Nuevo libro de Javier Marías. ‘Tiempos ridículos’

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TIEMPOS RIDÍCULOS
JAVIER MARÍAS
Alfaguara, mayo de 2013

Índice y Nota del editor

Con las noventa y seis columnas de este volumen, aparecidas en El País Semanal entre febrero de 2011 y febrero de 2013, Javier Marías cumple diez años de colaboración dominical en este medio.

Durante este tiempo se ha convertido en alguien fundamental para infinidad de lectores, que aguardan con impaciencia su dosis semanal de valentía, originalidad, argumentaciones sólidas, sentido del humor y excelente prosa. El periodo aquí cubierto es el de la actual crisis económica y política, por lo que su tono es quizá más amargo que en otras ocasiones.

Pero en sus artículos también hay lo que el autor llama «treguas», de modo que el lector encontrará piezas emotivas o divertidas y siempre agudas: sobre la muerte de su tío, el músico Odón Alonso, o el caso Strauss-Kahn, o la nueva Ortografía de la RAE, sobre cómo Mourinho lo ha llevado a ser menos madridista que nunca, o los premios literarios, o sus peripecias en una adusta librería de Viena, o los héroes de los tebeos de su infancia, o la conmovedora carta de un lector…

‘Tu rostro mañana’ y ‘Los enamoramientos’ entre las mejores novelas del siglo XXI

La fiesta del chivo, novela del siglo

La encuesta que ABC ha realizado entre escritores, editores, agentes y personalidades de la cultura ha elegido La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, como la novela española del siglo XXI. La incuestionable calidad de su autor, premio Nobel de Literatura, ha decidido a un mayor número de votantes a inclinarse por este libro, que se publicaba justamente en el cambio de milenio, en el año 2000.

En el prólogo de la Feria del Libro de Madrid, ABC quiere así aportar una instantánea de la creación español actual. Después de varios años hablando en torno a la crisis, pensamos que también es bueno tener una visión retrospectiva de lo que los últimos trece años han dado de sí para nuestra literatura.

De este modo, la encuesta ha servido también para definir cuáles son las tendencias principales de nuestra literatura en los últimos trece años. Destaca enormemente, en un verdadero tú a tú con el ganador, la obra de Rafael Chirbes, que desde la óptica realista ha sabido retratar la profunda crisis (económica, moral, casi total) de la sociedad española de manera dolorosa y fidedigna.

Otros autores que han destacado en esta consulta son grandes valores, realmente sólidos, de la literatura española actual, como Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Enrique Vila-Matas, Javier Cercas, Juan Marsé, Ignacio Martínez de Pisón, Fernando Aramburu, Mauricio Wiesental, Andrés Trapiello, Álvaro Pombo, Agustín Fernández Mallo…

Un caso aparte merecen algunos autores hoy superventas como Albert Sánchez Piñol, cuya literatura nació con el siglo y recibe algunos y relevantes votos. Destaca, en todo caso, también la aparición de la nueva literatura de grandes ventas, con Carlos Ruiz Zafón a la cabeza, como precursor, seguido de María Dueñas, Matilde Asensi o Juan Gómez Jurado. En todo caso, la complejidad de lecturas posibles es enjundiosa y permite plantear antes de la cita anual del Parque del Retiro una mirada a algunos de los más interesantes libros que se han editado en los últimos años.

Pero en todo caso, la encuesta refleja mucho más, ya que da pistas sobre la riqueza de estilos y tendencias que los lectores tienen ante sí. En próximos días trataremos de seguir esas pistas.

Libro de portada

Se da la circunstancia de que el libro ganador, La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa, ha sido una de las pocas novelas que ganó el tema principal de la portada de un diario nacional. En efecto, ABC le dedicó aquel 2 de marzo de 2000 el espacio prominente, junto a la entrevista con el escritor, en la que reflexionaba sobre la importante relación entre la literatura y la conciencia y el aprendizaje de la libertad, que su misma obra representa. Comprometido con la vida pública tanto como con la literatura, es en la libertad y su defensa donde nuestro Nobel ha puesto desde siempre toda la carne en el asador.

Las 10 mejores novelas

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Crematorio, de Rafael Chirbes

TRM AlfaguaraTu rostro mañana, de Javier Marías

Su ciclo narrativo más ambicioso está compuesto por Fiebre y lanza (2002), Baile y sueño (2004) y Veneno y sombra y adiós (2007). Una obra total que enfrenta a su autor con temas fundamentales como la mentira, la violencia, el miedo o las metamorfosis que pueden sufrir los seres que amamos. Si un escritor es su estilo, en Tu rostro mañana está el mejor Javier Marías. «Aspiro a lograr lo imposible», declaró el creador al concluir el último tomo. Lo cierto es que lo logró con creces.

Soldados de Salamina, de Javier Cercas

La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

EnamLos enamoramientos, de Javier Marías

¿Qué se esconde tras la muerte de un empresario a manos de un aparcacoches? ¿Es un crimen casual o planeado? Marías explora todos los ángulos de este prisma en forma de novela.

La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas

Rabos de lagartija, de Juan Marsé

10º El día de mañana, de Ignacio Martínez de Pisón

Abc, 19 de mayo de 2013

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Los autores más votados

1º Mario Vargas Llosa

2º Rafael Chirbes

3º Javier Marías

La ambición de Tu rostro mañana ha logrado 6 de los 9 votos totales, seguida de Los enamoramientos, que se ha llevado 3 sufragios.

Toda la información

LA ZONA FANTASMA. 19 de mayo de 2013. La actual dificultad de morder

Hace dos meses largos publiqué aquí una columna –“En los años de la distracción”– en que me hacía eco de unas declaraciones de Muñoz Molina sobre “la pérdida del espíritu crítico” de sus “colegas” y en las que afirmaba que “el único intelectual comprometido que había en 2007 en España era El Roto”. Sin restarle mérito a este viñetista, le oponía una serie de nombres, ciñéndome a los que escriben en este diario (en cuya hemeroteca se había zambullido Muñoz Molina). Ahora Ignacio Echevarría, que fue notable crítico literario en El País y por cuya exclusión de éste protestamos pública y privadamente en su día numerosos escritores, sale al paso de aquella columna mía –“Críticos y ‘comprometidos”, en El Cultural de El Mundo–. Y entre otras cosas escribe: “Produce incomodidad, … en la lista de Marías, ver amontonados según qué nombres. Es preocupante que no advierta las diferencias sustanciales” entre ellos, ni “el valor y el peso que les confieren sus respectivas actitudes personales, públicas, políticas”. Y concluye: “Pese a las comillas que emplea, si Marías piensa que a todos esos nombres les cabe el calificativo de ‘comprometidos’, … no hay más que hablar. Pero sí, sí hay”.

Pues hablemos algo más. Ladinamente, Echevarría omite lo que yo añadí justo después de mi enumeración, a saber: “Nos pueden gustar más o menos sus respectivos estilos, sus ideas, su forma de argumentar. A algunos los podemos encontrar detestables, demagógicos y a menudo errados, pero lo que no cabe decir es que no hayan estado ‘comprometidos”. (Las comillas para este último término venían por ser el de Muñoz Molina, no por otro motivo.) En modo alguno, así pues, “amontonaba” yo ni dejaba de “advertir diferencias” entre los autores citados. Parece como si para Echevarría el dudoso vocablo “comprometido” quedara reservado, cuando se habla de escritores y periodistas, a los que apoyan sólo ciertas posturas. Como si hubiera quedado secuestrado por la izquierda, por simplificar y para entendernos. Para mí, sin embargo, D’Annunzio, Marinetti y Malaparte estuvieron muy comprometidos en política, con el fascismo italiano; como Ruano, Sánchez Mazas, Foxá o el primer Ridruejo con el franquismo, además de otros muchos. Hoy, entre los nombres que mencioné, mi desacuerdo con Vargas Llosa es absoluto cuando dedica loas a seres tan dañinos y despreciativos como Thatcher o su pajecillo Esperanza Aguirre, pero no puedo decir que no esté “comprometido”: contra todas las dictaduras y a favor del liberalismo a ultranza. En Savater, por poner otro ejemplo, eché de menos una actitud más crítica hacia los Gobiernos de Aznar, pero en su denuncia de ETA y de los nacionalismos se ha comprometido hasta jugarse la vida. Nadie puede estar en todos los frentes, cada uno se centra en el que le parece más grave y peligroso. Que yo encuentre demagógico y permanentemente errado a Jiménez Losantos (por recurrir a alguien que escribe en el mismo medio que Echevarría) no me impide reconocer que está comprometido. Comprometidísimo, con sus ídolos políticos y con sus odios.

