LA ZONA FANTASMA. 14 de septiembre de 2014. ‘Completos bobos’

La operación empezó ya con brío antes de agosto, y prepárense para lo que ha de venir, es interesante: el Gobierno de Rajoy intentando convencer a la población de que las cosas son exactamente lo contrario de lo que ésta vive, percibe y padece a diario. Si el Gobierno lo consigue, habrá que aceptar que la realidad ya no cuenta y que somos peleles idiotizados, incapaces de pensar ni ver por nosotros mismos, meros rehenes de la propaganda institucional (y de los medios de comunicación afines, o más bien serviles, o temerosos en algunos casos); que las palabras falsas poseen más fuerza que las evidencias y que nos hemos convertido en seres domesticados y en completos bobos. Todo puede ser.

Algunos recordarán cómo, en la última época de Zapatero, el PP deseaba con fervor que la economía y el país fueran mal y hacía todo lo posible para que así sucediera. No tenía que esforzarse mucho (el país y su economía iban fatal), pero aun así puso todo el ahínco imaginable en que marcharan aún peor, para así ganar las elecciones de 2011 como las ganó, por mayoría arrasadora. Ahora, cuando faltan pocos meses para las municipales y autonómicas, y catorce para las generales del 2015, le toca afirmar que España está en plena recuperación (!), que es casi la nueva Alemania, e incluso que es “la tierra de las oportunidades” (!), mientras no cesa el éxodo de jóvenes titulados, y no tan jóvenes, hacia otros países porque aquí sólo les espera la cola del paro o un trabajo precario o una explotación descarada por parte de los empresarios, con las manos libres gracias a la reforma laboral de Báñez y Rajoy. El Gobierno recurre a datos vacuos y manipulados. Los desahucios están disminuyendo, dice, pero calla que eso es lo natural, por la sencilla razón de que ha habido ya tantos durante sus tres años de gobernación que, lógicamente, apenas queda ya gente por desahuciar. Es como si se asegura que un país en guerra está finalmente pacificado cuando uno de los dos bandos ha sido exterminado: ya no hay nadie vivo beligerante. Otro tanto ocurre con las cifras del paro. El Gobierno presume de que el número de desempleados “ya” no aumenta e incluso ha descendido un poco en primavera y verano, cuando mucha gente es breve y parcialmente contratada en los sectores de hostelería y turismo. Lo que calla es que los parados computables son menos porque: a) muchos han abandonado la búsqueda de trabajo, han desistido tras años de frustración; b) otros muchos han ido cumpliendo una edad en la que ya es seguro que nadie los contratará jamás; c) centenares de millares han emigrado al extranjero y por tanto ya no llaman a la puerta del INEM ni de nada español; d) no pocos parados de larga duración han muerto (bastantes suicidados), por lo que, obviamente, tampoco cuentan; e) otra gran porción de la población ha optado por las chapuzas en negro, ha convertido en su modus vivendi la actividad clandestina o sumergida, y por tanto no tiene el menor interés en figurar en ningún sitio oficial; f) cerca de un millón de inmigrantes de los años noventa y dos mil han regresado a sus lugares de origen o se han dispersado por Europa, también han dejado de contar. Si el Gobierno va eliminando a gente desesperada, a la larga, por fuerza, le queda menos gente desesperada. Lo increíblemente cínico es exhibir esto como un triunfo y decir que es producto de las sabias medidas dictadas por Rosell y los suyos y ejecutadas obedientemente por Báñez y Rajoy.

Cuando la recuperación llegue de verdad –si es que llega–, habrá que mirar las bajas, aunque casi nadie lo hará: una o dos generaciones echadas a perder, a las que sus años más productivos se les habrán escapado; un montón de jóvenes cualificados que no aportarán nada al país que los formó, sino al Reino Unido, Francia, Alemania, Suiza u Holanda; millares de pequeñas y medianas empresas que habrán echado el cierre por falta de créditos bancarios y por el empobrecimiento general de su clientela; incontables científicos, investigadores, arquitectos, artistas, que habrán debido suspender sus tareas y actividades: España será de nuevo un desierto intelectual, artístico y científico, como durante el franquismo. Pero lo mejor es esto: Rajoy y Montoro (que ahora anuncian ridículas “bajadas” de impuestos tras haberlos subido a lo bestia, y que –no lo duden– los volverán a subir en cuanto hayan pasado las elecciones, si las ganan) reconocen que esa “recuperación plena” aún no la notan las familias, esto es, las personas. ¿Y quién se supone que la ha de notar si no son las personas, los ciudadanos? España consiste sólo en eso, en sus ciudadanos, como cualquier otro lugar. Ningún país es un ente abstracto, o lo es tan sólo para los grandes financieros y los bancos. Nosotros, las personas de aquí, hemos perdido 12.000 millones de euros con el rescate público de un solo banco, Catalunya Banc. Esa monstruosidad de dinero equivale a lo que Rajoy ha recortado en sanidad y educación, dos esferas que el Gobierno habrá dejado devastadas cuando llegue la “recuperación”. Con este panorama, que durará largo tiempo si no siempre, ¿cómo puede nadie atreverse a pronunciar esa palabra, y añadirle el adjetivo “plena”? Pues ahí la tienen, llenando la boca del Presidente y sus acólitos, y más que se la llenará de aquí al 2015. Ya lo he dicho: si acaban convenciendo a alguien, será que nos hemos convertido en completos e irremediables bobos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 14 de septiembre de 2014

Javier Marías: “El rencor es una fuerza enorme de la que puede ser difícil prescindir”

Foto. J Rojas

Foto. Julián Rojas

La soledad de su voz fue desterrada cuando el propio Javier Marías abrió la puerta del balcón de su casa en Madrid e irrumpió el rumor babélico de los turistas de la plaza. Él estaba en mitad de sus reflexiones sobre su nueva novela, Así empieza lo malo (Alfaguara), que saldrá a la venta el 23 de septiembre. Dejó entrar las voces y el sol contundente de la tarde, sin parar de fumar ni hablar, en ese momento, de la manera en que algunos españoles no solo se “cambiaron de chaqueta”, como por arte de magia, tras la muerte de Franco, sino que intentaron obrar el milagro de usurparse a sí mismos con nuevas biografías. Fue poco después de que aclarara que no se trata de una novela política, sino sobre el deseo, el rencor y la arbitrariedad del perdón, de pasar por alto cuestiones graves y, en cambio, dejar emponzoñar algunas nimias.

El ojo en una rendija…

…Y el lector como testigo de una historia privada emocional y sentimental sobre la manera en que se fraguan una desdicha amorosa, unos deseos sexuales como motores de la vida, unos recuerdos nobles y rastreros y el arte de enmascarar y querer saber la verdad… ¡La verdad!… ¿Para qué? Y es ahí donde Javier Marías (Madrid, 1951) a la vez que cuenta y recupera el tiempo para comprenderlo, establece un diálogo con el lector.

Es su novela más erótica y feminista, con más humor y desparpajo lingüístico y la segunda más larga (la primera es su trilogía de Tu rostro mañana), en cuyas 534 páginas está el rastro del joven Marías, del Javier Marías que fue, y que es en la memoria y en los recuerdos, llamado aquí Juan de Vere. Él, el joven Juan, es quien desde una edad cercana a los 50 años del presente evoca su vida en 1980. Tenía 23 años, el adiós al franquismo aún estaba presente, la Transición había echado a andar, el mundo parecía reinventarse y el divorcio, el divorcio estaba al caer. Faltaba un año. Ahí está el origen de una novela en cuyo título, una vez más, está la presencia tutelar de Shakespeare, ahora invocado en Hamlet: “Así empieza lo malo y lo peor queda atrás”. Mientras, aquí mismo, y antes de que se cuele el murmullo de voces, la del escritor y académico, sentado en el sofá de su casa bajo un cuadro de Keller-Reuntlingen, donde un pueblo decimonónico entre sombras se refleja en el agua, escenifica lo que dicen de su narrativa: pensamiento en movimiento trenzado de relato y análisis, ahora, mientras habla al lector:

“Si en otras novelas he podido determinar con bastante exactitud el primer latido, como decía Nabokov, aquí no tengo un elemento tan concreto. Cuando uno lleva 43 años publicando y ha tenido varias fases, llega un momento en el cual uno acepta que tiene un estilo, unos temas principales que me preocupan y sobre los cuales se puede ahondar, y no es meramente repetición”.

“Una de las cosas que parece haberse olvidado es que hasta hace relativamente poco no había divorcio en España. Recordé que muchos matrimonios, aunque se llevaran mal y fueran indiferentes, seguían juntos. Eso me llevó a pensar que aparte de no existir el divorcio, una de las cosas que, a menudo, más mantiene a las parejas, y vale tanto para matrimonios como otro tipo de relaciones, es el rencor. Cómo el rencor es una fuerza enorme, y puede ser difícil prescindir de él. Me interesaba también abordar el deseo sexual mezclado, a veces, con amor y como uno de los motores más fuertes entre dos personas, sobre todo en la juventud. El narrador cuenta desde una edad ya madura y eso le permite observarse de joven y a los jóvenes en general. Hay una frase que define parte de la novela: ‘Los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas’, y suelen ser desaprensivos en algunos terrenos. Hay un tercer elemento: la arbitrariedad del perdón. En um momento dado uno de los personajes centrales, Eduardo Muriel, dice que la justicia desinteresada e impersonal no existe”.

No es una novela sobre los jóvenes y la sexualidad, pero… tiene coordenadas sobre ese territorio y la manera en que algunos jóvenes buscan crear recuerdos. Sembrar felicidades.

“Como autor me resulta inquietante que el joven en un momento dado tiene la sensación de haber vivido cosas como una especie de atesoramiento, y viene a decir: ‘Tengo que fijarme bien, tengo que aprehender bien este momento y estar atento a los detalles porque habrá un yo futuro que ya no tendrá tan fácil este tipo de escenas y me reclamará este momento’. Como si uno tuviera presente el espectro que será. A medida que uno cumple años descubre que el joven que fue tenía razón, y que uno ha guardado aquel día, aquella noche, aquel polvo, por decirlo mal, o aquel enamoramiento. No es malo que el lector reconozca cosas en esta novela. Cuando la gente dice que la novela es una forma de conocimiento yo digo no, para mí es una forma de reconocimiento. La novela lo que hace es traerte como lector cosas que sabías pero no sabías que sabías”.

AELM

No es una novela autobiográfica, pero…. Marías, desde el borde del sofá de esta casa donde vive hace 20 años, y con el cigarrillo entre los dedos, desanda sus años juveniles.

“El lenguaje del narrador es más crudo. Sobre todo en el pensamiento, y eso da verosimilitud. Para su configuración recordé pasajes de mi vida de joven. He pensado con cierta honestidad sobre si yo habría hecho una cosa u otra. Y a veces no es fácil reconocer y aceptar que también uno se portó de manera un poco indigna, aunque a eso está uno expuesto en cualquier edad, pero en la juventud hay cosas a las que no se les da importancia porque los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas. Y me temo que sí hay elementos del que fui…”.

No es una novela de amor, pero… tras los retratos de Los enamoramientos, en su exitosa novela anterior, en Así empieza lo malo se asoma a diferentes formas de amor.

“Lo extraordinario es que el amor sea correspondido. ¿Por qué diablos alguien a quien nosotros señalamos va a corresponder y, en caso extraño de que así sea, por qué ha de durar? Lo tenemos como algo que sucede habitualmente. Enlaza con una idea de Corazón tan blanco, cuando se dice que en realidad todo el mundo obliga a todo el mundo. En las relaciones más extraordinarias, amorosas, probablemente, al menos al inicio, hay un cierto grado de forzamiento de las circunstancias de quien toma la iniciativa, incluso en la amistad, aunque luego las tornas se cambien. Es muy raro que todo sea simultáneo. Como cuando un niño le dice a otro: ‘Quiero ser amigo tuyo’. Eso sigue siendo así, aunque no se verbalice. Verse considerado, deseable por alguien, te hace sentir bien y considerar al otro también, cosa que no hubiera sido posible de otra manera. Estamos expuestos a dejar de ser un bulto en el océano, porque si nos avistan, y tampoco ocurre mucho: o se acercan a uno, o nos esquivan.

No es una novela sobre venganzas, pero… palpita ese lado incontrolable del ser humano, junto al de la impunidad y las sombras de la justicia.

“La arbitrariedad del perdón es un misterio. El que no pasemos por alto cosas pequeñas. Quizá tiene que ver con lo que hiere el amor propio y este es enigmático. A veces nos tomamos mal que se ponga en duda algo trivial y no nos importa que se ponga en duda algo básico de nuestra personalidad o comportamiento. Nadie sabe muy bien dónde tiene puesto el orgullo. Si me lo preguntas a mí, no te sabría decir con exactitud, pero probablemente no sería en mis libros. El orgullo no siempre está puesto en lo aparentemente más importante.

No es una novela política ni histórica, pero… el franquismo parece tocarlo todo en España. Su estela es larga y el autor de Todas las almas y Mañana en la batalla piensa en mí no calla.

“Hubo un acuerdo, después de la dictadura, de no pasar factura a nadie. Es algo que ahora la gente reclama mucho, pero olvida que aunque se hubiera querido hacer, en los 80 los únicos que mantenían las armas eran los del ejército que seguían siendo franquistas como se demostró con el fallido golpe de Estado del 23-F. Si alguien hubiera dicho ‘queremos que se juzgue a los culpables del franquismo’ habría caído en el vacío. Fue acertado no llevar a nadie al banquillo, aunque eso supusiera renunciar a muchas cosas. Pero sin duda eso contribuyó a que pasáramos a tener un país más o menos normal, por muy imperfecta que sea la democracia y más imperfecta que esté ahora. No sé si fue una bajada de pantalones, como dicen algunos, pero conseguimos mucho a cambio. Se olvida que los periodos de libertad en España se contaban por trienios y ahora llevamos cerca de 40 años”.

