o escritores. Al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer nuestro trabajo.

–Borges y Beckett le han precedido en el Formentor.
–Quizás me quedo con Borges, al que conocí y que era amigo de mi padre. Espero que no me pase como a él, por otra parte infinitamente superior a lo que yo haga nunca. Cuando empezó, fue considerado un escritor inglés y hoy es el autor argentino por antonomasia. Después de haberme llamado “angloaburrido” y de acusarme de que mis novelas parecen traducidas del inglés, espero no convertirme en el escritor español contemporáneo más representativo.

–¿Cómo ha conseguido ser el columnista que mejor conecta con el castigado ciudadano actual?
–Ojalá fuera así, pero tengo la sensación de que los artículos sirven de poco. Aunque ya es mucho que bastantes lectores me digan que les sirven de consuelo, son inútiles a efectos prácticos.

–Frente a la memoria histórica, usted ha reivindicado el derecho al olvido histórico.
–Como dije en un artículo, no tengo las cosas claras sobre esta cuestión. Es importante que se sepa qué ocurrió pero, sin ciertas dosis de olvido, la vida es una tortura infinita. Dicho sea con todo el respeto a quienes desean recuperar sus huesos.

–¿Tiene opinión sobre todo?
–En absoluto, hay cosas de las que no sé nada y me admiran las personas que se convierten en expertos improvisados en cuanto pasa algo, Al día siguiente de Fukushima, todo el mundo opina sobre reactores nucleares.

–¿Le irrita más Mourinho o Rajoy?
–Rajoy, porque Mourinho me irrita muchísimo y deseaba que se fuera, pero afecta a una parcela reducida de mi vida y no preocupa a los no madridistas. El Gobierno perjudica a todos.

–Rajoy ha dado valor político al tópico literario de la incomunicación.
–Tengo la duda de si en el fondo no hace bien. Cada vez que habla o comunica, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico, porque dice una cosa y la contraria. Quizás su silencio no es opción sino necesidad.

–Le solivianta el PP, pero sin llegar al escrache.
–No me gusta esa palabra, prefiero hablar de execraciones a domicilio y, con independencia de los merecimientos que han hecho sus destinatarios para ser vituperados, tiene algo de vil, de muchos contra uno. Además, se vuelve contra cualquiera. Por ejemplo, contra quienes votan a favor del matrimonio homosexual.

–Usted puede permitirse cinco DVDs, pero sólo compra dos porque otras personas están en crisis.
–Me noté de pronto con este pudor, y era desastroso. Si unos no compran nada porque no tienen, otros porque están ahorrando, y quienes nos lo podemos permitir tampoco lo hacemos por evitar la mala conciencia, ¿quién va a consumir? Para suprimir esa tentación, me fuerzo a hacer compras no enteramente necesarias.

–Le leo preocupado por sus ahorros.
–Cualquier persona ha de estarlo, después de la posible exportación del modelo de Chipre. Se temía a los comunistas porque nos lo iban a quitar todo, y ahora resulta que nos lo hace el capitalismo salvaje.

–Creo que no le he llamado Julián ninguna vez.
–No me ha llamado nada, una manera prudente para que no se le escape. Me llevaba bien con mi padre, y no me molesta cuando alguien comete el lapsus de llamarme “Julián”. No he leído todos sus libros. Uno de los mejores para mí es Cervantes, clave española pero, cuando habla de Problemas del cristianismo, no lo leo.

MATÍAS VALLÉS

Diario de Mallorca, 11 de mayo de 2013

Nuevo libro de Reino de Redonda. ‘De vuelta del mar’, de Robert Louis Stevenson

DVDM

DE VUELTA DEL MAR

ANTOLOGÍA POÉTICA

ROBERT LOUIS STEVENSON

Prólogo de Luis Antonio de Villena

Selección y nueva traducción de Javier Marías

Reino de Redonda, mayo de 2013

Distribuye ÍTACA

Este vigésimo quinto volumen del Reino de Redonda está dedicado a Alexis Grohmann, “Stevenson” de este Reino languideciente y antorcha del lugar natal del autor, Edimburgo, “aquella notable ciudad de los muertos”.