Pero en la pieza de Echevarría había una inferencia aún más ladina: si tantas denuncias de intelectuales ha habido, “por qué no han surtido ningún efecto”, se preguntaba. ¿No será que, “lejos de intimidar a los responsables de tanto desaguisado, terminaron por inmunizarlos” con “artículos retóricos, gesticulantes, … sin verdadera mordiente crítica e impugnadora?” [sic] Puede ser, no digo que no. Pero a un crítico perspicaz como fue Echevarría no puede escapársele que hoy en día nada “muerde” a los políticos, aún menos a los financieros. Hace ya mucho que los “responsables de los desaguisados” aprendieron la lección: no hay que preocuparse de lo que diga nadie, así tenga prestigio o “mordiente”, porque nada dura y todo se olvida en seguida. Si los políticos actuales han desactivado a los sindicatos y al Parlamento; si las protestas y manifestaciones les traen sin cuidado, y las huelgas; si pasan por alto a la sociedad civil, invadida, reducida a la mínima expresión, convertida en meros pagadores de impuestos; si han minado la independencia de la justicia, ¿cómo van a sentirse “intimidados” por las opiniones de los escritores? No está bien hacerse el cándido. Sí, en la época de la hoy denostada Transición había ministros, y hasta Presidentes de Gobierno, que mandaban a buscar el periódico del día siguiente a los quioscos de madrugada preocupados por el veredicto de un editorial o de un intelectual influyente. ¿Es eso imaginable ahora? Seguro que Echevarría no es tan ingenuo como se fingía en su artículo. Muchas veces he reconocido que los que escribimos en prensa –y hacemos lo que podemos– sabemos de cuán poco servimos ahora. Damos algo de consuelo a los lectores que nos aprecian, tal vez los ayudamos a veces a ver un asunto desde una perspectiva distinta, eso es todo. “Tanta ineficiencia” no nos es enteramente achacable, aunque al crítico le convenga echarnos la culpa. Él no ignora que los políticos, como ante tantas otras cosas, se han tapado los oídos, se han blindado. El problema es que en su soberbia, y en el extraño poder que democráticamente se les ha entregado para que lo ejerzan con autoritarismo e impunidad, ya no se inmutan por ningún griterío ni aceptan ningún consejo de nadie.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 19 de mayo de 2013

LA ZONA FANTASMA. 12 de mayo de 2013. ¿Y ahora para quién espían?

Dije hace una semana que no hay nada como el aluvión de tropelías e infamias para que muchas pasen inadvertidas, y que esa es la técnica que está empleando el Gobierno de Rajoy. Supongo que son tantos sus asalariados dedicados a ejecutar órdenes inicuas que ni siquiera la prensa crítica –cada vez más escasa– da abasto para señalarlas, denunciarlas o combatirlas. Y así, en medio del desbarajuste, y ante la alarma que provocan las medidas económicas que llevan a la gente a la pobreza y permiten que se la saquee, hay un buen puñado de infamias de las que la mayoría ni se entera, aunque aparezcan en el periódico (en TVE ya no aparece nada que deje en mal lugar a este Gobierno, la censura ha regresado).

TRM AlfaguaraEn mi larga novela Tu rostro mañana incluí, en boca de un personaje, la joven Pérez Nuix, una situación que se correspondía con la realidad, que era cierta. Esa joven le explicaba al narrador, Jacobo Deza, que entre la caída del Muro de Berlín (1989) y los atentados de las Torres Gemelas (2001), los servicios secretos británicos, el MI5 (para el interior) y el MI6 (para el exterior), se habían encontrado más ociosos y desocupados que de costumbre. De tal modo que decidieron ofrecer sus agentes a empresas y compañías privadas del país, entre ellas, según contó The Independent en su día, British Telecom, Allied Domecq y Cadbury Schweppes. La coartada para tan alucinante resolución era que se servía tanto a la patria protegiendo y favoreciendo a las grandes corporaciones nacionales (espiando para ellas) como velando por la seguridad de los ciudadanos y resguardándolos de ataques terroristas o bélicos. El entonces Director General del MI5, Sir Stephen Lander, se apresuró a negar tajantemente la noticia (“Eso sería ilegal”, dijo), lo cual, como suele ocurrir con las declaraciones de los políticos, no hizo sino confirmarla. Empresarios y financieros invitados por él al seminario en que había hecho su insólito ofrecimiento reconocieron bajo anonimato que Lander, en efecto, les había prometido beneficiarlos en sus negocios con información privilegiada sobre compañías e individuos, “si ellos se lo pedían”. Se trataba, en definitiva, de comercializar los servicios de los espías británicos y conseguir lucrativos contratos que equivalían a privatizar parcialmente la agencia. Los agentes ya no trabajaban exclusivamente para el Estado, o para la Corona, sino que tenían repartidas sus fidelidades. Había llegado el momento en el que sería difícil saber al servicio de quién estaban.

Como no hay cosa peligrosa y mala que el Gobierno del PP no imite, sobre todo si proviene de la Inglaterra de Thatcher que nunca se ha ido, el pasado 16 de abril se publicó la noticia, a la que casi nadie ha hecho caso, de que nuestros espías, los del Centro Nacional de Inteligencia o CNI, podrán estar en nómina de empresas no sólo españolas, sino también extranjeras (!). Aquí se prescinde hasta de la coartada del patriotismo. Según el nuevo Estatuto del Personal del CNI, habrá agentes en activo que, “por necesidades del Centro”, y previa autorización de su director, mantendrán relaciones “retribuidas o no” con “organismos, entidades o empresas del sector público o privado, nacionales o extranjeros”. Así, podrán estar en la nómina de éstos, mientras que el CNI les complementará el sueldo, garantizándoles que no pierden dinero, y pagará sus cotizaciones sociales. A eso hay que añadir que el código disciplinario de nuestra agencia de espionaje castiga la pertenencia de sus miembros a partidos o a sindicatos, pero ya no les prohíbe, desde ahora, formar parte de asociaciones “que impongan un sometimiento disciplinario o cualquier imperativo de conducta que interfiera en su deber de disciplina y reserva”. De modo que “en teoría”, concluía la información de Miguel González, “se podrá ser espía y a la vez pertenecer a una secta. O al Opus Dei”.

El resultado patente de estas modificaciones demenciales es que ya no sabremos nunca para quién trabajan nuestros espías, y no podremos confiar en ellos ni prestarles la menor colaboración, llegado el caso. Siempre se daba por descontado que los Cuerpos de Seguridad y las Fuerzas Armadas estaban exclusivamente al servicio del país, del Estado, bajo cualquier Gobierno. Esta privatización parcial o comercialización indisimulada nos deja a ciegas, en cambio, y llenos de sospecha y recelo. ¿Cómo sabré yo a quién obedece y beneficia y para quién actúa de veras un espía al que el CNI paga sus cotizaciones sociales pero que tal vez –y es secreto– está en nómina de una empresa pública rusa, saudí, china o venezolana? ¿O de una multinacional, por ejemplo la tristemente famosa Halliburton que tanto ganó con la Guerra de Irak y en la que tanta mano tenía el ex-Vicepresidente Cheney, que desató esa guerra? ¿O indirectamente de un Gobierno extranjero, mediante tapadera? ¿O de una secta, en efecto? ¿O incluso de un grupo mafioso, o de los narcos internacionales? A partir de ahora todo es posible. Lo cual significa que el CNI se convierte en un ente aún más oscuro, y que ningún español sensato y honrado puede fiarse de él ni prestarse a ayudarlo. ¿Se imaginan lo que sería tener dudas sobre a quiénes sirven nuestros soldados o policías? Pues eso es lo que ya tenemos, con nuestros servicios secretos. Se lo debemos al actual Gobierno, que parece andar siempre en busca de desmanes, para cometerlos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 12 de mayo de 2013

Fallecimiento de Roger Dobson, ‘Duke of Bridaespuela’ de Redonda

R.I.P. – Roger Dobson, author and bookman

I am sorry to report the very sad news that Roger Alan Dobson, author, journalist and bookman of Oxford, died last month. He was the co-editor, with me, of several booklets about Arthur Machen, of Aklo, the journal of the fantastic, and The Lost Club Journal (devoted to neglected writers). He also wrote radio plays, including a successful BBC Radio 4 production about the Kingdom of Redonda, the Caribbean literary realm associated with M.P. Shiel and John Gawsworth, which fascinated him: in recognition of his work here, Spanish novelist Javier Marias ennobled him in his Redondan court as the Duke of Bridaespuela .

Roger was proud of his Manchester upbringing, and wrote a study of Ann Lee, the Manchester Messiah, about a local prophetess. He was a regular contributor to the Antiquarian Book Monthly Review (ABMR) on recondite literary subjects, including one article which made out the case that Sherlock Holmes must have gone to a Manchester college. This exhibited the sense of mischief Roger often brought to bookish matters: he was also implicated, with his friend the bookseller Rupert Cooke, in the letters and writings of the hoax poet (who showed signs of coming alive), C.W. Blubberhouse. He also contributed lively and learned material to Colin Langeveld’s Doppelganger Broadsheet, sometimes as the querulous ‘Professor Herbert Trufflehunter’.

I came to know Roger in the early Nineteen Eighties when I was told he was an enthusiast of Arthur Machen, whose work I discovered at the age of seventeen. This proved to be a considerable under-statement. Roger knew more about Machen than anyone else I ever met, and between us we started a modest campaign to revive interest in him, which was at a low ebb in the early Eighties. We met or corresponded with many who had known Machen, including his son Hilary and daughter Janet, and close friends such as Colin Summerford and Oliver Stonor: in time, we found others who were intent on celebrating him, leading to the Machen societies, journals and other publications since. Roger wrote the Machen entry in the Dictionary of National Biography, after rightly arguing for his inclusion: edited John Gawsworth’s biography of Machen [The Life of Arthur Machen]; and contributed regularly to Faunus, the journal of the Friends of Arthur Machen, with illuminating essays on Machen mysteries.

But Machen was far from Roger’s only literary interest: he was immensely well-read, and talked charmingly and with infectious enthusiasm about many other, especially semi-forgotten, figures. For some years he and I would meet in Oxford, where Roger had a bedsit at 50, St John Street, a former home of Tolkien, and have long talks about books and authors who ought to be revived. Roger’s special passion after Machen was George Gissing, whom I then did not quite get (I suppose because he was insufficiently ‘like’ Machen): but he insisted on the wonder of The Private Papers of Henry Ryecroft, and I have recently come to see why: how I wish I could tell him.