“Una cosa es que no se pasaran cuentas y existiera una especie de amnistía general y otra es que no se pudieran saber las cosas. Y ahí es donde quizá hubo una exageración, en el ocultamiento, y eso es más irritante porque es en lo que seguimos, hasta cierto punto. En la novela hay un personaje que quiere saber algo del pasado de un amigo y luego desiste. Dice que si perdiera esa amistad al involucrarse en lo que él hizo hace muchos años, y que luego ha reparado, sería el mayor imbécil de un país donde nadie está haciendo eso. Donde se están dejando pasar las cosas. Así renuncia a saber. Eso refleja la época, 1980, y lo que ha pasado en este país. Pero no es solo reflejo de una época española sino de la historia de la humanidad. En realidad, en casi todas partes el número de crímenes que han sido juzgados y castigados es mínimo. No se puede llevar a todo un país, y ni siquiera a medio, al banquillo, salvo en una dictadura, si eres Stalin, Franco o Hitler, y ¿quién quería eso?”.

Sin dejar de hablar, Marías se levanta, se acerca al balcón y deja rodear su voz del murmullo, al regresar al sofá y pasar por el muro de sol que entra hace revolotear las finas serpentinas del humo del cigarrillo.

“No es que sea conformista, es la aceptación de que así son las cosas. Hay un momento en que dices: ‘Hay que convivir’. Pero me parece bien que queramos reclamar la verdad, y que se diga lo que sucedió. Una cosa es que no se lleve a nadie al banquillo y otra que algunos hubieran empezado a crearse biografías festivas. A veces los cambios de chaqueta son sinceros. Pero mi padre decía: ‘No creo en arte de magia’. En personas que un día están aquí y al día siguiente allá, hay que ver su desplazamiento. Tenía razón. Incluso muchos intelectuales tuvieron actuaciones dudosas u oportunistas y fueron cambiando, algunos de manera sincera. Nunca es lo mismo una guerra con los demás que con uno mismo”.

“Quizá sea mi novela más feminista en el sentido de que hay mayor conciencia del abuso habitual que se le da y se le ha dado a las mujeres. Cómo se logran de ellas cosas mediante la coacción, la amenaza, el chantaje o la denuncia. O, incluso, se busca satisfacer el deseo con ellas como manera de pago como ocurrió en el franquismo de forma rastrera”.

No es una comedia ni un melodrama, pero… hacia las siete de la tarde el autor de El hombre sentimental emparenta su nuevo libro con el culebrón en su sentido más noble.

“En mis novelas suele haber humor. Ahora, tal vez, como elemento rebajador de la tensión. Quizá porque hay elementos de melodrama en el mejor sentido de la palabra. Eso se ha producido para cierta sorpresa al intentar ser más realista, más verosímil. Al hacerlo me he encontrado con que entre más se acerca uno a la vida de las personas aparece el melodrama. La ocultación o el engaño de muchos tipos suelen estar presentes en las relaciones. Y, a veces, cuando se descubre la verdad, lo que se ha vivido se vuelve desazonador. Entonces se quiere borrar ese periodo de farsa. Pero no puede ser porque se ha vivido, fue real, aunque esa verdad invalide parte de una vida y sea un periodo contaminado”.

No es una novela ni filosófica ni sociológica, pero… Marías abunda en el tema y se pregunta qué haría la gente: ¿saber o no saber algo personal o ajeno quel e involucra? Por lo pronto, él cuenta qué va a hacer ahora.

“No tardaré mucho en empezar algo. El 20 de septiembre cumplo 63 años. La edad casi de un jubilado y si uno no está activo está peor. Antiguamente uno tenía más perspectiva en lo que yo llamaba futuro abstracto, ignoto, en el que cabe todo. Pero ahora vivo en un presente continuo y no se sabe lo que nos deparará la vida”.

Él, que ha escrito 12 novelas, ha sido traducido a 29 idiomas y ganado varios premios, y que se sabe hijo del azar porque su bisabuelo materno estuvo a punto de morir cuando era un bebé, mientras décadas después su padre fue casi empujado a la muerte, durante el franquismo, tras la infamia de un delator, deja su universo literario de Así empieza lo malo con dos personas que se miran y en silencio parecen decirse: “Y no, nada de palabras”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 14 de septiembre de 2014

Javier Marías irá al Hay Festival de Segovia

AELM

Javier Marías hablará de su nueva novela, Así empieza lo malo, el día 27 de septiembre de 2014, sábado, a las 20.30 horas, en el Aula Magna del Campus de Santa Cruz La Real–IE University (calle Cardenal Zúñiga n. 12), dentro del Hay Festival que se celebra en Segovia.

El escritor conversará sobre su nueva obra con Paul Ingendaay, corresponsal de cultura para el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Habrá traducción simultánea del español al inglés.

El precio de las entradas es de 3 €, y se pueden adquirir aquí.

Una estela de inteligencia: ‘Un reguero de pólvora’, de Rebecca West

URDPRecientemente se ha publicado Un reguero de pólvora, un volumen que recoge seis ensayos de Rebecca West (1892-1983), autora nacida en Irlanda y criada en Escocia. El libro presenta tres artículos, realizados por encargo de The New Yorker, que hablan de la II Guerra Mundial y la situación en Alemania durante la posguerra. El primero y más largo de los tres es la crónica de los juicios de Núremberg. La fecha lo certifica elocuentemente: 1946.

Se trata de un escrito apasionante que perfila nítidamente qué es un juicio, las limitaciones en las que se debe mover, las garantías que debe procurar, incluso las diferencias entre la manera de entender la ley de las diferentes potencias aliadas; concluye que cuando una sociedad tiene que castigar a una persona debe hacerle el menor daño posible para evitar que se extiendan por ella el tipo de sentimientos que hace que la gente cometa actos delictivos.

De paso, retrata cuidadosamente Núremberg y Alemania; para ello, al conocimiento enciclopédico que caracteriza a la autora, se suma el gusto y el acierto por el detalle revelador. Por ejemplo, cuando muestra cómo la ideología influye en la arquitectura y cómo esta, a la vez, influye en la mente de las personas. Otro detalle podría ser el título compartido de los tres ensayos: “Invernadero con ciclámenes” remite al trabajo como liberación, pero sobre todo, a la gran capacidad de trabajo alemana, un rasgo que a veces la inquieta. También insinúa otra característica de la autora: el amor y la precisión con que describe la naturaleza y la trasciende.

El segundo, escrito en 1949, explica finamente el reparto de Berlín por parte de las potencias aliadas y el inicio de la Guerra Fría. En este artículo, las vicisitudes de la época se vuelven comprensibles a partir de detalles como la manera de ser y de relacionarse de la gente enviada por las diferentes potencias con la población autóctona ocupada, o simplemente a raíz de los avatares de la intendencia.

El tercero y último (1954) es la fundamentada refutación al libro de un político nazi, secretario de uno de los encausados en los juicios (es aterrador, por cierto, que el libro haya merecido hace poco el honor de ser traducido por una editorial barcelonesa). La autora, menos de diez años después de finalizar la guerra, se da cuenta ya del milagro alemán a partir de un detalle aparentemente tan trivial como la forma de vestir de la delegación alemana durante una cumbre de economistas que tiene lugar en Lausana. En definitiva, tres artículos imprescindibles no sólo para entender los juicios de Núremberg o la posguerra en Alemania, sino también la II Guerra Mundial, la situación geopolítica o la condición humana.

Las claves del comportamiento humano continúan desgranándose en tres artículos sobre crímenes -un género bien británico- que se intercalan y completan el volumen. El primero, Ópera en Greenville es la crónica del juicio a treinta y un taxistas que lincharon a un negro en Carolina del Sur; un detalle de cómo es el comportamiento de los acusados con la familia y amistades en los recesos del juicio dan perfecta cuenta del racismo imperante en aquel momento en aquella sociedad. El segundo, El señor Setty y el señor Hume, narra un oscuro asesinato cometido en Londres; en este caso, se centra -el título ya lo insinúa- en el análisis de la psicología del presunto asesino y de uno de los testigos; éste y su familia ejemplifican, además, una gran parte de la buena, sensata y humilde gente del país; también nos hace ver el paisaje de un trocito del sur de Inglaterra (y hace que escuchemos las diferencias entre el ruido de dos aspiradoras; una minucia si se quiere, pero que desmonta dos coartadas).

El tercero, La mejor ratonera, narra un pequeño pero revelador caso de espionaje que anuncia a famosos espías posteriores. West aprovecha la simple génesis de la calle Kensington Palace Gardens y de quien habita sus espléndidos caserones para explicar varias fortunas europeas, así como cambios sociales, económicos y políticos de gran alcance. El retrato y el contexto del embajador británico en Rusia, especialmente el de su mujer, dan cuenta de más de un momento histórico.

La profunda inteligencia de West nunca deslumbra. Al contrario: ilumina y emociona. El análisis profundo siempre se acompaña de la compasión, de una chispeante capacidad de comprensión, de una enorme capacidad de empatía. Trate lo que trate, ya sea cuando razona sobre las experiencias que trascienden y las que no, cuando despliega conocimientos ingentes -siempre pertinentes-, cuando habla ecuánimemente de la situación de las mujeres, o cuando con tres pinceladas cuenta un lugar concreto y, además, el país y el momento histórico (o, incluso, el siglo anterior), todo queda convertido en literatura de la buena, donde la ironía siempre está presente. Hagamos una cata:

“En esta zona [el Tiergarten], los káisers habían dado carta blanca a la escultura, lo que había demostrado que los encargos a los artistas no tienen por qué resultar necesariamente un estímulo para el arte”.

Portada ESDLTHay que agradecer la edición de un Un reguero de pólvora al Reino de Redonda; tres años antes, editó otro importante ensayo de West, El significado de la traición. Aunque no se ha traducido ninguna de sus muchas obras de crítica literaria, en 2001 se publicó el inmenso y portentoso, en todos los sentidos, Cordero negro, halcón gris: un viaje al interior de Yugoslavia; reducirlo a un libro de viajes sería lo mismo que considerar que un libro como La plaza del Diamante de Rodoreda versa sobre palomas.

La dedicación de West -que fue una de las críticas literarias más reconocidas e influyentes del Reino Unido- a la poesía, al reportaje o al ensayo, su dimensión pública, su feminismo, no debería hacernos olvidar su dedicación a la novela. A pesar de que incomprensiblemente es una escritora poco traducida, se han traducido, entre otras, las muy recomendables e interesantes Cuando los pájaros caen (2011) o El regreso del soldado (2008).

Leer a Rebecca West es una de las dedicaciones más placenteras y enriquecedoras a que una puede dedicarse en este mundo.

EULALIA LLEDÓ CUNIT

El Huffington Post, 7 de septiembre de 2014

Versión en catalán

LA ZONA FANTASMA. 7 de septiembre de 2014. ‘La conjunción de mil azares’

La mayoría de ustedes podría descubrir cosas parecidas, supongo, a cada uno suelen llegarle las noticias que lo atañen. En un breve espacio de tiempo he recibido dos que me demuestran cuán fácil habría sido que yo no hubiera existido. La primera es relativa a un bisabuelo (el padre de mi abuelo materno) de cuyo paso por la tierra lo había ignorado todo hasta ahora, incluso su nombre. (Nunca me ha interesado saber de dónde ni de quiénes procedo, más allá de las personas cercanas, aquellas a las que he conocido; y si estoy enterado de las andanzas, la personalidad o las maldiciones padecidas por algún antepasado, ha sido sólo porque esas maldiciones y andanzas constituían un buen relato en sí mismo, que alguien se dignó contarme y luego yo he utilizado.) Ahora mi tía Tina, o Gloria, me narra lo siguiente, a sus ochenta y ochos años: la familia del padre de su padre (es decir, de mi abuelo Emilio, médico militar) venía de algún sitio de Aragón. En no sé qué año del siglo XIX, hubo una grave epidemia de cólera en la zona en la que vivían, y la enfermedad se cebó de tal modo que cayeron familias enteras, entre ellas la de mi bisabuelo, incluido él mismo aparentemente, que a la sazón era un casi recién nacido. Cuando llevaban sus cadáveres a ser quemados (lo habitual en las enfermedades contagiosas), amontonados tal vez en una carreta, un vecino se percató, en el último instante, de que el bebé gemía muy débilmente. “Este niño no está muerto”, dijo, y así lo salvaron de la pira. Alguien se ocupó de él, o lo prohijó, o lo adoptó; y por fuerza le dio estudios, puesto que, con el tiempo, aquel niñito se convirtió en el Doctor Ricardo Franco Roy (profesión que seguiría su hijo, mi abuelo), al parecer un hombre bondadosísimo. Gracias a un vecino aragonés de fino oído, yo estoy aquí, como mi tía Gloria o Tina y como también estuvo mi madre.

