SILLÓN DE OREJAS. Por un escrache la mar de educado

En uno de los apasionados debates que sostuvieron los jurados del Premio Formentor antes de conceder el galardón a Javier Marías por el conjunto de su obra, uno de ellos afirmó con desparpajo y facundia que, en su opinión, sólo podría considerarse “literatura” (comillas mías) menos del uno por ciento de los libros “literarios” que se publican. Y esos no siempre consiguen que su autor firme muchos ejemplares en cualquiera de los carnavales del libro, como los que se han celebrado esta misma semana. Contra lo que cabría esperar, el apotegma —propio más bien de un varón blanco muerto que de alguien que se baña en las omnipresentes y asépticas aguas del anticanon globalizado— no suscitó mayor escándalo entre los contertulios. Tengo la impresión de que, a lo sumo, los demás, tal vez dotados de más holgadas mangas críticas, habrían ampliado la nómina de los libros “literarios” hasta un dos o un tres por ciento de los que se publican como tales. De qué sea literatura y quién lo decide se habló poco, quizás porque entre todos se entendían, lo que no deja de ser un síntoma y una seña de identidad para un premio que empezó (allá en su prehistoria antifranquista) premiando a Beckett y a Borges, aunque lo hiciera —ay— ex aequo.

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MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País, Babelia, 27 de abril de 2013

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