Roger had been a journalist in Manchester and Bristol, and still occasionally did freelance work, but (like Machen) he came to dislike this, and preferred to write on literary themes. However, he never lost the journalistic knack of knocking on doors to elicit information, when he wanted to pursue a writer’s homes and haunts, which included Machen’s house in the Chilterns (then owned, to Roger’s delight, by a gentleman with the Welsh kingly name of Cadwallader); and the grave of the alchemist Thomas Vaughan in an obscure Oxford village (“the graveyard plan is on the back of a cornflakes packet”, the sexton told us).

Roger was a very private man: though I was among his closest friends in those Machenstruck days, I never learnt very much about him, except his bookish enthusiasms. He was devoted to literature and, as with Machen and Gissing, it seldom rewarded him materially: but it gave him rarer things; the joys of scholarship, shared discoveries, and the stubborn integrity of a proud spirit.

Wormwoodiana, May 10, 2013

‘Cuando Rajoy habla, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico’

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Javier Marías (Madrid, 1951) ha practicado durante cuatro décadas todas las variantes de la literatura, hasta convertirse en uno de los autores más considerados a escala global. También es ahora mismo el columnista que mejor sintoniza con la indignación asociada a la crisis. Celebra la traducción de una de sus novelas al estonio y la obtención del legendario premio Formentor.

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿El premio Formentor huele a Nobel?”
–No necesariamente, y en mi caso tenga por seguro que el Nobel no tiene el menor fundamento, ni pienso en él. El Formentor lo recibo con muchísimo gusto.

–¿Escribe para competir?
–Ni siquiera conmigo mismo. El “siempre más difícil o mejor” me parece circense. Tengo suficiente incertidumbre con cada página, porque siempre pienso que “esto es una tontería, esto nunca va a interesar a nadie, esto está fatal”.

–”Sofisticación y accesibilidad”, dice de usted The New Yorker, que no suele equivocarse.
–En inglés, sophistication es un “falso amigo”. No tiene traducción literal y es más bien “perfeccionismo”. En cuanto a la “accesibilidad”, es probable que sea así, porque es inexplicable que con una literatura no facilona haya conseguido tantos lectores.

–¿Piensa en ellos cuando escribe?
–Pienso en publicar, en abstracto.

–La primera inquietud al concederle el Formentor era si iba usted a aceptarlo.
–Es una inquietud un poco gratuita, porque he aceptado muchos premios. Rechacé el Nacional de Narrativa porque los Estados no tienen que destinar el erario público a premiar a artistas o escritores. Al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer nuestro trabajo.

–Borges y Beckett le han precedido en el Formentor.
–Quizás me quedo con Borges, al que conocí y que era amigo de mi padre. Espero que no me pase como a él, por otra parte infinitamente superior a lo que yo haga nunca. Cuando empezó, fue considerado un escritor inglés y hoy es el autor argentino por antonomasia. Después de haberme llamado “angloaburrido” y de acusarme de que mis novelas parecen traducidas del inglés, espero no convertirme en el escritor español contemporáneo más representativo.

–¿Cómo ha conseguido ser el columnista que mejor conecta con el castigado ciudadano actual?
–Ojalá fuera así, pero tengo la sensación de que los artículos sirven de poco. Aunque ya es mucho que bastantes lectores me digan que les sirven de consuelo, son inútiles a efectos prácticos.

–Frente a la memoria histórica, usted ha reivindicado el derecho al olvido histórico.
–Como dije en un artículo, no tengo las cosas claras sobre esta cuestión. Es importante que se sepa qué ocurrió pero, sin ciertas dosis de olvido, la vida es una tortura infinita. Dicho sea con todo el respeto a quienes desean recuperar sus huesos.

–¿Tiene opinión sobre todo?
–En absoluto, hay cosas de las que no sé nada y me admiran las personas que se convierten en expertos improvisados en cuanto pasa algo, Al día siguiente de Fukushima, todo el mundo opina sobre reactores nucleares.

–¿Le irrita más Mourinho o Rajoy?
–Rajoy, porque Mourinho me irrita muchísimo y deseaba que se fuera, pero afecta a una parcela reducida de mi vida y no preocupa a los no madridistas. El Gobierno perjudica a todos.

–Rajoy ha dado valor político al tópico literario de la incomunicación.
–Tengo la duda de si en el fondo no hace bien. Cada vez que habla o comunica, dan ganas de ingresarlo en un Psiquiátrico, porque dice una cosa y la contraria. Quizás su silencio no es opción sino necesidad.

–Le solivianta el PP, pero sin llegar al escrache.
–No me gusta esa palabra, prefiero hablar de execraciones a domicilio y, con independencia de los merecimientos que han hecho sus destinatarios para ser vituperados, tiene algo de vil, de muchos contra uno. Además, se vuelve contra cualquiera. Por ejemplo, contra quienes votan a favor del matrimonio homosexual.

–Usted puede permitirse cinco DVDs, pero sólo compra dos porque otras personas están en crisis.
–Me noté de pronto con este pudor, y era desastroso. Si unos no compran nada porque no tienen, otros porque están ahorrando, y quienes nos lo podemos permitir tampoco lo hacemos por evitar la mala conciencia, ¿quién va a consumir? Para suprimir esa tentación, me fuerzo a hacer compras no enteramente necesarias.

–Le leo preocupado por sus ahorros.
–Cualquier persona ha de estarlo, después de la posible exportación del modelo de Chipre. Se temía a los comunistas porque nos lo iban a quitar todo, y ahora resulta que nos lo hace el capitalismo salvaje.

–Creo que no le he llamado Julián ninguna vez.
–No me ha llamado nada, una manera prudente para que no se le escape. Me llevaba bien con mi padre, y no me molesta cuando alguien comete el lapsus de llamarme “Julián”. No he leído todos sus libros. Uno de los mejores para mí es Cervantes, clave española pero, cuando habla de Problemas del cristianismo, no lo leo.

MATÍAS VALLÉS

Diario de Mallorca, 11 de mayo de 2013

Nuevo libro de Reino de Redonda. ‘De vuelta del mar’, de Robert Louis Stevenson

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DE VUELTA DEL MAR

ANTOLOGÍA POÉTICA

ROBERT LOUIS STEVENSON

Prólogo de Luis Antonio de Villena

Selección y nueva traducción de Javier Marías

Reino de Redonda, mayo de 2013

Distribuye ÍTACA

Este vigésimo quinto volumen del Reino de Redonda está dedicado a Alexis Grohmann, “Stevenson” de este Reino languideciente y antorcha del lugar natal del autor, Edimburgo, “aquella notable ciudad de los muertos”.

EL EDITOR

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Stevenson, también poeta (Prólogo)
por Luis Antonio de Villena

Nota sobre el texto
por Javier Marías

DE VUELTA DEL MAR

I. Monte bajo (del libro Underwoods, 1887)
II. Nuevos poemas (del libro New Poems, 1918)
III. Canciones de viaje (del libro Songs of Travel, 1895)

APÉNDICES

Appendix I/Apéndice I: M P Shiel’s and John Gawsworth’s Redonda/La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth (updated/puesta al día 2013)

Appendix II/ Apéndice II: Jon Wynne-Tyson’s Redonda/La Redonda de Jon Wynne-Tyson (updated/puesta al día 2013)

Appendix III/Apéndice III: Javier Marías’s Redonda/ La Redonda de Xavier Marías (updated/puesta al día 2013)

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“Creo sinceramente que lo escogido en este libro es lo mejor de la producción poética de Robert Louis Stevenson. Pero eso el lector podrá juzgarlo por sí mismo.”

JAVIER MARÍAS

“Uno es feliz leyendo a Stevenson pese a la siempre presente -y bien administrada- melancolía. En tales momentos piensa en la verdeante tumba del monte de Vaca: ‘De vuelta del mar está el marinero,/ de vuelta del monte está el cazado’. Y respira…”

LUIS ANTONIO DE VILLENA

LA ZONA FANTASMA. 5 de mayo de 2013. Potter nos convierte en Pottersville

Las acciones y medidas del actual Gobierno del PP resultan ya tan caricaturescas que a veces me pregunto si sus integrantes no se pasan la vida viendo ¡Qué bello es vivir! y otras cintas de Frank Capra. No para emular a sus protagonistas, a “los buenos”, a James Stewart o a Gary Cooper, sino a los mayores malvados de aquellas historias bienintencionadas y hoy algo ingenuas, pero todavía enormemente eficaces y conmovedoras. La película que he mencionado es sin duda la que más se recuerda, no en balde las televisiones la siguen programando todas las Navidades. Cada vez que la pillo en alguna cadena, aunque esté ya empezada, me atrapa y no puedo apartar los ojos de la pantalla. Aunque me la sepa de memoria y conozca su desenlace, deseo volver a ver cómo acontece, asistir a ello. Hace muchos años le dediqué un artículo y hablé de la profundidad que encerraba, con aquella famosa figuración de lo que habría sido de Bedford Falls, la pequeña ciudad de James Stewart, si él no hubiera nacido, como desea en un momento de desesperación, a punto de suicidarse. Su archienemigo, el que lo ha llevado a una situación de quiebra con amenaza de cárcel, es el millonario Henry Potter, interpretado por Lionel Barrymore, un hombre viejo y codicioso, amargado y sin escrúpulos, atado a una silla de ruedas. Pendiente sólo de la especulación y los beneficios, insensible a las calamidades y penurias de la gente, a la que está dispuesto a aplastar y a dejar sin hogar si es conveniente.