TRM AlfaguaraLa otra noticia no lo es propiamente. En realidad no hay nada en ella que ignorara, y es más, me he servido de esa historia –con permiso de mi padre– en mi novela Tu rostro mañana. Y también él contó los pormenores en sus memorias, Una vida presente. La historia es la de la delación, encarcelamiento y juicio que sufrió recién terminada la Guerra Civil. Lo delataron dos personas: un antiguo compañero y “amigo del alma” y un catedrático al que ni siquiera conocía. Ahora mis sobrinos Laura y Daniel me remiten una copia de la denuncia que el segundo delator firmó el 12 de abril de 1939, tan sólo once días después de la entrada de Franco en Madrid. Se dio prisa el catedrático, que encabeza así su escrito: “Julio Martínez Santa-Olalla, camisa vieja de Falange Española, militante de FET y de las JONS, catedrático de Universidad y Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, con domicilio en Serrano 8, tercero derecha, DENUNCIA.”  A continuación hay diez apartados, cada uno dedicado a una o más personas. Alguno llama la atención por lo vagarosas y “de oídas” que son las acusaciones: la “… que fue cocinera en mi casa … parece blasonaba ante las criadas del segundo izquierda … de que ‘del señorito pequeño no tendrían noticias porque era muy fascista y le hemos denunciado mi marido y yo’. En esta forma según referencia de dichas criadas aludía a mi hermano Antonio asesinado el 8 de noviembre de 1936”.

En el apartado 7º se lee: “Julián Marías Aguilera, domiciliado en Espartinas 7, es uno de los organizadores de la propaganda rojo-separatista en las primeras semanas, y continuador de ella en la forma más canallesca. Él fue el gran acompañante voluntario del gran bandido Deán de Canterbury que tan maravillosamente utilizaron Inglaterra y Francia para sus designios. El tal Marías presumía de colaborar en Pravda y desde luego lo hacía en Abc y Mundo Obrero. Este sujeto debe poseer documentación abundante y nombres de todos los que intervenían en aquella criminal propaganda. Sobre este sujeto y sus actividades se le podría pedir información a Héctor Maravall con domicilio en Larra nº 12”. Lo único no falaz de todo esto es que mi padre había escrito en Abc: unos artículos muy moderados, que hoy pueden leerse como representación de la llamada “tercera España”. Aunque sabía la historia (y en mi novela me preocupé de averiguar y contar quién era ese “gran bandido Deán de Canterbury” al que mi progenitor jamás había visto), me dejó mal cuerpo la lectura de la delación e imaginar lo que supuso para un joven de veinticuatro años; ver el siniestro documento del catedrático, que –él sí– acompañó a su amigo Himmler durante la visita del preboste nazi a Montserrat y otros sitios. No sé si hoy se percibe que unos cargos como esos, en abril del 39, significaban para el reo su casi seguro fusilamiento, además de una incitación a torturarlo antes. Mi padre tuvo suerte. Lo contó en sus memorias, y alegra saber que se encontró con un juez y con testigos decentes en unas fechas en que era dificilísimo serlo. Cuán fácil habría sido que no saliera con vida de su detención, un mes más tarde, el 15 de mayo. Todos estamos aquí, todos existimos tal como somos por la conjunción de mil azares, por el fino oído de un vecino o por la decencia de un testigo que se prestó a decir la verdad. Nuestras existencias son tan frágiles y tan improbables –una verdadera lotería- que sólo eso debería bastarnos para jamás sacar pecho por nuestro nacimiento y quitarnos toda importancia.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 7 de septiembre de 2014

‘Así empieza lo malo’, una novela sobre el deseo, el rencor y la arbitrariedad del perdón

AELM
ASÍ EMPIEZA LO MALO
JAVIER MARÍAS
Alfaguara, 23 de septiembre de 2014

«No hace demasiado tiempo que ocurrió aquella historia, y sin embargo hoy sería imposible. Me refiero a lo que les pasó a ellos, a Eduardo Muriel y a su mujer, Beatriz Noguera, cuando eran jóvenes, y no tanto a lo que me pasó a mí con ellos cuando yo era el joven y su matrimonio una larga e indisoluble desdicha».

Este es el arranque de Así empieza lo malo, «una historia tenue de la vida íntima, de las que no suelen contarse o sólo en susurros», evocada por quien en su juventud fue testigo y partícipe, Juan de Vere, mientras estuvo al servicio de un antaño exitoso director de cine. Ese trabajo le permitió asistir al extraño, desequilibrado presente del matrimonio, así como asomarse a sus misteriosos agravios pretéritos.

En el Madrid excitado de 1980, Muriel encarga al joven De Vere que investigue y sonsaque a un amigo suyo de media vida, el Doctor Jorge Van Vechten, de cuyo indecente comportamiento en el pasado le han llegado rumores. Pero Juan no se limitará a eso y tomará dudosas iniciativas, porque, como él mismo reconoce desde su edad madura, «los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas».

Así descubrirá que no hay justicia desinteresada, sino que está siempre contaminada por el rencor personal, y que todo perdón o castigo son arbitrarios, los individuales y los colectivos. Con su prosa inteligente y profunda, Javier Marías nos da también una novela sobre el deseo, que a menudo se impone a todo escrúpulo, lealtad o respeto, y sobre nuestra imperfecta contemplación de los hechos, siempre tuerta: a veces por fuerza, a veces por entera decisión nuestra.

La crítica ha dicho…

«Javier Marías es un escritor maravilloso.»
John Banville

«Javier Marías es uno de los más grandes escritores vivos.»
Claudio Magris

«Independientemente de nuestras expectativas, al leer elegimos pasar tiempo en compañía de un autor. En el caso de Javier Marías, se trata de una buena decisión: su mente es profunda, aguda, a veces turbadora, a veces hilarante, y siempre inteligente.»
Edward St Aubyn, The New York Times Book Review

«Un escritor profundamente necesario, un caballero andante, divertido, punzante, lleno de ira y amor.»
The Guardian

«De una inteligencia deslumbrante y cautivadora, parece que no haya nada que Marías no pueda conseguir con la ficción. No es extraño que se lo mencione continuamente como potencial Premio Nobel.»
Kirkus Reviews

«Hechizante… evoca a creadores de acertijos como Borges, y las tramas de Marías, ingeniosas como jugadas de ajedrez, traen a la mente al gran maestro estratega del siglo xx, Vladimir Nabokov.»
Los Angeles Times

«Es uno de esos raros y preciosos seres, un simple novelista que ama las historias e intrigado por el mal.»
Colm Tóibín, New York Review of Books

«Javier Marías es, en mi opinión, uno de los mejores escritores europeos contemporáneos.»
J. M. Coetzee

«Estoy gratamente impresionado por la calidad de la escritura de Marías… por su empeño y precisión.»
W. G. Sebald

«Los libros de Javier Marías me han producido un gran impacto.»
Graham Swift

Más información

SILLÓN DE OREJAS. Bloqueos y ensoñaciones veraniegas
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia, 30 de agosto de 2014

Entrega del Premio Giuseppe Tomasi di Lampedusa

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Vídeo de la ceremonia de entrega del premio
Vídeo de la entrega del premio

A Javier Marias il Premio Tomasi di Lampedusa

Una manifestazione culturale oramai consolidata che si ripete nel comune di Santa Margherita Belice, nell’Agrigentino, da ben undici edizioni, con larga partecipazione di pubblico. Si tratta del premio letterario internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa che quest’anno ha premiato lo scrittore spagnolo Javier Marias per il romanzo, edito Einaudi, Gli innamoramenti.

Un libro inquietante, come lo stesso scrittore l’ha definito, in cui, per la prima volta, nei suoi scritti la protagonista e’ una donna. L’idea de Gli innamoramenti “Nasce a partire dalla volontà di analizzare il sentimento di amore e vendetta come esperimenti ed esperienze estreme –ha detto lo scrittore Marias– Quasi al limite della follia”. Un noir metafisico e un caso letterario, quello dello scrittore spagnolo, che già nel 2012 in Spagna, aveva vinto il Premio Nacional de Narrativa assegnato dal Ministero della Cultura spagnolo come miglior opera letteraria pubblicata in una delle quattro lingue ufficiali riconosciute nel Paese. A causa dei tagli alla cultura decisi dal governo, però, Marías aveva rifiutato il premio di 20 mila euro. Una decisione che aveva fatto molto discutere, ma che rappresentava l’esempio di coerenza dell’autore: “In tutto questo tempo ho evitato le istituzioni dello Stato, senza curarmi del partito al potere –aveva commentato– Lo Stato non ha nulla da darmi per il mio compito di scrittore che ho scelto di mia propria iniziativa”.

Durante la serata, sul palco, Marias ha accennato un parallelismo tra Cervantes, scrittore spagnolo del ’600 e Tomasi di Lampedusa, entrambi, secondo l’autore spagnolo, sarebbero scrittori inaspettati. “Un’opera magistrale –ha detto Marias in riferimento all’opera di Lampedusa, durante la premiazione– Il Gattopardo e’ importante perché unico romanzo completo dell’autore, per essere apparso quando egli era già morto, quindi aver circolato nel mondo senza alcuna assistenza, per essere stato scritto da un isolano senza contatti con la letteratura pubblica. Per me e’ un romanzo sulla morte. La preparazione alla sua accettazione. Una parte della vita e, non la più importante”.

Madrina e conduttrice della serata e’ stata la presentatrice Rosanna Cancellieri. Ospite d’eccezione e’ stato l’attore Sebastiano Somma che ha letto alcuni passi del romanzo di Tomasi di Lampedusa e, che stasera sarà nuovamente sul palco del comune di Santa Margherita Belice per recitare alcuni brani del testo celebre, in questione. Presenti tra il pubblico anche il vescovo Domenico Mogavero, il rettore di Palermo, Roberto La Galla, gli assessori regionali Michela Stancheris e Patrizia Valenti.

L’edizione 2014 pero’ non e’ stata solo un evento letterario, ma anche musicale grazie alla presenza della voce raffinata di Fiorella Mannoia che ha chiuso la serata, omaggiando lo scrittore, vincitore del Premio, attraverso un midley di canzoni note al pubblico. La manifestazione si e’ affermata anche per le numerose iniziative che, proprio a partire da quest’anno potrebbero fungere da trampolino di lancio per gli eventi futuri, coinvolgendo gli altri comuni italiani. Presenti alla conferenza stampa erano infatti i sindaci dei comuni di Casarsa della Delizia in provincia di Pordenone, il comune di Santo Stefano Belbo in provincia di Cuneo, entrambi presenti in rappresentanza delle città che hanno dato i natali a scrittori celebri come Pier Paolo Pasolini e Cesare Pavese. L’iniziativa, come annunciata durante l’incontro con lo scrittore Marias, sarebbe quella di promuovere il territorio e la cultura attraverso i nomi di scrittori celebri. “Attraverso l’associazione nazionale città del vino – ha detto Iole Piscolla, responsabile del progetto New Art e Wine in Tuscany – abbiamo intenzione di implementare la coesione tra comuni soci e non in riferimento a nuovi prodotti turistici , attività e progetti tra i vari comuni italiani, che sono interessati a promuovere il profilo identitario, culturale del proprio territorio. Un modo per promuovere il turismo, attraverso il territorio e la letteratura”.

L’idea di fondo sarebbe infatti quella di creare un percorso culturale che abbracci le diverse esperienze artistiche delle diverse città italiane, partendo da un fil rouge che e’ quello fatto dai nomi di scrittori e poeti che hanno segnato la letteratura italiana.

“Cercheremo insieme agli altri comuni –ha detto Tanino Bonifacio, vice sindaco di Santa Margherita Belice– Di fare un percorso culturale che abbraccia diverse esperienze, diversi comuni e diverse realta’. Speriamo di incontrare il ministro Franceschini per fare insieme un percorso culturale e un protocollo di intesa che unisca i sindaci delle citta’ per promuovere lo sviluppo del territorio e sancire le linee di indirizzo, individuando i requisiti per creare un protocollo e un ampliamento dello stesso”.

MARGHERITA INGOGLIA

Sicilia Informazioni.com, 6 Agosto 2014

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Javier Marías vince il Premio Letterario Giuseppe Tomasi di Lampedusa

E’ stato accolto ieri all’Ars lo scrittore spagnolo Javier Marías, vincitore, con il suo nuovo romanzo Gli innamoramenti (Einaudi), del Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa. A fare gli onori di casa nel giardino di Palazzo dei Normanni è stata la deputata regionale Margherita La Rocca, componente della commissione Cultura dell’Ars e assessore comunale nella “Città del Gattopardo”.

“Sono felicissima oggi –ha detto Margherita La Rocca a Javier Marías– di ospitarla qui in questo illustre e antico Parlamento e di ospitarla in questi giorni nel Comune di Santa Margherita di Belice. Ringrazio il presidente dell’Ars Giovanni Ardizzone che con tutto il Parlamento regionale e la Fondazione Federico II ha fortemente sostenuto il Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa, che certamente rappresenta uno dei momenti culturali più importanti della Sicilia”.

L’autore spagnolo Javier Marías, vincitore Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa, ha incontrato stamattina nel giardino di Palazzo dei Normanni i giornalisti insieme al presidente della Fondazione Federico II, Francesco Forgione, al sindaco di Santa Margherita di Belice, Franco Valenti e a Gioacchino Lanza Tomasi, presidente della giuria del premio. Marías ha affermato che il suo rapporto con il capolavoro dello scrittore siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa è “molto antico, nato durante l’adolescenza” fino al punto da diventare oggi una sorta di “modello” non in sé stesso ma “come atteggiamento verso la scrittura”. “Sono onorato di ricevere questo premio –ha aggiunto Javier Marías– che porta il nome di uno degli autori per me più grandi del Novecento”.