EL EDITOR

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Stevenson, también poeta (Prólogo)
por Luis Antonio de Villena

Nota sobre el texto
por Javier Marías

DE VUELTA DEL MAR

I. Monte bajo (del libro Underwoods, 1887)
II. Nuevos poemas (del libro New Poems, 1918)
III. Canciones de viaje (del libro Songs of Travel, 1895)

APÉNDICES

Appendix I/Apéndice I: M P Shiel’s and John Gawsworth’s Redonda/La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth (updated/puesta al día 2013)

Appendix II/ Apéndice II: Jon Wynne-Tyson’s Redonda/La Redonda de Jon Wynne-Tyson (updated/puesta al día 2013)

Appendix III/Apéndice III: Javier Marías’s Redonda/ La Redonda de Xavier Marías (updated/puesta al día 2013)

DVDM PL Libro

“Creo sinceramente que lo escogido en este libro es lo mejor de la producción poética de Robert Louis Stevenson. Pero eso el lector podrá juzgarlo por sí mismo.”

JAVIER MARÍAS

“Uno es feliz leyendo a Stevenson pese a la siempre presente -y bien administrada- melancolía. En tales momentos piensa en la verdeante tumba del monte de Vaca: ‘De vuelta del mar está el marinero,/ de vuelta del monte está el cazado’. Y respira…”

LUIS ANTONIO DE VILLENA

LA ZONA FANTASMA. 5 de mayo de 2013. Potter nos convierte en Pottersville

Las acciones y medidas del actual Gobierno del PP resultan ya tan caricaturescas que a veces me pregunto si sus integrantes no se pasan la vida viendo ¡Qué bello es vivir! y otras cintas de Frank Capra. No para emular a sus protagonistas, a “los buenos”, a James Stewart o a Gary Cooper, sino a los mayores malvados de aquellas historias bienintencionadas y hoy algo ingenuas, pero todavía enormemente eficaces y conmovedoras. La película que he mencionado es sin duda la que más se recuerda, no en balde las televisiones la siguen programando todas las Navidades. Cada vez que la pillo en alguna cadena, aunque esté ya empezada, me atrapa y no puedo apartar los ojos de la pantalla. Aunque me la sepa de memoria y conozca su desenlace, deseo volver a ver cómo acontece, asistir a ello. Hace muchos años le dediqué un artículo y hablé de la profundidad que encerraba, con aquella famosa figuración de lo que habría sido de Bedford Falls, la pequeña ciudad de James Stewart, si él no hubiera nacido, como desea en un momento de desesperación, a punto de suicidarse. Su archienemigo, el que lo ha llevado a una situación de quiebra con amenaza de cárcel, es el millonario Henry Potter, interpretado por Lionel Barrymore, un hombre viejo y codicioso, amargado y sin escrúpulos, atado a una silla de ruedas. Pendiente sólo de la especulación y los beneficios, insensible a las calamidades y penurias de la gente, a la que está dispuesto a aplastar y a dejar sin hogar si es conveniente.