its_a_wonderful_life_lionel_barrymorePues bien, son tantos los desmanes del Gobierno de Rajoy (qué inocente fui al pensar que la crisis le impediría ocuparse de nada más) que se hace muy difícil seguirles la pista y recordarlos todos. No hay nada como el aluvión, como cometer muchas tropelías, para que algunas pasen inadvertidas y ni siquiera se proteste por ellas. El modelo es el de Henry Potter, ya digo que resulta todo caricaturesco. Lo que les pase a las personas les importa un bledo, a estos gobernantes. Sostienen que quienes tienen problemas se los han buscado, por perezosos o torpes o tontos. ¿Que son desahuciados y se quedan sin casa? Que no se hubieran comprometido con una hipoteca (después de que los bancos alentaran a todo el mundo a pedirlas). ¿Que pierden el empleo y carecen de ingresos? Por algo será, no han sabido conservarlo. ¿Que ven recortadas la sanidad y la educación públicas, la cultura, la investigación y la ciencia? Bueno, las tres últimas son superfluas, y en cuanto a las dos primeras, que se las paguen de su bolsillo (como si no lo hubieran hecho ya con sus impuestos para hospitales y escuelas, que ahora son privatizados). ¿Que a muchos ancianos poco letrados se los ha engañado con las preferentes? Que no se hubieran dejado camelar por sus sucursales bancarias, en las que tenían confianza plena, y se hubieran leído mejor la letra pequeña. ¿Que hay que pagar dos o tres veces los medicamentos? Que rompan la hucha de sus ahorrillos o prescindan de tanta pastilla. ¿Que la reforma laboral del Gobierno abarata y facilita el despido y, como era de prever, los propicia en masa y no contribuye a que nadie sea contratado? Da lo mismo, de lo que se trata es de contentar a los grandes empresarios y no a los despreciables empleados sin inventiva. ¿Que las personas “dependientes” se van a quedar sin ayuda y abandonadas a su suerte? Que no hubieran vivido tanto o no hubieran nacido con malformaciones ni sufrido accidentes laborales, allá se las compongan. ¿Que a los ciudadanos les costará más dinero ir a los registradores de la propiedad (un colectivo escaso y ya acaudalado) en vez de al Registro Civil para trámites fundamentales? Que se aguanten, hay que beneficiar al gremio de Rajoy, el cual quizá vuelva a ejercer como registrador de la propiedad algún día. ¿Que el paisaje y las costas están destruidos, y la burbuja inmobiliaria creada por Aznar es la causante principal de nuestros males? Pues nos quedamos cortos, así que vamos a permitir más destrozo y que en algunas playas sean sólo veinte metros –en vez de los cien anteriores– los que queden a salvo de edificaciones infernales. En cuanto a las condenadas a demolición, les vamos a conceder una prórroga de setenta y cinco años (!), que sigan en pie los mayores horrores urbanísticos ilegales, que habían invadido el espacio público. ¿Que los españoles no se conforman con los fallos que consideran injustos? Subamos las tasas judiciales, para que sólo los ricos puedan presentar recursos. ¿Que se está metiendo mano a todo el mundo excepto a la Iglesia? Por favor, ésta merece trato de privilegio; como está perseguida y acosada, que continúe exenta de pagar el IBI.

En ¡Qué bello es vivir!, Bedford Falls habría pasado a llamarse Pottersville de no haber nacido James Stewart. Sería una ciudad de usura y juego (como la Eurovegas de Adelson, supongo), de personas desdichadas e insolidarias, sin ninguna protección y en manos del millonario; en la que abundarían los indigentes, los borrachos, los matones y los especu­ladores. En la que por supuesto todo sería privado, o más bien un monopolio, y los individuos tan sólo números, sin apenas derechos y con infinitas obligaciones y deudas. Este Gobierno, no cabe duda, tiene esa Pottersville como modelo, a todos sus ministros les veo cara de Barrymore. Lo que uno no entiende es que los mismos espectadores que en la ficción lo verían claro e irían con James Stewart como un solo hombre, en la realidad voten por el despiadado villano Henry Potter, y lo mantengan dando órdenes y dictando leyes.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal. 5 de mayo de 2013

Von Rezzori oye la risa de Nabokov

UFEL PORTADAUn forastero en Lolitalandia rescata un viaje literario en pos del autor de Lolita

Ahora que se cumplen 15 años de la muerte de Gregor von Rezzori (1914-1998) y aún resuena el reciente rescate de Un forastero en Lolitalandia (Reino de Redonda), la obra del autor de Flores en la nieve y Memorias de un antisemita parece disfrutar de un rejuvenecido interés (subrayado por la recuperación en un ómnibus de sus clásicos en Anagrama y la publicación de Edipo en Stalingrado, en Sexto Piso). El último artefacto de Von Rezzori en aterrizar en las librerías es en realidad un reportaje escrito para la revista Esquire en 1987: o sea, en el décimo aniversario de la muerte de Nabokov. Lo escribió después de repetir, con una exactitud de carácter más bien mental que estrictamente geográfico, el viaje del pedófilo Humbert Humbert con su desdichada hijastra a lo largo de 21.000 kilómetros de autopistas perdidas, moteles pasablemente fantasmales y coitos malditos, pero evocados con la máxima nostalgia y enternecimiento desde la celda de la cárcel, situada en las páginas de Lolita, claro está.

El reportaje y la meditación de Rezzori sobre Lolita, sobre Nabokov  y sobre Estados Unidos es una pieza de excelente prosa y además desborda de sentido: sentido de la observación, sentido de la devoción, y sentido, también, del valor propio de quien, reconociéndose explícitamente, en un curioso ejercicio de sinceridad o de modestia orgullosa, inferior como artista. “No soy tan engreído como para no ver nuestras considerables diferencias, tanto de género como en la calidad”. No por ello arroja la pluma —como el malogrado músico de Bernhard después de escuchar al apabullante Glenn Gould cierra el piano y se echa la soga al cuello—, sino que se empeña en decir lo suyo y en apuntar algún aspecto en el que, en su opinión, puede sostenerle la mirada al maestro y afrontar su “risita sardónica”, esa risita de superioridad que siempre que piensa en él le parece oír.

Hablamos de dos viejos caballeros y distinguidos literatos, exiliados de mundos que dejaron de existir a principios del siglo pasado y que se empeñaban en reconstruir en sus novelas: la Rusia presoviética y el imperio austrohúngaro (la sola palabra “austrohúngaro” ya la colaban como un chiste privado Marsé y García Hortelano en los guiones de sus películas en los años sesenta). Dos maestros del idioma, arrojados por la historia a vivir años de peregrinaje, ambos expatriados “de buena familia”, ambos en posesión de un arte narrativo incomparable, aunque de acceso disuasorio para el lector perezoso en obras maestras como Ada o el ardor y Un armiño en Chernopol; arte elaborado, detallista, cargado de trampantojos y caracterizado por un fraseo marcadamente sensual y melodioso.

Completa el volumen un texto del editor Javier Marías y el prólogo de Zadie Smith, competente novelista británica que ahora está de moda, no puedes mirar a ninguna parte sin decirte, “anda, si aquí está Zadie otra vez”. Zadie Smith no es mala compañía, desde luego. Gracias a ella nos enteramos por ejemplo de que ningún escritor del mundo tiene —tenía— una biblioteca nabokoviana tan extensa como la de Rezzori, “aunque estos dos escritores son perfectamente opuestos en carácter y en forma”. Su ensayo elogia a Rezzori señalando cuáles, en las páginas de Lolitalandia, son mejores y más representativas de su estilo, sus preocupaciones y su sensibilidad, y además tiene la honestidad intelectual de apuntar dónde, a su entender, flaquea (dejándose a veces llevar por el entusiasmo hasta el estereotipo), y dónde se equivoca Nabokov (en su negación de la realidad). “Es exactamente en la generosidad de Rezzori”, dice, “en su entusiasmo no académico, en su completo rechazo de la pose nabokoviana del experto y, lo más significativo, al admitir que la posibilidad de la experiencia humana puede compartirse, donde marca su territorio”. Pero, Zadie, al atreverse a enmendarle la plana a aquellos titanes, implícitamente invita a que se la enmienden a ella, y por eso digo que la empatía, la fraternidad que supuestamente adorna a Rezzori más que a Nabokov, especialmente en su relación con Estados Unidos, responde más bien al hecho de que Rezzori (quien, la verdad, en punto a autoestima poco tenía que envidiar a Nabokov) habla en primera persona en un reportaje de “nuevo periodismo”. Y, en cambio, en Lolita la bien modulada voz del narrador es la de H. H.: un personaje literario, una marioneta, cuyos hilos mueve el autor mientras suelta su “risita sardónica”.

IGNACIO VIDAL-FOLCH

El País, 4 de mayo de 2013

SILLÓN DE OREJAS. Por un escrache la mar de educado

En uno de los apasionados debates que sostuvieron los jurados del Premio Formentor antes de conceder el galardón a Javier Marías por el conjunto de su obra, uno de ellos afirmó con desparpajo y facundia que, en su opinión, sólo podría considerarse “literatura” (comillas mías) menos del uno por ciento de los libros “literarios” que se publican. Y esos no siempre consiguen que su autor firme muchos ejemplares en cualquiera de los carnavales del libro, como los que se han celebrado esta misma semana. Contra lo que cabría esperar, el apotegma —propio más bien de un varón blanco muerto que de alguien que se baña en las omnipresentes y asépticas aguas del anticanon globalizado— no suscitó mayor escándalo entre los contertulios. Tengo la impresión de que, a lo sumo, los demás, tal vez dotados de más holgadas mangas críticas, habrían ampliado la nómina de los libros “literarios” hasta un dos o un tres por ciento de los que se publican como tales. De qué sea literatura y quién lo decide se habló poco, quizás porque entre todos se entendían, lo que no deja de ser un síntoma y una seña de identidad para un premio que empezó (allá en su prehistoria antifranquista) premiando a Beckett y a Borges, aunque lo hiciera —ay— ex aequo.