“Siamo molto orgogliosi di ospitare un grande scrittore come Javier Marías. Il Premio –ha detto il sindaco di Santa Margherita di Belice Franco Valenti– è diventato negli anni patrimonio comune dell’intera cittadinanza. Incontrare e ascoltare le parole di uno scrittore di fama internazionale è un segnale di crescita culturale soprattutto per le giovani generazioni”.

La cerimonia di premiazione si svolgerà oggi martedì 5 agosto a partire dalle ore 20.45 in Piazza Matteotti a Santa Margherita di Belice, la serata sarà condotta dalla giornalista Rai Rosanna Cancellieri. Sul palco, oltre a Javier Marías, anche Fiorella Mannoia in acustico alcuni fra i più noti brani del suo repertorio musicale e Sebastiano Somma che leggera alcuni frammenti de Il Gattopardo di Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Comunicalo.it, 5 Agosto 2014

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Javier Marías in Sicilia, Margherita La Rocca Ruvolo fa gli onori di casa

L’autore spagnolo, vincitore Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa ha incontrato nel giardino di Palazzo dei Normanni i giornalisti insieme al presidente della Fondazione Federico II

E’ stata la deputata regionale Margherita La Rocca, componente della commissione Cultura dell’Ars, a fare ieri gli onori di casa nel giardino di Palazzo dei Normanni dove è stato accolto lo scrittore spagnolo Javier Marías, vincitore -con il suo nuovo romanzo Gli innamoramenti (Einaudi)- del Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa la cui premiazione si volgerà domani a Santa Margherita di Belice.

“Sono felicissima oggi di ospitarla qui in questo illustre e antico Parlamento e di ospitarla in questi giorni nel Comune di Santa Margherita di Belice. Ringrazio il presidente dell’Ars Giovanni Ardizzone che con tutto il Parlamento regionale e la Fondazione Federico II ha fortemente sostenuto il Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa, che certamente rappresenta uno dei momenti culturali più importanti della Sicilia”.

L’autore spagnolo Javier Marías, vincitore Premio Letterario Internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa ha incontrato ieri mattina nel giardino di Palazzo dei Normanni i giornalisti insieme al presidente della Fondazione Federico II, Francesco Forgione, al sindaco di Santa Margherita di Belice, Franco Valenti, a Gioacchino Lanza Tomasi, presidente della giuria del premio e al presidente dell’Istituzione Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Marías ha affermato che il suo rapporto con il capolavoro dello scrittore siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa è “molto antico, nato durante l’adolescenza” fino al punto da diventare oggi una sorta di “modello” non in sé stesso ma “come atteggiamento verso la scrittura”.“

Agrigento Notizie, 5 Agosto 2014

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Javier Marías vince il “Tomasi di Lampedusa”. Amore e morte nel suo Gli innamoramenti

Javier Marías si è aggiudicato l’undicesimo Premio Tomasi di Lampedusa con il suo libro Gli innamoramenti. Per l’occasione lo scrittore e giornalista spagnolo ha riletto il grande capolavoro dello scrittore siciliano, Il Gattopardo: “Non mi è successo, come a volte capita, di rimanere deluso, ma credo che sia il più grande romanzo europeo del Novecento”, ha detto Marías, a Palermo.

Gli innamoramenti, definito “noir metafisico”, racconta di un omicidio. Ma la storia –è subito evidente– è più complicata di quello che appare e mentre la trama rimane sullo sfondo per affermarsi con forza soltanto verso le ultime pagine, Marías scava nell’animo degli uomini e delle donne che si trovano ad affrontare una morte.

Amore e morte, dunque. Due temi molto cari a Javier Marías. “Sono temi di tutti i tempi, universali – ha detto – ma bisogna continuare a parlarne. Parlarne con la lingua dei tempi. Il pubblico ce lo chiede”.

La premiazione avrà luogo martedì 5 agosto a Santa Margherita Belice, in provincia di Agrigento. Ospiti d’onore la cantante Fiorella Mannoia e l’attore campano Sebastiano Somma che interpreterà alcuni brani de Il Gattopardo, con la regia di Gaetano Stella.

MARIA TERESA CAMARDA

Sì 24.it, 4 Agosto 2014

premio tomasi di lampedusa, martedi' conferenza stampa con javier marìas

Javier Marías, premiado en Sicilia

El escritor español Javier Marías, que mañana recibirá el premio Giuseppe Tomasi di Lampedusa por su novela Los enamoramientos, publicada en España en 2011 y en Italia en 2013, denunció que “a nadie le interesa resolver” el conflicto israelí-palestino.

“Me temo que a nadie le interese resolver el conflicto entre Israel y Palestina, pero lo que me parece inadmisible es la desproporción de las fuerzas enfrentadas”, declaró Marías en una entrevista con ANSA.

Y agregó: “si alguien me amenazase por la calle no reaccionaría atacando porque de esta manera yo sería un agresor pero eso es exactamente lo que está haciendo Israel. No estoy de acuerdo con Hamas pero es obvio que Israel cuenta con el apoyo de Estados Unidos, que es la principal potencia mundial pero que no se atreve a criticarlo”.

Esta es la undécima edición del premio dedicado a la memoria del autor de El Gatopardo, que será entregado mañana en la ciudad de Palermo, en Sicilia, y que recompensa una novela publicada en Italia en los últimos doce meses.

Los enamoramientos
, que trata temas universales como el amor, la muerte y la verdad, fue definida “angustiante” por el hijo adoptivo de Tomasi di Lampedusa, Gioacchino Lanza Tomasi, miembro permanente del jurado del premio.

“Vivimos en una época en la que parece que nadie quiere cambiar las cosas y estamos sumergidos en una suerte de parálisis debida tal vez al hecho de que el poder verdadero actual está en las manos incontrolables de la finanza”, agregó el escritor español.

La España que Marías describe en el libro sigue esperando una recuperación de la economía que el Fondo Monetario Internacional asegura que ha comenzado “pero que todavía no es bien visible, con mucha desocupación y dos millones de familias sin rédito fijo y quien tiene la culpa? De todos, creo, del gobierno español, de Angela Merkel y de la Unión Europea”, reflexionó el escritor.

“Pero eso no significa que antes con Franco estábamos mejor -afirmó Marías-. Cuando él murió yo tenia 24 años y mi padre fue encarcelado durante el franquismo. Si Franco viviera yo no podría escribir los artículos que me publica El País pero es cierto que en una democracia es grave que todos piensen que es imposible cambiar las cosas pero eso es lo que está pasando en Europa”.

Sobre Italia declaró: “Me parece que sin Silvio Berlusconi ustedes están mejor”.

GLORIA RAVISA

ANSA, 4 Agosto de 2014

 

‘En compañía de Rebecca West’

URDP
El pasado año pudimos ver un vídeo donde la madre del pintor Miquel Barceló bordaba un mantel con figuras del bestiario artístico de su hijo. El resultado era maravilloso y al pensarlo recordé, no sé por qué, algo que leí años atrás, donde se comparaba la inteligente prosa de Chacel con la compleja artesanía del bordado. Digo inteligente y complejo porque un bordado puede ser plano o tener profundidad y tanto las novelas de Rosa Chacel como aquel mantel bordado por Francisca Artigues convertían la superficie plástica en ese lugar profundo de donde surge el arte.

Algo de esto -pero al revés: del arte a la realidad- hay también en los libros de Janet Malcolm, libros-pesquisa en los que los mundos de Chejov, Freud, o Gertrude Stein en la Francia ocupada, son desmenuzados y reconstruidos ante nuestros ojos en un meticuloso bordado que convierte distintos fragmentos de vida artística en una forma de arte de vida, con sus secretos al aire. Pero algunos de los que hace años nos gustó Janet Malcolm, desconocíamos a Rebecca West, nom de guerre, de Cicely Isabel Fairfield, del mismo modo que Isak Dinesen lo es de la escritora Karen Blixen.

La ignorancia es a veces una fuente de alegrías. Curarla, quiero decir. Pero también poseerla para poder hacerlo. Cuando escuchamos que alguien dice a los sesenta años “estoy leyendo a Borges por primera vez en mi vida”, lo primero que experimentamos es cierta y bien fundada incomprensión: ¿dónde estaba antes? ¿Cómo ha podido esperar tanto? Pero después nos asalta otro sentimiento: nos gustaría tener en ese momento la misma sensación -disfrutada en un pasado muy lejano- del descubrimiento borgiano que tiene ahora ese lector tan tardío. Yo siempre creí que Rebecca West era una autora de best sellers romanticones y nunca había sentido curiosidad alguna por sus libros. Digamos que mi ignorancia era una forma de estupidez -ni siquiera sabía que había sido amante de Orwell- de la que me sacó el escritor Javier Marías enviándome el magnífico ensayo de West, El significado de la traición, publicado en Reino de Redonda, editorial propiedad del rey de ese reino marino, Xavier I, o lo que es lo mismo, el citado Marías. Sí, hayPortada ESDLT escritores que son monárquicos -es decir, shakespearianos en su visión de la jefatura de Estado- y un escritor, en España, que es monarca y no sólo del tiempo de sus novelas. Desde que leí El significado de la traición -un libro demoledor con la tradición del espía británico en el siglo XX- ya no puedo, ni podré, pensar en Anthony Blunt o en los miembros del círculo de Cambridge de la misma forma que lo hacía antes. Y siempre he de recordar las contundentes palabras de Rebecca West al cerrar su prólogo: “El espionaje es un juego de patanes”. Y yo, que empecé a colaborar habitualmente en prensa con una laudatoria necrológica de Anthony Blunt… En fin: también la ignorancia –curarla- proporciona disgustos desde que existe el fruto del árbol del bien y del mal.

Hace poco, la editorial Reino de Redonda ha publicado otro libro de Rebecca West titulado Un reguero de pólvora. Aquellos que han gustado de Janet Malcolm -y perdón por la insistencia-, corren el peligro, si lo leen, de encontrarla un juego adolescente al lado de la prosa -profunda y minuciosa- de Dame West cuando escribe sobre el juicio de Núremberg y la ocupación aliada de Alemania. La entomóloga pasada por el psicoanálisis –Malcolm- frente a una mujer sabia -a lo Montaigne- y su dominio de la naturaleza humana –West- con sentencias de gran altura. “Cuando la sociedad tiene que lastimar a una persona ha de hacerle el menor daño posible, so pena de que se extiendan por esa sociedad sentimientos de los que impulsan a la gente a cometer actos por los que acaban en la horca”, escribe West. Y aquí nos está hablando de algo íntimamente relacionado con la ley y el estado de derecho: la defensa de la civilización y la constatación de su superioridad moral sobre la institucionalización de la violencia, la traición o, simplemente, el delito común. Porque esa es la impresión que se tiene leyendo el libro: la de estar en el interior de alguien que defiende y nos recuerda cuál debería ser nuestro lugar ya no sólo frente a la barbarie, sino frente a la adulteración, falsedad y torcimiento de la realidad y su complejidad moral. En estos tiempos, una compañía necesaria.

Rebecca West era una mujer muy inteligente y Un reguero de pólvora posee la complejidad arquitectónica de una novela en la que los personajes secundarios son reales y no tienen precio, más la apasionante destreza de un reportaje del llamado Nuevo Periodismo, no inventado aún en su época. Y debería ser de lectura obligatoria en las facultades de Derecho y más que aconsejable entre los profesionales del mismo. El libro trata de Núremberg y sus consecuencias, en los extraordinarios capítulos titulados Invernadero con ciclámenes, escritos en 1946 (el juicio en sí y su entorno), 1949 (las mujeres alemanas en la inmediata postguerra) y 1954 (una lectura crítica del revisionismo alemán). Para ello enlaza con la inquietante mutación que puede sufrir cualquier sociedad y cómo esa mutación se convierte en nobleza y en más miseria en la derrota y más adelante resurge como justificación del pasado y su maquillaje. Sólo por esos capítulos -y el sólo se queda corto y mezquino- Un reguero de pólvora adquiere la altura de la gran literatura (con toda una concepción filosófica de fe democrática, una profunda y vasta cultura detrás que sostienen la fortaleza -porque es fortaleza- de West, y detalles de un humor impagable). Pero también está el seguimiento de tres procesos judiciales y el relato de sus causas, donde Rebecca West vuelve a brillar con un talento superior al de la mejor Agatha Christie en el tratamiento de los detalles, una meticulosidad proustiana hija del más lúcido psicologismo y el encantamiento descriptivo de un buen libro de viajes. Uno de ellos, La mejor ratonera, enlaza en cierto modo con los textos de El significado de la traición, con lo que el placer cómplice es doble. Sólo añadiré que ahora me gustaría continuar flotando en mi ignorancia acerca de Rebecca West, para disfrutar una vez más de la misma manera que lo he hecho con ella en el Reino de Redonda.

JOSÉ CARLOS LLOP

Diario de Mallorca, 3 de agosto de 2014

De crímenes y un milagro (alemán)

URDP PLLa escritora inglesa Cicely Isabel Fairfield (1892-1983) firmó su primer artículo con el seudónimo de Rebecca West en 1912, cuando colaboraba con un semanario feminista —The Freewoman— que más allá del sufragismo abordaba cuestiones de sexualidad y clase social. La elección del heterónimo no era arbitraria sino muy motivada, porque así se llamaba la protagonista torturada y contestataria del melodrama de Ibsen La casa de Rosmer. Rebecca West hizo bueno el seudónimo cuando provocó al escritor H. G. Wells —por entonces ya consagrado— con una crítica de su novela Marriage en donde le llamó “solterona entre los novelistas”. Más adelante, sin embargo, se convirtió en su amante y tuvo con Wells a su único hijo, Anthony West, con quien mantuvo durante toda su vida una relación enfermiza, al parecer no muy distinta a la de Katherine Hepburn y Montgomery Clift en De repente, el último verano.