its_a_wonderful_life_lionel_barrymorePues bien, son tantos los desmanes del Gobierno de Rajoy (qué inocente fui al pensar que la crisis le impediría ocuparse de nada más) que se hace muy difícil seguirles la pista y recordarlos todos. No hay nada como el aluvión, como cometer muchas tropelías, para que algunas pasen inadvertidas y ni siquiera se proteste por ellas. El modelo es el de Henry Potter, ya digo que resulta todo caricaturesco. Lo que les pase a las personas les importa un bledo, a estos gobernantes. Sostienen que quienes tienen problemas se los han buscado, por perezosos o torpes o tontos. ¿Que son desahuciados y se quedan sin casa? Que no se hubieran comprometido con una hipoteca (después de que los bancos alentaran a todo el mundo a pedirlas). ¿Que pierden el empleo y carecen de ingresos? Por algo será, no han sabido conservarlo. ¿Que ven recortadas la sanidad y la educación públicas, la cultura, la investigación y la ciencia? Bueno, las tres últimas son superfluas, y en cuanto a las dos primeras, que se las paguen de su bolsillo (como si no lo hubieran hecho ya con sus impuestos para hospitales y escuelas, que ahora son privatizados). ¿Que a muchos ancianos poco letrados se los ha engañado con las preferentes? Que no se hubieran dejado camelar por sus sucursales bancarias, en las que tenían confianza plena, y se hubieran leído mejor la letra pequeña. ¿Que hay que pagar dos o tres veces los medicamentos? Que rompan la hucha de sus ahorrillos o prescindan de tanta pastilla. ¿Que la reforma laboral del Gobierno abarata y facilita el despido y, como era de prever, los propicia en masa y no contribuye a que nadie sea contratado? Da lo mismo, de lo que se trata es de contentar a los grandes empresarios y no a los despreciables empleados sin inventiva. ¿Que las personas “dependientes” se van a quedar sin ayuda y abandonadas a su suerte? Que no hubieran vivido tanto o no hubieran nacido con malformaciones ni sufrido accidentes laborales, allá se las compongan. ¿Que a los ciudadanos les costará más dinero ir a los registradores de la propiedad (un colectivo escaso y ya acaudalado) en vez de al Registro Civil para trámites fundamentales? Que se aguanten, hay que beneficiar al gremio de Rajoy, el cual quizá vuelva a ejercer como registrador de la propiedad algún día. ¿Que el paisaje y las costas están destruidos, y la burbuja inmobiliaria creada por Aznar es la causante principal de nuestros males? Pues nos quedamos cortos, así que vamos a permitir más destrozo y que en algunas playas sean sólo veinte metros –en vez de los cien anteriores– los que queden a salvo de edificaciones infernales. En cuanto a las condenadas a demolición, les vamos a conceder una prórroga de setenta y cinco años (!), que sigan en pie los mayores horrores urbanísticos ilegales, que habían invadido el espacio público. ¿Que los españoles no se conforman con los fallos que consideran injustos? Subamos las tasas judiciales, para que sólo los ricos puedan presentar recursos. ¿Que se está metiendo mano a todo el mundo excepto a la Iglesia? Por favor, ésta merece trato de privilegio; como está perseguida y acosada, que continúe exenta de pagar el IBI.

En ¡Qué bello es vivir!, Bedford Falls habría pasado a llamarse Pottersville de no haber nacido James Stewart. Sería una ciudad de usura y juego (como la Eurovegas de Adelson, supongo), de personas desdichadas e insolidarias, sin ninguna protección y en manos del millonario; en la que abundarían los indigentes, los borrachos, los matones y los especu­ladores. En la que por supuesto todo sería privado, o más bien un monopolio, y los individuos tan sólo números, sin apenas derechos y con infinitas obligaciones y deudas. Este Gobierno, no cabe duda, tiene esa Pottersville como modelo, a todos sus ministros les veo cara de Barrymore. Lo que uno no entiende es que los mismos espectadores que en la ficción lo verían claro e irían con James Stewart como un solo hombre, en la realidad voten por el despiadado villano Henry Potter, y lo mantengan dando órdenes y dictando leyes.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal. 5 de mayo de 2013

Von Rezzori oye la risa de Nabokov

UFEL PORTADAUn forastero en Lolitalandia rescata un viaje literario en pos del autor de Lolita

Ahora que se cumplen 15 años de la muerte de Gregor von Rezzori (1914-1998) y aún resuena el reciente rescate de Un forastero en Lolitalandia (Reino de Redonda), la obra del autor de Flores en la nieve y Memorias de un antisemita parece disfrutar de un rejuvenecido interés (subrayado por la recuperación en un ómnibus de sus clásicos en Anagrama y la publicación de Edipo en Stalingrado, en Sexto Piso). El último artefacto de Von Rezzori en aterrizar en las librerías es en realidad un reportaje escrito para la revista Esquire en 1987: o sea, en el décimo aniversario de la muerte de Nabokov. Lo escribió después de repetir, con una exactitud de carácter más bien mental que estrictamente geográfico, el viaje del pedófilo Humbert Humbert con su desdichada hijastra a lo largo de 21.000 kilómetros de autopistas perdidas, moteles pasablemente fantasmales y coitos malditos, pero evocados con la máxima nostalgia y enternecimiento desde la celda de la cárcel, situada en las páginas de Lolita, claro está.