[...]

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

El País, Babelia, 27 de abril de 2013

LA ZONA FANTASMA. 28 de abril de 2013. Denigradores que se denigran

Es cierto: los actuales gobernantes del PP no son sólo mediocres, ineptos, embusteros, destructores, injustos y desfachatados. Son también los más irritantes de las últimas décadas, lo cual no carece de mérito dada la brutal competencia de sus predecesores, tanto socialistas como de su propio partido. Llevamos demasiados años de mala suerte, desde el Felipe González tardío en adelante. Y si miramos a los Presidentes de comunidades autónomas y jefes de diputaciones y alcaldes, el panorama no mejora o incluso empeora. Los políticos españoles se han ganado la animadversión, el desdén, la malevolencia de los ciudadanos. La desconfianza en ellos es tan absoluta que basta con que Rajoy o un ministro anuncien algo para que todo el mundo se lleve las manos a la cabeza y entienda que va a pasar justamente lo contrario de lo anunciado. “No hay intención de subir más impuestos” significa para la mayoría que sí van a subirse. “España no es Portugal ni Chipre” hace temblar a quien aún tiene dinero en el banco, porque se toma como un aviso de que antes o después nos convertirán en Portugal o Chipre. Aún encorajina más la negación permanente de la realidad. “Hemos dado toda clase de explicaciones sobre el caso Bárcenas”, sueltan varios dirigentes, mientras la gente los escucha perpleja y se pregunta dónde están tales explicaciones: a Rajoy hasta le da repelús pronunciar el nombre de quien fue su dilecto tesorero, lo último que dijo de él fue que nadie podría probar que no era inocente, hace algún tiempo. Sus subordinados se han contradicho cien veces, han balbuceado, han hecho declaraciones ininteligibles o inarticuladas, como infrahumanos privados del don del habla. Sale una sentencia que condena el ERE que llevó a cabo TeleMadrid, y ese Ignacio que nos dejó Esperanza Aguirre como pufo asegura sentirse satisfecho de que le dé la razón dicha sentencia (?). Es tan patético como si a un individuo se lo condena por asesinato y, tras oír el veredicto, exclama: “¿Lo ven? ¡Soy inocente!” A ese Ignacio, sin embargo, no lo han encerrado en un manicomio, sino que continúa al frente de la Comunidad de Madrid, tomando decisiones sobre las vidas de las personas.

Es cierto: no merecen consideración nuestros gobernantes; yo no le estrecharía la mano a ninguno si me la ofrecieran, ni siquiera les dirigiría la palabra. Ahora hay grupos de ciudadanos que han pasado a la acción: se plantan ante los domicilios de los políticos y los hacen objeto de una execración o vituperación públicas (me resisto a utilizar ese desagradable vocablo argentino que todos los medios han abrazado con papanatismo y que la RAE –me temo– incorporará en breve al Diccionario para no ser tachada de “intransigente”). Teniendo la opinión que tengo de nuestros políticos, no puedo estar más en desacuerdo con esta práctica. Ya se han señalado los riesgos que implica: hoy se los presiona para que pongan remedio a la grave situación de los desahucios y a muchos les parece bien, por lo justo de la causa; pero mañana serán las asociaciones “provida” las que cercarán las casas de quienes quieran una ley del aborto en España y los llamarán asesinos y los instarán a votar una que los penalice, en todos los casos; al día siguiente se presentará una muchedumbre ante la vivienda de un periodista cuyas opiniones no le gustan y tratará de que las cambie por las suyas; al otro, una multitud de beatos execrará a los dipu­tados y jueces que han legalizado el matrimonio homosexual, etc., etc.

Pero además hay otros elementos en los que apenas se ha hecho hincapié, que yo sepa. En esas vituperaciones a domicilio no sólo se presiona, sino que se señala, es decir, se delata. Una masa individualiza a una persona y la somete a escarnio, no en su lugar de trabajo y en el ejercicio de sus funciones, sino en su casa, ante sus hijos y vecinos, que también se ven afectados sin tener arte ni parte. El espectáculo no es distinto del que ofrecería una turba llamando “pederasta” a quien tal vez lo fuera, y que aun así sólo habría de responder ante un tribunal por sus actos, no ante esa turba improvisada o más bien artificial y convocada; tampoco se diferencia del que dan esos “justicieros” o “virtuosos” que se apostan a la puerta de los juzgados para insultar a gusto a los detenidos famosos o acusados de crímenes llamativos. Siempre hay algo de repugnante y cobarde en la comandita de muchos contra uno, más aún si esos muchos se aprovechan de su número para envalentonarse y preservar su anonimato; siempre hay algo de despreciable y vil en la delación y el señalamiento, así sea indignante la conducta de los “expuestos”; siempre hay algo de rastrero en la intimidación y la vituperación masivas, independientemente del repudio que causen los intimidados y vituperados. ¿O es que a los fanáticos antiabortistas no les parecerá lo más grave del mundo interrumpir el embarazo más incipiente, producto de una violación o con peligro, y defender que no vayan por fuerza a la cárcel las mujeres que opten por ello? Cargarse de razón es fácil, de su razón cada uno, y cada uno verá tan justa su causa que todo le parecerá permitido con tal de favorecerla. Y sin embargo eso es lo que hay que recordar, en cualquier circunstancia: que nunca todo está permitido y que hay acciones inadmisibles. Es más, las hay que envilecen y denigran a quienes se prestan a ellas.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 28 de abril de 2013

Javier Marías, Premio Formentor de las Letras 2013

Foto. Santi Burgos

Foto. Santi Burgos

ACTA DEL JURADO

Reunidos los miembros del jurado del Premio Formentor de las Letras 2013, Félix de Azúa, Basilio Baltasar, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Manuel Rodríguez Rivero y Berta Vías Mahou, y tras considerar la obra de los diversos escritores presentados por el jurado, han decidido reconocer y premiar los méritos de la obra literaria de Javier Marías.

Javier Marías es hoy uno de los escritores más apreciados en los países europeos y cabe subrayar que, a pesar de haber comenzado a publicar a muy temprana edad su obra, no ha perdido desde su primer libro el aliento y la creatividad que lo ha convertido en uno de los escritores más interesantes de la literatura en español.

Javier Marías ha sido reconocido por un público dispuesto a compartir una narrativa nada complaciente, pero sumamente grata entre quienes mantienen el aprecio por la gran literatura. La obra de Javier Marías representa un triunfo de la inventiva gracias a la habilidad con que ha sabido contar, describir y pensar, sin que se resienta el flujo narrativo.

El jurado aprecia especialmente esa integración de acción descriptiva, introspección y digresión en perfecto equilibrio para la dinámica del relato. Marías ha sabido combinar fórmulas novelísticas tanto experimentales como convencionales, siendo cada nueva novela el resultado de una lucha con las inercias del oficio.

Javier Marías cultiva el placer de la escritura y transmite al lector un gozo que constituye una de las claves de la buena literatura. El humor está presente con elegancia y sus narradores, a menudo desconcertados, reflejan a su modo la fragmentación y la complejidad de la realidad, el recuerdo y la verdad.

El jurado reconoce en Javier Marías a un importante renovador de la narrativa en español que ha encontrado en Europa voces y modos que hasta ahora eran infrecuentes en la tradición española.

Por todo ello, el jurado del Premio Formentor de las Letras 2013, que ha decidido concederle este reconocimiento, felicita al autor y se muestra atento y expectante ante las obras que todavía no ha escrito.

En Formentor, 21 de abril de 2013

1366557094_359820_1366561512_miniatura_normalJavier Marías obtiene el premio Formentor de las Letras

El creador de obras como Tu rostro mañana, Todas las almas, Mañana en la batalla piensa en mí, Corazón tan blanco y Los enamoramientos ha sido distinguido con el Premio Formentor de las Letras. Es Javier Marías, escritor, académico y columnista, quien recibe este galardón por toda su trayectoria que, según el jurado, ha contribuido a definir la gran literatura europea contemporánea y ser uno de los escritores más apreciados en el continente.

Marías (Madrid, 1951) recibe este galardón tras un año marcado por el éxito internacional (ingresó en el selecto club de autores publicados en la serie Modern Classics de la editorial británica Penguin, sumado a las críticas elogiosas de su última novela, Los enamoramientos) y la polémica en España al haber rechazado en octubre el Premio Nacional de Narrativa por Los enamoramientos.

El jurado de los Premios Formentor, presidido por Basilio Baltasar y formado por Félix de Azúa, Manuel Rodríguez Rivero, Juan Antonio Masoliver Ródenas y Berta Vías Mahou considera que Javier Marías es hoy “uno de los escritores más apreciados en los países europeos y, a pesar de haber comenzado a publicar a muy temprana edad, su obra no ha perdido desde su primer libro el aliento y la creatividad que lo ha convertido en unos de los escritores más interesantes de la literatura en español”. El jurado reconoce a “un importante renovador de la narrativa en español que ha encontrado en Europa voces y modos que hasta ahora eran infrecuentes en la tradición española”. Además, valora especialmente la integración de acción descriptiva, introspección y digresión en perfecto equilibrio para la dinámica del relato.

El jurado recuerda, además, que el escritor madrileño ha sido reconocido por un público “dispuesto a compartir una narrativa nada complaciente, pero sumamente grata entre quienes mantienen el aprecio por la gran literatura”. Una obra que, afirman, “representa un triunfo de la inventiva gracias a la habilidad con que ha sabido contar, describir y pensar, sin que se resienta el flujo narrativo”.