Respecto a su obra, West escribió novelas —algunas llegaron a ser best sellers—, relatos, poesía, reportajes y ensayos, y desde los años veinte fue una de las críticas literarias más influyentes de Reino Unido. Entre sus obras se cuenta la imponente Cordero negro, halcón gris (1941), que, pese al subtítulo de Un viaje por Yugoslavia, desborda con mucho el género y se ha considerado su mejor libro. Por añadidura, gracias a sus dotes sociales dentro y fuera del mundillo de las letras (fue dama del Imperio Británico), a la intuición con que detectaba lo que podía resultar de interés para el público y a su capacidad para la polémica, alcanzó desde muy temprano el estatuto de figura literaria. A la larga, siendo muy prolífica, también hizo dinero.

URDPEn Un reguero de pólvora, que se publica ahora por primera vez en España, West reunió seis reportajes que tienen por denominador común los procesos judiciales. Por una parte, se encuentran los tres reportajes sobre los juicios de Núremberg que la revista estadounidense The New Yorker encargó sucesivamente a West en 1946, 1949 y 1954. La autora los tituló ‘Invernadero con ciclámenes’. Por otra, el volumen recoge tres crónicas dedicadas a otros tantos crímenes. En la primera de estas, ‘Ópera en Greenville’, la escritora narró el proceso contra un grupo de 31 taxistas blancos acusados del linchamiento de un negro en una ciudad de Carolina del Sur. En la segunda crónica, titulada ‘El señor Setty y el señor Hume’, relató un crimen en los bajos fondos londinenses. Por fin, en ‘La mejor ratonera‘ contó la historia de un joven radiotelegrafista del Ministerio de Asuntos Exteriores británico que entra en contacto con un diplomático soviético y es reo de espionaje.

A decir verdad, estas tres crónicas contrastan con ‘Invernadero con ciclámenes’, de manera parecida a como podrían hacerlo tres breves de sucesos con un artículo de fondo. El interés de los tres reportajes está más en los destellos de lucidez y la elocuencia con que West describe, narra y divaga que en los asuntos, bastante sórdidos y que se resuelven con cierta vaguedad tanto desde un punto de vista ético (salvo, quizás, en ‘Ópera en Greenville’) como literario (no solventan los misterios). Al fin y al cabo, son crónicas realistas, productos de un momento dado en el que todavía permanecen; en ese sentido, hacen relatos menores, aunque en su momento fueran reportajes excelentes.

Por contra, ‘Invernadero con ciclámenes’ justificaría más que de sobra su publicación como libro independiente. Tal vez el editor o la autora, en su día, colaron de rondón las otras tres crónicas para engordar el volumen. Sea como fuere, West escribió uno de sus mejores textos, un documental sobre la evolución de un país devastado por la guerra e invadido por cuatro potencias victoriosas que obra, pese a todas las dificultades y gracias también a la generosidad de los vencedores, lo que dio en llamarse “el milagro alemán”. El invernadero del título hace referencia precisamente al espítitu industrioso germánico del que West fue testigo en Núremberg en 1946, cuando vio cómo un hombre con una sola pierna y una niña de 12 años cultivaban ciclámenes y milagrosamente lograban venderlos en un país donde la gente no tenía qué comer.

Ocho años más tarde, West, estando en Lucerna (Suiza), observó a los economistas que asistían a una reunión de alto nivel. Allí pudo ver que de entre los representantes aliados los americanos aparentaban ser los más ricos con diferencia, hasta que llegaron los de la delegación alemana, y los estadounidenses parecieron pobres a su lado. El trasfondo moral, como no podía ser de otro modo, es el juicio al nazismo y los problemas legales —sobre todo de procedimiento— y de organización que, mal que bien, se arrostraron y se solventaron en los juicios de Núremberg. Algo empezaba entonces que todavía no ha terminado hoy, y West lo contó a las mil maravillas.

FERNANDO CASTANEDO

El País, Babelia, 26 de julio de 2014

LA ZONA FANTASMA. 27 de julio de 2014. ‘Si sólo vivieran los vivos’

La cosa empezó hace veinte o más años, y no ha hecho sino ir en aumento. Mi hermano Fernando, catedrático de Historia del Arte, me contaba ya entonces que no era raro que estudiantes suyos –universitarios especializados, ojo– describieran una Pietà como “mujer llorando la muerte de un hombre”, o una pintura del juicio de Salomón como “dos mujeres disputándose un crío en presencia de un rey” (lo de “rey” lo deducían por el trono) o, según el momento de la escena representado, como “tirano amenazando a un niño con una espada ante la desesperación de su madre y otra”. El colmo se produjo cuando un Cristo crucificado le fue descrito como “hombre casi desnudo sobre una cruz”. Sí, hace ya tiempo que demasiada gente ha dejado de conocer las referencias bíblicas, y está incapacitada por tanto para interpretar los temas de buena parte de la historia de la pintura y la escultura. Pero claro, no es sólo cuestión religiosa: también han desaparecido del saber común o elemental (de lo que se llamaba “cultura general” hace no mucho) la mitología griega, y la historia de Roma, y la medieval, y hasta la napoleónica. Probablemente habrá ya numerosos individuos que, ante un retrato ecuestre de Bonaparte, digan que se trata de “imagen de jinete antiguo con sombrero raro”.

Que se tenga cierta noción sobre algunos hechos del pasado, o episodios del Antiguo Testamento, depende cada vez más de que surjan una película, una novela o un cómic populares que se ocupen de ellos o los “rescaten”. Puede que este año, tras la película Noé, con Russell Crowe, haya jóvenes que, ante un lienzo sobre el asunto, ya no digan “parejas de animales entrando en un barco, en época remota”, sino “el Arca de Noé”. Si bien, merced a los incontables traductores que ignoran que los nombres clásicos poseen su forma y su tradición en cada lengua, haya quien crea que “Noah” es alguien distinto de Noé, “Tiberius” otro que Tiberio, o “John Calvin” un americano que en nada se corresponde con el reformista francés del XVI Calvino, que dio nombre al calvinismo. Claro que tampoco son tantos los que han oído hablar de esto último.

Pero no nos limitemos a la religión y la historia. Hace asimismo décadas, Chávarri y Díaz Yanes, que han dado cursos de cine, me contaban que para sus alumnos ese arte se iniciaba con El Padrino (1972). Dichosos aquellos tiempos. Lo último que me dijeron es que los de hoy ya desconocen Pulp Fiction (1994), o en el mejor de los casos les parece una antigualla. De una película en blanco y negro, por supuesto, consideran que nada pueden aprender, es la prehistoria, así se trate de Ciudadano Kane, Extraños en un tren, La fiera de mi niña o Anatomía de un asesinato. Pero ni siquiera el cine o el cómic recientes ayudan mucho al resto de saberes: he leído que numerosos turistas que se caen por las Termópilas en algún viaje por Grecia, se asombran al “descubrir” que era más o menos verdad lo que se relataba en 300, la exitosa película adaptada de la novela gráfica de Frank Miller. “Anda, si resulta que existió el tal Leónidas de Esparta”, exclaman, y se dan codazos; “y Jerjes, el vicioso persa”, al que los traductores cenutrios han convertido en “Xerxes”, siguiendo el inglés e ignorando los siglos. A la inversa, no son escasos los lectores de El código Da Vinci y demás charlatanadas que creen a pie juntillas los disparates ficticios que hay en ellas y los toman por incontrovertibles lecciones de historia.

Lo último de que me entero es de que hasta la cultura popular (la que más se ha transmitido siempre) empieza a desconocerse. Hay parques de atracciones cuyos túneles del terror han caído en picado porque pocos saben quiénes son demasiadas de sus figuras, y por tanto no dan ningún miedo. Aparece Drácula y la gente no tiene ni idea de quién se trata, o algunos lo confunden con Batman, por la capa, y se preguntan qué hace el héroe de Gotham en el túnel de los sustos. La niña de El exorcista deja fríos a los visitantes porque jamás han oído hablar de ella; y hasta Freddy Krueger con sus dedos que rajan, nacido en 1984 y de largas secuelas. Los responsables de las atracciones van a jubilar a unos cuantos y a actualizar el elenco. Y eso que de Drácula hubo una versión de Coppola en 1992, que volvió a ponerlo de moda. El problema no es que el mundo cambie a cada vez mayor velocidad, sino que todo lo habido sea inmediatamente relegado al absoluto olvido. Hay una fecha de caducidad cada vez más corta para cuanto sabemos y hacemos. Lo que hoy es “tendencia” será probablemente ignorado dentro de cinco, diez años con suerte. La acumulación se ha barrido, y la conservación no digamos. Eso me lleva a recordar una frase de Gabriel Marcel que le oí o leí a mi padre: “S’il n’y avait que les vivants, la terre serait inhabitable”, o “Si no hubiera más que los vivos, la tierra sería inhabitable”. No sé el contexto, pero no me hace falta para entenderla. Y sin embargo es a eso a lo que vamos y se procura ir: a que no quede rastro de lo que una vez sucedió o se supo, ni de los muertos, del confortable pasado que nos alivia a veces y nos ayuda a sostenernos, y nos enseña que hubo tiempos, si no mejores por fuerza, sí distintos de los nuestros, y que podrían volver por tanto. Acaso tiempos más inteligentes o más libres, más cuerdos o menos mediocres. Hoy parece que la intención sea borrar cuanto nos precede, a velocidad de vértigo. Que en la tierra no vivan más que los vivos, y sólo si son muy recientes.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 27 de julio de 2014

[LA ZONA FANTASMA se va de vacaciones hasta septiembre, el Blog no]

‘Juan II de Redonda’, por Javier Marías

JWT en RJon Wynne-Tyson y yo nos hemos visto una sola vez en persona, y fue adecuadamente un 23 de abril, que en España es el Día del Libro y la fecha en que murió Miguel de Cervantes. En la misma fecha del mismo año murió también William Shakespeare, aunque al parecer los calendarios español e inglés fueran levemente distintos en 1616. Era 1997 cuando Jon y yo nos vimos.

Me citó para almorzar en el Basil Street Hotel de Londres, después de habernos cruzado unas cuantas cartas tímidas, sigilosas y casi sinuosas en las que a mí me costó saber que lo que él me estaba proponiendo era “abdicar” de su título de Rey de Redonda en favor mío. Jon estaba cansado de aquella “tarea indeseada”, o más bien de los ataques y acosos de otros “aspirantes al trono” con los que quizá había cometido la imprudencia de enzarzarse en discusiones, de responder a sus reclamaciones e intentar razonar con ellos. Él conocía mis novelas y quería que su “heredero” fuera un escritor de verdad, que además se hubiera interesado y ocupado de la muy literaria leyenda redondina en sus escritos, como había hecho yo en Todas las almas y volví a hacer en 1998 en Negra espalda del tiempo.

Pero, claro está, antes de tomar una decisión definitiva deseaba verme y conocerme personalmente, aunque fuera una vez. Ya no recuerdo con nitidez nuestra conversación durante el almuerzo, pero sí que después me llevó a su casa, creo que para que también me viera y conociera su mujer, Jennifer, y una hermana de ella que estaba allí. Tuve la impresión de que Jon necesitaba el visto bueno o la aprobación de Jennifer, como si se fiara más de su criterio que del propio. Conservo el recuerdo de una mujer dulce, sonriente y afectuosa, a la que no debí de parecer mal del todo. Yo tenía entonces cuarenta y cinco años y probablemente parecía más joven. Quizá eso ayudó a que Jennifer me considerara con benevolencia.

Una vez hecho el “traspaso de poderes”; una vez que me convertí en albacea literario y en propietario de los derechos de autor de los anteriores “Reyes”, M P Shiel y John Gawsworth o Felipe I y Juan I; una vez nombrado nuevo “monarca” de Redonda, Jon y yo hemos hablado varias veces por teléfono y nos hemos escrito numerosas cartas. Las suyas, incluso ahora, cuando se acerca a los noventa años, son siempre inteligentes, estimulantes, llenas de humor y con un inglés tan perfeccionado que en ocasiones me cuesta un poco entenderlo (a mí, que en su día traduje Tristram Shandy de Sterne, y a Sir Thomas Browne, y a Joseph Conrad y a Yeats y a Hardy y a Wallace Stevens). Cada vez que recibo un sobre suyo es un gran motivo de alegría.

He intentado llevar su legado de la mejor manera posible: con dignidad, sin incurrir en baraturas, sin hacer el ridículo y procurando que eso afectara poco a mi nombre como novelista, que ya había empezado a establecerse cuando, a los diecinueve años, publiqué mi primera novela en España. Una de las cosas que más me satisfacen es notar que Jon Wynne.Tyson no se ha arrepentido de su elección, que juzga no haberse equivocado. O quizá fue Jennifer la que no se equivocó.

En cuanto a la parte más ardua de la “tarea”, yo no la he padecido. Como ya le anuncié a Jon durante aquel almuerzo del Basil Street Hotel, no he entrado en “disputas dinásticas”, no he litigado con ningún usurpador ni pretendiente a la corona redondina. Creo que le dije algo así como: “That would be the only kingly thing to do”. Que él, durante su “reinado”, se comportara de manera distinta no lo convierte en absoluto en un “Rey” menor, y habla sólo de su buena fe y su delicadeza hacia los demás, incluso hacia los farsantes y aprovechados. Aún más larga vida a Juan II.

