LA ZONA FANTASMA. 6 de marzo de 2011. Dos postdatas

Postdata ortográfica. Hace unas semanas expuse aquí mis objeciones a las nuevas normas de la Ortografía de la Real Academia Española, y señalé algún inconveniente de la obligatoriedad de escribir el prefijo “ex” adosado a cada palabra: así, “exapóstata” o “exahorcado”, que, como muchas otras, dan pie a vocablos confusos y poco reconocibles, al menos al primer golpe de vista. La base para esta caprichosa regla es el deseo de “homologar” todos los prefijos. Y, puesto que escribimos “anticomunista”, “proamericano” y “metaliterario”, juntemos también “ex” con cualquier término al que decidamos aplicarle la condición de “ya no”. Pero no todos los prefijos se prestan al mismo juego, y nuestros ortógrafos no parecen haberse dado cuenta de que, con tal medida, han optado por formar una combinación o grupo de letras inexistente en español y que además es redundante, impronunciable e incorrecto. Ocurre cada vez que “ex” precede, sin guión ni espacio, a un vocablo que empiece por s: “exsacerdote”, “exsuegro” o “exsoldado”. A mi modo de ver, ese grupo constituye un disparate ortográfico, porque la s jamás puede seguir a la x y esa secuencia es una falta. La letra x engloba dos sonidos en nuestra lengua: k+s. Quien bien pronuncia dice “eksakto” cuando lee “exacto”, o “ekskisito” cuando lee “exquisito”. Así, la manera adecuada de escribir “exsacerdote” o “exsuegro” sería “exacerdote” y “exuegro” -como no se escribe “exsudar”, sino “exudar”-, pero en este caso nos encontraríamos con unos palabros aún más irreconocibles. Por último, la única forma de pronunciar cabalmente lo que la RAE pretende que escribamos (“exsacerdote” y “exsantidad”, junto con varios centenares de absurdos) sería haciendo una pausa entre el prefijo y el nombre, es decir, no como si se tratara de una sola palabra, sino de dos: “ex” y “sacerdote”, justamente lo que nuestra admirable institución acaba de borrar de un plumazo. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Claro que aún hay algún caso más chistoso. ¿Qué me dicen de “exxenófobo”, en el colmo de la impronunciabilidad y la redundancia?

Postdata sintáctica. Asombra cómo cada vez más se concede importancia a lo que no la tiene y se resta a lo que sí. Por supuesto, el párrafo anterior no la tiene, pero el defecto está en origen: si carece de importancia dictaminar sobre cómo debemos escribir “ex” a partir de ahora -no veo qué falta hacía-, mal puede tenerla objetar al dictamen. Recurro a la vieja alegación infantil: “Yo no he empezado”. Pero a otra cosa: de las numerosas mentiras que salpican nuestra vida pública, no son las del valenciano Camps ni las de ningún corrupto o desfachatado las que han suscitado mayor indignación, sino la supuesta que el Profesor Rico deslizó en su post-scriptum a un artículo de este diario. Ya recuerdan: “En mi vida he fumado un solo cigarrillo”. Como el infantilismo nos atenaza, los inquisidores bucearon en Internet y allí encontraron, con gran satisfacción e índices extendidos, toda clase de pruebas gráficas de que Rico no sólo había mentido, sino que había faltado a la verdad, que para algunos es más grave y solemne. La Defensora del Lector lo llamó a capítulo, lo amonestó, le dio con la regla y lo puso cara a la pared, con argumentos -para mí, lo siento- bastante cómicos, aunque no tanto como los de algunos no fumadores airados; bueno, esto último es ya una redundancia en España, donde todo lo que encoleriza el humo, no molestan lo más mínimo los venenos de los coches -que padecemos sobre todo los que sólo somos peatones- ni el ruido en aumento, que esos mismos no fumadores, con su prohibición adorada, han agravado hasta límites insoportables, al enviar a la calle a unos catorce millones de apestados, ya verán cuando llegue el buen tiempo.

Francisco Rico

El caso del Profesor ha dado varias vueltas más, y se ha convertido en objeto de doctas y enconadas polémicas: ¿es ético inventar algún dato o detalle cuando se escribe en prensa? ¿Es lícito mezclar realidad y ficción? A ver qué gracia le hace a usted que le atribuya en mi columna una felonía sin que se sepa dónde empieza lo verdadero y dónde lo fantaseado. ¿A que no gusta? Pues ahora lo denuncio, por calumniador. Atrévase, en sus propios argumentos tengo mi defensa, etc. Lo cierto es que Rico ha seguido sorteando, con buen criterio y elegancia, a cuantos se le han cruzado, incluidos varios redactores, la Defensora con su palmeta y un señor ya talludo que hace unas semanas paseaba parsimonioso ante la puerta de la Academia con una pancarta amarilla en alto, que rezaba: “La lengua, para ser veraz, fuera Rico, fumador falaz”. Todo un logro, no de otro modo pienso llamar al Profesor a partir de ahora. Rico se avino a darle algunas desganadas explicaciones a la Defensora, y prefirió llevarse una regañina antes que aducir lo que quizá lo habría exonerado, y descubrirse. No parece que otros, pero desde que yo leí su infame post-scriptum, sabedor de que me bate a cigarrillos, lo entendí no como una mentira, sino como una agudeza sintáctica. “En mi vida he fumado un solo cigarrillo” (el orden es fundamental) significa para mí eso literalmente: “Uno solo, jamás. En la vida. Siempre han sido varios”. O bien: “Siempre ha sido el mismo, uno solo. Es decir, han sido un continuum”. Si uno aplica la sintaxis escrupulosamente -que vengan un abogado y un gramático y lo vean-, cuantos han llamado embustero a Rico lo han difamado. Tal vez sea él, a la postre, quien haya de denunciarlos.

 JAVIER MARÍAS

 El País Semanal, 6 de marzo de 2011