Javier Marías, que recibirá el premio el 31 de agosto en Palma de Mallorca, se suma a una lista ilustre junto a otros escritores que recibieron el galardón en su primera época, entre 1961 y 1967: Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Juan García Hortelano, Uwe Johnson, Saul Bellow y Witold Gombrowicz. Un premio surgido en 1961 por iniciativa de Carlos Barral y Camilo José Cela e impulsado por editores extranjeros (Antoine Gallimard, Einaudi…), en el marco de los Encuentros de Formentor que habían nacido dos años antes y que se recuperaron en 2008.

El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer el conjunto de la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la gran tradición literaria europea, siendo su principal objetivo contribuir a consolidar y reconocer la posición de los autores que han sabido mantener su esencia literaria.

Dotado con 50.000 euros, el Formentor reapareció en 2011, cincuenta años después con el mecenazgo de la familia Barceló, propietaria del hotel Barceló Formentor, en Mallorca, donde se han realizado estas citas, y la familia Buadas, antigua propietaria del hotel en los sesenta, cuando se crearon las jornadas y el premio. En 2011 lo obtuvo Carlos Fuentes y en 2012 Juan Goytisolo.

El galardón es anual y tiene la voluntad de destacar la alta cultura literaria al reconocer el conjunto de la obra de un gran escritor. “Aspira a convertirse en referencia que oriente a los lectores en medio de tantos premios con vocación más comercial”, ha dicho en varias ocasiones Basilio Baltasar.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 22 de abril de 2013

ALFAGUARA

Abc

El Periódico

La Vanguardia

Diario Vasco

Efe

El Mundo

Europa Press

El Boomeran(g)

Ñ (Clarín)

La Nación

LA ZONA FANTASMA. 21 de abril de 2013. Los nuevos zombies

Una carta de un lector de El País me hizo gracia hace unos días, porque bajo el epígrafe “Somos maleducados” señalaba lo que de vez en cuando he venido apuntando desde los años noventa: en 1995 publiqué en otro sitio dos artículos, titulados respectivamente “Descorteses” y “Bestiales”, en los que lamentaba la progresiva pérdida de las formas más elementales de educación en España, y cómo eso llamaba la atención –para mi sonrojo– de las amistades extranjeras que aparecían por aquí. Se quedaban perplejas al comprobar que poca gente decía “por favor” o “gracias”, o “perdón” si les daba un empellón en la calle; cómo muchos camareros y dependientes se les dirigían con un tuteo invariable y en fórmulas nada urbanas: “¿Qué queréis?”, como si los clientes fueran una molestia o intrusos. Luego observé otras costumbres reinantes. No sólo es raro que alguien ceda el paso, sino incluso que se “estreche” mínimamente al cruzarse con otro, siempre ha de hacerlo uno si no quiere ser arrollado o embestido. Durante una época probé a no apartarme a propósito, a ver qué ocurría: los que venían de frente me atropellaban casi sin falta, no hacían ni ademán de desviarse un milímetro, era como si yo no existiera. Demasiados topetazos en poco tiempo; volví a mis rodeos o a bajarme a la calzada, más pruebas eran innecesarias.

Ese lector, Enrique Castro, de Barcelona, decía que quizá no estábamos enterados, pero que esa era nuestra fama fuera: la de ser rudos, incivilizados, zafios, desconsiderados, groseros. Lo mismo que los chinos tienen fama de escupir a todas horas (justa o no, la tienen), la nuestra es la de maltratar a cualquiera, no pedir permiso, no preguntar si algo molesta, no disculparnos por nada. No sólo viene siendo así desde hace muchísimos años, sino que la tendencia va en aumento. Llegará un instante en que será difícil convivir, o nos lo será a quienes cada vez parecemos más antigüedades.

Lo peor es que exportamos, me da la impresión, nuestras señas de identidad más feas. Primero fue la chapuza, que se veía raramente en Inglaterra o Alemania y en cambio ya está allí bien instalada. Ahora es el deterioro de los modales. En mis viajes de trabajo al extranjero me encuentro con comportamientos hasta hace no mucho impensables. Los editores que lo invitan a uno para apoyar la promoción de un libro con su presencia superflua (pero parece que lo que hoy importa más es la cara del autor y su cháchara, no su obra; “the singer, not the song”, como me dijo mi amigo Eric Southworth), a menudo lo tratan a uno fatal: le mienten, lo engañan, lo explotan, le mandan unos programas de actividades que luego se amplían a traición hasta el agotamiento, abusan lo indecible, se cobran su libra de carne en la piel del escritor exhausto. La prensa “interesada” suele ser caprichosa, informal y arbitraria, pretende que uno haga el idiota más de la cuenta y que se preste a sus ocurrencias más vejatorias. Pero todo esto viene ya de antiguo, uno está hecho a la idea, y más en tiempos de crisis, en los que nada le parece suficiente a nadie.

Más novedoso me resulta lo siguiente: uno viaja de una ciudad a otra, en tren, coche o avión, acompañado por una persona del departamento de promoción, suele ser joven. Pues bien, esa persona, nada más tomar asiento en el medio de transporte que sea, sin decir una palabra, ni preguntarle a uno si le importa, saca su iPhone, su iPad o como se llamen, le da a uno el perfil o la espalda, finge que se ha evaporado y se enfrasca en su tuiteo, en sus SMS, en sus What’s App, su Skype o lo que sea, de los que puede no levantar la mirada en las dos o tres horas de trayecto. Debo decir que lo prefiero: si uno se pasa el día soltando rollos en entrevistas y presentaciones públicas, lo último que desea es seguir hablando en los ratos muertos o libres. Lo llamativo es que esos encargados de prensa, de los que uno es huésped, ni siquiera hagan amago de ofrecer un mínimo de conversación, ni consulten su preferencia, ni se disculpen por su absoluto desinterés por quien está a su lado. Creo que no son conscientes de su descortesía, es decir, les debe de parecer lo más natural del mundo, darán por sentado que todos llevamos iPhones y iPads y que a todos nos atrae mucho más intercambiar mensajes-píldora con los ausentes que departir con quien se halla presente. La verdadera conversación pertenece al pasado, a quién le interesa.

Los que no llevamos aparatos por la calle debemos caminar con ocho ojos, no ya con cuatro. Antes no era infrecuente reprocharle a alguien que chocaba con nosotros: “Mire usted por dónde anda, hombre”. Ahora sería improcedente y absurdo, porque no se espera que mire nadie. Demasiadas personas van absortas en sus móviles y jamás elevan la vista. Les traen sin cuidado los edificios, los parques, la inagotable fauna de las ciudades, lo que sucede a su alrededor. Aún más si pisan o embisten a un transeúnte, así sea un anciano con bastón y paso frágil o una mujer embarazada o con tres criaturas. Debo confesar que tanto me irritan estos zombies electrónicos, sin curiosidad por nada físico, que sólo deseo –momentáneamente, luego retiro mi pensamiento excesivo– que se estrelle contra ellos un autobús mientras se emboban en sus imbecilizantes pantallas.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 21 de abril de 2013

El Nobel

JM MeulenhoffAL PIE DEL CAÑÓN. Candidatos en Estocolmo

Como pueden imaginarse los escritores que me leen para bien y para mal, en Estocolmo, como en otros tantos lugares este mundo, yo no soy candidato a nada. Por tanto, me tomo la libertad de sugerirles a esos mismos escritores, candidatos a todo, que eviten aparecer con frecuencia por Estocolmo. La curiosidad, también en este caso, mata al gato. Un poetilla que anda por ahí, arrastrando su sombra de juguete roto, cuenta a quienes le quieren todavía escuchar que una vez Camilo José Cela se plantó en su casa de Estocolmo y le dijo: “Justo, vengo a que me gestiones el Nobel”. Escritores candidatos a todo se llegaron a creer que el poetilla, tan premiado, no sólo era el mismo candidato al Nobel de Literatura, sino que él disponía de influencia más que suficiente para otorgarlo a los demás. Había ido a buscar el Nobel de Aleixandre, cuando en realidad tenía que haber ido Carlos Bousoño, por razones que aquí sobra explicar, y eso le dio un cartel de hombre de fuerza que los catetos de este país y de América Latina se creyeron a pie juntillas. El conejo me riscó la perra. O Dios los une y ellos se crían.

Repito que mi consejo es que eviten esta geografía de Estocolmo si aspiran “al máximo”. Digo “al máximo” porque una vez desayunando con amigo escritor, ni bueno ni malo, más que regular un poco mediopensionista, le pregunté entre risas si él aspiraba al Nobel. Muy serio, el tipo se paró en dos patas y me dijo que sí. “Aspiro al máximo”, me confesó ante mi estupor. La ambición humana, como los imbéciles, es ilimitada. No digamos ya los mediocres que se miran en espejo de los grandes escritores y de repente se encuentran un parecido cuanto menos excesivo. Aquí, como en todos los países del mundo, todos los años nos inventamos “candidatos interiores” (así los llamó Javier Marías en una ocasión); candidatos que nunca alcanzan la miel pero siempre están en unas listas que nos inventamos en el interior del populacho intelectual para creernos estrellas brillando en el universo. Y, por supuesto, hay candidatos, aún lejanos en el tiempo, según me dice mi garganta profunda sueca. Entre ellos, Gimferrer, a quien se lee poco en este norte, y Marías, de los más traducidos y editados en sueco. Y en francés. Porque las lenguas de los académicos suecos siguen siendo el propio sueco y, claro, el francés, que siempre propone cuatro o cinco candidatos y, cada lustro, clava al menos un premio de esos. ¿Y nuestros poetas de la lengua? Rafael Cadenas, Eduardo Lizalde, Carlos Germán Belli, Fina García Marruz o Rubén Bonifaz, están listos para recibir el Cervantes, pero Estocolmo les queda demasiado lejos. “¡Que se enteren en Estocolmo, que se enteren en Estocolmo!”, clamaba en el desierto madrileño un viejo escritor y sin embargo sabio y juvenil. No se enteraron y se fue a la tumba con más de un siglo a cuestas sin recibir la más mínima de las respuestas a sus gritos.