JAVIER MARÍAS


‘Juan II of Redonda’

LA ZONA FANTASMA. 20 de julio de 2014. ‘Cazuelas en los quirófanos’

La única razón que veo para echar de vez en cuando una ojeada a los programas de las televisiones españolas (o a las de cualquier país) es hacerse una leve idea de lo que interesa y atrae a la población. Y desde hace unos años da la impresión de que España es un lugar en el que la gente come a dos carrillos, a todas horas y sin cesar, más o menos como si fuéramos perros: ya se sabe que éstos engullen cuanto se les pone delante, porque nunca están seguros de cuándo van a conseguir más alimento. Según me cuenta mi sobrina Teresa, veterinaria, morirían si no se los frenara, comerían hasta reventar. Pues parece que los españoles lo mismo: da igual que uno encienda la televisión a media mañana o media tarde, cuando en principio no toca ninguna ingesta; allí están individuos guisando, preparando repugnantes platos, amonestados e insultados por chefs bordes, perdonavidas y con pinta “artística”. Si digo “repugnantes” es por dos motivos: nada revuelve tanto como ver comida a deshoras, cuando uno está saciado o carece de todo apetito; el otro es subjetivo: a mí me resulta asqueroso contemplar el proceso, además de tedioso. Sólo me interesa el plato cuando está acabado y listo para su consumición, y no las numerosas manipulaciones a que ha sido sometida la materia prima. Me aburriría infinitamente que me mostraran paso a paso cómo se ha compuesto un libro, una película o una canción. ¿Se imaginan programas enteros dedicados a que escritores aficionados expliquen por qué quitaron tal adjetivo y pusieron tal otro, o cómo lograron que las frases tuvieran ritmo? Qué sopor. Pues sería el equivalente a esos concursos y lecciones en los que se desmenuzan los ingredientes de una salsa o se explica cómo hay que despedazar un colibrí. Un país de comilones (no me extraña la creciente cantidad de obesos), una nación animalesca, canina.

De lo siguiente no sé si hay programas monográficos, pero lo cierto es que invade un buen tramo de todos los noticiarios, en especial los de TVE, que a diario ofrecen “sección médica”, venga o no a cuento. Uno entiende que se hable de un hallazgo importante cuando lo hay, pero no que cada sobremesa se introduzcan tres o cuatro “noticias” (es un decir) relativas a enfermedades terribles o a operaciones, éstas con profusión de imágenes de interioridades diversas, reminiscentes de las de la cocina que acabo de comentar. Así como no me es grato contemplar cómo se despelleja un conejo o se desvientra un pescado, tampoco me parece oportuno que nos enseñen cómo se saja un pecho femenino o se le mete el bisturí a un estómago o se le recortan los párpados a una señora ansiosa de lucir ojos más grandes. Estampas gore, todas ellas, para mí.

Pero quizá lo peor no sea esto. Sé de bastantes personas lo suficientemente aprensivas como para haber abandonado la nunca tranquila contemplación de los telediarios, sobre todo –ya digo– los de TVE, cuyas audiencias no me extraña que hayan caído en picado. Y para negarse a abrir revistas y suplementos, porque también ellos están plagados de “noticias” médicas. Se nos aterra tanto con la salud, desde hace décadas, que la proliferación de hipocondriacos nada tiene de raro. No haga usted esto ni lo otro, ni coma lo de más allá, ingiera estas insipideces, apártese del sol, esto es malo y esto es nefasto, se pone usted en peligro a cada paso que da; por doquier hay emanaciones, mosquitos furiosos que nos traen terribles dolencias, las gripes mutan y lo resisten todo, ojo con tal o cual fármaco, más peligroso que lo que combate, todo tiene efectos secundarios gravísimos, la gente vive en permanente pavor. Como saben, lo propio de los aprensivos es que, en cuanto oyen hablar de los síntomas de algo, empiezan a reconocerlos en ellos mismos. “Ay, pues yo he sentido eso y no he hecho caso: a ver si va a ser el aviso de que padezco esclerosis múltiple, o cólera, o ébola, o cualquier calamidad”. Para esas personas (multitud, dada la alarma constante que se nos impone), los telediarios se han convertido en una fuente de amargores y sobresaltos. A diario los terminan de ver convencidos de estar en las últimas. Luego colapsan las urgencias y las consultas, en vista de lo cual el Gobierno de Rajoy no hace más que reducir las plantillas de la Sanidad pública y empeorar su calidad. Aún hay algo más en esta histeria colectiva relativa a la salud. En la pasada Feria del Libro dos señoras, en distintos días, me afearon que sostuviera un cigarrillo al aire libre. La una me acusó de “falta de respeto a los lectores”, la otra de “dar mal ejemplo”. Uno se pregunta por qué diablos un escritor –o para el caso un deportista– ha de dar ejemplo de nada. Unos y otros procuramos hacer nuestro trabajo bien, y fuera de eso nada se nos puede exigir ni reclamar, menos aún respecto a nuestras costumbres e inclinaciones. Yo no soy el Ministro de Sanidad, ni un padre de la patria, ni tengo cargo alguno, ni me represento más que a mí mismo. Esas señoras no eran sino muestras del espíritu dictatorial que progresa sin pausa: si fumar es malo, nadie debe hacerlo en presencia de otros. Lo mismo podría aplicarse a beber, a comer hamburguesas, a ir en coche (los automóviles causan estragos, para quienes van en ellos y para los demás) y a tantas cosas más. En realidad es gente que aspira a que se le prohíba todo cuanto le molesta a ella, a todo el mundo de una maldita vez.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 20 de julio de 2014

‘Los enamoramientos’, de Javier Marías, gana el Premio Tomasi di Lampedusa

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Los enamoramientos, de Javier Marías, ha sido distinguida con el premio literario internacional Giuseppe Tomasi di Lampedusa. El galardón, cuyo jurado está compuesto en esta edición por Salvatore Silvano Nigro, Giorgio Ficara y Mercedes Monmany, lo han recibido anteriormente escritores de la talla de Tahar Ben Jelloun, Claudio Magris, Amos Oz, Kazuo Ishiguro y Mario Vargas Llosa, entre otros. Los enamoramientos, traducida en italiano como Gli Innamoramenti, ha sido publicada en Italia por la editorial Einaudi. La ceremonia de entrega del premio, que celebra este año su undécima edición, tendrá lugar la noche del martes 5 de agosto en Sicilia.

Este premio internacional se suma al reconocimiento y al gran éxito de crítica y público que ha recibido Los enamoramientos (Alfaguara, 2011). En España, fue elegido mejor libro del año por Babelia, en 2011, y recibió el XIV Premio Qué Leer que otorgan los lectores de esta revista literaria. En el extranjero, Los enamoramientos ya se ha traducido a un total de 29 lenguas y ha sido finalista del National Book Critics Circle Award como mejor novela publicada en Estados Unidos en 2013. Además, fue seleccionada por el diario The New York Times entre las cien mejores obras de ficción de 2013. Las ediciones se han sucedido en países como Alemania, Francia, Holanda, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.

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La próxima novela de Javier Marías, Así empieza lo malo, la publicará Alfaguara el 23 de septiembre de 2014 en lanzamiento simultáneo en todo el ámbito de la lengua castellana. Así empieza lo malo cuenta la historia íntima de un matrimonio de muchos años, narrada por su joven testigo cuando éste es ya un hombre maduro. Juan de Vere tiene 23 años, acaba de finalizar sus estudios y encuentra su primer empleo como secretario personal de Eduardo Muriel, un antaño exitoso director de cine, en el Madrid de 1980. Su trabajo le permite entrar en la privacidad de la casa familiar y ser espectador de una misteriosa desdicha conyugal.

Alfaguara, 15 de julio de 2014

«Sea lo que sea que creamos que vaya a suceder mientras leemos, estamos eligiendo pasar tiempo en compañía de un autor. En el caso de Javier Marías, se trata de una buena decisión; su mente es profunda, aguda, a veces chocante, a veces hilarante, y siempre inteligente.

The New York Times Book Review

«Es fácil entender por qué el nombre de Javier Marías se menciona a menudo en las discusiones sobre los potenciales ganadores del Premio Nobel de Literatura ya que Los enamoramientos aborda temas que atacan al corazón mismo de la condición humana. Marías entrelaza argumentos filosóficos, literatura clásica y conversaciones tanto reales como imaginadas que dan forma a una caleidoscópica obra de arte. Un libro para ser saboreado, discutido y releído.»

The Gazette

le-italia
Efe

El País

Abc

20 Minutos

Las Provincias

Revista Arcadia

El Universal

Más información

LA ZONA FANTASMA. 13 de julio de 2014. En favor de la ocultación natural

Hace dieciocho años me adaptaron al cine una novela, Todas las almas, y la cosa acabó en un pleito que gané. Quedé escaldado durante bastante tiempo, y rechacé otras propuestas (ya nunca españolas: inglesas, italianas de un director que más tarde ha ganado un Oscar, francesas), sobre todo para Mañana en la batalla piensa en mí. Pasados los años, mi desconfianza menguó, o bien empezó a no importarme lo que se pudiera hacer en película a partir de algo escrito por mí: al fin y al cabo, yo sólo soy responsable de lo que he puesto sobre papel, no de su azarosa plasmación en un arte distinto. Pero todo lo cinematográfico es muy lento y etéreo, por lo que veo. En estos momentos un productor europeo va renovando la opción de mi novela Corazón tan blanco desde hace más de un lustro y todavía no existe un guión; una gente muy conocida de Hollywood lleva tres años ampliando la de la larguísima Tu rostro mañana y también sigue sin haber guión. El único que me ha llegado es el de la adaptación de un cuento, “Mientras ellas duermen”, que quiere trasladar a la pantalla un realizador chino-estadounidense. El relato en cuestión tiene ya veinticuatro años, ocupa una treintena de páginas y la verdad es que me da igual lo que hagan con él. Aun así, cuando me enviaron el guión inicial, me tomé la molestia de leérmelo, pese a lo aburrido que resulta ese género. Como es natural, habían alargado la historia; habían llevado la acción de la Menorca del cuento a San Sebastián, bien estaba; los personajes españoles eran ahora americanos e ingleses, tanto daba. La última noticia es que, por cuestión de financiación (más fácil encontrar dinero en Asia, al parecer), la acción tendrá lugar en el Extremo Oriente y una de las dos parejas protagonistas será china probablemente. Hagan lo que se les antoje, he respondido sin pestañear.

Sólo le pedí una cosa al director, cuando leí aquel primer guión: en él había un diálogo entre el matrimonio principal (americanos cultivados) en el que ella le decía a él algo así como: “Mira, te he visto cagar las suficientes veces para que nada me sorprenda de ti”. Pensé: “Qué grosería”, pero di por descontado que se trataba de una expresión figurada. Sin embargo, bastantes páginas después, había una escena en la que no recuerdo si él o ella hacían efectivamente sus menesteres con la puerta del cuarto de baño abierta, mientras hablaban. Me quedé estupefacto. Pero en seguida recordé haber visto escenas similares en varias películas recientes estadounidenses, y no sólo en comedias “gamberras” o descerebradas, que tanto abundan y que son todo menos comedias, sino incluso en las llamadas “románticas”, con Jennifer Aniston y así, y hasta en la Casa Blanca. De modo que cuando escribí al director le acepté sus cambios e invenciones, los de nacionalidad, escenario y argumento, pero: “Mire”, le dije, “no sé cuáles son las actuales costumbres de las parejas norteamericanas, y si me guío por otras películas que he visto a fragmentos, empiezo a temerme que semejante falta de pudor y atentado contra la libido se esté dando en la realidad. Pero en Europa, francamente, sería inimaginable que unos cónyuges educados se prestaran a defecar el uno en presencia del otro, y luego hicieran mención de ello. En todo caso le ruego que suprima esa escena y ese diálogo de algo basado en un texto mío. Imagínese que los espectadores, que no tendrían por qué conocer mi relato, creyeran que esas zafiedades provenían de él. Me moriría de vergüenza, no lo soportaría. Se lo ruego, hágase cargo”.

El director, al que aprecio, es muy parco en sus mensajes, y a eso no contestó nada. Ignoro cómo se las gastan los matrimonios asiáticos (ahora que por lo visto mis personajes van a ser de ese vasto y variadísimo continente), o si en la nueva versión se mantendrán las defecaciones “públicas”, espero que no. Pero la reincidencia de escenas así me lleva a pensar, como le expuse, si esa inaudita costumbre reflejará algo ya no infrecuente en la vida real. Y, si es así, a qué se puede deber. A lo largo de mi vida mis diferentes parejas y yo –y doy por sentado que casi todo el mundo que conozco– hemos sido extremadamente cuidadosos en ocultarnos todo lo desagradable o poco airoso, por decoro y porque nada puede aniquilar tanto el deseo sexual como la visión de la persona apetecida en tareas embarazosas, incluido orinar (bueno, salvo que se sea coprófilo, supongo, o aficionado a las golden showers). No es raro abrir un grifo o encender la maquinilla de afeitar para amortiguar cualquier ruido delator, o así solía ser. Me temo que si ha cambiado esta actitud pudorosa, de ocultación natural de lo que nadie ha de ver, es por una sandez más de nuestros tiempos imbéciles. Hay parejas que presumen no sólo de no tenerse secretos, sino de aceptar todo lo del otro como prueba de sus absolutos amor o incondicionalidad. “Quiero todo lo tuyo, abrazo cuanto de ti procede”, viene a ser la formulación implícita o explícita. “Nada tuyo me repugna, ni me avergüenza, ni disminuye mi amor”. Y eso incluye, posiblemente, asistir a las deposiciones del ser amado con expresión de arrobo y no de asco o desazón. Confío en que tales escenas sean caprichos de guionistas soeces, pero sospecho lo peor. Sea como sea, si alguna vez aparece una en película que se diga basada en texto mío, sépase, por favor, que eso no figuraba nunca en la obra original. No quiero ver por los suelos mi muy modesta reputación.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 13 de julio de 2014

Premio Giuseppe Tomasi di Lampedusa a ‘Gli Innamoramenti’

 

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Premi: allo spagnolo Javier Marias il “Tomasi di Lampedusa”

“Un romanzo angosciante”. Così Gioacchino Lanza Tomasi, presidente della giuria della undicesima edizione del Premio letterario internazionale intitolato a “Giuseppe Tomasi di Lampedusa”, commenta il romanzo Gli Innamoramenti (Einaudi), opera dello scrittore Javier Marías, vincitore di questa edizione.