El reportaje y la meditación de Rezzori sobre Lolita, sobre Nabokov  y sobre Estados Unidos es una pieza de excelente prosa y además desborda de sentido: sentido de la observación, sentido de la devoción, y sentido, también, del valor propio de quien, reconociéndose explícitamente, en un curioso ejercicio de sinceridad o de modestia orgullosa, inferior como artista. “No soy tan engreído como para no ver nuestras considerables diferencias, tanto de género como en la calidad”. No por ello arroja la pluma —como el malogrado músico de Bernhard después de escuchar al apabullante Glenn Gould cierra el piano y se echa la soga al cuello—, sino que se empeña en decir lo suyo y en apuntar algún aspecto en el que, en su opinión, puede sostenerle la mirada al maestro y afrontar su “risita sardónica”, esa risita de superioridad que siempre que piensa en él le parece oír.

Hablamos de dos viejos caballeros y distinguidos literatos, exiliados de mundos que dejaron de existir a principios del siglo pasado y que se empeñaban en reconstruir en sus novelas: la Rusia presoviética y el imperio austrohúngaro (la sola palabra “austrohúngaro” ya la colaban como un chiste privado Marsé y García Hortelano en los guiones de sus películas en los años sesenta). Dos maestros del idioma, arrojados por la historia a vivir años de peregrinaje, ambos expatriados “de buena familia”, ambos en posesión de un arte narrativo incomparable, aunque de acceso disuasorio para el lector perezoso en obras maestras como Ada o el ardor y Un armiño en Chernopol; arte elaborado, detallista, cargado de trampantojos y caracterizado por un fraseo marcadamente sensual y melodioso.

Completa el volumen un texto del editor Javier Marías y el prólogo de Zadie Smith, competente novelista británica que ahora está de moda, no puedes mirar a ninguna parte sin decirte, “anda, si aquí está Zadie otra vez”. Zadie Smith no es mala compañía, desde luego. Gracias a ella nos enteramos por ejemplo de que ningún escritor del mundo tiene —tenía— una biblioteca nabokoviana tan extensa como la de Rezzori, “aunque estos dos escritores son perfectamente opuestos en carácter y en forma”. Su ensayo elogia a Rezzori señalando cuáles, en las páginas de Lolitalandia, son mejores y más representativas de su estilo, sus preocupaciones y su sensibilidad, y además tiene la honestidad intelectual de apuntar dónde, a su entender, flaquea (dejándose a veces llevar por el entusiasmo hasta el estereotipo), y dónde se equivoca Nabokov (en su negación de la realidad). “Es exactamente en la generosidad de Rezzori”, dice, “en su entusiasmo no académico, en su completo rechazo de la pose nabokoviana del experto y, lo más significativo, al admitir que la posibilidad de la experiencia humana puede compartirse, donde marca su territorio”. Pero, Zadie, al atreverse a enmendarle la plana a aquellos titanes, implícitamente invita a que se la enmienden a ella, y por eso digo que la empatía, la fraternidad que supuestamente adorna a Rezzori más que a Nabokov, especialmente en su relación con Estados Unidos, responde más bien al hecho de que Rezzori (quien, la verdad, en punto a autoestima poco tenía que envidiar a Nabokov) habla en primera persona en un reportaje de “nuevo periodismo”. Y, en cambio, en Lolita la bien modulada voz del narrador es la de H. H.: un personaje literario, una marioneta, cuyos hilos mueve el autor mientras suelta su “risita sardónica”.

IGNACIO VIDAL-FOLCH

El País, 4 de mayo de 2013