Carlos Fuentes, que anduvo tanto por Estocolmo que al final perdió el Nobel, dijo una vez que el próximo Nobel en español sería César Aira. Tal vez fue una respuesta a la broma del argentino de clonar al escritor mexicano en un congreso venezolano que tenía lugar en Mérida, Venezuela. Otro de los escritores que figura en el Parnaso de la paciencia es Ricardo Piglia. “Ha de resistir”. Resistir: he ahí una bonita palabra, un verbo excelente para combatir la desesperanza. A Caballero Bonald, hace dos años, cuando le dieron el Cervantes a Ana Matute, le sugerí que resistiera dos años más y todo se arreglaría. Mi amigo el jerezano me dio dos gritos de aviso y, de todos modos, resistió hasta que el Cervantes, que se le resistía en medio de avatares, fantasmas y reticencias, se le rindió aunque con dificultades.¿Quién no las tiene? Repárese que no hablo de supervivientes, sino de resistentes. Alexander Watt dice en Mi siglo que en todo superviviente hay un canalla. Y yo lo creo. También soy un resistente, no lo olviden los escritores que me leen, que me reinvento cada vez que puedo. Lo hago contento, como estoy ahora, en esta fría primavera de Estocolmo.

J.J. ARMAS MARCELO

El Cultural, 19 de abril de 2013

LE Debolsillo G
Los enamoramientos, 2º libro de bolsillo más vendido

Bonilla, Maiakovski, Marías

‘The Infatuations’ Top Ten Book Reviews

The infautatios
1 Top Ten Book Reviews
The Infatuations by Javier Marías

Born in Madrid in 1951, Javier Marías is the author of ten novels, as well as two collections of short stories and several books of essays. in 1997, he won the International IMPAC Dublin Literary Award, one of the world’s most lucrative literary prizes, for the novel A Heart So White.

(Nowadays, the IMPAC prize is valued at €100,000 – if the winning novel is not in English, €25,000 goes to the translator.) A Heart So White was translated from Spanish by Margaret Jull Costa, who has also translated The Infatuations, his first new novel for Penguin. The author’s work has been translated into 42 languages in total.

While his philosphical speculations may prove trying for some readers, The Infatuations is regarded as one of the Spanish writer’s most accessible novels. In terms of pace and focus, it certainly helps that its core event is a frenzied stabbing incident on a Madrid street, resulting in the death of a seemingly loving husband and father.

It is at first surmised that the crime is the random act of a madman. Or it may be a case of mistaken identity by an unhinged father who believed his victim was responsible for luring his two daughters into prostitution.

The story is told by one María Dolz who breakfasts at the same café each morning, where she watches with fascination a man and his wife. Their apparent conjugal happiness and ease with each other simply intrigue her.

Indeed watching the pair becomes part of her ritual, before she moves on to her job at a publishing house, and husband and wife also separate for the day. The couple, she notices, have two young children. A male friend also appears from time to time.

Such is Marías’ compelling gift that the reader can’t help but be drawn in, and the portrait of these two middle-aged people in love is wonderfully evoked. Where will the novelist take this thread you wonder?

Following a period during which the couple fail to appear at the outside table, María discovers that the husband – whose name it transpires is Miguel Desverne – is dead, the victim of the frenzied stabbing which has naturally made headline news in Madrid.

Eventually, his widow Luisa returns to the café and María approaches her to sympathise. She tells her how much she and her late husband intrigued her each morning at breakfast, even though they were perfect strangers.

María is duly invited to Luisa’s apartment where she meets the aforementioned male friend Javier. María and Javier begin to have a no-strings-attached affair. Luisa, it seems is the real object of Javier’s affections, as he waits for her to overcome her sadness at losing her husband, who is also, we are given to understand, his close friend.

One day, lying in Javier’s bed, María hears a male visitor come into the living room and talk excitedly to Javier about a man who appears to be Desverne’s murderer. It is a conversation that she wishes she hadn’t heard. She begins to fear for her own life, insisting to Javier that she heard nothing through the slightly-opened bedroom door.

Although it is not strictly in the genre, The Infatuations is as sophisticated as crime fiction can be, managing in its 346 pages to say so much about human nature, with its myriad fragilities, uncertainties and self-deceptions. No wonder Marías is translated into 42 languages; his themes are universal.

PADDY KEHOE

RTÉ (Raidió Teilifís Éireann, Ireland’s National), April 2013

LA ZONA FANTASMA. 14 de abril de 2013. Como si fueran comunistas

Pongamos que ustedes o yo somos chipriotas, lo cual podríamos llegar a ser en cualquier momento, dadas la nefasta gestión de la crisis del Gobierno de Rajoy, las perspectivas de aumento aún mayor del paro (ya se prevé que alcance al 27% de la población), la nula enmienda de nuestros bancos, sobre todo de los que han sido salvados con dinero de los contribuyentes, a quienes se niegan a conceder créditos “en agradecimiento”; dadas también la imposición de austeridad sin crecimiento llevada a cabo por Berlín y Bruselas, la parálisis del consumo y el general miedo reinante. Pongamos que ustedes o yo hemos ahorrado durante muchos años y tenemos depósitos de 100.000 euros o más. Que ese dinero lo hemos ganado honradamente y sin estafar a nadie, con buen tino para los negocios, con enorme esfuerzo y trabajo o con suerte, que a veces cuenta. Que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades ni hemos despilfarrado. Que a lo largo de nuestra vida sólo hemos pedido un crédito a un banco, y porque salía más a cuenta que pagar a tocateja, a lo cual estábamos dispuestos; que, en todo caso, ese crédito o hipoteca lo liquidamos en el plazo de dos años, dado que no nos gusta deber a nadie. Que por eso mismo no tenemos ni una sola deuda ni jamás nos hemos entrampado; al contrario, hemos prestado o dado dinero a quienes teníamos cerca y lo necesitaban. Que no vivimos con ostentación y sólo nos damos los caprichos a nuestro alcance. Que nunca hemos ido al banco ni a la caja a que nos presten para chorradas y antojos (la comunión de la niña, unas vacaciones en Nueva York o en el Caribe) ni para proyectos de envergadura que no podíamos estar seguros de llevar a buen término (la adquisición de una vivienda en propiedad, por ejemplo, contando con un empleo precario). Que no hemos invertido en preferentes ni en bolsa ni en ninguna operación de riesgo, sino sólo en fondos muy conservadores que nos han rentado poco, y no siempre, y cada vez menos. Que hemos pagado puntualmente nuestros impuestos y no hemos defraudado al fisco, o no conscientemente. Pongamos que somos chipriotas sensatos y cumplidores de las leyes, y que si hemos ahorrado 100.000 euros o más es en buena medida porque no nos fiamos de que las pensiones vayan a seguir existiendo como hasta ahora; porque queremos tener dinero disponible por si hay que ayudar; porque deseamos dejar algo en herencia a nuestros allegados; porque nos ha dado la gana.

Pues bien, nos encontramos ahora con un insólito latrocinio. Por haber ganado y conservado ese dinero sin especulación, fraude ni trampas, nuestro Gobierno y la Unión Europea nos castigan, y nos quitan o nos confiscan sin más… aún no se sabe si el 30%, el 40% o incluso el 80% de nuestros depósitos. Tras muchas protestas y alarmas, se ha logrado que al menos no les hurten casi el 7% a nuestros conciudadanos con menos de 100.000 euros. Pero los que sí tenemos esa cantidad (según la edad, tampoco da para retirarse) nos vemos despojados y desposeídos sin haber hecho nada para merecerlo. Estamos en el absurdo de que, si uno derrocha, se la carga, y si en cambio ahorra, también se la carga. ¿En qué quedamos? ¿Cómo se justifica, cómo se acepta que se desvalije de un 60% de sus ingresos (lo más probable) a nadie que no haya delinquido ni defraudado, ni siquiera haya arriesgado ni se haya endeudado? ¿Cómo es posible semejante atraco a manos de salteadores vestidos con traje y corbata y con cargos de responsabilidad? ¿Cómo puede ser esto “legal”, si es un puro y simple robo por parte de los Estados? Es gracioso: recuerdo bien cuando había pánico a los “comunistas”, en nuestro país y en otros. La mera palabra asustaba a muchos, y la gente común decía: “Es que si vinieran los comunistas, nos lo quitarían todo por la fuerza, la propiedad privada dejaría de estar protegida”. No han venido los comunistas, y sin embargo son el capitalismo y los partidos de derecha y “orden” quienes se dedican a confiscar bienes privados, sin justicia alguna y para “salvar la banca”. Imprevistos comunistas están hechos.