La cerimonia di premiazione, condotta dalla giornalista Rai Rosanna Cancellieri, si svolgerà la sera di martedì 5 agosto in Piazza Matteotti a Santa Margherita di Belìce. Sul palco della città del “Gattopardo”, oltre a Javier Marías, anche la cantante Fiorella Mannoia che eseguirà alcuni fra i brani più noti del suo repertorio e l’attore Sebastiano Somma che leggerà alcuni frammenti tratti dall’opera di Tomasi di Lampedusa.

“Una delle idee per l’Expo 2015 – commenta l’assessore regionale al Turismo, Sport e Spettacolo Michela Stancheris – è quella di raccontare il territorio partendo dalle personalità che hanno narrato la Sicilia, come Tomasi di Lampedusa. Un intreccio tra storia e territorio, promuovendo la Sicilia culturale”. Si parte dunque da Santa Margherita di Belìce, luogo tristemente noto per il terremoto del 1968, simbolo della Sicilia del feudo del mondo tomasiano. “Il Premio è diventato patrimonio comune dell’intera cittadinanza – spiega Franco Valenti, sindaco di Santa Margherita di Belìce -. Ascoltare le parole di uno scrittore di fama internazionale è un segnale di crescita culturale”.

Quest’anno il Premio punta sui giovani con una sezione didattica intitolata “L’officina del Racconto” in cui sono stati coinvolti studenti attraverso un laboratorio di scrittura legato ai Ricordi d’Infanzia del Tomasi. “Siamo convinti – aggiunge il vice sindaco e direttore del premio Tanino Bonifacio – che questa idea possa rappresentare un ulteriore passo in avanti per avvicinare i ragazzi alla cultura letteraria”. Alla cerimonia di premiazione parteciperà anche la giuria del Tomasi di Lampedusa, presieduta da Gioacchino Lanza Tomasi, e composta da Salvatore Silvano Nigro, Giorgio Ficara e Mercedes Monmany.

ANSA, 8 Luglio 2014

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Javier Marías vincitore della XI edizione del Premio Giuseppe Tomasi di Lampedusa

E’ Javier Marías, il vincitore della undicesima edizione del Premio letterario internazionale Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Lo scrittore spagnolo, che è anche traduttore, giornalista e saggista, si aggiudica il riconoscimento per il romanzo dal titolo Gli innamoramenti (Einaudi). La cerimonia di premiazione si svolgerà martedì 5 agosto (ore 20.45), in Piazza Matteotti a Santa Margherita di Belìce, la serata sarà condotta dalla giornalista Rai Rosanna Cancellieri. Sul palco della città del Gattopardo, oltre a Javier Marías, anche Fiorella Mannoia che eseguirà in acustico alcuni fra i brani più noti del suo repertorio musicale e Sebastiano Somma che leggerà frammenti tratti da Il Gattopardo. L’attore campano, noto al grande pubblico per le sue interpretazioni televisive, tornerà sempre sullo stesso palco anche l’indomani, e cioè mercoledì 6 agosto, alle 21,00 con un recital-spettacolo per immagini dedicato a Il Gattopardo per la regia di Gaetano Stella.

Il sindaco Franco Valenti: “Siamo molto orgogliosi di ospitare un grande scrittore come Javier Marías. Il Premio è diventato negli anni patrimonio comune dell’intera cittadinanza. Incontrare e ascoltare le parole di uno scrittore di fama internazionale è un segnale di crescita culturale soprattutto per le nuove generazioni”. E proprio sui giovani punta quest’anno il Premio con una sezione didattica intitolata “L’officina del Racconto”. “Abbiamo voluto coinvolgere gli studenti dell’Istituto Comprensivo Giuseppe Tomasi di Lampedusa di Santa Margherita – spiega il vice sindaco e direttore del Premio Tanino Bonifacio – attraverso un laboratorio di scrittura ispirato ai ricordi di infanzia del Tomasi. Sono una quindicina i racconti che abbiamo sottoposto all’attenzione della giuria del Premio, ed alcuni sono veramente emozionanti, il miglior componimento sarà premiato con una targa. Siamo convinti – conclude Bonifacio – che questa idea possa rappresentare un ulteriore passo in avanti per avvicinare i ragazzi alla lettura, alla cultura letteraria”.

Matteo Raimondi, presidente dell’Istituzione Giuseppe Tomasi di Lampedusa, punta sul territorio: “Il Premio è diventato un appuntamento importante non solo per Santa Margherita di Belìce ma per tutto il territorio siciliano. E evidente a tutti come negli ultimi anni il Premio sia cresciuto in maniera esponenziale. Sono migliaia le persone che partecipano alla cerimonia di premiazione, tutto ciò comporta una crescita culturale ma anche uno sviluppo economico per l’intero territorio delle Terre Sicane”. Alla cerimonia di premiazione del 5 agosto parteciperà anche la giuria del Tomasi di Lampedusa, presieduta da Gioacchino Lanza Tomasi, insieme al musicologo Salvatore Silvano Nigro, Giorgio Ficara e Mercedes Monmany.

Nelle precedenti edizioni il riconoscimento è stato assegnato a: Abraham B. Yehoshua con il romanzo La Sposa liberata (Einaudi), Tahar Ben Jelloun con Amori stregati (Bompiani), Claudio Magris con Alla cieca (Garzanti), Anita Desai con Fuoco sulla montagna (Einaudi), Edoardo Sanguineti con Smorfie (Feltrinelli), Kazuo Ishiguro con Notturni. Cinque storie di musica e crepuscolo (Einaudi), alla memoria di Francesco Orlando con La doppia seduzione (Einaudi), Valeria Parrella con Ma quale amore (Rizzoli), Amos Oz con Il Monte del Cattivo Consiglio (Feltrinelli) e Mario Vargas Llosa con Il sogno del Celta (Einaudi).

GuidaSicilia, 9 Luglio 2014

Entrevista con Gioacchino Lanza Tomasi
ALFONSO ARMADA
Abc, 19 de mayo de 2014

El agradecimiento que jamás se salda

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En el fútbol hay poco objetivo, por más que los goles, los puntos, los triunfos, las derrotas, las eliminaciones y los títulos den a entender lo contrario. Se equivocan quienes afirman que nadie se acuerda de los finalistas ni de los segundos. Los que vimos a la Holanda de 1974 la conservamos en la retina mucho más que a la Alemania que la venció en el último y crucial partido. Se nos desdibuja hasta Beckenbauer, mientras que Cruyff, Neeskens y Rep aún bailan en nuestra memoria. Así, a quienes alcanzamos a admirar a Di Stéfano (y más aún si éramos niños y adolescentes), es difícil convencernos de que haya habido mejor futbolista a lo largo de la historia. En cuantos han venido después, algo echamos siempre en falta, por comparación o por nostalgia. No es fácil saber qué exactamente. A Pelé nunca tuvimos mucha ocasión de contemplarlo, pero digamos que al lado de Don Alfredo nos parecía frívolo. El que más se le aproximó fue tal vez Cruyff, porque lo igualaba en inteligencia; probablemente no, sin embargo, en capacidad organizativa ni tampoco en amor propio (o fastidio ante la derrota, si se prefiere). Maradona fue sin duda más rápido y habilidoso, pero siempre dio la impresión de ser corto de luces, pendenciero y poco noble. Es seguro que Messi es más malabarista y más mortífero, pero le falta humanidad o acaso es entendimiento: se lo ve demasiado ajeno a todo, como un autómata portentoso algo desentendido del conjunto del juego y de sus compañeros.

Todo esto es muy subjetivo, ya digo. A los ídolos de la niñez es casi imposible desplazarlos, y en cierto sentido Di Stéfano compartía honores con el Capitán Trueno, y D’Artagnan, y Miguel Strogoff, y Sandokan. El físico no lo acompañaba: su prematura calva lo hacía parecer demasiado mayor a los ojos infantiles, no era sencilla la identificación inmediata. Eso quedaba paliado, compensado, por la generosidad y la nobleza que transmitía. Las masas lo adoraban, pero jamás tuvo aires de divo. Su genialidad era incuestionable, y él, no obstante, insistía en la importancia de los compañeros sin falsa modestia, consciente de que él solo no bastaba. De tanto en tanto se le veían malas pulgas (una bronca a un defensa del equipo; una advertencia a un contrario, con ojo airado o irónico); qué menos que un héroe capaz de imponer su autoridad o su saber, o de pararle los pies a un rival irrespetuoso o sucio. También uno esperaba de D’Artagnan y del Capitán Trueno que supieran defenderse y escarmentar al que se lo mereciera.

En alguna ocasión he escrito que a los futbolistas se los reconoce en seguida por los andares y por cómo corren, como a los actores de cine inolvidables. ¿Quién no es capaz de representarse al instante los pasos de John Wayne, Henry Fonda, Cary Grant, Gary Cooper o James Stewart? La estampa de Di Stéfano sobre la hierba pertenece a esa estirpe. Quien lo vio lo sigue viendo: lo ve avanzar con el balón o sin él, dar un taconazo o colarse por sorpresa entre los defensas contrarios; impartir órdenes a sus compañeros o parar el balón y retenerlo bajo el pie —imponiendo una inverosímil pausa— en un momento de desconcierto o desarbolamiento; lo ve regatear sin florituras o rematar de cabeza, o celebrar un gol con los dos brazos en alto y un saltito, su forma tan característica, el gesto breve y sin excesos. Yo lo veo, sobre todo, llegar solo con la pelota a la portería desguarnecida, tras superar a todos los adversarios. Detener un segundo el balón ante la línea de meta, el mínimo tiempo justo para que cien mil almas contuvieran el aliento y pudieran preguntarse: “Pero ¿a qué espera?”. El tiempo justo para que el gol inminente no fuera gol todavía. Y entonces, con la suela de la bota, hacer traspasar el balón suavemente esa línea, sin impulsarlo al fondo de la red, en modo alguno: sólo hacerlo cruzar la raya blanca y dejarlo allí depositado. Él ha cruzado ahora esa raya y está dentro de la meta, para siempre, con nuestra mayor gentileza y afecto, el imborrable recuerdo y el agradecimiento que jamás se salda.

JAVIER MARÍAS

El País, 7 de julio de 2014

LA ZONA FANTASMA. 6 de julio de 2014. ‘El mundo hiere’

En 1984 daba yo unos cursos de Traducción en el Wellesley College de Massachusetts. Les pasaba a las alumnas (era una Universidad femenina) breves textos en español e inglés para que los vertieran a la otra lengua, como ejercicio. Uno fue un pasaje de Juan Rulfo en el que, si mal no recuerdo, lo más osado que había era un comentario sobre lo caliente que estaba la tierra sobre la que dormían tres personajes de viaje, una mujer y dos hombres, y cómo ese calor emanado por el suelo se trasladaba a los cuerpos, que despedían a su vez su calor de unos a otros (pero a distancia, no se crean). Una alumna se me acercó y me dijo que su moral le impedía traducir aquel fragmento, y me pidió uno alternativo. No entendí nada, en verdad no sabía a qué se refería ni qué “moral” podía entrar en conflicto con algo tan inocente y neutro. No sé, si les hubiera dado el arranque de Santuario de Faulkner, en el que una mujer es violada con una mazorca de maíz (de nuevo si no me equivoco) … La joven insistió en que aquello era demasiado sexual. Yo no veía sexualidad por ningún lado y no me hacía mucha gracia crear un precedente de traducciones “a la carta”, digamos. Cualquier mojigata podía ver obscenidad en Platero y yo, por ejemplo, y así hasta el infinito. Pero consulté con las colegas del departamento y las órdenes fueron tajantes: “Dale otra pieza. Las alumnas son susceptibles y podrían meternos en líos. Total, no vale la pena arriesgarse”. Obedecí (al fin y al cabo yo estaba allí de paso) y la estudiante tranquilizó su conciencia y su ánimo turbado por el pobre Rulfo.