Hacienda mira con lupa lo que cada ciudadano gana, y es capaz de reclamar y multar por el más mínimo error cometido. Con el mismo escrúpulo, podría rastrear quiénes han obtenido sus 100.000 euros de manera legal y honrada y quiénes no; qué depósitos se retribuían a tipos de interés exacerbados –y por tanto comportaban un riesgo que debían asumir sus propietarios– y cuáles no. Llegada la hora de un rescate, de los cuales los culpables principales son siempre los políticos y los banqueros, debería poderse ver –tan al detalle como mira Hacienda– quiénes merecen ser esquilmados y quiénes no, en modo alguno. De otra manera, sucederán dos cosas, si es que no están ya sucediendo: a) mientras pueda, la gente trasladará sus depósitos a bancos de países de la UE que no vayan a ser rescatados, de modo que Alemania, Austria, Reino Unido u Holanda verán llenarse sus arcas mientras se vacían las de España, Italia, Portugal o Irlanda; b) después de que los ciudadanos sean saqueados sin culpa alguna, no se les pida solidaridad ni “patriotismo”, ni hacia sus respectivos países ni hacia Europa. Si nuestros Gobiernos nos roban descarada e indiscriminadamente, lo único que pueden esperar de nosotros es enemistad y desafecto, la continuidad de las hostilidades graves que ellos habrán iniciado.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 14 de abril de 2013

LE Debolsillo G
Los enamoramientos, 2º libro de bolsillo más vendido

Gli innamoramenti. Entrevista, reseñas, y más

LE it grandeAnatomia dell’ amore
RITA SALA
Il Messaggero, 30 dicembre 2012
La verità secondo María
MICHELE DE MIERI
24 Ore, 16 dicembre 2012
Marías, l’innamoramento è un thriller di parole
ROBERTO COTRONEO
Il Messaggero, 15 dicembre 2012
Questa volta ho voce di donna
PAOLO PETRONI
Il Cittadino, 13 dicembre 2012
La passione e le colpe inconfessabili
ANNA FOLLI
Gazzetta di Parma, 8 dicembre 2012
Comportamenti amorosi
EDMUNDO PAZ SOLDÁN
Letras Libres, 13 dicembre 2012
Due ragazze scomparse e una strana coppia perfetta
ALESSANDRO MARONGIU
La Nuova, 17 dicembre 2012
Se osservi due che si amano, il loro amore ti contagerà
LIANA MESSINA
F, 23 gennaio 2013
Gli innamoramenti
GIANLUCA VELTRI
Mucchio, 1 gennaio 2013
Alta letteratura con un tocco noir
PIERO MENARINI
Libero, 14 dicembre 2012
Poesía del matrimonio…
ROMANO MONTRONI
Corriere di Bologna, 26 gennaio 2013
Madrid, misteri e amori. Il nuovo incanto di Marías
ROSSELLA MARTINA
QN, 20 gennaio 2013
L’ amore secondo lei
PIERO MARIO FASANOTTI
Liberal, 15 dicembre 2012
Elogio della fantasia e della spietatezza amorosa
Panorama, 6 febbraio 2013
Dire buon Natale regalando un libro
ROBERTO PERROTTI
Corriere Nazionale, 16 dicembre 2012
Il Giornale, 26 gennaio 2013

LA ZONA FANTASMA. 7 de abril de 2013. Ladrones de Heathrow

Es 23 de marzo. En la televisión de mi hotel londinense, veo que cae una fuerte nevada, impropia de la época, en Escocia, parte de Gales y el norte de Inglaterra. Pero no en Londres. Desde el taxi que me lleva a Heathrow le mando a una persona un SMS en el que, con precisión léxica, le comunico: “Nevisca”. No “Nieva”, sino “Nevisca”, porque eso es lo que pasa, que cae una aguanieve, no más. Algo de viento también, pero vaya, nada del otro mundo, sobre todo para esas latitudes septentrionales en las que están más que acostumbrados. Pero no: hoy en día cualquier mínimo contratiempo se convierte en catástrofe, así que cuando llego al aeropuerto, con tiempo de sobra, veo que mi vuelo de Bri­tish Airways ha sido cancelado, lo mismo que otra veintena o más. Indago, y finalmente me envían a una cola de no demasiados pasajeros (es la de clase business), en la que sin embargo me tiro tres horas de reloj, tres, hasta alcanzar uno de los dos mostradores, dos, en que nos atienden. Tres horas de pie (no quiero ni imaginar cuánto les tocaría esperar a los de clase turista), junto con gente que va a París, Roma, Ginebra… Cuando por fin llega mi turno, me ponen en lista de espera para un avión más tardío y me dicen que me acerque a una “zona” (vaga definición donde las haya), en la que, si tengo suerte, me llamarán por mi nombre. No falta mucho para que despegue ese segundo vuelo, así que lo habitual en estos casos: nervios, incertidumbre, el oído aguzado para reconocer mi apellido cuando alguien decida vocearlo, sin micrófono ni nada, con pronunciación sui generis. Al cabo de un rato se produce lo ansiado. Una joven semiafónica grita algo así como “Mr Yáviah Márias”. Suelto mi maleta en una cinta, me dan una carta de embarque, me apresuro por los pasillos con mi bulto de mano (una maletica mínima y medio vacía), en busca de la puerta correspondiente. Voy con el tiempo justísimo, casi a la carrera.

Pero ah, hay que pasar el control, desde luego. En una bandeja deposito abrigo, chaqueta, cinturón, monedas. En otra, la maletica. Ambas son consideradas sospechosas y, en vez de seguir su curso recto, las desvían. Como si no hubiera el caos que hay en Heathrow tras tantas cancelaciones; como si la gente no llevara horas aguardando y haciendo colas; como si los pasajeros contáramos con todo el tiempo libre del mundo, los encargados de seguridad se lo toman con calma. Nadie hace caso de mis dos bandejas apartadas, durante varios minutos. Por fin un tipo calvo y de aspecto raquítico se me acerca con ellas. Ignoro por qué levantaron sospechas mi abrigo y demás, sobre eso no se me interroga. “Hay que abrir la maletica”, dice. “Adelante”, y se la abro. De mala manera, empieza a inspeccionar los pocos objetos que hay en ella, uno por uno. Coge un cenicerito con tapa que llevo siempre, por si acaso. “Esto qué es”. “Un cenicero”. “Es metálico”, observa con tono levemente acusatorio. “Sí, es metálico, ya lo ve”. “¿Y esto?” “Para medir la tensión” (mi médico, el Doctor Vidal, me obliga a controlármela). “¿Y esto?” “Ya lo ve, un reloj despertador de viaje”. Lo abre, lo mira, le pasa una especie de cepillito por encima, como a un par de libros, que además olisquea. “¿Y esto?” “Un adaptador”, es decir, lo que yo siempre he llamado un ladrón, que, cuando viajo al Reino Unido, me permite utilizar los enchufes continentales de dos clavijas (allí tienen tres). Ahora rebusca en el neceser. El de los líquidos, tijeritas, cuchillas y otras armas de destrucción va en la maleta facturada. En este otro, sólo cosas inocuas. Pero una botellita mínima de plástico, de nueve centímetros de alto (luego permitida) y medio vacía, lo alarma. Se la acerca a una compañera, para que la huela. Y allí veo a los dos, a distancia, tratando de oler el contenido, una escena ri­dícula. Se me aproxima de nuevo. “¿Qué es este líquido?” Se me ha olvidado el término inglés (no es raro, compruebo luego en casa que es difícil de recordar: “hydrogen peroxide”). “¿Cómo es en su lengua?”, pregunta. “Agua oxigenada”, respondo. Lo repite varias veces como si le gustara el conocimiento adquirido. “¿No es alcohol?” “No. Olería si lo fuera”. “¿Para qué es?” “Para detener hemorragias. A veces me corto al afeitarme”. Estaba ya desesperado, iba a perder el segundo vuelo. “Quédeselo. ¿Puedo seguir ya?” “Agua oxigenada confiscated”, dictamina muy ufano. De mala manera arroja mis cosas a la maletica. La cierro y salgo corriendo, aún he de encontrar mi puerta de embarque.

En Madrid descubro que me faltan cuatro objetos: el cargador del móvil de viaje; el adaptador o ladrón. ¿Qué podía hacer en el avión con tan infernales instrumentos? En todo caso, el tipo calvo no los declaró “confiscados”. No los devolvió, sin más. Pero tampoco están la calculadora y mi bonito despertador Dalvey. Encima de desconsiderados, ladrones. Llevaba tanta prisa que nada comprobé. Uno solía confiar en las autoridades británicas, no era país de chorizos. Uno se pregunta cuántas cosas apetecibles no habrán requisado por las buenas algunos de estos individuos en todos los aeropuertos del mundo, abusando de su poder. ¿Un despertador es un peligro? ¿Desde cuándo? Al tipo le gustó el mío, eso es todo. Aunque sea una minucia, causa indignación. Cuánta más no han de causarnos las decenas de políticos y funcionarios corruptos con cuyas hazañas nos desayunamos a diario desde hace meses y meses. El abuso de autoridad es imperdonable, pero en él vivimos instalados.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 7 de abril de 2013

LE Debolsillo G

Los enamoramientos, el libro de bolsillo más vendido

Marías traduce para ‘McSweeney’s’

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Javier Marías traduce “A Making of a Man” ["Cómo se hace un hombre"]
de Richard Middleton

McSweeney’s Issue 42

[With the help of guest editor Adam Thirlwell (author of Kapow!, Visual Editions), Issue 42 is a monumental experiment in translated literature—twelve stories taken through six translators apiece, weaving into English and then back out again, gaining new twists and textures each time, just as you'd expect a Kierkegaard story brought into English by Clancy Martin and then sent into Dutch by Cees Nooteboom before being made into English again by J.M. Coetzee to do. With original texts by Kafka and Kharms and Kenji Miyazawa, and translations by Lydia Davis and David Mitchell and Zadie Smith (along with others by John Banville and Tom McCarthy and Javier Marías, and even more by Shteyngart and Eugenides and A.S. Byatt), this will be an issue unlike anything you've seen before—altered, echoing narratives in the hands of the finest writers of our time, brought to you in a book that looks like nothing else we’ve ever done.]

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