Me he acordado de esta anécdota remota (que me disculpen los memoriosos si ya la he contado; son muchos años) al leer que cada vez hay más alumnos estadounidenses que ponen reparos a las lecturas que sus profesores les recomiendan o programan. Y exigen que, como mínimo, se les advierta de lo que van a encontrar en ellas. De que El gran Gatsby “contiene pasajes violentos y misóginos”, o de que en Huckleberry Finn “hay vocablos y actitudes racistas”. Consideran que lo que hagan o digan los personajes ficticios de una novela o de un drama “puede herir su sensibilidad”, o algunas escenas causar “síntomas de estrés postraumático” a quienes hayan sido víctimas de violaciones o ex-combatientes de guerra, o tengan pánico incontrolable a esas amenazas. En la Universidad de California (Estado pionero de casi todas las pusilanimidades), el consejo de estudiantes ha solicitado formalmente que se incluyan estos avisos. Y claro, las obras que menos se libran son las que ocupan lugar fijo en los planes de estudios: El mercader de Venecia, “por contener ideas antisemitas”, o La señora Dalloway, de Virginia Woolf, “porque supuestamente incita al suicidio”. La cosa se parece a los carteles que en el ámbito anglosajón aparecen al principio de las películas y series televisivas (destinados a padres y niños), en los que se advierte que lo que va a proyectarse incluye “violencia, tacos, escenas de sexo, desnudez” y últimamente, en el colmo de la histeria pacata, “escenas en que se fuma”. Esto habrán de agregarlo a todas las cintas de la historia anteriores al 2000 por lo menos, de La diligencia a Casablanca, de Cantando bajo la lluvia a Sonrisas y lágrimas, a menos que prosperen las demenciales propuestas de borrar digitalmente todos los cigarrillos, habanos y pipas del celuloide (Groucho Marx quedaría idiota en todos sus planos, con una mano vacía en la boca; pero de todo es capaz la grotesca censura contemporánea).

A lo que más recuerdan estas prácticas, sin embargo, a los que las conocimos, es a las fichas que colgaban a las puertas de las iglesias durante el eterno franquismo, en las que se advertía a los feligreses de los peligros acechantes en tal o cual película, por mucho que el “permisivo” Gobierno hubiera autorizado su exhibición en las salas. Tras un resumen del argumento, al final se señalaba: “Defectos de forma” (eso significaba que se veía un escote o una mujer en combinación, por ejemplo). “Defectos de fondo” (eso, que había adulterio o conductas “inmorales” entre los personajes). “Ambiente malsano, falta de arrepentimiento, comportamientos licenciosos” y gravedades por el estilo. No hace falta decir que cuantas más líneas para rehuir el pecado, más gente corría a ver la película. Algunos profesores americanos se llevan las manos a la cabeza ante estas iniciativas tan semejantes a las de la Iglesia cómplice y beneficiaria de una interminable dictadura: “Cualquier alumno que se sintiese aludido por alguna materia que se impartiese en clase podría presentar una queja y desencadenar un proceso legal muy tortuoso para la comunidad educativa”, alega uno. Pero llevan las de perder, me temo, puesto que hay otros que se alinean con los estudiantes más puritanos y remilgados: “Tenemos alumnos con problemas graves y hay que tratarlos con respeto y consideración”, opina una vicedecana. Lo cual supone alertarlos o evitarles desde la Ilíada y la Biblia (en las que hay adulterios y matanzas sin cuento) hasta Hamlet (en la que hay fratricidio, más adulterio, crueldades psicológicas y atisbos de incesto). Aquí ya tenemos una legión de cursis que suprimen de los cuentos infantiles cuanto les parece violento, triste, sexista o desagradable. En realidad estos jóvenes y quienes los “protegen” quisieran evitarse y evitarles la vida. Yo no sé por qué sus padres los pusieron en el mundo y sus profesores algodonosos consienten que en él sigan; porque es un lugar que antes o después hiere la sensibilidad de cualquiera.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 6 de julio de 2014

 

MÍNIMA MOLESTIA. ‘Una institución narrativa’

CTB 2Desde que la leí por primera vez, hace más de veinte años, se me quedó grabada esa frase de Corazón tan blanco en la que dice el narrador que “el matrimonio es una institución narrativa”. Con frecuencia he visto corroborada, desde entonces, la idea que Javier Marías acierta a sintetizar tan bien.

En una muy recomendable novela de Elizabeth Taylor, Una vista del puerto (de 1947, publicada por Alfaguara en 1990), Tory Foyle, una mujer divorciada, le confiesa a un amigo: “Sabes, he llegado a la conclusión de que el verdadero objetivo del matrimonio es hablar. Es lo que lo distingue de otros tipos de relación entre hombres y mujeres, y es también lo que más se echa en falta a la larga, por extraño que parezca: la profusión de comentarios cotidianos sobre trivialidades. Creo que es una necesidad humana fundamental, mucho más importante que una pasión violenta, por ejemplo”.

La fórmula de Marías apunta más allá del rutinario parloteo al que Tory Foyle alude: sugiere que, en el marco del matrimonio (o de la pareja estable, por aliviar ahora al asunto de su carga contractual), el “otro” se convierte en recipiente del relato que cada uno hace de sí mismo. Un relato que al otro, como “lector”, le corresponde respetar en términos generales, aun si, como todo relato, posee sus zonas oscuras, sus silencios, sus debilidades, sus trucos y engaños, sus motivos recurrentes, sus efectos de estilo.

De resultas de haber conversado sobre la cuestión con Pablo Muñoz, escritor todavía en ciernes a quien envidio su voracidad y agudeza como lector, éste me mandó un estupendo pasaje de El cuento de nunca acabar (1983), de Carmen Martín Gaite. Allí se lee: “Incluso en la actualidad, cuando los asuntos amorosos tienden a entablarse aceptando la transitoriedad de su condición y esquivando el compromiso derivado de idealizar su propio comentario, la queja implícita en el desengaño de un amante a punto de verse abandonado por otro reside primordialmente en el ‘’ya no me hace caso’, ‘’está distraído cuando le hablo’, ‘’no atiende a lo que le cuento’. El hecho de que haya variado el material narrativo que hoy se ofrecen unos enamorados a otros, enfocando menos hacia la descripción de sus propios sentimientos y más, por ejemplo, hacia el comentario de aficiones comunes no quita validez a lo que digo. Lo que busca siempre un enamorado es mantener despierto el interés del otro, no tanto por su vida como por su palabra, lograr que le escuche sin pensar en otra cosa. La traición amorosa es, sobre todo, rechazo de narración”.

Un nuevo y contundente testimonio (los hay por doquier, parece mentira cómo una fórmula feliz predispone a su comprobación a cada rato) de eso sobre lo que Javier Marías indagaba a su modo en Corazón tan blanco y que se me antoja, conforme he especulado ya en otro lugar, toda una clave para observar y analizar los rumbos y las maneras de la narrativa contemporánea.

Cuando se discurre sobre ésta, muy pocas veces se considera algo tan obvio y tan determinante como es la improbabilidad cada vez mayor de que, en la esfera privada, el individuo consiga sostener un relato continuado a través del tiempo, ni consiga retener a un público fiel (vale decir su propia pareja).

Las conductas narrativas no dejan de ser -en buena medida, al menos- expresión o reflejo de las que el sujeto emplea cotidianamente para contarse a sí mismo. La discontinuidad que entraña el nuevo orden -o desorden- amoroso, la reiterada disolución del “pacto narrativo” que uno establece tácitamente con su pareja, la tendencia creciente a recomenzar una y otra vez el propio relato o a abandonar el recién empezado, probablemente vengan siendo factores determinantes de algunas tendencias de la narrativa contemporánea. En cuanto a esa “profusión de comentarios cotidianos sobre trivialidades” a las que Tory Foyle se refiere, también ellos se han dispersado entre un sinfín de interlocutores, casi siempre virtuales. Los teléfonos inteligentes, el correo electrónico, la promiscuidad y la densidad de los tráficos sociales vaporizan esa actividad parlanchina, que en su multiplicidad va perdiendo la capacidad de tejer redes firmes y duraderas sobre las que sostener el propio relato, con la consiguiente pérdida del sentido de responsabilidad que lo acreditaba. Habría que ver si la locuacidad, la inestabilidad, la volubilidad, la inanidad, la falsa confidencialidad de buena parte de la narrativa contemporánea no tienen que ver con eso.

IGNACIO ECHEVARRÍA

El Cultural, 27 de junio de 2014

LA ZONA FANTASMA. 29 de junio de 2014. ‘Esa tendencia abominable’

No es la primera vez que escribo de esto y me temo que no será la última, dado que la abominable tendencia, lejos de remitir, no hace sino ir en aumento e invadir todos los campos. Empezó siendo algo propio del deporte. En cuanto un compatriota gana algo, lo primero que hacen prensa y buen número de aficionados no es felicitarlo y congratularse, sino preguntarle por la próxima hazaña, como si la que acaba de lograr, por ya lograda, no valiera de nada. Una vez más lo vimos hace poco, cuando Nadal obtuvo su noveno título de Roland Garros, algo que ningún tenista había conseguido nunca.

Sí, claro, hubo unos parabienes someros y una hinchazón de elogios huecos, pero en seguida se pasó a pedirle un décimo campeonato dentro de un año; a hacer cálculos sobre si podría, con la edad que tiene, alcanzar las suficientes victorias en torneos de Grand Slam como para batir el récord de Federer, que ha acumulado diecisiete (mientras que Nadal “sólo” lleva catorce). Otro tanto sucedió con el Real Madrid cuando se alzó con su décima Copa de Europa, doce años después de la novena. Los periodistas e hinchas imbéciles, los que jamás hacen nada de mérito, tardaron unos diez minutos en agobiar a los jugadores inquiriéndoles por la undécima. Así ocurre casi siempre. Estoy harto de ver a ciclistas que llegan muertos a la meta tras vencer en un Tour o en un Giro, a los que, sin dejarles ni recobrar el aliento, una pandilla de cretinos con micrófono azuzan: “Qué, y ahora a por el siguiente, ¿no?” Me maravillan la educación y la paciencia de la mayoría de deportistas, que en lugar de mandarlos a la mierda (lo que se merecen), dan un sorbo a una botella y contestan a duras penas lo obvio: “Bueno, vamos a disfrutar un poco de este triunfo”. Si yo fuera uno de ellos estaría seguramente en la cárcel, tras haber estrangulado a algún reportero con el manillar de la bici.

Vicente_BosqueCuando ustedes lean esto habrá terminado la fase de grupos del Mundial de Brasil, y se sabrá qué ha sido de la selección. Yo lo escribo poco después de su derrota por 1-5 ante Holanda, la cual ha llevado a medio país a escarnecer a Del Bosque y a sus futbolistas, a jubilarlos a todos, a hablar de humillación, ridículo mundial y demás exageraciones. Lo que no veo es que nadie se haya parado a pensar lo que yo pensé en cuanto acabó ese partido y empezaron a correr los comentarios del tipo: “Holanda y Robben se vengan con saña”. Porque veamos, ¿ustedes creen que Robben y cualquier holandés no habrían firmado gustosos ganarle a España la Final de 2010 en Sudáfrica, por 1-0 y en la prórroga, y a cambio perder por 1-5 el primer encuentro del Mundial siguiente, el actual de Brasil? A mí no me cabe duda de que sí. Aquel partido de cuatro años atrás suponía un título, el mayor entre selecciones, mientras que el de ahora son sólo tres puntos, con posibilidad de enmienda. Vencer en aquella Final significaba que España pasase a engrosar la exigua lista de naciones que alguna vez han sido Campeonas del Mundo, algo que aún le falta a Holanda, con sus tres finales perdidas a lo largo de la historia. ¿Creen que Holanda y Robben estaban en condiciones de “vengarse”? Por seguir con el término, la única “venganza” posible por la pérdida de un título es un enfrentamiento en el que ese mismo título esté otra vez en juego. Y no ha sido el caso.

A Del Bosque y a esos jugadores ahora execrados se les debería tener un agradecimiento inamovible. Aunque hayan sido eliminados a las primeras de cambio –espero que no, lo ignoro– y con tres goleadas. Da lo mismo. Hay cosas tan difíciles y admirables que bastan para justificar una existencia, y nada puede anularlas. La última novela que publicó García Márquez en vida, Memoria de mis putas tristes, era bastante irrisoria y cursi, aunque los críticos no se atrevieron a decirlo y la pusieron por las nubes. Pero ese borrón ni salpicó al autor: diez novelas igual de malas no habrían menoscabado El amor en los tiempos del cólera ni Crónica de una muerte anunciada. Quien las escribió merece gratitud y admiración infinitas. Flaubert publicó muy pocas novelas, pero bastan dos de ellas para que conserve hasta el final de los libros un lugar de honor en la historia de la literatura. Ahora hay la abominable tendencia a considerar que sólo cuenta el presente. O ni siquiera: lo venidero. Así, de un escritor que ha hecho obras maestras se exclama con alborozo “Está acabado” si las más recientes no llegan a tanto. Como si Shakespeare o Conrad, Cervantes o Faulkner hubieran estado siempre a la misma altura (todos tienen algún patinazo, pero eso, al lado de sus cimas, no importa nada; son éstas las que continúan iluminando a una generación tras otra, y van unas cuantas).

Los futbolistas de la selección han ganado dos Eurocopas y un Mundial seguidos. ¿No basta? No, en este país estúpido, deshonesto, perezoso y desagradecido no basta. Aquí nunca nada es suficiente, ni siquiera lo que acaba de acontecer, que se ve ya como “pasado”. La maldita pregunta “¿Para cuándo la próxima?” delata a una sociedad insaciable, es decir, descontenta consigo misma y mezquina con casi todos. Si cada uno hiciera lo suyo con honradez y competencia –lo suyo modesto y anónimo–, probablemente no habría tanto desprecio ni tanta ansia de revancha contra los que destacan. Parece que aquí nada brindara más placer que ver a los mejores “darse el batacazo”, desprestigiados y caídos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 29 de junio de 2014